Gol en contra de Macri – 27 de diciembre 2016

Todavía faltan tres años para que termine el partido. Pero en términos futbolísticos se podría decir que el presidente Mauricio Macri se hizo un gol en contra al expulsar del equipo a Alfonso Prat Gay. Esa tarjeta roja es un error no forzado por donde se lo mire. Y la oportunidad de la decisión es una metida de pata gigantesca. No hay una situación de crisis y sin embargo todo fue apresurado y con un grado de improvisación preocupante. A la economía le faltan certezas y el presidente le sumó más incertidumbre.
Podría haber hecho un acuerdo previo con el ministro que se va y presentarlo como un ascenso, un pase a otro cargo o como una nueva etapa que necesita de otros hombres. Pero hizo todo lo contrario. En dos minutos lo tiró por la ventana como si fuera el responsable de una economía con más sombras que luces y que tiene indicadores peores que los que dejó Cristina.
No importa el tamaño del ego del Prat Gay. Eso es precisamente lo que tiene que conducir Macri. Ahí debe mostrar sus uñas de guitarrero y sus condiciones de estadista. Se demuestra liderazgo cabalgando sobre los talentos aunque sean soberbios. Es un signo de debilidad quedarse solo con los obedientes que siempre dicen que si a todo.
Este gobierno necesita en forma urgente ampliar sus bases de sustentación política y con este paso se achica y se refugia en lo conocido, en el equipo más chico y con menos trayectoria en el estado. Como el caracol, se cierra sobre sí mismo. Alfonso Prat Gay, de todo el gigantesco gabinete económico, era el que más experiencia de gobierno tenía, el más keynesiano y productivista, el que hizo su carrera de militancia política y el de mayor prestigio internacional. No sobran los ministros que apuesten a la construcción política. Uno de ellos, también economista, Rogelio Frigerio, quiso salvar a Prat Gay y el martes pasado en mi programa de TN, desmintió su renuncia y destacó su rol en algunas negociaciones. Hay que recordar que en la discusión sobre el impuesto a las ganancias, Prat Gay fue marginado por Macri y sus ojos.
Macri, desde que presidió Boca Juniors, sabe el gran valor de las individualidades que desequilibran los esquemas como Carlos Tévez, por ejemplo. Sin embargo eligió la zona de confort de los que vienen de ser exitosos en la actividad privada pero carecen casi de toda trayectoria en el mundo de lo público. Hablo de Mario Quintana y Gustavo Lopetegui a quien Macri le dio casi la suma del poder. Hoy ellos son los ministros de Economía. Son mis ojos, mi inteligencia, son yo, les dijo. Puso todos los huevos en la misma canasta. Si fracasa este esquema de atomización extrema de la gestión y la comunicación, fracasará el presidente.
El diseño de gabinetes con ministros fuertes y con cierta autonomía tiene como misión, entre otras, la de hacer de colchón y proteger a los presidentes de los costos políticos y del desgaste prematuro.
Hay diez personas que meten la mano en el plato de la economía. Sin embargo los graves problemas no se han solucionado y algunos fueron potenciados. Encima la administración del estado se hizo más lenta, burocrática y muchos sub ministros de economía tienen sub ejecutados sus presupuestos. Algo incomprensible. El presidente Macri es flexible en muchos aspectos pero en este tema es irreductible. No quiere superministros. Pero tiene tantos que no tiene ninguno.
El propio Nicolás Dujovne en una columna de La Nación, sugirió que había que buscar un punto intermedio y no irse de un extremo al otro. Le doy un ejemplo clarísimo: la inflación. Uno de los más grandes desafíos que tiene este gobierno. Alfonso Prat Gay nunca manejó la Secretaría de Comercio para monitorear los precios que se dispararon porque ese organismo depende de Francisco Cabrera y el ministerio de Producción. Tampoco pudo manejar el tema tarifario porque ese fue un resorte de Energía y Juan José Aranguren.
Faltan dos cuestiones claves: Un programa económico integral y explícito que diga con claridad hacia qué puerto vamos y cuáles son las etapas intermedias donde vamos a hacer escalas. Y una convocatoria amplia, multipartidaria y multisectorial para producir una agenda de estado con el máximo de consenso posible. Si esta instancia plural hubiera existido durante el primer año, tal vez Macri podría haber conseguido la gobernabilidad que consiguió pero sin gastar la fortuna que gastó.
