Los golpistas de Cristina – 23 de febrero 2017

Hay una agrupación que responde a las órdenes de Cristina Elisabet que podríamos definir como “Los golpistas de Cristina”. Es tragicómico, porque por un lado parece el nombre de una murga, pero por el otro, se trata de personajes nefastos que ponen en peligro la democracia y las instituciones. Por suerte son un grupo minúsculo dentro de la sociedad e incluso muy poco representativos dentro del peronismo. Se podría decir que son marginales y talibanes pero eso no quita que haya que estar atentos y con la guardia levantada. Tienen sus garras en varios sectores de la vida nacional. Por un lado está el general César Milani que en un video en una unidad básica llamó al “movimiento peronista a sacar a toda esta porquería que está en el poder”. Se refería a un gobierno elegido legal y legítimamente por la voluntad popular. Entre los derechos humanos cooptados por los K, la máxima figura de la agrupación “Los golpistas de Cristina” es Hebe de Bonafini. Todos los días tiene un insulto o una calificación de dictador o tirano o sorete al mismísimo presidente de la Nación y su investidura que todos debemos proteger. Y algunas veces, Hebe lo dice desde su programa de la Televisión Pública en un espacio que nos pertenece a todos los argentinos.
En el rubro piqueteros los que manejan la batuta son Luis D’Elía y Fernando Esteche. Los más violentos, los más agresivos, los que mayor capacidad de daño callejero tienen. D’Elía llamó a fusilar a los disidentes, algo que no hizo Perón y por eso se equivocó. También convocó a una pueblada tipo 17 de octubre con cortes de rutas y puentes si llega el caso de que Cristina es detenida por la justicia. Ellos tampoco se han privado de utilizar una terminología que intenta estigmatizar a Macri casi como alguien que llegó al poder no con los votos si no mediante un golpe mediático.
Ayer apareció la brigada parlamentaria de estos muchachos antidemocráticos. El presidente provisional del senado, Federico Pinedo, definió a estos personajes como “un grupo marginal que quieren derrocar a Macri desde el primera día”. Y aclaró que se sirven del show y la espectacularidad que genera el impacto de reclamar un “juicio político” al presidente como hicieron. Le recuerdo que según el artículo 53 de la Constitución Nacional el instrumento del juicio político es para “destituir” a un jefe de estado por faltas gravísimas. Es el último recurso frente a alguien que haya enloquecido en el poder, o haya asesinado a una persona o viole las leyes en forma sistemática. Por eso se piden mayorías calificadas. Los que piden enjuiciar a Macri saben que no les dan el cuero de los números porque necesitan los dos tercios de los diputados para que eso pueda caminar. Pero lo hacen para ir fogoneando por todos los medios que Macri no tiene que terminar su mandato. Eso se llama golpismo puro. Subversión contra el orden institucional. Tienen la misma mentalidad que la banda de Jorge Videla y sus terroristas de estado que se atribuyeron la capacidad de decidir quién debe y quien no debe gobernar la Argentina. “Miente, miente, que algo queda”, el concepto del propagandista de Hitler todavía tiene adeptos. Van sedimentando la idea del derrocamiento. Van estigmatizando al jefe de estado. Le ponen palos en la rueda todo el tiempo con cualquier excusa y lo tratan de asimilar a la figura débil y pusilánime de Fernando de la Rúa. De hecho que la última vez que se intentó pedirle juicio político a un presidente fue de parte del ex diputado peronista Carlos Soria a Fernando de la Rúa.
El diputado entrerriano Julio Solanas dio el puntapié inicial al que luego se sumaron 14 de sus compañeros. Varios pertenecen a La Cámpora, uno al grupo de Sabbatella, otros responden a ex gobernadores resentidos por haber perdido las elecciones y que hoy no tienen prestigio político ni notoriedad. Pero fue de alto impacto que ese brulote destituyente lo firma el diputado José Luis Gioja. Ex gobernador de San Juan, vicepresidente de la Cámara de Diputados y actual presidente del Partido Justicialista hoy aparece como desencajado y sobreactuando su cristinismo pese a que según las escuchas con Parrilli, Cristina no quiso ir a su asunción y le reclamó que “se suturen el orto”.
