Parece mentira que haya pasado tanto tiempo. Pero hace 5 años que murió el padre Chifri. Es uno de los argentinos que más admiro. En algún momento será santo, como el cura Borchero. Ya tuvo el mejor de los homenajes porque se concretó uno de sus grandes sueños: se recibió la primera promoción del Colegio Albergue de Montaña que él fundó con tanto esfuerzo. Cuando Daniel, su esposa y todos los que integran la Fundación El Alfarcito que continúa su obra visitan al Papa, Francisco siempre les ruega lo mismo: “recen por mí en la tumba de Chifri”, el cura gaucho. Para felicidad del Santo Padre, suelen llevarle artesanías realizadas por los chicos del fin del mundo. Es que el padre Chifri fue enviado a misionar allí por pedido de quien fuera el cardenal Jorge Bergoglio. Por eso nunca me canso de difundir y repetir la historia maravillosa de quien fue ese protagonista de una suerte de metáfora bíblica que se convirtió en realidad.
El padre Chifri, uno de los sacerdotes que mejor tarea solidaria realizó en el norte del país cayó del cielo. Y no es algo que tenga que ver con una creencia religiosa o una cuestión de fe. El cura Sigfrido Moroder, conocido en toda la zona de Rosario de Lerma como el padre Chifri, utilizaba sus impresionantes condiciones y experiencias como deportista para moverse entre los cerros en parapente y ganar tiempo en sus visitas a los distintos pueblitos. Los habitantes de esos cerros salteños, necesitados de todo, se acostumbraron a ver llegar al cura desde el cielo, aterrizar con su parapente y persignarse en un mismo acto.
La historia del padre Chifri es un ejemplo. Desde chico mostró su fortaleza y su predisposición para el deporte. Apenas se ordenó de cura le pidió al actual Papa ir a trabajar a uno de los lugares con mayores necesidades insatisfechas de Salta. Allí el sol castiga como loco, por la noche la temperatura baja 20 puntos bajo cero y te congela los huesos y hay pequeñas comunidades de pastores de cabras que viven a 5 mil metros de altura, cerca de Dios pero lejos de la equidad social. Son pocos los que se acuerdan de sus escuelas, de sus vacunas, de sus hijos.
El padre Chifri se dispuso a llevar su mano solidaria y el mensaje cristiano a 25 parajes perdidos en el mundo y 18 escuelitas mucho más que humildes. Un día se dio cuenta que podía aprovechar sus capacidades deportivas para llegar más rápido y mejor. Lo hacía en parapente. Era imponente verlo llegar desde el cielo. Posarse como un pájaro de fe en la tierra y predicar con el ejemplo. Se convirtió en un personaje muy querido por todos los campesinos.
Lo veían llegar desde lejos al padre Chifri. Cuando había un enfermo que socorrer o alguien que necesitaba resolver un problema, un poco en broma, un poco en serio decían: “Ahora viene volando el padre Chifri”. Y al poco tiempo el cura volador aparecía recortado en el horizonte de esas montañas maravillosas con el paisaje y mezquinas con sus habitantes. Hasta que un día ocurrió la tragedia. Un maldito remolino le provocó una caída de 40 metros. Cayó pesadamente y quedó inmovilizado. Con dolores tremendos y problemas respiratorios que lo dejaron al borde de la muerte. Cuando recuperó la expectativa de vida, tozudo, peleador y con un coraje sin igual salió a desafiar el pronóstico que decía que nunca más volvería a caminar.
Había que verlo al cura Chifri, con una voluntad de acero, haciendo los ejercicios de rehabilitación para dejar esa silla de ruedas que lo encarcelaba. Nunca fue un hombre de bajar los brazos con facilidad. Hizo un esfuerzo monumental y demostró una constancia terrible. Es que tenía oculto un deseo íntimo que le daba una fuerza invencible: quería volver a la puna. Con su gente. Esa montaña lo había traicionado pero él quería regresar para no abandonar a su pueblo. Y un día milagroso, apoyado en sus bastones, el padre Chifri se apareció por su lugar en el mundo. Los campesinos emocionados no lo podían creer. El padre Chifri lo había logrado. Había vuelto a darles una mano. Esta vez no había llegado por el aire.
