El 2017 será recordado por Cristina como el peor año de su vida. Fracasó políticamente en su estrategia y perdió su virginidad electoral. Fue derrotada por primera vez en las urnas y consiguió el premio consuelo de ser senadora por la minoría después de haber sido dos veces presidenta de la Nación y haber llegado a sacar en su reelección el 54% de los votos. Por supuesto que fue incapaz de saludar y felicitar al ganador al que ni siquiera le atendió el teléfono en dos ocasiones. “Saber perder es la clave que ganar cualquiera sabe”, dicen en el campo.
En su momento de gloria ella sumó doce millones de sufragios. Esta vez, en las elecciones de medio tiempo apenas sumó 3 millones que no le alcanzaron para triunfar sobre un dirigente poco conocido de apellido Bullrich. La suma a nivel nacional de sus referentes merodea los 5 millones de votos. Es decir que en este tiempo, por aciertos de Cambiemos y Mauricio Macri, pero básicamente por errores no forzados de ella, perdió la confianza de 7 millones de argentinos.
Esta vez formó un partido neo frepasista y se alejó del justicialismo. Confió más en piantavotos como Martín Sabbatella, Leopoldo Moreau y los chicos de La Cámpora que en los experimentados intendentes o gobernadores. Y así le fue. Fracaso total.
Pero en su foja de servicios negativos no está solamente el número electoral. Ella también fue la mariscal de la derrota de hace dos años de la fórmula Scioli-Zannini y de la peor actuación del peronismo en la provincia. Fue ella la que generó movidas absolutamente contraproducentes que se transformaron en crónicas de una derrota anunciada: mantener caprichosamente la candidatura de Aníbal Fernández gobernador en el 2015 y borracha de soberbia no darle las elecciones internas a Florencio Randazzo. Si su conducción hubiera sido menos altanera y más colectiva, si hubiera escuchado un poco más los consejos sensatos que algunos le daban hoy la historia seria otra para la Argentina y para su estado mayor de colaboradores, testaferros y cómplices, la mayoría de los cuales está preso.
Por eso es el peor fin de año de Cristina. Porque está en decadencia política producto de su falta de capacidad de construcción de coaliciones y en la elección de los candidatos y porque eso la llevó directamente a las arenas movedizas de la justicia. En ese plano, el cerco se cierra sobre ella. Fue tanto el dinero que robó y los delitos que cometió que está cada días más cerca de la cárcel.
Tal vez pase más tiempo en los tribunales de Comodoro Py que en el senado. Y no solo porque tiene 4 procesamientos.
Es muy probable que en el 2018 que ya llega, se concrete la idea de generar una megacausa con un juicio oral y público que busque el juicio, castigo y condena para el plan sistemático de saqueo al estado y la asociación ilícita que lideró.
Por eso tuvo que apelar a su bala de plata, que es producir caos y violencia callejera con el objetivo de debilitar hasta el derrocamiento al presidente Mauricio Macri. Cristina está atrapada sin salida por el lado de la política y la justicia. La única carta que le queda es la agitación y las piedras y las molotov junto a grupos propios y aliados que están en contra del sistema democrático.
Esta es su peor cara, la más egoísta y enemiga de la patria. Porque con tal de salvarse de ir a una celda a pagar por la mega corrupción de estado que lideró, es capaz de tirar del mantel de la democracia y apostar al helicóptero contra un presidente constitucional y democrático que acaba de ganar las elecciones con más de 10 millones de votos.
Las últimas imágenes del naufragio tienen que ver con su histórico contador, Víctor Manzanares que, harto de estar entre rejas, empezó a prender el ventilador y a revelar cuestiones que a Cristina la dejan peor que antes. En realidad son situaciones que ya las había revelado el gran periodismo de investigación de este país. Pero ahora las está confirmando nada menos que quien dibujó los libros de contabilidad de la familia Kirchner durante años. Hace 30 días que Manzanares se desvinculó. Y ahora confesó dos cuestiones trascendentes.