Otros peronistas salieron rápidamente al cruce de semejante salvajada. El gobernador Juan Manuel Urtubey, dijo que esa posición de acusaciones temerarias no son representativas ni son compartidas por la inmensa mayoría del justicialismo.
Miguel Angel Pichetto, que lidera el bloque de 41senadores del PJ-FPV marcó su rechazo a esa iniciativa ayer en este programa y desde Mar del Plata. Dijo que esos mecanismos son para “situaciones muy extremas frente a hecho de mucha gravedad”. Todos pusieron como ejemplo que el tema oscuro del acuerdo entre el gobierno de Macri y el correo de la familia Macri se va a analizar por la Auditoria General de la Nación.
Angel Rozas, jefe del interbloque de senadores de “Cambiemos fue contundente: “Es un disparate de los extremistas y los fundamentalistas que son rechazados por los argentinos”.
El proyecto de resolución de Julio Solanas y José Luis Gioja es absolutamente vago y se basa en el dictamen de la fiscal Gabriela Boquin donde se dice que prácticamente Mauricio Macri le regaló 70 mil millones de pesos de todos los argentinos a su padre. Una verdadera falsedad y un despropósito de la aritmética militante. También se denuncia al jefe de estado por los negocios que algunos de sus amigos y parientes hicieron con el estado pese a que no está probado ni en juicio ningún delito. Una locura provocativa que se puede probar haciendo el ejercicio contrario. ¿Qué hubiera pasado si un legislador opositor a Cristina hubiera intentado llevarla a juicio político? Y eso que hay razones de todo tipo. La asociación ilícita que ella lideró para saquear el estado la tiene contra las cuerdas en los tribunales. Cristina va rumbo a su tercer procesamiento. No puede explicar su enriquecimiento colosal ni el de algunos de sus socios, testaferros, empleados o cómplices como Lázaro Báez y familia. ¿Se imaginan lo que hubieran dicho pese a que hay motivos muy valederos?
Cristina hubiese acusado como lo hizo tantas veces a la persecución mediática, judicial y política de los que sueñan con volver a la época de las dictaduras. Los hubiera acusado de oligarcas y fascistas. Cristina hubiera dicho, como dijo, que si no están de acuerdo formen un partido y ganen las elecciones.
Hoy, algunos soldados de su tropa quieren destituir a Macri mediante un juicio político y por ahora han cosechado el repudio de gran parte de la sociedad.
Por ahora no hay espacio para los aventureros autoritarios que se creen dueño de la verdad. Por ahora no hay que tener miedo. Pero hay que tener cuidado. Los golpistas y los corruptos son capaces de arruinar cualquier democracia.

A 5 años del siniestro de Once – 22 de febrero 2017

Paolo Menghini, el padre de Lucas, lo dijo esta mañana con todas las letras: “Estamos reclamando que el Tribunal Oral Federal 4 fije, de una vez por todas, la fecha del juicio oral y público a Julio de Vido por su responsabilidad en el siniestro de la Estación Once, la mayor catástrofe ferroviaria de la historia argentina”.
Ya pasó un año y medio de la sentencia y los familiares de las víctimas todavía están esperando que se hagan efectiva la prisión para los 21 condenados. El único que está preso es Ricardo Jaime y por otras causas de corrupción.
Julio de Vido es el nombre y apellido en donde todo termina y donde todo comienza.
Fue el gerente de compra de voluntades y licenciado en sobreprecios, coimas y retornos . Es tan grosero su comportamiento y su falta de escrúpulos que la mismísima María Luján Rey contó que quisieron comprarle su silencio en nombre de De Vido. Una semana después de que hubieran enterrado a Lucas, atrapado entre vagones en el siniestro de Once, fue uno de los Olazagasti a ofrecerle trabajo, un auto o lo que quisiera para que se sumara a la complicidad del gobierno. María Luján Rey los echó de su casa. Los ladrones creen que todos son de su condición. De Vido está procesado por la muerte de 52 personas (incluida una beba por nacer) en esos trenes corruptos.
