Hoy es un día histórico. Sonó un tiro para el lado de la justicia. Amado Boudou, el ex vicepresidente de la Nación, estuvo sentado en el banquillo de los acusados por una de las causas más emblemáticas de la cleptocracia K.
Hablamos del intento de apropiación de Ciccone, la fábrica de billetes. El malandra de estado y ex ministro de Economía, tuvo que poner la cara y escuchar las acusaciones que elevó el fiscal Jorge Di Lello y que lo pueden llevar a pasar hasta 12 años en la cárcel por coimero, negociaciones incompatibles con la función pública y abuso de autoridad.
Esta vez en la calle no había nadie. Aturdía el silencio de la soledad. Nadie lo quiso acompañar. No había banderas de La Cámpora ni pancartas de Cristina, la que lo eligió como compañero de fórmula y que no emitió ni un tuit en su apoyo. Está claro que le soltaron la mano. Porque saben que está condenado a ir preso. Hay montañas de pruebas e indicios que demuestran que fue culpable y porque, además, aprovechó la muerte de Néstor Kirchner para robarle el negocio sucio. Fue el ex presidente el que le encargó a Boudou el operativo. Pero una vez que falleció, Amado ni tuvo tiempo para llorar a su jefe político y aceleró los tiempos para quedarse el con el tristemente célebre apodo del “Patrón de los billetes”. En el expediente de 42 cuerpos se ve con mucha claridad como Amado le da velocidad al operativo sin esperar ni siquiera el entierro de Néstor. Tal vez pensó que la justicia iba a comprender ese dicho popular de que el que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón.
Si Boudou finalmente es condenado se llevará puesto a dos de su principales cómplices: José María Nuñez Carmona, su íntimo amigo que atendía en el ministerio como si fuera funcionario y a Alejandro Vandenbroele, testaferro que tiene unas ganas tremendas de prender el ventilador y confesar todo. De hecho dicen que pidió un millón de dólares para arrepentirse pero no le dieron el gusto. Todavía quiere más dinero del estado.
Pablo Bertuzzi, Néstor Costabel y Gabriela Nuñez Iñiguez son los tres jueces integrantes del Tribunal Oral Federal número 4 que se pueden convertir en próceres. Todos los martes tienen el juicio a Boudou y todos los miércoles el de Julio de Vido. Dos de los personajes más manchados por el gobierno que más cantidad y variedad de delitos cometió con la jefatura de Néstor y Cristina.
El estado argentino pagó, es decir que pagamos todos, en abril del 2012, la friolera de 140 millones de pesos para comprarle billetes a Ciccone. En ese momento la empresa era de los tres atorrantes que se pasaron de vivos: Amado, Nuñez Carmona y Vandenbroele.
Seguramente en un juicio aparte aparecerá otro pescado gordo como el jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray que jugó un rol clave en la asociación ilícita que armó el negociado.
El cancherito de las motos Harley Davidson, es un icono del típico inmoral y chantapufi que se enriqueció en el estado. De hecho tiene otra causa muy grave por eso que está a cargo de Ariel Lijo y que involucra a parte de su familia y a su ex novia, Agustina Kampfer. Tiene tres procesamientos más en otras causas gravísimas como la coima de casi 8 millones de pesos que cobró del pueblo pobre de Formosa.
Finalmente todo llega. La justicia tarda pero llega. Un violador serial de leyes como Amado Boudou no tiene otro lugar que la prisión. Tal vez se encuentre en Ezeiza con varios viejos conocidos: Lázaro Báez, Jaime, José López, Cesar Milani y sigue la lista.
La de Ciccone es una de las causas más bizarras. Casi un record mundial. Hubo cientos de casos de corrupción de estado durante el reinado K. Pero afanarse la fábrica de los billetes, es como too much diría Cristina.
Di Lello en sus 200 páginas da por acreditado que el ex vicepresidente, siendo ministro de Economía le compró el 70% de la empresa a Nicolás y Héctor Ciccone a cambio de salvarla de la quiebra a la que la había empujado el propio gobierno de Néstor. Una metodología bastante utilizada durante la era de los pingüinos buitres. Hostigar a una empresa o un empresario, perseguirlo con ferocidad y obligarlo a vender a precio vil.
Los 12 años de mayor corrupción de la historia democrática argentina tuvieron algunas aristas tragicómicas. Mutaciones impensadas.
