Hoy le quiero hablar de las cifras aterradoras y mañana de las personas desgarradas.
Hoy quiero poner en contexto el drama más importante que hoy tenemos los argentinos: la inseguridad y la falta de confianza en la justicia. La encuesta de Managment & Fit para el diario Clarín es demoledora. Para el 34,5% de los compatriotas la principal preocupación es la falta de seguridad y tranquilidad. Esta cifra se duplicó de un mes al otro. El otro dato es realmente estremecedor y sirve como diagnóstico de la asignatura pendiente más complicada que tenemos que rendir como sociedad. El 77% de las personas que habitan este bendito país, casi 8 de cada 10 consultados dijeron que no confían en la justicia.
Hay una encuesta de la UCA que es peor: dice que el 87,3% de la población se siente insegura en su casa, en el barrio y en la vía pública.
Por eso el grito de mañana en el Congreso será “Para que no te pase”. Porque es una exigencia a los tres poderes del estado para que se haga presente. Porque el otro dato que habla de la profundidad de la fractura social y de la ruptura de los lazos de solidaridad básicos es que más de la mitad de los argentinos justifica total o parcialmente la justicia por mano propia. Es decir matar para que no nos maten. Esto es gravísimo. Estamos demasiado cerca del infierno de la ley de la selva donde siempre gana el más poderoso. Es un retroceso a la no civilización democrática. Es el ojo por ojo y el diente por diente. Ya le dije muchas veces, con el ojo por ojo, todos nos quedamos ciegos. Es la venganza como forma de relacionarnos con nuestros semejantes. Es el estallido de la condición humana. Decía Ricardo Roa con sabiduría que la aspiración de todos, gobernantes y gobernados, debe ser “vivir sin miedo y no convivir con el miedo”. Así de simple y contundente. El miedo es el peor veneno de una sociedad y de un individuo. Siempre el pánico nos saca lo peor de nosotros. Y todos los números indican que lo que más creció en los últimos tiempos es el miedo. Porque es la reacción lógica a sentirse desprotegidos por policías, jueces y funcionarios. Hay muchos motivos nefastos que nos trajeron hasta acá. Yo soy un convencido que la exclusión y la marginalidad ignorada durante más de 12 años más el narcotráfico fomentado o tolerado produce la peor fórmula: cada vez menos condenados y cada vez más reincidentes. Tuvimos 12 años de un estado fabricante de delitos de corrupción y protector de malvivientes.
Así los delincuentes se envalentonan. Saben que en la relación costo-beneficio, les conviene robar o matar. Son conscientes de que es difícil que los encuentren. Y que si los encuentran es casi imposible que los juzguen y los condenen. Y que como si esto fuera poco, sabe que mucha legislación y el falso garantismo zafaroniano, está de su lado y protege a los que atacan a la sociedad y no a las víctimas. Es un cóctel explosivo.
Dice el experto Diego Gorgal que desde 1983 se han registrado 70 mil asesinatos. ¿Escuchó bien la cifra? 70 mil crímenes, es un genocidio silencioso y en cuotas. Eso llenó nuestra vida cotidiana de viudas, de huérfanos, de familias destruidas y de murallas que encierran cada vez más barrios. La vida cotidiana nos cambió por completo. La mirada generosa hacia nuestro vecino se transformó en sospecha. Ya todos estamos alertas. Rejas en las puertas y ventanas, cámaras de televisión, seguridad privada, mas patrulleros, no salir de noche, dar vueltas a la manzana antes de entrar al garaje, temblar cuando nuestros hijos no llevan de la escuela o del boliche de la madrugada bailable. Vivimos con el corazón en la boca. Hemos naturalizado el miedo. Estamos con la guardia levantada todo el tiempo y eso nos hacemos menos seres humanos, menos solidarios, más solitarios, menos francos y más mezquinos.
