Ya el año pasado le dije que Cristina era la jefa de la conspiración contra Macri. Ahora es candidata a senadora, disfrazada de cordero patagónico, pero sigue manipulando a una tropa que sueña con que Cristina vuelva a ser presidenta. La quieren ver de nuevo en el poder en el 2019 pero, si se puede, antes. Por eso fogonean el caos y esperan que Cristina sea elegida senadora y después Presidenta provisional del Senado. Así quedaría en la línea sucesoria y frente a una hecatombe social, provocada por ellos mismos, estaría lista para asumir lo antes posible. No se ven a sí mismos como golpistas y antidemocráticos de la peor calaña. Se excusan en que Macri es un dictador, peor que Videla (como dijo Hebe) que está exterminando a los jubilados y destruyendo la economía del pueblo trabajador.
Todo el tiempo, el grupo de tareas de Cristina está diciendo eso. Pero lo más grave no son las palabras cargadas de pólvora destituyente. Lo peligroso e ilegal son las acciones directas y violentas que protagonizan.
El operativo helicóptero comenzó incluso antes de que Mauricio Macri asumiera después de haber ganado legítimamente las elecciones. Con la potencia simbólica de Cristina de no querer entregar la banda presidencial ni participar de la ceremonia de traspaso de mando. Como si el poder siguiera en sus manos, tal como dijo el príncipe heredero, Máximo Kirchner: “podemos dejar el gobierno pero nunca el poder”. “Sincericidio” autoritario que respeta a la democracia de las urnas, pero solo si ganan ellos.
Una vez que Macri asumió, casi no hubo acto oficial importante donde los kirchneristas más salvajes no fueran a escrachar al jefe de estado, a insultarlo, dispararle misiles verbales. A gritarle Macri basura, vos sos la dictadura o el hambre. No fueron solo palabras. Hubo pedradas, vidrios rotos, violación del perímetro de seguridad. Hubo de todo, menos detenidos. Impunidad absoluta garantizada por la pereza de algunos jueces y por la complicidad de los fiscales que militan en Justicia Legítima. El último escrache fue en Luján, en el Museo de Bellas Artes donde había ido a conversar con universitarios. Pero nadie olvida los de Mar del Plata, en Tandil a la salida de la iglesia con su esposa e hija, en Tigre, en Neuquén, también con piedras y vidrios rotos del transporte de Macri con la organización de los capos de ATE, en Rosario el día de la bandera, en La Matanza con una premeditación y alevosía burda desde la municipalidad de Verónica Magario cuando estaban inaugurando una obra como el Metrobus que tanto bien le hace a los matanceros que vienen a trabajar a la Capital. Muchas veces se suspenden los actos por las agresiones, otras, duran pocos minutos y el presidente se tiene que ir por una puerta de atrás. ¿Se imagina que les hubieran hecho los patoteros de La Cámpora a militantes del PRO o del radicalismo si hubieran ido a repudiar los actos de Cristina? Los hubieran cagado a palos, lo digo en criollo. El escrache es fascista, mussolliniano. En democracia se pueden hacer todos los actos que quieran. Pueden celebrar, protestar y hacer propuestas. Pero ir a un acto que hace otro partido es una provocación que busca que la sangre llegue al río.
Pero la conspiración de Cristina es mucho más completa y ocurre en todos los planos. En las instituciones, en las declaraciones, en las redes sociales y en la calle, por supuesto. Piquetes violentos, cortes de puentes y de rutas son la metodología más utilizada. La del otro día en la avenida 9 de julio fue burda y con ánimo de incentivar la represión. Fueron a buscar la reacción policial para confirmar lo que dicen en sus cantitos de que Macri es represión. Las agrupaciones que trabajan para Cristina en ese acto con palos, mochilas llenas de piedras y caras tapadas y gomas prendidas fuego para interrumpir el Metro bus, fueron conducidas por Alejandro “Coco” Garfagnini, la mano derecha de Milagro Sala, por Juan Pablo O’Dezaille, compañero de la lista de candidatos a diputados de Daniel Filmus y por Eduardo Montes, mano derecha de El Cuervo Larroque. Todos, además fueron funcionarios del gobierno anterior.