Esta vez había llegado caminando lentamente, con mucha dificultad pero con una energía envidiable y contagiosa. Porfiado el cura. No se resignó jamás a la silla de ruedas. Combatió con fuerza para seguir su tarea solidaria, su misión sacerdotal. Y siguió con su tarea de amar a su prójimo como a sí mismo. De hacer el bien sin mirar a quien. De ponerse a disposición de esos argentinos olvidados por todos que vivían hacinados en sus ranchitos precarios y que casi ni conocían el dinero ni la justicia. Se alimentaban como podían con las pocas verduras que cultivaban y con las cabras y ovejas que son parte indisoluble de sus vidas. El padre Chifri continuó con su tarea titánica. Poniendo el grito en el cielo contra las injusticias. Y ayudó a crear comedores escolares en las escuelas, a instalar invernaderos para conseguir más y mejores alimentos.
Les ayudó a comercializar mejor sus artesanías. Se puso al servicio de los más débiles. El objetivo fue que cada uno se ganara el pan con el sudor de su frente. Empezó a recorrer la zona con un viejo colectivo que le regalaron. Lo pintó de mil colores y lo bautizó el colectivo de los sueños. Dejó de cruzar el cielo con sus alas prestadas. Y aun así llegó a lo más alto de la solidaridad y el compromiso. Logró abrir el colegio secundario con 36 alumnos. Había que verlo encabezar las procesiones con todos los reclamos y las vestimentas típicas de la zona. Había que verlo entre los cerros con su poncho y el día que lo ayudaron a treparse a una bicicleta.
Fue una epopeya. Levántate y anda. Me hizo acordar a la bicicleta blanca de Horacio Ferrer cuando le habla a ese viejo flaco nuestro que andaba en la tierra. ¿Se acuerda? Flaco, no te pongas triste, todo no fue inútil, no pierdas la fe. En un cometa con pedales, dale que te dale yo sé que has de volver. Ahora, le pido que preste atención a esto que voy a contarle ahora:
La vida del padre Chifri fue un verdadero canto de fe y de esperanza. Y digo fue y no es porque esta vez, de verdad y en forma definitiva, el padre Chifri se fue al cielo hace 5 años por un maldito paro cardíaco. Ya pasaron 5 años. Su obra se multiplicó como los panes y los peces. Pero todavía no me resigno a su muerte. Tenía apenas 46 años. Estoy seguro que no descansa porque no descansaba nunca. Pero está en paz con su conciencia y con sus queridos hermanos pobres.
Fayt, adiós a un prócer – 23 de noviembre 2016
Murió el doctor Carlos Santiago Fayt. Durante 32 de sus 98 años fue juez de la Corte Suprema. Su paso a la eternidad lo coloca en el pedestal de los próceres republicanos. Fue un emblema de la resistencia al chavismo kirchnerista que no pudo quebrarlo. Fue tan grande su coraje que no se dejó patotear por Cristina y sus cómplices y recién se fue a su casa al día siguiente de la asunción del presidente Mauricio Macri. Seguramente habrá pensado: misión cumplida, los autoritarios no pasaron.
Durante la mayor y más cruel embestida, miles de ciudadanos levantamos carteles que decían: “Todos somos Fayt”.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser un ejemplo de austeridad republicana, de vivir en un sobrio departamento y de tener una casita en Villa Gesell después de haberle dedicado toda una vida a la Corte y al estudio sin una sola sospecha de haber realizado ni un trámite administrativo poco transparente?
¿Quiénes lo acusaban? Los que aún no pueden explicar sus fortunas, sus mansiones y sus estancias que lograron con el plan sistemático para saquear el estado mediante una asociación ilícita liderada primero por Néstor y luego por Cristina Kirchner?
