Cabezas, presente – 25 de enero 2017

El grito me estremece el alma. Cientos de máquinas fotográficas que apuntan al cielo y gritan: “Cabezas, presente/ ahora y siempre”. Conocí a José Luis y era un chabón bravo como el mismo decía. Amaba profundamente su trabajo. Cada vez que gatillaba imágenes eran para buscar verdades o para producir bellezas. Esta mañana, en la crueldad de esa cava maldita, las palabras sabias de su hermana Gladys, dijeron muchas verdades: Primero que asesinar en la Argentina es gratis. Y segundo que la familia vive todo el tiempo con una amarga sensación de impunidad. Dos grandes verdades que comparten todos los familiares de víctimas de delitos en la Argentina. Algo muy grave pasa en la justicia para que hoy no haya un solo preso por semejante crimen mafioso, el más grave que atentado contra la libertad de prensa desde la recuperación de la democracia. El ex policía Gustavo Prellezo le metió dos balazos en la cabeza a Cabezas. Luego la banda del mafioso de Alfredo Yabrán lo prendió fuego hasta reducir sus sueños a cenizas. Sin embargo toda esa banda criminal integrada por lúmpenes del barrio “Los Hornos”, ex policías y un ex militar como Gregorio Ríos, están libres caminando por la calle con todos nosotros que nunca matamos ni una mosca.
El juicio oral y las condenas fueron ejemplares. Pero nadie las cumplió. Ni ocho años estuvieron entre rejas. Todos libres con distintas excusas y chicanas pseudo jurídicas. Que estudiaron o que van a la iglesia. O que hay demasiada humedad en la penitenciaría, y otras sanatas por el estilo. Una forma de seguir matando a Cabezas. Una forma de estrujar el alma y el corazón de sus familiares y compañeros de este maravilloso oficio de periodistas. Su viejo, don José se murió de tristeza y doña Norma, su madre, está en internada en un geriátrico con demencia senil.
Gustavo Prellezo fue condenado a perpetua en el 2.000 y en el 2010, hace 7 años ya gozaba de la prisión domiciliaria. Siempre primero el victimario para parte de esta nefasta justicia zafaroniana que favorece a los delincuentes y perjudica a las víctimas de delitos.
Hay que decir que la mafia de Alfredo Nallib Yabrán fue construída con la complicidad de la dictadura militar, sobre todo de la Fuerza Aérea, de varios gremialistas de aduanas, correos y aeropuertos, corruptos y patoteros, de dirigentes políticos y de un sector de la justicia. Por miedo, falso garantismo o por coimas muchos colaboraron y otros miraron para otro lado. Yabrán se suicidó de un escopetazo en la boca en el 98, luego de que la justicia decretara su detención. No resistió haber perdido la impunidad de la que gozaba.
Hoy Gladys dijo algo tremendo en relación a Prellezo. Lo liberaron porque se recibió de abogado, porque concurría a misa y visitaba a su familia. Gladys que ya no tiene más a su hermano hace 20 años dijo: “Estudiar o ir a la iglesia es un derecho. Pero asesinar es una elección” Y se preguntó con todo derecho y sentido común si la justicia que lo soltó estaba en condiciones de asegurar que Prellezo no iba a matar a nadie más a cambio de plata. ¿Quién nos puede dar garantías de eso, señores jueces?
José Luis tenía 35 años y tres hijos, Juan, Agustina y Candela. Su amigo y colega, Guillermo Cantón le escribió una hermosa canción donde dice que “una bala de fuego quiso callarte y te hizo más grande, inolvidable”.
Se me cierra la garganta de angustia. Me atrapa una profunda tristeza. Lo único que me libera es gritar con los compañeros fotógrafos: “Cabezas, presente/ ahora y siempre”. Le debemos mucho a José Luis. Y nos tenemos que comprometer frente a su memoria para seguir investigando a los corruptos y a los golpistas y no aflojar, como nos pide tanta gente.
Escribí más de 30 columnas en estos años sobre este dolor que no cesa. Sobre la personalidad provocadora, arriesgada, corajuda, porfiada y alegre de José Luis. Como todo buen reportero gráfico, se cargaba de adrenalina a la hora de molestar a los poderosos. ¿Qué otra cosa debe hacer un periodista que mirar críticamente a través de su lente o de su teclado a los que detentan todos los poderes? Eso hizo Cabezas. Con un dedo sacó de la oscuridad casi clandestina al dueño de muchos negocios sucios en la Argentina.

