La semana pasada le anticipé que se venía el llamado a indagatoria de Cristina y del cártel kirchnerista de la obra pública. Y se vino nomás. El juez Julián Ercolini aceptó el segundo pedido de los fiscales y convocó para el 20 de octubre a la ex presidenta y a sus principales cómplices, Julio de Vido, Lázaro Báez, José López y Abel Fatala, entre otros. Y como si esto fuera poco, el magistrado dispuso la inhibición de todos sus bienes.
Los penitenciarios dicen, medio en broma, medio en serio, que están acondicionando en la cárcel de Ezeiza un pabellón llamado “Planificación Federal” donde ya están Ricardo Jaime y José López, primeras espadas de Julio de Vido. Ese sector también se puede bautizar: “Frente para la Valija”. O no fue magia. Sería too much.
Es que la presentación de los fiscales Gerardo Pollicita e Ignacio Mahiques es una pieza jurídica impecable que debería estudiarse en las universidades. Luego del primer pedido de indagatoria, el juez quiso pisar sobre seguro y les pidió más pruebas. Y le llenaron el expediente de pruebas. Concretamente son 227 que sirven como argumentos inapelables de lo que ellos describen como “el plan sistemático ejecutado para saquear el estado”. Lo hicieron a través del direccionamiento de la obra pública constituyendo una verdadera asociación ilícita. Era tanta la soberbia y la impunidad que sentía Cristina que con premeditación y alevosía le otorgaron solo en Santa Cruz más de 16 mil millones de pesos a Lázaro Báez conocido socio comercial, amigo, testaferro y según dicen algunos, empleado de la familia presidencial.
¿Escuchó bien la cifra? Sólo en Santa Cruz fueron 16 mil millones de pesos.
La jefa de la asociación ilícita fue Cristina. Sus lugartenientes fueron los capos del ministerio de Planificación y Lázaro fue el principal, aunque no el único beneficiario del modelo de corrupción diversificada.
Por eso es el máximo terrateniente de la Patagonia. Por eso tiene más de 250 propiedades, algunas estancias fastuosas que nunca utilizó y cerca de un millar de vehículos algunos negros de alta gama típicos de las mafias y los narcos.
Lázaro ganaba las licitaciones caminando porque en la mayoría de los casos competía contra sí mismo. Eran trajes a su medida. El primer pago que le adelantaban era pura coima que regresaba al bolsillo de los Kirchner pagando fabulosos alquileres totalmente fuera de mercado o contratando cientos de habitaciones por fortunas en los hoteles K que nunca se utilizaban.
El único que estaba al día con los pagos cuando terminó el gobierno de Cristina fue Lázaro Báez. Cristina no quiso deberse a sí misma. La bulimia por el poder y el dinero fue una de las características que lo unía con el fallecido Néstor Kirchner.
Pero así como le anticipé que se venía el llamado a indagatoria hoy puedo decirles sin temor a equivocarme que se viene el segundo procesamiento para la ex jefa del estado. El primero fue por la causa de dólar futuro y estuvo a cargo del juez Claudio Bonadío. Pero este es mucho más grave porque ninguno tiene manera de justificar las montañas de dólares que tienen y porque está claro que lo hicieron cometiendo delitos en forma serial y organizada.
Cristina procesada por corrupción es el título que se viene en un par de semanas. O Cristina procesada por saquear al estado. O Cristina procesada por ser jefa de una asociación ilícita. ¿Se da cuenta de la gravedad de lo que estamos hablando? ¿Qué hará la presidenta que hasta ahora se refugió en el silencio? ¿Llamará a la resistencia? ¿A defender lo indefendible?
Horacio Verbitsky y Eugenio Raúl Zaffaroni son sus principales asesores en las excusas y en los mecanismos de victimización. Insólitamente ellos dicen que esto es igual que la revolución libertadora de 1955 y que los gorilas persiguen a Cristina por todo lo bueno que hizo por el pueblo. Es tragicómico. Eso no se lo cree ni un nene de pecho. Hay que leer el riguroso escrito de los fiscales donde abundan pruebas documentales que certifican que los más de 12 años de gobierno kirchnerista fueron los más corruptos de la historia democrática. Nadie nunca robó tanto y en tan poco tiempo. Casi no hay funcionario que no tenga una investigación abierta.