Esta mañana, la sirena a las 8:32 nos arrancó el alma y nos dejó un agujero negro. Los ojos de los familiares del siniestro de Once ya están agotados de tanto llorar. Era conmovedor ver cómo fueron colocando una baldosa con el nombre y apellido de cada víctima. Para eternizar su recuerdo. Para no olvidar jamás. Ni a los seres queridos ni a los seres despreciables. Hablo de los integrantes de ese triángulo mafioso de la megacorrupción seguida de muerte que conformaron los empresarios, los sindicalistas y los funcionarios de un estado kirchnerista que siempre miró para otro lado.
Por eso varios organismos de derechos humanos tradicionales y cristinistas jamás dijeron una palabra. Por eso los artistas militantes del camporismo extremo no fueron capaces de actuar nunca en forma solidaria.
Castigaron dos veces a las víctimas para ser cómplices y proteger al estado que no protegió a los muertos ni a los heridos.
Es que los Cirigliano y los Juan Pablo Schiavi, entre otros, siguen caminando por las calles pero ya fueron condenados a ir prisión de 6 a 9 años.
Recuerdo que en su momento Paolo Menghini exigió la renuncia de De Vido. Si sabía, por complicidad con la corrupción y si no sabía, por inútil.
Como diría Cristina: no fue magia. Fue un crimen de lesa corrupción cometido desde un estado encabezado por la presidenta de la Nación.
Ya falta menos para que paguen por lo que hicieron. Ya falta poco para que la democracia y la república se llenen de contenido de lo que prefiero llamar siniestro del tren de Once, siniestro en todo el sentido de la palabra.
Digo siniestro y no tragedia porque esa palabra se asocia a lo inevitable y mucho menos, quiero hablar de accidente cuando se pudo haber evitado cada muerte, cada herida. En las condiciones en las que estaba el chapa 16 del Ferrocarril Sarmiento solo un milagro podía salvar a los pasajeros de ese cementerio sobre rieles.
Siento vergüenza ajena por el silencio del gobierno que se fue. Apenas unas palabras sueltas y de compromiso frente a semejante masacre. Me cuesta comprender esa actitud negadora de ni siquiera mencionar el tema durante tanto tiempo. Fue una tozudez y una crueldad que lastimó más a los familiares. Al ningunear el tema, pretendieron ocultar el horror de un siniestro que conmovió a la Argentina. Como dijeron los familiares:” para el gobierno, la tragedia no existió”.
Siento vergüenza ajena por los funcionarios nacionales del transporte con Ricardo Jaime y Juan Pablo Schiavi a la cabeza que estuvieron más preocupados por sus negociados y por responsabilizar a las víctimas que por la seguridad para viajar de los pasajeros.
Siento vergüenza ajena por los empresarios, empezando por los hermanos Cirigliano, que tenían que devolver como retorno coimero gran parte de los millones y millones en subsidios que les daba el gobierno y privilegiaban su rentabilidad en lugar de invertir para que los trenes funcionaran como tenían que funcionar y no se convirtieran en un cementerio que transita por las vías.
Siento vergüenza ajena por muchos para-periodistas oficiales que callaron por miedo a las sanciones del gobierno nacional. Temieron que los echaran de sus trabajos o que les quitaran el único combustible que los mantenía en pie: la pauta oficial. ¿O es producto de la casualidad que los diarios y los cronistas militantes casi no hablaron del tema durante cinco años? ¿O también en este tema siguen las enseñanzas de la presidenta? El más repugnante fue Víctor Hugo Morales que no conforme con defender a malandras de la calaña de Amado Boudou o Lázaro Báez, atacó a los familiares de las víctimas. María Lujan Rey, la madre coraje de Lucas Menghini, le respondió algo demoledor: «Cuando por obsecuencia se justifican muertes inocentes se convierte en un ser despreciable. De ese lugar no se vuelve».
Siento vergüenza ajena por muchos dirigentes de los derechos humanos como Hebe Bonafini y Estela Carlotto que se taparon la cara con la camiseta kirchnerista para no ver lo que pasó y justificar su indiferencia. Lo mismo que le pasa a tantos artistas ladriprogresistas que se llenan la boca hablando de los sufrimientos del pueblo pero que no se solidarizaron jamás con los familiares para no ser castigados por Cristina y poder seguir cobrando fortunas que pagamos todos por participar en los recitales oficialistas.
