La santa madre de los más pobres – 5 de septiembre 2016

Hoy se cumplen 19 años de su muerte y sin embargo, la Madre Teresa y su obra monumental están más vivas que nunca.
El Papa Francisco la canonizó y la definió como una luz que alumbra las tinieblas de los que no tenían ni siquiera lágrimas para llorar su pobreza y su sufrimiento”.
La Madre Teresa de Calcuta ya es santa pero en realidad siempre lo fue. Siempre admiré esa vocación infinita por darlo todo sin pedir nada a cambio. Esa frase de darlo todo hasta que duela. Y si duele es una buena señal.
Una vez un periodista chicanero la toreó y le cuestionó su colosal tarea.” ¿Cuántos pobres y leprosos puede usted salvar? Tal vez sean apenas 100 y son miles y miles. ¿De qué sirve su esfuerzo? ¿Vale la pena? La Madre Teresa lo miro profundo desde esos ojos profundos y le contestó con sabiduría: “ Estos son mis 100, ¿Cuáles son los suyos?”.
Andaba en sandalias, con un plato de arroz como toda comida diaria y no descansaba nunca. Un día lo contó asi:
“En 1952 pudimos abrir el primer hogar del moribundo. A mí me ocurrió el primer caso, el de una mujer tirada en plena calle. Se la estaban comiendo las ratas y las hormigas. Yo la llevé al hospital, pero no podían hacer nada por ella. Tuvieron que aceptarla, porque yo dije que no me marchaba de allí en tanto no se hiciesen cargo de ella. Después fui al ayuntamiento pidiendo me diesen un lugar donde meter a tales desgraciados, porque ya en el mismo día, había encontrado a otros que también se morían en mitad de la calle. El administrador encargado de la salud pública me señaló el templo de Kali, abriéndome el «darmashalah», lugar donde en otros tiempos la gente descansaba tras haber rendido culto a la diosa. El edificio estaba vacío; me preguntó aquel señor si lo quería. Yo me sentí contenta de poseer tal casa por diversas razones, particularmente porque era un centro de culto y de devoción de los hindúes. En veinticuatro horas condujimos allí a nuestros enfermos y lisiados. Desde entonces (y hasta principios de la década de 1970) hemos recogido por las calles de Calcuta más de veinte mil personas, habiendo muerto cerca de la mitad.
Uno de esos olvidados de la mano de Dios y del hombre, se arrastraba como podía para trasladarse, tomó la mano de la monja que lo cuidó durante toda la madrugada mientras volaba de fiebre. Al final le dijo una frase tremenda: “Toda la vida me trataron como un animal pero hoy de su mano muero como un ángel”.
Muchos le decían a ella “El ángel de los pobres”. Había nacido en un hogar de clase media en Albania pero se quedó a vivir y a morir junto a los que más sufren en el universo de la pobreza extrema en La India. Fue soprano en el coro de la escuela, profesora de historia y geografía y maestra en el arte de acompañar y enseñarles a leer a los que no tenían nada de nada. Sabía que lo suyo era una gota en el mar pero comprendía que el mar sin esa gota no sería el mismo.
Era y es la imagen de la solidaridad, del hacer el bien sin mirar a quien. Con esa túnica, un Siri blanco con vivos celestes, que son los colores de la Virgen María, esa mujer diminuta era capaz de mover montañas. En La India fue enterrada con todos los honores de estado y su féretro fue trasladado en el mismo carruaje que llevó los restos del Mahatma Ghandi y el Jawaharlal Nerhu. Es una bandera del voluntariado. Diseminó misericordia. Justo este es el año de la misericordia. El Papa Francisco la puso como ejemplo de la monja misionera que forma la iglesia y que sale a la periferia a atender a los que viven y mueren a la intemperie.
Dijo el Santo Padre que la flamante santa: “hizo sentir su voz a los poderosos de la tierra para que reconocieran sus culpas ante los crímenes de la pobreza creada por ellos mismos.”
Fundó 758 centros de “Las misioneras de la Caridad”, 7 de ellos en la Argentina con casi 6 mil religiosos trabajando en 139 países. Esa figura pequeña y arrugada fue un espejo gigante y enérgico para el mundo que piensa en sus semejantes y ama a su prójimo como a sí mismo.
Se llamaba Gonxha Agnes. Todo un presagio. Gonxha significa pequeña flor o capullo de rosa. A los 18 años ya se había alistado en la orden jesuita de las hermanas de Loreto.
Siempre se entregó de cuerpo y alma a los más vulnerables, a los más frágiles a los que habían perdido hasta la esperanza. Fue de una austeridad más que franciscana. Se había despojado de todo menos de esa túnica que la identificó en todo el planeta. Tenía una templanza que la hacía de acero para soportar las más grandes inequidades que padece el ser humano convertido en un trapo de piso.
Es la primera santa que fue Premio Nóbel de la Paz. Había sido beatificada pora Juan Pablo II y el milagro que le permitió convertirse en santa es que supo curar a un brasileño que tenía varios tumores cerebrales. Se llama Marcilo Haddad Andrino y estuvo en la ceremonia de canonización en la Plaza San Pedro. No hubo médico ni científico que pudiera explicar ese milagro que hizo la Madre Teresa.
Tenía su carácter fuerte y momentos de humor e ironía. Y una ilimitada vocación de servicio. No quiso parar nunca. Ni siquiera en los últimos años después de haber superado la malaria y cuando tenía que movilizarse en silla de ruedas. Atendía a chicos con polio y los con las enfermedades más terribles. Acompañaba a los moribundos para abandonar la calle hasta el último suspiro. Se movía en un ambiente muy complicado, muchas veces carente de limpieza y con el único recurso de su mano tendida y su corazón abierto. Dejó conceptos para tallar en piedra: “La mayor pobreza es la falta de amor” y “Si no puedes dar de comer a 100 personas, da de comer a una. Por algo se empieza”.
Una vez dijo que su amor era gratuito y universal, carente de ideología. Si no se hablar el idioma del pobre o el enfermo, por lo menos se sonreír.
Decía seguir las enseñanzas de Jesús. Vestir al desnudo, alimentar al hambriento y darle casa al desamparado.
Siempre fue Santa pero hoy es formalmente Santa. La consagró el Papa Francisco. Pero todos los desposeídos del mundo tuvieron y seguirán teniendo a este ángel de la guarda de los pobres. Ahora es su Santa Madre. De Calcuta y de todo el planeta Tierra.

