Radio: feliz cumple – 25 de agosto 2017

Este domingo, la radio cumple 97 años. Y esta querida radio Mitre cumplió 92 la semana pasada. ¿Qué me cuenta? El tiempo pasa. La radio es esa cultura de la Spica con olorcito a cuero para escuchar los goles en la oreja y monitorear a los relatores de la mano de mi viejo. O la Tonomac Platino Siete Mares que fue la primer internet que tenía dial en lugar de mouse y que nos permitía navegar por un mundo que nos devolvía interferencias y frituras en todos los idiomas. O ese suave calorcito que largaba la válvula por los parlantes de la radio Capilla de la abuela. O el walk man clavado en las orejas en pleno supermercado o el radio despertador que nos acribilla con la temperatura y en su momento con los hectopascales. ¿Se acuerda? O la que viaja en el auto y es compañía en la ruta o en laburo, o la que está en el living como si fuera la tele o en la cocina como si fuera el microondas o en el baño, ¿Por qué no? Mientras nos enjabonamos las noticias.
Hoy la radio es cada vez más un ícono en la red de redes que con un click en el real audio o en el celular te permite saber desde Lieja en Bélgica que calle está cortada y que semáforos no funcionan en el centro de Buenos Aires. La primera vez que llevé a mi hijo a una radio miró medio aburrido para todos lados y con sabiduría infantil dijo: “Pá: esto no es una radio, esto es un edificio”. ¡Cuánta razón tenía Dieguito en aquella época¡¡¡
Hay algunos que confunden la radio con el lugar físico en donde funciona. Con estas paredes llenas de historia. Con estos micrófonos que no perdonan. Con esa luz roja que tanto temo y que tanto quiero, con aquella vidriera que nos muestra operador al Pepo Colodrero y a veces a Dana y tantos otros. Ellos nos lanzan luces de advertencia y nos dicen, ojo que venimos. Atrás hay otros compañeros que producen todo lo que va al aire. Allí está Mariana, Juan, Nacho, Andy y sus twiters y la mirada sabia de Marta Lamas. Incluso celebramos que Marina, la hija del Chaucha Bianco, uno de los más grandes productores de radio que conocí, hoy juegue en este equipo.
¿Eso es la radio?
Algunas sillas, una mesa, la ceremonia del mate. ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho inmobiliario.
Entonces, ¿Qué es la radio? La posibilidad de transmitir palabras y músicas a través de ondas hertzianas, micrófonos, ecualizadores, una consola de sonido, casseteras, compacteras, mini disc y compus que despachan publicidades grabadas, una antena gigantesca, híbridos y del otro lado un aparato más grande o más chico que recibe todo eso. Dígame la verdad, ¿Eso es la radio? De ninguna manera, la radio no es un hecho electrónico.
Y entonces, ¿Qué es la radio? ¿Porque se habla tanto de ella? ¿Por qué algunos tontos la tratan como una hermanita menor si tiene 97 años de vigencia absoluta a pesar de tanto cambio tecnológico, tanto mail, tanto tuit, celulares o cámaras HD? ¿Por qué sigue ocupando un lugar tan destacado, creíble e irremplazable? Ni el cine ni la tele ni la poderosa internet pudieron con la radio. Todo lo contrario, la radio se sirvió de todos ellos para llegar antes y mejor. Para ser más radio.
La radio es como la cigarra de María Elena Wash. Tantas veces la mataron, tantas desapareció, a su propio entierro fue y sin embargo esta aquí, resucitando.