Primero que fue una orden de Cristina la que lo llevó a alterar actas societarias y balances con el famoso liquid paper. Fue la exitosa abogada que nunca ganó un juicio la que obligó al contador a tachar y enmendar documentos públicos. Eso solo ya es un delito.
Pero como si esto fuera poco, Manzanares también dio fe de que Lázaro Báez pagaba fortunas por alquilar habitaciones que nunca utilizaba en el holding de hoteles que los Kirchner supieron construir con dinero ajeno. Esto también fue primicia del periodismo que a esta altura debería ser reconocido por la sociedad. Casi el 95% de las cuestiones que se denunciaron fueron rigurosamente comprobadas. Néstor Kirchner decía: “Que te pasa Clarín, estas nervioso, o Clarín miente” pero lo cierto es que lo que mentían eran ellos. Y ahora es Cristina y su banda la que está nerviosa.
Todo lo que se reveló sobre el caso Ciccone y la empresa trucha que armaron Nuñez Carmona y Vandenbroele para robar con Amado Boudou fue certificado con pelos y señales por este último en calidad de arrepentido. Insisto, todo lo que dijo, ya había sido dicho por los periodistas.
Amado Boudou negaba todo, se burlaba de los colegas y ahora se le borró la sonrisa porque es muy difícil que salga en libertad en los próximos años. La mayoría de los periodistas perteneces a lo que Néstor antes y Moreau ahora, llaman “los medios hegemónicos” que para Moreau son motivo suficiente para que la patota que les responde ataque a un periodista de manera salvaje y con riesgo de asesinarlo. Ni Moreau pidió disculpas después de esos argumentos fascistas de que “por algo será” que le pegaron a Julio Bazán. El mismo mecanismo justificador que utilizaron civiles para tragarse el sapo criminal de la dictadura genocida.
Cristina tampoco pidió disculpas por la violencia de su militancia. Es más, ni siquiera dijo una palabra de condena a los grupos antidemocráticos que intentaron mutilar el sistema republicano evitando que sesionar al pueblo a través de sus representantes. Por eso queda claro que ella fue la autora intelectual de la intifada de piedras en las calles y de insultos en el recinto de diputados. Insisto: no tiene otro camino para zafar de la cárcel. Si el gobierno de Macri logra encaminar la economía y entregar su gobierno en tiempo y forma, el futuro de Cristina es de cárcel segura. Y por varios años.
La detención de Carlos Santiago, el primo de Néstor fue simbólica por dos motivos. Porque confirma que robaron millones todos y todas (salvo algunas excepciones) y porque el apellido Kirchner tiene un representante en prisión.
En esa misma situación están los principales funcionarios de Cristina. Los más importantes. El monje negro ideológico Carlos Zannini, el cajero Julio de Vido con todo su cártel de la corrupción y las coimas que integran Julio López, Roberto Baratta y Ricardo Jaime entre otros, y hasta su cuñado el contrabandista Claudio Minnicelli, el ex canciller del tenebroso pacto con Irán, Héctor Timerman, el ex comandante del ejército César Milani, sus tres empresarios de los sobreprecios y los retornos como Lázaro Báez, Cristóbal López y Fabián de Souza, los capos de las fuerzas de choque como Luis D’Elía y Fernando Esteche, dos de sus sindicalistas mafiosos preferidos como el Pata Medina y el Caballo Suárez, la violenta y corrupta Milagro Sala y siguen las firmas.
El resto son los empleados administrativos, los contadores de la corrupción como Manzanares, Jorge Chueco o Daniel Pérez Gadin o Nuñez Carmona entre otros.
Es impresionante la lista.
Nunca en la historia de la democracia recuperada hubo tantos presos vinculados a un gobierno como el de Cristina. Nunca ninguna mujer llegó tan alto como para ser dos veces presidenta de la Nación y nunca amenaza con llegar tan bajo de convertirse en una conspiradora de la democracia para salvarse de la cárcel. El 2017 será recordado como el peor año de Cristina. Solo puede ser superado por el 2018 si es que ella pierde su libertad. Pero eso todavía está por verse.
