Propinas de De Vido – 22 de diciembre 2016

Pobre Julio de Vido. No sabe hablar portugués. Ese es su gran problema pero puede ser su gran excusa cuando la justicia lo convoque a dar explicaciones. Puede decir que no sabía que en Brasil, coimas se dice propina.
Pobre santo don Julio. El entendió mal por la falta del idioma. Los 35 millones de dólares que la empresa Odebrecht repartió en Argentina para don Julio eran propinas. Jamás se imaginó que eran coimas. Pensó que se trataba de una atención por la buena voluntad. Un regalo empresario de fin de año, como si fuera una caja de champagne. Jamás imaginó que esos 35 millones de dólares que llegaron de Brasil le iban a complicar tanto la vida.
Porque las coimas, digo las propinas, fueron pagadas durante el mandato de Cristina y a cambio del otorgamiento de obras que necesitaban la firma de don Julio y Josesito López, el que escondió 9 millones de dólares de propinas en el convento de la monjita Inés que pensó que los fajos de verdes termosellados eran paquetes de fideos.
De Vido no se merece esto que le está pasando. No puede ser castigado por no saber portugués. Es una injusticia. Pero ahora que sabe que coimas se dice propinas se le puede dar algunos consejos para que pueda zafar.
Primero: prenda el ventilador. Para arriba y para abajo. Ensucie a Cristina y diga que fue ella la que habló con Marcelo Odebrecht y que usted solo fue un valijero que retiró los 35 millones y se los llevó a Olivos y nunca más los vio. O mejor diga que el que los recibió fue José López que no es su mano derecha y que nunca le preguntó que hizo con ese dinero. Que no le gusta meterse en la vida privada de nadie.
Esta es una buena solución porque las coimas pasaron por su ministerio porque las obras eran de su ministerio.
Si esto no funciona, estimado De Vido, ponga en marcha el plan B. Denuncie que hay una persecución en su contra de parte de la justicia de Brasil, Estados Unidos y Suiza a donde se hizo la confesión y de la que también forman parte los medios argentinos que son infaltables en toda confabulación. Diga por alguna radio amiga, la de Electroingenería, por ejemplo, que se la tienen jurada porque es peronista. Que Horacio Verbitsky le haga un favor. Que asi como dijo que Milagro Sala era igual a Nelson Mandela, diga que usted Julio de Vido es igual a la Madre Teresa. Y que Zaffaroni declare que usted será un preso político cuando sea un preso. Pero que espere hasta que usted esté en la cárcel. No falta mucho. Que no sea un denunciador precoz.
Don Julio, salga de la depresión y el perfil bajo. Convoque a actos con La Cámpora y corten la calle Brasil, dicte cátedras en las universidades nacionales y populares kirchneristas expertas en telenovelas de Andrea del Boca, y haga todo con obediencia de vida y a su debido tiempo ¿me entiende, no?
Estos empresarios brasileños no saben qué hacer para desprestigiar su inmaculada figura. Dicen que las propinas las pagaron por la ampliación de un gasoducto, la construcción de una planta de agua y de una refinería para YPF, todas obras de su ministerio. Puede rezar para que lo reciba el Papa Francisco. Un rosario y una bendición no se le niega a nadie. O mover sus influencias para que a ningún fiscal se le ocurra meterse de lleno en el tema y preguntarle a Marcelo Odebrecht que está bajo el régimen de la delación premiada, quien fue el que recibió la coima en la Argentina. ¿Quién es el eslabón argentino del Lava Jato?, es decir del lavado de dinero rápido.
Por el soterramiento del Sarmiento tal vez le pueda echarle la culpa a Ricardo Jaime. El siempre manejó los trenes y ahora está preso después de haber confesado ser un corrupto. ¿Qué le hace una mancha más a Jaime?
La otra es decir que usted no se ocupó de las propinas de Odebrecht porque estaba ocupado con las coimas de Lázaro Báez. Que 35 millones de dólares para usted es un vuelto. Que usted estaba atento a los 1.000 millones de sobreprecios que cobró el ex cajero del banco y socio de los Kirchner. Que todos estaban robando para la corona de Cristina, para la dinastía Kirchner. Y que después Lázaro también diga que es un perseguido político y que Verbitsky lo compare con Martin Luther King.
