Justina está internada en la Fundación Favaloro. Está primera en la lista del Incucai porque necesita un corazón en forma urgente. Justina tiene la sonrisa y la mirada pícara de todas las nenas de 12 años. Una cardiopatía congénita le complicó su vida. Se la descubrieron al año y medio y desde entonces la vienen piloteando con atención rigurosa y medicamentos adecuados. Pero su ventrículo lastimado dijo basta. Tiene que ser trasplantada lo antes posible. Ella espera pero no desespera. Tiene una fuerza que apuntala a su familia. Tiene el corazón con agujeritos pero tiene un corazón así de grande. Solidario y bondadoso. Siempre me gusta decir que los únicos discapacitados que existen son aquellos que no tienen corazón.
Cuando Ezequiel Lo Cane, su padre, le explicó lo que estaba pasando Justina, no pensó en ella. Pensó en los demás. Con esa carita angelical que tiene lo miró y le dijo: “Papi, ayudemos a todos los que podamos”. Fue difícil para todos no llorar ante semejante entrega generosa. “Papi, ayudemos a todos los que podamos”, se transformó en el combustible de una campaña extraordinaria para fomentar la donación de órganos. Se llama “Multiplicar la vida por siete”. Es que cuando uno muere y dona sus órganos les puede prolongar la vida a siete personas. Y a veces a 9 o 10, porque hay tejidos que también pueden implantarse en otro ser humano y ayudarlo a que se aleje del abismo.
Justina recibe la visita de sus hermanos menores, de Ceferino de 8 y de Cipriano de 6. Y hablan de las cosas de la vida, de los chicos. De música, del colegio, de las compañeras que le mandan dibujitos. Uno que tiene pegado en su habitación muestra corazones concéntricos y multicolores que repiten la esperanza como un rezo laico: “Multiplicar la vida por siete”. Ese objetivo es el motor que todo lo mueve. Mientras tanto, Justina espera que le llegue el suyo. Por momento siente dolores de cabeza, náuseas y se descompone. Pero en la Fundación Favaloro la cuidan y la atienden con la excelencia y abnegación con que hacen todo lo que hacen.
El padre de Justina ya conoce del tema. Hace unos años, Ezequiel perdió a su padre y donaron los órganos. Comprendieron en el momento más terrible, cuando le anuncian la pérdida más dolorosa y se da cuenta que ya no podrá ver nunca más a su padre que lo va a llevar siempre en el recuerdo y que parte de su cuerpo va a estar dando vida en el de otro ser humano. Eso ayuda a elaborar el duelo. Da una paz espiritual impresionante.
Donar órganos es como sembrar mil esperanzas todos los días. Es la máxima solidaridad posible. Es la generosidad solidaria que se disemina en tierra fértil. Es una forma de procreación al alcance del ser humano por ser humano. ¿A cuántos hermanos podemos salvar? ¿Cuántos compatriotas pueden recibir semejante bendición? ¿Se lo preguntó alguna vez? ¿Hay otra forma superior de la entrega y el servicio hacia los demás? Es ser solidario con nuestro propio cuerpo aún después de muerto. Dar hasta que duela como pedía la Madre Teresa. Es como arrebatarle un poco de vida a la muerte, como ganarle algunas batallas.