Pero el de Amado Boudou sigue siendo el caso más extremo. En su sobreactuación por ocultar los delitos que cometió pasó de Alsogaray a Perón y de María Julia al Che Guevara. Un ortodoxo neoliberal se convirtió en un defensor de la patria socialista. Un amante de Estados Unidos en un tardío lector de Marx. En eso también aprendió de Néstor. Utilizar los símbolos de la izquierda y los derechos humanos como escudo para ocultar sus estafas y su enriquecimiento ilícito lleno de testaferros y truchadas.
Hoy apareció en tribunales con el pelo corto y bien afeitadito para cambiar su imagen. Pero hasta hace unas semanas, producía risa y vergüenza ajena ver a Aimé con las mechas largas y desprolijas, la barba y la estética progre, como si de verdad se creyera el heredero de Lenin y Evita. Anda con Fernando Esteche y Luis D’Elía y el cree que eso limpia todo su pasado y todo su prontuario. Su discurso clasista y combativo lo transformó en un patético personaje, una caricatura trucha de Fidel Castro.
En su momento habló por radio Rebelde, la del piquetero amigo del chavismo, el castrismo y el negacionismo del holocausto de los iraníes más fanáticos. Amado no bajó de la Sierra Maestra para liberar a Cuba del dictador Fulgencio Batista. Bajó del médano 678 que tiene como domicilio en una de las malversaciones de documento público que hizo. No se internó en la Bolivia profunda para organizar la guerrilla campesina. Se fue a vivir a Puerto Madero, cerca de su comandante en jefe, Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, Boudou, en la carpa de Luis D’Elía en el acampe de Plaza de Mayo exigió por la libertad de Milagro Sala, justo tres de los cristinistas que mayor imagen negativa tienen. El gobierno de Macri celebra que estos impresentables que son rechazados por las grandes mayorías sean las caras visibles de un cristinismo aislado y en franca decadencia. Como al solitario Boudou, se hace trampa a sí mismo. No dejó delito por cometer. Pero está claro que se creyó el más vivo de todos para robar. Dejó los dedos pegados en todas partes. Pero se sintió impune. No hay una sola voz de peso en el peronismo o en el kirchnerismo que se levante para defenderlo. Veremos que hace Víctor Hugo Morales que fue citado por Boudou como testigo. ¿Lo defenderá el relator del relato? Experiencia tiene: se tragó cada sapo.
¿Se acuerda que Amado subió varias veces al escenario a tocar la guitarrita con su amigo Manu Quieto de La Mancha de Rolando? El cantante es tan obsecuente y tan agradecido por la cantidad de actuaciones que les pagó el estado, es decir nosotros y le debe tanto que dijo que Amado no es el mejor guitarrista que conoce, que le pone un 9 porque 10 son Pappo y Gustavo Ceratti? Hasta Juan Cabandié se sumó a la banda una noche de pura militancia musical. En otro recital, Amado subió con una remera que decía “Cristina Capitana”, mostrando que tiene la cara dura y la mano larga. Hoy empezó el segundo juicio oral, pero el más importante. Se vienen varios momentos complicados para el patrón de los billetes. Se viene la noche y por eso arde la ciudad.
No fue magia, fue mafia – 2 de octubre 2017
No fue magia, fue mafia.
La Real Academia Española define la palabra mafia como una organización criminal, secreta o clandestina, que defiende sus intereses con violencia, intimidación y chantajes. Los más de doce años de kirchnerato se apoyaron en una matriz mafiosa y corrupta. Por eso fue el gobierno que mayor cantidad y variedad de delitos cometió en democracia. Néstor y Cristina fueron los jefes de una estructura que fomentó y protegió a distintos eslabones mafiosos de una cadena nefasta.
No fue magia, fue mafia.
La mafia de los trenes. Es la más terrible de todas porque dejó en evidencia que la corrupción mata. 51 personas, una por nacer y casi 700 heridos fue el resultado horroroso. En este caso el triángulo mafioso fue integrado por funcionarios ladrones y ya condenados por la justicia como Ricardo Jaime o Juan Pablo Schiavi, empresarios como Claudio Cirigliano y sindicalistas. Todos estaban complotados para la circulación de coimas, subsidios inflados y ausencia total de mejoramiento de las vías, los vagones y los andenes. Por eso Julio de Vido, el ministro responsable está en pleno juicio oral y público acusado de estrago y fraude. Pese a tantas evidencias y condenas de la justicia, Cristina tuvo la cara de piedra de decir que el estado no tuvo nada que ver y que el único culpable fue el maquinista.
