Un año de Macri – 21 de noviembre 2016

Mañana se cumple un año del triunfo de Mauricio Macri. En la segunda vuelta sacó el 51,34% de los votos contra Daniel Scioli que cosechó el 48,66%. Es un buen momento para el balance. Para establecer que es lo bueno, lo malo y lo feo de la gestión de Cambiemos.
Lo bueno.
Es un gobierno que no extorsiona ni persigue a nadie. Habla con todos, escucha y, a veces, corrige sus errores. Ya derrotó al fantasma de Fernando de la Rúa. El cristinismo extremo todavía sueña con asfixiarlo y obligarlo a huir en el helicóptero. Pero eso está descartado porque Macri lidera y conduce. Logró fracturar al Frente para la Victoria en varios pedazos y con la muñeca política de Emilio Monzó y Gabriela Michetti consiguieron 70 leyes, 5 de ellas fundamentales, pese a no tener mayorías parlamentarias.
Macri salió de la locura del cepo sin que el país entrara en un manicomio y al cancelar la deuda con los fondos buitres recuperó la tarjeta de crédito para el país. Y en poco tiempo volvimos al mundo civilizado, democrático y republicano. Mejoramos las relaciones con Estados Unidos, Alemania, Francia, España, Uruguay, Japón y nos alejamos definitivamente del autoritarismo de Venezuela e Irán.
Se recuperó el criterio de verdad. Este gobierno no miente. Las cifras reales del INDEC muestran una pobreza y una indigencia terrible pero reconocerla y no ocultarla es el primer paso para solucionarla. Entre los activos del gobierno están los fracasos y las falsedades corruptas del gobierno de Cristina. Fue un plan sistemático para saquear al estado y una mala praxis brutal en todos los ministerios. Eso, por ahora, en la comparación favorece a Macri. Son el día y la noche con Cristina. El respeto como norma vs la agresión permanente.
Lo malo.
Lo peor es que la gestión tiene una lentitud inesperada. Todo tarda demasiado. La atomización de las decisiones económicas demora las medidas y decisiones y el tiempo pasa. La tormenta de obras públicas recién es una llovizna. Hay miedo a firmar y, en muchos ministerios, el presupuesto está insólitamente sub ejecutado. Tienen plata pero no quieren o no saben en qué gastarla pese a que la urgencia de las demandas sociales. Falta planificación y audacia.
El gobierno no cree en la generación de hechos políticos para modificar las cosas. Se resigna a manejar todo desde el tablero de comando. Es un grave error: no alcanza con apretar botones. Los cambios hay que parirlos. Producir nuevos escenarios. Convencer con argumentos y aumentar la base de sustentación del gobierno sumando a figuras independientes y de otros partidos. La coalición es muy débil. Elisa Carrió funciona como la francotiradora de la conciencia crítica y el radicalismo, con Ernesto Sanz fuera de la cancha, perdió protagonismo. Hay poca militancia radical en la universidad o en los gremios de clase media.
El gobierno debería comprender que no hay que resignarse a las cosas como son y pelear por como debieran ser. ¿Se entiende? Hablo de no humanizar lo inevitable. Hay que evitar lo inhumano.
Es verdad que la gente está cansada de las discusiones y los ataques de Cristina y sus cómplices. Pero si no se les sale al cruce del debate, las ideas populistas por más dañinas que hayan sido, van permeando y se consolidan en algunos sectores de la población. Es un gobierno que comunica poco y mal porque no cree demasiado en la política. Sus aciertos duran 15 minutos en los medios y sus fracasos se mantienen mucho más.
Encima algunos gerentes muy exitosos en la actividad privada entraron en pánico a la hora de lidiar con gremialistas y burocracias. Faltan mensajes a los ciudadanos y planes concretos que vayan anunciando la ruta que quiere recorrer el macrismo. Hay que enunciar el objetivo pero explicar las etapas.
Es absolutamente insuficiente decir únicamente que son el cambio.
La inflación sigue vivita y coleando. Y con recesión. De hecho en lo económico las cosas están peores que con Cristina.