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser un defensor de los derechos humanos que tuvo el coraje de presentar junto a Raúl Alfonsín habeas corpus por varios detenidos durante la dictadura militar, cuando las balas picaban cerca y muchos abogados fueron secuestrados y desaparecidos solo por ese gesto de grandeza? ¿Se lo acusaba de no haber ocupado jamás un cargo público durante ninguna dictadura militar?
¿Quiénes lo acusaban? Los abogados exitosos que no pueden explicar su riqueza y que durante el terrorismo de estado se dedicaron a rematar casas de deudores con una actitud de usura indigna de un militante popular y que no movieron un solo dedo ni presentaron un solo habeas corpus por sus compañeros? Hebe de Bonafini lo acusó a Fayt y defiende al doctor Eugenio Zaffaroni que fue funcionario judicial de dos dictaduras y sobre todo de la de Jorge Videla para la cual, además, escribió un manual. La presidenta de las Madres se permitió, una vez más, un juicio callejero a una persona intachable como Fayt mientras manchó los pañuelos blancos con el dinero sucio de Sergio Schocklender. No lo podían confesar porque era inhumano, pero se les notaba las ganas de hacer una cadena de oración para que el doctor Fayt se muriera lo antes posible.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser admirador de socialistas democráticos como Nicolás Repetto y don Alfredo Palacios? ¿De tener sensibilidad hacia los más humildes o de haber optado intelectualmente por el agnosticismo después de venir de una familia católica? ¿O de haber escrito 3 libros con un análisis severo de los componentes autoritarios y demagógicos del peronismo y en defensa de las más amplias libertades públicas?
¿Quiénes lo acusaban? Los adoradores de un chavismo que mete presos a dirigentes democráticos y opositores y que cierra medios de comunicación independientes y ataca a los periodistas que no se alquilan ni se venden. Los que se hicieron millonarios con los juicios laborales de muchos gremios como el doctor Héctor Recalde y que acusó a Fayt de ser antiperonista.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? De ser un brillante abogado, juez, escritor, académico, profesor emérito de universidades que escribió 35 libros que abarcan la historia del pensamiento político desde la Antigua Grecia hasta el siglo XX?
¿Quiénes lo acusaban? Los pibes para la liberación como su jefe Máximo Kirchner quienes no terminaron sus estudios y nunca trabajaron en otra cosa que en administrar los múltiples bienes de sus padres?
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? De ser una persona de perfil bajo al que casi no se le conoce nada de su vida privada? ¿De haber llenado plazas y radios predicando la democracia a través de clases de Educación Cívica? ¿De haberse opuesto con su voto en la Corte a la privatización de Aerolíneas, de haber sentado las bases de respeto hacia la diversidad sexual con un fallo y de haber defendido la libertad de expresión aplicando la avanzada y progresista doctrina de la real malicia?
¿Quiénes lo acusaban? Los que integraron grupos guerrilleros que utilizaron el crimen y las bombas durante períodos democráticos como Horacio Verbitsky o Carlos Kunkel que le decían a Fayt admirador de Aramburu a quienes los Montoneros secuestraron y asesinaron.
¿De qué lo acusaban al doctor Fayt? ¿De ser viejo cuando se sabe que viejo es el viento y todavía sigue soplando? ¿De tener algún achaque propio de la edad que sobrellevaba con una dignidad ejemplar?
¿De qué lo acusaban a Fayt ? De andar casi en puntas de pié por la vida con dignidad, ética y excelencia académica?
¿Quiénes lo acusaban? Los ministros de los gobiernos más corruptos de la historia democrática? Los inmorales nos han igualado, dice el tango. Los Aníbal Fernández que, como si fuera un comisario de la bonaerense en pleno allanamiento, le ordenó a Fayt que saliera de su casa.
El sucesor de Stiuso llamado Horacio Verbitsky se burló de Fayt y dijo que no sabía ni el día en el que vivía y que le tenían el pulso de su mano para que firmara los expedientes. ¿Cómo lo supo? ¿Lo filmaron? ¿Utilizaron los métodos sovièticos de la KGB de cabotaje?
