Hoy se cumplen exactamente 15 años de uno de los días más terribles y dolorosos de la vida democrática. Estuvimos al borde de la guerra civil y sufrimos terremotos de anarquía y muertes que quedarán para siempre en nuestra memoria y en la conciencia colectiva.
Argentina estaba quebrada económica y socialmente. Producto de una herencia muy pesada de desocupación, miseria y corrupción que había dejado el gobierno de Carlos Menem. Y también por culpa de la incapacidad de Fernando de la Rúa que potenció todos los aspectos negativos y le sumó una gran dosis de parálisis administrativa. La Alianza de Fernando de la Rúa y Carlos Chacho Alvarez del Frepaso había llegado al gobierno levantando banderas de austeridad y honradez republicana. Pero las denuncias de un pago de coimas a senadores para conseguir una norma laboral denominada como “La ley Banelco” fue el comienzo del fin. Renunció el vicepresidente, la coalición de gobierno implosionó, a Domingo Cavallo le estalló en la cara su propia convertibilidad y no tuvo mejor idea que instalar lo que se conoció mundialmente como “El Corralito”. Los argentinos no podían disponer libremente de sus ahorros en los bancos. El gobierno se atribuyó la decisión de indicar que montos y en qué días, cada ciudadano podía disponer de una parte de su dinero. Eso enloqueció a la clase media que en muchos casos se sumaron a los grupos de piqueteros que reclamaban comida, trabajo y planes asistenciales. Un grito que lo resumió fue aquel de “Piquete y cacerola/ la lucha es una sola”.
Los ahorristas rompían los bancos a martillazos y agredían a los empleados: “Chorros/chorros/ devuelvan los ahorros”, era su consigna preferida. La sociedad hervía y se dinamitaban hasta los mínimos lazos de solidaridad social. Se abrió un abismo de incertidumbre en el futuro de nuestro país.
De la Rúa no reaccionaba por inútil y no se dejaba ayudar. Participé de una reunión del Diálogo Argentino impulsado por la Iglesia donde se le ofreció todo tipo de colaboración ante la magnitud de la hecatombe social en ciernes. De la Rúa casi ni respondió. Casi ni registraba que el país se estaba cayendo a pedazos. Gran parte de esa situación la vivió con la ajenidad propia de una planta y no de un ser humano.
Es cierto que muchos sectores del sindicalismo y el peronismo mezclaban protestas justas y razonables con el deporte preferido de los golpistas que es echar nafta al fuego.
Las centrales obreras habían decretado ya el séptimo paro general. Intendentes jurásicos y mafiosos del Conurbano reclutaban gente para los saqueos. Hubo varias imágenes que no se me borrarán jamás de la memoria. La primera fue el anuncio de la renuncia de Domingo Cavallo que no le movió un pelo a nadie y no logró calmar las cosas. El presidente De la Rúa casi en soledad y con un nivel de irresponsabilidad pocas veces visto, utilizó la cadena nacional de televisión para decretar el “Estado de Sitio”. Logró el objetivo contrario al que buscaba. Quiso apagar el incendio pero lo multiplicó. Multitudes de cacerolas atronaron y en casi todas las plazas comenzaron las movilizaciones. La policía reprimió con ferocidad en el medio de casi un vacío de poder. En los alrededores de la Plaza de Mayo hubo asesinatos policiales de jóvenes que indignaron más a todos. El descontrol fue aumentando. La calle era tierra de nadie y algunos punteros vinculados al peronismo y a los piqueteros más autoritarios fogonearon los saqueos más terribles de los que se tenga memoria. Nadie olvidará el llanto desgarrador de aquel comerciante coreano que vió como su supermercado era reducido a cenizas. Y lo más doloroso fue que los que se robaban desde comida hasta electrodomésticos pasando por bebidas alcohólicas, eran los propios vecinos del comerciante. Los que media hora atrás le habían comprado medio kilo de pan. La guerra era de pobres contra pobres. Muchos defendieron sus humildes negocios desde los techos y con escopetas en la mano.
Era la imagen de la desintegración nacional. El país era un territorio ocupado por la irracionalidad y la indignación contra toda la dirigencia política. Allí se consolidó aquel cantito del “Que se vayan todos/ que no quede ni uno solo”. Hubo momento de un dramatismo inédito. La muerte por las calles y los intentos de tomar o quemar el Congreso de la Nación y la Casa Rosada. Diferentes fuentes dicen que murieron entre 36 y 39 personas, muchas de ellas muy jóvenes y casi todas bajo las balas policiales.