El aumento de tarifas fue una metida de pata tremenda. Se pagó los costos de un ajuste feroz sin hacer ese ajuste feroz. Y es imprescindible que los indicadores mejoren lo antes posible porque si el oficialismo pierde las elecciones parlamentarias del año que viene está liquidado y resucita a Cristina y su candidatura.
El gobierno interviene muy poquito en la realidad. Subir o bajar tasas, es un detalle y no un plan económico. No se puede permitir que los precios aumenten en forma arbitraria sin siquiera decir una palabra de rechazo públicamente. O aplicar la ley a los abusadores. Falta mostrar firmeza y autoridad con los empresarios que especulan. Se equivoca feo el gobierno si cree que con solo arreglar las variables macroeconómicas, la vida cotidiana va a mejorar por añadidura. Este es el fracaso del segundo semestre. Prometía brotes verdes de buenas noticias. Y salieron nubarrones negros de inquietud e incertezas. El gobierno parece que todavía tiene puesto el freno de mano. ¿Cuáles son las políticas públicas que propone para cada sector? Por momentos parece que funciona por espasmos y corre detrás de los acontecimientos. No fija la agenda. Le marcan la cancha pese a que salvo los fanáticos del Frente para la Valija, todos los sectores han mostrado una actitud responsable y prudente. La CGT, la oposición del Frente Renovador y el peronismo no kirchnerista y los medios en general, evidenciaron paciencia pero eso tiene un límite que puede ser el primer trimestre del año que viene.
Lo feo.
Macri dijo que su utopía es la pobreza cero. Pero durante los meses que gobernó aumentaron los números de desocupados y de pobres. En el país de los alimentos hay 2 millones de compatriotas argentinos que tienen problemas para comer.
Las industrias tienen un 40% de su capacidad ociosa pese a que atravesamos la mayor presión impositiva de los últimos 15 años. El consumo se cayó a pedazos. El respetadísimo Javier González Fraga dice que muchas inversiones no llegan porque temen el regreso del populismo en el 2019. Cambiar esa sensación también es una responsabilidad del gobierno. Y otra vez, esto me lleva a la mayor crítica que le hago al presidente Macri. Este es un gobierno que quiere ser más desarrollista y heterodoxo que neoliberal. Pero a la hora de la verdad se quedan más en la tribuna intentando cambiar las reglas del juego por control remoto y entran poco a la cancha a definir los partidos poniendo el pecho y pierna fuerte.
Macri salió campeón con Boca y en la ciudad de Buenos Aires. Pero este es el partido más importante de su vida. Debe terminar su mandato como corresponde, sin terremotos sociales, con más trabajo y menos pobreza y con la Argentina de pié. Si lo logra, se habrá convertido en el primer presidente no peronista en 80 años en lograr algo tan simple y tan complejo como eso. Es la única forma de madurar institucionalmente. Es la única forma de crecer de golpe pero sin golpes.

Dos años sin Pepe – 18 de noviembre 2016

Me lo recuerdan los oyentes en la calle o a través de los mails y las redes sociales. Fue tanta la potencia periodística de Pepe Eliaschev que a medida que pasa el tiempo, su figura se agiganta. Y a modo de homenaje y a pedido de tanta gente que lo admiraba, bien vale el recuerdo de aquella columna dolorosa.
Es que extrañamos tanto a Pepe. Hoy hace dos años que se nos murió el querido Pepe.
