Ni un Brian menos – 4 de enero 2017

Parece una película de terror. Un pibe de 14 años llamado Brian fue asesinado por otro pibe de 15 años, también llamado Brian. Si los argentinos queremos vivir en un país democrático, con seguridad, paz y bienestar no podemos permitir que esto se repita. Deberíamos levantar una pancarta en nuestro corazón y en nuestra conciencia que diga “Nunca más. Ni un Brian menos”. Ni un asesino ni un asesinado. Ambos pibes son las dos caras de la moneda de una degradación social que nos deja sin lazos solidarios mínimos y que nos acerca a la ley de la selva.
El presidente Mauricio Macri propuso dos cosas al respecto. Bajar la edad de imputabilidad de los menores de 16 a 14 años y conformar una comisión de expertos para discutir un nuevo régimen penal juvenil. Creo que es un acierto del presidente. Fomentar el debate y poner toda la gravedad del tema sobre la mesa. Y convocar a especialistas porque claramente estamos ante un problema de tal magnitud que, como primera medida, hay que sacarlo del chiquitaje de la pelea electoral y transformarlo en un tema de todos, en una agenda de estado. Por eso es positivo convocar a los que saben y estudiar sus propuestas y buscar los mayores consensos.
Después hay que comprender que una sola medida no soluciona absolutamente nada. Que con bajar la edad no alcanza. No mueve el amperímetro. Yo entiendo que hay una sociedad mayoritariamente angustiada que está reclamando endurecer las penas y castigar con todo rigor a los más chicos.
Pero la desesperación no nos debe empujar a la ceguera de fomentar la justicia por mano propia, por ejemplo. Hay que exigir a las autoridades de los tres poderes y a las fuerzas de seguridad que se pongan a trabajar en serio en este tema.
Los responsables de luchar contra la pobreza, la exclusión y la desocupación, deben poner toda su energía en extirpar el hambre y en bajar a cero la cantidad de jóvenes Ni Ni, que ni trabajan ni estudian. La marginalidad es la tierra fértil donde se instalan los narcos que utilizan soldaditos de campana y los entrenan para delitos más graves.
Hambre cero y educación diez podrían ser los pilares, los cimientos para enfrentar el tema del miedo que todos tenemos de que nuestros hijos no vuelvan de la escuela o la facultad y de que nuestros padres no vuelvan del trabajo.
Pero esa es solo la base. La condición necesaria pero no suficiente. La policía y los funcionarios que la conducen deben erradicar todo tipo de corrupción y gatillo fácil entre los uniformados. Hay que dotarlos de una ética y una capacitación profesional que les permita luchar contra el delito y los delincuentes como lo que son, servidores públicos. Es cierto que tienen que estar bien pagos y contar con la última tecnología en armas e infraestructura. Muchas veces los ladrones tienen mejores teléfonos o fusiles o vehículos que las fuerzas del orden.
Pero esto tampoco alcanza. Los legisladores tienen que reformar de una vez y para siempre el Código Penal. Los tiempos cambiaron y las penas tienen que ser duras pero los jueces tienen que tener la capacidad y el coraje para hacer que se cumplan esas sanciones. No es posible que por temor, coimas o ideologismo zafaroniano los magistrados se coloquen del lado de los victimarios y se olviden de las víctimas. Aquí la justicia tiene una gran asignatura pendiente. Muchos le llaman la puerta giratoria y es verdad. Es muy común que quien padeció un asalto o el crimen de un familiar, tarde más con los trámites y las denuncias que el delincuente en salir a la calle. Lamentablemente los gobiernos deben trabajar a ciegas culpa de la irresponsabilidad de los Kirchner. Cristina miró siempre para otro lado diciendo que la inseguridad era una bandera de los ricos y la derecha. Y Aníbal Fernández, su cómplice, prohibió la difusión de estadísticas sobre criminalidad a las que llamó sensación térmica.