Es tan fría y distante Cristina que ni en aquel momento ni este último reportaje fue capaz de tener una palabra de pésame, de acompañamiento en el dolor para los familiares de las víctimas. Tal vez por eso, la madre de Tatiana Pontiroli la trató de “asesina” cuando se le encontró en una misa por la aparición con vida de Santiago Maldonado:
Es verdad que Marcos Córdoba no logró frenar el tren. Pero la formación del Chapa 16 chocó a 20 kilómetros por hora. Con otra infraestructura de seguridad y de prevención, a esa velocidad, no hubiera muerto nadie. ¿Quién es el irresponsable que no hizo esas inversiones y que utilizó esos fondos para enriquecerse? La mafia ferroviaria.
No fue magia, fue mafia.
La mafia del Pata Medina. Tiene todos los componentes de una película de Francis Ford Cóppola. Solo faltó que se desarrollara en Sicilia y no en La Plata y zona de influencias. La familia Medina completa y sus buenos muchachos robaron fortunas, extorsionaron a medio mundo, paralizaron obras con sus brazos caídos y personas intimidadas, las coimas, las drogas y las armas eran cosa de todos los días mientras el padrino fumaba su narguile. Un patrón del mal que batió todos los records. Le hizo perder a todos los ciudadanos platenses pero a los más pobres sobre todo, inversiones por 31 mil millones de pesos que destruyeron 20 mil fuentes de trabajo. Le recuerdo que las obras de construcción civil cayeron de 650 por año a 80. El metro cuadrado costaba un 40% por ciento de promedio más que en otros lugares. Manejaron 10 millones de dólares, se fundieron empresas pymes. La Plata se convirtió en el municipio de mayor desocupación con el 10,5%. Mientras armaron un imperio y se convirtieron en millonarios con yates, helicópteros, aviones bajo la protección y complicidad de Pablo Bruera, Daniel Scioli con quien hizo actos y de la propia ex presidenta Cristina. En las PASO, la mafia del Pata apoyó su candidatura.
No fue magia, fue mafia.
La mafia del Caballo. El mismo mecanismo de corrupción, patotas y extorsiones con lavado de dinero incluído se dio en el sindicato de Omar “El Caballo” Suárez que ya está preso. También fue uno de los preferidos de la ex presidenta igual que José Pedraza, quien también está en la cárcel por el asesinato del militante Mariano Ferreyra.
No fue magia, fue mafia.
La mafia de los pingüinos. Este es el entramado más complejo y antiguo porque hunde sus raíces en Santa Cruz, la cuna del kirchnerismo. Una banda que acompañó a Néstor y Cristina y los enriqueció mientras se enriqueció y estafó al país en miles de millones de dólares. Acá podríamos hablar horas y horas porque son los códigos del hampa que atravesaron más de una docena de años de gobierno nacional sin contar las manos en la lata que metieron desde que todo comenzó en la intendencia de Río Gallegos. Hay que contabilizar la cadena de hoteles K, las hectáreas de estancias y propiedades de Lázaro Báez que lo convirtieron en el tercer terrateniente de la Patagonia, su millar de vehículos y hasta el avión que por suerte hoy está al servicio de las fuerzas de seguridad. Algo de lo robado que vuelve al pueblo. Pero el cártel de Santa Cruz es mucho más que los Kirchner y los Báez. Aquí hay que contabilizar al jefe de operaciones, Julio de Vido que tiene que explicar los agujeros negros, los sobreprecios y las coimas de la obra pública, la energía, la embajada paralela con Venezuela, la compra de trenes chatarra y los subsidios para todos los amigos además del desvío de 264 millones de pesos en Rio Turbio. Por este tema, dos fiscales pidieron el desafuero de don Julio y que fuera encarcelado inmediatamente. Don Julio tuvo su propio estado mayor de la corrupción. Ricardo Jaime que ya está preso, Roberto Baratta que va camino a la cárcel, el corcho Rodríguez como símbolo de las megacoimas de Odebrecht y el resto de su familia y equipo. Y la gran estrella mediática. José López y la monja Inés Aparicio. Los nueve millones de dólares en el convento convirtieron a ambos en el símbolo televisivo más impactante de estos años junto a Martín Báez contando dólares sucios en La Rosadita.
La ex presidenta llegó a decir sin que se le cayera la cara de vergüenza que por un par de casos de corrupción no se puede caracterizar a todo un gobierno como corrupto. Un par de decenas de casos de corrupción con una conducción vertical permanente de los jefes políticos, es decir Ella y El. Fue memorable su actuación cuando le recordaron a José López, el llanto contenido y el vaso de agua que le alcanzan.
No fue magia, fue mafia.
