El corcho flota – 6 de junio 2017

El corcho es un tejido vegetal que, por lo general, se saca de la corteza del árbol llamado alcornoque. En el lenguaje cotidiano, corcho, se utiliza como sinónimo de alguien oportunista que se mantiene a flote a pesar de las tormentas y los cambios. Corcho es alguien que siempre cae bien parado. Que no se hunde. Y también sirve como sinónimo de tapón. El corcho es el que tapa, el que no permite que salga algo: un líquido o alguna verdad.
Corcho es el apodo histórico de Jorge Rodríguez, un muchacho seductor y astuto que supo abrirse camino en el mundo de los negocios, la política y el espectáculo.
Se hizo famoso con la sociedad que armó con Rodolfo Galimberti, uno de los líderes de Montoneros. Ambos eran amigos de Jorge Born, el empresario multimillonario que fue secuestrado por esa organización guerrillera y que recién pudo recuperar la libertad a cambio de un suculento rescate de 60 millones de dólares que los soldados de Mario Firmenich depositaron a buen resguardo en la Cuba de Fidel Castro.
Su empresa Hard Communication hizo un negocio monumental con Susana Giménez, a quien luego enamoró y el padre Julio César Grassi, a quien luego estafó, según denunció el sacerdote en su momento. Todo giraba alrededor de un juego que la diva de los teléfonos ejecutaba con simpatía en su exitoso programa de televisión. Entre el Corcho y Grassi creo que la única perjudicada fue Susana.
Así irrumpió el Corcho en la vida mediática. Con Galimberti, Susana y el padre Grassi. Lo hizo con camperas de cuero negras, anillo de calavera, la barba prolijamente descuidada y a bordo de motos de alta gama. Por ese lado y por el rock se vinculó con Norberto Napolitano, más conocido como Pappo. De hecho el Corcho tiene en su poder la moto que piloteaba en Carpo el día que se mató en la ruta.
La fortuna y las relaciones del Corcho fueron creciendo geométricamente con la instalación del kirchnerismo en el poder. Se convirtió en un hombre de gran relación con Julio de Vido, parte de su familia y de su gabinete.
Con Facundo, el hijo cool del cajero de los Kirchner, el vínculo vino porque la productora del Corcho llamada Nelly Entreteinment le hizo grabar dos discos a Facu de Vido que pasaron con más pena que gloria en el mundo de la música. Se sospecha que amaba la guita pero que era más guitarrero que guitarrista. Al parecer, después de chocar con la pared del fracaso y la indiferencia, Facundo de Vido pasó a ser socio o empleado de esa empresa y aún hoy sigue trabajando en temas de sonido. Por ahora más que sonido hacen ruido esos vínculos.
Porque la relación del Corcho con don Julio, el jefe de la banda, hizo que el actual esposo de la simpática y eficiente conductora de televisión Verónica Lozano, tenga que dar explicaciones ante los medios ahora y próximamente en la justicia.
Por ahora públicamente el Corcho confesó que trabajó cuatro años como consultor para Odebrecht en la Argentina y que tenía su oficina al lado, en el piso 33 de la Torre Alem de frente al río. Hay fiscales que lo quieren interrogar porque sospechan que fue como mínimo lobista de Odebrecht y como máximo valijero de los 35 millones de dólares de coimas que pagó la mega empresa brasileña la que confesó ser la más corrupta del mundo.
En los expedientes ya hay funcionarios que cuentan que el Corcho entraba al ministerio de Julio de Vido como pancho por su casa. Se reunía con José López para arreglar diversas cuestiones y es notable que el campeón mundial de lanzamiento de bolsos con 9 millones de dólares, en un momento de zozobra haya escrito un mensaje en su teléfono, que apelaba al contacto del Corcho. Dicen que estacionaba su auto en la playa privada del ministerio y que su empresa de helicópteros fue utilizada intensivamente tanto por la empresa Odebrecht como por la cartera de Julio de Vido.
En el caso Odebrecht, el Corcho viajó con los dos funcionarios más altos de la empresa acusada por el Lava Jato. Uno se llama curiosamente Bento pero con “b”, larga. Hablo de Flavio Bento Farías, uno de los encargados de pagar las coimas. En las planillas de pagos aparecían los apodos de los que recibían ese dinero sucio e ilegal. Uno que cobró un millón de dólares es apodado “Duvidoso”, que significa dudoso, y suena parecido a De Vido, alguien que también es duvidoso.