De la Rua primero dijo que no renunciaba y a las tres horas firmó su dimisión y huyó en helicóptero por los techos de la casa de gobierno. Fue el símbolo de la impotencia de un hombre pero también de la falta de republicanismo de un país que no quiso, no supo o no pudo llevar más justicia social e igualdad a sus ciudadanos. Fue la ruptura más brutal de contrato electoral entre la gente común y las clases dirigentes.
Hoy hay algunos sectores minoritarios vinculados a Cristina que empujan todos los días para forzar algo parecido a aquel tenebroso espectáculo. El ex diputado Fernando Iglesias los bautizó como “El club del helicóptero”. Son los que tiemblan ante la posibilidad de que la ex presidenta y sus cómplices vayan presos. Son los que se niegan a abandonar el estado y conspiran pese a que perdieron las elecciones. Son los que desde las redes sociales alientan los saqueos y cortan calles y rutas todos los días. Es muy fácil identificarlos pese a que muchos se tapan las caras con capuchas. Hay intendentes y piqueteros que convocan al caos y la revuelta social. Saben que por los votos no vuelven nunca más al poder y quieren generar un estallido social de magnitud que rompa el orden constitucional. Son los caraduras más desprestigiados de la sociedad y los que le dan manija a cualquier protesta por más pequeña que sea con el objetivo de sus sueños y nuestras pesadillas: Que Mauricio Macri tome el mismo helicóptero de la historia de Fernando de la Rua.
En todo esto los peronistas de todos los matices deben jugar un rol histórico. No puede ser que ningún gobierno no peronista no haya podido terminar su gobierno en los últimos 80 años. Desde Marcelo T de Alvear que solo terminan en tiempo y forma solamente los gobiernos peronistas. Hasta que eso no se destierre no seremos una República madura. Hace 15 años que pasó. Muchos jóvenes eran demasiado chicos. Por eso hay que hacer memoria.
Solo el recuerdo nos estremece el corazón y hace correr frío por la espalda de la Argentina. Los que vivimos en esta patria que tanto amamos, debemos juramentarnos en hacer todo lo posible para que nunca más ocurra algo ni parecido. Fue un descenso a los infiernos. A lo más inhumano de los dirigentes y a los más irracional de los ciudadanos. Fue una mezcla explosiva que estuvo a un paso del abismo de un combate entre hermanos. Que sirva aquella situación y algunas salvajadas e hijoputeces de ahora para levantar la guardia y estar atentos. Ni corruptos ni violentos ni golpistas. No hay lugar para este tipo de malditos personajes. No hay que tener miedo pero hay que tener cuidado. Cada uno de nosotros debe convertirse en un custodio de la democracia y la convivencia pacífica. Cada uno debe poner su granito de racionalidad y diálogo. Para que nunca más ocurra lo que sufrimos hace 15 años. Para que Nunca Más.
Juicio a Gils Carbó – 16 de diciembre 2016
Tal como se lo anticipé, hoy se presentó un minucioso y detallado pedido de juicio político a la Procuradora General de la Nación, la doctora Alejandra Magdalena Gils Carbó.
El Colegio de Abogado de la Ciudad de Buenos Aires considera que la funcionaria debe ser destituida por su mal desempeño y la posible comisión de delitos de acción pública. En su escrito de 36 carillas la entidad que preside el doctor Guillermo Lipera, aporta pruebas de una serie de irregularidades que tienen un modus operandi: la designación y el traslado ilegal de fiscales a dedo. Y yo le agrego que esos fiscales fueron militantes de Justicia Legítima que es la organización con la que Cristina Kirchner persigue a los políticos y periodistas que no se arrodillan ante sus órdenes y que también sirve para blindar y proteger a la ex presidenta y sus ministros de las graves acusaciones que afrontan en la justicia por haber implementado un plan sistemático para saquear al estado mediante una asociación ilícita liderada por Néstor y Cristina.
Gils Carbó es la comandante de esa fuerza judicial de camiseta partidaria que yo podría definir mejor como “Justicia ilegítima o Injusticia ilegítima”, mejor. El presidente de la Comisión de Juicio Político de diputados, el doctor Alvaro González recibió el texto que dice que es grave que Gils Carbó incumpla su principal obligación constitucional que es “promover la actuación de la justicia en defensa de la legalidad”. Por el contrario, la procuradora general violó en forma sistemática todos los procedimientos legales para designar y trasladar fiscales y modificó los reglamentos que exigían el sorteo para darle mayor transparencia y menos discrecionalidad a las designaciones.