Margarita es la Navidad – 25 de diciembre 2017
Ayer, el presidente Macri, su esposa Juliana y su hija más chica, Antonia fueron a tomar mate y a charlar con Margarita Barrientos al Comedor Los Piletones. El jefe de estado hace 12 años que repite esa rutina, desde que era jefe de gobierno de la Ciudad.
Más allá de la señal política que da un presidente compartiendo el pan dulce el día de la Nochebuena con una luchadora social gigantesca creo que Margarita es la Navidad misma.
Mucha gente la conoce pero mucha más gente debería conocerla, admirarla y seguir su ejemplo. Margarita Barrientos resume en su vida y obra, todos los valores navideños. El nacimiento permanente de milagros y esperanzas. La mano solidaria tendida en forma permanente. Y la capacidad de hacer todos los días algo que mejore la calidad de vida de sus vecinos con una sonrisa y una energía inagotable.
Insisto. Pocas personas resumen tanto en su figura los valores de la Navidad. Muchos la conocen. Pretendo que muchos más la conozcan Y por eso no me canso de contar y difundir su epopeya cotidiana.
El comedor Los Piletones cumplió 21 años. Aquel esfuerzo titánico de Margarita Barrientos hoy es mucho más que un comedor donde se alimentan 2.104 hermanos argentinos necesitados. Es un complejo solidario que hoy tiene guardería, un centro de jubilados, consultorios médicos, una biblioteca donde hay clases para apoyar a los chicos, un taller de costura y hasta una veterinaria. En los últimos tiempos y como parte de su combate frontal contra la exclusión y la droga, inauguraron una escuela de carpintería que enseña un oficio y que además, fabrica los muebles que se utilizan en este faro de la fraternidad instalado atrás de la cancha de San Lorenzo.
No me canso de repetir que Margarita es un símbolo de la Argentina que florece. Ella tiene nombre de flor y es la más bella del barrio. Hace ya muchos años en esta columna la definimos como la madre Teresa del bajo Flores. Es la amada Margarita Barrientos. Ella tiene mucho que ver con mi historia periodística y hasta con la de mi hijo al que llevé desde muy chico a conocer ese mundo real que muchos quieren ocultar.
Margarita Barrientos a esta altura es un ejemplo del tipo de líderes sociales que necesitamos. Humilde, alegre, de esas que no bajan los brazos nunca, de las imprescindibles. Tiene 10 hijos a los que les enseña a valorar la vida y a pelear para progresar. Solamente se les escapan las lágrimas del duelo cuando recuerda a Isidro, su esposo que murió hace poco. El comedor que Margarita inauguró en su tierra natal, en Añatuya, con el presidente Mauricio Macri a su lado, lleva su nombre: “Isidro Antúnez”.
¿Se acuerda? A Isidro le faltaba un brazo pero le sobraba un corazón. ¿Se acuerda como fue el tema, no? Isidro estaba trabajando con un tractor y en un accidente se le cayó encima y eso le hizo perder un brazo. Pero estuvo apuntalando a Margarita desde siempre. Andaba con la camioneta de acá para allá trayendo donaciones, buscando materiales de construcción.
Porque si algo extraordinario pasa en el comedor los Piletones de Margarita es que siempre se está construyendo, en todos los sentidos de la palabra. Siempre hay ladrillos para levantar una nueva utopía. Hace 21 años que se está edificando. Cuando la Argentina se caía a pedazos en el 2.001 y todo se destruía yo fui a Los Piletones para ver que necesitaba y ellos estaban construyendo. Además en ese lugar se remonta la esperanza. Se planifica el horizonte. Se ofrece afecto, abrazos, educación, contención y dos platos de comida caliente.
Las injusticias y las adversidades le han pegado siempre en el pecho y ella siempre respondió con más esfuerzo y con más alegría. Margarita es la cocinera de los milagros. La que prepara todos los días, con sus manos generosas y su mirada limpia el sabroso milagro de un desayuno, un almuerzo y una cena para 2.104 vecinos, sobre todo chicos y abuelos de la villa. Cada vez que recibe una donación ella lo transforma en ayuda a sus semejantes. Sabe que hacer el bien hace bien y mucho más si se lo hace sin mirar a quien. El escudo de Margarita es el delantal.
