Contra la droga – 8 de noviembre 2016

La gran mayoría de los argentinos todavía no tomó conciencia de la gravedad del tema del narcotráfico por un lado y del consumo de droga por él otro. No se generó el suficiente escándalo moral que nos haga levantar la voz y exigir que todos los involucrados trabajen duro y en forma mancomunada para terminar con estos dueños del veneno que mata a nuestros hermanos y que se llenan los bolsillos con dinero sucio.
La droga es el principal enemigo del pueblo. El último intento de instalar el tema de verdad en el debate público lo hizo la Comisión Nacional de Pastoral sobre Drogadependencias, que coordina el padre José María “Pepe” Di Paola. El documento fue contundente al pedirle a las autoridades la urgente declaración de la “emergencia nacional de adicciones” para empezar a cortar por lo sano y para ganar algunas batallas en esta lucha desigual que, según el especialista en desarrollo social Daniel Arroyo, “estamos perdiendo 10 a 0”.
El texto de los curas que ponen el pecho y el cuerpo todos los días en las villas y en los hospitales pegó un alarido: “¡Basta! ¡Basta! ¡Ni un pibe menos por la droga! Hay que ponerse a trabajar”. También ratificó su firme rechazo a “las políticas liberales que reclaman el derecho de cultivar, tener o consumir drogas”, en clara referencia a la marihuana. Se agradece esa postura tan taxativa frente a muchos presuntos progres y chicos cool que se creen que la legalización puede ser un camino de salida cuando, en realidad, es la puerta de entrada de los sectores más necesitados.
El documento de los curas villeros pone el dedo en la llaga cuando dice que hay que cortar el circuito financiero. Dinamitar la ruta del dinero que enriquece a estos criminales que trafican con el dolor de nuestras familias.
El texto dice que “ El narcotráfico es una red multinacional con gerentes y CEOs, que saben tanto de complicidades políticas como de comunicación, de maquillar la realidad con teorías novedosas surgidas en universidades prestigiosas, de hacer lobby y buscar leyes favorables a sus negocios”. Una denuncia corajuda que describe la magnitud de la guerra que nos han declarado.
Los representantes diocesanos no creen conveniente politizar el tema. Dicen con claridad que “no se trata de un gobierno u otro, sino más bien de un problema que fue creciendo y, como una espiral, avanza profundizando el deterioro de la vida de nuestros jóvenes y destruyendo el tejido social”.
Denuncian que cotidianamente, llegan a sus parroquias e instituciones presentes a lo largo del territorio nacional, a los pueblos y ciudades muchos pibes, gurisas, changos y chinitas que perdieron su libertad por la falta de sentido y oportunidades, y quedaron entrampados en las redes del consumo de alguna droga, tanto legal como ilegal. Acompañamos el sufrimiento de sus familias y seres queridos. Esto sucede incluso en los pueblos más chiquitos, en los que para poder ver a un psicólogo o especialista en salud mental hay que viajar 100 o 200 km. La situación es desesperante y nos preguntamos cuál es la respuesta que como sociedad estamos ofreciendo. Debemos sincerarnos. En los centros urbanos estamos discutiendo modos novedosos de intervenir, organizando congresos y analizando las falencias de los distintos paradigmas y modelos teóricos, muchas veces importados, y la respuesta sigue siendo insuficiente, mientras hay cerca de un millón de jóvenes que no estudia ni trabaja en nuestro país.
Rechazan los enfoques represivos hacia las víctimas que consumen y explican que si a nuestros jóvenes no les ofrecemos oportunidades reales para crecer, para descubrir el sentido de la vida, políticas públicas de prevención y un sistema de salud adecuado, van a ser estructuralmente vulnerables. No alcanza con perseguir al narcotráfico, hay que cuidar a los pibes.
La ministra de seguridad Patricia Bullrich dijo que nuestro país “tiene un mercado perfecto para los narcos y por eso iniciaron una lucha frontal y concreta. Argentina exporta cocaína por las hidrovías” Dentro de 10 días en el Vaticano se va a realizar un seminario organizado por la Academia Pontificia de Ciencia dedicado a este flagelo.
