Cristina no tiene vergüenza ni estómago. Con la cara de piedra y como si ella recién hubiera aterrizado de la luna, culpó al gobierno de Macri de la pobreza en la Argentina. Ella y su esposo gobernaron este país durante más de 12 años, casi con la suma del poder, y para ella, los datos más terribles de la injusticia social aparecieron de golpe, como un terremoto hace poco más de un año y medio cuando asumió el nuevo gobierno.
Todo porque ayer recibimos uno de los cachetazos más brutales que podemos recibir como ciudadanos: según Unicef, la mitad de los chicos argentinos son pobres. ¿Escuchó ese terrible dato? Hay 5 millones 600 mil pibes pobres. Y 1 millón 300 mil chicos de esos directamente sufren hambre. ¿Qué hicimos los argentinos para merecer esto? ¿Cómo es posible que con la fábrica de alimentos extraordinaria que es y que puede ser este país, tengamos una herida tan profunda? A esta altura está claro que el hambre cero y la pobreza cero debe ser nuestra prioridad como estado y como sociedad. No hay nada más importante que atacar el flagelo de la malnutrición en nuestros chicos.
Es un drama que debe analizarse con la mayor seriedad y sin la repudiable intencionalidad de lavarse las manos y culpar a otro como hace la ex presidenta.
Esa pobreza y ese hambre de chicos argentinos no cayó del cielo como una tormenta. Fue una construcción de la dirigencia política argentina y una destrucción de los mínimos lazos solidarios.
Frente a semejante horror, Cristina, chicaneó al gobierno actual preguntando “¿Qué más quiere que ajusten los argentinos? ¿Perdón?.. Y Boston, diría su amigo Aníbal. Mauricio Macri y el gobierno de Cambiemos tiene su cuota parte de responsabilidad, por supuesto. Pero usted, doctora, exitosa abogada, y su proyecto político gobernó más de 12 años con viento económico a favor por los precios internacionales. Disculpe la pregunta molesta y reiterativa: ¿Usted, Cristina, no tiene nada que ver con que haya 5 millones 600 mil chicos pobres en nuestra querida Argentina?
¿O la arquitecta egipcia también se creyó esa mentira colosal que dijo Aníbal sobre que en Alemania había más pobres que en la Argentina? ¿Se acuerda de aquella humillación? De esa mojada de oreja a los más pobres de los pobres.
Ayer, en coincidencia con estas declaraciones de Cristina, el excelente periodista Leonardo Míndez recordó algo terrible que pasó el 8 de junio de 2015.
Cristina venía de entrevistar por última vez al Papa Francisco y “se presentó en la sede de la FAO para recibir una distinción algo tramposa. El organismo de las Naciones Unidas que se dedica a la lucha contra el hambre premiaba a 12 países en desarrollo que habían logrado mantener durante 25 años su tasa de malnutrición por debajo del 5 por ciento.
Era tramposa porque no parece gran cosa, para un país que produce alimentos para diez veces el tamaño de su población, mantener un nivel relativamente bajo de hambruna, incluso durante sus crisis recurrentes. Tramposa, también, porque la FAO tomaba como válidas las cifras oficiales de cada país durante ese cuarto de siglo, es decir, en el caso argentino, las del vapuleado INDEC.
Pero a la entonces Presidente argentina poco le importó que el período premiado incluyese los oprobiosos años 90 y la crisis de 2001 o que compartiésemos la distinción con naciones como Arabia Saudita, Barbados, Egipto o Kazajistán. Hábil para la perífrasis y la distorsión, (escribió Míndez) Cristina transformó la distinción de la FAO en un reconocimiento personal-familiar para ella y su difunto esposo y, como tantas veces, pronunció un largo discurso argumentando que las trasformaciones impulsadas por los Kirchner desde mayo de 2003 habían hecho posible no sólo alcanzar aquel logro sino también convertir a la Argentina en «uno de los países más igualitarios del mundo».
A Cristina no se le movió un músculo.
Míndez explicó que “para sostener aquella mentira, se apoyó en una falsedad mayor.” La presidenta que ordenó que no se informaran las cifras de la pobreza para no estigmatizar a los que sufren y la esposa del que dinamitó las estadísticas del INDEC para ocultar la inflación dijo que nuestro país tenía un índice de pobreza por debajo del 5% y una indigencia de apenas el 1,27%. ¿No me cree? Puede ir a los archivos. Fue hace dos años. Busque en Google. A veces son tantas las falsedades y las desmesuras que nos olvidamos. La Cristina que ahora culpa a Macri de la pobreza y no se hace cargo de nada fue capaz de engañar o pretender engañar a los expertos del mundo que no salían de su asombro. Se miraban entre sí. Murmuraban por lo bajo. ¿Cuándo ocurrió este milagro de que Argentina tenga menos pobreza que Dinamarca, Noruega, Islandia o Finlandia? ¿Somos tan tontos los argentinos que no nos dimos cuenta?
