Fuera del sistema – 18 de diciembre 2017

Basta de verso. Basta de palabras vacías. Vamos a llamar a las cosas por su nombre. No nos podemos seguir engañando nosotros mismos. Hay un sector importante de la política que está haciendo todo lo posible para derrocar a un gobierno constitucional y eso los pone fuera del sistema democrático.
Este 18 de diciembre será recordado como el momento en que grupos cada vez más grandes están intentando dinamitar las reglas de las instituciones democráticas. Las imágenes de la barbarie no fueron protagonizadas como en otros momentos por marginales y extremistas de Quebracho o de la Organización Anarquista. Estas son las formaciones especiales más beligerantes que van a todas las marchas dispuestos a incendiar todo. Llevan piedras, bombas molotov y van encapuchados. Los de Quebracho son tan criminales que intentaron matar a Fernando Esteche. ¿Escuchó bien? Con sus facas lo apuñalaron y no lo asesinaron de casualidad. Y Esteche, hoy preso no es un fascista. Era su comandante hasta pocos días atrás. Son salvajes que manejan dinero sucio, algún aporte de los fundamentalistas iraníes también y al parecer Esteche se quedó con el dinero de todos y todas. Los anarquistas que visten de negro igual que sus pensamientos articulan con los del RAM que están organizados como grupo de choque pesado y que utilizan al pueblo mapuche para esconderse detrás de un presunto reclamo territorial.
Hay otros grupúsculos más chicos y más violentos todavía pero que bien controlados no eran una amenaza para la democracia.
La gran novedad de estos días y de este día es que ahora hay partidos tradicionalmente radicalizados en el discurso, pero que ahora también pasaron a los hechos y a la acción directa.
El Partido Obrero, El PTS, el MST, el PCR siempre fueron ideológicamente intransigentes extremos pero fueron éticamente honrados y no apelaban a la violencia como instrumento político. Es más, recuerdo a sus dirigentes, algunos de ellos hoy diputados, condenando a la violencia de los “infliltrados”. Cristina también apeló al mismo criterio. Quieren transmitir este mensaje: nosotros no somos violentos. Nos mandan a unos provocadores lúmpenes que destrozan todo para romper la manifestación y cambiar el eje de la protesta. Incluso algunos los sacaban a los empujones de sus columnas organizadas con precisión. En estos últimos tiempos eso cambió. Eran las banderas de esos partidos más sus agrupaciones sindicales en la CTA o en ATE, más algunos gremios pequeños y La Cámpora y sus satélites, los que ya no manifiestan para expresar sus ideas opositoras. Ahora van por más. Van por todo. Ahora no quieren que funcione un pilar de la democracia como es el Congreso de la Nación.
Cristina los usa como escudos de impunidad. Los usa como garantía de que no va a ir presa. Es extorsión lisa y llana. Pere ellos, se dejan usar con mucho gusto. Y redoblan la apuesta.
Hemos vivido mucha muerte y horror los argentinos para que dejemos escalar estas provocaciones. Hay sectores que en voz baja dicen que necesitan un muerto para voltear al gorila de Macri. Quieren provocar un Kosteki y Santillán para acelerar el final del gobierno.
Están dispuestos a todo. Y sobre todo porque usan y abusan de algunos muchachos muy marginales que no tienen futuro y que se mueven con el dinero que le dan para que rompan todo.
Van preparados y organizados en escuadras o brigadas. Todos lo pudimos ver. Mochilas con piedras, palos, botellazos, bombas molotov, y hondas que escupen bulones y tuercas como balazos. Hay que ver la mano cortada por el vidrio de una botella de un policía casi indefenso. O la esfera de acero que le pega en el cuello como si fuera un tiro sin pólvora.
Los movimientos sociales vinculados al Papa Francisco que reciben asistencia millonaria también participan de la emboscada a la democracia. Ponen a la República contra la pared. No tienen votos, pierden elecciones. Su metodología es repudiada. Pierden en los comicios y pierden en la justicia porque saben que Cristina va a ir presa más temprano que tarde y por eso patean el tablero y, por el camino del patoterismo, se colocan fuera del sistema.