Y está claro que la prevención siempre es el camino más barato y efectivo. Porque el narcomenudeo llegó a todas las latitudes. Porque la cultura que se instaló muestra al vendedor de droga como alguien exitoso que se llena de plata y que tiene las mejores motos y zapatillas frente a la miseria que lo rodea. Es un liderazgo absolutamente tóxico. Un patrón del mal que produce una verdadera implosión social allí donde se instala: los robos y los asesinatos se multiplican en forma proporcional a la cantidad de droga que se consume y trafica. Y a las instituciones que han sido perforadas y prostituidas por la corrupción.
El anterior gobierno tenía una actitud cómplice y negadora. No solo por los millones de dólares que embolsaron con el contrabando de efedrina y por el triple crimen. También porque personajes fuertes del gobierno como Aníbal Fernández miraban para otro lado y subestimaban el problema. Hay que revisar a fondo los aportes que recibieron en la campaña electoral de la mafia de las droguerías y sumar dos más dos.
Hay que decirlo con todas las letras: no hay droga buena. Hay que decirlo de la manera más descarnada posible: no hay droga buena porque no hay muerte buena. Y la droga mata. Todas las drogas matan: Más temprano o más tarde. Algunas matan en forma fulminante y otras lo hacen por goteo: primero te esclavizan, te hacen adicto, te dominan hasta que finalmente, cuando menos lo esperas, te clavan un puñal por la espalda.
No solamente la droga mata. En general, en la mayoría de los casos, mata a pibes. Es un crimen a la vista de todos que liquida a los jóvenes. No hay otro camino que matar a la droga antes de que la droga nos mate a nosotros. La iglesia ya puso el grito en el cielo. Ahora nos toca a nosotros levantar esa bandera y llevarla a la victoria. “Ni un pibe menos por la droga” debe ser nuestro objetivo colectivo. Nuestra epopeya nacional. Ni uno menos por la droga. Ni uno menos.

De Perón a Boudou y Esteche – 7 de noviembre 2016

Alberto Nisman apareció muerto horas antes de denunciar a Cristina, a Timerman y a otros personajes nefastos como Fernando Esteche.
No deberían sorprendernos estas declaraciones temerarias y cargadas de pólvora de Fernando Esteche. Por radio amenazó que si a un juez se le ocurriera detener a Cristina podría terminar muerto. “O destituido o apartado, puede pasar cualquier cosa. La relación de poder es siniestra”.
Conspirador y conspirativo como buen jefe de Quebracho, Esteche sobre la posible muerte de algún juez dijo que “ No cuesta nada. Así como ponen a través de sorteos muy curiosos siempre a los mismos jueces y a los mismos fiscales imputando a los mismos compañeros, de la misma manera los podrían sacar de juego si alguien se autonomiza y va más allá de lo que el poder político pretende”.
Es verdad que la historia se repite dos veces. La primera como tragedia y la segunda como farsa. Y esa foto de los auténticos decadentes con las patas en la fuente de la Plaza de Mayo es una farsa. Las diferencias entre la foto original de los obreros y de los grasitas de Perón del 17 de octubre con la de la semana pasada son abismales. Es el océano que separa a Juan Domingo Perón de Amado Boudou. Uno fue un caudillo que marcó a fuego para bien y para mal la historia argentina y el otro un atorrante de estado que se enriqueció con el dinero de los argentinos.
Son dos fotos que representan cosas antagónicas. El día y la noche. El amanecer y el ocaso.
La primera es el símbolo de un nacimiento y de una incorporación. Surgió el liderazgo de Perón que parió al justicialismo y la clase trabajadora se sumó el escenario y el debate de la vida pública.
La segunda es el emblema de la muerte política y la decadencia de un grupo de impresentables que se nuclea en el ladriprogresismo de la guardia pretoriana de Cristina Fernández de Kirchner.
