El general César Milani, el preferido de Cristina, el amigo de Hebe de Bonafini y el socio de Guillermo Moreno fue procesado por enriquecimiento ilícito.
El juez Daniel Rafecas en un escrito de más de 500 páginas precisó que el militar no puede justificar el origen del dinero que utilizó para comprar una mansión de 1.150 metros cuadrados en el barrio de La Horqueta.
La noticia es una granada al corazón del relato cristinista cuyas esquirlas explican la relación del máximo espía uniformado con la dictadura y varios personajes tenebrosos del terrorismo de estado.
Vamos primero con algunos datos básicos.
La gran denuncia la hizo Jorge Lanata por canal 13.
El juez Rafecas también embargó a Milani por 5 millones de pesos. Se trata de un magistrado que le hizo varios favores importantes al gobierno anterior y por eso está en la mira en el Consejo de la Magistratura.
Milani hizo dibujos contables muy truchos que hacen dudar hasta de su capacidad profesional en el mundo de la inteligencia y el espionaje. Todas las mentiras que utilizó para justificar su patrimonio fueron fácilmente descubiertas.
Para empezar simuló de una manera grosera un préstamo de 200 mil dólares que le hizo su gran amigo, el capitán retirado Eduardo Enrique Barreiro.
Que Milani se enriqueció en forma ilícita no tengo dudas. Parece que la justicia tampoco. Pero yo quiero poner el foco en otro lado. Porque Milani fue elevado a la categoría de general nacional y popular, casi un libertador bolivariano y chavista por parte de Cristina. Lo defendieron como si se tratara de San Martin frente a rigurosas acusaciones tanto del periodismo independiente como de algunos organismos de derechos humanos.
Y digo algunos organismos de derechos humanos porque otros como el que encabeza Hebe de Bonafini también sobreactuaron y compraron ese buzón negro creyendo que era rojo. La presidenta de las Madres de Plaza de Mayo se cansó de elogiarlo y le dedicó la tapa a una entrevista que le hizo para la revista de la agrupación. Asi como en su momento endiosó a Sergio Schocklender pese a las advertencias de la gente que la quería, Bonafini se abrazó a Milani como si fuera un Hugo Chávez criollo. Y no quiso escuchar nada ni a nadie.
Ni siquiera a Marcela Brizuela de Ledo, la madre de plaza de mayo de la Rioja que acusaba a Milani de la desaparición de su hijo, el soldado Agapito Ledo.
Pero para Hebe, todo era una operación de Clarín. Su fanatismo la lleva una y otra vez a negar lo evidente. Que Néstor y Cristina fueron grandes corruptos, que Sergio Schocklender hizo sus negociados y que Milani fue un violador de los derechos humanos y un ladrón.
El conscripto Ledo era asistente personal de Milani en Tucumán. Un día desapareció y nunca más se su supo nada. Milani firmó un certificado de que Ledo había desertado. Los compañeros de Ledo lo desmintieron terminantemente. Hay una investigación en Tucumán que Milani viene gambeteando y postergando con chicanas legales. Pero quien era su superior, Eduardo Sanguinetti, un sanguinario capitán está preso desde hace 3 años por este y otros casos.
Tiempo atrás, un ex diputado tucumano presentó pruebas de las extrañas muerte de 3 soldados más en situaciones similares.
Como si esto fuera poco, Milani apareció en el Nunca Más riojano en operativos de secuestros a militantes populares. Y eso que recién era subteniente. Hizo una carrera rápida el muchacho. Lo más triste es que Bonafini dijo que todo era un invento de Lanata para ensuciar a Cristina.
Pero hay otras cosas igualmente graves.
El capitán Eduardo Enrique Barreiro también fue procesado y embargado por ser partícipe necesario de la estafa de Milani. Fue su cómplice porque jamás le prestó los 200 mil dólares que, según ellos, era para comprar la casona de La Horqueta. Fue todo una mentira. Pero eso demuestra la gran amistad de Barreiro con el general emancipador de Milani. ¿Quién es Barreiro? Está preso porque fue condenado dos veces a prisión perpetua por graves violaciones a los derechos humanos. El ex integrante del Batallón 601 de Comunicaciones de City Bell y otros integrantes de un grupo de tareas asesinaron a un matrimonio y secuestraron a sus tres hijos. La nena más grande de 12 años fue torturada durante 3 meses en el Regimiento de La Tablada y luego en el campo de concentración El Vesubio.