Si todo esto no funciona y la justicia se empecina en citarlo, finalmente don Julio tendrá que jugar el as de espada. Llame a Tarzán de mi parte y que la Mona Chita que no es ninguna gorila le cuente donde está escondido y prófugo su cuñado, Claudio “El Mono” Miniccelli. Tal vez en el Africa haya alguna tribu que lo quiera recoger en su seno.
El clima navideño me empuja a intentar ayudar a una persona íntegra y ética como Julio de Vido. Dicen que el pobre está bajoneado y no tiene ni un villancico para escuchar. No tiene noches de paz ni noches de amor. Parece que el dinero no le alcanzó ni para armar un arbolito. Que está gastando todo su sueldo de diputado en abogados. Vaya toda mi solidaridad para este inocente funcionario que acompañó al kirchnerismo desde su fundación hasta su fundición. De hecho fue el jefe de operaciones del plan sistemático para saquear el estado mediante una asociación ilícita comandada primero por Néstor Kirchner y luego por Cristina. Esta es la principal conclusión que sacaron los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques y por eso pidieron su declaración indagatoria. Es que el principal vehículo del robo, fue el direccionamiento de la obra pública con el consiguiente sobreprecio del cual el adelanto se transforma en coima o retorno o propina, como a usted le guste llamarla.
Pero además de ser el jefe de operaciones, es decir el cajero, como bien lo bautizó muy tempranamente la doctora Elisa Carrió, fue el ministro garante de un silencio mafioso similar a la omertá. Por eso De Vido construyó en la justicia una coraza protectora para que nadie lo citara. Y aunque ese blindaje se rompió hace tiempo, De Vido sigue siendo un disciplinado engranaje al servicio de Cristina. Es verticalista en lo político y obediente en los negocios sucios. Por eso ahora va a correr la misma suerte que Cristina. Si Cristina va presa, primero va a ir De Vido. Si Cristina se salva, el ministro que más tiempo acompañó a los Kirchner, también se salvará.
De Vido es un individuo con cara de piedra para negar todo. Aprendió de los Kirchner que al principio lo maltrataban como si fuese un esclavo. Cuentan ministros del gabinete del gobernador Kirchner que alguna vez Néstor lo cacheteó en público y lo mandaba a comprar cigarrillos.
Hoy está parado en una ciénaga legal. Mas se mueve más se entierra. Es que todas las ollas que se destapan despiden el olor nauseabundo de la corrupción.
Es el típico realismo mágico de la Patria Grande del ladriprogesismo de matriz santacruceña. Se lo digo en castellano. A De Vido se le viene la noche. Y también se lo digo en portugués: a De Vido, “noite vem”. Vocé me entende? Muito Obrigado.

Está grave el sentido común – 21 de diciembre 2016

Atención señores oyentes. Este es un llamado a la solidaridad: Se necesita sangre de cualquier grupo y factor para un paciente grave que está internado en terapia intensiva. Se llama “Sentido común” y hace tiempo que viene padeciendo una enfermedad que lo deja al borde de la muerte.
La ausencia del Sentido Común, el de la racionalidad y la prudencia, se siente todos los días en la vida turbulenta de nuestra bendita Argentina.
El sentido común es el arte de resolver problemas y no de generarlos, es el punto intermedio entre la estupidez y el ingenio.
El antónimo de Sentido común podría ser el Señor Despropósito. Y está demasiado presente a toda hora y en todo lugar. Se podría decir que el Sr Despropósito es el personaje del año. No se pierde una. Parece Dios porque está en todos lados.
Despropósito mata a Sentido Común. Es su enemigo acérrimo.
Despropósito es que los gremios del transporte, los que más ganan y tienen el “privilegio” de pagar impuesto a las ganancias hayan dinamitado el esfuerzo cotidiano de los trabajadores más pobres que se suben a los trenes y los colectivos como el primer paso para ganarse la vida con dignidad. Fue muy triste ver a laburantes juntar unos pesitos entre cuatro para tomar un taxi que tampoco se conseguía. Los que no quieren pagar impuesto a los sueldos altos perjudicaron a los trabajadores que darían un brazo por pagar impuesto a las ganancias. Insolidaridad sindical se llama eso.