No hay nada de política en el trabajo de Pollicita y Mahiques. Todo es investigación, detección y comprobación de delitos de lesa corrupción.
Cristina está atrapada y sin salida. No la acusan por su pensamiento. La persiguen penalmente por los millones y millones que robaron.
Hace poco le dije que de nada vale que Cristina corra: el incendio va con ella. Por más maniobras igualmente delictivas que haga para insolventarse.
Una cosa es resistir para evitar que los más pobres paguen la fiesta kirchnerista. Y otra muy distinta es resistir para que los más ricos se la lleven de arriba y se vayan con los bolsillos llenos de dólares negros y sucios. Por eso la pregunta del momento que todo el mundo se hace es:
¿Cristina puede ir presa? Y yo siempre respondo lo mismo: claro que puede ir presa. No hay dudas de que hubo coimas, enriquecimiento voraz, lavado de dinero y encubrimiento. Por lo tanto, puede y debe ir presa. La incógnita es: ¿Cuándo? Y ahí entramos en el terreno de la subjetividad porque los jueces tienen un sentido de la oportunidad política que no se puede obviar a la hora del análisis? ¿Qué significa esto? Que los magistrados no son suicidas y saben que la ex presidenta tiene todavía poder de movilización y de daño. No quieren generar un conflicto institucional y callejero de proporciones. Yo le diría a modo de especulación que si en las elecciones de medio tiempo al gobierno de Cambiemos le va bien y las listas del cristinismo hacen sapo como se sospecha, será ese el momento de la verdad. En la debilidad política de Cristina y en la fortaleza de Macri se apoyarán los jueces para producir semejante hecatombe.
Cada olla ministerial que se destapa despide el olor nauseabundo del choreo a cuatro manos. Incluso en los organismos que tenían que controlar miraron para otro lado y fueron cómplices de las estafas. Son cifras incalculables. Ni ellos saben cuánto robaron. Los K corrompieron todo lo que tocaron. Fue corrupción para todos y todas.
Le repito: todo indica que en algunas semanas Cristina será procesada nuevamente. El tiempo pasa. La cárcel se acerca.
Torres Gemelas a 15 años – 12 de septiembre 2016
Ayer se cumplieron 15 años del atentado terrorista a las Torres Gemelas que estremecieron al mundo.
Ayer me corrió un frío muy especial por la espalda. El ataque más demoledor e impactante de toda la historia de la humanidad sacudió y reavivó todos mis recuerdos personales porque aquél día negro, yo estaba en ese lugar. Estaba en Nueva York con mi hijo y su madre. Todavía hoy no lo puedo creer. No puedo comprender que destino me llevó a estar a 10 estaciones de subte de semejante tragedia y a enterarme de lo que había pasado por un llamado telefónico de la Argentina.
Estábamos de vacaciones en un viejo pero digno hotel de Broadway, a dos cuadras de Time Square. Yo me estaba duchando antes de desayunar. Estábamos cansados porque el día anterior habíamos ido a conocer las Torres Gemelas. Nada más y nada menos. Sí señor. Todavía tengo en mi filmadora familiar las imágenes que cualquier turista tomaba de esos imponentes y emblemáticos edificios.
Todavía tengo grabadas mis definiciones tragicómicas sobre que en esos lugares se tomaban las grandes decisiones sobre nuestros países tercermundistas. Todavía tengo anotado en mi agenda de papel que debíamos volver 48 horas después porque en la explanada de las torres se hacía un multitudinario baile latino y queríamos participar de esa movida sensual con ritmo de salsa. Todavía tengo la foto al lado de ese monumento llamado “La esfera”, ubicado en la plaza seca por donde circulaba todo el mundo. Cuando volví a Nueva York para cubrir las elecciones en las que ganó Barack Obama ví esa esfera recuperada y emplazada a pocas cuadras, cerquita de donde se toma el ferry para ir a conocer la Estatua de la Libertad.