No se lo saca nunca. Siempre está cocinando, o comprando o limpiando. ¿Qué lleva a una persona a ser solidaria hasta los huesos? A dar hasta que duela como decía la Margarita Barrientos de Calcuta. Y allí está, edificando un futuro para sus hijos y para sus vecinos. A media hora del obelisco como si estuviera en medio del monte chaqueño. Cuidando las garrafas como si fueran de oro y la manteca y dulce de batata como si fueran lujos de príncipes.
Permítame y disculpe que saque pecho y le recuerde uno de los sucesos que más orgullo me provocan de mi oficio de periodista. Fue un hecho mágico y maravilloso que ocurrió con Margarita en este programa. Un día le hicimos una entrevista como tantas. Pero los diarios habían publicado que Baltazar Garzón, el ex juez español, estaba cobrando del gobierno de Cristina 70 mil pesos por mes como asesor en Derechos Humanos. Se nos ocurrió preguntarle a Margarita que haría ella con tanto dinero. Y ella confesó que su sueño era construir un Centro de Atención para las Víctimas de Violencia Familiar. Como Margarita siempre piensa en los que más sufren, se acordó de tantas mujeres que por las noches llegan a su casa pidiendo auxilio frente a los golpes brutales de sus maridos, muchas veces borrachos. Como siempre, los gravísimos problemas de la marginalidad y la exclusión, Margarita los vive en carne propia. Nadie le tiene que contar que es lo que pasa con los excluidos. Es ella la que pone el cuerpo cuando llega una mujer llorando, con sangre en su rostro, cargando uno o varios chicos y que pide protección. Muchas veces Margarita no se da cuenta pero evita que haya asesinatos. Una vez ella misma sacó a cachetazos limpios a un hijo de puta que quería seguir trompeando a su esposa. Margarita, su cuerpo, su coraje, su conciencia es un refugio para los más débiles y para las víctimas de ese despreciable delito que es la violencia de género. Por eso ella soñaba con un refugio. Y ese sueño se convirtió en realidad por el milagro de la radio y la generosidad. Emilio Quesada, un empresario español que se casó con una argentina y se quedó para siempre resolvió donarle ese edificio. No se imaginan lo que es ese lugar. Con todas las comodidades y necesidades satisfechas para contener y proteger a la mujer golpeada. Un sueño de Margarita hecho realidad. Margarita ya tiene un lugar en el mundo para las mujeres de la villa cuya vida era un calvario.
La luz se hizo. El milagro de la esperanza no cayó del cielo. Fue construido por hombres y mujeres que aman a su prójimo como a sí mismos. Ella sabe desde la cuna lo que es el dolor y el horror. Le pasó de todo allá, en el fondo de Santiago del Estero. Su madre murió temprano. Su padre los abandonó y eran once hermanos. Eso suele pasar demasiado seguido en los subsuelos de la patria. Margarita sabe desde la cuna lo que es el hambre y lo que provoca. No se lo contó nadie. Sabe muy bien cuando la panza duele porque está vacía. Se sienten como cuchillos invisibles que se clavan. Por eso hace lo que hace. Lo hace porque sueña con un país donde nunca más nadie sienta esos dolores quemantes de la exclusión. Hace mucho tiempo viene lavando nuestras miserias y nuestros pecados en los piletones del Bajo Flores. Está lejos de Calcuta y muy cerca de las necesidades más profundas de sus prójimos. Ella los ama como a sí misma. Es la responsable de que todos los días haya un nacimiento de ilusiones. Por eso es la Navidad en persona. Mama Noel.
Se llama Margarita y es una flor que nos perfuma la vida. La flor más bella.
Navidad pese al caos – 22 de diciembre 2017
Estamos atravesando momentos muy complicados. Algunos grupos minoritarios, pero muy organizados han elegido el camino de la violencia en lugar de la democracia.