Es que el miedo no es zonzo, dice el refrán. Y es cierto. El miedo nos obliga a nos relajarnos un minuto, a la vigilancia permanente. La vida en comunidad pierde calidad y calidez. Una persona en la puerta de nuestro edificio puede ser un enemigo y tal vez es un amigo de nuestros hijos. Todo se da vuelta. Los que mañana nos llaman a decir “Para que no te pase” no fomentan la mano dura ni el gatillo fácil. Quieren leyes y que se cumplan las leyes. Quieren jueces que trabajen con dignidad y excelencia como jueces. Quieren que las víctimas sean respetadas y que los victimarios dejen de ser más cuidados y protegidos que los ciudadanos honrados que se rompen el lomo todos los días para ganarse la vida con las manos limpias y la frente alta.
Quieren una justicia rápida y justa. Que se gane de nuevo la confianza de todos a fuerza de sentido común y de equilibrio. Necesitan la protección del estado como todos, pero más que todos por ser víctimas o familiares. Exigen asistencia legal gratuita como tienen los malandras.
Basta de funcionarios que no saben no pueden o no quieren combatir la inseguridad.
Basta de policías inútiles o corruptos que prefieren lavarse las manos y no tener la conciencia limpia.
Basta de jueces que por dinero manchado en sangre, por temor a que los cómplices tomen venganza con ellos o por una ideología falsamente progresista, dejen que los criminales anden por la calle como panchos por su casa.
No hay sociedad democrática sin premios ni castigos.
Basta de este cambalache de siglo XXI donde es lo mismo el que labura o el que está fuera de la ley. Los inmorales nos han igualado.
Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor
Ignorante sabio o chorro
generoso o estafador.
Que falta de respeto
que atropellaba la razón
cualquiera es un señor
cualquiera es un ladrón
Los compatriotas que sufrieron en carne propia la perdida de sus seres queridos nos convocan para mañana a las 18 horas en la escalinata del Congreso de la Nación. No tienen banderas partidarias y piden que solo lleven la celeste y blanca que nos une a todos. Defender la vida contra el crimen es una esperanza de todos. No es en contra de ningún gobierno ni tampoco a favor. Es en defensa propia, y eso no es poco.
Cristina: ¿Presa o Presidenta? – 7 de octubre 2016
No hay término medio. Cristina sabe que su futuro es la gloria o Devoto. O mejor dicho, volver a ser presidenta de la Nación en el 2019 o quedar detenida en el penal de Ezeiza junto a sus viejos amigos, cómplices, socios y/o testaferros.
La exitosa abogada es altanera y soberbia pero no come vidrio. Como se dice: no hay ninguna motivación política más fuerte que no ir a la cárcel. Comprendió que la batalla por no ir presa la tiene perdida en el plano de la justicia y por eso, quiere presentar resistencia en el plano de la política. ¿Qué significa eso? Que Cristina sabe perfectamente que tiene que ganar las elecciones de medio tiempo del año que viene. Eso lo tiene clarísimo y en función de esa realidad viene planificando toda su estrategia. Ella sabe que si gana la banca de senadora bonaerense y se fortalece con un porcentaje de alrededor del 30 %, es casi imposible que algún juez se atreva a detenerla. Ese resultado le daría impunidad, la blindaría judicialmente y la catapultaría como candidata a presidenta para el 2019.
Pero ella también sabe que puede ocurrir todo lo contrario. Que haya varias listas peronistas, como las de Sergio Massa, o las de Florencio Randazzo y eso divida el voto. Si los gobiernos de Macri y María Eugenia Vidal consiguen un clima económico positivo y esperanzador y logran construir una boleta con candidatos atractivos, Cambiemos podría plebiscitar su gestión, quedar en el primer lugar y relegar a Cristina al segundo o al tercero, o tal vez, al cuarto lugar. Si no supera el 10% de los votos sería el certificado de defunción política de Cristina y el guiño que estarían esperando los jueces para meterla presa. Motivos y pruebas, sobran. Solo falta conocer el clima político a la hora de que se unifique todo en una megacausa donde aparezcan Hotesur, la ruta del dinero K, Los Sauces, Aerolíneas Argentina y el dólar futuro, entre otras asignaturas que la patrona del mal tiene que rendir en el banquillo de los acusados. De hecho el 20 de octubre, tiene que prestar declaración indagatoria ante el doctor Julián Ercolini. El juez recibió a Hebe de Bonafini sin audiencia previa y aguantó con firmeza las presiones de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo quien le ordenaba que citaran a Magnetto y no a Cristina. A la salida, Hebe entendió y explicó todo: “ Hay apuro por meter presa a Cristina». En realidad no hay apuro, lo que hay son pruebas contundentes de que fue la jefa de una asociación ilícita dedicada a enriquecerse con el saqueo del estado. Y eso no lo digo yo. Lo dice el dictamen del fiscal Gerardo Pollicita que hizo un trabajo riguroso y muy profesional.