Lo iluminó sin flash, solo con su olfato y su corazón de periodista. Lo escrachó, lo vio caminando por la playa y no dudó en apuntar con su teleobjetivo. Destapó una olla nauseabunda. Abrió la puerta de un bunker que la justicia no había podido o no había querido abrir. Ayudó con su trabajo a hacer una Argentina más decente y menos corrupta. Se jugó la vida en eso. Y la perdió. Por eso los periodistas llenamos las calles de manifestaciones, de globos negros, de cámaras en alto y de reclamos de juicio y castigo a los culpables. Por eso instalamos alguna frases como esa que dice que “Todos somos Cabezas”.

Porque era estrictamente cierto. Yo supe muy temprano quien era Yabrán. Un periodista llamado Alfredo Gutiérrez que trabajaba conmigo en el diario El Cronista y que después pasó por Clarín, fue el primero en fotografiar su mansión custodiada como un cuartel militar. Y después padeció en carne propia las consecuencias. Invadieron su departamento, lo revolvieron todo y le dejaron amenazas sin robarle ni una moneda. Todos entendimos el mensaje. Por eso me indigné tanto que un pigmeo de 6,7 u 8 centímetros haya dicho que el periodismo que hacía José Luis era menor, de poca importancia. Hoy ese soberbio llamado Orlando Barone se victimiza y dice que nadie le da trabajo porque es cristinista. Eso habla de la altura del pigmeo, muestra desde donde miraba los acontecimientos. De su cobardía de nene bien acostumbrado a cubrir cócteles y frivolidades. Y también de su impunidad. Cuando Omar Lavieri y otros periodistas le preguntaron a Yabrán que era el poder para él, respondió: impunidad. Exactamente eso es lo que permitió que un propagandista del anterior gobierno disfrazado de periodista que cobraba cuatro sueldos que pagamos todos los argentinos, provocara de esa manera. Es tanto el entrenamiento para tergiversar la historia y reinventar un relato que se van de boca.

Tienen incontinencia oral. Son capaces de todo. De ofender la memoria y mancillar el honor de quien no puede ni defenderse porque está muerto. O mejor dicho, porque fue asesinado, precisamente por honrar este oficio que tanto odian los que chupan las medias oficiales. Porque con su picardía de Avellaneda y su Nikon de Japón, Cabezas, pudo burlar dos veces el cerco que rodeaba al delincuente más poderoso, que además, quería ser invisible.

“Que me saquen de encima a los fotógrafos. Sacarme una foto es como pegarme un tiro en la frente”. Esas dos frases de Yabran fueron las órdenes que ejecutó su jauría, su grupo de tareas. José Luis Cabezas, presente, ahora y siempre. Que en paz descanse y siga sacando fotos en el cielo para combatir a los mafiosos. Que su cámara siga siendo una humilde honda de David contra todos “los Goliat” de la corrupción y la obsecuencia. Por toda la eternidad. Para que nadie mate nunca más a nadie. Y menos a un chabón bravo como Cabezas. Para que nadie nos corte la cabeza a los periodistas. Nunca más.