En el caso del ministerio la operatoria era tan trucha como la mayoría de las contrataciones que hacía el cártel de De Vido. Usaban los helicópteros de la empresa Helicorp de Rodríguez pero la cuenta la pagaba la Fundación de la Universidad Tecnológica Nacional de La Plata. Carlos López, su titular ante las cámaras de televisión no supo explicar porque una fundación universitaria tenía que pagar de su tesorería los vuelos que hacía el ministro. Por lo menos uno de ellos salió desde la Isla Demarchi hasta la chacra berlusconiana que De Vido tiene cerca de Zárate. Insólito. Incomprensible. El 15 de octubre de 2013 hasta el mismísimo Lula fue pasajero de uno de esos helicópteros. Lo trasladaron hasta La Matanza para participar del Congreso de Responsabilidad Social que organizó, otra vez, Lali Miniccelli y en que además de Lula fue figura Bernardo Kilksberg, un contratado vip casi permanente de las actividades de la Fundación de la esposa de Julio de Vido. Tal vez alguno de todos estos personajes puede aportar algún dato cierto sobre el paradero del hermano de Lali, de Claudio “El Mono” Minnicelli que está prófugo desde que encarcelaron a casi toda su banda conocida como “La mafia de los contenedores en la aduana”. Otro que viajaba en esos pájaros de acero fue Ernesto Clarens, un financista de los Kirchner, de tan oscura relación como la que tuvieron con el recientemente fallecido Aldo Ducler. Iban y venían a Uruguay con bolsas cargadas vaya a saber de qué pero me imagino. Hasta Martin Insaurralde, el intendente de Lomas de Zamora figura entre los usuarios de la empresa aérea del Corcho que corre en moto y vuela en helicóptero. Ya se sabe las virtudes compartidas de los kirchneristas: el que no corre, vuela.
Siempre es difícil explicar lo inexplicable de esa triangulación para evitar los controles que De Vido inventó para darle plata por izquierda a mucha gente de negocios extraños y televisivos como Andrea del Boca o su propia esposa Alessandra Minnicelli. Otro pasajero frecuente que sumaba millas en las aeronaves del Corcho es Juan Patricio Mussi, el joven intendente de Berazategui al que Cristina le tiene reservados lugares importantes dentro del Frente para la Valija.
El concubinato entre el Corcho y de Vido está muy claro. Se transforma en un triángulo amoroso con Odebrecht. Y como la empresa facturó con sobreprecios de mil millones de dólares ahora está todo bajo la lupa de la sospecha y de la justicia.
Se podría decir que el Corcho es un peronista fashion. Tiene colgadas en la pared de su oficina una foto del Che Guevara jugando al golf, deporte que Hugo Chávez quiso prohibir por burgués y un retrato de Cristina dedicado de su puño y letra. Jorge el Corcho Rodriguez, vive lujosamente entre San Isidro y Punta del Este. Tiene espectaculares oficinas en Vicente López y Catalinas. El Corcho flota entre la mugre de la corrupción y el glamour del espectáculo. Muchos quieren hundirlo pero el Corcho todavía sigue flotando. La justicia necesita un sacacorcho que destape la verdad. Para ahora y para siempre.

Los cien años de García Márquez – 5 de junio 2017

Un día como hoy, pero hace exactamente 50 años, la editorial Sudamericana publicó en Buenos Aires “Cien años de Soledad” de Gabriel García Márquez. Vendió 50 millones de ejemplares, fue traducido a 39 idiomas y fue el empujón para el premio Nobel de Literatura. Pero es maravilloso conocer la crónica de un éxito anunciado.
Un día de 1967 Gabo empeñó un calentador y un secador de pelo y, con ese dinero, pudo enviar los originales de su nuevo libro a la Argentina. La historia del recorrido de “Cien Años de Soledad” parece escrita por García Márquez. El mensajero tuvo un accidente en la moto y todos los originales quedaron sembrados por el pavimento mojado. Buenos Aires era una mezcla de Macondo y Paris. Casi un diluvio universal. Esos papeles con las letras corridas pudieron rejuntarse pero ningún editor quería convertirlos en un libro. Creían que era un texto menor de un colombiano desconocido. Sólo Paco Porrúa de editorial Sudamericana se atrevió y el libro comenzó a venderse en cataratas. En 20 días agotó 8 mil ejemplares.