Despropósito es que Marcos, uno de los jefes narcos más sanguinarios haya estado en un lujoso barrio cerrado viviendo como un rey y bajo la figura de detención domiciliaria. Lo dejaron en libertad condicional porque había terminado en la cárcel un curso de mecánica. Garantismo corrupto se llama eso.
Despropósito es que viejos capangas de la maldita policía bonaerense hayan estado reclutando a compatriotas marginales y excluídos para sembrar de saqueos y violencia en la provincia de Buenos Aires. Eso se llama delito con y sin uniforme.
Despropósito es que comandantes piqueteros que se creen revolucionarios estén tirando nafta sobre todos los incendios sociales con el objetivo de voltear al presidente Macri. Hace semanas que vienen cortando las principales calles todo el tiempo y a toda hora con grupúsculos irrepresentativos y violentos. Aprovechan que el gobierno de Cambiemos se resigna y les cede el control callejero. Eso se llama golpismo cobarde.
Despropósito es que Horacio Verbitsky haya comparado a Milagro Sala con Nelson Mandela y que Eugenio Zaffaroni, juez durante dos dictaduras, diga que la jefa de los tupaqueros es una presa política. Mandela fue el símbolo de la lucha pacífica, de la honradez y de la ausencia de odio y revanchismo. Todo lo contrario de Milagro que lideró un estado paralelo patotero, corrupto, cargado de resentimiento que humilló a las mujeres más pobres. Eso se llama ideologitis, la inflamación de la ideología que se concentra en los ojos y solo permite ver lo que uno quiere ver.
Despropósito es que el Papa Francisco haya recibido a Alejandra Gils Carbó durante una hora y media y la haya alentado para que siga en su camino. El Papa que es un luchador a favor de las manos limpias y la transparencia bendice a quien es la jefa de operaciones de Cristina en la justicia para conseguir la impunidad de la ex presidenta y sus cómplices del gobierno más corrupto de la historia. Es incomprensible que una persona tan solidaria y brillante como Jorge Bergoglio no haya registrado que recibir a personajes mafiosos y nefastos como al Caballo Suárez que hoy está preso, manchan su imagen que debe ser inmaculada. Eso se llama participar en el chiquitaje de la política en lugar de la grandeza que Francisco tiene en su lucha por la paz y contra la pobreza en el mundo.
Despropósito es lo que denunció el genial Rolo Villar a través del humor cuando dijo que la Patagonia queda en una estancia de Lázaro Báez. El socio de Cristina es el más grande terrateniente de la Argentina. Ni el mismo sabe cuántas propiedades posee. Los vehículos los cuenta por cientos. Y encima está pidiendo la excarcelación igual que Milagro Sala. Lo único que falta es que Verbitsky y Zaffaroni digan que Lázaro es un preso político y lo comparen con Martin Luther King.
Despropósito es lo que muchas veces hacemos los argentinos. La sociedad no es inocente de todo los que nos pasa. Muchas veces nos creemos más piolas y vivos que todos. Esa mal entendida picardía criolla que es un camino de ida al delito. Se lo resumo con un chiste que anda circulando por las redes. Resulta que Donald Trump pide presupuesto para pintar de nuevo la Casa Blanca. Un contratista chino le pide 3 millones de dólares. Un europeo le pide 7 y un argentino le pide 10 palos verdes. Trump piensa y le pregunta los motivos a cada uno.
El chino le dice: Un millón en pintura, un millón en mano de obra y un millón en ganancias. Total: tres millones de dólares.
El europeo le dice: 3 millones en pinturas de alta calidad, 2 millones de mano de obra especializada y dos millones de ganancias. Total: 7 millones de dólares.
El argentino la hace más fácil: Don Trump, amigo, capo, le dice: son 3 millones para usted, 4 millones para mí y con los tres millones que sobran le encargamos el trabajo el chino.
Desde Freud y el chiste en su relación con el inconsciente para acá, muchas veces el humor explica lo inexplicable.