No hay que olvidar lo que organizada y simultáneamente hicieron con el jubilado que se suicidó en el Anses de Mar del Plata fue directamente repugnante. Personajes nefastos del kirchnerismo salieron por las redes a decir que el médico cirujano Rodolfo Estivil, de 91 años, se había suicidado por la política de miseria de Macri. Cientos de mentiras de los integrantes de un gobierno que vetó el 82% móvil contra el actual que les está dando la reparación histórica y le reconoce sus derechos a más de dos millones de jubilados. Uno de los más irracionales fue Gabriel Mariotto, ahora socio de Fernando Esteche y Amado Boudou que dijo que el 2001 ya había llegado. Ergo: si hay 2001, hay un presidente huyendo de la casa rosada en helicóptero. Otro autoritario y mentiroso fue el titular del gremio del Anses Leonardo Fabré que llamó a un paro por 24 horas en repudio “al plan de exterminio de nuestros viejos, un verdadero genocidio del gobierno de Macri”. Por suerte los trabajadores son más sensibles y democráticos que su dirigente poco representativo y el paro casi no fue acatado. Era obvio que solo iba a perjudicar a nuestros viejos queridos que van todo el tiempo a hacer trámites. Pero hay que tener cara para decir que este gobierno quiere exterminar a los jubilados cuando les dio mucho más que lo que les dio Cristina y Fabré nunca dijo una palabra.
Y para terminar en papelón la burda operación hay que decir que el doctor que se pegó un tiro estaba muy deprimido por la muerte de su esposa y de un amigo y que cobraba 44 mil pesos por mes. No es un sueldo miserable que digamos. Lo confirmaron todo sus familiares. Los kirchneristas que quisieron aprovechar esta terrible noticia del suicidio para ensuciar a Macri terminaron enchastrados por la bajeza y el oportunismo inescrupuloso.
Algunos impresentables que aman a Cristina, con sus declaraciones tiraron nafta al fuego del caos que intentan instalar. Diego Maradona dijo: “Te queda poco Macri, botón” como si soñara con un derrocamiento inminente y Luis D’Elia…en un tuit que desea el golpe escribió:” Bienvenida Shakira. La última vez que vino Shakira se fue De la Rua, jijiji”. Hay que aclarar que Maradona acaba de proclamarse fanático de Fidel Castro y de Vladimir Putin, dos líderes símbolo de la violación a los derechos humanos y a la libertad. D’Elia, ya sabemos admira a los antisemitas negacionistas de Irán y sigue chupando las medias de Cristina pese a que ella lo marginó de su movimiento por piantavotos.
Desde lo institucional, la lugarteniente de esta batalla desestabilizadora es Alejandra Gils Carbó y su estado mayor de fiscales como Juan Pedro Zoni, Franco Picardi, Paloma Ochoa y ex espías como Rodolfo Tahilade. El gobierno de Macri ya tiene 62 imputaciones en la justicia, 5 de las cuales son directamente contra el presidente. Record absoluto para un gobierno que no cumplió dos años. Es que Justicia Legítima trabaja a destajo. Pese a todo, el juez Julián Ercolini, según anticipó Ricardo Roa esta mañana, va a citar a indagatoria a la procuradora por las coima de más de un millón de dólares por la compra de un edificio y posiblemente sea procesada antes de ir al Vaticano invitada por el Papa Francisco.
Cristina tiene miedo de ir presa. Por eso no le queda otra que fomentar el caos y las protestas salvajes. No puede defenderse en los tribunales y cree que su única salvación es el fracaso de este gobierno. Sueñan con ver a Macri en un helicóptero y repetir la imagen de Fernando de la Rúa. Hay que estar muy atentos y cuidar la democracia y la República. El que se hunde no repara en lo que arrastra. Eso se llama manotazo de ahogado. Cristina está atrapada sin salida y eso la empuja a ser candidata pero también a convertirse en la jefa de la conspiración. No hay que tener miedo. Hay que tener cuidado.