Cristina sabe que su única chance es convertirse en senadora y luego en presidenta por tercera vez. Y que para que eso ocurra, tiene que debilitar a Macri lo más que pueda. Sueña con derrocarlo y que huya en helicóptero como Fernando de la Rúa. El fracaso de Macri sería su éxito. Al revés del pueblo argentino que sabe que el éxito de Macri sería el éxito del país que es un avión en el que viajamos todos.
Ayer Cristina hizo su primer acto de campaña para el 2017. Lo hizo rodeada de varios de los personajes más desprestigiados y menos representativos. Lo dicen todas las encuestas. Leopoldo Moreau fue el que llevó al radicalismo a la peor actuación de la historia. Aníbal Fernández hizo lo mismo con el peronismo bonaerense. Solo hay que pedir cualquier encuesta de imagen negativa para ver que no falta ninguno de los compañeros de ruta de Cristina: D’Elia, Esteche, Boudou, De Vido, Sabbatella y el cuervo Larroque, entre otros. Son los gurkas. Ellos impulsan también a su candidatura. Se cuelgan de sus polleras porque ellos no pueden ganar ni una elección de consorcio. Son los que le meten fichas respecto de que si no gana la senaduría pierde la libertad.
Ayer, Cristina, cometió un sincericidio y en su discurso mostró todas sus cartas. Agorera y casi como expresión de deseo dijo que este gobierno nos lleva “a un desastre social”. Ahora dice que está preocupada por la inflación, la pobreza y la inseguridad cuando ella fue la principal responsable de esta herencia maldita y en su gobierno estaba prohibido mencionar esas palabras.
Cristina llamó a construir un frente ciudadano como nueva mayoría que les permita conseguir un gobierno que, de verdad, represente a los argentinos. No habló de su candidatura pero fue muy explícita cuando juró que no va a poner ninguna traba en este proyecto. Traduzco: si mi candidatura es necesaria no me voy a poder negar. Dijo que es un compromiso que asumió con la memoria de su compañero muerto y que es lo más importante que tiene que hacer el resto de su vida.
El gobierno debería tomar nota. Sobre todo algunos frívolos que toman demasiado a la ligera el poderío de Cristina. Ella tiene los estados nacionales, provinciales y municipales sembrados de sus soldados que conspiran y sabotean desde el primer día. Tiene la jefatura de Alejandra Gils Carbó a la hora de proteger a los propios en la justicia y perseguir a los que no la quieren. Cuenta con el doctor Raúl Eugenio Zaffaroni y Horacio Verbitsky como los comandantes estratégicos y con un grupo de servicios de inteligencia que conspiran todo el tiempo. Varias universidades con todos sus recursos y su valor simbólico, siguen siendo unidades básicas al servicio de Cristina. La Plata es un bastión K. La semana que viene las universidades de Quilmes y Avellaneda le van a dar un “honoris causa” a Cristina. Una vergüenza nacional.
Y como si esto fuera poco dispone de todo el dinero del mundo para conseguir el objetivo que cantan los camporistas: “Vamos a volver, a volver, vamos a volver”. En realidad nadie vuelve del lugar de donde nunca se fue. El príncipe heredero, Máximo lo había anticipado: “Vamos a entregar el gobierno pero no el poder”. Ahora quieren volver al gobierno. Para terminar de instalar el chavismo, tarea que les quedó inconclusa. Cristina lo dice con todas las letras. Propone reformar la Constitución como hizo Rafael Correa en Ecuador para que lo que ella llama corporaciones tengan menos poder. Dijo que alguien que tiene un diario no puede hacer otra actividad, por ejemplo. O que un banquero es lo único que puede hacer. Pregunta chicanera: ¿La nueva Constitución que ella sueña permite que una exitosa abogada pueda tener hoteles y sociedades con testaferros beneficiados con obras públicas y dueños de medios de comunicación a su servicio?
