Según el diccionario de la Real Academia Española, un sicario es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago, generalmente en dinero u otros bienes. Algunos términos sinónimos son, por ejemplo, asesino a sueldo o pistolero.
Según Cristina el gobierno de Macri tiene jueces sicarios para eliminar opositores. Justo lo dice Cristina. Ella es la que parió “Justicia Legítima”, que es la primera experiencia de un partido político transformando en militantes fanáticos a jueces y fiscales.
La radiografía que hace Cristina del tiempo que estamos viviendo es incendiaria. Habla de que este gobierno de Cambiemos hace un espionaje propio de los gobiernos dictatoriales. Justo lo dice Cristina. Ella y su marido muerto instalaron la persecución más feroz en democracia a jueces, fiscales, periodistas independientes y políticos disidentes utilizando toda la maquinaria del estado: desde la vieja SIDE hasta la AFIP y los medios públicos. Instalaron el pánico.
Para volver al poder en el 2019, Cristina propone mucho más de los mismo. Redobla su apuesta. Quiere concretar su tarea inconclusa del “vamos por todo” con metodología chavista y apoyarse en los mismos pilares con los que ella y su marido muerto gobernaron durante más de 12 años nefastos. Hablo de la mega corrupción de estado, del autoritarismo que fomenta el odio y la violencia y, finalmente, de la profundización de esa grieta que hoy nos divide a los argentinos. En el documento que presentó la semana pasada y que mañana va a convertir en discurso de lanzamiento en el estadio de Arsenal, Cristina insiste con su mirada sectaria carente de autocrítica alguna.
Con la cara de piedra y confirmando que considera tonto al pueblo argentino, propone “combatir” la corrupción. Es tragicómico. Bizarro. La jefa de la asociación ilícita que se dedicó a saquear al estado para multiplicar su fortuna y hacer millonarios a todo su entorno, de pronto nos propone transparencia y honestidad. Pasa del liderar el infierno de robo y la estafa a ofrecerse como una estampita de la ética y la honradez. Parece una provocación pero es producto de su altanería y su infinita capacidad de negar la realidad. Es como si Al Capone se propusiera para reemplazar a la Madre Teresa. Cristina es y será el símbolo de los gobiernos que más delitos cometieron desde el regreso de la democracia y el enriquecimiento de su familia y su entorno.
Cristina tienes tres procesamientos y el cuarto es inminente. No hay antecedentes de una banda semejante. Una cleptocracia hecha y derecha. Cristina ahora va a ser indagada por la ruta del dinero K conde se cruza en la esquina de coimas y lavado con su cómplice, socio, empleado y testaferro Lázaro Báez.
Julio de Vido, su cajero automático de toda la vida, sumó en estos días una mancha más al tigre de la apropiación de los dineros públicos. El licenciado en sobreprecios y retorno está sindicado por la investigación del Lava Jato en Brasil como el que concentró 25 millones de dólares de sobornos por parte de Odebrecht la empresa más corrupta del mundo según su confesión.
Pero como si esto fuera poco, la ex presidenta convirtió a su plataforma teórica en un salvoconducto para que su tropa más agresiva y dogmática acelere todo tipo de hechos violentos. La burocracia sindical que vive del estado es la mano de obra que ejecutó casi todo los escraches, insultos y pedradas o agresiones al presidente Mauricio Macri y a varios de sus funcionarios. Hoy escracharon e interrumpieron el discurso de María Eugenia Vidal en Mar del Plata. Y lo hicieron por segunda vez en un par de días.
Un lobo solitario pero igualmente desaforado, peligroso y fanático amenazó de muerte en la puerta de su propia casa y a los gritos de Viva Cristina a nuestro compañero de trabajo el escritor y psicoanalista Federico Andahasi. También un taxista resolvió su debate político con el abogado de Cristina a las trompadas. Hay que decir una vez más que repudiamos todo tipo de violencia. Que no importa quién sea el agresor y el agredido. Ni que camiseta partidaria tenga puesta. Que la cobardía, la pólvora de los insultos y la acción directa, solo favorece a los energúmenos sectarios que no saben ni quieren vivir en democracia. Esa potencial pelea nos perjudica a todos los argentinos. Hay que debatir con pasión y argumentos pero solo con palabras. Las piedras, las trompadas, los palos y las caras tapadas son profundamente reaccionarias y dinamitan la convivencia pacífica.