Son golpistas y corruptos trabajando juntos. Son sectores que la inmensa mayoría de los argentinos rechaza cada vez que puede. No aceptan el resultado de las urnas porque no creen en la democracia. La llaman democracia burguesa o liberal. Van al cuerpo a cuerpo y provocan a las fuerzas del orden. Los atacan como soldados y luego se defienden como blancas palomitas a las que les han violado los derechos humanos.
Insisto con este concepto. No creen en la democracia. La usan y abusan de ella.
Y hay más actitudes miserables todavía. La justicia en general los libera en 24 horas porque quieren creer que solo hubo disturbios o desmanes. Y no aplican la ley de defensa de la democracia para custodiar el sistema en el que queremos vivir.
Y la dirigencia política muestra un nivel de irresponsabilidad feroz. Sobre todo los kirchneristas como Máximo Kirchner o El Cuervo Larroque que tiran nafta al fuego porque saben que solo pueden salvarse del calabozo si Macri se va en helicóptero. Pero hay otros dirigentes no kirchneristas que le hacen el juego. Se abrazan con ellos que son los promotores de la destitución para reinstalar el chavismo kirchnerista. No repudian la violencia. Miran para otro lado. Se creen que los agresores solo van a ir contra los de Cambiemos. Si esos descontrolados manifestantes ingresaran al Congreso no dejarían títere con cabeza. Cagarían a trompadas también a los del Frente Renovador, a los peronistas federales y a los de la CGT que perdió el rumbo. La CGT tampoco entiende que estos violentos van en contra de ellos también. Fueron los mismos que les coparon el acto y en un minuto los obligaron a correr con cobardía en busca de sus choferes y guardaespaldas. Hasta los más vociferantes y presuntamente guapos como Pablo Moyano tuvieron que rajar frente a las hordas que lo consideran a él y a la mayoría de los dirigentes sindicales como millonarios burócratas que transan con los patrones y entregan delegados combativos para que los rajen.
Fue patético ver cómo le tiraban con todo a la policía para herirlos y lastimarlos y los uniformados tiraban con pintura. No se puede comer al caníbal pero tampoco hay que dejarse comer por él. Tiraron las vallas y miles de botellazos y piedras. Pero miles de verdad. Solo hay que ver el piso.
Los encapuchados no pueden vivir en democracia. Cada uno puede expresarse y protestar como quiera. Pero hay que dar la cara como la da la gran mayoría de los argentinos. Enchapuchados, corruptos y golpistas no tienen lugar. Han tomado la calle frente a un gobierno que trata de mantener el orden pero todo lo hace con guantes de seda y mucho cuidado porque teme que haya algún muerto que acelere el proceso de degradación de la libertad y el orden.
Los que quieren voltear al gobierno saben que es gratis. Y por eso no retroceden frente a la fuerza del estado. Deberían ser detenidos y condenados por atentar contra la democracia porque eso es lo que están haciendo.
Y el gobierno debería salir a la cancha del debate público con toda claridad exigiendo que todos los líderes parlamentarios, partidarios, empresarios y sindicales ratifiquen su apoyo a la paz y al sistema democrático. Las luces de alerta roja están encendidas sobre el tablero de nuestra vida cotidiana. Los que quieren liquidar la democracia y reducirla a cenizas deberían encontrarse con un muro pacífico pero multitudinario y multipartidario que les diga basta.
Cristina les abrió las puertas a los demonios de la fogata institucional. Pero muchos otros dirigentes no tienen los huevos de cerrar esa puerta y defender la Constitución Nacional y la convivencia democrática.
Esto nada tiene que ver con una ley buena no mala. Esto nada tiene que ver con los jubilados. Cuando Cristina vetó el 82% móvil, Hugo Yasky y varios de sus cómplices aplaudieron o no dijeron una palabra y muchos menos hicieron una protesta.