Aquel 17 de octubre, los laburantes de la carne que venían de Berisso con Cipriano Reyes, los trabajadores de Avellaneda o Quilmes pusieron su corazón en manos del coronel Perón que estaba detenido y que desde la Secretaría de Trabajo había multiplicado los derechos laborales. Todos exigían la libertad de ese hombre que con Eva se había transformado en la esperanza de los sectores más postergados de la sociedad. Una multitud marchó hacia una plaza convertida en ágora y asamblea popular que gritaba: “Los que sean de Perón que se sumen al montón” y “La patria sin Perón, es un barco sin timón”, como contó Ricardo Roa.
Este viernes 4 de noviembre de 2016 un par de muchachos que baten todos los records de imagen negativa fueron expulsados por Pablo Micheli, un dirigente sindical que enfrentó a Cristina y que se dio cuenta que Boudou y sus cómplices querían lavarse los pecados y limpiarse los prontuarios usando una manifestación. Amado, Fernando Esteche y Luis D’Elía, entre otros pusieron sus patas en la fuente y quisieron robarse aquel recuerdo histórico. Alguien dijo con toda razón que fue una profanación. Una violación de la memoria colectiva que fue malversada.
“Las patas de la mentira”, dijo anoche Ari Paluch.
Hasta el ministro Rogelio Frigerio caracterizó a Boudou como “un chanta que no bajó de la Sierra Maestra sino de los edificios de Puerto Madero”. Su referencia fue porque el ex vicepresidente multiprocesado por corrupción levantó su puño en alto como si fuera un guerrillero que acompañó a Fidel Castro en la revolución cubana. No se trató de una travesura de adolescentes. Fue una falta de respeto, una humillación a la historia del peronismo. Fueron a robar protagonismo y cámara y como Pablo Micheli los hizo bajar de un plumazo del escenario apelaron a su cara más dura para falsificar un hecho histórico que representa, insisto, todo lo contrario de estos personajes nefastos que el peronismo repudia y que se han refugiado bajo las polleras de Cristina.
Aquel parto de la historia se transformó en el velorio político de una secta. Aquel día derivó en el día de la lealtad y este en el día de la payasada y la caricatura.
Un año después de aquel 17 de octubre, Perón fue elegido presidente por primera vez. Un año después de esta comedia tramposa, Cristina rendirá su examen ante las urnas y pronto sabremos si volverá a las grandes ligas o se transformará en un amargo recuerdo flotando en el adiós.
Amado Boudou es un vivillo que quiso robarse la fábrica de billetes y que se aprovechó incluso de la muerte de Néstor Kirchner. Un despreciable personaje elegido por Cristina que le robó al pueblo pobre de Formosa con una megacoima que cobró su socio y como si esto fuera poco, hizo trampas de todo tipo, en sus documentos en su falso domicilio de un médano, a su ex esposa para no darle la mitad de su auto y se enriqueció ilícitamente engordando el patrimonio de toda su familia. Todo eso lo hizo a bordo de sus motos Harley Davidson y cantando la única verdad; que arde la ciudad. Arde de bronca y por su comportamiento y porque aún no se explica cómo sigue en libertad.
Fernando Esteche, el que pronostica la muerte de algún juez que se atreva a detener a Cristina, es el comandante del grupo Quebracho, el más violento que existe hoy en la Argentina. Adorador de Chávez y los sectores ultras y antisemitas de Irán, como su amigo Luis D’Elía, estuvo preso por incendiar la casa de Neuquén en Buenos Aires con bombas molotov. Suele marchar con sus brigadas de diseño militar, de palos y cadenas con caras tapadas para intimidar a medio mundo.
Luis D’Elía es otro piquetero violento que se aprovechó de su adhesión al cristinismo para hacer ingresar a todos sus hijos al ANSSes. Uno de ellos, por lo menos en forma irregular. Y su esposa Alicia Sánchez también cobró un sueldo como legisladora. D’Elía dijo la verdad: se propuso terminar con la desocupación en la Argentina y empezó por terminar con la desocupación en su familia. Por algún lugar hay que empezar. Todos los argentinos pagamos los sueldos de 5 integrantes de la familia de D’Elia. Fue además el que tomó en forma violenta una comisaría, el que le pegó a un manifestante que apoyaba al campo y el que todo el tiempo está insultando a quien no suscriba su comportamiento patotero y sugiere fusilar disidentes.