Despropósito es que el fanático kirchnerista que le pegó una trompada feroz a Nicolas Wiñasky todavía ante libre y sin que nadie lo moleste por la vida. O que el Mono Minicelli, el cuñado de Julio de Vido todavía siga como prófugo de la justicia pese a mi insistente pedido a Tarzán y la Mona Chita para que nos ayuden a encontrarlo. Ni el agresor de Nico ni el pariente de De Vido parecen ser poderosos criminales organizados con una estructura de protección importante. Eso se llama impotencia de estado y policía ineficiente y corrupta.
Podría seguir toda la tarde con ejemplos del daño que nos hace el Sr Despropósito que aprovecha la ausencia de Sentido Común.
El sentido común es el instinto de la verdad, dijo un pensador. Para Napoleón era un valor clave para lograr cualquier triunfo.
Pero para nuestro talentoso Jacinto Benavente, ser genial es más fácil que tener sentido común. Por ahora está en terapia intensiva. Sería bueno que tomemos conciencia y quebremos ese mandato cultural de hacer todo siempre fuera de la ley. Porque si lo seguimos haciendo, no tendremos derecho a quejarnos de gobernantes ladrones que son a nuestra imagen y semejanza.
Combatir el despropósito y salvarle la vida al sentido común, nos van a salvar a nosotros. Es así de sencillo. Y así de complicado.

La genia cordobesa – 20 de diciembre 2016

Hace tres meses yo le conté la epopeya maravillosa y esperanzadora de una compatriota que se llama sencillamente Gabriela González. Como tantas Gabrielas y tantos González que siembran nuestra patria.
En mi caso es doblemente compatriota porque es argentina y cordobesa. Y eso me provoca doble orgullo.
La noticia es que la revista Nature, una de las más prestigiosas del mundo, acaba de incluirla liderando una lista de las diez personalidades científicas más destacadas e influyentes del planeta. ¿Qué me cuenta?
Gabriela vivó su niñez en un barrio de trabajadores. Supo entrenar su esfuerzo y sacrificio en el colegio Luterano Concordia y terminó el secundario en la escuela Sarmiento del glorioso barrio de San Vicente. Pedro, su padre contador público y Dora, su madre profesora de matemáticas, supieron transmitirle el amor por los números, las ciencias duras y la apuesta a la movilidad social ascendente producto de su propio sudor y capacidad.
Gabriela Nació hace 51 años y hoy lidera un proyecto que confirmó la última predicción de Albert Einstein respecto de la existencia de las ondas gravitacionales. ¿Escuchó bien? No se desespere. Ahora voy a tratar de explicarle que es eso de las ondas gravitacionales. Pero quiero destacar que aquella nenita que sufría cuando perdía Belgrano porque veía sufrir a su viejo, hoy conduce un experimento que nuclea a 1.500 de los científicos más destacados del mundo que pertenecen a 15 países. Ella fue, en su inglés con tonada, la que comunicó al planeta uno de los descubrimientos más importantes de nuestro tiempo, solo comparable con la determinación de la estructura del ADN. El director del Instituto Max Planck de Alemania y uno de los más prestigiosos de la tierra, le dijo a la BBC que el descubrimiento del grupo que encabeza Gabriela, merecía el premio Nóbel. ¿Qué me cuenta? Pero esto no termina acá.
Stephen Hawking, el genio experto en agujeros negros, dijo que se encontró “una nueva ventana para mirar el universo que va a revolucionar la astronomía”. Me da ganas de decirle a Gabriela: “Pinta tu aldea y serás universal”. ¿Sabrán estos talentos donde queda el barrio Los Plátanos y la cancha de Belgrano? Registrarán la identidad de los que contamos chistes, tomamos ferné y bailamos cuartetazos cómo nadie?