De esta manera Gils Carbó fue la encargada de sembrar fiscales cristinistas en los lugares más adecuados para su proyecto de proteger a los K y perseguir a los que no lo sean.
Tal vez lo más grave lo hizo con el nombramiento de Carlos Gonella al frente de la fiscalía anti lavado. Le dio un poder inmenso a un militante que pasó del llano a la cima en un segundo y solo por sus méritos como soldado de Cristina.
Gils Carbó archivó la ecuanimidad e hizo designaciones arbitrarias y de prepo y con clara intencionalidad política cuando ese puesto le exige tener independencia política. En cada uno de las irregularidades hay un fallo de la justicia que condena esos procedimientos y los califica de ilegales.
Hay que recordar que Diputados, si toma el caso, actúa como cámara acusadora y que el Senado es el encargado de juzgar y castigar o no a Gils Carbó. Es la única forma de destituirla hasta que se declare la inconstitucionalidad de un artículo que le da esos privilegios a la procuradora kirchnerista.
El colegio de abogados también pide información sobre las innumerables denuncias penales que tiene quien hoy es la máxima autoridad del Ministerio Público.
Para definir a Alejandra Gils Carbó y el daño que le hizo y le sigue haciendo a la justicia hay que recordar que fue la autora material del intento de destituir al fiscal José María Campagnoli. La ex presidenta Cristina fue la autora intelectual de ese plan que finalmente fracasó por la movilización popular. ¿Se acuerda? Querían castigar a uno de los funcionarios judiciales con más fama de honesto y corajudo. ¿Cuál fue el motivo de semejante intento autoritario? Es que Campagnoli cometió un pecado imperdonable por Cristina. Se metió a fondo a investigar a Lázaro Báez y el lavado de dinero. Y esa actitud coherente y valiente hizo entrar en pánico a la presidenta y a sus allegados.
Es brutal que se haya querido castigar a alguien por hacer bien su trabajo. Fue una justicia que quiso domesticarse y colonizarle pero solo lo lograron parcialmente. Prometían ascensos, favores y dineros para que jueces y fiscales que miraran para otro lado y no buscaran la verdad sobre la corrupción de estado.
Ciudadanos comunes apoyaron a Campagnoli frente a la embestida feroz de Gils Carbó. Levantaron carteles caseros con leyendas irónicas y contundentes. Una decía: ”Fiscal con pelotas”, y otra, terrible hablaba del peso de los millones de dólares y el peso de la conciencia de la procuradora.
En aquel momento, la doctora Elisa Carrió denunció a Gils Carbó por encubrimiento y abuso de autoridad.
Hoy Alejandra Gils Carbó es la que mueve las piezas del ajedrez que el anterior gobierno instaló en el corazón de la justicia. Fortaleció su relación con el Papa Francisco que le envió un rosario bendecido y con su enviado en la tierra Argentina, Gustavo Vera pero solo se subordina a las órdenes de Cristina Fernández de Kirchner.
Alejandra se mueve en las sombras y se refugia en el silencio. Mueve los hilos y hace uso y abuso de su poder pero difícilmente hable con el periodismo o haga alguna declaración. Es casi una desconocida por la opinión pública. Por mandato constitucional, la procuradora tiene prohibido funcionar como lo hace más por conveniencia y fanatismo partidarios que por los hechos objetivos y las sentencias.
Es tan profunda la convicción democrática de Elisa Carrió que hace algunas semanas se opuso y dinamitó el acuerdo que estaba a punto de reformar el Ministerio Público Fiscal con el único objetivo de desplazar de su cargo a Gils Carbó. Carrió no puede verla y sabe que es la representante que Cristina dejó en el poder judicial. Pero no quiso convalidar un proyecto anticonstitucional y corporativo que cambiaba las leyes a medida de una personal o de una necesidad. Carrió no cree que sea correcto hacer kirchnerismo para sacar a una kirchnerista.
Ella se opuso desde un principio y propuso el único mecanismo correcto para destituir a Gils Carbó: el juicio político.