Aquella noche visitamos el Empire State y desde el piso más alto filmé a las Torres Gemelas, 10 horas antes de que se desplomaran para siempre. Fue un día largo que terminó con comida mejicana y el asombro que nos produjo ver salir del Madison Square Garden al gentío que había ido a ver a Michael Jackson.
Por eso ese día 11 de setiembre de hace exactamente 15 años, nos habíamos levantado más tarde de lo habitual. Por eso no habíamos encendido la tele todavía. Por eso me llamó la atención cuando escuché la voz de la madre de Diego diciendo: “Alfredo apurate que te llaman por teléfono de Argentina, dicen que es urgente, es Leonardo Míndez.” Leo hoy es un gran periodista de Infobae y lo fue de Clarín, pero en ese momento era productor de Fernando Bravo en la radio. Le juro que pensé que me llamaban porque se había derrumbado De la Rúa. Pensé en el gran despelote que podría ser Argentina. Solo me dijo: “prendé la tele” y no hubo que agregar más nada. Después salí al aire por muy poco tiempo con Gabriel Galar. Se cortó la comunicación telefónica. Fernando regresó de sus vacaciones al día siguiente y le conté todo. Todo lo que mi mente pudo registrar. Absorbí todo como una esponja. Todavía recuerdo hasta los detalles más pequeños. Las multitudes de neoyorquinos caminando como una procesión a Luján, en silencio, por el medio de la calle para alejarse de Manhattan.
No había gritos desesperados, solamente abrazos profundos y lágrimas calladas. No se escuchaba nada, solo el respeto de la ausencia de palabras. Como si ya se estuviera rindiendo homenaje a los más de 3.000 muertos de todas las nacionalidades que hubo. Una pareja de viejitos con canas en su cabellera negra ensortijada, de afroamericanos como se dice ahora, se quebró en llantos y no pude más que acompañarlos en el sentimiento. Lloré con ellos. Había un gran dolor y desgarro pero las miradas todavía incrédulas se preguntaban ¿Qué pasó? Nadie podía creer semejante barbarie. Nadie imaginó la magnitud del odio. El comentario era el mismo, se sentían en medio de una pesadilla. Nadie podía ni quería creer que nada menos que Nueva York, la capital del mundo había sido violada en su más profunda intimidad y en lo más simbólico de su poder económico.
La seguridad de los Estados Unidos había perdido la virginidad para siempre, como se pierde la virginidad. Ya nunca más el pueblo de los Estados Unidos iba a recuperar su tranquilidad en toda su dimensión. La oscuridad de la seguridad iba a avanzar sobre la luz de la libertad.
El gigante había recibido un golpe de nocaut en su corazón y se tambaleaba en el medio del ring. Estaba aturdido, confundido, groggy y contra las cuerdas. La potencia militar más poderosa de la historia se había quebrado en su propio territorio y eso dejaba huérfanos a millones de ciudadanos que sentían que ya nunca volverían a estar del todo seguros en ningún lugar del planeta.
Colapsaron todos los teléfonos, menos los públicos. Eran increíbles las largas y cosmopolitas colas en las veredas donde se mezclaban un chino con un ecuatoriano y un sueco con este cordobés. Todos con el mismo objetivo de escuchar la voz de nuestros seres queridos y tranquilizarlos un poco. Certificar que estábamos vivos. Ellos, fuera de los Estados Unidos miraban la tele y veían en tiempo real lo que parecía el fin del mundo.
Cada vez que el ruido de un avión cruzaba el aire, la gente miraba con pánico hacia arriba. Estaban todos los aeropuertos cerrados y por eso solamente había dos posibilidades: o era un caza de la fuerza aérea norteamericana patrullando o era un nuevo atentado de la llamada tormenta de aviones que también se había descargado sobre el Pentagono. De vacaciones pero periodista siempre, me fui hasta el New York Times donde todos hablaban del olor de la muerte que había envenenado el aire de la gran manzana. De la falta de agua y de gas. Del polvillo que flotaba como una neblina tenebrosa. De pronto, empezaron a florecer banderas norteamericanas por todos los rincones. Como en una película. Una tienda vendió dos mil banderitas en una hora. Había sido un terremoto social y político provocado por un hombre. O por un grupo terrorista. Me quedé una hora frente al cuartel central de los bomberos y vi como rápidamente comenzaron a convertirse en los héroes que tanto buscan los norteamericanos. Había velas y flores en ese altar popular sobre la avenida. Cartas de agradecimiento y pésame en cada esquina.