Este criminal de estado es uno de los mejores amigos del “progresista” Milani. ¿Raro no? Pero esto no es todo. Milani fingió que Barreiro le prestó 200 mil dólares pero además truchó un documento para hacer aparecer como que le había vendido su departamento de la calle Moldes. ¿A quién le compró esa propiedad el general libertario Milani? A otro amigo que conoció en La Rioja, el comodoro Luis Fernando Estrella, un verdadero fascista en todo el sentido de la palabra fascista. Fue condenado por haberse levantado en armas contra la democracia en tres ocasiones. Un golpista de alma. Hecho y derecho. Hecho y ultraderecho, mejor dicho. Dos veces contra Isabel Perón, en una como jefe del estado mayor del brigadier Jesus Capellini en lo que fue el primer paso del golpe de Videla. Y otra vez acompañando a los carapintadas de Seineldín. Estrella, fanático de la Falange de Fe fue amigo del nazi criollo Ramón Camps y conoció a Milani cuando era el jefe de la base aérea de Chamical en La Rioja. A él le compró el departamento de la calle Moldes que luego dice que vendió pero no vendió a Barreiro. Todos criminales de lesa humanidad.
Y hay dos cosas para seguir investigando. Una denuncia sobre varias propiedades del Ejército que estaban encubiertas para ser preservadas en su tarea de espionaje, que fueron vendidas en forma secreta e ilegal durante el mandato de Milani. Y la otra es su gran amistad con el coronel Marcelo Oscar Granitto, quien atentó contra la democracia en el levantamiento de Seineldín y se auto proclamaba como una suerte de justiciero para terminar con todo vestigio de marxismo en la Argentina. Un energúmeno que calificaba de esa manera a periodistas democráticos, a La Coordinadora del radicalismo o al peronismo renovador de entonces.
Ya son demasiados los amigos del general César Milani que en su momento hubieran matado sin problemas a Cristina y a Hebe de Bonafini.
No puedo decir lo mismo de su actual socio comercial, Guillermo Moreno. En aquellos tiempos militaba en la derecha dura del peronismo enfrentada a los Montoneros. Por lo tanto aquel Moreno y aquel Milani tenían el mismo enemigo. Hoy tienen un par de negocios para comercializar salchichas y Moreno empuja a Milani para que sea candidato del peronismo. Tal vez siguiendo la marchita cuando dice “Perón/Perón/ que grande sos/ Mi general/ cuanto valés.
Milani representa la máxima claudicación del kirchnerismo en el tema de los derechos humanos donde tantas falsedades y relatos quisieron instalar.
El teniente general don Cesar Santos Gerardo del Corazón de Jesús Milani,
experto en inteligencia hoy es empresario en chacinados y embutidos. Tal vez haya encontrado su lugar en el mundo antes de que la justicia lo condene a la cárcel. Por ladrón y por golpista. A pesar de sus amigas Cristina y Hebe que no saben no contestan y miran para otro lado.
Tévez corazón – 13 de diciembre 2016
Le advierto que no es un cuento chino. ¿Qué tiene que ver un señor que se llama Wu Xiao Hui con el futuro de Carlos Tévez? Es una de las noticias más leídas y de mayor repercusión, sin distinción de camisetas partidarias. Es el presidente del Shanghai Shenhua que se lo quiere llevar a jugar a su equipo por 8 meses y le ofrece la friolera de casi 42 millones de euros. Esto es 176 mil euros por día. Dos autos, cuatro casas en la zona más residencial para que lleve a sus amigos y pasajes para ir y volver con su familia las veces que lo necesiten. Si Carlitos acepta se convertirá en el jugador mejor pago del mundo. Más que Messi y que Ronaldo. Los hinchas de Boca no queremos que Carlitos se vaya. Por eso muchos oyentes me pidieron que volviera sobre su vida que cada vez es más cinematográfica. Le quiero contar la historia de un ser humano que conmueve a una gran mayoría de los argentinos. Hablo de Carlos Tévez. De Carlitos. Del apache. O del jugador del pueblo, como usted prefiera. Su vida es un verdadero ejemplo de superación. Creo que pocos ciudadanos surgieron de tan abajo, con tantas dificultades y llegaron tan arriba, con tantos valores.
No conozco ninguna persona que haya sido tan castigada por la vida y que luego haya sido tan premiada. Su infancia fue un calvario producto del destino y la injusticia social y su actualidad es una gloria gracias a su esfuerzo y su coraje.