Todos empezaron a hablar de él y por eso Primera Plana lo llevó a su primera plana. Gabo cobró sus primeros derechos de autor y volvió rapidito a la humilde pensión en la que estaba alojado. Acomodó todos los billetes sobre la cama y se tiró encima a dormir la siesta más feliz de su vida. Estuvo 15 días de gloria en Buenos Aires. Nunca más volvió. Nunca más volverá. Es una lástima, pero es como si lo tuviéramos dentro en cada corazón y en cada neurona.
Sobre todo los periodistas que le debemos tanto. Y los amantes del idioma español. El día que murió derramamos lágrimas negras de luto. Con su ausencia sentimos que se nos venían encima a nosotros los cien años de soledad.
García Márquez fue uno de los más grandes escritores de todos los tiempos y una estrella guía para los periodistas. Levantó la ética como bandera y llenó las palabras de alas y colores. Apuntó con sus cañones a la censura y el autoritarismo y distribuyó placer por la lectura.
Se murió con todas las utopías intactas.
Tuvo todas las virtudes y enfermedades de un buen periodista. Escribía como los dioses, obviamente era obsesivo, curioso, detallista, desconfiado. Vivía anotando cosas en su libretita y a la vejez viruela: era un fanático de la computadora y de internet.
Lo considero una suerte de espejo utópico de los periodistas. Le recuerdo, que con los 300 mil dólares del premio Nobel resolvió fundar un diario absolutamente independiente, creativo y novedoso llamado “El otro”. Y por eso convocó también para nuestro orgullo nacional y popular a Rodolfo Terragno y Tomas Eloy Martínez. El diario nunca se hizo. Gabo contaba que tenía pesadillas con el ruido de las rotativas.
Una tarde en la Habana vieja, el querido gordo Soriano me lo presentó y me invitó a compartir el café y la mesa. Hubo una sola exigencia: no se publica nada de lo que se habla. Y yo me di el gusto de abrir mi cabeza, de convertirme en esponja para escuchar todo y de mirarlo como quien mira al genio y a la lámpara también.
Me hubiera gustado decirle que yo recordaba casi de memoria, como un rezo laico las palabras que pronunció en 1982 cuando le dieron el premio Nobel.
– Creo que le debo al periodismo la mitad del premio, porque con esta profesión aprendí a escribir novelas.
Cuando se enteró de lo que pasaba en la Argentina con los desaparecidos y la dictadura y que uno de los desaparecidos era su compañero cofundador de la agencia Prensa Latina, Rodolfo Walsh, se fue a ver al Papa Juan Pablo II. Le dio una carta que hablaba de Videla y los crímenes atroces y le pidió la bendición para enviarla por todo el mundo. Confieso que hoy, con la contundencia de la realidad, es más fácil decirlo. Pero lo único que le reprocho es que haya sido tan fiel en su amistad dogmática y acrítica con Fidel Castro cuando aquel libertario que pasó a retiro al dictador Fulgencio Batista ya se había convertido en un tiranosaurio stalinista.
Así era Gabriel García Marquez.
Su amor por el relato tiene un origen muy claro. Hay que volar hacia las húmedas siestas del pueblito de Aracataca. Hay que respirar el aroma caribeño del mango y la guayaba.
Hay que recordar que él se definía a sí mismo como uno de los 16 hijos de un humilde telegrafista de un pueblito perdido en el Caribe.
Hay que aguzar bien el oído para escuchar a doña Tranquilina Iguarán Cotes, la abuela de Gabito que le cuenta aventuras fantásticas de barcos y piratas. Allí empezó todo.
Así empezó su libro fetiche: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”.
Hubo cientos de escritos, miles de metáforas voluptuosas y de datos precisos y filosos. Hubo periodismo del mejor, literatura sobrenatural.
