Este domingo es el día del estudiante solidario y se cumplen 11 años sin justicia para las 10 víctimas del siniestro vial que enlutó el corazón del colegio Ecos.
Yo le digo sin justicia y es información de hace un año que agrega tristeza a la tristeza. Suma impunidad y angustia al agujero negro de la muerte joven. Aunque ustedes no lo crean, la Corte Suprema de Santa Fé dejó prescribir la causa. No hay culpables. No hay victimarios, solo víctimas que no descansan en paz.
Ya pasaron 11 años. Los padres y los amigos y familiares formaron “Conduciendo a Conciencia” y todos los años realizan un recital solidario en homenaje a los chicos y a la maestra. Este domingo a partir de las 14 hs, en la calle Sarmiento, en el Centro Cultural Konex van a estar recibiendo las donaciones a cambio de las entradas. Actúan Los Auténticos Decadentes, entre otros grupos de rock. Recomiendan llevar leche en polvo, azúcar, yerba, aceite, arroz, lata de tomates. Y si no van el domingo cualquier día pueden aportar ropa, zapatos, calzado, juegos.
Es una manera de tener siempre el recuerdo y hacer un homenaje a nueve pibes y una profesora que murieron en medio de la ruta, cerca de Santa Fe. Un camión conducido por un chofer borracho que venía haciendo zigzag los chocó de frente. Volvían de darle una mano generosa a una escuela muy humilde del Chaco y por eso el día de la tragedia, también es el día del estudiante solidario. La bandera que los chicos colgaron en el micro decía: “Sabernos juntos nos hace más fuertes”. Allí murieron Nico, Justina, Delfina, Federico, Daniela, Benjamín, Julieta, Lucas, Juli y la profe, Mariana.
Hace 11 años que sus padres y amigos vienen luchando para que se haga justicia y para evitar tantos siniestros viales tan siniestros. Ese genocidio encubierto que se lleva 5 mil vidas por año. Formaron “Conduciendo a conciencia” y pudieron hacer mucho pero todavía es mucho lo que les falta. Uno de las personas que más cerca estuvo y que más les puso el hombro fue el flaco Luis Alberto Spinetta que, dolorosamente, también se les fue y se nos fue. Ese genio almendrado que tanto extrañamos siempre consolaba a los padres con la misma frase: “nuestro destino es ser semilla”. Hubo recitales en el Luna Park. Esas semillas sembraron otros recitales que juntaron donaciones para los que más necesitan. Siempre con las remeras con la inscripción de esa consigna integradora que dice: “Todos fuimos, todos somos, todos podemos ser”.
Son los ecos de aquella tragedia que les provocó a los padres el dolor más grande que cualquiera pueda imaginar. Siempre se dice que es tan terrible el desgarro que ni siquiera existe una palabra para nombrarlo. Los chicos que pierden a sus padres son huérfanos. Pero los padres que pierden a sus hijos ¿Qué son? Fantasmas a los que les robaron para siempre la capacidad de ser felices. Corajudos seres humanos con un agujero negro en el corazón. Miradas que ya no tendrán chispas de alegría en los ojos. ¿Cómo se puede nombrar esas heridas en carne viva sin caer en los alaridos? ¿Cómo se puede seguir viviendo? No hay una única respuesta. Pero la respuesta que encontraron los padres de los chicos del colegio Ecos fue seguir el ejemplo de sus hijos y sembrar solidaridad para cosechar una sociedad más justa. En eso creían sus hijos y en eso creen sus padres. En transformar la tragedia en solidaridad. Sus hijos habían ido a una escuelita muy humilde del Chaco para transformar la tragedia de la pobreza y la marginalidad en solidaridad que ponga en movimiento los mejores valores de los seres humanos. Sus padres siguen el camino que los hijos le marcaron. Estos también son padres paridos por sus hijos.
En homenaje a ellos el flaco Spinetta y León Gieco compusieron un tema llamado 8 de octubre que dice:” Abrazo y corazón/mi grito es el de tu voz/viento y libertad/mi huella es la de tu andar/ fuego y fragilidad/ lágrimas de tu humedad/luna y bendición/ mi brillo es el de tu sol.
Esos chicos perdieron sus vidas en la ruta, atrapados entre el micro que los transportaba y el camión sin habilitación que los chocó de frente y que era conducido por una persona que estaba borracha. Su viaje podría haber sido pura celebración, baile nocturno y paseo turístico. Y no hubiera estado mal. Todos tienen derecho a divertirse. Pero ellos eligieron el camino de crecer como seres humanos dándole una mano a sus semejantes. Ayudando para ayudarse. Haciendo el bien sin mirar a quien. Ofreciendo su corazón. Para decirnos que no todo está perdido. Los padres quieren que toda esa energía solidaria se siga canalizando porque es la mejor forma de reencontrarse con sus hijos. Multiplicar la solidaridad. Transformar la tragedia en luz.
