Es muy grave desde el punto de vista institucional el despreciable plan sistemático que están ejecutando para deslegitimar a este gobierno democrático.
Primero fue Hebe de Bonafini que muchas veces dice las brutalidades golpistas que Cristina no se atreve a decir: Que Macri es un dictador y un desaparecedor de personas. Directamente. Sin vueltas. Mentira descomunal dicha casi todas las semanas. Enseguida se suma Estela Carlotto que asegura que a los organismos de derechos humanos “se les acabó la paciencia” y que Patricia Bullrich es “una gendarme mala”.
Lo que queda de Maradona, cuando puede articular una frase dice: “Macri, devolvé a Maldonado”, con una frivolidad que ofende la inteligencia.
Pero lo más golpista ocurrió la semana pasada en Avellaneda y los diarios no le dieron la suficiente importancia. Porque Cristina en dos ocasiones dijo claramente que en este país se terminó el estado de derecho.
Dijo que los jueces y los fiscales son capaces de firmar cualquier cosa que manden de la Casa Rosada y que eso confirma que en este país se terminó el estado de derecho.
Hoy Cristina está más desesperada que nunca. Por eso hizo un llamado a la unidad de la oposición para que la voten a ella. Pero además, le empezó a correr frío por la espalda cuando el juez Claudio Bonadio resolvió unificar las causas donde está acusada de encubrimiento agravado a los terroristas de estado que volaron la AMIA y la de traición a la patria que involucra al ex canciller Héctor Timerman. Bonadío lo hizo siguiendo las indicaciones de Martín Irurzun, el presidente de la Cámara Federal que resolvió que ambas causas eran conexas. Hay un tema de eficiencia y economía procesal.
Lo de Cristina no fue un desliz destituyente, ni un acto fallido. No se le escapó un brulote antidemocrático. Quiere instalar eso. Que no hay democracia, que no hay estado de derecho. Lo hace porque tanto en la justicia como en las urnas, ella sabe que se le viene la noche.
Sabe que puede ir presa y que además, es probable que pierda la virginidad electoral ante Esteban Bullich. Si eso ocurre, será una herida profunda que lleve a Cristina hacia su muerte política.
Esa es la verdad. Abre el paraguas todo el tiempo. Estigmatiza a la gendarmería porque sabe que hay una pericia muy rigurosa que confirmaría que Alberto Nisman fue asesinado y que había otra persona en el departamento a la hora en la que el fiscal recibió un balazo en la cabeza. Es la causa que le produce pánico. ¿Se acuerda que se lo dijo a Parrilli en su momento en las escuchas que hemos puesto al aire?
El mayor de los peligros es el mensaje que recibe la tropa más fanática de parte de la jefa máxima. Si Macri es un dictador, un desaparecedor, si a los organismos de derechos humanos K se les agotó la paciencia y si no existe más el estado de derecho, la pregunta se cae de maduro. ¿Qué debe hacer la militancia? ¿Resistir con violencia a la dictadura de Macri? ¿Intentar destruir a Macri por todos los medios a su alcance?
Todo esto es muy peligroso. Es jugar con el fuego de las molotov y las capuchas y los grupos más beligerantes donde aparecieron militantes del Frente para la Victoria de La Matanza.
Todo esto no se puede entender sin la rigurosa y valiente investigación de 320 páginas del fiscal Gerardo Pollicita. Allí asegura que Cristina, Timerman y varios cómplices ejecutaron un plan criminal para encubrir en forma agravada un delito de lesa humanidad. Habla, claro del atentado terrorista más grave de la historia argentina. Del ataque explosivo a la sede de la AMIA que asesinó a 85 personas en una abrir y cerrar de ojos. Y también de la existencia de una suerte de cancillería paralela.
Dijo con la sabiduría de siempre Santiago Kovadloff: “quien encubre un crimen de lesa humanidad también comete un delito de lesa humanidad”. Por eso son causas que no prescriben.
Benjamin Netanyahu, el jefe de gobierno de Israel, acaba de decir que “los dos atentados en la Argentina fueron cometidos por Irán con el brazo ejecutor de Hezbollah”. Toda la banda tiene prohibido salir del país y tienen sus bienes inhibidos.