Cristina autoriza a los más salvajes cuando desconoce la legitimidad y legalidad de este gobierno al que caracteriza como una estafa gigantesca perpetrada por los medios de comunicación, la justicia y el gobierno de Cambiemos. No explica, porque no puede explicar, cómo lograron involucrar en esa maniobra a 13 millones de ciudadanos argentinos que votaron por Macri en repudio y hastiados precisamente de Cristina. Y de tanto autoritarismo patotero, de semejante nivel de ineficiencia para resolver problemas y meterle la mano en el bolsillo al pueblo más pobre y que más necesidades tiene.
El resentimiento y la fractura social expuesta que instalaron en la sociedad desde el formidable aparato del estado ahora lo siguen fomentando con piquetes, cortes de ruta, palos en la rueda y declaraciones cargadas de explosivo golpista que definen al presidente democrático como un dictador o directamente lo comparan con Mussollini.
Los soldados de Máximo que tienen mucho dinero y pocos votos, su tropa más fanática y dogmática se siente habilitada para cualquier cosa. Para tirar piedras y poner palos en el camino. Son minorías intensas que con la camiseta de Cristina definen como traidor a cada gobernador peronista o dirigente que toma distancia de tanta arbitrariedad sectaria y obsesiva por el dinero, el poder.
Su propuesta es antidemocrática y destituyente. Pero Cristina no está muerta políticamente ni mucho menos como cree alegre y frívolamente una parte del gobierno. Eso también es una mezcla de estupidez e ingenuidad política. Jamás se puede subestimar a alguien que gobernó con látigo y chequera más de una docena de años y que con la montaña de acusaciones de corrupción que tiene, aún conserva una fuerza homogénea, con alta capacidad de daño y movilización y una intención de voto en lo más profundo de la provincia de Buenos Aires, superior a la de cualquier dirigente peronista.
A partir de esa actitud, todo vale. Porque Cristina no reconoce que perdió por sus propias torpezas y que Macri ganó en buena ley. No tuvo ni siquiera el gesto republicano de entregarle los atributos de mando y participar de la ceremonia de transición. Para Cristina todo vale. Y va por todo. Una vez más.
Mi viejo y mi hijo – 16 de junio 2017
Viejo, mi querido viejo. Ahora ya camina lerdo, como perdonando el viento. Yo soy tu sangre mi viejo, yo soy tu silencio y tu tiempo. La canción de Piero es una radiografía de lo que pienso. Yo soy su sangre así como él fue la sangre de Samuel y como Diego es mi sangre en pleno crecimiento y desarrollo. Esa cadena es blindada. Irrompible. No me entra en la cabeza que existan hijos peleados con padres y viceversa. No sabría cómo vivir sin ese combustible y ese afecto. Me estremezco de solo pensar en ellos. En mi viejo y en mi hijo. En sentirme un eslabón entre ambos. En haber experimentado en el cuerpo el paso de los años y los distintos roles que la vida nos va dando. Recuerdo mis peleas de rebeldía con quien soñaba tener un hijo farmacéutico, formal y cortés y le salió un vago militante que hizo el Bar Mitzvá solo por respeto hacia él y que nunca se casó con una chica judía.
Todavía le sigo pidiendo consejos a mi viejo pero hubo un momento en que él me los empezó a pedir a mí. Cuando comprobó que yo me podía ganar la vida con honradez y compromiso, creo, que me dio el título de hombre y pasó a darle más valor a mi palabra que a la suya. Esa transición es impresionante y cada vez se hace con una edad más temprana. Yo hoy tomo las decisiones más importantes de mi vida profesional pero en muchos casos le pido la opinión a Diego y suelen ser de una madura sensatez que me asusta.