Los años lo fueron golpeando con una maldita enfermedad. Yo lo recuerdo, erguido, orgulloso aquel día que rechazó el frac para recibir el Nobel y se enfundó en el Liqui-Liqui, el típico traje colombiano. Pero más recuerdo sus palabras tan reales como mágicas:” Una nueva y arrasadora utopía de vida donde nadie pueda decidir por otros hasta la forma de morir, donde sea de veras, cierto el amor y sea posible la felicidad y donde las estirpes condenadas a cien años de soledad tengan por fin y para siempre una segunda oportunidad sobre la tierra”.
Su lucha contra los errores fue permanente. En el I Congreso de la Lengua Española, en Zacatecas (México) pasmó a los asistentes con su combativa propuesta: “Jubilemos la ortografía: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota y pongamos más uso de razón en los acentos escritos”.
En su momento hubo que enviarle un abrazo en el dolor por la pérdida a Mercedes Barcha su eterna mujer de matriz egipcia y madre de sus dos hijos. Él la conoció bailando un vallenato en Sucre donde le confesó que le gustaban los tangos de Gardel, el ron blanco, el tabaco negro y las muchachas multicolores. Nuestro recuerdo emocionado a 50 años de la edición de los eternos cien años de soledad.

El cártel de Ducler – 2 de junio 2017

Juan Manuel, el hijo de Aldo Ducler dijo textualmente que la muerte de su padre fue “muy dudosa y sospechosa”. Y por eso pidió custodia policial. Estamos hablando del financista de los Kirchner que manejó los oscuros Fondos de Santa Cruz y que fue acusado de colaborar con los narcos mexicanos del Cártel de Juárez. Ayer falleció en el hospital Argerich luego de haberse desvanecido en la Avenida Corrientes 415 a metros de su eterna oficina. Hay versiones contradictorias. Un parte del hospital dice que Ducler tuvo un ataque cardíaco luego de haber sufrido un intento de asalto. Su cuerpo no presenta heridas, hematomas ni los golpes que habitualmente se producen cuando una persona se desmaya y cae pesadamente en la vereda. Hay filmaciones y pericias que faltan pero, por ahora, como dice su hijo, la muerte de Ducler es dudosa y sospechosa.
Lo que pone más misterio todavía es un dato que no parece nada casual. Dos días antes de morir Ducler presentó un informe en la Unidad de Información Financiera (UIF) sobre los tristemente célebres fondos que Néstor Kirchner recibió del gobierno de Menem y Cavallo por regalías petroleras mal liquidadas y en premio a su militancia a favor de la privatización de YPF cuyo miembro informante por el menemismo fue, oh casualidad, Oscar Parrilli, hoy conocido como Parrillitudo. Esa denuncia que Ducler hizo ante la UIF ahora adquiere una importancia superlativa. Algunos dicen que ahí se certifica que esos fondos fueron utilizados por Néstor para la campaña electoral del 2003 y para comprar la presidencia de YPF y otros que se describe con precisión la ruta de ese dinero que salió del Banco de Santa Cruz y fue al banco Mercado Abierto que Ducler tenía en la guarida fiscal de las Islas Cayman y que, finalmente, llegó a cuentas del Morgan Stanley en Estados Unidos y del Credit de Suiza.
Le cuento que en su momento investigué bastante este tema y que fue el motivo por el que nos levantaron a Marcelo Longobardi y a mí el programa de televisión que teníamos llamado “Fuego Cruzado”. Y aquella censura fue directamente por presión de Julio de Vido. Para muestra basta un botón. El 30 de noviembre del 2013, hace 4 años yo escribí la siguiente columna en el diario Perfil:
«El problema tenía nombre y apellido: Aldo Ducler. Cristina Kirchner lo sabía mejor que su marido. Como integrante de la Comisión Antilavado no ignoraba que la Justicia de Estados Unidos (y también la mexicana) tenía en la mira al financista Ducler por sus negocios con los narcos del Cartel de Juárez. Ducler era todo eso. Pero también el profesional elegido por su marido para operar con los fondos santacruceños enviados al exterior.¨
Este es el comienzo de una precisa nota que el periodista Walter Goobar publicó en la revista Veintitrés a fines del 2004. A confesión de parte relevo de pruebas para explicar de dónde surge la inmensa confianza que los Kirchner siempre le dispensaron a Jorge Milton Capitanich, actual jefe de gabinete y potencial heredero de Cristina. El ex gobernador del Chaco fue socio de Aldo Ducler y su consultora integró el fondo de inversión Fondagro. (…)
Para agregar datos políticos conviene recordar que Capitanich tuvo su primer puesto a nivel nacional gracias al, en ese entonces, superministro cordobés, Domingo Cavallo.