Todo indica que el juez Bonadio en un par de semanas va a citar a declaración indagatoria a Cristina y el resto de los involucrados y los puede procesar por ambos delitos. Bastante antes de las elecciones que van a marcar una antes y un después en la Argentina.
Cristina se juega la posibilidad concreta de ir presa por otras causas de corrupción, lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, megacoimas y asociación ilícita, entre otras.
Pero lo más importantes que lo que parecía imposible, ocurrió. Comprobamos que no siempre triunfa la impunidad y la cobardía. Lo digo porque resucitó la denuncia de Alberto Nisman.
Ustedes recordarán que varios escudos protectores de Cristina en tribunales como los jueces Daniel Rafecas, y el suspendido Eduardo Freiler, entre otros kirchneristas quisieron matar la investigación, tal como estaba muerto Nisman. Pero no lo lograron. Pollicita y Bonadio la resucitaron. Revitalizaron la denuncia certificando varias pruebas y aportando nuevos indicios. Aceleraron los tiempos.
Muchos creen que esta transa repugnante de impunidad por apoyo nuclear es lo que explica el inexplicable viraje de 180% de Cristina en este tema.
Cristina pasó de levantarse de las sesiones de Naciones Unidas cuando hablaba el representante de Irán, a firmar un pacto tenebroso y secreto de impunidad y encubrimiento con ese gobierno que comenzó en Alepo, Siria y terminó en Etiopía.
Muchos dicen que Alberto Nisman fue el muerto número 86 de aquel asesinato masivo cargados de odio racial.
Hoy hay una esperanza. Hay alguna posibilidad de que la luz de la verdad derrote a la noche del ocultamiento cómplice. Pese a los cientos de chicanas y maniobras de los encubridores de los encubridores.
Pero el fantasma de Alberto Nisman va a perseguir durante toda la vida a Cristina. No solamente porque ella fue responsable por acción u omisión de su muerte. También porque el gobierno se comportó en todo momento como el autor intelectual y material del asesinato. La gran noticia es que la justicia tiene la oportunidad de contestar varias preguntas que queman el alma: ¿Es cierto lo que Nisman denunció? ¿Qué objetivo tuvo esa alianza que tejieron entre la Venezuela de Chávez, el Irán de Admadinejad y la Argentina de los Kirchner? ¿Es creíble que el interés de los negadores del Holocausto era levantar las alertas rojas a los acusados por el atentado a la AMIA y recibir todo lo necesario del plan nuclear argentino y del uranio enriquecido para construir una maldita bomba atómica? ¿Hubo un intento fallido de canjear petróleo por granos e impunidad? ¿Para eso viajaron las autoridades de YPF que involucraron a Miguel Galluccio y que dependían de Julio de Vido? ¿Es cierto que Irán puso una montaña de dólares manchados en sangre y los hizo llegar a la Argentina triangulados a través del chavismo como contó un general arrepentido muy cercano a Hugo Chávez?. Cristina pensó que ya había ganado y que el caso Nisman estaba irremediablemente muerto. Pero se equivocó. La mentira siempre despierta sospechas. La verdad no se puede sepultar. Siempre resucita por más profundo que la entierren. Y eso es lo que está pasando ahora. El pueblo quiere saber de qué se trata. No hay otra forma de construir el país que soñamos para nuestros hijos. Con la verdad y nada más que la verdad como cimiento. Solo la verdad nos hará libres.
Sarmiento, maestro de la patria – 11 de septiembre 2017
Domingo Faustino Sarmiento dijo que combatía para “poder escribir porque escribir es pensar y combatir, en consecuencia, es realizar el pensamiento”. Su opinión sobre Juan Manuel de Rosas nos puede servir a la hora de juzgar a todos los tiranos de todos los colores y de todas las latitudes: “Lo que la República Argentina necesita ante todo, lo que Rosas no le dará jamás, es que la vida y la propiedad de los hombres no estén pendientes de una palabra indiscretamente pronunciada o de un capricho del que manda”.