Carlos Tévez nació en la pobreza más extrema y en la marginalidad típica de las villas miserias. Pobrecito, apenas tenía 6 meses cuando su madre, Fabiana, lo abandonó. Tal vez Carlitos no tenga memoria de aquel drama. Pero cuatro meses después, la tragedia le dejó una marca para toda su vida. Una pava repleta de agua hirviendo para el mate se derramó sobre cuerpito. Es un accidente doméstico muy común que aterra hasta los médicos. Las ollas siempre deben estar en las hornallas de atrás de la cocina. Pero en este caso no había ni hornallas ni cocina. Había un humilde braserito para todo uso puesto sobre el piso de tierra. Y por eso pasó lo que pasó. Lo llevaron de urgencia a la salita de primeros auxilios de Fuerte Apache y de ahí al hospital. Pero en su desesperación sus seres queridos, los que no lo habían abandonado, lo envolvieron en una manta con fibra de nylon. Eso hizo todo más grave y terrible. El plástico se derritió con el calor y se adhirió a la piel del chiquito en llamas de llanto. Estuvo a punto de morir. Se pasó dos meses en terapia intensiva y la valentía que siempre tuvo le ayudó a salir a flote pero con una cicatriz gigantesca que va desde su oreja hasta el pecho pasando por el cuello. Sufrió las curaciones durante meses. Y el peligro de las infecciones en un ámbito desolador.
Por suerte, la humanidad siempre gana y fue criado y educado por sus tíos maternos. Por la hermana de su madre y por su esposo, don Segundo Tévez que le dio apellido y dignidad aunque en medio de las privaciones más atroces. Pero esto no fue todo. Su padre biológico, Juan Alberto fue asesinado en un enfrentamiento de 23 balazos.
Carlitos tenía solo 5 años y un amor incondicional por la pelota. La dominaba como nadie entre las piedras, el barro y los perros flacos. Era magia lo que surgía de sus pies alados. Destellos de luz en cada gambeta en la canchita del club Santa Clara, al lado de la parroquia y frente a la radio comunitaria. Alguien corrió la bola y un delegado de All Boys lo fue a buscar. Don Segundo Tévez, con todo el dolor del alma y un nudo de lágrimas en la garganta le dijo: “No te puedo mandar al pibe para que se vaya a probar porque no tiene zapatillas”. Jugaba descalzo o con un par de championes rotos que le prestaba un vecino.
El fútbol le dio la nutrición y la potencia muscular que no tenía. Se ordenó su vida y encontró un objetivo para seguir. Carlos siempre dice que si no hubiera sido jugador de fútbol hubiera terminado preso o muerto por entreverarse en el delito. Es que en esos lugares tan extremos de marginalidad y necesidades insatisfechas no hay muchas opciones. Hoy algunos de esos pibes eligen ser soldaditos de la droga. Y así se compran una moto, unas altas llantas y seducen a la mejor de las pibas. Es doloroso pero rigurosamente cierto. De hecho uno de los pocos hermanos biológicos con el que mantenía relación está condenado a 16 años de prisión por asaltar un camión como pirata del asfalto. Uno de sus amigos de infancia, apodados “Cabañas” fue jefe de una banda criminal temible llamada “Los Backstreet”.
Todo eso me maravilla. Me lleva a preguntar como hizo un ser humano tan castigado para superar todo eso y convertirse en lo que es hoy.
Se la hago corta. Salió campeón en 23 ocasiones y casi siempre fue el goleador del equipo. Y el compañero más querido. Y el más venerado y ovacionado por los hinchas de todos los colores. En Boca fue y es uno de los ídolos más grandes de todos los tiempos y es comprensible. Pero fue muy querido y valorado en el Corinthians de Brasil, país en el que los futbolistas argentinos tienen que rendir un doble examen. Hasta Lula lo invitó al palacio Planalto y le pidió una camiseta del equipo que ama desde que era tan pobre como Tévez pero en una favela en lugar de Fuerte Apache.