Muchas veces la gente tira para atrás por desconfianza. La comprendo pero no la justifico. Hemos sufrido tantos engaños y desilusiones desde las instituciones que todo nos despierta sospecha. Pero en el caso de la donación de órganos hay que confiar. Nunca, jamás, se comprobó un solo caso en el que haya ocurrido algo poco claro o reñido con la ética. Hay tanta leyenda urbana producto de la ignorancia que vale la pena repetirlo una y mil veces. No se registran hechos de corrupción ni de malversación y mucho menos de tráfico vinculado al trasplante de órganos. Esas historias inventadas nos hacen mucho mal como sociedad. A todos, porque todos podemos ser donantes y todos podemos necesitar que nos donen un órgano. Uno nunca sabe su destino. Nunca sabe de qué lado del trasplante puede estar. Es actuar en defensa propia. Le recuerdo que la evaluación de los doctores del INCUCAI es muy rigurosa para confirmar la muerte. La ley exige que dos médicos, un terapista y un neurólogo firmen el acta de defunción. Y se hacen dos exámenes separados por seis horas. Hacen falta más campañas de concientización hacia la sociedad y capacitación para los médicos. En este momento hay 7.910 personas en lista de espera. No son números de una planilla. Son hijos, padres, hermanos, novios, amantes, soñadores, tan argentinos como cualquiera de nosotros y esperan en la lista y desesperan en la angustia. La medicina avanza a pasos agigantados y los trasplantes son cada vez más frecuentes y exitosos en la Argentina pero en este bendito país los donantes no alcanzan. Hemos mejorado pero todavía falta. Según el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) hay 2.800.000 donantes. En lo que va del año ya donaron efectivamente sus órganos 997 personas. Los periodistas, los docentes, los religiosos, los políticos, los artistas, los deportistas y todos los que tenemos un micrófono, una tribuna o un púlpito desde donde difundir informaciones y pensamientos tenemos la responsabilidad social, la obligación moral de incitar a la esperanza, de fomentar la donación, de multiplicar la solidaridad de hacer una propaganda constante de los valores que nos hermanen más y nos hagan mejores personas y mejores argentinos. No hay otra. Un nuevo país solo tendrá mejores cimientos con mejores ciudadanos. Hubo campañas de todos los colores. Una que decía: escribir un libro, plantar un árbol, tener un hijo y donar un órgano. Hay que iluminar la vida de los donantes con la posibilidad de dar a luz sin ser padre o madre. Dar a luz a otro ser humano sin parir pero dando vida. Suena maravilloso. Es una epopeya que salva la vida de nuestros semejantes. ¿Hay algo superior a eso?
A esta hora exactamente hay un donante en la calle. A esta ahora, la ternura de Justina está esperando su corazón para seguir creciendo. Es bueno viralizar la campaña de “multiplicar la vida por siete”. Eso que late en la patria no es otra cosa que nuestro corazón multiplicado. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. Quién dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón. Combatiendo a la muerte, honramos la vida. La gran Eladia nuestra que está en los cielos lo decía con toda luminosidad:
Eso de durar y transcurrir,
no nos da derecho a presumir,
porque no es lo mismo vivir,
que honrar la vida.
Donar órganos. Dar vida aún después de muertos es honrar la vida. Es multiplicarla por siete. Y ayudar a que Justina concrete sus sueños. La máxima solidaridad posible.
Esteche apuñalado – 6 de septiembre 2017
Me preocupa el intento de asesinato de Fernando Esteche. Fue atacado con piedras y facas tumberas por la tropa de Quebracho que lideraba hasta hace unos meses. ¿Se da cuenta de la locura de la que estamos hablando? Lo tiraron al suelo y le clavaron varios puntazos de hierros de 8 milímetros. Si no intervienen algunos manifestantes lo matan. No era la derecha oligárquica ni la dictadura macrista. Sus propios ex compañeros de militancia. ¿Si hacen eso con Esteche se imaginan lo que estos salvajes pueden hacer con un funcionario macrista si se lo cruzan por la calle? Dicen que se pelearon por los fondos que reciben.
La justicia de La Plata ya está investigando de hecho. Pero no solamente lo que caratularon tibiamente como “lesiones”. Hay que averiguar quién financia a estos cuchilleros. El propio Esteche dijo que es la legislatura de la Provincia de Buenos Aires. ¿Qué legislador? ¿Qué parte de la legislatura bonaerense les aporta dinero? Eso hay que investigar. Esteche no hizo la denuncia porque no cree en esta justicia y se fue a atender a una clínica de un médico adoptado casi como hijo por Hebe de Bonafini que también fue investigado por la compra de un sanatorio en Berisso, al parecer, con fondos de la Fundación de las Madres de Plaza de Mayo. No dejan nada limpio. ¿Todo lo ensucian y lo profanan?
Esteche definió a sus ex compañeros como “una pandilla de mercenarios que perdió el Norte”.
