Leopoldo López se entregó con las manos en alto. Tenía un bolsito con ropa y una imagen de la Virgen de Coromoto, la patrona de Venezuela que le había dado su esposa Lilian Tintori.
Leopoldo López había cometido el pecado de exigir libertad para sus compatriotas asfixiados por el chavismo y en esa lucha perdió su propia libertad.
Fue a parar a la prisión militar de Ramo Verde y se convirtió en una bandera de resistencia a la narco dictadura que se está en una crisis terminal.
Noventa y dos antichavistas tuvieron que dar la vida. Fueron asesinados en su mayoría con balazos en la cabeza o en el pecho por los militares que sostienen la tiranía. Pero el combate corajudo y pacífico de miles y miles de venezolanos durante 100 días logró que Leopoldo López regresara a su casa. No está en libertad. Tiene prisión domiciliaria y un brazalete electrónico, pero pudo volver a ver a sus hijos. Leopoldito no lo recordaba en su casa. Su padre fue detenido cuando él tenía apenas 6 meses. Lo recibió descalzo, con un abrazo y un pijama del hombre araña que en el pecho tiene escrito la palabra “Héroe”, justo lo que muchos venezolanos dicen de su padre. Manuelita tiene 6 años y se colgó del cuello de su padre y no lo soltó ni un minuto.
En los últimos tiempos, para Leopoldo López, la cárcel fue una doble tortura. La privación de la libertad y la oscuridad absoluta que hoy le dificulta la visión.
Ayer su mujer, que fue su voz y sus ideas en el exterior, pidió por la libertad de todos los presos políticos. Muchas pancartas hablan de 431 detenidos por el régimen jurásicamente estalinista. Pero el Foro Penal venezolano dice que hay 1141 personas encarceladas por ser disidentes. Está prohibido pensar distinto en Venezuela. O mejor dicho, está prohibido pensar.
Leopoldo López se asomó emocionado e hizo girar la bandera de Venezuela sobre su cabeza como queriendo desparramar su felicidad. Me hizo acordar de aquella mujer anónima del pueblo que se paró solita delante de una tanqueta militar blindada de la Guardia Nacional Bolivariana que llaman, “Rinoceronte”. Aquel gesto que sacudió al mundo volvió a mi memoria. Es el símbolo de la lucha por la libertad y en contra de todo tipo de opresión y autoritarismo. Un individuo, una ciudadana que le pone el pecho a las balas y a los uniformes. Igual que en aquella plaza de Tiananmén en China, en 1989, cuando otro anónimo se plantó delante de los tanques.
Leopoldo López está en su casa y no fue por una concesión graciosa de lo que la iglesia venezolana caracterizó lisa y llanamente como “dictadura militar” pese al silencio del Papa Francisco. Leopoldo López fue excarcelado producto de las protestas multitudinarias callejeras que no aflojaron en tres meses y el apoyo internacional de presidentes como Mauricio Macri o ex presidentes como José Luis Rodríguez Zapatero. Es bueno que los argentinos nos miremos en el espejo de Venezuela porque hacia allí nos quisieron llevar y aún nos quiere llevar Cristina. De hecho, casi todo el abanico político argentino repudió a Nicolás Maduro, menos el kirchnerismo más extremo que tiene como modelo al modelo venezolano. Luis D’Elía, incluso, llegó a decir que Maduro, un payaso ignorante sostenido por las Fuerzas Armadas, debía fusilar a los opositores. Esa es la democracia en la que creen. La de los tiros para silenciar la palabra.
Pero hoy, insisto, el gobierno se cae de Maduro. Ya hay más de 120 militares presos porque entre ellos también hay patriotas que se niegan a masacrar a su pueblo. La mismísima fiscal general, Luisa Ortega Díaz hoy muestra su disidencia y es perseguida pese a que fue una chavista rabiosa hasta hace muy poco. Hay hambre y muerte por las calles. Las instituciones fueron tomadas prisioneras por Maduro y su tropa.
Leolpoldo López fue condenado a 14 años de prisión en un juicio que fue una farsa absoluta. Hasta el fiscal Franklin Nieves, tuvo que huir a los Estados Unidos después de decir que “todas las pruebas habían sido inventadas”.