Y finalmente, me pongo de pié por la manera en que con un par de frases, definió casi un plan de gobierno: “Lo primero que debe atenderse en todo el país, es proporcionar a la clase más numerosa y menos acomodada, los medios que llenen sus primeras necesidades, particularmente aquellas que tienen directa influencia sobre la higiene y la salud: el buen salario, la comida abundante, el buen vestir, la libertad ilimitada, educan al adulto más que la escuela al niño.”
Habla de libertad ilimitada, de atender a los más necesitados y de no someterse a los caprichos de los autoritarios. Son los cimientos de la Nación que necesitamos construir. Porque además fue la honradez en persona.
Hoy es el día de Sarmiento, el maestro de la patria y el de todos los maestros con mayúsculas. Maestro de los maestros, como se dice cotidianamente. El talento e inteligencia de Domingo Faustino Sarmiento empujaron la movilidad social ascendente. La prueba es que nació en el Carrascal, un barrio pobre de San Juan, llegó a ser presidente de la Nación y murió a los 77 años tan pobre como había nacido.
Es la gran figura polémica de nuestra historia. Se puede hablar horas de sus grandezas y de sus miserias. No nos alcanzaría todo un año. Solo su obra escrita tiene 52 tomos y más de 15 mil páginas. Se puede decir que fue cascarrabias, mujeriego y que tuvo actitudes francamente discriminadoras sobre todo con los indios y los gauchos.
Durante el gobierno de Cristina, el intelectual camporista Juan Cabandié no anduvo con sutilezas para descalificar a Sarmiento: “Era de derecha”, sentenció. Le faltó agregar: “Como Macri”. Desde Paka Paka lo atacaban como si fuera el diablo. Menos mal que a ningún talibán kirchnerista se le ocurrió declarar de interés público y sujeto a expropiación a la calle Sarmiento para rebautizarla Néstor Kirchner quien nunca escribió un libro y del que se sospecha que tampoco leyó alguno.
Cristina hablaba hasta por los codos. Pero la presidenta y su gobierno en su momento no hicieron un solo comentario ni acto para recordar a Sarmiento. ¿Cómo les explicarán a los chicos porque es el día del maestro? ¿Quisieron borrar de la historia argentina a Sarmiento? ¿Son tan omnipotentes, autoritarios y caraduras?
Pero hoy debo rescatar lo mejor de su luz de educador. Un poema dice que “sembró escuelas como soles a lo largo de la patria”. Su dimensión de estadista lo llevó a fundar 800 escuelas en un país que según el primer censo que el propio Sarmiento ordenó padecía un drama: 7 de cada 10 argentinos eran analfabetos. En 1871, la población de nuestro país era de 1.836.000 personas entre las que se encontraban 194 ingenieros y 1.047 curanderos, por ejemplo. En ese país de la injusticia y la oscuridad, Sarmiento fue el motor de la educación como igualador social y como principal instrumento del desarrollo.
Eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca. Fue el mejor combatiente contra la ignorancia y eso solo lo coloca como uno de los principales impulsores de la democracia y de los derechos de los más pobres. Decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria. ¿Se imaginan la aceleración del progreso que eso significó? Cuando asumió había 30 mil y cuando dejó la presidencia ya eran 100 mil los chicos que concurrían a la escuela. Es que eran leyes revolucionarias. Cambiaban la estructura de la sociedad y la hacían más justa y realmente progresista.
Le recuerdo solo algunos de los conceptos y valores que Sarmiento instaló para siempre en el inconsciente colectivo de los argentinos:” todos los problemas son problemas de educación.
Las escuelas son la base de la civilización.” Faltaban 30 años para el 1900 y Sarmiento ya decía que “se puede juzgar el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer”. Fue un verdadero visionario, un genio en su capacidad de enseñanza, un escritor colosal y un combativo periodista y político. Su concepto de educación para el desarrollo se adelantó un siglo. Gran parte de sus construcciones teóricas se siguen utilizando en la actualidad.
No quiso que el saber fuera un privilegio de pocos. Propuso que toda la República fuera una escuela. Apostó al progreso científico, a las comunicaciones. El correo y el ferrocarril en ese entonces eran catalizadores de las mejores ideas y soluciones concretas. Fue un férreo defensor de las libertades civiles y un opositor feroz a los dictadores. “Bárbaros, las ideas no se matan”, dejó grabado por los siglos de los siglos.