Le recuerdo que este “che” no es Guevara ni se llama Ernesto. Este “che” es Fernando y es un enemigo de la democracia, la república y la libertad. Usa barba y boinas pero sin las estrellas de cinco puntas. El año pasado hizo declaraciones claramente golpistas en las que prometió poner todos sus esfuerzos para derrocar al gobierno de Mauricio Macri.
Es cierto que todo fue muy bizarro porque lo hizo rodeado de Gabriel Mariotto y de Amado Boudou. El ex vice gobernador bonaerense, dice seguir las enseñanzas del Papa Francisco que no creo que avale una conspiración semejante. El ex vicepresidente, formado en las huestes del neoliberalismo de los Chicago Boys y los Alsogaray, es uno de los máximos delincuentes del gobierno anterior y cree que dejándose la barba se transforma en un guerrillero castrista que recién bajó de la Sierra Maestra. Es tragicómico porque Fernando Esteche cometió el sincericidio de decir todo lo que piensa con crudeza. Dijo que «Este gobierno va hacia una crisis segura, que ayudaremos a desatar. Es un gobierno que va a caer, y que vamos a ayudar a que se caiga, porque gobierna contra el pueblo. Por lo tanto, vamos a hacer lo posible por no dejarlos gobernar».
El en ese momento líder de Quebracho, para no dejar dudas, agregó: «Vamos a provocar la crisis y construir la salida a esa crisis […] por eso estamos presentando una herramienta que no es sólo política-electoral, sino que será una herramienta de lucha y de organización popular».
Del aquel nefasto acto participaron, uno de los ex jefes de Montoneros, Fernando Vaca Narvaja y un antiguo colaborador de José López Rega y brazo político de la Triple A como Osvaldo Papaleo, y la hija de éste último, la actriz Carolina Papaleo. Dios los cría…una ensalada de todo lo peor de la política. Un torneo para ver quien tiene más desprestigio social.
Durante su discurso, Boudou reivindicó a la ex presidenta Cristina Kirchner»como la única líder de este espacio». «Las medidas que este gobierno toma, son el germen de su propio fin. […] La crisis se irá profundizando, ya que la inflación no será menor al 50 por ciento. […] Cuando ganemos en las próximas elecciones, vamos a volver acá para elegir quiénes de ustedes van a formar parte del gobierno, porque se acaban los gobiernos de los doctores, y vienen los gobiernos del pueblo», clamó.
Fueron realmente graves las amenazas destituyentes del comandante Fernando Esteche. Hoy estamos viendo sus consecuencias. La secta de Quebracho, es experta en bombas molotov, en formaciones y escuadrones castrenses para desfilar por las calles con palos, cadenas y capuchas y en arrojar baldosas a todos los que no piensen como él. Y ahora, en facas.
Esteche ya estuvo preso en dos ocasiones. Primero en la cárcel de Caseros por destrozos y por portación ilegal de armas. Después en el penal de Ezeiza durante un año y medio y fue liberado en forma condicional después de haber perdido 19 kilos durante una huelga de hambre de 43 días. Había sido condenado a casi 4 años por haber incendiado la casa de Neuquén en la ciudad de Buenos Aires en una de las cientos de acciones intimidatorias y violentas a las que nos tiene acostumbrado.
Es Doctor en Comunicación Social y la decana de la Facultad de Periodismo de La Plata, la hiperkirchnerista Florencia Saintout lo designó profesor titular de la Cátedra de Relaciones Internacionales. En uno de sus despachos tiene colgados en la pared los retratos que lo retratan ideológicamente. Conviven allí el Ayatola Ruhollah Jomeini, Hugo Chavez, Evo Morales y Fidel Castro. Ahora se proclama seguidor de Cristina y no oculta sus viajes a Irán y ni la defensa que hizo siempre junto a Luis D’Elía del régimen de Ahmadineyad que negaba el holocausto, de profunda raíz antisemita y violador de los derechos humanos y con una fuerte carga homofóbica. Dio clases en una universidad cercana a Teherán y no hay situación en la que no exprese su amistad con Mosshen Rabbani uno de los iraníes prófugos acusado de organizar el atentado criminal contra la sede de la AMIA. De hecho el fiscal Alberto Nisman lo había acusado de encubrimiento de esos terroristas junto a Cristina, Héctor Timerman y D’Elía entre otros kirchneristas. En aquel momento circuló una escucha telefónica donde se decía que el tenebroso pacto con Irán reconocía como antecedentes un texto escrito por Esteche seis años antes.