Piazzolla x 25 – 4 de julio 2017
Hoy se cumplen 25 años de la muerte de un genio llamado Astor Pantaleón Piazzolla. Un revolucionario del tango. Dan ganas de poner la melodía de su amigo Aníbal Troilo y con letra de Homero Manzi, dedicarle un rezo laico:
El duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás,
y al estrujar tu fueye dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
A Piazzolla todo le costó mucho. Le querían sacar tarjeta roja pero no se fue nunca del tango. Fue muy resistido por la guardia vieja de la ortodoxia. Lo consideraban una suerte de hereje de la religión del 2×4, vade retro Satanás. Y no era para menos, en el Octeto de Buenos Aires, por ejemplo, puso por primera vez una guitarra eléctrica. ¿Se imaginan? Los adoradores de las telas de araña lo querían matar. Por eso le costó tanto llegar y que lo aceptaran. Pero se convirtió es un clásico de la música urbana. Era una especie de D’Artagnan aferrado a la oruga de los sonidos maravillosos. Sin espada pero con pinta de mosquetero. Casi, siempre vestido de negro, atento para clavar el estilete de la creatividad. Tal vez con Astor se produjo el segundo nacimiento del tango. El que le metió los nuevos ruidos callejeros y lo transformó en música culta reciclando lo popular. Pocos saben que se formó en armonía y música clásica con la directora de orquesta francesa Nadia Boulanger. Y que estudió contrapunto y fuga con Alberto Ginastera.
En alegre concubinato con Horacio Ferrer parieron muchas de las mejores radiografías de Buenos Aires. Mar del Plata y Montevideo engendraron esos hombres que como acróbatas dementes saltaron por el abismo de tu escote hasta sentir que enloquecieron tu corazón de libertad. Era la balada de dos locos. De dos talentos que patearon todos los tableros con la voz de acero y terciopelo de Amelita Baltar, que fue sin duda María de Buenos Aires más allá de la operita fundacional. Astor era discutidor, no se le callaba a nadie, se iba a las piñas en dos minutos. Se le subía la tanada y la autodefensa que necesitó de pibe por las calles hostiles de Nueva York. Solo se quedaba en silencio cuando el Polaco Goyeneche, por ejemplo, se subía a ese pulmón de melodías que Astor acunaba sobre sus rodillas. Grabó 58 discos, hizo música para ver en el cine. Murió cuando apenas tenía 71 años y dejó una obra monumental. Larga, ancha y bien porteña, como la calle Corrientes. La criminal fue una trombosis que le hizo la vida imposible. Tal vez en esa pelea contra la muerte recordó aquella pequeña Italia a donde su viejo, Vicente, Don Nonino había ido a buscar revancha laboral. Hoy decís, adiós Nonino, adiós, y es como cantar el himno ciudadano. Era un pibe y pudo compartir con Carlos Gardel los paseos por Manhattan, los ravioles amasados por Asunta Manetti, su madre y una escena emocionante con un piazzollita de 12 años y una gorra de atorrante tocando el bandoneón en “El Día que me quieras”. Hay fotos que lo prueban. Pero ese fotograma no quedó en la película que hoy se pudo recuperar. Ese primer bandoneón que funcionó como ADN se lo regaló su viejo que lo compró en una tienda de empeños de la calle 8 de la Gran Manzana por solamente 18 dólares. Caprichos de la historia de un mundo tanguero que siempre sedujo y rechazó a Piazzolla. Músicos de una gran estatura florecieron a su lado: Fernando Suárez Paz, Antonio Agri, Oscar López Ruiz, Horacio Malvicino, Gerardo Gandini, Leopoldo Federico y Daniel Binelli, entre otros.
Era tozudo como pocos. Durante un tiempo renegó de las letras y los cantores. Nos quiso retacear una parte de su ingenio. Por suerte aflojó y pudimos disfrutarlo con el Polaco, con Jairo, José Angel Trelles, Edmundo Rivero y el Negro Lavié, entre otros.