Leopoldo tiene 46 años y un carisma muy particular. Viene de una familia poderosa económica y políticamente. Eso le permitió convertirse en licenciado en Sociología y Ciencias Económicas en la universidad de Ohio y hacer una maestría en Políticas Públicas en Harvard. Fue dos veces alcalde de Chacao. Es un gran deportista y eso le permitió soportar las catacumbas en las que estuvo preso. El básquet y la natación fueron fortaleciendo sus músculos para deleite de sus compañeras de militancia. Tiene tatuado en su pierna el mapa de Venezuela y dice que también lo tiene grabado en su mente y en su esperanza. Hoy es el líder del partido Voluntad Popular y junto a Henrique Capriles de Primero Justicia, son los dos líderes políticos más reconocidos.
La oración de la Virgen de Coromoto que López escondió entre sus ropas es bastante mágica respecto de sus plegarias. En una parte dice: “Queremos colocar muy cerca de tu corazón nuestras necesidades, deseos, luchas y logros. En este momento de nuestra historia, te pedimos que mires a estos tus hijos que caminan en valle de lágrimas y consuélalos mostrándonos siempre a tu Hijo. Te consagramos nuestra Patria Venezuela, con todos sus hijos, con sus familias, con los que sufren y son olvidados”.
Tal vez algún oyente piense que el tema de Leopoldo López está fuera del radar de los intereses de los argentinos. Yo creo todo lo contrario. Las relaciones carnales que Néstor y Cristina tuvieron primero con Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro nos obliga al análisis de una situación que es como si ocurriera en la patria chica de la Patria Grande. Hablo de esa alianza de hierro que fue abonada con algo de ideología revolucionaria pero con mucho dinero cargado de corrupción.
Prestamos de dinero a tasas del 15 % que nos perjudicaron muchísimo. La valija de dólares negros de Antonini Wilson que llegó para la campaña de Cristina. Los negociados de Julio de Vido con el tema petrolero y los barcos que nadie sabe cuántos fueron ni cuanto nos costaron. Y las coimas que hubo que pagar con la maquinaria agrícola. Y Claudio Uberti que no sabe no contesta.
? Se acuerda de la embajada paralela de los negocios y negociados? La encabezó Claudio Uberti que fue eyectado del gobierno porque había dejado los dedos pegados por todos lados y porque lo primero que hizo cuando llegó en el avión con Antonini fue llamar a Néstor Kirchner.
La semana pasada los matones del chavismo entraron al Congreso a palazos limpios contra los diputados opositores y con capuchas para cubrir sus rostros. Llenaron de sangre y vergüenza el recinto sagrado donde se votan las leyes. Ahora tuvieron que aflojar y liberar a Leopoldo López. Es un paso adelante para la democracia y un retroceso para los violentos.
La rebeldía siempre es sana. Nadie debería rendirse frente a un ejército opresor interno. Hay que ponerse de pié y no dejarse arrodillar por los autoritarios.
Para construir un país para todos. Para repudiar a los salvajes. Para vivir en paz. Para la libertad…
Patria e independencia – 7 de julio 2017
Este domingo, pasado mañana, celebramos la declaración de la Independencia de la patria. Y surgen dos preguntas básicas. ¿Qué es la patria y que significa ser independientes hoy, en pleno 2017 a tan pocos meses de tener que ratificar o cambiar el rumbo político en las elecciones?
Jorge Luis Borges lo sintetizó con su genialidad: Nadie es la patria. Todos lo somos. La patria es el primer misterio inapelable. Se ama una tierra como propia y se quiere volver a sus entrañas…Una de los textos más bellos y profundos que leí sobre la patria le pertenece a Julia Prilutzky Farny, una poetisa ucraniana, naturalizada argentina. Dice así: “Allí donde partir es imposible/ donde permanecer es necesario/Donde nunca se está del todo solo / donde cualquier umbral es la morada/ Allí donde se quiere arar y dar un hijo/ Allí donde se quiere morir… allí está la patria”.
¿Y qué significa ser independiente en estos tiempos de cólera y grieta? ¿Cuál es el contenido patriótico y ciudadano del día de la independencia nacional? Si nos miramos en el espejo de aquellos hombres hay que decir que el apellido de la independencia es la libertad. Y que hoy más que nunca deben ser los pilares de una sociedad mejor para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Un país mejor, más justo, más igualitario, con menos pobres y desocupados y con más honradez y diálogo. Un país en el que solo queden afuera los corruptos y los golpistas. ¿Es tan difícil comprender lo simple? Millones de argentinos de buena voluntad quieren construir ese país. Con el respeto sagrado a la división de poderes para no pisotear la Constitución que es nuestra Biblia laica. Eso es independencia. No depender de nadie, no ser cliente de nadie y no dejarse extorsionar por nadie. No arrodillarse ante nadie y no hacer arrodillar a nadie. Salir a la calle a trabajar, a estudiar o a pasear con nuestras familias y que no tengamos miedo de ser asaltados en pleno día o a que desvalijen nuestra casa mientras no estamos. Eso también es independencia. Opinar con respeto absolutamente de todo, con autonomía de criterios, sin tutelajes ni censuras y sin que te manden la AFIP o los servicios de inteligencia para castigarte.