Cristina Fernández de Kirchner está tan complicada en la justicia que apela a este tipo de aparatos para asustar a jueces, dirigentes políticos y periodistas. Son los que amenazan con que va a haber kilombo si la tiran a Cristina al bombo y que todo el tiempo muestran sus garras. Son los que empujan con todas sus fuerzas para destruir al gobierno de Mauricio Macri y sabotean en donde pueden todas sus iniciativas. El peronismo parlamentario y el que gobierna provincias e intendencias no los quiere tener cerca porque son piantavotos. Ninguno podría someterse a las elecciones porque se llenan la boca hablando del pueblo pero son tan extremistas y agresivos que jamás los vota nadie. Boudou, Esteche y D’Elía son soldados de Cristina pero están muy lejos de Perón y el 17 de octubre. Por más que pongan las patas en la fuente todo el mundo se da cuenta que una cosa es la historia que construyen los pueblos en movimiento y otra cosa es la truchada oportunista que proponen los impresentables. Dos fotos que son el día y la noche. El amanecer y el ocaso. Un parto y un velorio.

La xenofobia de Pichetto – 4 de noviembre 2016

El diccionario no miente. Dice que xenofobia es el odio y la hostilidad hacia los extranjeros. Es lo que expresó hacia peruanos, bolivianos, sirios y paraguayos el senador Miguel Angel Pichetto, presidente del bloque del Frente para la Victoria. Primero lo hizo por canal 26 ante Roberto García y levantó la indignación de todo el arco democrático. Pero anoche ratificó y amplió su discriminación racial en TN, ante Julio Blanck y Eduardo van der Kooy.
El Instituto Nacional contra la discriminación informó que va a tomar cartas en el asunto frente a la queja de las embajadas. El Inadi hizo lo que corresponde.
Hebe de Bonafini salió a cruzar a Pichetto. Le pidió que tenga las pelotas de renunciar a su banca, que se vaya del país y lo trató de hijo de mil putas. Típico de Hebe. Después vamos a escuchar los audios de ambos personajes que trabajaron más de 12 años al servicio de Néstor y Cristina Fernández de Kirchner. Pero hay dos antecedentes que corresponde recordar para contar toda la película y no solo este último capítulo. Primero, cuando Pichetto dijo que en el atentado a la Amia murieron argentinos- argentinos y argentinos-judíos. Y segundo cuando Hebe en plena plaza de Mayo insultó a un grupo que portaba un ataúd “váyanse de acá bolivianos de mierda, la plaza es nuestra”. Llevaban un albañil asesinado en el féretro y a modo de protesta y reclamo de justicia, querían velarlo en la plaza de todos.
Pero hay más todavía. Hebe en una entrevista que quedó grabada dijo que Horacio Verbitsky era “un judío sirviente de los Estados Unidos a sueldo de la fundación Ford.” Fue su respuesta vomitiva a las críticas que Verbitsky le había hecho por celebrar el atentado a las Torres Gemelas.
Pichetto, Hebe y Verbitsky fueron tres soldados de Cristina. Tal vez la ex presidenta tiene algo para decir aunque sea por tuiter.
Mientras algunos trogloditas apuestan al huevo de la serpiente, a modo de respuesta y toma de posición, se me ocurrió repetir mi opinión sobre los inmigrantes.
Pedrito Guerra lo dice en forma maravillosa: “Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire /ven, pero sí con tus ojos y con tus bailes / Lo proponía también Pedro Arcanjo, el personaje extraordinario de Jorge Amado en Tienda de los Milagros: la mixtura de las razas como freno a todas las guerras y como apuesta definitiva a la paz.
Su teoría decía que si todos los hombres y todas las mujeres nos mezclamos y nos casamos todo el tiempo con gente de otras latitudes, razas, y creencias, vamos a terminar siendo todos parientes. Y ya nadie va a querer discriminar a nadie porque todos vamos a tener un gen de todas las razas corriendo por nuestra sangre. ¿No le parece una utopía maravillosa y poética? Sería el mejor de los milagros de esa tienda: la integración. El fin de la discriminación. La instalación definitiva en esta tierra de la mejor contaminación, del cruce de culturas, saberes y experiencias. Sería el fin del odio racial. El amanecer de un nuevo planeta llamado convivencia.