Los que saquearon las arcas de la Argentina y se robaron el país ahora quieren tomar por asalto el Congreso y la democracia. Son los conspiradores del helicóptero. Son la peor basura que tiene esta bendita Argentina. Quieren un país de luto. Algo hay que hacer. Antes de que choquemos contra el 2001. Algo hay que hacer para pacificar e instalar el diálogo y la paz. Algo hay que hacer antes de que sea demasiado tarde para lágrimas. Algo hay que hacer. Venceremos y no tendremos miedo. Nunca Más.

Cristina conspira – 15 de diciembre 2017

Cristina fue la jefa de la asociación ilícita para saquear al estado y hoy es la jefa de la conspiración contra el gobierno de Mauricio Macri. Cristina lo hizo. Ella fue la autora intelectual y su estado mayor, fue el autor material del furibundo ataque a la democracia que nos inquietó ayer a todos.
Calladita. En silencio, fue Cristina la que arengó a su tropa para que fueran a generar todas las provocaciones. Ninguno de ellos se atreve a mover un dedo sin la orden de ella. Los motivos son varios. Primero su actitud negadora de la derrota. Jamás en su vida fue capaz de decir: felicito al ganador. No concibe su derrota. Tuvo dos gestos simbólicos muy fuertes que confirman esto que le digo. No quiso entregar los atributos del poder y parió una situación tan bizarra que convirtió a Federico Pinedo en un presidente fugaz de la Nación. Su capricho, su soberbia de no querer aparecer en una foto cediendo la banda presidencial y el bastón produjeron el primer daño institucional a Macri. No hay fotos de Néstor muerto. No hay fotos de Cristina entregando el poder y volviendo al llano. Lo que no se ve, no existe, según su lógica perversa. Por eso, Néstor no se murió. Y por eso Cristina no perdió.
Pero eso no fue todo. En ese momento ella había pasado a ser ex presidenta. Pero ahora que es senadora por la minoría, tampoco fue capaz de reconocer la victoria y saludar a Esteban Bullrich que la había derrotado. Perdió por amplio margen en una de las peores actuaciones del peronismo de la historia y, tozudamente, no quiso felicitar al ganador como ocurre en todas las democracias maduras del mundo. Pero la cosa fue peor. Como Bullrich es un caballero y además tiene fuertes convicciones católicas, puso la otra mejilla y la llamó dos veces. Cristina nunca le atendió el teléfono.
Este es el ADN de la mujer más dañina, corrupta y autoritaria que tuvo la democracia recuperada en 1983.
Ella, con estas actitudes de puro resentimiento, envía a su propio cerebro y al corazón de su militancia un mensaje que dice: no perdimos. Y actúan en consecuencia.
Ese es el primer motivo que impulsa la conspiración golpista de Cristina. Pero no es el más importante. Porque el miedo no es zonzo. El gran motor que la impulsa es evitar terminar sus días en la cárcel de Marcos Paz o Ezeiza. Cristina no come vidrio. Ella sabe que su situación legal es muy comprometida y que más temprano que tarde, el año que viene tal vez, podría ir a parar a una celda. Eso lo sabe por dos motivos: primero porque tiene 4 procesamientos y en cualquier momento aparece el quinto, juez Ercolini mediante. Hay muchas pruebas y evidencias del robo del siglo que fue su gobierno. Pero además ella es consciente de que gran parte de sus testaferros y cómplices más cercanos están presos, a saber: Julio de Vido, Carlos Zannini, César Milani, Lázaro Báez, y José López, entre otros. Hasta su propio contador, Víctor Manzanares está detenido por dibujar tantos libros contables para ocultar lo inocultable: las megas coimas y la hiper corrupción de estado.
Por eso Cristina quiere destituir a Macri. Por eso lo odia. Porque sabe que la única posibilidad que tiene de zafar de la prisión es que caiga el gobierno de Cambiemos en medio de turbulencias institucionales similares a las del 2001. Por eso Cristina es la presidenta del club del helicóptero que sueña con ver a Macri huyendo por los techos de la Casa Rosada, convertido en Fernando de la Rúa. Por eso festejaron ayer a los abrazos. Porque van sembrando vientos y quieren cosechar tempestades. Ayer Cristina y su banda iniciaron una metodología que va a ir creciendo a lo largo de los días.