Dicen que hizo tango barroco mezclado con jazz. Hizo travesuras luminosas junto al saxo de Gerry Mulligan. Dicen que sus pentagramas hacían magia con las armonías. Dicen que como todo vanguardista no se dejó encasillar en ningún lado. Sorprendía en cada golpe de bandoneón, en cada arrullo, amagaba para el tango y salía con aires de Bela Bartok o Stravisnky. Dio vuelta el tango como una media. Lo puso patas para arriba y el tango ya nunca más fue el mismo aunque jamás perdió sus raíces. Ya pasaron 25 años de su muerte y sin embargo Piazzolla sigue conmoviendo con su vigencia. Dos hijos, Daniel y Diana lo suceden y su nieto “Pipi”, sigue llevando su bandera musical. Derrotó para siempre a los conservadores anquilosados del tango del taquito y la pereza. Siempre decía que sus tangos ya no tenían compadritos ni farolitos. Pero hizo la música de “Sobre Héroes y Tumbas” con Ernesto Sábato y “El hombre de la esquina rosada”, con Jorge Luis Borges que era tan cabrón como él. Hizo punta como su admirado Osvaldo Pugliese. Encontró un nuevo lenguaje para un tiempo sin tranvías ni buzones. Por eso hoy sigue vivo en los bares, en el subte, en la callecitas de Buenos Aires que tienen ese que se yo…viste, rodando por Callao. Se siente, se siente, Piazzolla está presente en este Invierno Porteño.
Y esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en «orsai», che bandoneón.
Señor bandoneón. Que Dios lo tenga en la gloria. Quería decirle que el aeropuerto de su amada Mar del Plata lleva su nombre y lo espera siempre para que pueda ir a cazar tiburones y adrenalina. Que ese nombre “Astor”, tan original y provocativo nació de su padre que quiso homenajear a Astore Bolognini, un corredor de motos y primer violonchelista de la Orquesta de Chicago
Que Amelita Baltar, la voz de Piazzolla echa mujer, nos sigue deleitando rea y académica, atrevida y contundente.
Señor bandoneón quería decirle que usted atravesó la música y entró en el mundo del sonido. Hay un sonido Piazzolla, hay un clima Piazzolla que envuelve a Buenos Aires.
Hay un bandoneón que todo lo puede. Incluso seguir sacando conejos talentosos de su galera a 25 años de su muerte.
Don Astor. Gracias por su tozudez, su creatividad y su talento. Gracias por llevarse el mundo viejo por delante. Chan chan.
Día del locutor – 3 de julio 2017
Hoy es el día del locutor. Gracias por todo a nuestros hermanos de radio. Siempre me gusta insistir, corregido y aumentado, con este humilde homenaje. Primero el reconocimiento para ella, la mejor: Marcelita. Ella dice que es la Mascherano de Leuco pero desde que ganó el Martín Fierro fue, es y será, para mí, la mejor locutora argentina.
Está bancando este proyecto llamado “Le doy mi palabra” desde el primer día. Y gran parte del éxito es gracias a su talento. Por eso me toca a mí decirle, gracias Marcelita. Por la buena onda, la buena voz y la buena mina que sos. Hoy me siento el Mascherano de Giorgi. Ella es la joya, nuestro arsenal, la nave insignia como me gusta decirle. Siento que jugamos de taquito. Yo digo fíjese Marcela la hora que se hizo y nosotros hablando tantas pavadas y cien guiños radiales más y ella devuelve la pared redonda como si fuera Bochini.
La negra, la tana, Rita Mansur, la doctora Cristina, la diputada Diana No escuchen a Lanata, la que es capaz de llevar a radio Mitre en su garganta, igual que el glorioso y certero Héctor Norberto Tricinello al que ya le hicimos un homenaje o ese genio de los tonos y los matices que hace lo que quiere con sus cuerdas vocales y se llama Marcelo Elorza. Confieso que me alegra la vida cada vez que lo escucho decir: “Fuuuutbolll” o “Casanellllo”.
Y me gustaría que este abrazo radial le llegara a todos los locutores porque, insisto, son nuestros hermanos del aire. Son los que alguna vez sintieron algo que les decía que su voz no iba a ser más su voz. O mejor dicho, que sus voces, iban a ser voces por donde otras multitudes de voces se iban a expresar. La voz iba a seguir siendo una voz propia, tal vez la más profunda, pero también la voz de otros. Hoy quiero ratificar esta declaración de amor a los locutores y las locutoras.
La voz de un locutor debe ser clara, precisa y segura. Con eso alcanza, según el manual, para ser lo que se dice, un buen locutor, un buen profesional. La garganta atenta y educada, la modulación correcta. Para leer noticias, mensajes, temperaturas, encuestas, correos electrónicos, tuits, pedidos de sangre, para presentar discos, chivos, reportajes, invitados, columnistas. Todo eso hace un locutor. Pero con eso no alcanza para ser locutor. Para ser duendes de la radio, la radio les pide más.