El otro truco de Cristina es victimizarse y compararse con Yrigoyen y Perón. Ayer en el acto donde se probó la boina blanca e hizo la señal de la victoria con los dedos, dijo eso. Que a ambos líderes populares también los acusaron de corruptos para proscribirlos y sacarlos de la cancha. Insisto: en los tribunales no puede decir eso. Tiene que probar su inocencia y honestidad y no puede. Pero en la subjetividad religiosa de la política ella dice que la persiguen por sus ideas y no por los delitos que cometió.
Cristina se juega el todo por el todo. Sabe que si no vuelve a ser presidenta tiene destino de presidiaria. Por eso apuesta fuerte. Empuja para que Macri se caiga y ella se levante. Para que el voto popular la blinde frente al avance de la justicia. Como siempre, la historia está en manos de los pueblos. De la mayoría de los argentinos depende el futuro de Cristina, de Macri y de este bendito país que fue asolado por la corrupción más grande de su historia y por el autoritarismo más feroz. Vamos por todo fue su consigna. Quien quiera oír que oiga.
Extirpar la narcocracia – 6 de octubre 2016
La herencia más maldita que dejaron 12 años de kirchnerato es el desembarco del narcotráfico en la Argentina. Por distintos motivos, tanto Néstor como Cristina y varios ministros son responsables directos de que semejante calamidad se haya instalado para matar a nuestros jóvenes y para prostituir todas las instituciones republicanas.
La historia dirá que los Kirchner no escucharon las voces de alerta y fueron cómplices de los traficantes del veneno que mata y del dinero manchado en sangre que eso produce.
Hasta los aviones de las gobernaciones de Jorge Capitanich y José Alperovich están investigados hoy por el posible traslado de cocaína. Y la lujosa aeronave de Ernesto Clarens el empresario K imputado por el fiscal Marijuan en la ruta del dinero. Ni que hablar de un cura corajudo como Juan Viroche que apareció ahorcado en la sacristía de la iglesia después de denunciar día y noche a los vendedores de falopa y de avisarle a sus amigos y a sus superiores de la iglesia que estaba super amenazado y que temía por su vida. Esa frase de su última carta en Facebook lo dice todo: “No soy profeta de calamidades pero esta se está poniendo muy feo”. Ayer una catequista que lo conocía muy bien a punto de cenar y desayunar con el padre Juan, dijo que se trataba de un crimen. Y el fiscal general de Tucumán insistió en que el sacerdote fue asesinado más allá de lo que diga la primera autopsia. Hay que investigar a fondo para establecer que pasó realmente con este apóstol de la lucha contra los traficantes del horror.
Todos los días en las villas más calientes o en los conurbanos de Rosario, Santa Fé o Buenos Aires mueren soldaditos pobres que trafican o hacen de campana para los cárteles que ya se han instalado y se matan entre ellos al estilo Colombia o México como ajuste de cuentas.
El gobierno de Mauricio Macri prometió muchas cosas pero tres fundamentales: pobreza cero, unir a los argentinos y combatir el narcotráfico. Todos son desafíos complejos y que van a llevar su tiempo. Pero el primero de esos enemigos que decidió dar batalla es la narcocracia. Digo narcocracia K sin temor a equivocarme porque “cracia” viene del griego cratos que significa gobierno. Y es a ese gobierno que intentaron instalar los narcos y sus cómplices el que hay que destruir si es que queremos vivir en un país sano y seguro para nuestros hijos.
Dice bien Macri cuando responsabiliza a los Kirchner de este drama. Ya sea por inacción, incapacidad o complicidad, desde Néstor para acá se abrieron las puertas y ventanas a los delitos más crueles del crimen organizado para el tráfico de drogas. Por eso es tan grave todo lo que está pasando. Por eso el flamante gobierno no puede mirar para otro lado. Su desafío es que gobierne el pueblo a través de la democracia o los criminales a través de la narcocracia. Asi de grave es la cosa.