La palabra inmigrante me conmueve hasta las lágrimas. Porque inmigrantes somos todos. Nuestros padres, nuestros abuelos de algún lugar vinieron. Dicen que el hombre desciende del mono pero que el argentino desciende de los barcos.
Eso porque pensamos en una sola de las oleadas de inmigrantes. En los tanos, los gallegos, los rusos, los turcos, todos los que así fueron llamados cariñosamente y como una forma del abrazo en nuestra bendita argentina. Pero yo también valoro la otra ola de inmigrantes. Tan o más discriminada que la anterior. ¿No se acuerda de los gallegos brutos, o los judíos tacaños? Hoy pasa lo mismo cuando nuestra degradación es capaz de hablar de bolitas, o los chinos del super o los negros de todo tipo que vienen a usar nuestros hospitales y nuestras escuelas. ¿No escuchó nunca acaso ese exabrupto? Yo me alegro de que este país sea una puerta abierta a los “hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, como dice el Preámbulo de nuestra biblia laica que es la Constitución Nacional.
El artículo 25 dice que “El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes”.
Y esta tierra se hizo y se sigue haciendo grande con la sangre, el sudor y las lágrimas de quienes se sumaron a los criollos para construir el futuro.
A esa mixtura maravillosa del abuelo gringo que llegó y se arremangó con el abuelo indio que jamás se resignó, como dice la canción. Ese es nuestro crisol de razas. El mejor ejemplo que podemos dar al mundo de integración, cohesión y convivencia pacífica. Hemos sumado a nuestra identidad otras identidades. En sus músicas, en sus comidas, en sus costumbres y lenguajes. La diversidad cultural es nuestra mejor carta de presentación. Es la paleta con todos los colores posibles. Es la contracara del nazismo que creía en una raza superior. Es la celebración de que todas las razas somos superiores. Y que todos somos iguales ante la ley y ante Dios. Mucho más todavía porque la xenofobia está resurgiendo en muchos países del mundo.
El odio racial y religioso y los gobiernos que condenan a su gente a la miseria son los principales motores de la mayor inmigratoria que se da desde la Segunda Guerra Mundial y del primer genocidio que vemos como se produce en tiempo real. Los chicos sirios que tanto conmovieron al mundo huyen del exterminio de los fundamentalistas. Solo en Siria asesinaron a 12 mil pibes y muchos de ellos fueron quemados o enterrados vivos. ¿Se da cuenta del nivel de crueldad del que estamos hablando? Y muchos de esos terroristas de estado ejecutan una masacre cotidiana en nombre de Dios y la religión. A las mujeres las convierten en esclavas sexuales. Quieren fundar un califato y por eso matan miles y miles de cristianos. ¿Se acuerda que Cristina había dicho que los fanáticos del Estado Islámico eran una puesta en escena y un montaje hollywoodense ¿ Se acuerda de semejante barbaridad presidencial? Es tanta la desesperación de estos hermanos que se lanzan al océano en barcazas que son verdaderas cáscaras de nuez y son capaces de tirarse en las vías, delante de los trenes? El crimen de un solo chico debería sublevarnos como pide el Papa Francisco. ¿Qué parte de la condición humana se ahogó con aquel chiquito Aylan que se ahogó en las costas de Turquía. Repudiar a Pichetto y Hebe Bonafini es darle una mano al que, por suerte, es diferente y por suerte es semejante. La migración es un derecho natural, esencial e inalienable de la persona. Una buena manera de festejar el día es acompañar a Pedrito y disfrutar de esa contaminación positiva. Contaminarnos pero no con el humo que asfixia el aire pero si con tus ojos y con tus bailes.
Contamíname, mézclate conmigo
Que bajo mi rama tendrás abrigo. Los inmigrantes son hermanos nuestros llenos de sueño que andan buscando su destino.