Las mujeres y Trump – 24 de enero 2017

Junto al poeta Silvio Rodríguez podríamos decir:
“Me han estremecido/ un montón de mujeres/ Mujeres de fuego, mujeres de nieve.”
La dignidad se puso de pié. El hombre más poderoso del mundo quedó atrapado por la marcha de mujeres más importante de la historia de los Estados Unidos.
La dignidad se puso de pié. Al día siguiente nomás. Apenas Donald Trump se estaba acomodando en el salón oval, Washington, otras 600 ciudades de Estados Unidos y otras tantas de todo el planeta salieron a la calle a levantar la bandera de la dignidad frente a los atropellos del magnate que está fundando algo que podríamos denominar el “nacional populismo”. Un experimento despreciable y peligroso por donde se lo mire. Una mezcla de Chávez y de Putin.
“Me estremecieron mujeres,
que la historia anoto entre laureles
y otras desconocidas gigantes
que no hay libro que las aguante.
Me han estremecido… un montón de mujeres, mujeres de fuego, mujeres de nieve”.
Más de 600 mil en la capital norteamericana y más de 2 millones y medio en todo el mundo utilizaron armas de destrucción masiva de misóginos, sexistas, machistas prepotentes y discriminadores. Hablo de la conciencia que hizo estallar a las multitudes en las calles con apenas un mensaje en Facebook. Fue la mecha que encendió la rebelión. Entre el arsenal que disponen, cuentan con la diversidad y un arco iris de colores de piel, de religiones, de convicciones. Todas fueron una contra Trump.
Fue emocionante que como todo casco protector usaran unos gorros color rosa tejidos que tenían orejitas de gato. Fue todo un emblema. Porque durante la campaña, en su enésimo exabrupto, este Donald que se parece más al codicioso tío Rico que al simpático pato, dijo que alguien poderoso como él podía manejar a las mujeres como quería con solo agarrarlas de la Pussy. Esta palabra en el lenguaje vulgar significa dos cosas: un gatito y los genitales femeninos. Por eso las mujeres contragolpearon con esos sombreros llamados “Pussy hats”.
Esa marea rosa demuestra que ellas tienen un sueño en marcha. Como la marcha sobre Washington de Martin Luther King pero con mucha mayor masividad todavía. Luther King en 1963 convocó a 250 mil personas para pelear por los derechos civiles para los negros. Miles de carteles, tantos como pensamientos. Me impactaron dos: uno que decía “Los hombres de calidad no temen la igualdad” y una morocha de casi 80 años, con un papel escrito a mano que decía: “Nasty Woman”. Nasty significa “asquerosa”. En uno de los debates que Trump tuvo con Hillary Clinton, el prepotente se quedó sin argumentos y casi como una rendición masculló esas palabras: “Nasty woman, mujer asquerosa”. Ignorancia e impotencia con pelo color naranja.
Este levantamiento global con las mujeres a la vanguardia, fue puesto en palabras y en baile sobre el escenario por Madonna: “Bienvenidos a la revolución del amor. Nuestra negativa como mujeres a aceptar esta nueva era de tiranía, en la que no solo las mujeres están en peligro, sino todas las personas marginadas”.
Fue un tsumani de alegría y lucha. Un reguero de pólvora contra el trasero de este abusador de mujeres que está sentado en el sillón más importante del mundo. Nadie nunca asumió con tanta imagen negativa y con tantas protestas por las calles. Otras dos pancartas geniales: “Hey Trump, las mujeres también son personas” y un dibujo que decía: “Trump, el caniche de Putin”, otro energúmeno del nacional populismo.
Reconozco que soy periodista y para Trump soy un ser deshonesto, como acaba de decir. Pero aunque él no lo crea, igual que los Chavez, los Kirchner y los Le Pen, entre otros, la inmensa mayoría de los periodistas disfruta con la búsqueda de la verdad desde la mayor honestidad intelectual.
En ese camino vamos a chocar siempre con un mentiroso que se cree sus propias mentiras. Estaba enojado porque los diarios mostraron las fotos de los días en que asumió Obama en comparación con su asunción. Y se veía claramente en las fotos que con Obama había más del doble de gente. No hacía falta ser un experto perito para eso. Pero los autoritarios se ponen locos cuando la realidad les demuestra lo contrario a lo que ellos dicen y piensan.
Algo muy importante está pasando en el rompecabezas del planeta. La consagración legal de Trump pero con tres millones de votos menos que Hillary y la grieta instalada que coloca del otro lado a los que quieren un mundo con más libertades, con más igualdad y con la cabeza abierta y discriminación cero. Era un canto a la participación ciudadana esos miles de norteamericanos que llenaron esa franja de 3 kilómetros que une el Capitolio con el Monumento a Lincoln y que le respira la nuca a la Casa Blanca. Esa gigantesca ágora, esa plaza pública se llenó de mujeres de todo el abanico de la diversidad. Desde jubiladas en sillas de ruedas hasta muchachas con hijos recién nacidos en sus mochilas. Todas las voces todas. Fueron canción en el viento. Había un muñeco de Trump con cabeza de calabaza que encima era una marioneta manejada por el Trump ruso llamado Vladimir.
Desde chico Donald John fue revoltoso, altanero y agresivo. A los 4 años ya tenía chofer y vivía en una casa con 23 habitaciones. Apenas pudo le pegó una trompada al profesor de música. Cometió un sincericidio cuando dijo que no podía resistirse a besar una mujer y muchas ya salieron a denunciarlo por acosador. Tuvo tres esposas. La modelo checa Ivana Zelnickova con la que tuvo tres hijos y un divorcio escandaloso. Marla Maples y finalmente otra modelo pero eslovena llamada Melania Knauss que mide 1,80, tiene 46 años y es su esposa actual y madre del pequeño Barron de 10 años.
Tuvo su vida regada por fiestas de millonarios y participación en reality shows.
Dice que quiere hacer otra vez grande a los Estados Unidos pero empequeñece a las mujeres.
Por suerte para todos, las mujeres no se rinden y van a seguir dando batalla. Hay que ponerle límites a Trump. Es de esos tipos que te llevan por delante. Es de esos tipos que le hacen mal al mundo. Lo llenan de odio y lo contaminan con ideas propias de un dinosaurio. Pero no todo está perdido.
Eleanor Roosevelt, nació en 1884, fue diplomática, defensora de los derechos humanos y esposa del presidente Franklin Roosevelt. Ella supo iluminar con este pensamiento: “Ganamos fuerza, coraje y confianza por cada experiencia en la que realmente nos paramos a mirar al miedo a la cara. Debemos hacer lo que creemos que no podemos. Nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento.
De Trump a Roosevelt. De la oscuridad a la luz. Del autoritarismo a la libertad. Eleanor también es una mujer que me estremece, una mujer de fuego, una mujer de nieve.