El gobierno tuvo un comportamiento errático en su desesperación por reemplazar a Gils Carbó. Primero le habló con el corazón: le pidieron su renuncia. Y ella le respondió con el pragmatismo y los mató con indiferencia y la hipocresía de decir que respeta la Constitución pese a que su facción política jamás la respetó. Los populistas que no acataban ni los fallos de la Corte, de golpe, en el llano se transformaron en republicanos.
Carrió fue la redactora del articulo 120 como como convencional constituyente. Allí se consagra que la procuradora será independiente, vitalicia, autónoma desde lo funcional y autárquica desde lo financiero. Por eso Lilita ya presentó un pedido de juicio político acompañado por el diputado Mario Negri, entre otros.
No es fácil para el presidente Macri reemplazar a Gils Carbó. Necesita mayorías calificadas de los dos tercios para investigarla y acusarla en diputados y para juzgarla y destituirla en senadores. Por ahora, la cámara alta tiene una fuerte presencia de legisladores camporistas que solo hacen lo que Cristina les ordena. Y Cristina ordena que Gils Carbó resista en su lugar y siga haciendo lo que está haciendo. Es decir malversar y prostituir el ADN de su cargo. Ella es la jefa de los fiscales y se comporta como una líder partidaria.
Hoy se sumó el pedido de juicio político del Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires. Destituir a Gils Carbó es una necesidad que tiene la democracia para consolidar la República. Es una exigencia de la mayoría de los ciudadanos. Es en defensa propia.
Bonadío avanza sobre los K – 15 de diciembre 2016
El juez Claudio Bonadío acaba de dar una verdadera estocada de muerte al operativo ocultamiento de los bienes y la corrupción de la familia Kirchner. Cristina se creyó muy astuta en desapoderarse de forma fraudulenta frente al embargo de sus bienes. Una cosa que hizo en forma grosera fue transferirle 5 millones de dólares a su hija Florencia. Son los famosos fajos termosellados de la caja de seguridad que levantaron olas de indignación y la siguiente pregunta: ¿De dónde sacó esa fortuna una chica tan joven que nunca trabajó? Le recuerdo que esos codiciados billetes verdes pero sucios están congelados y la justicia por ahora no permite moverlos hasta que se sepa toda la verdad y nada más que la verdad.
¿Qué hizo Bonadío? Utilizó un mecanismo legal irreprochable: intervino judicialmente por seis meses “Los Sauces” y la “Sucesión de Néstor Carlos Kirchner”, dos sociedades que son pilares del entramado de enriquecimiento ilícito de la familia producto del plan sistemático para saquear al estado.
Como si esto fuera poco, el doctor Bonadío designó “interventores informantes” en empresas de Lázaro Báez, Cristóbal López y Osvaldo “Bochi” Sanfelice, el histórico socio de la familia presidencial.
La justicia quiere establecer si hubo lavado de dinero y pago de coimas entre todas estas entidades intervenidas. Y si hubo operaciones cruzadas entre todos para enmascarar el movimiento del dinero sucio. Porque se han encontrado muchas operaciones donde no hay un cheque, una factura, una boleta de depósito. Nada por acá, nada por allá. Eso sí que fue magia y mafia. No hay un papel, no hay respaldo documental a varias operaciones sospechosas y millonarias.
Le recuerdo que “Los Sauces” tiene tres dueños: La mama y los dos hijos. La reina Cristina y los príncipes Máximo y Florencia. Ya lo hemos comentado varias veces. No solamente fueron corruptos y autoritarios. Además incineraron a sus hijos en el altar del enriquecimiento ilícito. Los hicieron participar en una asociación delictiva. Y eso hicieron tanto los Kirchner como los Báez. Lázaro solo dejó afuera de los negociados a su ex esposa, Norma Calismonte que ahora le está reclamando en la justicia la división de bienes y dice que le corresponden 700 millones de pesos por lo menos.¿ La verdad? Fue tan inmenso el robo que ni Lázaro sabe lo que tiene. Más de 300 propiedades, mil vehículos. Record mundial de corrupción.
En Los Sauces hay algo increíble por lo burdo. Las propiedades solo tuvieron dos inquilinos: Lázaro y Cristóbal. Qué casualidad. Dos proveedores y concesionarios del estado pagando miles de dólares por alquileres a la familia presidencial. Eso solo es delito. Pero además eran alquileres altos, totalmente fuera de mercado. Y encima ni Lázaro ni Cristóbal necesitan alquilar propiedades porque tienen muchísimas.