Y aquí vuelvo al caso de Brian. Tiene 15 años y hoy no es imputable. Ya había caído preso en varias circunstancias por robos y otros delitos. Pero estaba en libertad y no en un instituto de rehabilitación. Un juez decidió dejarlo libre a pesar de que venía violando la ley en una escalada que tarde o temprano iba a terminar, como termino, en un salvaje asesinato.
Brian es culpable. Por supuesto. ¿Hay que marginarlo de la sociedad? Por supuesto. Alguien que mata a otra persona y sobre todo a esa edad no es de fácil recuperación. Pero lo que yo quiero decir es que si Brian hubiera estado preso, no le hubiese metido un balazo en la cabeza al otro Brian. Y algo más grave todavía. Sus padres deberían haber estado presos y hoy están libres. Los padres ayudaron a su hijo a escapar hacia Chile y ambos integran una banda de narcos y malandras de la peor calaña. Son culpables de todo lo que hicieron y también de lo que hicieron con su hijo. Lo convirtieron en un criminal. Aquí también debe haber legislación adecuada. ¿Qué castigo tienen las familias que abandonan a sus hijos o los empujan al agujero negro de los robos?
¿Dónde están ahora los padres de Brian?
Los padres del Brian muerto, desolados, sin alma, con un desgarro de luto en el corazón. Todavía no pueden creer que su hijo esté muerto.
Los padres del Brian matador están en libertad. Asesorados por abogados carísimos pagados por los narcos para meter chicanas legales y sacar a su hijo de la cárcel. No deberíamos perder de vista este caso que generó hasta una toma de una comisaria por vecinos indignados y asustados.
Ni mano ultraderecha dura con gatillo fácil ni mano boba que vive en otro mundo y libera a todos y no castiga a nadie.
Debemos recuperar la paz, la tranquilidad y la racionalidad.
Debemos comprender que mientras más chicos sean los asesinados y los asesinos más grande será el drama de este país. “Nunca más. Ni un Brian menos”, podría ser la consigna del futuro de nuestros días. ¿No le parece?

El pantano de Cristina – 3 de enero 2017

Encuesta de Le doy mi palabra: ¿Quién está atrapada sin salida en un verdadero pantano judicial con el barro hasta la rodilla? Opción A: Cristina. B: Elisabet. C: Fernández y D: De Kirchner.
Es lo mismo que ella preguntó con presunto humor a propósito del responsable de la muerte del joven Jesús. Versión corregida y aumentada de su chicana respecto de que la van a acusar de la muerte de Kennedy.
Nos trata a la mayoría de los argentinos de tontos. Nos quiere hacer creer que es una perseguida política y que si va presa como vaticinó Margarita Stolbizer, será una presa política. Se victimiza todo el tiempo. Quiere convertirse en un mártir de la lucha popular.
Por eso, una vez más vale la pena separar la paja del trigo y aclarar. Cristina no es una perseguida política. Está padeciendo la persecución penal por los delitos de corrupción más graves de la historia democrática.
Según el observatorio de corrupción de la Corte Suprema de Justicia, no de Jorge Lanata o Nicolás Wiñazky, Cristina tiene dos procesamientos y está denunciada e imputada en 20 causas en los tribunales federales.
Sus ideas políticas no tienen nada que ver. Es corrupción en estado puro. Mega choreo para decirlo en cordobés básico.
Es perseguida por la justicia que con muchas pruebas y argumentos la acusa de administración infiel, asociación ilícita en dos causas, malversación de fondos, abuso de autoridad; lavado de dinero, enriquecimiento ilícito, falsificación de documento público, cohecho, es decir coimas, lavado de dinero y como si esto fuera poco, traición a la patria, que tiene una pena de 10 a 25 años de cárcel por haber intentado encubrir a los terroristas de estado iraní que volaron la AMIA.
Las últimas imágenes del naufragio muestran de qué manera falsificaron el libro de actas de Hotesur y hasta la firma de Néstor Kirchner. En dos días dibujaron 7 años de contabilidad. Hasta liquid paper, utilizaron. No tienen moral ni vergüenza ni estómago. Casi que no han realizado ninguna actividad con honradez. Todo lo que hicieron tiene el sello de la estafa al pueblo. Es la enfermedad de la codicia sin límites. La bulimia por el poder eterno y el dinero sucio.