Esto que pasa es que el maldito cáncer de páncreas finalmente asesinó a Pepe Eliaschev. Esto que pasa es que me tiemblan las manos sobre las teclas y la voz cuando lo recuerdo. Esto que pasa es que esta querida radio Mitre, este periodismo independiente que amamos y este país han perdido a uno de sus mejores hombres. Conocí pocos periodistas con la formación intelectual y el rigor profesional de Pepe. Era exigente con los demás y con el mismo hasta la obsesión. No andaba con vueltas. Decía las cosas de frente y sin eufemismos. Eso le trajo algunos problemas de convivencia en los trabajos, pero se las bancaba como un señorito. Le gustaba que mi amigo el Zorro le regalara algún habano para fumar tranquilos después de la cena. Amaba profundamente a Victoria, su mujer y a sus hijos. Me agasajó un día en su casa con un asado maravilloso que compartimos con Luis Brandoni y Sergio Renán. Era muy hincha de Racing. Se inclinaba en el altar democrático, republicano y de manos limpias de Raúl Alfonsín. Amaba la palabra «crocante» y yo lo cargaba con eso. El se reía en esos momentos y cuando le confesaba que mi vieja, Esther, lo admiraba más a él que a mi. Siempre me decía:” no te agrandes que yo te conocí en calzoncillos” y se refería al tiempo que compartimos el camarín en América TV. Tenía una variedad de lenguaje notable. Utilizaba las palabras, con alas, colores y toda la multiplicidad de contenidos. Varias veces me quedé con la boca abierta viendo como improvisaba sus profundos, picantes y coherentes editoriales radiales. Cuando descubrí que no los escribía previamente pasó a ser mi ídolo. En la tele yo improviso, pero en la radio, redacto todos los días estos textos que leo. Pepe iba tejiendo conceptos y valores en el aire al correr de su voz. Eso se llama talento. No conocí a nadie que hiciera de la columna radial un arte como lo hizo él. Siempre se sintió orgullosamente judío y jamás le gustó que lo llamaran José Ricardo. Soy Pepe, le decía a todos. Supo escribir en el semanario de Montoneros y luego hacer una profunda y sincera autocrítica de la lucha armada. Fue redactor en la revista «Todo» de Bernardo Neustadt junto a Miguel Bonasso. Hacían sus primeras armas en el oficio y tal vez esto lo diga como un fallido, en todo el sentido de la palabra. La tenebrosa Triple A lo amenazó y tuvo que exiliarse en los Estados Unidos. Allí hizo un postgrado de periodismo y de amor por la libertad trabajando en una agencia de noticias internacional. Hizo coberturas memorables como la de la Nicaragua del sandinismo, por ejemplo. El ejército también lo prohibió como corresponsal en Nueva York de Neustadt y Videoshow.
Volvió a la Argentina y el primero que le dio su lugar de estrella fue Juan Alberto Badía en la tele. Fue censurado por los retrógrados reaccionarios que no aceptaron que en canal 7 hiciera una encuesta acerca del tamaño del miembro viril y su relación con el goce sexual. Era pornografía, decían los fachos de entonces. Era de la patota cultural alfonsinista, lo estigmatizaron. Hoy esas encuestas picarescas serían bebes de pecho para las groserías y el mal gusto que circula por los medios. Durante el kirchnerismo extremo que lo odiaba y lo acusaba de derechista o agente del Mossad fue atacado en forma permanente pero hubo dos momentos culminantes. Primero cuando no le renovaron su contrato en Radio Nacional y Mona Moncalvillo le dijo en nombre de Néstor Kirchner: «C´est fini, negrito». Se había terminado la voz crítica e insobornable de Pepe Eliaschev por orden de los Kirchner que jamás toleraron la pluralidad de voces. Después hizo un libro al que llamó «Lista Negra» y lo presentó en el colegio Nacional Buenos Aires donde orgullosamente había cursado su secundario.
Otra vez recibió la medicina amarga de una parte de su propia colectividad judía. Tuvo una primicia internacional y la publicó en la tapa del diario Perfil. Era el pacto secreto que Héctor Timerman había firmado con los iraníes en Siria. El canciller argentino, emblema de la traición, desmintió esa verdad y lo atacó igual que importantes miembros de la DAIA y la AMIA. Pepe tenía buenas fuentes y una fina intuición. El ratificó todo lo publicado y al tiempo, todo se confirmó. Todo lo que él había escrito era absolutamente cierto. Los desmentidores tuvieron que tragarse sus palabras pero fueron incapaces de pedir disculpas. En el aniversario número 20 del atentado terrorista a la AMIA, por suerte, tanto Luis Czyzewski, como quien les habla pudimos hacer un humilde desagravio de su figura y reivindicar su honestidad intelectual y su capacidad periodística.