Defender al doctor Carlos Fayt fue como defender un monumento a la democracia y los derechos humanos, a la capacidad intelectual y profesional y a la ética republicana frente a las mafias enquistadas en el poder que se quisieron quedar para siempre. Por eso lo quisieron matar por stress, por acoso moral y humillación, como dijo la doctora Carrió.
Los impresentables y perversos enemigos de Fayt se quisieron quedar con todo y agigantaron su figura. Miles y miles de ciudadanos lo defendieron en la calle en defensa propia.
La República Argentina está de duelo. Murió el doctor Fayt. No aceptó las órdenes ni las extorsiones de Cristina. Se fue de la Corte cuando quiso. Ayer se fue de la vida porque la muerte quiso. Pero volverá cuando la patria pueda extirpar a los corruptos y a los golpistas.
Fayt volverá y no será millones. Fayt volverá y será justicia.
Macri presidente – 22 de noviembre 2016
Hace exactamente un año yo leí esta columna que hoy quiero repetir sin cambiar ni una coma. Es una forma de probarme y de someterme al juicio de los oyentes. Ya pasó el tiempo y se puede ver con más distancia si hubo aciertos o errores. Dice asi:
“Ustedes hicieron posible lo imposible”. Esa frase le salió del fondo del alma a Mauricio Macri, el presidente electo de la Argentina. Es que ni él lo podía creer. Por primera vez en la historia llegó a la jefatura del estado el líder de un partido chico que tiene apenas diez años de vida y que no se forjó en la matriz del radicalismo ni del peronismo. Tal vez si Macri hubiera dejado hablar a su inconsciente, sus palabras hubiesen sido: “Llegué Papá, soy presidente, pude superarte”. No quiero hacer sicologismo barato pero Mauricio le dedicó su vida a demostrarle a Franco que podía llegar muy alto sin su ayuda y por sus propios méritos. Franco Macri fue un padre asfixiante, ultra exigente y más competitivo que lo aconsejable con su hijo. Varias veces lo desafió públicamente. Varias veces fue a contramano de los deseos de su hijo. Varias veces apostó en su contra y boicoteó sus proyectos. Por eso durante tanto tiempo estuvieron peleados. Un día Mauricio decidió romper amarras y construir su propio destino. Sabía que en esa pelea iba a encontrar la felicidad y la alegría. Y ayer se aferró a esa utopía que persiguió durante tanto tiempo. El hijo del tano inmigrante que edificó un imperio económico llegó a la presidencia de la Nación sin que su padre le abriera ninguna puerta. Lo hizo por derecho propio. En nombre del padre. Pero con su propio esfuerzo.
Los kirchneristas lo chicaneaban acusándolo de vago: “Nunca trabajó, siempre vivió de Franco”, pintaron en las paredes. Y esas cachetadas en lugar de intimidarlo le dieron más fuerza para la batalla final contra Daniel Scioli.
Esa relación de amor-odio con su viejo lo marcó para siempre. Y su carácter y garra también se templó en la adversidad de un secuestro extorsivo que lo tuvo muy cerca de la muerte. Estuvo 14 días bajo tierra. Lo encerraron en un ataúd y lo encarcelaron en un sótano de Garay al 2.800. Nadie sigue siendo la misma persona después de semejante experiencia. Su mirada perdida a veces expresa el sufrimiento de ese corazón en aquel momento dramático al que lo sometieron una banda de criminales que eran comisarios de la Policía Federal.
El salto que pegó Mauricio es gigantesco. Desde aquel vicepresidente del holding SOCMA al que arribó por portación de apellido y por ser el hijo del dueño hasta la presidencia de la Nación. Como buen ingeniero se apoyó siempre en la gestión. En el hacer más que en el decir. En Boca Juniors hizo una verdadera revolución de campeonatos y 16 vueltas olímpicas, pero también marcó un camino de responsabilidad y eficiencia. Fue presidente del equipo más popular de la Argentina, superó problemas, abrió ventanas y logró la reelección.