Muchas veces la gente que visita la radio sale un poco desilusionada como mi hijo aquella primera vez. Seguramente espera ver decorados, tarimas, escenografías, telones, noticias viejas, risas nuevas, disfraces, dragones y hasta algún que otro mago. Pero no. No encuentra nada de eso. Solamente unas cuantas personas en el centro de una habitación hablándole con gestos y ademanes a un fierrito que no sabe, no contesta. Los que no hablan en ese momento hacen todo en cámara lenta y se mueven como si la gravedad no existiera. Parecen locos que caminan por la luna. Juegan a dígalo con mímica, escriben grande en los papeles los nombres muy famosos o muy desconocidos de los entrevistados y tratan de leer los portales en la notebook o sin que el papel haga ruido y se escape por el micrófono.
Evidentemente la radio no está allí. El edificio, la tecnología y las personas no alcanzan para hacer una radio. Muchos señores amantes de la razón pura creen que sí. Creen que con todo alcanza y sobra y se equivocan. Ni siquiera es televisión pero sin imagen. La radio se completa con la imaginación de ambos lados. Los que piensan así no tienen una radio. A lo sumo un gigantesco altoparlante, un altavoz que llega lejos. Eso tienen… pero de ninguna manera tienen una radio.
Para definir una radio es condición fundamental haber leído el principito para comprender que lo esencial es invisible a los ojos. Es el único lugar donde no hacer falta ver para creer. Desmiente ese dicho de “ojos que no ven, corazón que no siente”. Acá es al revés. Si hay una verdadera radio, ojos que no ven, corazón que siente mucho. Por eso quien visita una radio no ve nada importante pero allí hay cosas importantes. Por eso la radio se escucha, pero sobre todo, se siente. La radio es esa carta pidiendo ayuda para una familia inundada que genera una catarata solidaria. Es esa convocatoria a la esperanza que hacemos con la buena noticia. ¿Usted ve la solidaridad y la esperanza? Por supuesto que no, pero la siente. La puede palpar y compartir. Igual que la alegría que desborda cuando nos equivocamos y nos tentamos o alguien nos cuenta que recibió esa ayuda y esa hermandad que pedimos al aire. Ese nudo en la garganta que se siente acá, ese cosquilleo en el pecho que mezcla las risas y el llanto, ¿Cómo se llama ese clima intangible? Radio, eso se llama radio.
La radio es esa señora que pide un bolero de aquella época porque es su aniversario de casamiento y quiere homenajear al hombre que la acompaña desde hace tantos años y le cocina un guisito de ternura, compra un vino especial y la mujer que al amor no se entrega no merece llamarse mujer. ¿Cómo se llama ese clima romántico? Radio, ese clima se llama radio.
Sin estas cosas usted tendrá muy buena información, o el coraje de una opinión jugada pero no tendrá radio. La radio es la que siempre llega primero, es la primera versión del periodismo que a su vez es la primera versión de la historia. Por eso la radio hace historia todos los días.
Sin esos climas, sin esos temblores, sin esas fantasías, usted tendrá algo honorable y muy útil tal vez, pero que no se llamará radio.
La radio es Cacho Fontana o Antonio Carrizo, Bravito o Badía. La radio es Mareco y el negro Víctor Brizuela y Fioravanti o el Gordo Muñoz. La radio es Pepe Eliaschev y Magdaena Ruiz Guiñazú o Marcelo Bonelli. La radio es Longobardi y Lanata. Nico Wiñasky y su viejo. Mi hijo Diego y María Isabel con Rolo, y Tato con Guido y las recetas de sabiduría del doctor Lopez Rosetti o Cormillot. La radio es Mitre informa primero y las gargantas de oro de Trichi y Marcelito Elorza. Las risas, los PNT y las campanitas de Natalia López, Marcela Labarca o Mariel Di Lenarda. Eso es la radio. Un equipo de radio, un verdadero dream team que me acompaña con Marcela Giorgi, Federico Andahazi y Sergio Gendler. La radio es mi amigo Jorge Fernández Díaz sembrando literatura y coraje por las noches. La radio sube desde el pié y baja la escalera con Corda, Porta y Valeri.