Un día quise aumentar la calidad profesional de mi programa y convoque dos columnistas. A José Antonio Díaz en economía y a Pepe en internacionales. Fui a su oficina en la avenida Santa Fé y le confesé que me costaba ofrecerle que fuera mi columnista. «Por trayectoria y por capacidad, yo debería ser columnista tuyo, Pepe». Eso le dije. El me contestó emocionado: «Dejate de joder, es un orgullo que me convoques y de esa manera puedo volver a la tele». Lo habían marginado los autoritarios y el seguía peleando su oficio en radios humildes y valientes que le daban aire para que el kirchnerismo no lo asfixiara. Fue histórica su pelea en «Le doy mi palabra», en canal 26 con Diana Conti. Ella elogió a Stalin y el le saltó a la yugular como era su costumbre. «Es un carnicero que mató a 20 millones de personas», reaccionó. Terminó el reportaje a los gritos: Conti acusando de radical a Pepe al grito de » Ahora votá a Cobos» y el con la velocidad de la chicana le respondió: » Vos ya lo votaste», porque eran tiempos de Cristina, Cobos y vos.
Lo ví especialmente cansado el día que volvimos de la Feria del Libro a estos estudios de la calle Mansilla que el tanto amaba. Me dijo que era agotamiento por tener que hacer su trabajo sin intimidad ante la vista de todos. Pero al otro día vino todo amarillo. Pronto supimos que un criminal llamado cáncer de páncreas se había apoderado de su cuerpo. La peleó con coraje y quimioterapias. Era una fiesta para los oyentes y para él cuando podía venir a hacer el programa y presentar esa música celestial que tanto disfrutaba. Esa misma música que ponemos en su homenaje para decirle hermano de oficio, Pepe querido, periodista de raza y hasta la muerte. Hace dos años que te extrañamos.

Cristina de las mentiras – 17 de noviembre 2016

Hay que tener la cara muy dura y carecer de estómago para acusar a alguien de mentiroso desde el verticalismo cristinista.
Un grupo de diputados al servicio de Cristina presentó un proyecto insólito para declarar al 15 de noviembre como el día nacional de la mentira. Ellos dicen que el actual presidente Mauricio Macri mintió en aquel primer debate presidencial de la historia con Daniel Scioli.
Legisladores de fuerte imagen negativa y casi cero de intención de voto como Héctor Recalde y Carlos Kunkel y los capos de La Cámpora, Andres Larroque y Wado de Pedro, fueron los impulsores de semejante despropósito que no llega ni a chicana política. Que los integrantes del Frente para la Valija acusen a Macri de mentiroso es como si Donald Trump acusara de fascista a Barack Obama. El mundo del revés. Porque pocas veces hubo en la argentina una dirigente que haya dicho tantas falsedades como Cristina. Hace algunas semanas lo dije y ahora lo repito:
Cristina miente cuando dice que el gobierno la quiere proscribir. Todo lo contrario, el presidente Mauricio Macri y su equipo la quieren enfrentar y derrotar en las urnas. La administración de Cambiemos sabe que si Cristina fuera encarcelada eso la convertiría en una suerte de mártir y la ayudaría en su estrategia de victimizarse.
Cristina miente cuando dice que es una perseguida política. Vacía de contenido esa categoría y una vez más humilla a los que verdaderamente fueron hostigados y desaparecidos o encarcelados por su pensamiento o su ideología. En este caso la ex presidenta es perseguida por la justicia que la acusa con muchas pruebas y argumentos:
1) Administración infiel en la causa por el dólar futuro donde va derechito al juicio oral después de que se confirmó su procesamiento.
2) Asociación ilícita donde puede recibir su segundo procesamiento por parte del juez Ercolini.
3) Malversación de fondos, abuso de autoridad y lavado de dinero en la causa Hotesur.
4) Enriquecimiento ilícito, falsificación de documento público, cobro de coimas en el expediente de Los Sauces.
5) Lavado en la ruta del dinero K.
6) Y traición a la patria por haber intentado encubrir a los terroristas de estado iraní que volaron la AMIA.