Además de fingir ser perseguida, Cristina responde de dos maneras. Utiliza a
Alejandra Gils Carbó y los títeres de Justicia Legítima como un mecanismo de protección e impunidad para los amigos y de persecución para los que no piensan como ellos.
Y empuja a su militancia a potenciar todos los conflictos hasta el extremo de la violencia. Desde las pedradas a un presidente constitucional como Mauricio Macri, en dos ataques que no tienen antecedentes en democracia hasta la incentivación de cientos de cortes de calles y rutas y tomas de ministerios.
Nunca una ex presidenta tuvo que presentarse tanto en tribunales y esto recién es el comienzo.
Nunca un presidente en actividad sufrió dos ataques feroces mediante una acción directa. El de Mar del Plata está impune por obra y gracia de fiscales y jueces militantes. Y el de Villa Traful va en el mismo sentido. Parece que nadie tiró el medio ladrillo que hizo estallar la ventana de la camioneta en mil pedazos al lado de donde estaba sentado el presidente Macri. Tal vez la piedra haya sido un invento de Clarín o de la “derecha israelí y norteamericana”, como dijo Cristina, cada día mejor discípula de Luis D’Elía, Fernando Esteche y Hebe de Bonafini.
Y eso, sin olvidarnos de la estafadora y maltratadora de los pobres, Milagro Sala a la que “Néstor y Perón, guían desde el cielo”, según la arenga de la militancia.
Le dije el otro día que Cristina está pasando las peores fiestas de su vida. Infelices fiestas le tocaron.
Ayer la justicia, no el periodismo ni los políticos, confirmó que su socio, amigo, testaferro y empleado Lázaro Báez tiene un patrimonio faraónico. Más de 2.570 millones de pesos y 418 propiedades además de casi un millar de vehículos, muchos de alta gama. El condominio en sociedad con Cristina fue tasado en 17 millones y una de las casas más lujosas y caras la tiene en Rio Gallegos, en la avenida Néstor Kirchner. Bingo.
Y como si esto fuera poco, la investigación que más la inquieta y asusta fue finalmente abierta. Hablo de la denuncia del fiscal Alberto Nisman que fue asesinado, según su ex esposa la jueza Sandra Arroyo Salgado. La acusación es brutal: proteger a los terroristas de estado que volaron el edificio de la AMIA por los aires y produjeron 85 asesinatos simultáneos.
Las pruebas llevan por los caminos oscuros de la traición al ex canciller Héctor Timerman, y los adoradores de Irán, Luis D’Elía y Fernando Esteche entre otros. Todo producto de la firma del tenebroso pacto con Irán mal llamado Memorándum.
Hay que recordar que el ex jefe de los espías del kirchnerismo, Antonio Stiuso dijo que a Nisman lo mataron grupos vinculados al gobierno anterior.
Por eso Cristina está en un pantano. Son arenas movedizas que demuestran que mientras más se mueve, más se entierra.
Otro mazazo que la hiere de muerte política fue el procesamiento que le dictó el juez Julián Ercolini que encima, ordenó un embargo por la friolera de diez mil millones de pesos que está en relación con la magnitud de los delitos cometidos.
Dice textualmente el juez que la ex presidenta es «Miembro preponderante de una asociación ilícita con una trama criminal de una complejidad inusitada». Estamos hablando de una pena que podría llegar hasta los 15 años de prisión. La resolución de Ercolini tiene 200 pruebas. Y denuncia sobre precios de más de mil millones. Y nada puede decir Cristina, ni Elisabet, ni Fernández ni de Kirchner de un magistrado como Julián Ercolini que fue designado en su puesto en pleno gobierno de su marido.. No era de la servilleta de Corach. Fue de la servilleta de Esteban Righi.