Por eso le dan a las palabras alas y colores.
Por eso le dan a las palabras aromas y sabores.
Por eso le dan a las palabras volumen y texturas.
Son voces amigas que se alegran y entristecen junto a todos nosotros. Nos hacen compañía, nos dan una mano. Nos soportan a los que integramos ese extraño e incomprensible mundo de los no locutores.
Por eso le dan a las palabras angustias y carcajadas.
Por eso le dan a las palabras dolores y esperanzas.
Por eso le dan a las palabras magia y sorpresas.
Le quiero contar que yo conozco a los locutores. Los espío desde hace años, me siento cerca de ellos. Los he visto nerviosos por algo que no sale. Sanateando porque se colgó la máquina y las noticias que no llegan. Los he visto tentados de risa por un furcio o por un blooper. Los he escuchados decir pavadas. Los he escuchado decir genialidades. Hablo de la asamblea de ratones que convocan con sus cuerdas vocales de terciopelo Nora Perlé o Marcela Labarca, del estilo filoso y chispeante de María Isabel Sanchez, la Negra Verón, Paola Agostino, Mariel Di Lenarda que como Mitre, siempre informa primero y Natalia López, un lujo que juega en todos los puestos y que prácticamente parió a su hija Esperanza acá en la radio. Y aprovecho para decir una vez más la felicidad que me produjo reencontrarme en el aire de Mitre con Andrea Estevez Mirson. Ella reemplazó a Marcela durante sus vacaciones y sembró el estudio de sonrisas y campanas.
Hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero para nombrar a los que hacen escuela, como los Juan Carlos, me refiero a Pascual y Delmisier. O la personalidad y autoridad de Betty Elizalde, o la flexibilidad para transformar cualquier cosa en risa de Estelita Montes o la transparencia solidaria de Alicia Cuniverti que aparece en nuestro libro “Cuidáte changuito”. Son todas herederas de Rina Morán, las salieris de Beba Vignola.
Hay tantas voces que han quedado grabadas en la memoria colectiva de la oreja nacional. Y tantos maestros como nuestro bendito Cacho Fontana, el de la perfección del acero, o la sabiduría enciclopédica de don Antonio Carrizo que hoy da cátedra en el cielo de las voces o ese socavón que me estremecía del negro Edgardo Suarez cuando decía: “Hola pariente”. Como envidio esos caños esos verdaderos ductos transformados en parlantes como los de “tero” Ricardo Martínez Puente, lo que daría por decir: “Alfajor leuquito… Ya probaste el chiquito, ahora proba el grandote”. O “Señor instalador”.
Son los militantes de la tanda, los que hablan desde las tripas con el tono sobrio cuando una noticia es una tragedia, son los maestros de ceremonia que conducen los programas y dicen lo que sienten y sienten lo que hacen. Nos aceleran el pulso cuando viene un último momento. Nos abren las ventanas con el tono luminoso cuando anuncian el ganador de un viaje, dos entradas para ver a Serrat, un campeonato, cualquier nacimiento.
Le hablan a nadie a través del micrófono y la hablan a todos. Multiplican las voces amigas. Andrea Montaldo que es locutora y amiga entre otras miles de cosas, del queridísmo Juan Alberto Badía que tanto extrañamos desde que nos clavaba sus flechas a toda la juventud y al que le hicimos un homenaje la semana pasada.
Conviví y aprendí durante 15 años con el más grande. Un tal Fernando Bravo que siempre está llegando de San Pedro y que hace 40 años que juega en primera creando los climas más emotivos que conozco. Fernando es orgullosamente locutor. Defiende el carné del ISER con uñas y dientes. Años de viajar en tren y de estudiar para lograr ese bendito título habilitante que logró con Julio Lagos de compañero de banco.
Son nuestros hermanos de la radio. Hoy quiero darles un abrazo a todos ellos. Sin ellos no hay radio. Y si no que lo diga desde el cielo ese Negro inmenso que me arrancó de la gráfica. Él decía que la radio es el teatro de la mente. Se llamaba Hugo Guerrero Martinheitz. Es como decir la radio que respira o el micrófono que late. Feliz día, compañeros. Gracias por todo. Y hasta la próxima tanda.