El diálogo y los consensos hay que buscarlos con muñeca política, planteando nuevos escenarios y proyectos en común con otras fuerzas e incorporaciones que fortalezcan la coalición de gobierno. Con plata es más fácil y más rápido. Pero la plata se acaba y los que la reciben siempre piden más.
Dicen que ahora viene el tiempo de recortar los gastos en forma drástica. Ojo con ese tema. Si el oficialismo no gana las elecciones de medio tiempo tendrá graves dificultades. Achicar ministerios que duplican funciones, bajar las erogaciones frívolas e innecesarias está bien. Pero mucho cuidado con meterle la mano en el bolsillo a la gente. Pueden provocar rechazo electoral o algo peor, movilizaciones de protesta que siempre tendrán el impulso feroz del cristinismo destituyente en todas sus formas. Los economistas más heterodoxos dicen que no se puede hacer un ajuste en recesión. Que sería como tirarle nafta al fuego. Que hay que potenciar el crecimiento con sueldos que superen la inflación y el precio del dólar y reactivar el mercado interno haciendo un gran blanqueo de casi 4 millones de trabajadores en negro o informales. Eso sería un gran éxito como el blanqueo de dinero negro que es el más importante de la historia. Ningún plan se puede sostener con caídas del 11% en los supermercados, del 19% en los shopings o con destrucción de los puestos de trabajo. Si no se pone en marcha el motor de la economía es poco lo que se puede hacer para reducir la pobreza.
Por supuesto siempre hay que recordar que la herencia maldita del gobierno de Cristina es una hipoteca de gran magnitud difícil de afrontar. Pero ya pasó un año y se pueden mirar los números de este gobierno. Hoy hay más pobres y más desocupados pese a que Macri multiplicó la ayuda social. Hubo aciertos extraordinarios como la salida del cepo y del default. Pero por algún motivo la economía sigue con una recesión intolerable. Es difícil que el despido de Alfonso Prat Gay solucione algún problema. Creo que es un gol en contra de Macri. Pero, por suerte para todos los argentinos, el partido recién empieza.

Datos económicos
Encima anuncian más aumentos de tarifas para el año que viene: 8% para las naftas dentro de 15 días. Transporte, electricidad y gas tal vez no impacten demasiado en los precios por la recesión y el parate que hay pero pega fuerte en las expectativas para la negociación de paritarias.
Agricultura si viene bien: cosecha record de 124, 5 miles de toneladas.
2016 caída de la actividad e inflación mas alta que en el 2015. Mas pobres de 30 a 32. Más desocupados. Destruyeron 100 mil puestos de trabajo.
Recesión inevitable y mas profunda de lo esperado cuando se corrige el dólar 60%, los salarios 32% y 170 % las tarifas. Actividad: 2016 caida del 0,5%. ¿2017 crece entre 3 y 5%?
Tasa de interés muy alta, dólar bajo, caída del 6% del poder adquisitivo del salario real. Alerta roja: el déficit fiscal mas alto desde 1989 con la asfixia impositiva mas fuerte de la historia.Brasil esta mal como nunca antes. USA puede estar mal con Trump. Recesión de este año 2,3%.El segundo semestre no llego.
Las inversiones tampoco.

Todos somos Brian – 26 de diciembre 2016

Como todo chico de 14 años, Brian estaba esperando abrir los regalos que rodeaban el arbolito de Navidad en su casa de Flores. Venía de cortarse el pelo con su abuelo en el auto. Hasta que, de golpe, la Nochebuena se transformó en una Nochemala. En una tragedia. De pronto se cruzaron con dos malditos motochorros. Uno de ellos levantó su pistola 9 milímetros y le pegó un balazo a Brian en la cara. Después de una larga agonía, Brian murió y nos puso luto a todos los argentinos-
Brian se estaba debatiendo entre la vida y la muerte en la terapia intensiva del hospital de niños Ricardo Gutiérrez. Todos esperábamos el milagro navideño en cada encefalograma. Rogamos por su vida. Pero finalmente no hubo milagro. Hubo asesinato, dolor y por ahora impunidad. En el Facebook, su padre había colgado una foto juntos, frescos, alegres, abrazados como todo padre e hijo y puso un texto que te conmueve hasta las lágrimas:
“Hijo, no me bajes los brazos ahora, por favor Papi. Sé que la estás luchando y que vas a salir adelante porque sos un pibe muy fuerte y tenés toda la vida por delante. Te amo con toda mi vida.”