La radio es el aire libre que todos respiramos. La radio es estar en el ring side de la vida como dice Magdalena Ruiz Guiñazú. Es un lugar de riesgo y audacia para caminar por el alambre. La radio es el teatro de la mente o el teatro sin imagen como me dijo ese genio del Negro Hugo Guerrero Martinheitz.
Pasado mañana se cumplen 97 años del nacimiento de la radio en el teatro Coliseo de Buenos Aires con la música de Parsifal y los locos de la azotea.
A esta hora exactamente hay millones de aparatos encendidos buscando una radio, sintonizando un síntoma, un aroma, un color en las ondas. Cuando esos aparatos encuentran una radio difícilmente se vayan. La consideran un miembro más de su familia. La quieren y la insultan. Discuten con ella, la abrazan, piden temas musicales, piden que le pasen sus mensajes, protestan, elogian, piden soluciones que no tenemos, aportan ideas. La gente interactúa con la radio como con ningún otro medio. Van y vuelven. Pasan de receptores a emisores. De oyentes a auditores. Miran la radio conmovidos como quien mira la vida.
Fernando Bravo, uno de sus reinventores dijo que la radio es en vivo y en directo, va a domicilio, es gratis, no se suspende por mal tiempo y está atendida por sus propios dueños.
Cuando uno encuentra una radio se da cuenta de inmediato. Porque lo siente acá. En el pecho y sabe que es un lugar en el corazón y en el cerebro donde se cruzan la emoción, la imaginación y la solidaridad.
Eso es la radio. O por lo menos creo que en esa radio creo. En ese milagro cotidiano llamado radio.

Juicio oral para Abbona – 24 de agosto 2017

Sonó un tiro para el lado de la justicia y en contra de la impunidad de Cristina y sus cómplices. Esta tarde, el juez federal Sergio Torres elevó a juicio oral la causa en la que la ex Procuradora del Tesoro de la Nación, Angelina Abbona está imputada como autora del delito de peculado de servicios. Le recuerdo que ese delito tiene una pena de hasta diez años de prisión. Estamos hablando de una persona que no es muy conocida por el gran público pero que fue una pieza clave en el ajedrez corrupto que instaló el kirchnerismo durante más de 12 años. No es ningún ángel pero se llama Angelina Abbona y fue la Procuradora del Tesoro de la Nación durante los 5 últimos años de Cristina, los peores, los más dañinos.
La gran novedad es que hoy, el juez elevó la causa a juicio oral. La denuncia la hizo el doctor Germán Moldes, fiscal ante la Cámara Federal. Traducido al lenguaje cotidiano la acusación concreta es que Abonna utilizó recursos del estado para defender a Cristina ante la denuncia que el fallecido fiscal Alberto Nisman le hizo a la ex presidenta a su canciller Héctor Timerman y otros personajes como Fernando Esteche, por ejemplo. Estamos hablando de la acusación que más preocupa y ocupa a Cristina. Por el encubrimiento en el atentado terrorista a la sede de la AMIA.
¿Qué hizo concretamente Abbona? Ella y dos de los funcionarios que la secundaban, presentaron un escrito de defensa ante el juez Daniel Rafecas que tenía la causa en ese primer momento. En el escrito se decía, textualmente, que “Ninguna actuación de las autoridades del gobierno argentino tuvo por objeto la desincriminación de los ciudadanos iraníes, en particular aquellos alcanzados por las notificaciones rojas de Interpol”.
¿Qué planteó el doctor Moldes? Que la presentación de Nisman no estaba dirigida contra el Estado Nacional -lo que habría habilitado la intervención de la Procuración del Tesoro- ; en cambio sí se había acusado a funcionarios públicos del kirchnerismo y a otros ciudadanos que no ostentaban cargos públicos.
Moldes en segundo término dijo que Abbona, presentó el escrito, todavía no existía causa judicial porque el fiscal Gerardo Pollicita no había impulsado la investigación hasta ese momento.