Gabriela hoy está en la cumbre de la ciencia porque le puso coraje y creatividad a sus sueños de revelar los misterios del cosmos. Cuando Pedro escuchó de boca de su hija que iba a estudiar en la Facultad de Matemática, Astronomía y Física de la Universidad Nacional de Córdoba, la felicitó porque siempre fue un lugar de excelencia pero para sus adentros pensó:” pobre Gabriela va a terminar siendo profesora toda la vida”. Pero por suerte, Pedro se equivocó. En un curso sobre gravedad, Gabriela conoció el universo del amor y las buenas ondas. Se casó con otro talento mediterráneo llamado Jorge Pullín y mirando el cielo, como hacen los enamorados, resolvieron irse a los Estados Unidos a seguir potenciando sus cerebros privilegiados. No fue fácil. Porque nunca es fácil trepar la montaña más alta. Consiguieron trabajo en dos universidades que estaban a 10 horas de distancia. De lunes a viernes vivieron separados durante 6 años. Se juntaban en algún seminario y los fines de semana dormían juntos en una casa rodante que quedaba a mitad de camino. Ella estaba en Instituto Tecnológico de Massachussets y el, en Pensilvania. Después recorrieron varias de las mejores universidades. Hoy lograron el sueño de trabajar en los mismos laboratorios y claustros de la universidad de Louisiana. Pasaron momentos terribles. Jorge tuvo que enfrentar a un maldito cáncer que no les permitió tener hijos. Por suerte lo derrotó con una energía tan grande que pudo cumplir su promesa de correr 50 maratones en los 50 estados del país en el que viven.
Tal vez por eso Gabriela ama tanto a sus sobrinos, a los hijos de su hermano Javier. Fíjese que casualidad mágica. Gabriela visitó por última vez Córdoba porque el senado de la Nación le iba a dar la máxima distinción, la orden Domingo Faustino Sarmiento. Y ella fue feliz. Lloró y rió junto a los suyos por tanto esfuerzo recompensado. Pero al día siguiente fue igualmente feliz porque Melina cumplió 10 años y obviamente la tía Gabriela es la principal invitada. Allí la familia jugó con Selena de 14 y Manuel de 6 y todos pedirán los tres deseos a la hora de apagar las velitas en la casa de Mendiolaza donde sin telescopio puede observarse el otoño más bello del mundo. Todo muy austero y familiar. Como siempre en la familia González. Jorge y Gabriela hicieron la fiesta de casamiento en la sencilla casita de Los Plátanos. Y se fueron de luna de miel en moto a Vaquerías porque tenían descuento para los universitarios. En la casa de los González nunca faltó ni sobró nada. Pero hay abundancia de dignidad, solidaridad y admiración por aquellos que dedican la vida a construir su destino, como Gabriela. Arrancó de muy abajo y llegó muy arriba. Nadie le regaló nada. Todo se lo ganó a pulmón. Cuando en la conferencia de prensa repleta de científicos y periodistas de todo el mundo, en Washington, Gabriela informó la gran noticia, a los cordobeses se nos alegró el alma. Era una de nosotros la que estaba ahí. Anunciaron que después de un siglo, se había certificado la última predicción de la Teoría de la Relatividad General de Albert Einstein: que existen las ondas gravitacionales. Cuando los objetos se mueven en el universo producen ondulaciones en el espacio-tiempo que se propagan por el espacio. Esas ondas se llaman gravitacionales. Y el equipo de científicos pudo registrarla gracias a uno de los aparatos más sensibles creados por el hombre. Se llama Interferómetro y consta de un rayo láser que viaja 4 kilómetros en dos direcciones y luego rebota en un espejo para volver al punto de origen. Puede detectar una diferencia del tamaño de un protón que compone el núcleo de un átomo y se pueden registrar ondas que están a 200 millones de años luz. Parece un cuento de Jorge Luis Borges. Cargado de futurismo y espejos. De poesía de la ciencia. De hecho, dicen que el descubrimiento de Gabriela González y sus 1.500 científicos muestra las costuras del universo que se estiran y se comprimen. Si Einstein se levantara de la tumba sería muy feliz porque 100 años antes pudo ver lo que solo la ciencia más avanzada recién puede ver ahora. Eso ocupa la parte más racional y a su vez emocional del ser humano. Ciencia que conmueve y emociona. Dicen que han podido escuchar el Eco del Universo. Y que Gabriela todas las noches en Estados Unidos escucha un eco de las sierras de Córdoba que le dice gracias. Gracias en nombre de los que soñamos con el progreso de los países y de los ciudadanos con la ayuda del estado pero básicamente con el esfuerzo individual. Nadie puede ayudar al que no se deja ayudar. Gracias Gabriela González, en nombre de todos los habitantes del planeta y también en nombre de los que todavía viven en Los Plátanos.