La triste realidad es que la pobreza por ese entonces y ahora, gira alrededor del 30%. Y que durante el segundo mandato de Cristina aumentó pese a que en el resto de los países de la región lograban bajar esos índices obscenos.
Nadie mintió tanto y durante tanto tiempo como Cristina. Todo su relato está cargado de falsedades. Pero haber ocultado a millones de pobres de las estadísticas públicas debe ser uno de sus peores pecados. Los invisibilizó, los convirtió en los nuevos desaparecidos. Cristina ocultó los pobres en lugar de combatir la pobreza. El cinismo y la hipocresía son despreciables aunque le pongan el rotulo de nacional y popular y la imagen de Evita. Estos muchachos ladri progresistas durante más de 12 años se dedicaron a hablar de los pobres y a fabricar pobres con celular. Clientelismo despreciable de última generación. Jamás movilidad social ascendente. Por eso ahora no tienen autoridad moral para criticar al gobierno. Pero hay que poner las cosas en su lugar. ¿Quiénes son los responsables de que hoy haya 13 millones de pobres? Es muy fácil marcar eso. Los Kirchner dejaron 11 millones y medio. Y Macri le sumó un millón y medio de pobres más. Cada uno tiene su cuota parte de culpa. La dimensión del desgarro es monumental. Hay 6.300 villas miserias en el país donde viven 12 millones de compatriotas. Tres o cuatro generaciones que no trabajaron y no vieron trabajar a sus mayores. Hay otras formas de combatir el ADN de la pobreza que es la construcción de viviendas dignas, de barrios con cloacas y agua. Y sobre todo la educación que capacite a los más chicos para insertarlos en el mundo del trabajo. Para que recuperen la cultura del esfuerzo y el sacrificio y para ir desterrando de a poco la dádiva de un plan que sirve para la emergencia pero que corre el riesgo de eternizar la pobreza si no se genera trabajo genuino en blanco y privado. A esta altura no hay excusas. Es hora de dejar de hacer diagnósticos y de extirpar para siempre el hambre y la pobreza de nuestro bendito país. Utilizo el verbo extirpar con toda intención quirúrgica. Como se extirpa un cáncer social que nos carcome nuestra dignidad. Es un escándalo moral y debería avergonzar nuestra condición humana. Hay muchos países del mundo que no tienen recursos para combatir el hambre. Pero Argentina tiene de sobra. Que haya tantos chicos con hambre es un crimen de lesa dignidad.
La sangre de Lerner – 8 de junio 2017
Hoy también puedo decirles que hay algo de los que estoy seguro, absolutamente seguro: todos los días hay una buena noticia. Hoy Alejandro Lerner cumple 60 años. Esa es una buena noticia. Pero hay más. Las fanáticas que lo siguen desde siempre, se autodenominan “las magas de Lerner”, como si se hubieran escapado de un libro de Cortázar. Esas magas le quisieron hacer un regalo a la altura moral y ética de Alejandro. Lanzaron una campaña para juntar 60 donantes de sangre, uno por cada año del artista que admiran por su talento pero también por su “profundo sentido humano y espíritu solidario”. Así lo planteó Alicia Castillo, una de las magas que está feliz porque ese regalo a Lerner no necesita que nadie gaste dinero ni compre nada caro. “La sangre de una vale igual que la de todos y hacemos el bien a alguien concreto y de paso creamos conciencia”. Por eso van a ver en las redes sociales a Alejandro con un cartel que dice “Donar salva vidas. Ayudemos a ayudar”. Hoy esas 60 velitas de celebración de la vida son 60 gestos para darle una mano al prójimo, para hacer el bien sin mirar a quien.
Las magas suelen visitar hospitales, orfanatos o asentamientos. Allí donde hay una necesidad van las seguidoras de Lerner para llevar el mensaje de su artista preferido.
Alejandro pensará sus tres deseos acompañado del amor de su familia y satisfecho por haber llegado a los 60 con la energía de un pibe de 20 y la sabiduría de sus antepasados.