En su primer discurso presidencial dijo algo que todavía hoy tiene una vigencia impresionante y que es la síntesis más perfecta de lo que debería ser la política: “el gobierno está para distribuir la mayor porción posible de felicidad sobre el mayor número posible de ciudadanos”. ¿Qué me cuenta? Ojalá fuera el objetivo que guíe a todos nuestros gobernantes.
José Clemente, su padre fue peón de campo y arriero y combatió en las guerras por la independencia junto a Belgrano y San Martín.
Paula Albarracín, su madre, le quiso poner Domingo pero no pudo. Por eso en su partida de nacimiento figura como Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. A los 4 años ya leía de corrido y a los 15, era maestro, tal vez su principal condición que no abandonó jamás. Hasta en la cárcel mientras fue preso político se dedicó a enseñar a sus compañeros de celda.
Y luego se convirtió en un monumento vivo a los docentes y no paró nunca de construir bibliotecas populares. El filósofo Tomas Abraham lo definió como el hombre más grande que dio esta tierra. Su himno que es el himno que nos ilumina reclama honor y gratitud para él y lo bautiza como corresponde: Domingo Faustino Sarmiento, Padre del Aula. Si San Martín fue el Santo de la Espada, Sarmiento fue el Santo de la palabra. San Sarmiento de la Educación.
Alfabetizar es iluminar – 8 de septiembre 2017
Nuestro amigo se llama Ramón. Vive en el Chaco Salteño. Ramón es un ser maravilloso, con la piel curtida y la espalda partida por tanto trabajo de sol a sol. Su historia me hace acordar a la del Manco Arana que cantaba Mercedes Sosa. ¿Se acuerda la letra?
Le da duro el manco Arana,
cuando le sale un trabajo
y tan duro que parece,
que no le faltara un brazo.
Lo perdió en alguna zafra
en una mina o pialando
con el hambre en los talones
no lo perdió saludando.
Yo lo veo de mañana
con sus dos brazos abiertos
el izquierdo, nuevo y fresco
el derecho, un niño muerto.
Ramón no se llama Arana pero también es manco. Sin embargo a la hora del sacrificio y del esfuerzo, nadie se da cuenta. Rinde como el mejor. Pobre Ramón. Le falta un brazo. Pero es no es lo peor que le pasa. Lo más grave es que no sabe leer ni escribir. Jamás llegó ni un libro ni un guardapolvo blanco hasta la punta del cerro donde está su ranchito.
Y no saber leer ni escribir es como estar ciego. O transitar en la más terrible oscuridad. Por eso digo que alfabetizar es iluminar, dar a luz, parir un nuevo argentino y convertirlo en un ciudadano pleno. Porque Ramón, y todos los ramones del mundo son más vulnerables a las enfermedades, a la súper explotación, a la desocupación y al abuso de sus derechos humanos. Hay 758 millones de ramones adultos en todo el planeta. Es casi sinónimo de pobreza y subdesarrollo. En los países donde hay más analfabetos hay más miseria y marginalidad. Y esos hermanos están muy expuestos a los delincuentes que tratan de reclutarlos. Hablo de los ladrones y los narcos. Son el caldo de cultivo para las pandillas y la carne de cañón para la guerra. Un menú horroroso que podemos evitar educando, alfabetizando. Ayudando a que salgan de las tinieblas.
Alfabetizar es igualar oportunidades, incluir seres humanos, permitirles que ingresen al mundo y dejen de estar a la intemperie padeciendo todos los dolores.
La alfabetización emancipa. Los ayuda a liberarse de las cadenas, de ser el último orejón del tarro. Una persona alfabetizada gana en dignidad, es la base para que el entienda y nos podamos entender entre todos. Son los cimientos de un país mejor y de un mundo mejor.
Hoy es el día internacional de la alfabetización instaurado por la Unesco, cuyas siglas significan Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Esta vez su lema es: “Leyendo el pasado, escribiendo el futuro”.
Una persona alfabetizada puede ver más allá del horizonte. Integrarse y planificar su vida, capacitarse, seguir creciendo.