Siento vergüenza ajena por todo lo que hace a las víctimas más víctimas y las vuelve a matar con el silencio y la insensibilidad.
Finalmente siento orgullo por los familiares.
Siento orgullo por esos padres y madres valientes, por esos esposos, por esos hijos y hermanos que tienen una entereza y una dignidad que emociona. Y por los que se animaron a acompañarlos solidariamente como Juan Carr, Fernando Bravo, Gabriela Rádice, Juan José Campanella, Nora Cortiñas o Adolfo Pérez Esquivel, entre otros.
Los muertos eran estudiantes, trabajadores, soñadores, novios, amigos, una vida por nacer en una panza floreciente, tímidos, audaces, solitarios, familieros, eran como cualquiera de nosotros, porque cualquiera de nosotros podría haber estado en su lugar. Son muertos que llevamos adentro. Que laten en nuestro corazón. Aunque el poder quiso hacerlos desaparecer del recuerdo popular.
Son “madera noble, roble su corazón”, como dice la canción de Lucas, porque siguen peleando por memoria, verdad, juicio y castigo a los culpables para que Nunca más haya crónicas de tragedias anunciadas. Para que Nunca Más, haya viajes hacia la muerte.

Maduro, Trump y Cristina – 21 de febrero 2017

A Donald Trump, Nicolás Maduro y Cristina Elisabet no los une el amor pero si el espanto hacia la libertad. Odian a los periodistas y los medios de comunicación que no pueden controlar. Los satanizan hasta decir basta. Los quieren convertir en enemigos de la humanidad. Tanto el nacional populismo que hoy gobierna Estados Unidos, como el chavismo corrupto de Venezuela y el ladri feudalismo que reinó durante más de 12 años en la Argentina, sueñan con un mundo sin piedras en sus zapatos. Porque ese es el verdadero periodismo: la piedra en el zapato de todos los poderes y de todos los poderosos. La mirada crítica, la que investiga, la que busca la verdad en todo momento y en todo lugar. Eso es bueno y muy sano para la sociedad. Que haya muchas miradas ideológicas en los diarios, en la radio y en la tele y que cada uno busque destapar ollas y contar la verdad de lo que sucede. De esa competencia por captar audiencias sale algo bastante parecido a la verdad.
Los autoritarios como Maduro, Trump y Cristina pretenden someter al periodismo y lo quieren convertir en propagandistas de sus ideas. Ellos se sienten dueños de la verdad y no soportan otra cosa que no sea “su” verdad. Son tan brutales que cada uno a su manera, con mayor o menor elegancia, intenta o intentó montar su propio monopolio mediático. Y eso tiene patas cortas, como la mentira. No se puede engañar a toda la gente todo el tiempo. Se cayeron imperios nazis y estalinistas que tenían el control férreo de los medios y las noticas. Ni con dictaduras pudieron someter para siempre al buen periodismo.
El propio Perón dijo que accedió al poder con todos los medios en contra y lo derrocaron con todos los medios a favor. La historia la construyen los pueblos, no los diarios.
Se producen cuestiones tragicómicas. La CNN, cadena de noticias mundialmente famosa y prestigiosa es atacada al mismo tiempo tanto por el presunto capitalista Trump como por el presunto socialista Maduro. No coinciden casi en nada. Son enemigos, se muestran uno como la contracara del otro: el diablo negro y el diablo rojo. Sin embargo coinciden en atacar con patoterismo a la CNN. Maduro y Trump acusan a la señal de mentir. Lo mismo que decía Néstor y Cristina básicamente de Clarín, pero también de La Nación, Perfil y algunos otros medios que no se arrodillaban frente al altar de la pauta publicitaria.