Es increíble que la causa haya prescripto como si nada hubiera pasado y pasó lo peor.
Hoy la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires está impulsando la tolerancia cero en el alcohol para manejar. Ya hay seis provincias argentinas y tres países de la región que lograron bajar los siniestros viales con esa medida. De 0,5 gramos de alcohol en sangre permitidos, bajarlo a cero para los conductores. Córdoba, Salta, La Rioja, Neuquén, Entre Ríos y Tucumán marcan el camino. Brasil, Paraguay y Uruguay, también. Hay que modificar el Código de Tránsito y transporte. Dos copas y media de vino, dos chopp de cerveza o una medida de whisky ya te dan el 0,5% que es el máximo permitido. Eso te hace estar en un estado eufórico y con reacción más lenta. Por eso son tan buenas las campañas que dicen que el que maneje no tome o el que tome no maneje. En la Ciudad de Buenos Aires hay un control de alcoholemia que da positivo cada dos horas. La mayor cantidad de muertos en accidentes viales son menores de 35 años.
Hace unos años, Cristina, que es la madre coraje de Delfina me enseñó algo muy profundo. Me dijo que los padres también pueden heredar a sus hijos y aprender de ellos. Y es lo que ella siente después de la muerte de su hija menor. Delfina tenía 16 años y ya era muy conocida y premiada por sus poemas. Estaba a punto de publicar su primer libro. Cristina lo publicó y le puso como título el de su último poema. Es estremecedor y premonitorio: Tiempo efímero. Tal vez en esas dos palabras, tiempo efímero, esté la explicación de todas nuestras angustias y de todos nuestros abismos. Tal vez el aire fresco de ese poema le permita seguir respirando a Delfina y a todos sus compañeros. Aunque la muerte nos separe. Aunque la justicia no se haga eco y no sea justicia. Hoy los familiares de la tragedia del colegio Ecos utilizan la “Oración a la justicia de María Elena Walsh para expresar sus reclamos. Dice así: Señora de los ojos vendados
Que estás en los tribunales
Sin ver a los abogados,
Baja de tus pedestales.
Quítate la venda y mira
Cuánta mentira.
Actualiza la balanza
Y arremete con la espada
Que sin tus buenos oficios
No somos nada.
Lávanos de sangre y tinta
Resucita al inocente
Y haz que los muertos entierren
El expediente.
Espanta a las aves negras
Y aniquila a los gusanos
Y que a tus plantas los hombres
Se den la mano.
Ilumina el juez dormido,
Apacigua toda guerra
Y hazte reina para siempre
De nuestra tierra.
Señora de ojos vendados,
Con la espada y la balanza
A los justos humillados
No les robes la esperanza.
Dales la razón y llora, Porque ya es hora.
Democracia es dar la cara – 5 de octubre 2017
La democracia es muchas cosas pero se puede resumir en una sola: dar la cara. Hay cientos de definiciones de democracia. Desde la técnica quirúrgica de los diccionarios hasta la mirada ideológica que apasiona. La más básica es la que dice que democracia es el gobierno del pueblo. El padre de la democracia recuperada, Raúl Alfonsín, decía que democracia es diálogo y si no, es violencia. El ex presidente chileno Ricardo Lagos y el ex presidente argentino Domingo Faustino Sarmiento utilizaron mucho el concepto de un viejo jurista italiano que dijo que democracia es “generar la mayor cantidad de felicidad para la mayor cantidad de gente posible”. Todas esas explicaciones me parecen muy valiosas. Cada una tiene fortaleza. Estoy convencido que la democracia es un sistema imperfecto, construido y sostenido por hombres imperfectos pero sin duda, es el menos malo de todos los sistemas. Estamos atravesando días de cólera e incertidumbre, donde como diría Gramsci, hay algo que no termina de morir y algo que no termina de nacer. En medio de esa situación inquietante y esperanzadora del parto nos encontramos. En esta transición estamos. Estamos dejando atrás la oscuridad de un populismo autoritario y cleptocrático y estamos avanzando, no sin dificultades, hacia la luz de un estado democrático y republicano en plenitud. Todavía falta mucho. Se han ganado varias batallas pero nadie ganó la guerra. Nos va a llevar años cambiar muchos disvalores que instaló la familia Kirchner.