Como puede verse estamos hablando de un todo terreno del fundamentalismo.
Se arroga la representación del pueblo y es incapaz de ganar una elección a concejal o en un centro de estudiantes.
Pero el infantilismo ultraizquierdista no entiende razones. Se ven a sí mismo como la vanguardia iluminada y por eso pueden caer en alucinaciones insurreccionales. Por eso hay que encender una luz de alerta. Es cierto que son un grupito de poca inserción territorial y de nulo peso electoral. Son lumpenes del dogmatismo, pero tienen extrañas relaciones con brigadas de los servicios de inteligencia y alta capacidad de daño. De hecho su cómplice, D’Elía hace 10 años y por televisión lo acusó de haber trabajado un tiempo en la SIDE.
Su deporte preferido es quemar banderas de los Estados Unidos frente a la embajada de Israel. Tiene el record en estos últimos 12 años. Eso es básicamente: un provocador violento que sabe dónde empieza pero no se sabe dónde termina. En su delirio Esteche cree que la violencia es la partera de la historia y que el poder nace del fusil. Ha dicho que “la única civilización posible es la barbarie. Yo creo en eso para espanto de los pacatos». Mucha sangre y dolor causó ese pensamiento irracional en esta Argentina. Muchos jóvenes fueron arrojados a la muerte. Sería bueno que todos tomemos cartas en el asunto y se enciendan las luces de alerta. Nadie quiere más suicidas ni criminales. Hay que defender la paz social que es un activo de todos. Las banderas de la paz, la justicia y la democracia tienen que flamear por encima de todos los violentos y los golpistas. Como Esteche, y los que intentaron asesinar a Esteche.
El espejo de la Madre Teresa – 5 de septiembre 2017
Hoy se cumplen 20 años de su muerte y sin embargo, la Madre Teresa y su obra monumental están más vivas que nunca.
El Papa Francisco la canonizó y la definió como “una luz que alumbra las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y su sufrimiento”.
La Madre Teresa de Calcuta ya es santa pero en realidad siempre lo fue. Siempre admiré esa vocación infinita por darlo todo sin pedir nada a cambio. Esa frase de darlo todo hasta que duela. Y si duele es una buena señal.
Una vez un periodista chicanero la toreó y le cuestionó su colosal tarea.” ¿Cuántos pobres y leprosos puede usted salvar? Tal vez sean apenas 100 y son y los pobres y los leprosos son miles y miles. ¿De qué sirve su esfuerzo? ¿Vale la pena? La Madre Teresa lo miro profundo desde esos ojos profundos y le contestó con sabiduría: “Estos son mis 100, ¿Cuáles son los suyos?”.
Andaba en sandalias, con un plato de arroz como toda comida diaria y no descansaba nunca. Un día lo contó asi:
“En 1952 pudimos abrir el primer hogar del moribundo. A mí me ocurrió el primer caso, el de una mujer tirada en plena calle. Se la estaban comiendo las ratas y las hormigas. Yo la llevé al hospital, pero no podían hacer nada por ella. Tuvieron que aceptarla, porque yo dije que no me marchaba de allí en tanto no se hiciesen cargo de ella. Después fui al ayuntamiento pidiendo me diesen un lugar donde meter a tales desgraciados, porque ya en el mismo día, había encontrado a otros que también se morían en mitad de la calle. El administrador encargado de la salud pública me señaló el templo de Kali, abriéndome el «darmashalah», lugar donde en otros tiempos la gente descansaba tras haber rendido culto a la diosa. El edificio estaba vacío; me preguntó aquel señor si lo quería. Yo me sentí contenta de poseer tal casa por diversas razones, particularmente porque era un centro de culto y de devoción de los hindúes. En veinticuatro horas condujimos allí a nuestros enfermos y lisiados. Desde entonces (y hasta principios de la década de 1970) hemos recogido por las calles de Calcuta más de veinte mil personas, habiendo muerto cerca de la mitad.