La última vez que pasamos casi tres días juntos con mi viejo y mi vieja, jugamos en la pileta del hotel de Carlos Paz como cuando yo era chico y él me ensañaba a nadar. Jamás en mi vida olvidaré esa sonrisa cuando salió del agua después de haber nadado con estilo y velocidad. Hablamos de todo. Una noche en la cabaña me preguntó ante mi asombro: “¿Qué es el twitter?”. Es que nada de lo humano le resulta ajeno. Es curioso, inteligente, siempre quiere saber y aprender más. Y a la noche me contó otra vez esa historia de cuando uno de sus hermanos por huir de los nazis se tiró a un río maldito y polaco y nunca más apareció. Lloramos los tres. Los Lewkowicz somos flojos de lágrimas. Y lo digo con orgullo. El que no sabe llorar no sabe reír. Y yo aprendí a su lado ambas cosas. A gritar juntos un gol y a reírnos de los gorritos de Talleres bailando en nuestras cabezas. La foto que más quiero es la que nos sacamos las tres generaciones en la cancha de Talleres con el mismo gorrito tejido azul y blanco. También nos quebrarnos hasta el desgarro del alma cuando viajamos en el tiempo hasta ese día cruel y ateo en el que mi zeide, su viejo, el fortachón y rudo campesino y panadero murió en plena calle cordobesa con su cabeza golpeando contra el cordón de la vereda. Quiso laburar hasta el último aliento y lo hizo. Tampoco olvidaré jamás su cara desencajada que no podía parar de lamentarse por semejante tragedia. Recién ahora me doy cuenta que el zeide murió tan joven. En esa época yo era chico y el zeide me parecía viejito. Es lo que estoy tratando de explicar desde el principio. Como cambia la perspectiva a medida que pasan los años en la relación padre e hijo que es una de las más maravillosas y profundas que existen en la vida. Lo único que no cambia es el pedido, casi el ruego: “Cuidate mucho por favor”. Siempre me lo dice Mayor y siempre se lo digo a Diego. Cuando uno es pibe se deja proteger por su viejo. Y cuando uno es padre, protege a su hijo. Pero cuando supera los 50 y se acerca a los 60 aparece una dicha milagrosa, la posibilidad de cuidar y proteger a los dos, a mi padre y a mi hijo.
Pruebe este domingo algo que le recomiendo desde el alma. Sin que su padre se dé cuenta, sígalo profundamente con la mirada. Atenta y minuciosamente. Descubra en sus arrugas las arrugas que a usted le van creciendo. En esas canas, sus propia canas. Descubra todos los gestos que usted heredó. ¿No me diga que tienen la misma forma de caminar? ¿Vió, que le dije? ¿Cómo le decía su madre en aquella vieja casa de la infancia? ¿Cómo le decía? Nene, vos sos igual a tu padre!!! Le recomiendo que repita la operación mirada profunda con su hijo. Abra los ojos hasta el cerebro, abra los poros, déjese invadir por ese aroma maravilloso que viene de la cocina. Reconozca que el pibe es ansioso porque usted lo es. Que cuenta las cosas con pasión porque lo aprendió de chico. Descubra en su hijo esa mirada húmeda y esa sonrisa que tiene tanto de usted y de su padre. Y del padre de su padre.
Este domingo es ideal para practicar esto que le digo. Pregúntele a su padre y a su hijo como andan y tómese todo el tiempo del mundo para escucharlos. Hagan un campeonato de chistes mientras esperan los relatos del fútbol y la entrega del Martin Fierro por la noche. En mi caso voy a subirme a la tribuna de mi corazón para hinchar por Diego porque está nominado para esos premios. Ojalá lo gane, pero si no lo gana, todo sigue igual. El laburo que uno ama y el esfuerzo para progresar es un manantial de felicidad.
Le pueden dedicar unos minutos a sacarles el cuero a las mujeres empezando por su propia madre y después abrácela y dele un beso en la mejilla, un beso que haga mucho ruido y que contagie. Confiese que la quiere mucho. Y si puede cante, cante con su hijo y con su padre y con toda la familia. Cante por la alegría y por la esperanza. Cante para no llorar o cante y llore si quiere. Pero viva este domingo con toda la intensidad que pueda. No cuesta un peso y vale oro.