Lo más grave es el odio que inocularon en las venas abiertas de la sociedad que produjo una fractura expuesta en la convivencia de los argentinos. Es lo que Jorge Lanata bautizó “La Grieta”. Infinidad de amigos, compañeros de trabajo y familias han dejado de hablar de política o directamente, han dejado de hablar. Ha sido tan eficaz la ejecución del pensamiento de Ernesto Laclau de dividir a los argentinos que hoy somos un gigantesco océano con por lo menos tres islas.
La más grande, en la que viven las mayorías quiere vivir en paz, y edificar un país con igualdad de oportunidades, sin pobreza, con educación, salud y trabajo y con la mayor de las libertades públicas. Eso se puede denominar democracia moderna. Razonable. De sentido común. Donde los consensos y los disensos sean vistos como algo cotidiano y enriquecedor y no como una pelea de vida o muerte.
La más chica de las islas, en la que vive una minoría intensa, podríamos denominarla Cristinolandia. Ahí están los que apuestan a la confrontación permanente, a la construcción del enemigo, a mirar para otro lado frente a la que fue la más pornográfica corrupción de estado y a los que sueñan con fracasos jurásicos como Cuba y Venezuela.
Y en la tercera isla están los ciudadanos más independientes y menos politizados. El argentino de a pié que vota según está su situación económica, si su familia tiene trabajo, si hay acceso al crédito o ve que el estado le soluciona problemas estructurales como tener cloacas, acceso al crédito para la vivienda o rutas dignas para ir a trabajar y no matarse en el intento.
Ese archipiélago es Argentina. Creo que después de la expresión en las urnas, después de la anunciada derrota electoral de Cristinolandia hay que empezar lenta pero inexorablemente a reparar los daños, a suturar heridas y a cohesionar la sociedad. Unir a los argentinos, para decirlo en forma sencilla.
Y ahí aparece el nuevo contrato que todos tenemos que firmar. El contrato del 83 como lo llama Graciela Fernández Meijide, decía Nunca Más a los golpes de estado y nunca más a la utilización de la violencia como instrumento político. Sobre ese consenso súper mayoritario se levantó esta democracia que tenemos.
Ahora hay que ratificar aquel juramento de repudiar para siempre y con toda claridad al terrorismo de estado y a todo tipo de terrorismo. Pero además, podríamos suscribir un acuerdo que gire alrededor de este concepto de “Dar la cara”. Apostar a una democracia con el máximo pluralismo y diversidad pero donde no haya lugar para los encapuchados de ninguna especie. Hoy se puede decir todo lo que uno quiera. No hay censura de ningún tipo. Nadie es perseguido por sus ideas. Por lo tanto el que utiliza una capucha es porque es un delincuente o va a cometer algún acto delictivo. Y eso no lo podemos permitir. Las personas honestas y decentes de cualquier ideología y camiseta partidaria tienen el derecho y el deber de manifestarse sin que sufran ninguna represalia por eso. Eso fortalece la democracia. Es el pulmón por donde respira. Bienvenidos todos los matices que nos abran la cabeza y los ojos, que cuestionen nuestras certezas. Pero a cara descubierta.
Cristina sospecha que los encapuchados de las molotov, las facas y la violencia son agentes que, Macri y el oficialismo, infiltra en las protestas para quitarles legitimidad y reducir la cantidad de manifestantes por el temor que estos salvajes producen.
Macri sospecha que los encapuchados son ultras minoritarios que apuestan al anarquismo, al chavismo de Quebracho o al falso separatismo de un grupito irrepresentativo que quiere representar a los mapuches. El gobierno también piensa que muchos son funcionales al kirchnerismo y que puestos a elegir entre Macri y Cristina se quedan con la falsamente exitosa abogada.
Son pocos pero muy agresivos y peligrosos. No mataron a nadie de casualidad. Los vimos tirando bombas de nafta a los gendarmes del Bolsón, quemando motos policiales en el Congreso o autos en el parlamento bonaerense, rompiendo la casa de Chubut, quemando estancias y patoteando a simples puesteros o agrediendo a periodistas de todo tipo de pensamiento.
Por eso digo que los encapuchados son enemigos de todos. Son enemigos de la democracia. No es muy complicado duplicar a o triplicar su número, rodearlos con las fuerzas del orden y sin armas letales y sacarles las capuchas, identificarlos y castigarlos con todo el peso de la ley por la intimidación y los destrozos que producen. Ojo que en cualquier momento tiran un muerto. Es tanta su irracionalidad que tal vez creen que un cadáver debilitaría el sistema republicano y federal. Y eso es lo que buscan. Porque las urnas siempre les dan la espalda. Nunca lo votan.