Eso escribió el padre desde el alma. O mejor dicho, desde el agujero negro de dolor que tiene en el alma. Brian estaba lleno de cables y con toda la ciencia al servicio de su recuperación. Pero no pudo ser. El tiro del delincuente le entró por la mandíbula. Primero murió su cerebro y hace unas horas murió Brian, y un poco morimos todos.
Estos dos delincuentes siguen prófugos. Le habían arrebatado una cartera a una joven mientras le apuntaban con la pistola en el pecho.
Nadie puede comprender los alaridos y el desgarro del corazón de la familia de Brian, el pibe futbolero que estudiaba en el colegio de la Medalla Milagrosa. Nadie lo puede creer. En dos segundos los festejos navideños pasaron a convertirse en un drama terrible.
Los vecinos indignados invadieron la comisaria 38 de Bonorino y Alberdi. Los más exaltados, gritaban que había zonas liberadas, que la policía no hacía nada, que hacen operativos para la gilada en las avenidas pero que no se atreven a meterse con las villas, sobre todo la 1-11-14 donde vive mucha gente honesta y de trabajo, pero donde también suelen refugiarse criminales de la peor calaña. Muchos de ellos vinculados a los narcos.
Los policías no van a fondo por varios motivos. Muchos porque son corruptos y reciben su parte del botín. Otros porque sienten miedo y no están preparados para un enemigo cada vez más poderoso y sanguinario y el resto porque no quieren tener problemas administrativos que afecten sus ascensos y carrera profesional. La cultura zafaroniana de que los delincuentes son víctimas de la sociedad capitalista penetró tanto en la justicia que es muy común que los policías sean los acusados y que tengan más problemas que los pistoleros. Por eso miran para otro lado. Prefieren no meterse. Ya están cansados de ver a ladrones a mano armada caminando los más panchos por la calle horas después de cometer un delito mientras los policías que se jugaron la vida y los atraparon siguen dando explicaciones en los tribunales. Gracias al falso garantismo kirchnerista los delincuentes siempre tienen muchas posibilidades de quedar en libertad. Y las víctimas o los policías son los principales perjudicados. Eso se hace bajar los brazos a cualquier policía. Y gran parte de esa culpa la tienen los jueces.
Un informe del Consejo de la Magistratura estableció que Flores es uno de los barrios con mayor cantidad de homicidios de la ciudad de Buenos Aires. Flores negras de luto. De los 175 crímenes, 40 fueron en Flores durante 2015.
La última encuesta de Managment & Fit para el diario Clarín es demoledora. Para el 34,5% de los compatriotas la principal preocupación es la falta de seguridad y tranquilidad. Esta cifra se duplicó de un mes al otro. El otro dato es realmente estremecedor y sirve como diagnóstico de la asignatura pendiente más complicada que tenemos que rendir como sociedad. El 77% de las personas que habitan este bendito país, casi 8 de cada 10 consultados dijeron que no confían en la justicia. Hay una encuesta de la UCA que es peor: dice que el 87,3% de la población se siente insegura en su casa, en el barrio y en la vía pública.
Es una exigencia a los tres poderes del estado para que se haga presente. Porque el otro dato que habla de la profundidad de la fractura social y de la ruptura de los lazos de solidaridad básicos es que más de la mitad de los argentinos justifica total o parcialmente la justicia por mano propia. Es decir matar para que no nos maten. Esto es gravísimo. Estamos demasiado cerca del infierno de la ley de la selva donde siempre gana el más poderoso. Es un retroceso a la no civilización democrática. Es el ojo por ojo y el diente por diente. Ya le dije muchas veces, con el ojo por ojo, todos nos quedamos ciegos. Es la venganza como forma de relacionarnos con nuestros semejantes. Es el estallido de la condición humana.
Hay muchos motivos nefastos que nos trajeron hasta acá. Yo soy un convencido que la exclusión y la marginalidad ignorada durante más de 12 años más el narcotráfico fomentado o tolerado produce la peor fórmula: cada vez menos condenados y cada vez más reincidentes. Tuvimos 12 años de un estado fabricante de delitos de corrupción y protector de malvivientes.
Así los delincuentes se envalentonan. Saben que en la relación costo-beneficio, les conviene robar o matar. Son conscientes de que es difícil que los encuentren. Y que si los encuentran es casi imposible que los juzguen y los condenen. Y que como si esto fuera poco, sabe que mucha legislación y el falso garantismo zafaroniano, están de su lado y protege a los que atacan a la sociedad y no a las víctimas. Es un cóctel explosivo.