Allí Carlitos empezó a hacer sus primeros palotes con los idiomas. Se las rebuscaba en el portugués. Pero lo titánico para él fue triunfar en Inglaterra. En tres equipos. A uno lo salvó del descenso, el West Ham y a los otros dos los hizo salir campeón y fue amado por los hinchas de los otros dos que en Manchester son enemigos a muerte, como River y Boca. Carlitos jugó en los dos y dio la vuelta olímpica con los dos. Y amagó con el inglés para un lado y salió por el otro, pero se hizo entender. Si para un argentino es difícil triunfar en el fútbol brasilero, hay que imaginarse lo que debe ser en Inglaterra donde la guerra de Malvinas y viejos odios todavía pesan bastante. Pero Carlitos superó todo eso. Y fue ganando fortunas en euros. Le doy un dato que resume la dimensión de su talento. Noel Gallagher, el cantante de Oasis, una mega estrella, un día en las elecciones de Gran Bretaña puso en la urna un papel que decía: “Voto a Tevez”.
En Italia, en la Juventus repitió la historia de campeonatos y goles y afecto de los tanos que daban la vida por él.
No digo que Carlos Tévez fue perfecto o un robot de lo políticamente correcto. Hizo algunas macanas, como hacemos todos. Se peleó con un grandote que lo discriminó y lo trepó, literalmente por sus rodillas hasta su cara y lo cagó a trompadas. Discutió con Mancini y se fugó a la Argentina hasta que lo suspendieron y tuvo que pagar una multa de un millón 400 mil euros. ¿Qué me cuenta? Pero en todos lados fue un ejemplo de esfuerzo, de huevos para poner en cualquier cancha y de compañerismo. Por eso se ganó el afecto de todo el mundo. Incluso de sus rivales. Tuvo un desliz y se fue de trampa con una actriz muy bonita pero siempre mantuvo su hogar como un altar de la familia. No se casó con un gato que le comiera la billetera. Se casa dentro de 10 días con Vanesa Mansilla, la piba de barrio hermosa y bancadora que lo acompaña hace 19 años. Con ella tuvo tres hijos por los que dá la vida y jamás abandonará: Florencia, Katia y Lito Juniors. Varios de sus golazos los festejó con el pulgar en la boca como tomando de la mamadera o llevó a los pibes a las vueltas olímpicas. Tévez quiso volver a Boca en un gran momento profesional y no de vuelta, con el cuerpo roto como hicieron tantos otros. Se compró una casa maravillosa y llevó a sus amigos de toda la vida a vivir cerca y le dio una mano grande a esa familia adoptiva que tanto lo cuidó. Hoy es amigazo de dos cordobeses que le producen felicidad con lo que hacen porque él también lo hace. El cuarteto de la Mona Giménez y el golf del Pato Cabrera. Otra vez dos mundos presuntamente enfrentados como el golf y el cuarteto unidos por Carlitos. Tiene luz y alma de bueno. Pudo haber sido un delincuente y se transformó en un tipo solidario que visita chicos en hospitales y gente que sufre. Denunció la pobreza feudal de la Formosa kirchnerista y se bancó la que vino después. Se reconstruyó a sí mismo. Como se darán cuenta yo lo admiro profundamente por cientos de cosas, porque todo se lo ganó transpirando la camiseta. Nunca se quiso hacer una cirugía reparadora para borrar esa cicatriz que lleva en su cuerpo. Tal vez esa marca sea su manera de mantener la identidad, y sus raíces, de no olvidar a aquellos que se quedaron y de mantener los pies sobre la tierra ante tantas tentaciones de todo tipo. Pero hay dos cuestiones que les quiero contar para despedirme. Creo haber visto la belleza en estado puro. Es cuando Tévez aparece en el borde del área, inclina su cuerpo a la izquierda, se hamaca y le mete un sablazo con la derecha al segundo palo y la comba se clava en el ángulo. Como fue este domingo ante River. Para mi esa es una de las formas de la belleza en estado puro.
Y la otra es lo que le escribió el día que cumplió años su padre adoptivo, el que lo ayudó a zafar de las catacumbas. A don Segundo Tévez, al que alguna vez secuestraron, Carlitos le dijo textualmente: “Me enseñaste hacer (sic) un hombre. Mis tristezas son las tuyas y mis logros tu satisfacción. Te amo, viejo, feliz cumple”. Hoy se lo puede ver con su hermosa familia en una publicidad de lácteos por televisión. Hoy se lo puede ver trepado a los travesaños celebrando con su pueblo o trepado a los escenarios cantando con “Piola Vago”, el grupo de cumbia villera de su hermano. Hoy se lo puede ver gambeteando su destino y llegando a la gloria de ser el jugador del pueblo, el más querido. Carlitos corazón. Y no es un cuento chino.