Hay que recordar que el juez Claudio Bonadío le dio una verdadera estocada de muerte al operativo ocultamiento de los bienes y la corrupción de la familia Kirchner. Cristina se creyó muy astuta en desapoderarse de forma fraudulenta frente al embargo de sus bienes. Una cosa que hizo en forma grosera fue transferirle 5 millones de dólares a su hija Florencia. Son los famosos fajos termosellados de la caja de seguridad que levantaron olas de indignación y la siguiente pregunta: ¿De dónde sacó esa fortuna una chica tan joven que nunca trabajó?
La peor noticia que podría recibir Cristina es la posibilidad de ir a prisión donde ya está Lázaro Báez. Y nadie descarta esa posibilidad. Por eso Cristina se hunde en el pantano de la justicia. Está atrapada sin salida.

La policía que necesitamos – 2 de enero 2017

Año nuevo, policía nueva. El jefe de gobierno de Buenos Aires está ante su mayor desafío. Si Horacio Rodríguez Larreta, con la flamante Policía de la Ciudad que debuta hoy, logra bajar los delitos e instalar un orden democrático se quedará a vivir en su puesto. La gente es muy agradecida. Pero si por el contrario, los crímenes, los robos y el caos callejero triunfan, su gestión, por mejor que sea en otras áreas, será fuertemente afectada. Se lo digo en forma más sencilla todavía. Rodríguez Larreta se juega su futuro político con este tema. Ese es el tamaño de su apuesta. Por algo fue el propio Mauricio Macri, su amigo, el que públicamente lo amonestó y le dijo que había que poner límites a la inseguridad y al despelote de la ciudad y que había que hacer una política distinta.
El ciudadano que vive o trabaja en la Capital en general, elogia por los metro buses, los subtes y las obras contra las inundaciones. Entre otras cosas, por eso ganaron Macri y Rodríguez Larreta.
Pero ahora hay una nueva instancia. La ciudad por momentos y al igual que el Conurbano, parecía tierra de nadie. No había autoridad que defendiera a los ciudadanos comunes de los que roban y matan para vivir o los que cortan calles todos los días para conspirar y debilitar al gobierno de Mauricio Macri.
Fue tan grande la catarata de delitos de la última parte del año que fue un caldo de cultivo para las aberraciones más increíbles. Por ejemplo la toma de prepo de la comisaría de Flores por parte de un grupo de vecinos indignados que luego tuvieron que replegarse porque la protesta genuina fue copada por un grupo pesado de barras bravas y algunos militantes kirchneristas que se prenden y fogonean toda queja contra Macri o Cambiemos. Todos los colectivos les vienen bien. Se meten y le meten fichas a los más violentos y sectarios. Es su manera burda de hacer política en esto días donde deberían estar rindiendo cuentas del desastre que dejaron en todos los rubros en general, pero sobre todo en la inseguridad. ¿Se acuerda de Cristina que ignoró el reclamo y dijo que era un problema de los ricos y una bandera de la derecha? ¿O de Aníbal Fernández, cuando no, que rompió el tontómetro y dijo que era una mera sensación térmica.
La realidad es que ya no hay más excusas. Hay una Policía de la Ciudad con todas las atribuciones y tecnologías de última generación. Es producto de la fusión de la Federal con 19 mil agentes más 6 mil de la Metropolitana. Es una fuerza que nace pero que tiene experiencia anterior. Sabe que la sociedad ya no tolera ni la corrupción de los uniformados ni la mala praxis ni la zona liberada. En ese camino, el gobierno de la ciudad dispuso que la caja policial sea manejada como cualquier otra repartición pública y no en forma autónoma como era antes. Había demasiados negociados oscuros y eso prostituía el ADN de toda fuerza de seguridad que debe tener orgullo, prestigio y el apoyo de los vecinos. Y de la única manera que los pueden conseguir es con el ejemplo.
Esa honradez debe ser el punto de partida. Los cimientos en donde se edifique la nueva credibilidad y donde se cierre la brecha abierta durante tantos años. Una policía de manos limpias y de mano justa, no de mano dura y tampoco de brazos caídos como por momentos pareció en estos últimos tiempos.