Los más peligrosos están liderados por Cristina Fernández que tiene a casi todos sus ex funcionarios, colaboradores y testaferros presos en Ezeiza y Marcos Paz. Hasta Carlos Santiago, el primo de Kirchner acaba de ser detenido. Cristina no come vidrio y observa como el cerco se sigue cerrando sobre ella que tiene 4 procesamientos y un pedido de prisión preventiva.
Por eso la ex presidenta y su hijo, están dispuestos a hacer todo lo posible para no perder su libertad. Ya demostraron que son capaces de ir por todo y de tirar del mantel del sistema republicano y apostar a la destitución del presidente Macri. No hay que olvidar nunca esto. Hay que tenerlo siempre presente en todos los análisis.
Pero se viene la Navidad. Y es imposible estar ajeno a una de las celebraciones populares más familiares de este país.
Por eso, si usted me permite quiero comentarle una de mis columnas preferidas.
Hace más de 36 años que ejerzo el periodismo. Leí muchos libros y diarios, entrevisté gente sabia y conocí lugares que me dejaron muchas enseñanzas. Pero debo confesar que mientras más aumento mis saberes, menos certezas tengo. Una de las pocas certezas que me atrevo a defender es que nuestros hijos son lo mejor que tenemos. Que es lo que más felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso saben algo mis viejos que esta semana cumplieron 64 años de casados. Esther y Mayor ya son ocho veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel, Uriel, Yael, Yoav, Yonatán, Sofia y Eitan.
Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 28 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista respetado, me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Este fue un año muy especial desde lo profesional. No hay antecedentes de que un padre y un hijo hayan ganado el Martin Fierro en distintos rubros el mismo año. Y tampoco que ambos hayan recibido el diploma de honor en los Konex en diversas disciplinas. Es muchísimo más de lo que soñé. Soy un eterno agradecido a la vida. Me siento bendecido y no puedo pedir más.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la descendencia por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo. Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento. El amor por lo hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me dice a mí: “Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar”. Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protegelo. Permitile crecer y permitime estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar. Permitime ver su desarrollo y ver su luz que me ilumina.
En el libro “Cuidate changuito”, contamos que mi fantasía es convertirme en una suerte de Guillermo Barros Schelotto y levantar los mejores centros para que él, convertido en su ídolo, Martín Palermo, los cabecee a la red. Y después darnos un abrazo de gol, que es lo más lindo de las tardes de Bombonera. A veces creo que ir a la cancha es una excusa para darnos abrazos profundos, emocionados. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz.
Está absolutamente probado que las cosas materiales que les podamos regalar los van a poner contentos y van a estar muy agradecidos. Una pelota reluciente, una play aunque sea usada, una bicicleta medio pelo, lo que sea, va a ser bienvenido por ellos. Los llenará de alegría. Pero la felicidad máxima es cuando nos entregamos nosotros. Cuando ponemos el cuerpo y toda nuestra piel. Cuando somos padres presentes. Y vamos al acto en la escuela donde hace de San Martín. Y nos disfrazamos de lo que sea en la fiestita del jardín. O cuando lo llevamos a los entrenamientos de fútbol o básquet o a aprender natación. Ese tiempo compartido vale oro. No tiene precio. Porque jugamos con ellos a juegos que inventamos juntos. Confieso que me gustaba leerle en voz alta y sobreactuando un cuento una y mil veces y solía dormirme antes que él, igual que cuando hacíamos luchitas arriba de la cama y yo me derrumbaba de cansancio.
Siempre digo que una mesa de ping pong en el medio del living me permitió medir el crecimiento de Diego. Al principio, mientras él aprendía yo me dejaba ganar para que no se desmoralizara. Después los partidos eran parejos, de hacha y tiza. Yo ganaba y daba la vuelta olímpica alrededor de la mesa y cantaba la marcha del deporte que la aprendió por eso. Y cuándo él ganaba, relataba el triunfo imitando el estilo de Alejandro Fantino. Pero jamás olvidaré cuando me dí cuenta que en determinado momento era Diego el que se dejaba ganar al ping pong para no humillarme. Me miré al espejo. Lo miré y dije: “O yo me estoy poniendo viejo o el changuito creció. O ambas situaciones”.
La navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire. Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cuál sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resume en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mi deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.