Ella sabe que su hijo Máximo también dejó sus huellas pegadas en una cantidad increíble de negociados sucios. Por eso ayer encabezó el grupo de tareas de diputados que tuvo como objetivo premeditado provocar a la Gendarmería. Fueron a buscarlos, a empujarlos, a “prepearlos” para buscar una reacción y poder denunciar una feroz represión. El comandante de La Cámpora, Andres Larroque,(a) El Cuervo está en una situación similar: procesado y al borde de las rejas como Esteche y D’Elía, sus compañeros de diplomacia paralela para traicionar a la patria y encubrir a los terroristas de estado iraníes que en la AMIA produjeron en atentado más grave de nuestra historia. Eso es lo que dice oficialmente la justicia a través de más de 500 páginas de la resolución del juez Claudio Bonadio.
Estos muchachos nada tienen que ver con la defensa de los jubilados. Eso no les interesa. De hecho fue Cristina la que vetó la ley del 82% móvil y la que especuló con la muerte de 300 mil jubilados para no pagarle lo que les correspondía. Su argumento es que con el pago a los jubilados querían quebrar al país. Ahora exige lo que ella vetó.
Hay que ver los videos y aparecen claramente todos los soldados más cercanos a Cristina. Leopoldo Moraeu, un provocador profesional que sacó de quicio a Emilio Monzó. Lo escupió, insultó a su madre, le sacó el micrófono y como un patotero de pacotilla, lo desafió a pelear. Es el mismo Moreau que traicionó al radicalismo para colgarse de las polleras de Cristina, es el mismo que sacó el 2% de los votos como candidato a presidente en la actuación más humillante de la Unión Cívica Radical. Por algo lo expulsaron del partido.
Para Moreau y varios de los más agresivos, tal vez hay que pensar en sanciones más importantes. Monzó es el presidente de la Cámara de Diputados, el tercero en la línea sucesoria presidencial. Tiene una investidura que Moreau mancilló. Los que a pedradas, fogatas, quemas de autos, hondazos con tuercas, encapuchados, saqueos y bombas molotov quisieron entrar al recinto del Congreso para evitar que funcionara uno de los poderes del estado deben ser acusados por la ley de defensa de la democracia. Por atentar contras las instituciones republicanas. Son chavistas en estado puro. Todo el peso de la ley les debe caer para que no crean que es gratis degradar el sistema en el que todos elegimos vivir.
Todo el cristinismo estaba tan verticalista que hasta Hebe Bonafini suspendió por primera vez en la historia la ronda de los jueves para participar de las protestas frente al Congreso. “Es el lugar en donde estarían nuestros 30 mil hijos desaparecidos”, argumentó.
Los mismo le cabe a otro gurka de Cristina: el intendente de Berisso, Mario Secco. Hay que ver las imágenes para comprender el grado de violencia y salvajismo con que ingresó a la legislatura de la provincia de Buenos Aires. A los empujones, pateando puertas, rodeado de lumpenes y pibes chorros y banderas de La Cámpora. Ensució con su irracionalidad la legislatura bonaerense.
Tanto Moreau como Secco cruzaron una raya que jamás se había cruzado. Fueron como dijo Marcos Peña, los piqueteros de adentro del Parlamento. Afuera, detrás de las vallas, todas las organizaciones cristinistas, incluso los vergonzantes, como los seguidores del papista Juan Grabois o el Movimiento Evita, más la izquierda más minoritaria y dogmática hicieron todo lo posible para impedir que funcionara el poder Legislativo, uno de los tres poderes en los que se divide nuestra República. Eso también es atentar contra el orden democrático. Eso también es golpismo liso y llano. El presidente de la Legislatura bonaerense, Manuel Mosca ya denunció a Mario Secco ante la justicia por el delito de intimidación pública e incitación a la violencia colectiva contra las instituciones”. Son pocos pero muy agresivos y peligrosos. No son meros alborotadores. Acatan las órdenes de Cristina y van por todo. Convocan a su gente a una rebelión destituyente. Se sienten dueños del país y de la Casa Rosada. Solo creen en la democracia cuando ganan ellos. Cristina lo hizo. Ella es la jefa de la conspiración.