En dos palabras, fue tanta la desesperación de Abbona que violó la ley con tal de defender a Cristina y fue tanta su ansiedad que lo hizo con instrumentos que no correspondían y antes de que fuera necesario.
Pero eso no es todo. Cristina, Axel Kicillof y Angelina Abbona, también están acusados de destruir pruebas sobre lavado de dinero de cerca de 500 millones de dólares de socios, amigos, testaferros y empleados de la familia Kirchner. ¿Se da cuenta de la gravedad de los hechos? Se acusa a Abbona de haber destruido, de haber hecho desaparecer discos rígidos y correos electrónicos con información ultra sensible que incrimina a Martín Báez, y otros personajes que podríamos ubicar como integrantes del “Cartel de la Rosadita” o del Frente para la Valija.
Es lo que mostró Lanata en su momento.
Los CristiLeaks. Eso es complicidad y encubrimiento de corrupción y de lavado de dinero. Eso es muy grave jurídicamente.
Angelina Abbona como procuradora general del tesoro debía defender los intereses del pueblo de la Nación, es decir de todos nosotros. Pero por orden de Cristina defendió los intereses de todos los malandras que aportaban sus coimas a Cristina.
La exitosa abogada sabe todo esto desde el 2010. Leonardo Fariña contó que, en la quinta de Olivos ella le reprochó a Lázaro Báez que estuviera sacando fortunas del país. Y le gritó no porque estuviera cometiendo un delito. Lo retó porque ella decía que esa plata era suya. La embajada de los Estados Unidos le había adelantado la información que Cristina destruyó por intermedio de Angelina Abbona.
Jueguito chicanero de palabras: La fiesta de terminó. ¿Y ahora quien “Abbona” los platos rotos”. La funcionaria y su esposo son gente de la mayor confianza del matrimonio Zannini y lo fueron de los esposos Kirchner. Abbona trabajó con Néstor desde que era intendente de Rio Gallegos. Siempre lo cuidó para que pudiera robar tranquilo y que no le robaran a él. Néstor y Cristina siempre fueron poco agradecidos con su gente y muy desconfiados. Hoy Abbona se refugió en el aguantadero de Santa Cruz con la gobernadora Alicia y con su hija Romina Mercado, presidenta de Hotesur, otra que bien baila.
Angelica María Ester Abbona y su esposo Eduardo Enrique Mengarelli insultaron y agredieron al colega de canal 13, Ignacio Otero. ¿Se acuerda? Los K viajaron a Rio Gallegos en el mismo vuelo que Otero. El periodista se acercó respetuosamente para hacerle una pregunta. Estaba armado con una birome y un anotador. Mengarelli le pegó un cachetazo que le produjo a Nacho una leve contusión que luego fue certificada por los médicos del aeropuerto. Están muy nerviosos porque no solamente perdieron los curros, los puestos y parte del poder. Sienten que su libertad también está en juego. Por eso Angelina insultaba a Otero y por eso Mengarelli en clara actitud patotera no solo le pegó un cachetazo. También lo amenazó con cagarlo a trompadas delante de la comisaria de a bordo. Tal vez la filmación y la azafata sean buenos testigos para el juicio que ahora Mengarelli va a tener que soportar.
Los Mengarelli y los Zannini son íntimos desde los años 70 cuando todos militaban en la Vanguardia Comunista, organización que glorificaba el stalinismo de Albania. Todos se fueron al sur escapando del terrorismo de estado y del genocida de Luciano Benjamín Menéndez. Y allá se hicieron peronistas y amigos de Néstor.
Tan amigos son que, mediante un enroque laboral, se designaban en cargos unos a otros. Por ejemplo: Zannini designó a Mengarelli en su despacho debajo de Carlos Liuzzi el que está acusado de enriquecimiento ilícito y de haber designado 23 parientes y amigos.