Uno de esos olvidados de la mano de Dios y del hombre, se arrastraba como podía para trasladarse, tomó la mano de la monja que lo cuidó durante toda la madrugada mientras volaba de fiebre. Al final le dijo una frase tremenda: “Toda la vida me trataron como un animal pero hoy de su mano muero como un ángel”.
Muchos le decían a ella “El ángel de los pobres”. Había nacido en un hogar de clase media en Albania pero se quedó a vivir y a morir junto a los que más sufren en el universo de la pobreza extrema en La India. Fue soprano en el coro de la escuela, profesora de historia y geografía y maestra en el arte de acompañar y enseñarles a leer a los que no tenían nada de nada. Sabía que lo suyo era una gota en el mar pero comprendía que el mar sin esa gota no sería el mismo.
Era y es la imagen de la solidaridad, del hacer el bien sin mirar a quien. Con esa túnica, un Siri blanco con vivos celestes, que son los colores de la Virgen María, esa mujer diminuta era capaz de mover montañas. En La India fue enterrada con todos los honores de estado y su féretro fue trasladado en el mismo carruaje que llevó los restos del Mahatma Ghandi y el Jawaharlal Nerhu. Es una bandera del voluntariado. Diseminó misericordia. Justo en el año de la misericordia, en 2016, el Papa Francisco la puso como ejemplo de la monja misionera que forma la iglesia y que sale a la periferia a atender a los que viven y mueren a la intemperie.
Dijo el Santo Padre que la flamante santa: “hizo sentir su voz a los poderosos de la tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos.”
Fundó 758 centros de “Las misioneras de la Caridad”, 7 de ellos en la Argentina con casi 6 mil religiosos trabajando en 139 países. Esa figura pequeña y arrugada fue un espejo gigante y enérgico para el mundo que piensa en sus semejantes y ama a su prójimo como a sí mismo.
Se llamaba Gonxha Agnes. Todo un presagio. Gonxha significa pequeña flor o capullo de rosa. A los 18 años ya se había alistado en la orden jesuita de las hermanas de Loreto.
Siempre se entregó de cuerpo y alma a los más vulnerables, a los más frágiles a los que habían perdido hasta la esperanza. Fue de una austeridad más que franciscana. Se había despojado de todo menos de esa túnica que la identificó en todo el planeta. Tenía una templanza que la hacía de acero para soportar las más grandes inequidades que padece el ser humano convertido en un trapo de piso.
Es la primera santa que fue Premio Nóbel de la Paz. Había sido beatificada por Juan Pablo II y el milagro que le permitió convertirse en santa es que supo curar a un brasileño que tenía varios tumores cerebrales. Se llama Marcilo Haddad Andrino y estuvo en la ceremonia de canonización en la Plaza San Pedro. No hubo médico ni científico que pudiera explicar ese milagro que hizo la Madre Teresa.
Tenía su carácter fuerte y momentos de humor e ironía. Y una ilimitada vocación de servicio. No quiso parar nunca. Ni siquiera en los últimos años después de haber superado la malaria y cuando tenía que movilizarse en silla de ruedas. Atendía a chicos con polio y los con las enfermedades más terribles. Acompañaba a los moribundos para abandonar la calle hasta el último suspiro. Se movía en un ambiente muy complicado, muchas veces carente de limpieza y con el único recurso de su mano tendida y su corazón abierto. Dejó conceptos para tallar en piedra: “La mayor pobreza es la falta de amor” y “Si no puedes dar de comer a 100 personas, da de comer a una. Por algo se empieza”.
Una vez dijo que su amor era gratuito y universal, carente de ideología. Si no se hablar el idioma del pobre o el enfermo, por lo menos se sonreír.
Decía seguir las enseñanzas de Jesús. Vestir al desnudo, alimentar al hambriento y darle casa al desamparado.
Siempre fue Santa pero el Papa Francisco el año pasado la hizo formalmente Santa. Pero todos los desposeídos del mundo tuvieron y seguirán teniendo a este ángel de la guarda de los pobres. Ahora es su Santa Madre. De Calcuta y de todo el planeta Tierra. Hoy hace 20 años que murió pero vive eterna en el corazón de los humildes. Es el gran espejo de la solidaridad absoluta. De la entrega total.