Dice el experto Diego Gorgal que desde 1983 se han registrado más 70 mil asesinatos. ¿Escuchó bien la cifra? 70 mil crímenes, es un genocidio silencioso y en cuotas. Eso llenó nuestra vida cotidiana de viudas, de huérfanos, de familias destruidas y de murallas que encierran cada vez más barrios.
No hay que fomentar la mano dura ni el gatillo fácil. Hay que exigir que se cumplan las leyes. Que haya jueces que trabajen con dignidad y excelencia como jueces. Que las víctimas sean respetadas y que los victimarios dejen de ser más cuidados y protegidos que los ciudadanos honrados que se rompen el lomo todos los días para ganarse la vida con las manos limpias y la frente alta. No hay sociedad democrática sin premios ni castigos.
Brian era un pibe alegre como todos los pibes de 14 años. Pelo corto y remera deportiva. Los vecinos tienen un grupo en internet que se llaman “vecinos de duelo”, porque no es la primera vez que esto pasa. No aguantan más semejante impunidad. Demasiados robos y muertes demasiados fáciles y sin castigo ni condena. Necesitamos vivir sin miedo y no convivir con el miedo.
Brian estuvo en terapia intensiva del Hospital Gutiérrez, rodeado del afecto de su familia y apoyado por toda la tecnología médica. Pero no hubo milagro de navidad. Un balazo de 9 milímetros en la cara hace estragos. Hoy todos rezamos. Todos rogamos por Brian. Tenía apenas 14 años, carajo. Todos estamos con el pésame y compartiendo el dolor de su familia. Todos estamos de luto. Todos somos Brian.

Navidad es nacimiento – 23 de diciembre 2016

Esta es una de mis columnas preferidas. Un auto regalo que me hago en Navidad.
Hace más de 35 años que ejerzo el periodismo. Leí muchos libros y diarios, entrevisté gente sabia y conocí lugares que me dejaron muchas enseñanzas. Pero debo confesar que mientras más aumento mis saberes, menos certezas tengo. Una de las pocas certezas que me atrevo a defender es que nuestros hijos son lo mejor que tenemos. Que es lo que más felicidad nos produce. Verlos nacer. Verlos crecer. Y ni me quiero imaginar lo que debe ser verlos multiplicarse y hacernos abuelos. De eso saben algo mis viejos que esta semana cumplieron 63 años de casados. Esther y Mayor ya son siete veces bisabuelos con Eliana, Ezequiel, Uriel, Yael, Yoav, Yonatán, Sofia y uno más que viene en camino.
Eso yo todavía no lo experimenté porque mi hijo Diego recién tiene 27 años y está tan enamorado como yo de la aventura de ser periodista. De utilizar este maravilloso oficio para conocer, para curiosear, para investigar y para acomodar a los incómodos e incomodar a los cómodos. Que Diego haya pasado de ser estudiante de periodismo a periodista respetado, me produjo una de las mayores felicidades de mi vida. Un yacimiento de alegría que ni sabía que tenía. Su nacimiento como hijo y su nacimiento como periodista es por lejos, lo mejor que me pasó en la vida.
Casi todo lo demás son anécdotas. Van y vienen. Te dan energía o te quitan. Pero no son fundacionales como la relación entre los padres y los hijos. Ese vínculo es de acero.
Es una fábrica de esperanza inagotable. ¿Se puede explicar racionalmente esa felicidad? Es muy difícil pero para empezar creo que procrear, generar vida, aportar a la cavidad del amor de una pareja y prolongar la descendencia por los tiempos de los tiempos es en sí mismo el mayor de los milagros. No descubro nada ni pretendo descubrirlo. Digo que ese amor que se revela cuando ellos nacen es un manantial que desconocíamos hasta ese momento. El amor por lo hijos tiene una potencia inigualable. Uno es capaz de hacer cualquier cosa por ellos. Es lo único en la vida que se ama más que a nuestros padres o a nuestra pareja. Es lo único que se ama más que a uno mismo. Es uno mismo en el mañana. Sangre de nuestra sangre, vida cotidiana, gestos, genes. Verlos crecer es una felicidad cotidiana. Aprender a ser padre es una experiencia de una riqueza extraordinaria. Ensayo y error. Poner todo el amor pero sin asfixiar. Ayudarlo a cruzar todos los puentes pero sin cruzar por él. Empujarlo pero no reemplazarlo. Transmitirle valores con el ejemplo pero sin bajarle línea ni apelar a la moralina del dedito levantado. Yo siempre le digo a mi hijo lo mismo que mi viejo me dice a mí: “Cuidate, por favor, que si no te cuidas vos, quien te va a cuidar”. Es un ruego, casi un rezo. Un padre nuestro que estás en la tierra. Cuida a mi hijo, protegelo. Permitile crecer y permitime estar en la tribuna para alentarlo desde cualquier lugar. Permitime ver su crecimiento y ver su luz que me ilumina.