Otro regalo de la vida: acaba de ganar el premio “Carlos Gardel” al mejor álbum. Se llama “Auténtico” y pocas veces un rótulo refleja tan fielmente el contenido. Alejandro una vez más dio en la tecla y no solo de su maravilloso piano fileteado en argentino y custodiado por la estampita de don Osvaldo Pugliese. Contó que cuando murió la negra Mercedes Sosa, se le estrujó el corazón como a todos los argentinos, se le hizo un agujero negro en el alma y recordó tantos escenarios compartidos con ella cantando entre otras cosas es himno contra la impunidad llamado “Indulto”.
Lerner confesó que esa tarde, en un bar junto a Marcela, su mujer, la inspiración le bajó a borbotones una canción que tituló “Carta por la dignidad del hombre”. Allí dice muchas verdades con formato de poema. Allí aparece el mismo Lerner que respira junto a su pueblo y utiliza su sensibilidad para ser una suerte de cronista de la historia. Describe realidades tan universales que se transforman en clásicos. Ese tema parecía haber sido escrito ayer. En uno de sus párrafos Alejandro dice: “Que hubo algunos que se han ido/ con los bolsillos vacíos/respirando dignidad/Mientras que otros se han llenado/ de todo lo que han robado/ pese al hambre popular.”
Todos pensamos en José López y su “Monasterio de Planificación”, como dice Jorge Fernández Díaz. O directamente en los Kirchner.
Después de 9 años sin grabar, apareció intacto el Lerner auténtico. El mismo que tiene una historia y una trayectoria que me gusta recordar.
Villa Gesell, por esa época, era el imperio del rock naciente. Los pelos largos, el aroma a pachuli, las guitarras de madrugada, arena y sexo. Por la calle 3 iba caminando un tal Alejandro Lerner. Vio a un gringo barbudo pegar unos afiches en los postes de la luz que invitaban al concierto de esa noche. ¡Cantaba León Gieco, señores! Pegaba los afiches, también León Gieco. Todo a pulmón, podría decirse, pero esa es otra historia. Se pusieron a charlar porque estaban hechos de la misma melodía. En poco tiempo, Lerner era el pianista invitado en el disco “La banda de los caballos cansados”. Fue como su bautismo. Esa esquina de la historia hizo que Lerner, igual que León, se transformara en uno de los musicalizadores más certeros de varios de los momentos históricos de los argentinos. Un día Malvinas nos desgarró el alma. Y “La isla de la buena memoria” de Alejandro nos hizo comprender mejor que no hay guerra que se gane, que las guerras se pierden todas: “Madre, me voy a la isla, no se contra quién pelear; tal vez luche o me resista, o tal vez me muera allá./Qué haré con el uniforme cuando empiece a pelear,/con el casco y con las botas, ni siquiera sé marchar”.
Hoy este juglar profundo de las cosas que nos pasan afuera y adentro de nuestro corazón, este señor con cara de pibe que tiene una sensibilidad especial para radiografiar a sus hermanos es padre de dos hijos como Luna y Thomas a los que define como” su sentido, su identidad”. Cree profundamente en Dios pero no se siente un Dios aunque lleva años de cantar la justa. Se dio todos los gustos porque es pianista, cantante, compositor y productor. Sabe lo que hace de ambos lados del mostrador. De la creatividad y de la industria. Siente la orgullosa influencia de monumentos del tamaño de los Beatles o Elthon John. Estuvo codo a codo en los escenarios con Paul Anka, Tom Jones, o Celine Dion y nuestro Miguel Cantilo con los dedos en vé, Piero del alma o Sandra Mihanovich de la solidaridad activa. Cantaron sus canciones desde Luis Miguel a Mercedes Sosa pasando por Armando Manzanero. El amor y la realidad. Mi piel y mis ideas. La pareja y la sociedad, como dos caras de una misma moneda. Nada de lo humano le fue ajeno. El indulto de Carlos Menem quebró el espinazo de la memoria y Alejandro no pudo con su genio y puso nuestra angustia en contexto: “Porque después de tanto llorar /los veo salir de nuevo/ Porque no habrá perdón /porque no habrá consuelo/de qué sirve el castigo /sin arrepentimiento”.
Era su plegaria por:” los que han sufrido/ y por los que no están/ Por los que se han ido a ningún lugar”.
Buscó su destino en Estados Unidos y eso le sirvió para encontrar la excelencia del jazz y la orquestación. Cuando estuvo parado al lado de Santana sintió que gran parte de sus sueños de elefante se habían concretado. Y pensar que después se fue de gira con él. Era como tocar con un emblema, con una estatua de sinfonías.