No lo tenemos que permitir. Dar la cara es la solución. Comprometernos todos a erradicar a los violentos y los que cubren su rostro. Todos deben expresar sus pensamientos, incluso con la pasión más caliente. Pero mirando de frente a sus interlocutores y la sociedad. Se puede decir lo que quieran. Pero sin esconderse detrás de un trapo o del anonimato cobarde en las redes sociales. Hay que plantear críticas e ideas alternativas. Los funcionarios y candidatos tienen que someterse a reportajes y conferencias de prensa. Es un derecho de los ciudadanos saber que piensan quienes gobiernan, gobernaron o quieren gobernar. No hay que aceptar extorsiones ni condicionamientos de los que no creen de verdad en la democracia y la utilizan como pantalla para sus propuestas totalitarias. Dar la cara es el ADN de la democracia renovada que tenemos que refundar. Sin violentos, sin ladrones, sin golpistas y sin encapuchados. Si todos damos la cara la Argentina va a ser más transparente y luminosa. Si todos damos la cara le vamos a dejar la mejor herencia posible a nuestros hijos: un país que nos de orgullo y que sea digno de ser vivido. Mas felicidad para más gente. De eso se trata: de dar la cara.
Un cacho del Nobel – 4 de octubre 2017
Los argentinos en general y los cordobeses en particular tenemos que celebrar el premio Nobel porque una parte nos pertenece. Ya sé que la Academia Sueca de la Ciencia premió a tres, un alemán llamado Reiner Weiss y dos norteamericanos. Pero tanto en las declaraciones de los galardonados como en los fundamentos de la distinción se destaca que el rol decisivo que jugó el equipo de más de mil investigadores de todo el mundo liderados por nuestra Gabriela González. Por eso digo que una parte, una porción del Nobel tiene la camiseta celeste y blanca y la tonada cordobesa.
El premio más prestigioso del mundo fue por haber comprobado la Teoría de la Relatividad de Albert Einstein. Nada menos. Hace 102 años que Einstein describió las ondas gravitacionales y recién en el 2015, se pudo confirmar su existencia. Fue cuando el Observatorio de Interferometría Láser de Ondas gravitacionales, conocido como LIGO captó la huella de fusión de dos agujeros negros.
Weiss, el que cobrará 550 mil dólares, la mitad del premio habló ayer con Gabriela González y quedaron en encontrarse en Boston. Hace poco más de un año yo le conté la epopeya maravillosa y esperanzadora de una compatriota que se llama sencillamente Gabriela González. Como tantas Gabrielas y tantos González que siembran nuestra patria.
La noticia fue que la revista Nature, una de las más prestigiosas del mundo, la incluyó liderando una lista de las diez personalidades científicas más destacadas e influyentes del planeta. ¿Qué me cuenta?
Gabriela vivó su niñez en un barrio de trabajadores. Supo entrenar su esfuerzo y sacrificio en el colegio Luterano Concordia y terminó el secundario en la escuela Sarmiento del glorioso barrio de San Vicente. Pedro, su padre contador público y Dora, su madre profesora de matemáticas, supieron transmitirle el amor por los números, las ciencias duras y la apuesta a la movilidad social ascendente producto de su propio sudor y capacidad.
Gabriela Nació hace 52 años y hoy lidera un proyecto que confirmó la última predicción de Albert Einstein. Por esto se entregó el premio Nobel de Física. ¿Escuchó bien? No se desespere. Ahora voy a tratar de explicarle que es eso de las ondas gravitacionales. Pero quiero destacar que aquella nenita que sufría cuando perdía Belgrano porque veía sufrir a su viejo, hoy conduce un experimento que nuclea a 1.500 de los científicos más destacados del mundo que pertenecen a 15 países. Ella fue, en su inglés con tonada, la que comunicó al planeta uno de los descubrimientos más importantes de nuestro tiempo, solo comparable con la determinación de la estructura del ADN. El director del Instituto Max Planck de Alemania y uno de los más prestigiosos de la tierra, le dijo a la BBC que el descubrimiento del grupo que encabeza Gabriela, merecía el premio Nóbel. ¿Qué me cuenta? Eso fue hace 13 meses. Y ayer se confirmó.
Pero esto no termina acá.