El pelotudo de Cristina – 23 de enero 2017

Vergüenza ajena. Lo primero que uno siente al escuchar el diálogo entre Cristina y Parrilli es vergüenza ajena. Es una pornográfica exhibición de impunidad y humillación de quien fue dos veces presidenta de la Nación y quien fuera el jefe de la inteligencia de este bendito país. Le recomiendo que no se lo pierda. Es un logro de Luis Majul y lo vamos a escuchar completo para que no haya dudas. Escuche y después le doy mi opinión…
(VA AUDIO COMPLETO)
Primera aclaración. Este audio es absolutamente legal porque la intervención del teléfono del pelotudo de Cristina fue ordenada por un juez. La charla es del 11 de julio del 2016 y si me atrevo a decirle pelotudo a Oscar Parrilli, con perdón de la grosería, es porque así lo llama su jefa política sin que el atine ni siquiera a corregirla o a manifestar incomodidad. Confieso que me quedé corto. Yo le dije el viernes que solo me había atrevido a llamarlo “mayordomo” porque toda la información disponible decía que era de una obsecuencia sin antecedentes, que era un chupamedias de esos que ganan todos los premios al alcahuete. Se arrastraba ante una orden de Cristina. Lo cierto es que Parrilli ya tuvo la misma actitud con Menem, con Duhalde, con Néstor y también con Cristina. No sé cómo lo llamaban los anteriores presidente peronistas. Pero ella lo llama pelotudo y sabrá porque lo dice. Lo conoce muy bien. Para tratar de entender qué quiso decir Cristina fui a buscar la definición de la Real Academia Española de la palabra “Pelotudo”. Dice así: Dicho de una persona que tiene pocas luces. Lerdo. Parsimonioso. Tonto. Irresponsable. Insulto”.
Ahora me quedó claro lo que quiso decir Cristina con su insulto. Hace 34 años que hago periodismo político. Y si hay algo que nunca pude comprender es como una persona se convierte en un felpudo. Como un político que se supone pelea por la dignidad de las personas es incapaz de pelear por su propia dignidad.
Esto también confirma que una vez más, los periodistas que no nos pusimos la camiseta kirchnerista, teníamos razón en todo y nos quedamos cortos en algunos temas. La corrupción denunciada tenía magnitud pero nunca imaginamos las dimensiones colosales que se descubrieron después. Hablo del gobierno más corrupto de la historia democrática y de las montañas de dólares sucios y propiedades que nos robaron a todos los argentinos.
Todos sabíamos que Néstor y Cristina eran maltratadores. Públicamente lo demostraban contra los que tenían la osadía de contradecirlos pero también eran malos bichos con su propia tropa, jamás un agradecimiento, siempre un reproche y un insulto que degrada. A Julio de Vido llegaron a pegarle una cachetada y a mandarlo a comprar cigarrillos. A varios, Néstor Kirchner los manoseaba como si fuera un juego pero siempre el que manoseaba los traseros, era el a sus funcionarios. Jamás al revés. Eran juegos peligrosos. Los más dignos se fueron del gobierno entre otras cosas por ese trato típico de monarcas a sus súbditos. Hasta acá lo que tiene que ver con las relaciones interpersonales que hablan mucho de la condición humana y de la moral de cada personaje.
Pero hay más informaciones para este boletín. Porque este audio tiene complicaciones por todos lados para Cristina.