La mafia de la justicia. La que se dedicó a proteger a Néstor y Cristina y a todos los funcionarios corruptos. Norberto Oyarbide ya quedó fuera de juego y Eduardo Freiler está a punto de dejar de ser juez. Pero la maquinaria de blindaje e impunidad se mantiene intacta con decenas de fiscales y algunos jueces todos bajo la conducción estratégica de la procuradora Alejandra Gils Carbó que en poco tiempo va a ser procesada por una coima de 8 millones de pesos por el juez Julián Ercolini. Tal vez por eso, hoy cambió de abogado y convocó al desconcertante León Arslanián.
Ni hablar de la mafia de los crímenes.
Del asesinato de Alberto Nisman que Cristina intenta desacreditar, mezclando todo y diciendo sobre la Gendarmería que los que no pueden encontrar a Santiago Maldonado no nos pueden decir que mataron a Nisman.
¿Y el triple crimen de General Rodríguez, vinculado a la efedrina kirchnerista?
Y el vínculo del gobierno K y de Aníbal Fernández con los narcos. La efedrina, los aportes de las droguerías a la campaña de Cristina y el aumento geométrico de la producción, venta, consumo, exportación y lavado de dinero de la droga. Hasta uno de los capos del Cartel de Cali, José Piedrahita Ceballos se instaló en Argentina y lavó 15 millones de dólares.
Insisto que si hablamos de las mafias kirchneristas no terminamos más. Pero para cerrar está el intento de apropiación de la fábrica de hacer billetes: El caso Ciccone. Va a juicio oral mañana y probablemente le voy a dedicar toda la columna a este malandra de estado.
Por eso no hay mejor definición que esta:
No fue magia. Fue Mafia.
El genio del Cuchi – 29 de septiembre 2017
Hoy, exactamente hace un siglo, nacía uno de los más grandes artistas populares que dio nuestra bendita Argentina. Hace 17 años que murió el Cuchi Leguizamón y recuerdo que aquel día triste me pregunté donde iremos a parar si se apaga el Chuchi, como Balderrama.
Yo estoy construido de varios materiales, como todo el mundo. Uno de ellos son las peñas de la Córdoba combativa de los 70 y los festivales populares de Cosquín.
El Cuchi nos honró el alma y nos llenó nuestras neuronas con su talento de bagualas y lamentos. Todavía nos sentimos un poco huérfanos del Cuchi. Pero por suerte está su obra y sigue brillando. Fue el que provocaba a los conservadores de toda laya con su filosa ironía. Nos despertaba con sus sonoras carcajadas endiabladas, como sus ojos, como las aristas de su cara y su barba.
El Cuchi fue uno de los defensores del pobrerío salteño. Era un duende genial que aparecía mágicamente donde se lo necesitaba. Un aristócrata pariente del general Arenales y bisnieto de una criolla que luchó al lado de los corajudos y las corajudas de Martín Miguel de Güemes.
El Cuchi fue capaz de escribir “Chacarera del expediente” y burlarse de su propio oficio, y burlarse de todo.
Solo alguien de su dimensión eterna pudo crear esto…
El pobre que nunca tiene/ ni un peso p’andar contento/no bien se halla una gallina/ ya me lo meten preso./ El comisario ladino/ que oficia de diligente/ lo hace confesar a palos/ al preso y a sus parientes/ Y se pasan las semanas/engordando el expediente/ mientras el preso suspira/ por un doctor influyente/ Amalaya la justicia/ vidita los abogados/ cuando la ley nace sorda/ no la compone ni el diablo/ Esta son cosas del pueblo/de los que no tienen nada/esos que se hallan millones/ tienen la Casa Rosada.
Parece escrito hoy. Aquí aparece toda su rebeldía contra los funcionarios corruptos. Toda la mordacidad de alguien que pese a los antepasados de gran alcurnia jamás se olvidó de ser un ponchito protector de su gente. Para empezar nunca dejó de vivir en Salta. Ese fue su lugar en el mundo y su lugar en la vida y en la muerte. Lo enterraron en el cementerio Santa Cruz, regado por un torrontés que se toma lento y viene en damajuana. Dicen que camino al campo santo recitó con su voz cavernosa a modo de despedida que: “Si nada hay tras de la vida/ iré más allacito cantando/ cuando mi sombra florezca azul/ sus huellas se irán borrando.
Podemos quedarnos tranquilos porque no descansó en paz durante este tiempo de ausencia. El cielo lo estaba esperando para sumarse a una fiesta. El Mono Villegas le hizo un lugarcito en el piano universal del jazz maestro y Manuel Jota Castilla preparó el locro y las empanadas y muchas letras para musicalizar. El Cuchi se llevó una utopía. Alegrarle la vida a Dios por toda la eternidad. Ya lo había escrito cuando dijo:
Pobrecito Tata Dios/ siempre solito y ausente/ se moriría de aburrido/ si no fuera por la gente.