Así de simple y de complejo.
Este domingo 9 le vamos a rendir homenaje a ese Congreso de Tucumán que sancionó nuestra gloriosa y ansiada independencia. Es el día más importante de la patria. El día del parto. El alumbramiento de esto que somos. Recordaremos el día más feliz de la historia de los argentinos. Nacimos como Nación. Dimos a luz.
Ojalá la patria tenga todos los días felices que le deseamos, cada vez que decimos con orgullo: Feliz día de la patria.
De una vez por todas tenemos que tomar conciencia de la patria que tenemos y ponernos a edificar la patria que queremos. Uno piensa en tantas fracturas sociales que estamos padeciendo y se preocupa. ¿Podremos sintetizar todas esas diferencias para pensar como una Nación? ¿Seremos capaces de respetar la diversidad de las miradas y las verdades sin perder la unidad como patria? ¿Podremos abrazarnos en cada logro colectivo y social como lo hacemos con los triunfos deportivos? Si queremos esa patria, se me ocurren tres compromisos básicos que debemos asumir.
1) Extirpar el cáncer de la intolerancia. Sacarlo de nuestro cuerpo social antes que haga metástasis y se convierta en odio eterno. Comprender que la diversidad de miradas es un activo, que el pensamiento del otro nos hace mejores y que no es un enemigo el que piensa distinto. Debemos disfrutar de ese aprendizaje permanente que es la convivencia pacífica entre nosotros y con otros pueblos del mundo.
2) Ser solidarios hasta que duela, como decía la madre Teresa. Comprender que nuestro vecino es nuestro hermano, nuestro compañero de ruta, la persona con la que debemos edificar, codo a codo, un mejor barrio, una mejor ciudad y un mejor país que lata con orgullo en nuestro pecho. Ojo que no hablo de caridad, hablo de justicia social. De igualar las oportunidades educativas para lograr esa famosa movilidad social ascendente que nos hizo reconocidos en el mundo.
3) Pensar la patria no solo como padre. Como pertenencia. Una patria que no sirva como escudo de los fanáticos y mentirosos. A esos que dicen que hacer patria es matar a alguien. A esos que Dios y la Patria se lo demanden. Que sean expatriados y nunca repatriados. Yo no quiero la patria dividida en adjetivos ni en corporaciones. Que sea la patria de nuestros padres y la de nuestros hijos. Que los patriarcas nos ayuden. Que nos sostengan como lo vienen haciendo desde el origen de la patria en aquella Plaza de Mayo o en la casa tucumana de doña Francisca Bazán.
No se si estaremos a la altura de aquellos hombres. Uno piensa en San Martín, Belgrano, Mariano Moreno y en don Martín Miguel de Guemes empujando para el mismo lado de la historia y se estremece. Yo imagino a la patria como un cuenco que se hace con las manos. Todas las manos todas formando un cuenco que contenga los valores esenciales del ser humano. Un continente para la tolerancia, la solidaridad, la justicia, la libertad, la paz. Un cuenco del que podamos ir a beber todos. Que nos calme la sed y que nos alimente la democracia. Que destierre esa mirada cargada de odio que solamente encuentra enemigos entre nuestros hermanos. Que nuestros semejantes beban del mismo cuenco. Que ese cuenco llamado patria sea cada vez más grande y más fuerte. Que contenga a más argentinos. Que nos permita disfrutar del aprendizaje permanente de la convivencia. La patria como cuenco. La patria es algo que nos dio la vida para que la refundemos como utopía. Y utopía significa no rendirse a las cosas tal cual son y luchar por las cosas tal como debieran ser. ¿Se entiende? No hablo de humanizar lo inevitable. Hablo de evitar lo inhumano. Como decía Leopoldo Marechal, la patria es un dolor que nuestros ojos no aprender a llorar / la patria es un dolor que aún no tiene bautismo. Por eso declaramos solemnemente “a la faz de la tierra” nuestra voluntad de ser “una nación independiente” del rey, de sus sucesores, de la Metrópoli y “de toda dominación extranjera”. Hacía tiempo que lo venían reclamando nuestros padres fundadores. Hoy también deberíamos sembrar más ciudadanos patriotas para cosechar gobernantes más ciudadanos. Para lograr la patria que soñamos. Sin déspotas ni cadenas.