Eso significa que están hasta las manos. Que dejaron los dedos de la impunidad pegados por todos lados.
Los interventores no los va a designar Bonadío. Van a un sorteo informático entre todos los que están disponibles en la Corte Suprema de Justicia. Eso le dará transparencia al proceso que implica que los designados hagan un informe minucioso y detallado de todas las operaciones realizadas de depósitos bancarios y de pagos. ¿Quién cobró y porque? ¿Quién pagó y porque?
Han llegado a pagar sueldos de una empresa a empleados de otra. Una desprolijidad de los que sienten la impunidad de que no se iban a ir jamás del poder.
Toda esta movida de Bonadío implica remover a Máximo Kirchner de su lugar de administrador. Se podría decir que a la ex familia presidencial en general se le viene la noche, no la nochebuena, la noche mala.
Pero Máximo es el más expuesto políticamente porque es diputado nacional, príncipe heredero y el comandante de La Cámpora, aunque en la práctica, esa agrupación es conducida por Quebracho. Pero también es el máximo irresponsable de su espacio político cada vez más chico y sectario.
Máximo cree que si se le complican las cosas se va a dormir a la casa de su madre y listo. Sanseacabó. La reina Cristina lo apaña desde chico.
Dijo Máximo que muchos operarios tienen miedo de hablar porque los echan de su trabajo y aceptan cualquier cosa de sus patrones. Rara conclusión de alguien que no estudió ni trabajó en toda su vida.
¿Cómo conoce la lógica de un laburante? Máximo no sabe lo que es vivir de un sueldo ni el rigor del esfuerzo de sol a sol ni del sacrificio para progresar. El único rigor que conoció fue cuando su padre, Néstor, le pateaba los soldaditos tal como el mismo confesó.
Hace poco preguntó para qué le sirve la buena imagen a María Eugenia Vidal si la gente deja de comer. Daban ganas de decirle como dijo Alfonsín: “A vos no te van tan mal, gordito”.
Después, Máximo citó al Papa Francisco y llamó a ponerse la patria al hombro. Otra vez el doble discurso. Esa actitud oportunista de colgarse de las sotanas de quien mientras fue el cardenal Jorge Bergoglio fue perseguido por Néstor Kirchner quien lo caracterizó como el diablo opositor y mandó a que Antonio Stiuso espiara al actual Santo Padre.
La verdad es que los caminos de la libertad se le achican a Máximo, esto dicho con un mínimo de sentido común.
Su madre, su hermana Florencia y él están muy complicados en la causa Hotesur, en la ruta del dinero K y en la de Los Sauces.
Su mujer, Rocío García, tiene que explicar un manejo muy oscuro que hizo del dinero para planes odontológicos y porque no presentó nunca una declaración jurada. Y como si esto fuera poco, su socio en la inmobiliaria, Osvaldo “El Bochi” Sanfelice también fue denunciado por Margarita Stolbizer como el testaferro de los Kirchner en varios negocios con Lázaro Báez y Cristóbal López.
La “Justicia Legítima” que comanda Alejandra Gils Carbó tiene la misión de acusar y perseguir a dirigentes oficialistas o periodistas independientes y de poner palos en la rueda para proteger a los kirchneristas acusados de haberse robado hasta el agua de los floreros. Tenemos entendido que mañana muy temprano va a haber malas noticias también para Gils Carbó. El colegio de abogados cumplirá la promesa de hacer una presentación demoledora reclamando su juicio político como primer paso para destituirla.
Cristina cree que la única forma de salvar su pellejo es derrocar a Macri. Piensa que la inestabilidad de Macri es buena para que ningún juez se atreva a meterla presa pese a que sobren las razones legales para hacerlo y haya cometidos cientos de delitos. Todos robaron para la corona de la reina Cristina. Ella sueña con que Macri se escape en helicóptero y quede en la historia como un Fernando de la Rua más joven. La ex presidenta cree que frente a ese río revuelto y caos que ella fogonea, el pueblo la irá a buscar para rogarle que se haga cargo otra vez de la presidencia de la Nación. Delirios de la arquitecta egipcia. Pero delirios peligrosos e inquietantes para la salud democrática. Hoy el juez Claudio Bonadío pareció abortar esos planes. Y poner un poco de sensatez en una justicia todavía lenta pero que en este caso avanza. ¿Será justicia?