Sorpresas te da la vida: allí hacía sus primeras armas un joven inteligente pero rebelde del ministerio para afuera, llamado Axel Kicillof. El actual ministro de Economía no tuvo un paso fugaz por las huestes menemistas y cavallistas de Capitanich. Lo asesoró por más de 4 años, escribieron un libro juntos y Axel trabajó en la consultora M-Unit que tuvo grandes contratos con Gildo Insfran en Formosa, incluso la privatización de su banco y que fue parte de la sociedad con Aldo Ducler. (…)
Ya se sabe: a los archivos los carga el diablo y lo descargan los destituyentes.
Pero Walter Goobar no es un periodista opositor ni miembro de una corporación golpista. Todo lo contrario. (…) Con más razón hay que prestar atención a lo que denunció en el 2004:
«Era el 15 de enero de 2003. Néstor Kirchner decidió lanzar su candidatura a presidente ese día. No le importó nada. Ni Ducler, ni las desprolijidades en el manejo de los fondos provinciales que tendría que explicar en algún momento. Nunca había rendido cuentas de las operaciones, los montos, los intereses, las comisiones y las inversiones. Los 600 millones, según el oficialismo, o los 1.000 millones, barajados por la oposición radical santacruceña, eran (y son) un misterio. Pero los resúmenes de las cuentas 642 21372-091 y 642 213721-058 dirigidos al “Gobierno de la Provincia ATN NESTOR KIRCHNER”, donde estaría todo el dinero, llegaban puntualmente a Corrientes 415, es decir, las oficinas de Ducler. O, lo que es lo mismo, a un financista involucrado en cuestiones de lavado. Cuando vio que tenía serias posibilidades de salirse con la suya y colgarse la banda presidencial, Kirchner decidió traspasar los fondos santacruceños (que maneja como si fueran propios) de Morgan Stanley a dos bancos suizos: el Credit Suisse y la Unión de Bancos Suizos (UBS) para –entre otras cosas– prescindir de los servicios del ya demasiado chamuscado Ducler. Desde las cuentas monitoreadas hasta entonces por Ducler se hicieron al menos cuatro transferencias a la cuenta 0835-860194-3 abierta el 5 de marzo de 2003 en el Credit Suisse.(…)
Autoritarismo y propiedad del estado. A tanto llegó esa apropiación del gobierno y el manejo feudal que les parecía lo más normal del mundo que pese a que ya era presidente de la Nación, los resúmenes de cuenta llegaran a nombre de Néstor pese a que ya había dejado de ser gobernador. Por algo Sergio Acevedo renuncia 14 días después de haber anunciado la repatriación de esos dineros públicos que en una porción importante estuvieron en cuentas privadas como la del ex presidente fallecido.
Cristina junto a Elisa Carrió, Graciela Ocaña y otros legisladores conformaron en su momento la Comisión Investigadora del Congreso sobre Lavado de Dinero. En aquel momento a nadie le llamó la atención que Cristina pidiera quedarse ella con el monitoreo y la auditoria de Aldo Ducler. Ahora todo está más claro. Hubiera sido como investigarse a sí misma. O escupir para arriba.
Extraño destino el de los archivos. Dinamitan las mentiras de patas cortas. Se pueden comprobar estas cosas, anote: Capitanich y Néstor amigos de Cavallo. Capitanich socio de Aldo Ducler que manejó los fondos más oscuros de la historia política argentina. Y Axel Kicillof asesor durante 4 años de Capitanich. No suena muy progresista ni muy emancipador. Suena a pragmatismo feroz y a falta absoluta de transparencia. ¿No le parece? La misma falta de transparencia que hoy tiene la muerte de Ducler justo 48 horas después de hacer una denuncia sobre este tema. Y encima su hijo dijo que estaban amenazados y por eso pidió custodia policial. Ayer murió Aldo Ducler. Pero esto recién empieza.