Sin corruptos ni golpistas.
Hay que aprender a convivir con alegría en el consenso y el disenso. Y en la división de poderes para arrodillarnos solamente ante la ley.
El primer siglo de la patria fue de la emancipación y la organización nacional. El segundo, el de la conquista de derechos y la democracia para siempre. Ya estamos transitando el tercer siglo que debe ser el de la cultura del encuentro y la lucha contra todo tipo de injusticias. A este desafío se comprometieron los que firmaron el Acta del Bicentenario.
Una patria de hermanos donde nadie quede afuera, insisto: solo los ladrones y los golpistas. Una patria donde el combustible del progreso alimente la llama de la esperanza. Una patria de todos. La que frente a las grandes tareas del estado no tenga camisetas partidarias y haga flamear una sola bandera. Una sola bandera como el cielo refulgente, ostentando sublime majestad, después de haber cruzado el continente, exclamando a su paso: ¡¡Libertad, Libertad, Libertad!!.
Las cacerolas por De Vido – 6 de julio 2017
Gracias a Juan José Campanella me enteré que las cacerolas pueden sonar por Julio de Vido en particular y por la falta de justicia en general. El recordó a través de twitter una marcha que ya estaba convocada para el jueves 3 de Agosto al Palacio de Tribunales ubicado en Talcahuano 550. La consigna es “Sin justicia no hay República. Todos somos Argentina y 3-A”. En un tuit anterior, el realizador cinematográfico más importante de la historia argentina, había escrito textualmente: “Que el juez Rodríguez no convalide el desafuero sería la provocación necesaria para otro 1-A, esta vez 3/8. Define las elecciones”. La participación de Campanella en las redes sociales comprendió que el caso de Julio de Vido, el cajero histórico de los Kirchner, el licenciado en sobreprecios, coimas y corrupción, puede ser un parte aguas. Un antes y un después. De Vido no es un coimero más. Es un escalón antes de Néstor y Cristina. Es una pieza clave en la cleptocracia que desde que Kirchner llegó a la intendencia de Río Gallegos, produjo la más grande asociación ilícita para saquear el estado de la que tengamos memoria en democracia. El bisturí del fiscal Carlos Stornelli tocó un nervio clave y por eso los grupos de tareas del cristinismo salieron a levantar la excusa de los fueros parlamentarios y de la persecución política. Stornelli pateó el tablero porque fue al hueso. Pidió el desafuero y la prisión para el cajero. Para el jefe de operaciones de la maquinaria del delito kirchnerista. Y eso hizo sonar todas las alarmas. Por eso, como si se tratara de una película sobre la mafia napolitana (en este caso santacruceña) reaccionaron con rapidez y contundencia la omertá del silencio y la protección que intenta blindar a los acusados de haberle robado millones y millones al pueblo trabajador y a los compatriotas más necesitados. Como estamos hablando de mafia estatal, Elisa Carrió dijo esa frase brutal donde se preguntaba si no lo iban a matar antes. Porque De Vido es el lava jato. De Vido sabe todo. Quienes pagaron coimas, quienes cobraron, cuanto les tocó a Néstor y Cristina y quien se quedó con el resto. Es el que lleva los libros de contabilidad desde hace más de 20 años. Es el ministro eterno. El que nunca se fue del lado de los Kirchner y cuando amagó con hacerlo, recibió una amenaza de Cristina: de acá te vas preso o muerto.