Esa entrega que hace que uno sea capaz de dar la vida por los hijos es el acero más resistente que conozco. Es invencible. Por eso Samuel que era de menos palabras todavía que Mayor sorprendió el día que le entregó todo lo que tenía simplemente porque mi viejo lo necesitaba. “La casa es tuya, hace lo que quieras”. Eso fue todo lo que le dijo. Mi viejo la hipotecó para comprar la farmacia y concretar el sueño. Samuel había dejado la espalda quebrada y las manos callosas para levantar esa casa. Esa generosidad, ese sacrificio, esa honradez, esa apuesta a no arrodillarse ante nadie pero tampoco a hacer arrodillar a nadie es lo mejor que me pasó en la vida. En esos valores me formé y esos valores transmito. La ética es también una forma de egoísmo. Porque nos hace bien a nosotros. Nos permite dormir en paz. Nos permite sentir orgullo por lo que hacemos y por lo que somos. Durante mucho tiempo fui el hijo de Mayor. En cierto momento me di cuenta que algunos pasaron a decir que Mayor era el padre de Leuco. Por suerte, kenore, diría la Esther, de a poco están empezando a decir que soy el padre de Diego. Mi viejo y Diego me iluminan el camino. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?
El peor día del padre – 15 de junio 2017
Este domingo va a ser el peor día del padre para Martín Bustamante. Hace días que no puede dormir. Se levantará temprano en su humilde casa de Villa Centenario en Lomas de Zamora y pasará por la iglesia para prender una vela y rezar por la memoria de su hijito Agustín. Hace días que Martín Bustamante no puede dormir y pelea a brazo partido con la pesadilla más brutal que es la realidad. Como si fuera una película de terror y a pesar de que cierra muy fuerte los ojos, se le aparecen las imágenes más desgarradoras. Primero ese momento de felicidad de ir a comprar pizza con el hijito. Los 200 pesos en el bolsillo, el celular para avisar a la patrona que ponga la mesa y abra la botella de gaseosa y esa mano que une a Martín y Agustín en un vínculo de acero. El de padre e hijo. Agustín es o mejor dicho era, un morochito de flequillo irregular al que la risa le estallaba en la mirada. Flaquito pero fibroso. Se defendía pateando la pelota contra la pared. Era gracioso escuchar su grito de gol en la vereda. Agustín era el gran orgullo y felicidad de su padre. Iban de la mano rumbo a la pizzería hablando pavadas hasta que de pronto, de atrás de un árbol aparecieron dos pibes con gorrita y un revolver en la mano. Estaban en territorio conocido, en el barrio Ferroviario, a una cuadra de la pizza con mucha muzzarella que ya estaba saboreando Agustín.
-Dame la guita, hijo de puta le dijo uno de los muchachos y le apuntó con el fierro.
Agustín amagó a llorar, se asustó más por el grito y la sorpresa. Martín Bustamante, el padre, es vigilador privado y sabe que no hay que resistirse. Le dio los 200 mangos que tenía para la pizza y el teléfono celular.
Ya se iban con su magro botín pero uno de los pibes chorros se dio vuelta y le pegó un tiro en la espalda a Agustin. Pobrecito, mi alma, con sus tres añitos sintió como un incendio entraba en su cuerpo y alcanzó a decir: “Papa, me duele”. Martín entró en pánico, alzó en brazos a su nenito bañado en sangre y corrió a un sanatorio de la zona. El chiquito llegó muerto. Su frágil cuerpito no resistió ese plomo criminal que no tiene perdón de Dios.
Después llegaron los llantos desgarradores en familia y las cámaras de televisión y los periodistas de todos los medios. El padre que este domingo pasará el más nefasto día del padre de su vida contó los detalles, exigió justicia para su Agustincito, dijo que parece zona liberada, que hay varias barritas de delincuentes que venden y consumen droga y nadie hace nada.
Los vecinos del barrio empezaron a juntarse en la calle, motorizados por la bronca y la locura que le agarra a todo padre al que se le cruza por la cabeza que algo así le podría pasar a su hijo. Es que nadie está a salvo de estos salvajes.