En el libro “Cuidate changuito”, contamos que mi fantasía es convertirme en una suerte de Guillermo Barros Schelotto y levantar los mejores centros para que él, convertido en su ídolo, Martín Palermo, los cabecee a la red. Y después darnos un abrazo de gol, que es lo más lindo de las tardes de Bombonera. A veces creo que ir a la cancha es una excusa para darnos abrazos profundos, emocionados. El desafío es ayudarlos a ser mejor que nosotros. Con más cabeza y más corazón. Con más ética y más sonrisas. Que sean valientes, generosos, divertidos, creativos y que aprendan a disfrutar intensamente los momentos de felicidad. Que sepa que se gana y se pierde. Que mucho, no todo, pero que mucho depende de nuestro esfuerzo. De los huevos que pongamos. De nuestro sacrificio. Son tiempos difíciles para ayudar a crecer a nuestros hijos. Son tiempos llenos de acechanzas y temores. Con muchos miedos. Miedo a que les roben, a que tengan un accidente, a que se droguen, a que se aburran y no encuentren su camino. Y el miedo más terrible: a que no sea feliz.
Está absolutamente probado que las cosas materiales que les podamos regalar los van a poner contentos y van a estar muy agradecidos. Una pelota reluciente, una play aunque sea usada, una bicicleta medio pelo, lo que sea, va a ser bienvenido por ellos. Los llenará de alegría. Pero la felicidad máxima es cuando nos entregamos nosotros. Cuando ponemos el cuerpo y toda nuestra piel. Cuando somos padres presentes. Y vamos al acto en la escuela donde hace de San Martín. Y nos disfrazamos de lo que sea en la fiestita del jardín. O cuando lo llevamos a los entrenamientos de fútbol o básquet o a aprender natación. Ese tiempo compartido vale oro. No tiene precio. Porque jugamos con ellos a juegos que inventamos juntos. Confieso que me gustaba leerle en voz alta y sobreactuando un cuento una y mil veces y solía dormirme antes que él, igual que cuando hacíamos luchitas arriba de la cama y yo me derrumbaba de cansancio.
Siempre digo que una mesa de ping pong en el medio del living me permitió medir el crecimiento de Diego. Al principio, mientras él aprendía yo me dejaba ganar para que no se desmoralizara. Después los partidos eran parejos, de hacha y tiza. Yo ganaba y daba la vuelta olímpica alrededor de la mesa y cantaba la marcha del deporte que la aprendió por eso. Y cuándo él ganaba, relataba el triunfo imitando el estilo de Alejandro Fantino. Pero jamás olvidaré cuando me dí cuenta que en determinado momento era Diego el que se dejaba ganar al ping pong para no humillarme. Me miré al espejo. Lo miré y dije: “O yo me estoy poniendo viejo o el changuito creció. O ambas situaciones”.
La navidad es muchas cosas según el cristal religioso, histórico y cultural con que se mire. Yo ya le dije que no soy muy creyente. Que soy más bien agnóstico como buen periodista pero que admiro y hasta envidio a los creyentes. A la gente de fe. Pero creo que la Navidad en su primer y último contenido transmite el mismo valor y concepto del nacimiento. Del génesis, del comienzo. Por eso la navidad es tan fuerte, por eso conmueve tanto. No es un momento más en la vida de las personas. Es el comienzo de la vida, el nacimiento, el origen, no importa cuál sea la religión que profesemos si es que alguna vez profesamos alguna. Navidad es nacimiento y como le dije al principio no hay palabra superior ni mayor milagro. Ese gigantesco océano de amor interminable se resume en nuestros hijos. Que todos nuestros hijos, los de nuestra familia y los de nuestro país sean muy felices y que nazcan tantas veces como sea necesario hasta que sean felices. Ese es mi deseo para todos nosotros y para todos ustedes. Por eso brindo. Feliz Navidad, feliz nacimiento.