A cambio, Angelina nombró en un cargo de su área a Francisco, uno de los hijos del Chino. Otro que batió todos los records. Sus cuatro hijos fueron empleados por el estado K igual que los dos hijos de Angelina Abbona.
Lo primero es la familia. Buenos Muchachos que protagonizan pesadillas en la autodenominada cinéfila Cristina. Esas pesadillas son realidades que apenas tienen nombre de película: Cristina y Angelina, defraudaron a la Argentina. Se lo digo en verso: Cristina y Angelina, atrapadas sin salida.

Basta de jerarcas sindicales – 23 de agosto 2017

Varios gremios que integran la CGT cada vez menos unificada, hicieron un verdadero papelón y demostraron que están confundidos y carentes de conducción táctica y estratégica. No saben a dónde van y ya se sabe que para el navegante ningún viento es bueno si no saben su destino.
No quiero generalizar porque el que generaliza discrimina. No se puede decir que todos los gremialistas son ladrones porque sería injusto y eso no es cierto. Conozco muchos que son honrados y que defienden a los trabajadores con los mejores instrumentos posibles. Lo que pasa es que muchos se quedaron anclados en un pasado que ya no existe. Utilizan una metodología vetusta que les exige un gigantesco esfuerzo económico para movilizar trabajadores en micro y que luego no les da ningún resultado concreto.
Pero hay una mayoría de jerarcas sindicales que son corruptos y que se han eternizado en los cargos. No son compañeros. Son monarcas de sus gremios. Este es el corazón del problema. Está lleno de sindicalistas millonarios y de trabajadores pobres. Hay demasiados burócratas sindicales que se comportan corporativamente en defensa propia y de sus intereses económicos y que utilizan a los trabajadores como rehenes o carne de cañón.
Por eso tienen tan bajos niveles de representatividad. Están muy lejos de los problemas y la realidad de las personas a las que deben representar. Y muchos de ellos son patoteros y violentos además de robarse la plata de los afiliados.
Le doy tres ejemplos que son brutales. Juan José Zanola y la mafia de los medicamentos. El ex jefe de la Asociación Bancaria está preso por los negociados que hizo con la salud de sus afiliados. Tenía una organización delictiva en lugar de un sindicato.
José Pedraza y el asesinato del militante trotskista Mariano Ferreyra. El ferroviario también está detenido por su complicidad en semejante crimen. No olvidaré jamás a Cristina con la gorrita verde de la Unión Ferroviaria bailando al compás del bombo y al lado de Pedraza.
Tercer caso. Omar Suárez, (alias) el Caballo, quiere que le den la prisión domiciliaria y llora como si estuviera gravemente enfermo pero la justicia se la niega. El Caballo es el mafioso extorsionador más brutal que hubo en los tiempos del kirchnerismo. Era gran amigo de Guillermo Moreno y el preferido de Cristina y si me apura, tenía su despacho lleno de fotos junto al Papa Francisco. Hacía que muchas empresas dejaran de traer sus productos a la Argentina porque el peaje ilegal que le tenían que pagar al Caballo era tan alto que hacía perder rentabilidad al negocio. Fue el que llevó los barcos a aquel viaje bizarro que produjo vergüenza ajena a Angola. ¿Se acuerda?
Le nombro tres de los ejemplos más conocidos y que están en cana. Zanola, Pedraza y Suárez. Y aquí viene la pregunta. ¿Alguien recuerda una declaración de un gremialista de la GCT o la CTA que haya repudiado a estos tres delincuentes? ¿Hubo algún comunicado que dijera que no comparten la metodología ni la moral de estos personajes? Ninguna. Ni una sola palabra. Los muchachos sindicales cierran filas y se defienden entre ellos. No condenan la corrupción ni las patotas ni los enfrentamientos a balazos que hubo por cientos en el seno de la Unión Obrera de la Construcción o entre los mismos camioneros, por ejemplo.