Y en los tiempos que corren también deben alfabetizarse en forma digital. No digo ser expertos en computación. Pero tener los mínimos conocimientos como para mandar mensajes y operar un teléfono celular. Creo que eso lo aprenden con facilidad. Aun los que hacen los trabajos más duros como los cartoneros andan con sus teléfonos y eso solo les mejora notablemente la vida cotidiana y los aleja de los peligros.
Hablar de alfabetización nos remite de manera automática a pensar en la educación.
Yo creo profundamente en la educación como el gran remedio de todos los males. Estoy convencido de que la educación es el más poderoso revolucionario que iguala oportunidades. Todas las plagas sociales tienen como primer enemigo la educación. Por eso admiro tanto a los maestros y a los alumnos. Por eso cada vez que me siento intoxicado por tanta mugre de la política o de la justicia, trató de buscar aire puro entre los guardapolvos de la docencia. Ese color blanco de los delantales es el color esperanza.
Supimos ser vanguardia educativa, ejemplo en el mundo y hoy somos retaguardia, ejemplo de lo que no se debe hacer.
Tenemos el calendario escolar para chicos que van a escuelas estatales más corto del planeta. ¿Escuchó bien? Nuestros hijos son los que menos días y horas de clase tienen. Los que padecen feriados extra large o ausentismo feroz entre docentes y también entre alumnos y paros que baten todos los records. No existen antecedentes de gremios docentes que hagan tantos días de huelga. Los resultados del plan Aprender 2016 confirman la hecatombe. El dolor expresado por el presidente Macri y los datos que ofreció en su momento el ministro Esteban Bullrich son demoledores. Desesperanzadores, diría. Le doy algunos datos duros.
La mitad de los chicos no comprenden textos ni logran resolver cálculos matemáticos simples. Estamos fabricando burros o chicos que no están capacitados para entrar en el mundo laboral.
El plan Maestro que anunciaron puede ser la viga maestra para edificar una nueva educación para los tiempos que vienen. Con excelencia y tecnología, con vocación y profesores bilingües, con la epopeya de parir una generación de argentinos que nos ayude a salir del pozo y nos siga generando prestigio internacional. ¿Hay algún grupo político que no quiera mejorar la calidad educativa de esos 3.300 colegios que más dificultades tienen y que mayor atención y ayuda necesitan? En esto si: todos unidos triunfaremos.
¿Quién se puede negar a que los docentes se capaciten y adquieran destrezas en informática e idiomas? Y que transmitan eso a sus alumnos. ¿Quién se puede negar a abrir los miles de jardines para la educación inicial que faltan? ¿Quién se puede negar a combatir el ausentismo y la repitencia?
Hay que revolucionar la educación. No podemos seguir haciendo lo mismo y esperar resultados distintos. Esa es la definición de la locura de Albert Einstein.
Todos queremos que los maestros ganen mucho más. Por supuesto. Estoy seguro que no es posible mejorar la educación con docentes mal pagos. Pero tampoco se puede capacitar a nuestros chicos con paros a cada rato y por cualquier cosa. Un paro docente tiene que obligar a reflexionar mucho tiempo antes de ser decretado. Porque 12 millones de alumnos en general y los más pobres en particular, son los más perjudicados. No se puede tomar a los chicos como botín de guerra. Cada vez hay más deserción. El chico que abandona la escuela empieza una carrera hacia el delito.
Primero alfabetizar, después completar la educación. Por ese camino seguro que vamos a buen puerto. Porque las letras para escribir y para leer iluminan el sendero. Nos llevan a una mejor Argentina. Y eso no es poco.
La falta de educación es la madre de todos los problemas, pero, además, se puede convertir en la madre de todas las soluciones. De un país donde un joven tenga más posibilidades de estar en clases o en el trabajo que robando o en la cárcel. Tenemos que convertirnos en predicadores de la civilización contra la barbarie. Hay mucho por hacer. Construir el mismo amor por la libertad que por la ley. Que sean dos caras de la misma moneda. La educación debe ser prioridad nacional. Todos los derechos a los más necesitados y todas las obligaciones también. Para sembrar ciudadanía y recoger una mejor democracia. Por la deserción cero. Más todavía, por la ignorancia cero. Por la alfabetización diez. Es por nuestros hijos que es una forma diferente de nombrar a la patria que viene.