Un par de días después comprobé en vivo y en directo como no hay una forma perfecta e infalible de prevenir o combatir este tipo de terrorismo suicida y fundamentalista. Volé de Nueva York a Washington, uniendo los dos centros geográficos claves del ataque de Bin Laden y nadie me revisó en el aeropuerto. Ni las valijas, ni las mochilas que llevamos con nosotros en la cabina del avión. Habían reforzado espectacularmente la seguridad y la presencia militar. Pero no se puede revisar a todos, todo el tiempo. Se hace materialmente imposible el tráfico aéreo y colapsa comercialmente cualquier empresa. Es inhumano cuando el campo de batalla es el mundo y el arma es un suicida. No hay forma de evitar esos ataques, es como combatir a ciegas, en un pantano y sin saber quién es quién. Esto cambia la lógica de la guerra y de la paz. Ese día hace 15 años comenzó una nueva era donde casi no hay certezas. Donde la seguridad universal es un helado que se derrite.
Estados Unidos lo sufrió en carne propia porque encima tenía con George Bush un presidente con el mismo mesianismo bélico que los terroristas. Bush no dudó en meter al mundo en una hoguera nuclear con tal de sobreactuar de guapo vaquero texano. Hace 15 años que las torres se arrodillaron y cayeron y se convirtieron en un mensaje para los gobiernos más pesados de la tierra. Necesitamos que haya cada vez más tolerancia racial, religiosa e ideológica. Y cada vez menos injusticias sociales que maten de hambre a tanta gente. Necesitamos incluir a todos los hombres de buena voluntad, la solidaridad de la mano tendida y no la codicia del financista. Necesitamos líderes racionales y no energúmenos como Bush o Bin Laden que pretenden decidir por todos nosotros, cual es el lugar del bien y cuál es el lugar del mal. Necesitamos cada vez más espacios para la paz y menos fascistas que industrialicen las guerras. Y lo necesitamos urgente. Antes que este planeta se convierta en el infierno que es la suma de todos los miedos y la consagración eterna del peligro. La mayor enseñanza me la dio mi hijo que en ese entonces tenía 11 años. Miró la foto que la NASA tomó desde el espacio que mostraba claramente el humo que surgía de ese agujero negro y me dijo: “Antes, lo único que se podía ver desde el espacio era la mayor construcción del hombre, la muralla china. Ahora también se puede observar la mayor destrucción del hombre…” Vivir en paz o en medio de una hecatombe cotidiana depende de nosotros. Cada uno decide…
San Sarmiento – 9 de septiembre 2016
Este domingo es su día y el de todos los maestros con mayúsculas. Pasado mañana celebramos al gran maestro de la patria. Maestro de los maestros, como se dice cotidianamente. El talento e inteligencia de Domingo Faustino Sarmiento empujaron la movilidad social ascendente. La prueba es que nació en el Carrascal, un barrio pobre de San Juan, llegó a ser presidente de la Nación y murió a los 77 años tan pobre como había nacido.
Es la gran figura polémica de nuestra historia. Se puede hablar horas de sus grandezas y de sus miserias. No nos alcanzaría todo un año. Solo su obra escrita tiene 52 tomos y más de 15 mil páginas. Se puede decir que fue cascarrabias, mujeriego y que tuvo actitudes francamente discriminadoras sobre todo con los indios y los gauchos.
Durante el gobierno de Cristina, el intelectual camporista Juan Cabandié no anduvo con sutilezas para descalificar a Sarmiento: “Era de derecha”, sentenció. Le faltó agregar: “Como Macri”. Desde Paka Paka lo atacaban como si fuera el diablo. Menos mal que a ningún talibán kirchnerista se le ocurrió declarar de interés público y sujeto a expropiación a la calle Sarmiento para rebautizarla Néstor Kirchner quien nunca escribió un libro y del que se sospecha que tampoco leyó alguno.