Esos fueron los cimientos del Macri de hoy. No podría haber ganado ayer si no hubiese tenido el nivel de conocimiento y popularidad que le dio Boca. Con eso demostró y se demostró que estaba para más. Que el destino de niño cheto, de creído de Barrio Parque, no era para él.
En la ciudad de Buenos Aires hizo lo mismo. Puso ladrillo sobre ladrillo y eligió el camino más sólido y no el más rápido que le había ofrecido Eduardo Duhalde: ser candidato por el peronismo. Edificó un partido y lo fue haciendo crecer. Con ensayo y error. Con metidas de pata y correcciones. Aprendió a ser gobernante en el gobierno de la Ciudad. Su primera administración estuvo apenas por arriba de la mediocridad general, pero, en su segunda jefatura, mejoró la calidad de vida de gran parte de los porteños. Esa buena tarea en el transporte, en la derrota que le propinó a las inundaciones, en la educación y en el respeto por las disidencias y el pluralismo lo fue perfilando. Es el primer jefe de gobierno de la Ciudad reelecto y que termina su mandato dejando un sucesor de su mismo partido: Horacio Rodríguez Larreta. Encima la provincia de Buenos Aires también estará bajo la conducción de una mujer resolutiva y carismática surgida de su agrupación: María Eugenia Vidal.
Está procesado por la justicia y acusó el golpe por lo de Fernando Niembro. El gobierno nacional le hizo la vida imposible. Le tiraron anchoas en el desierto y lo intentaron estigmatizar. Está acostumbrado a buscar consensos porque siempre gobernó sin mayorías parlamentarias y eso es bueno para los tiempos que se vienen. En su vida personal se lo ve enamorado de la seductora belleza integral de Juliana Awada y de su condición de padre de Antonia y otros tres hijos. Al frecuentar la meditación budista fue calmando sus ansiedades y aflojando sus durezas formales. Hasta se dio el lujo de emocionar y emocionarse en la quebrada de Humahuaca donde le pidió a la madre tierra ayuda para esta tierra.
En las PASO, Macri apenas sacó el 24 % de los votos. Ayer le sumó más de 27 puntos porcentuales. Más que duplicó su potencia. Logró cuatro millones de votos más que en la primera vuelta y encarnó los deseos de cambios de una gran parte de la sociedad. Eran cada vez más los argentinos que decían que este país podía ser gobernado correctamente por un no peronista. Las multitudes de los cacerolazos, las redes sociales, los actos en defensa de los fiscales atacados o el campo humillado fueron juntando masa crítica. Y Masa, Sergio, en el 2013 dinamitó los sueños eternos y monárquicos de Cristina cuando la empujó a la peor actuación electoral en 12 años.
Macri no es un conservador de la vieja derecha como cree la militancia K. Ejerció el divorcio en dos oportunidades y su cultura es más diversa que muchos K aunque menos intelectual. Macri tampoco es un neoliberal entreguista, amante fiel del mercado como quisieron instalar los medios adictos a Cristina.
Macri como político parido por la anarquía del 2001, es muy difícil de encasillar en las categorías tradicionales. Yo me atrevería a decir que no es un gerente de los grupos concentrados a los que conoce de adentro, que tiene sensibilidad social por los más pobres y que su modelo económico de sentido común y eficiencia está lejos del chavismo jurásico y cerca del desarrollismo de Arturo Frondizi.
Macri logró la presidencia de la Nación. No es parte de la herencia que le dejó su padre. Se ganó solito el honor de ser el jefe del estado argentino. Casi 13 millones de argentinos confiaron en su épica de superación. Nadie nunca había sacado tantos votos. Ahora empieza la etapa más importante de su vida. Ahora deberá demostrar si tiene condiciones de estadista para desactivar las bombas de tiempo que deja este gobierno. Yo no podría asegurarlo pero ojalá esa esperanza de tanta gente en las urnas se convierta en realidad. Ojalá. Es por el bien de todos.