Stephen Hawking, el genio experto en agujeros negros, dijo que se encontró “una nueva ventana para mirar el universo que va a revolucionar la astronomía”. Me da ganas de decirle a Gabriela: “Pinta tu aldea y serás universal”. ¿Sabrán estos talentos donde queda el barrio Los Plátanos y la cancha de Belgrano? Registrarán la identidad de los que contamos chistes, tomamos ferné y bailamos cuartetazos cómo nadie?
Gabriela hoy está en la cumbre de la ciencia porque le puso coraje y creatividad a sus sueños de revelar los misterios del cosmos. Cuando Pedro escuchó de boca de su hija que iba a estudiar en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, la felicitó porque siempre fue un lugar de excelencia pero para sus adentros pensó:” pobre Gabriela va a terminar siendo profesora toda la vida”. Pero por suerte, Pedro se equivocó. En un curso sobre gravedad, Gabriela conoció el universo del amor y las buenas ondas. Se casó con otro talento mediterráneo llamado Jorge Pullín y mirando el cielo, como hacen los enamorados, resolvieron irse a los Estados Unidos a seguir potenciando sus cerebros privilegiados. No fue fácil. Porque nunca es fácil trepar la montaña más alta. Consiguieron trabajo en dos universidades que estaban a 10 horas de distancia. De lunes a viernes vivieron separados durante 6 años. Se juntaban en algún seminario y los fines de semana dormían juntos en una casa rodante que quedaba a mitad de camino. Ella estaba en Instituto Tecnológico de Massachussets y el, en Pensilvania. Después recorrieron varias de las mejores universidades. Hoy lograron el sueño de trabajar en los mismos laboratorios y claustros de la universidad de Louisiana. Pasaron momentos terribles. Jorge tuvo que enfrentar a un maldito cáncer que no les permitió tener hijos. Por suerte lo derrotó con una energía tan grande que pudo cumplir su promesa de correr 50 maratones en los 50 estados del país en el que viven.
Tal vez por eso Gabriela ama tanto a sus sobrinos, a los hijos de su hermano Javier. Viven en Mendiolaza donde sin telescopio puede observarse el otoño más bello del mundo. Todo muy austero y familiar. Como siempre en la familia González. Jorge y Gabriela hicieron la fiesta de casamiento en la sencilla casita de Los Plátanos. Y se fueron de luna de miel en moto a Vaquerías porque tenían descuento para los universitarios. En la casa de los González nunca faltó ni sobró nada. Pero hay abundancia de dignidad, solidaridad y admiración por aquellos que dedican la vida a construir su destino, como Gabriela. Arrancó de muy abajo y llegó muy arriba. Nadie le regaló nada. Todo se lo ganó a pulmón. Cuando en la conferencia de prensa repleta de científicos y periodistas de todo el mundo, en Washington, Gabriela informó la gran noticia, a los cordobeses se nos alegró el alma. Era una de nosotros la que estaba ahí. Anunciaron que después de un siglo, se había certificado la última predicción de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein: que existen las ondas gravitacionales. Cuando los objetos se mueven en el universo producen ondulaciones en el espacio-tiempo que se propagan por el espacio. Esas ondas se llaman gravitacionales. Y el equipo de científicos pudo registrarla gracias a uno de los aparatos más sensibles creados por el hombre. Se llama Interferómetro y consta de un rayo láser que viaja 4 kilómetros en dos direcciones y luego rebota en un espejo para volver al punto de origen. Puede detectar una diferencia del tamaño de un protón que compone el núcleo de un átomo y se pueden registrar ondas que están a 200 millones de años luz. Parece un cuento de Jorge Luis Borges. Cargado de futurismo y espejos. De poesía de la ciencia. De hecho, dicen que el descubrimiento de Gabriela González y sus 1.500 científicos muestra las costuras del universo que se estiran y se comprimen. Si Einstein se levantara de la tumba sería muy feliz porque 100 años antes pudo ver lo que solo la ciencia más avanzada recién puede ver ahora. Eso ocupa la parte más racional y a su vez emocional del ser humano. Ciencia que conmueve y emociona. Dicen que han podido escuchar el Eco del Universo. Y que Gabriela todas las noches en Estados Unidos escucha un eco de las sierras de Córdoba que le dice gracias. Gracias en nombre de los que soñamos con el progreso de los países y de los ciudadanos con la ayuda del estado pero básicamente con el esfuerzo individual. Nadie puede ayudar al que no se deja ayudar. Gracias Gabriela González, en nombre de todos los habitantes del planeta y también en nombre de los que todavía viven en Los Plátanos. Gracias por este cachito de Premio Nobel con olor a peperina para orgullo de Argentina.