Golpistas y corruptos – 14 de diciembre 2017

Una vez más la doctora Elisa Carrió tuvo razón cuando dijo que hay sectores que quieren derrocar al gobierno. Y hoy aparecieron con toda su carga de violencia autoritaria y antidemocrática. Se los podría agrupar bajo el rótulo de “Frente para la Derrota”. Son los que menos votos sacaron en las últimas elecciones y son incapaces de respetar la representatividad que otorga la soberanía popular. No les importa el pueblo. Se llenan la boca hablando en su nombre pero cuando la gente no los elige se ponen como locos y tratan de voltear o dividir todo lo que no pueden controlar.
Los cristinistas más fanáticos son la vanguardia de este club de helicóptero que sueña con que Mauricio Macri se vaya por los techos de la Casa Rosada con la plaza de Mayo llena de muertos.
Los irresponsables que fueron a pelearse con la Gendarmería y a echar más nafta al fuego de la protesta tienen nombre y apellido y se los pudo ver en vivo y en directo. El príncipe heredero, Máximo Kirchner y Andrés Larroque no defienden a los más humildes ante una ley discutible que perjudica a los jubilados. Defienden su propia libertad. Sienten que la justicia les está rodeando el rancho y que, en cualquier momento, pueden ir presos como gran parte de los funcionarios y testaferros del kirchnerismo. Eso es lo que los mueve. La posibilidad de ir a la cárcel es el incentivo más fuerte que se conoce. Tienen pánico de terminar como Julio de Vido, Carlos Zannini, Ricardo Jaime, César Milani, Lázaro Báez y otros “presos políticos” dicho esto con ironía y entre comillas. Unos están presos por ladrones, por ser miembros de una asociación ilícita dedicada a saquear al estado como dijo el fiscal Gerardo Pollicita. En ese grupo está el hijo de Cristina que es sindicada como la jefa de esa mafia que robó como nunca se había robado en democracia desde el estado. Máximo no puede explicar su fortuna, ni la de su familia y dejó sus huellas pegadas en balances falsificados y en cheques comprometedores.
Otro grupo es el de los acusados por traición a la patria y encubrimiento agravado por haber favorecido a los terroristas de estado que volaron la AMIA por los aires y asesinaron 85 personas en un abrir y cerrar de ojos. Andrés Larroque está en esa causa. Su nombre figura en una resolución de más de 500 páginas cargada de pruebas e indicios firmes.
Estos muchachos no están preocupados por el bolsillo de los jubilados a los que maltrataron durante 12 años de gobierno. No les dieron ni el 82% móvil ni su reparación histórica. Murieron 300 mil jubilados esperando cobrar juicios que ahora están cobrando. Estos muchachos quieren pudrir la democracia porque saben que es la única forma de no ir en cana. Por eso digo que la democracia republicana tiene que extirpar a los corruptos y a los golpistas. Todos los demás tienen lugar en el sistema, menos los corruptos y los golpistas. Máximo y Larroque, los comandantes de ese grupo de tareas de demolición de Cambiemos encabezaron un operativo para irritar más a los manifestantes. Fueron irresponsables. Como no les importa la gente, no tuvieron la prudencia de calmar los ánimos ni de apaciguar. En un momento una valla se cayó y casi se cuela por ahí parte de la manifestación. Manos mal que no pasó. Hubiera sido una tragedia monumental que nos hubiera enlutado a todos.
Era patético ver como Leopoldo Moreau, Wado de Pedro, Juan Cabandié, Daniel Filmus, y otros diputados de la izquierda más pequeña empujaban, gritaban, provocaban, casi rogando ser reprimidos.
Todos ellos fueron fuertemente rechazados en las elecciones. El trotskismo hizo una elección muy por debajo de sus posibilidades. El Movimiento Evita acompañó a Florencio Randazzo y tuvo una respuesta electoral de una pobreza franciscana. Sin embargo ahí estaba Leonardo Grosso, su diputado, exigiendo en nombre del pueblo que se levantara la sesión.