Por eso es tan importante que el juez Luis Rodríguez pida el desafuero. Por eso es tan importante el proyecto sorpresa que tiene Sergio Massa que quiere tratar el desafuero de Julio de Vido antes que el juez lo pida. Acá le voy a hacer unos números muy sencillos. El bloque del Frente para la Victoria tiene 72 integrantes. Para frenar el desafuero y convertir a la Cámara de Diputados en un aguantadero, necesitan 86 votos. Es decir que en teoría le faltarían 14 cómplices. Pero la cosa no es tan fácil. Cristina perdió poder y ya no maneja tan fácilmente a la tropa. Le doy un dato. Hace un año la justicia pidió autorización para allanar un departamento de Julio de Vido. Fue una prueba de fuego para saber cuántos estaban dispuestos a levantar la mano e incinerarse por De Vido y Cristina. ¿Sabe cuántos le hicieron el aguante a don Julio? Solamente 49 diputados. ¿Se entiende? Voy de nuevo. Son 72, necesitan 86 pero en su momento a la hora de la verdad solo lo bancaron 49. Se puede decir sin temor a equivocarse que De Vido está más cerca de la cárcel que de la libertad. Que está más cerca de la prisión de Ezeiza que de su mansión de lujo berlusconiano de Zárate. Salvo que el juez Luis Rodríguez mire para otro lado como ya miró una vez y la deje pasar. Es un magistrado designado por Cristina y en otra ocasión ya sobreseyó a De Vido por una causa por enriquecimiento ilícito. ¿Le dará el cuero para volver a protegerlo? ¿Tendrá espaldas políticas suficientes frente a las pruebas abrumadoras que aportó el fiscal y hablan de un choreo directo de 260 millones de pesos y un desvío de 26 mil millones destinados al complejo Rio Turbio?
Turbio es De Vido. Y si el juez llega a cajonear el pedido de Stornelli, el cacerolazo con movilización que tuiteó Campanella podría convertirse en una protesta masiva de amplios sectores de la población que tienen una sola bandera: “que los ladrones vayan presos y que devuelvan la plata”. Eso significa la consigna: “Sin justicia no hay República”. Veremos cómo sigue la película de terror que protagonizan Julio de Vido como el lobo estafador y Cristina, como la abuelita del bosque de Caperucita. Que cuentas bancarias tan grandes tienes. Que patrimonio tan grande tienes. Que cadena de hoteles tan grande tienes. No es un cuento de niños. Estamos hablando de la realidad y del horror y la indignación que nos provoca la familia que más delitos cometió desde el estado y desde el retorno de la democracia.
Fue muy interesante la propuesta que ayer hizo en estos micrófonos el secretario seguridad de la Nación, Gerardo Milman. Dijo que si Julio de Vido cree que es víctima de una persecución política y que es inocente, se debería presentar ante la justicia y pedirle al presidente de la Cámara de Diputados su propio desafuero. Como lo haría cualquier persona de honor y de bien. Para no enchastrar ni convertir en cómplices a sus compañeros. Si es que todavía le quedan compañeros. Para no ensuciar sus valores y su ideología si es que alguna vez tuvo valores e ideología más allá de la bulimia por el poder y el dinero.
Una pregunta chicanera: ¿Y Cristina? No dice nada. De Vido no merece ni siquiera un tuit. ¿Hay un silencio cómplice o el que calla otorga? El peronismo le soltó la mano a De Vido. ¿Y el kirchnerismo? ¿No tiene miedo que prenda el ventilador y hable? Elisa Carrió tiene autoridad para hablar sobre esto. Primero porque hace 13 años fue la primera en denunciar a De Vido como el cajero. Segundo porque su propio patrimonio es un ejemplo de austeridad republicana. Y tercero porque acaba de decir que Julio de Vido debe ir preso porque puede obstruir la investigación y eso es motivo suficiente. Tiene contactos y complicidades históricas con jueces y fiscales. Puede mover cielo y tierra para poner palos en la rueda y hasta fugarse como lo hizo su cuñado el “Mono” Miniccelli que hace 8 meses que está prófugo.
Julio de Vido inventó un sistema de corrupción que utilizó a las universidades para triangular el dinero sucio y gambetear los controles. Eso también habla de su falta de escrúpulos. Así como los Kirchner utilizaron a los derechos humanos de escudo para poder robar a cuatro manos, De Vido repitió el esquema pero con las universidades públicas, otrora ámbitos sagrados, alta casa de estudios era la forma de nombrarlas. Hoy muchas entraron en la mugre de la corrupción de estado. De los delitos de lesa indignidad.
Julio de Vido está procesado por asociación ilícita por el juez Julián Ercolini porque favoreció a Lázaro Báez con contratos de obra pública vial. También está procesado por el siniestro ferroviario de la estación Once y por contratos para comprar trenes obsoletos y en desuso. Además está cercado en la causa por entrega de subsidios al combustible.
El cacerolazo con movilización a Tribunales previsto para el 3 de agosto es una respuesta ciudadana y pacífica. Solo piden justicia.
Por eso invadiendo y parafraseando a Ernest Hemingway, a su novela y al poema inspirador de John Donne vale la pena decirle a Julio De Vido :” Nunca preguntes por quién doblan la cacerolas que son las campanas de la protesta ciudadana”. Doblan por ti, don Julio.