Tango, Manzi y De Caro – 12 de diciembre 2016
Ayer fue el Día Nacional del Tango. Y por eso, quiero homenajear a Homero Manzi y a Julio de Caro.
Hablo de San Homero de la Identidad Nacional porque está instalado en el altar de la cultura popular, en la dignidad de la soberanía que predicaba un país que no se arrodillara jamás, ante ningún poderoso. Hombres íntegros como ese Homero Manzi son los mejores espejos de vida que les podemos mostrar a nuestros hijos. Porque hombres públicos como él, honestos, geniales, solidarios y patriotas no son precisamente los que sobran en estas pampas tan golpeadas. Homero fue y es muchas cosas: poeta, guionista, director de cine, dramaturgo, periodista, presidente de SADAIC, secretario general de la FUA, militante político y letrista de la murga barrial “Las Tripitas”.
Y eso que apenas vivió 44 años. Primero fue Homero Nicolás Manzione, nacido en el pueblo de Añatuya en Santiago del Estero. El rebautizó a su pueblito Aña-Mía para reafirmar su amor al pago chico y las raíces grandes. En esas calles polvorientas y desvalidas, Homero aprendió a venerar a la gente sencilla. De aquel sol incendiario robó la pasión por la lucha política que luego incorporó a la noche de un barrio de Boedo sembrado de tangos y cafetines. Por esos empedrados se entreveró con su pares, los poetas gladiadores defensores de nuestras cosas y, sobre todo, de nuestro pensamiento, de nuestro lugar en el mundo. Allí empezó a caminar con Cátulo Castillo y escribió algo que me estremece cada vez que lo leo:
“Por eso yo, ante ese drama de ser hombre del mundo, de ser hombre de América, de ser hombre argentino, me he impuesto a la tarea de amar todo lo que nace del pueblo, de amar todo lo que llega al pueblo, de amar todo lo que escucha el pueblo”.
Esa fue su biblia para luchar contra los colonialismos de todo tipo. Tal vez por eso se transformó en un hecho maldito para los pitucos y sus concubinos, los cipayos. Tal vez por eso fue tan ninguneado, tan discriminado, tan censurado. Tal vez por eso se colocó en la misma trinchera que Don Hipólito Yrigoyen y resistió con todo lo que tuvo a mano a la dictadura del general Uriburu y a las tropas usurpadoras del general Justo. Y no exagero cuando digo con todo lo que tuvo a mano. Conspiró con la pluma y la palabra pero también construyó bombas caseras para resistir al autoritarismo de turno. Estaba dispuesto a dar su vida y su libertad. Por eso fue perseguido y encarcelado.
Así forjó esa forja que todavía sigue forjando banderas nacionales. Las famosas cuatro “pe”: patria, pan y poder al pueblo. Allí se multiplicó en compinches de su misma calaña como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz o Luis Dellepiane. Eran argentinos que no se dejaban domesticar por nadie. Ni por los militares fachistoides de cerebros cuadrados ni por la claudicación alvearista de su propio partido radical. Cuando lo expulsaron de la Facultad de Derecho, cuando le cerraron el camino de profesor de literatura, mató al hombre de letras y se dispuso a escribir letras para los hombres. Murió el universitario Homero Nicolás Manzioni y nació el orillero Homero Manzi. Se hizo blindado. Su poesía se nutrió de… y volvió hasta… lo más profundo del pueblo. Nunca más pudieron desafiarlo. Porque estaba en todos lados: en el farol balanceando en la barrera y en el codillo llenando el almacén. En la voz de sombra de Malena rebotando contra ese sur, paredón y después que lo harían inmortal. Homero Manzi se hizo sentimiento canyengue y silbido a la salida de las fábricas y de los bailes con chatas entrando al corralón, chapaleando barro bajo el cielo de Pompeya. Unió la creativa sensibilidad popular con la estética refinada de la Academia y puso al tango en el Olimpo de la gloria.
Después descubrió a Juan Domingo Perón como heredero de Yrigoyen y hasta tuvo la satisfacción de presentarle a Evita en el Luna Park según cuenta Jauretche. Un maldito 3 de mayo de 1951 Homero Manzi murió de cáncer mientras le dictaba por teléfono su último tango a Anibal Troilo.