Mire, a usted le podrá gustar o no la ley. Pero es una norma impulsada por un gobierno legal que acaba de ser legitimado con 10 millones de votos y que no tiene mayorías parlamentarias. La norma fue producto de un trabajado entramado de acuerdos con los gobernadores que también tienen responsabilidades de administrar sus distritos con racionalidad y eficiencia. Son tan caraduras los Hugo Yasky y los Baradel que no dicen una palabra de la implosión antipopular que es el gobierno de Alicia Kirchner en Santa Cruz. No dicen una palabra porque son del palo.
Axel Kicillof, responsable de tanta pobreza, exclusión y aislamiento del mundo productivo quiere dictar cátedra económica cuando después de 12 años de viento de cola y precios internacionales extraordinarios e inéditos dejaron más del 30% de pobres y un país quebrado en su infraestructura.
Ojo con estos miembros del club del helicóptero. Están desesperados y ya se vió que son capaces de hacer cualquier cosa y de llevar a su militancia a una encerrona. Hoy provocaron una batalla campal para evitar que la democracia funcionara. Porque querían impedir que los diputados entraran al Congreso. No querían perder la votación. Es indignante que quieran cercenar uno de los momentos donde la democracia se expresa con mayor pluralismo. Porque los diputados son representantes del pueblo y es su deber y su responsabilidad buscar consensos y eludir disensos y defender sus principios con su voz y con su voto. La presunta y ridícula vanguardia esclarecida de setentistas tardíos y millonarios no quiso que funcionara uno de los pilares de la democracia: el Parlamento.
La comunidad democrática debe saber que hay un grupo que, como bien dice la doctora Carrió, quieren derrocar a Macri y desconocer y defecar sobre el voto de los argentinos. Protestar está bien y es absolutamente constitucional. Quejarse, también. Están en todo su derecho. Pero no se puede permitir que conspiren contra las instituciones republicanas y fomenten la violencia suicida de molotov, fogatas y pedradas.
Hemos vivido hasta ahora una jornada triste y vergonzosa pero que tiene sus responsables. Los millones de ciudadanos que valoran las instituciones y la República tienen que expresarse pacíficamente de todas las formas posibles. La sociedad en su mayoría se manifestó en las urnas y voto en contra de los corruptos de estado y los golpistas fanáticos. El estado está obligado de defenderse de semejantes agresiones. Dentro de la ley todo, fuera de la ley, nada. Los que estuvieron en la calle no gobiernan el país y casi ninguna provincia. Por mandato popular fueron expulsados al llano. Deben entenderlo porque si dinamitan las reglas del juego nos acercamos peligrosamente a un precipicio, a un agujero negro de la convivencia. Estamos hartos del salvajismo de los que cuando estuvieron en el gobierno se cansaron de sacar leyes a paso redoblado y tambor batiente. Convirtieron al Congreso en una escribanía y redujeron a la servidumbre a los legisladores. Nunca quisieron ni permitieron debatir nada.
Con soberbia, y antes las quejas, Cristina les dijo: “Formen un partido y ganen las elecciones”. Y le hicieron caso. Pero ahora, los que perdieron creen que ganaron. Son autoritarios de alma. Odian la paz y el diálogo. Por eso odian al periodismo.
Elisa Carrió los acusó de golpistas y a las tres y diez de la tarde en un discurso breve, pidió que se levantara la sesión. Dijo que a la violencia no le van a responder con violencia. El presidente de la Cámara de Diputados, Emilio Monzó que había sido insultado y escupido por los energumenos, accedió y levantó la sesión. El club del helicóptero celebró la victoria con aplausos y los dedos en “ve”. Ayer la democracia perdió una batalla. Los irresponsables e irracionales que apuestan al caos y al descontrol lograron su objetivo. La pacífica y moderada racionalidad del arco más representativo de la Argentina dio un paso atrás. Ojalá sea para tomar impulso.