El gobierno ya les puso lo mejor para pertrecharse: uniformes modernos, armas y chalecos impecables, patrulleros de alta gama y con innovaciones importantes y hasta triciclos más seguros y potentes.
Si hay honestidad y capacidad profesional se terminan las zonas liberadas y las bandas mixtas de delincuentes con y sin uniforme. Pero eso no alcanza para pasar de la policía que tenemos a la que necesitamos. Necesita ser complementada con una justicia que se ponga a la altura de las circunstancias. Que no libere asesinos y ladrones como quien abre una canilla. Debe terminar la puerta giratoria. Los jueces que favorecen a los malandras ya sea por dinero o por un falso garantismo deben ser castigados y puestos en vidriera para que la sociedad los conozca y los controle. Casi todos los delitos más graves fueron cometidos por personas que ya habían cometido varios y que estuvo presa pero que fue liberada por alguna chicana semi legal. O por alguna coima hiper ilegal. La justicia y la policía tienen que trabajar codo a codo para que todos los ciudadanos vivamos en una sociedad democrática, republicana y que no sienta pánico a la hora de esperar que sus hijos vuelvan del colegio o la facultad o que sus padres vuelvan de trabajar.
Hay que evitar que cualquiera sea el dueño del espacio público que es de todos y a su vez de ninguno. Hay que desterrar los cortes provocadores que siempre pueden generar violencia y accidentes y además porque son ilegales. Y resolver este tema con inteligencia, sin represión salvaje, con la ley en a mano pero con firmeza y sin tener miedo a las críticas de los sectores más radicalizados que siempre van a ver criminilización de la protesta por todos lados. En ningún país del mundo se permite cortar calles o pasos de colectivos y mucho menos en horarios centrales y en calles estratégicas. Este país fue tan permisivo en esta cuestión que cualquiera que tenga un conflicto se siente con derecho a cortar las calles. Hay que tener un mensaje claro de respeto a las normas. Reclamar el respaldo político de los ciudadanos. Y actuar con astucia y prudencia y sin ferocidad. Se puede hacer. Buscar que cada piquete les traiga más costos que beneficios. Hasta ahora era todo ganancia. Si hasta los custodiaba al policía. Multar y llevar con la grúa a los colectivos que siempre los trasladan y quedan estacionados en lugares prohibidos. Duplicar en cantidad a los que protestas con fuerzas policiales sin armas letales, descubrir a los más agresivos e identificarlos para iniciarles una causa por alteración del orden público y otras figuras absolutamente legales.
Poco a poco se irá quebrando esa idea del viva la pepa. De que cualquiera puede hacer cualquier cosa. Una cosa es una marcha o un acto de diez o 15 mil personas que hacen reclamos justos. Eso es democrático y demuestra niveles de representatividad importantes. Esas quejas son incluso bienvenidas porque son el pulmón por donde respira la democracia. Pero el corte como método para generar el mayor caos posible y disimular al poco nivel de convocatoria que tienen es algo que no debe permitirse. No hay que tolerar a los intolerantes.
No hay que apostar al autoritarismo pero tampoco a la anarquía que genera la pasividad. Autoridad es lo que hay que reconstruir. Autoridades policiales y judiciales que apliquen la ley con todo rigor y sin amiguismos. Para que no haya más crímenes y robos todos los días. Para que todos los ciudadanos puedan ejercer el derecho a vivir en paz y a circular para ir a sus trabajos o estudios o a un hospital si es necesario. Basta de hablar en nombre del pueblo y perjudicar básicamente al pueblo.
Hay un nuevo comisario con fama de hombre de acción y de honestidad. Es abogado y tiene 58 años. Es muy bueno que los civiles tomen las denuncias para que los policías puedan estar patrullando las calles e investigando y persiguiendo al delito. El día que la policía y la justicia recuperen su prestigio en la comunidad las instituciones habrán pegado un salto cualitativo de madurez republicana. Ojalá pronto podamos verlo. Hoy no hay excusas. Hoy el pueblo quiere saber de qué se trata. Está cansado de promesas y engaños y por eso quiere ver para creer.