Cristina hablaba hasta por los codos. Pero la presidenta y su gobierno en su momento no hicieron un solo comentario ni acto para recordar a Sarmiento. ¿Cómo les explicarán a los chicos porque es el día del maestro? ¿Quisieron borrar de la historia argentina a Sarmiento? ¿Son tan omnipotentes, autoritarios y caraduras?
Pero hoy debo rescatar lo mejor de su luz de educador. Un poema dice que “sembró escuelas como soles a lo largo de la patria”. Su dimensión de estadista lo llevó a fundar 800 escuelas en un país que según el primer censo que el propio Sarmiento ordenó padecía un drama: 7 de cada 10 argentinos eran analfabetos. En 1871, la población de nuestro país era de 1.836.000 personas entre las que se encontraban 194 ingenieros y 1.047 curanderos, por ejemplo. En ese país de la injusticia y la oscuridad, Sarmiento fue el motor de la educación como igualador social y como principal instrumento del desarrollo.
Eso no se lo vamos a terminar de agradecer nunca. Fue el mejor combatiente contra la ignorancia y eso solo lo coloca como uno de los principales impulsores de la democracia y de los derechos de los más pobres. Decretó la ley de enseñanza primaria obligatoria. ¿Se imaginan la aceleración del progreso que eso significó? Cuando asumió había 30 mil y cuando dejó la presidencia ya eran 100 mil los chicos que concurrían a la escuela. Es que eran leyes revolucionarias. Cambiaban la estructura de la sociedad y la hacían más justa y realmente progresista.
Le recuerdo solo algunos de los conceptos y valores que Sarmiento instaló para siempre en el inconsciente colectivo de los argentinos:” todos los problemas son problemas de educación.
Las escuelas son la base de la civilización.” Faltaban 30 años para el 1900 y Sarmiento ya decía que “se puede juzgar el grado de civilización de un pueblo por la posición social de la mujer”. O que “el buen salario, la comida abundante, el buen vestir y la libertad educan a un adulto como la escuela a un niño”. Fue un verdadero visionario, un genio en su capacidad de enseñanza, un escritor colosal y un combativo periodista y político. Su concepto de educación para el desarrollo se adelantó un siglo. Gran parte de sus construcciones teóricas se siguen utilizando en la actualidad.
No quiso que el saber fuera un privilegio de pocos. Propuso que toda la República fuera una escuela. Apostó al progreso científico, a las comunicaciones. El correo y el ferrocarril en ese entonces eran catalizadores de las mejores ideas y soluciones concretas. Fue un férreo defensor de las libertades civiles y un opositor feroz a los dictadores. “Bárbaros, las ideas no se matan”, dejó grabado por los siglos de los siglos.
En su primer discurso presidencial dijo algo que todavía hoy tiene una vigencia impresionante y que es la síntesis más perfecta de lo que debería ser la política: “el gobierno está para distribuir la mayor porción posible de felicidad sobre el mayor número posible de ciudadanos”. ¿Qué me cuenta? Ojalá fuera el objetivo que guíe a todos nuestros gobernantes. Paula Albarracín, su madre, le quiso poner Domingo pero no pudo. Por eso en su partida de nacimiento figura como Faustino Valentín Quiroga Sarmiento. A los 4 años ya leía de corrido y a los 15 era maestro, tal vez su principal condición que no abandonó jamás. Hasta en la cárcel mientras fue preso político se dedicó a enseñar a sus compañeros de celda.
Y luego se convirtió en un monumento vivo a los docentes y no paró nunca de construir bibliotecas populares. El filósofo Tomas Abraham lo definió como el hombre más grande que dio esta tierra. Su himno que es el himno que nos ilumina reclama honor y gratitud para él y lo bautiza como corresponde: Domingo Faustino Sarmiento, Padre del Aula. Si San Martín fue el Santo de la Espada, Sarmiento fue el Santo de la palabra. San Sarmiento de la Educación.