Cristina miente cuando dice que no es amiga ni socia de Lázaro Báez. Puede ser que ella no haya sido amiga porque lo despreciaba por cuestiones más estéticas que éticas. Pero ella y su ex marido no solo fueron socios comerciales en por los menos 13 emprendimientos sino que todos los indicios que la familia Báez fue empleada de la familia Kirchner, es decir mucho más que testaferro. Los Kirchner enriquecieron a la familia Báez que fue una forma de enriquecerse a sí mismos.
Además, el propio Lázaro construyó el faraónico mausoleo donde descansan los restos de Néstor y dijo que era un regalo a un amigo según está escrito en una placa recordatoria. Es, mas, la última noche que estuvo vivo cenaron los tres: Néstor, Cristina y Lázaro.
Cristina miente cuando dice que las acusaciones de los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques son un “disparate mayúsculo”. Por el contrario son escritos de una rigurosidad y minuciosidad infrecuente que demuestra el funcionamiento de un plan sistemático para saquear el estado mediante una asociación ilícita comandada primero por Néstor y después por ella.
Cristina miente cuando dice que reclama una auditoria de toda la obra pública como si el hecho de que otros empresarios incluso Angelo Calcaterra primo de Macri, hubieran hecho negocios con el estado, eso le quitara la responsabilidad a Cristina. Y si otros empresarios también participaron del sistema de sobre precios para pagar megacoimas deben dar explicaciones ante la justicia sin que nos importe su apellido ni su camiseta partidaria. Cristina miente cuando por boca de Zaffaroni dice que hay un sector de la justicia partidizada que junto a los medios de comunicación la quieren ver presa. La verdad es que Justifica Legítima fue la agrupación que se puso al servicio de la causa kirchnerista y que malversó su actividad que es la buscar la verdad sin que importe la camiseta ideológica. No importa que piense el ladrón. Sigue siendo ladrón. Justicia Legítima es la única organización dentro de los tribunales que actúa como militancia conducida por Alejandra Gils Carbó y Cristina que, muchas veces como en este caso, acusa a los demás de su propia actitud. Escupe al espejo.
Cristina miente cuando dice que hay un fraude electoral en ciernes con la boleta electrónica y que por eso Macri insiste tanto con el tema. En realidad el que primero aplicó ese sistema más transparente y veloz fue el peronista gobernador de Salta Juan Manuel Urtubey. Y el robo de boletas y otras trampas y maniobras ilegales se produjeron a favor del Frente para la Victoria.
Cristina miente cuando declara que no tiene propiedades. Que solamente le queda un terreno baldío. Ella se insolventó en forma fraudulenta y cedió todos sus bienes a sus hijos con el fin de evitar que le embarguen los bienes y sean recuperados para el pueblo lo que es del pueblo. Falsificaron hasta la firma de Néstor. Cristina quiere despertar lástima porque no tiene casa propia cuando hasta hace un rato tuvo más de 70 millones que declaró y 27 propiedades. Hoy habría que hacer una campaña que diga “Un techo para Cristina”, pobre arquitecta egipcia no tiene ni un ranchito propio”. Hasta en eso miente y se victimiza.
Cristina miente cuando denuncia una campaña de hostigamiento hacia su madre. Nadie la obligó a que cobrara un sueldo de una cooperativa en forma ilegal. Y eso no se puede negar.
Cristina miente cuando dice que en Alemania hay más pobres que en Argentina por boca de Anibal Fernandez o cuando malversa todos los datos del Indec y la inflación por obra y gracia de Guillermo Moreno.
Cristina miente cuando se presenta como una luchadora contra la dictadura o cuando no dice una palabra del tema inseguridad y narcotráfico que se multiplicó geométricamente durante su mandato.
Cristina miente. No resiste preguntas. No escucha. Ya lo dijo Zannini: “a Cristina se la escucha, no se le habla”. Cristina miente. Inventa un relato negador para auto justificarse y se lo cree de tanto repetirlo. Cristina miente y miente porque cree que algo queda. Pero que acuse de mentirosos a los demás, es too much. Se transforma en Cristina, la reina de las mentiras.