La gente juntó unos pesos para pagar el velorio y el entierro del angelito.
En el Norte de nuestro país, cuando muere un angelito, todavía existen ritos que destacan que un chico tan chico tiene el alma limpia, libre de pecados y eso lo lleva directamente al cielo. La mujer más vieja del velorio suele cantar falseando la voz como si fuera la de un chico y rezar con melodía: «Madrecita de mi vida, | Tronco e’ chañar. | Ya se va tu hijo querido, | De tus entrañas nacido. | Madrecita de mi vida, | Basta de tanto llorar. | Si me mojas las alitas, | No voy a poder volar». ..
Agustín tenía tres años y un balazo en la espalda lo crucificó contra la vereda. El que lo asesinó también era un chico pero de 16 años que en su irracionalidad inhumana esbozó una sonrisa cuando apretó el gatillo. Es un fierita consumidor de paco y alcohol como tantos chicos marginales y sin futuro. Se llama Axel Rodrigo y ya está preso, pero como es menor, es probable que por estas horas lo larguen nuevamente a la calle. Axel fue el victimario pero también es una víctima. Pertenece a una banda que se llama “Los toritos” y ya estuvo preso por portación ilegal de armas. Su cómplice es su hermano al que le dicen “Loquillo”. Tienen aterrorizados a todos los vecinos de la calle Mayor Olivera. Viven en las esquinas de la intemperie. No trabajan, no estudian, no conocen el valor de su propia vida y por eso tampoco vale nada la vida de los demás. Son seguramente el mayor drama nacional. Esos miles y miles de chicos excluidos de todo que no tienen otro futuro que robar para comprar paco y seguir durando un tiempo más mientras sus neuronas se van muriendo junto con sus ilusiones. El padre de Axel también pasará un día terrible este domingo. Es panadero pero dice que el chico se le escapó de las manos y pide que lo internen. El ya no sabe más que hacer.
El padre de Agustín y el de Axel representan la peor de las grietas de la Argentina. La que tenemos que combatir entre todos cuanto antes porque ya es demasiado tarde para lágrimas. Esa grieta es entre la vida y la muerte. Es la que está de un lado y del otro del caño frío de una pistola criminal.
Ese dolor interminable, ese agujero negro que Martín lleva en el pecho como luto desde que mataron a Agustín es un alarido que nos debería interpelar a todos, especialmente a los que tienen la misión de gobernar y resolver este drama.
Ni el presidente Mauricio Macri ni la gobernadora María Eugenia Vidal quisieron cámaras ni comunicados. El seguramente pensó en su hija Antonia y ella se conmovió hasta las entrañas cuando se enteró de lo que había pasado. Ayer, en la quinta presidencial, recibieron con la máxima reserva y respeto a los padres de Agustín. Trataron de confortarlos, los abrazaron desde el corazón y como todos, no encontraron las palabras porque no hay palabras para este dolor interminable. Un grupo de asistencia a la víctima les está dando contención sicológica a los padres de Agustín. Comentaron que los vecinos del pibe que murió quemaron la casa del pibe que mató. Y coincidieron en comprender pero no justificar la justicia por mano propia y mucho menos en fomentarla. Pero putearon todos a algunos jueces que no se mueven, que no actúan y dejan que muchos criminales anden por las calles como panchos por sus casas.
Martín Bustamante tendrá el peor día del padre de su vida. Un retrato de Agustín que tiene en la mesita de luz será la primera imagen que mirará apenas abra los ojos. Esos ojos secos de tanto llorar. Esos ojos de padre para el que no hay consuelo.
La sabiduría popular de nuestros pueblos originarios tiene una canción que en su rezo trata de cerrar las heridas que no cierran. Para ellos Agustín es un angelito. Dicen que:
suelta el violín su llantito
quiere ayudarme a olvidar
la muerte del angelito
Velay si era chiquitito
sin un pecado solito
que Tata Dios se lo ha llevao
será de verlo solito
Los cirios de los cardones
prenden sus blancos ojitos
azulándose en las alas
que Dios le dió al pobrecito.