El Cuchi que yo canto, el que hoy le robamos al recuerdo, se fue satisfecho con una sonrisa de vino manso. Por sus armonías que todavía son modernas y transgresoras pero enraizadas a la tierra. Por sus melodías cultas y a la vez populares. Por su sabiduría en el piano y en los consejos. Siempre se llevó la vida por delante. Pateó todos los tableros y desvistió a todos los santos. Fue golpeteo sobre las mesas, madrugadas de seducción y de cuerpos.
Nadie pudo ni podrá domesticar al Cuchi. Siempre rompió todos los moldes y los dogmas. ¿O ustedes conocen a alguien más en el mundo que haya armado un concierto con las maravillosas campanas de Salta repicando y replicando? ¿O la sensata locura de diseñar una obra integral con los 18 sonidos que tienen los gases al escapar de las locomotoras? Hasta le sumó el silbato del tren y el ruido de la marcha sobre las vías. Los trenes del alma le marcaron la vida. Lo sacudían hasta las entrañas. No en vano se sentía orgullosamente hijo del jefe de la estación de tren de Cerrillos. Lo único que le faltó fue querer hacer una serenata con los aromas y los colores de Salta la linda.
No sabemos cómo ocupó sus días vacíos. El Cuchi iba tan a contramano de la pacatería y lo establecido que un día histórico decidió dirigir y arreglar a un dúo que revolucionó el folclore con su forma de cantar cruzado entre falsetes y abismos.
Llamó a Patricio Giménez y al Chacho Echenique y parió el Dúo Salteño, algo así como la máxima vanguardia de la música criolla de finales de los 60. Algo así como los Piazzolas de las vidalas y las zambas, algo así como los Beatles pero de acá.
Así andaba el Cuchi por la vida. Con un poncho rojo en el corazón, como si fuera el escudo protector de un gaucho de Güemes, como su bisabuela o como si fuese el mismísimo Martin Miguel de Güemes para defender a pura palabra y puro teclado las fronteras de nuestra cultura y de nuestra patria que no es lo mismo pero es igual.
Supo cantar en los coros universitarios, ser un profesor muy querido por sus alumnos por su forma campechana de enseñar historia o filosofía, un abogado penalista de los pobres y ausentes, un músico capaz de disfrutar de Los Fronterizos, de Vinicius de Moraes o de Bach y Beethoven a quien llamó con toda justicia : “el músico definitivo”.
Solía inflar su mejilla con el acullico permanente que le hace el aguante de coca a las noches que no encuentran el límite de la madrugada. Solía cocinar como el más experto de los criollos y con esa misma experiencia, sazonar musicalmente “La Cantata Popular de las Comidas” de Armando Tejada Gómez.
Dice la leyenda que nació con una quena en la cuna. Y que a los dos años ya tocaba el Barbero de Sevilla. Escuchaba con esa oreja prodigio a su padre cantar ópera todo el día o a su madre silbar a los pájaros para que acompañaran los vuelos del Cuchi.
Cuchi significa chancho en Quechua. De chiquito le pusieron ese apodo que en Salta habla de picardía y le quedó Cuchi para toda la vida y desde hace 17 años, para toda la muerte.
Tiene un solo disco producido por otro grande como Manolo Juárez. Se murió sin un peso para arreglar su piano oxidado. Dejó 4 hijos que llevan el apellido Leguizamón con la frente bien alta. Murió un día antes de cumplir 83 años. Hoy hubiera cumplido 100.
Se pasó la vida desafiando lo previsible. Levantó polémicas a cada rato con su ingenio y sus definiciones para sorprender como si fuera un Borges de la música de Salta. Tenía una impronta borgiana de verdad, en su aspecto señorial y oligarca, en sus bibliotecas y laberintos armónicos que dinamitaban las rutinas. Y algo mágico que quiero contarle: compuso un tema en sociedad con Jorge Luis Borges. Se imagina: de Cuchi Leguizamón y Jorge Luis Borges un tema llamado; “No hay cosa como la muerte”.
Yo quiero convocarlos porque al igual que La Pomeña, yo sé que…
Viene en un caballo blanco/ la caja en sus manos tiembla/ y cuando se hunde en la noche/ es una dalia morena.
O como Maturana: No me cabe duda que el Cuchi, Dios lo tenga en la gloria y se divierta con él, andará rondando la tierra con toda su tierra adentro y en el vino que lo duerme, dormido llora su pago.
Nosotros también lo lloramos. Hace 17 años que lo extrañamos. Y hoy lo celebramos a un siglo de su nacimiento.
En el vino que lo duerme/ Dormido llora su pago.