La vida le dio sorpresas a Lerner. Miguel Abuelo y Cachorro López lo convocaron para integrar la reencarnación de Los Abuelos de la Nada a principios de los 80. Alejandro prefirió tomar el camino de solista y recomendó para ocupar ese lugar a un pibe que recién empezaba, un tal Andrés Calamaro. Lerner nadó contra la corriente y nació un salmón.
Se le hizo difícil mantenerse en ese viaje, sin saber a dónde iba, en realidad. Todo a pulmón fue su emblema para proclamar que “difícil se me hace/mantenerme con coraje/ lejos de la transa y la prostitución.
Alejandro Lerner dijo muchas verdades y destruyó muchos dogmas anquilosados. Fue profundo y provocador al decir que defendió su ideología, buena o mala pero suya, tan humana como la contradicción.
Su estatura humana la demostró un día de luto parado frente al cadáver de Juan Alberto Badía. Sintió la necesidad de cantar “Let It Be” de los Beatles como despedida. Y todos se sumaron para dejarlo ser con el corazón en llagas.
Y finalmente ese himno a la posibilidad de caerse y levantarse que es la virtud más humana. Esa apuesta al esfuerzo y a no bajar los brazos jamás que tanto no sirve en los momentos más duros. Si un texto justifica a un artista, Alejandro, con “Volver a empezar” tiene el olimpo asegurado. Sobre todo cuando propone que “No se apague el fuego/ queda mucho por andar/ y que mañana será un día nuevo/ bajo el sol… para volver a empezar.
Un auténtico Lerner para volver a empezar. El que le canta al amor y a sus amores. El que canta a la lucha y a los que luchan. Un Lerner auténtico para seguir diseminando canciones como semillas por toda la Argentina. Y para ofrecer su sangre y la de la gente que lo quiere como la máxima entrega solidaria. Lerner ayuda a ayudar. Sesenta veces Lerner.
Ser periodista – 7 de junio 2017
Hoy es el día del periodista, el mejor oficio del mundo, según la definición de Gabriel García Márquez.
Muchas veces le dije que desde la recuperación democrática de 1983 nadie había atacado con tanta ferocidad y ensañamiento a los cronistas y a la libertad de prensa en la Argentina como el matrimonio Kirchner. En octubre del 2006, hace once años, escribí que había una libertad de prensa de bajas calorías, de baja intensidad. Que los Kirchner siempre en su vida política quisieron controlar todo para que nadie los controle a ellos. Por eso persiguieron y siguen persiguiendo tanto a los periodistas como a los jueces y fiscales independientes. Porque no toleran que alguien denuncie los hechos de corrupción o les marque los errores políticos. No toleran. Por eso son intolerantes. Autoritarios. Han agredido a medio mundo, pero sus principales objetivos a destruir fueron y siguen siendo los fiscales, los jueces y los periodistas que no se arrodillan ante sus latigazos ni se dejan domesticar por millonarias pautas publicitarias o prebendas.
Por eso Cristina y todos los que son citados ante la justica con pruebas muy contundentes de los delitos que cometieron, responsabilizan a la justicia y el periodismo. Así lo dicen todo el tiempo. Mienten tan sistemáticamente que terminan por creerse sus propias mentiras: eso se llama “bovarismo”. O por comer sus propios deshechos, eso se llama “coprofagia”.
Victor Hugo, por ejemplo, el gran relator del relato, ya superó la categoría de deglutidor de sapos y se convirtió en el abogado defensor de todo lo que hagan Cristina y sus muchachos. Igual que Horacio Verbitsky. Son la contracara de lo que realmente significa ser periodista. Hoy y siempre. Deberían celebrar el día del alcahuete.
Durante esos doce años de terror, muchos periodistas hicieron muy bien su trabajo. Investigaron, indagaron, buscaron fuentes, revelaron testimonios que luego se verificaron absolutamente. Ese es el periodismo que en el día del periodista hay que reivindicar. El que puede iluminar lo que el poder quiere ocultar. Y hablo de una mirada crítica hacia todos los poderes. El político y el económico. Y hacia todos los gobiernos. También hacia este gobierno de Macri, por supuesto. Esa es nuestra función. La mirada crítica que duda de lo que dicen los funcionarios está en el ADN de nuestro maravilloso oficio. Los que chupan medias y se colocan las camisetas partidarias no son periodistas. Son propagandistas, militantes en el mejor de los casos, o corruptos que cobran fortunas por mirar para otro lado.