Primero porque dice en referencia a Antonio Stiuso: “a este caradura hay que matarlo”. Es una expresión que coincide con las denuncias del jefe de los espías kirchneristas que declaró ante la justicia que Néstor y Cristina querían matarlo y que lo mataron o mandaron matar al fiscal Alberto Nisman. Es más, luego del asesinato de un agente de inteligencia llamado Lauchón Viale que reportaba a Stiuso y de un ataque criminal contra Javier Fernández, Stiuso dice que le encargaron a Mario Ishii, intendente de José C. Paz que le sacara de encima a esta gente.
Como si esto fuera poco, Cristina comete un sincericidio cuando le dice a PP (el pelotudo de Parrilli) que busque “todas las causas que le armamos” a Stiuso. Después, de inmediato, recapacita, tal vez sospecha que la pueden estar escuchando y corrige: “las denuncias que le presentamos”. PP le confirma que son 8 denuncias y ambos coinciden en identificar a los jueces porque ninguna causa avanzó.
En otra parte de la reveladora charla, Cristina le pregunta a PP “¿A quién le armamos carpetazos nosotros” y PP contesta después de 4 segundos de silencio: “A Nadie, a nadie, era “El” (por Stiuso y no por Néstor) el que las armaba”. La parte en donde PP se muestra módicamente valiente es cuando se atreve a contradecir a la reina que le reclama traer a Paco (por Francisco Larcher) y a Icazuriaga (por Héctor, el Chango) ambos jefes políticos de los espías puestos por Néstor. “Yo no sé si es conveniente”, dice PP con tonito de “Cristina si ellos prenden el ventilador, vamos todos presos”. De todos modos ella insiste en que Larcher e Icazuriaga den la cara. Hoy ambos están alejados de la militancia y con un perfil más bajo que la autoestima de PP.
Cristina reta a Parrilli porque no leyó los diarios por internet, le pregunta a los gritos en donde está y con voz temblorosa PP dice primero que está en su auto en Neuquén y después que está en la casa de su hijo. Eso con diferencia de 15 segundos. Ella le ordena que se vaya a su casa y se ponga a trabajar. “Estas lento de reacción”, lo amonesta una vez más.
Es una tragicomedia que desnuda muchas mentiras y relatos presuntamente heroicos del ladriprogresismo. Hoy Diego, mi hijo, me dijo que esto era tan revelador de cómo eran estos muchachos, como los bolsos de José López y los dólares termosellados de Florencia.
Como corresponde a su carácter de funcionario, el fiscal Guillermo Marijuan denunció a Cristina y a PP por “abuso de autoridad, violación de los deberes de funcionario público y falsa denuncia según los artículos 245 y 248 del Código Penal”.
De todos modos, es el día de suerte de la ex presidenta. El sorteo de la denuncia cayó en el fiscal Franco Picardi y el juez Sebastián Casanello, ambos de clara militancia kirchnerista. Picardi es el que debe definir en primera instancia si imputa o no a Cristina. Picardi fue funcionario del ministerio de justicia de Cristina, aportante para la campaña del Frente para la Victoria e integrante de La Cámpora y Justicia Legítima. ¿Serán motivos para excusarse o demostrará su lealtad rechazando la denuncia de Marijuan? Pronto lo veremos. En el audio tanto Cristina como PP se auto inculpan. Casi es una confesión de partes. Son palabras que además, le dan más credibilidad a las denuncias de Stiuso. Y aumentan la posibilidad de descubrir a los espías paralelos. Pero esto recién comienza. Es probable que Cristina tenga razón y Parrilli esté lento de reacción y sea demasiado tonto. Lo grave es que ella es demasiado viva. Hasta que haya juicio, castigo y condena a la culpable.