Por eso le digo: no creo que todos sean patoteros y ladrones. Pero casi todos callan frente a esa realidad. Son cómplices por omisión. Apelan a la omertá. Los únicos que denuncian a viva voz esa realidad son los delegados de base trotskistas que son muy honestos pero tienen otro problema: es tan grande su dogmatismo ideológico que en lugar de conseguir mejores sueldos y condiciones de trabajo para sus representados son tan intransigentes que muchas veces consiguen lo contrario: que las empresas cierren y se pierdan fuentes de trabajo.
El caso típico es Pepsico. Ahí se reúnen varios de estos problemas. El secretario general del gremio de la Alimentación, Rodolfo Daer fue repudiado por los trabajadores que tomaron la planta. Pintaron por todos lados contra los empresarios y también contra Daer al que “traidor” fue lo menos que le dijeron. Daer es capo del gremio casi desde que nació. Igual que la mayoría siempre ganan con lista única y bajísimo nivel de participación. Como ni pisan las fábricas las elecciones de los cuerpos de delegados se las ganan los militantes de la izquierda que no faltan a una asamblea y que dedican las 24 horas a llevar agua para la revolución socialista.
Daer con los bolsillos llenos de dinero y los delegados de base sobregirados de combatividad, lograron que la fábrica se mudara a otro lugar y al final, en la toma, había más militancia política que laburantes reclamando.
Hay espacio para una política de nuevo tipo y para un sindicalismo de nuevo tipo. Que cumpla su rol como corresponde pero con la cabeza abierta y las manos limpias. Muchos viejos dirigentes están comprendiendo que en un mundo globalizado si los sindicalistas tiran demasiado de la cuerda, los empresarios se van a invertir a otro país. Hay que buscar un equilibrio que aumente la producción, la calidad y la capacitación de los empleados y que eso se traduzca en más ganancias para las empresas y mejores salarios y ventajas para los trabajadores. Hablando se entiende la gente. Guillermo Pereyra entendió que si no no cedía en algo, igual que las empresas y el estado, las petroleras no iban a explorar Vaca Muerta. Cada uno puso algo y las fuentes de trabajo se multiplicaron rápidamente. Eso no es precarizar ni flexibilizar las condiciones laborales para esclavizar a los operarios. Eso es tener sentido común, capacidad de negociación para combatir el desempleo. Siempre hay que buscar el equilibrio y el bien de los que menos tienen y más necesitan.
El presidente Mauricio Macri demostró que no es un corderito manso como otros dirigentes no peronistas. Los acuerdos que tenía con los gremios eran a cambio de cierta tranquilidad y paz social. Los gremios no cumplieron, fueron a un paro la otra vez y a una marcha ahora bastante injustificada y Macri le sacó tarjeta roja a dos hombres del sindicalismo que estaban en el gobierno. El que manejaba la caja de las obras sociales, la utopía de los gremialistas y el secretario de trabajo amigo de Hugo Moyano.
Macri se sintió respaldado electoralmente y resolvió no tolerar las mafias ni los aprietes. Los dirigentes sindicales tienen que ser inteligentes para leer lo que está pasando. Conflicto permanente, declaraciones agresivas y patotas y bloqueos y encima corrupción no son las mejores cartas que tienen. El sindicalismo está entre los sectores de mayor desprestigio de la sociedad. Son jerarcas y no compañeros de trabajo. Andan en autos de alta gama con vidrios polarizados y trajes italianos. Viven en mansiones y se hacen acompañar por matones y culatas que son de armas tomar y de trompadas y botellazos repartir. Hay un momento donde la realidad grita que algo nuevo está ocurriendo. Quien quiera oir que oiga. Hace falta una renovación. Nuevos dirigentes sindicales que no roben, que vivan austeramente con el sueldo de un trabajador y que defiendan los intereses de sus pares de la manera más inteligente y eficaz posible. En dos palabras. Basta de patotas. Basta de sindicalistas millonarios y trabajadores pobres.