León Felipe escribió que el día que los pueblos sean libres, la política será una canción. Yo sueño que ese día vuelva Homero y esa frente triste de pensar la vida que tiraba madrugadas por los ojos, como le dijo Cátulo. En realidad, Homero resucita cada vez que el duende de su son che bandoneón se apiada del dolor de los demás. O cuando alumbra con las estrellas nuestra marcha sin querellas. Homero, pesadumbres de barrio que han cambiado y amargura de un sueño que murió. Con su nombre flotando en el adiós.
El de Julio de Caro es otro nombre y apellido del tango flotando en el adiós.
Su padre, don José, era un músico clásico orgulloso de su formación cultural pero que despreciaba la música popular. En la calle Defensa, a 20 cuadras de la Casa Rosada, instaló un conservatorio y un anexo donde se vendían instrumentos musicales y partituras.
Don José había diseñado para su hijo Julito un destino de médico y de gran concertista de guitarra. Pero el pibe, con los atorrantes del barrio y de pantalones cortos se escapó una noche al Palais de Glace a ver la orquesta de Roberto Firpo y quedó fascinado. A la madrugada, todos gritaban “que toque el pibe”, que toque el pibe y él también porque un tango se llamaba así. Hasta que un amigo le dijo: “es a vos Julito, la gente pide que toques vos.” Recién cuando apoyó el violín contra su cuello su cuerpito frágil dejó de temblar como una hoja. La música maravillosa que produjo hipnotizó a todos con su belleza.
Cuando Julito regresó de madrugada lo estaba esperando su padre que lo castigó a vivir una semana en un rincón y a pan y sopa. Julito metió violín en bolsa. Su corazón se desgarraba ante cada reto de su padre que insultaba a esos vagos que tocan esa música bastarda, esas melodías prostibularias. Pero la magia del tango ya se había metido para siempre en el corazón de Julio de Caro. Un día, el tigre del bandoneón Eduardo Arolas lo invitó a tocar en su orquesta y ese fue el final. Otra madrugada el padre de Julio lo esperó detrás de la puerta y lo echó de su casa: “Usted elige mocoso, la medicina, la guitarra y el concierto o esa porquería que toca con el violín. Usted me ha traicionado, ha deshonrado mi apellido”. Y Julio se fue vencido de la casita de sus viejos. Durante 20 años le envió cartas a su madre que nunca fueron respondidas.
Después de mucho sacrificio y pasar grandes privaciones económicas, Julio empezó a triunfar en todo el mundo. Les mandaba a sus padres los recortes de los diarios que hablaban de su genialidad y nada. Ni una línea a vuelta de correo. Por eso su mirada siempre estaba triste pese a que su crecimiento profesional fue caudaloso. El presidente Marcelo T. de Alvear se declaró su admirador.
De gira por Europa una noche tocó en un palacio de Niza ante cientos de bacanes. Alguien se levantó de su mesa, elegante con su smoking tan lustroso como su cabello y dijo: “Así como me reciben a mí les pido que reciban y escuchen a Julio de Caro”. Un presentador de lujo: era Carlos Gardel. Enseguida uno de los bailarines le pidió que repitiera el tango “El Monito”. Y luego otra vez. Y otra. De Caro no podía negarse a ese pedido de Charles Chaplin.
De Caro después tocó para el Aga Khan, para el príncipe de Gales, y fue pasión de multitudes. Se convirtió en un artista inmenso que marcó para siempre con su identidad la música de Buenos Aires. Pero sus padres seguían sin aparecer y la llaga de su corazón seguía abierta.
Paloma Efrom, Blackie, cantó en su orquesta. Edmundo Rivero también. En 1937, nadie quiso perderse el regreso triunfal de Julio de Caro al Teatro Opera. Después de varias ovaciones, Julio se quedó un tiempo largo en el camarín esperando que se fuera el público para poder salir tranquilo. Pasaron dos horas y salió caminando por el pasillo del teatro apenas alumbrado por pequeñas lucecitas rojas. De pronto vio difusa dos figuras que se recortaban en la penumbra. Eran sus padres. Don José se acercó temblando hacia su hijo y después de 20 años le dijo, sin tutearlo: “Vengo a pedirle perdón. Usted hace una música de ángeles”. Y no pararon de llorar en un profundo abrazo. Julio de Caro, entre sollozos, repetía: “Vió Papá que yo no deshonre el apellido, no lo deshonré”.
De Manzi a De Caro. Tango en estado puro. Quejas de bandoneón…