¿Qué tiene que hacer Macri? Todo lo que el gobierno de Cristina y Aníbal Fernández no hicieron y revisar todo lo que sí hicieron. Hay que dinamitar las complicidades de la política, la justicia y todas las fuerzas de seguridad.
Y convocar a todos los sectores democráticos a una gran epopeya que tenga una sola camiseta: la de Argentina. Es necesario invertir en tecnología de última generación, capacitar con los mejores a nuestros uniformados y meter presos a todos que facilitaron y siguen facilitando la infiltración de los carteles en nuestro bendito país.
Los Kirchner tuvieron esa capacidad nefasta para negar lo evidente y eso fue lo que permitió la invasión silenciosa de los narcos. En todos los planos se han comportado como un estado bobo o lo que es peor, con complicidades que la justicia debe investigar.
Primero, el Sedronar. El organismo encargado de combatir la droga. Ahí se fomentó un negocio multimillonario con el delito despreciable de importar solo en el año 2007, la friolera de 20 mil kilos de efedrina. Le doy algunas cifras para que se entienda la magnitud de la corrupción. En México la efedrina está prohibida porque se utiliza para fabricar drogas sintéticas como el éxtasis. Por lo tanto vale fortunas. Argentina, en promedio, importaba 1.200 kilos por año para uso medicinal. De pronto, pasaron a 20 mil kilos. Compraban un kilo a 100 dólares y lo vendían a 10.000 dólares. ¿Se da cuenta? Lo importaban y enseguida lo exportaban a Mexico de contrabando y ganaban cataratas de dólares. Dicen que el negocio movió más de 500 millones de dólares ¿Néstor Kirchner no notó nada raro pese a que seguía siempre muy en detalle los números de la economía? ¿Nada le llamó la atención? ¿Cristina no sospechó de los aportes que recibió para su campaña electoral? La mayoría eran de droguerías involucradas en la mafia de los medicamentos y en el tema de la efedrina. Hubo un triple asesinato por este tema y los Kirchner miraron para otro lado. Ya le dije varias veces que uno de los asesinados, Damián Ferrón aportó 400 mil pesos a la campaña de Cristina. Es un dinero. 400 mil pesos hace 9 años.
¿Estado bobo o cómplice? ¿Demasiados tontos o demasiado vivos? ¿Pobres ineficientes o Ricachones corruptos?
Hasta que aparecieron Aníbal Fernández y un grupo de topos de la SIDE y todo se complicó más todavía.
Simultáneamente utilizaron la Unidad de Información Financiera para hostigar y perseguir a empresarios y dirigentes opositores y para encubrir a los Lázaro Baez, en lugar de combatir el lavado de dinero. Es poco y nada lo que José Sbatella hizo respecto de estas mafias organizadas.
Ya dijimos que este país no tiene fronteras. Solo coladores por aire, tierra y agua. Ya pasaron cosas gravísimas. Intentaron asesinar a Antonio Bonfatti, el gobernador de Santa Fé. Amenazaron de muerte a Germán de los Santos, corresponsal del diario La Nación en esa provincia. Se registró la presencia de los dos máximos patrones del mal colombianos reunidos en Argentina. Entran como panchos por su casa y hacen lo que quieren. Tenían impunidad garantizada. Tienen vía libre para sus negocios criminales. No es casual que Argentina, que era un país de tránsito, hoy sea uno de los mayores exportadores y consumidores de cocaína. ¿Quién tiene la culpa de esto?
¿Quién es el que por irresponsabilidad, incapacidad o complicidad permitió que lleguemos hasta acá?
¿ Juicio y Castigo para ellos. Para Aníbal Fernández y Cristina. Ella por el silencio y la negación del tema. Y él por insistir en que este es solo un país de tránsito cuando hace mucho que está claro que no es así. Hasta el Papa Francisco se dio cuenta y lo dijo con todas las letras. Por eso lo puso a Aníbal en la mira. Tiene razón Laura Alonso cuando dice que no fue magia, que fue mafia. Tiene razón cuando dice que la grieta debe ser entre la ley y la mafia.
Es una cuestión de vida o muerte. Democracia o narcocracia. Usted elige.