Ocurren cosas insólitas. Los diarios más prestigiosos del mundo, el New York Times y el Washington Post tan combatidos por Trump han vuelto a aumentar sus ventas de ejemplares. Se venían cayendo producto del avance tecnológico de la internet sobre el papel, pero Trump, logró el milagro de ayudarlos a levantarse. Según Alberto Amato, el diario de New York aumentó en 300 mil sus suscripciones; el de Washington, se incrementó en un porcentaje de dos dígitos y la vapuleada CNN casi duplicó su rating. Lo mismo pasó en Venezuela y en Argentina. Los medios que se pusieron las camisetas del gobierno dejaron su credibilidad hecha trizas y tampoco lograron un solo éxito ni en la radio ni en la televisión. Por el contrario los medios y los periodistas más atacados por Chávez y Maduro y por Néstor y Cristina hoy gozan de buena salud, con altos niveles de audiencia y gran prestigio profesional. Los fortalecieron. Les salió el tiro del autoritarismo y la censura por la culata.
Ni Maduro ni Trump ni Cristina se dan cuenta que el negocio de los medios se hace sustentable si dicen la verdad. Es la única manera de fidelizar al lectorado, a los auditores y a los televidentes. Si un diario se equivoca seguido o engaña a sus lectores va perdiendo credibilidad y al final, la gente lo deja de consumir. A nadie, absolutamente a nadie le gusta que le mientan en la cara. Por eso nadie lee ni cree en los diarios adictos ni en los que tienen camiseta partidaria. Cristina sacó más de 12 millones de votos en su reelección y sin embargo sus medios se fueron al descenso.
El ejemplo más terrible es el Granma de Cuba. Es como un muro de Berlín pero de papel que se cae con una computadora y la posibilidad de navegar por las redes sociales.
Por suerte para la libertad existen los medios de comunicación. Para los populismos con intenciones totalitarias son enemigos porque dicen las cosas que ellos quieren ocultar.
Aman el silencio de los cementerios. Eligen a los que les chupan las medias. Jamás valoran la mirada crítica que es el ADN del periodismo y que si se sabe aprovechar es una buena manera que tienen los gobiernos de enterarse de muchos errores que cometen para después intentar corregirlos.
Trump no quiere que se diga que es un ignorante rodeado por fascistas que adoran las ideas discriminadoras y cargadas de odio racial del Ku Klux Klan. No quiere que los medios publiquen que su investidura convocó a mucha menos gente que la de Barack Obama. No se da por enterado de la realidad ni aunque le muestren las fotos tomadas desde el airo por un dron. Quieren publicar sus relatos ahora llamados “hechos alternativos” por los caraduras trumpistas. Hasta Guillermo Moreno, otro provocador del “nacional populismo”, dijo que Trump era medio peronista.
Maduro no quiere que se diga que con la muerte de Hugo Chávez se profundizó el derrumbe económico, social y ético de una sociedad donde el disidente va a parar a la cárcel como Leopoldo López y otros tantos y donde las Fuerzas Armadas son casi el único sostén de un gobierno que no solucionó ni uno solo de los problemas de los sufridos venezolanos. Al contrario, Maduro profundizó la inseguridad, la inflación, la pobreza, la delación y la censura en todos los planos. Su altanería vacía de neuronas le hizo decir que Mauricio Macri es “un ladrón y un bandido”.
Cristina no quiere que se diga que su gobierno fue el más corrupto y autoritario de la democracia recuperada en 1983. Que instaló una maquinaria desde el estado para perseguir periodistas y opositores y una verdadera asociación ilícita para saquear el estado como nunca antes se había hecho.
Un hombre de la democracia y la república jamás debe olvidar los juicios a periodistas en la plaza pública, los escupitajos a los afiches, bien al estilo de los escraches musolinianos y la utilización del aparato del estado para hostigar y estigmatizar a periodistas profesionales y políticos opositores con mentiras e injurias fogoneadas desde los medios públicos que deberían ser de todos y no de una facción. Por eso, insisto, ni cuando Cristina sacó el 54 % de los votos, los programas y medios cristinistas consiguieron algún tipo de logros ni la posibilidad de sustentarse con ventas y publicidad y no con un gigantesco y pornográfico festival de subsidios que pagaron todos los argentinos.
Maduro, Trump y Cristina tienen algo muy profundo en común. El autoritarismo que atenta contra la libertad de expresión. Deberían escuchar de vez en cuando a Serrat. Nos deja una enseñanza poética y fundacional: nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y encima dice que para la libertad, sangra, lucha y pervive.