La orden que dio Néstor Kirchner a sus empresarios socios, cómplices y amigos fue muy clara: “Compren medios”. Todos lo sabíamos, pero su secretaria más íntima lo confirmó ante la justicia. Miriam Quiroga lo escuchó y lo contó. “Compren medios” podría ser el título de la estrategia histórica que el matrimonio Kirchner desplegó respecto de la comunicación y la información. Desde sus comienzos en Santa Cruz hasta la actualidad, tanto Néstor como Cristina han tenido una obsesión muy fuerte contra el periodismo. Siempre les molestó. Y siempre trataron de domesticarlo, de amordazarlo.
Por eso “compren medios” son dos palabras que demuestran con sinceridad brutal el tipo de democracia autoritaria y con discurso único que siempre pretendieron instalar. ¿Qué significa compren medios? Varias cosas. Primero, el sentido literal. Que los empresarios que se enriquecieron súbitamente gracias a los K adquieran radios, canales de televisión, diarios, revistas y sitios de internet. El negocio es clarito.
La transa es así: Yo te doy una fortuna de pauta publicitaria todos los meses y vos con eso vos te convertís en propietario de un medio que opera para los Kirchner con el dinero de todo el pueblo.
Otra manera de comprar, es apropiarse de los medios del estado. Por definición radio Nacional, canal 7 o TELAM deberían ser de todos los argentinos y reflejar la pluralidad de voces de toda la comunidad. Así funciona la cosa en varios países del mundo. Un medio es de un estado democrático cuando apuesta a la búsqueda de la verdad y abre el juego de las opiniones a todo el espectro político. La BBC de Londres es el mejor ejemplo y el más utilizado. Acá los Kirchner transformaron esos medios estatales en voceros partidarios, facciosos, casi solo de una agrupación: La Cámpora.
Allí solo se expresaba el cristinismo en forma escandalosa. Decían y hacían lo que querían, como patrones de estancia que es su verdadera ideología. Y de paso, incorporan una novedad nunca vista en democracia. Convirtieron a sus medios en una maquinaria publicitaria gigante pero, también en un pelotón de fusilamiento de todo dirigente
o periodista que tuviera la audacia de criticar al gobierno de Cristina. Eso es autoritarismo mediático. Hegemonía partidaria. Y los medios presuntamente privados, alimentados por el dineroducto de la pauta publicitaria hicieron lo mismo. Pero como no entendieron ni quisieron entender nunca el periodismo cometieron la torpeza de hacer un oficialismo chupamedias que le quitó las ganas aún a los más fanáticos. Nadie quiere ver ni escuchar ni leer todo el día elogios y lisonjas.
El resultado fue terrible. Cristina dilapidó montañas de dinero para que se enriquezcan determinados empresarios pero no cumplieron el objetivo mínimo de tener algún éxito de audiencia. Ningún producto surgido de la factoría mediática K le dio resultado al gobierno ni logró buena cantidad de oyentes, televidentes o lectores. Es que le hablaban a los convencidos que cada vez fueron menos. Pero esto es lo que entiende Cristina por periodismo. Lo iguala con un enemigo.
Y por eso ataca con todas sus fuerzas. La docena de años K fueron los de menor libertad de prensa desde 1983. Hubo libertad, por supuesto, de lo contrario, no podría haber dicho todo lo que dije. Pero fue una libertad vigilada, de bajas calorías y que todo el tiempo persiguió al que la ejerció. Castigos de todo tipo: insultos desde los medios adictos y los grupos de tareas de la blogósfera, agresiones callejeras , juicios en plazas públicas, afiches con caras de periodistas a las que se incitaba a escupir, escraches, aprietes a los dueños de los medios para que censuren o excluyan a tal o cual periodista, presión a los empresarios para que no pongan publicidad en los medios independientes, hostilidad desde la AFIP y los servicios de inteligencia, cero apertura informativa, no hubo ni conferencia de prensa.
Estos son solamente algunos de los métodos que utilizaron. Por eso en el día del periodista vale la pena reafirmar la lucha por libertad absoluta. Para que nadie nos diga lo que tenemos que decir y para que nadie nos haga callar. El principal insumo del periodista es la libertad. Y por eso hay que defenderla aunque se paguen las consecuencias.
Hay que denunciar siempre a los que roban para la corona. No importa quien tenga puesta esa corona. “Oscar Alende no se vende”, era el lema de un gran político honesto e intransigente. Frente a la orden de Néstor de comprar medios, no es malo copiarle esa bandera a don Oscar: El periodismo no se vende. Ni se alquila. Ni la dignidad ni la libertad tiene precio. Feliz día a los verdaderos periodistas. Repudio a los alcahuetes de estado que mancillan nuestro hermoso oficio.