Descendemos de los barcos – 2 de septiembre 2016

Pedrito Guerra lo dice en forma maravillosa: “Contamíname, pero no con el humo que asfixia el aire /ven, pero sí con tus ojos y con tus bailes / Lo proponía también Pedro Arcanjo, el personaje extraordinario de Jorge Amado en Tienda de los Milagros: la mixtura de las razas como freno a todas las guerras y como apuesta definitiva a la paz.
Su teoría decía que si todos los hombres y todas las mujeres nos mezclamos y nos casamos todo el tiempo con gente de otras latitudes, razas, y creencias, vamos a terminar siendo todos parientes. Y ya nadie va a querer discriminar a nadie porque todos vamos a tener un gen de todas las razas corriendo por nuestra sangre. ¿No le parece una utopía maravillosa y poética? Sería el mejor de los milagros de esa tienda: la integración. El fin de la discriminación. La instalación definitiva en esta tierra de la mejor contaminación, del cruce de culturas, saberes y experiencias. Sería el fin del odio racial. El amanecer de un nuevo planeta llamado convivencia.
Lo digo porque este domingo es el día del inmigrante y esa es una palabra que me conmueve hasta las lágrimas. Porque inmigrantes somos todos. Nuestros padres, nuestros abuelos de algún lugar vinieron. Dicen que el hombre desciende del mono pero que el argentino desciende de los barcos.
Eso porque pensamos en una sola de las oleadas de inmigrantes. En los tanos, los gallegos, los rusos, los turcos, todos los que así fueron llamados cariñosamente y como una forma del abrazo en nuestra bendita argentina. Pero yo también valoro la otra ola de inmigrantes. Tan o más discriminada que la anterior. ¿No se acuerda de los gallegos brutos, o los judíos tacaños? Hoy pasa lo mismo cuando nuestra degradación es capaz de hablar de bolitas, o los chinos del super o los negros de todo tipo que vienen a usar nuestros hospitales y nuestras escuelas. ¿No escuchó nunca acaso ese exabrupto? Yo me alegro de que este país sea una puerta abierta a los “hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, como dice el Preámbulo de nuestra biblia laica que es la Constitución Nacional.
El artículo 25 dice que “El gobierno federal fomentará la inmigración europea y no podrá restringir, limitar, ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto labrar la tierra, mejorar las industrias e introducir y enseñar las ciencias y las artes”. Pasado mañana es el día del inmigrante porque se recuerda un decreto del Primer Triunvirato de 1812 que ofrecía: “su inmediata protección a los individuos de todas las naciones y a sus familias que deseen fijar su domicilio en el territorio”.
Y esta tierra se hizo y se sigue haciendo grande con la sangre, el sudor y las lágrimas de quienes se sumaron a los criollos para construir el futuro.
A esa mixtura maravillosa del abuelo gringo que llegó y se arremangó con el abuelo indio que jamás se resignó, como dice la canción. Ese es nuestro crisol de razas. El mejor ejemplo que podemos dar al mundo de integración, cohesión y convivencia pacífica. Hemos sumado a nuestra identidad otras identidades. En sus músicas, en sus comidas, en sus costumbres y lenguajes. La diversidad cultural es nuestra mejor carta de presentación. Es la paleta con todos los colores posibles. Es la contracara del nazismo que creía en una raza superior. Es la celebración de que todas las razas somos superiores. Y que todos somos iguales ante la ley y ante Dios. Mucho más todavía porque la xenofobia está resurgiendo en muchos países del mundo.
El odio racial y religioso y los gobiernos que condenan a su gente a la miseria son los principales motores de la mayor inmigratoria que se da desde la Segunda Guerra Mundial y del primer genocidio que vemos como se produce en tiempo real. Los chicos sirios que tanto conmovieron al mundo huyen del exterminio de los fundamentalistas. Solo en Siria asesinaron a 12 mil pibes y muchos de ellos fueron quemados o enterrados vivos. ¿Se da cuenta del nivel de crueldad del que estamos hablando? Y muchos de esos terroristas de estado ejecutan una masacre cotidiana en nombre de Dios y la religión. A las mujeres las convierten en esclavas sexuales. Quieren fundar un califato y por eso matan miles y miles de cristianos. ¿Se acuerda que Cristina había dicho que los fanáticos del Estado Islámico eran una puesta en escena y un montaje hollywoodense ¿ Se acuerda de semejante barbaridad presidencial? Es tanta la desesperación de estos hermanos que se lanzan al océano en barcazas que son verdaderas cáscaras de nuez y son capaces de tirarse en las vías, delante de los trenes? El crimen de un solo chico debería sublevarnos como pide el Papa Francisco. ¿Qué parte de la condición humana se ahogó con aquel chiquito Aylan que se ahogó en las costas de Turquía.
Una buena manera de festejar el día del inmigrante es darle una mano al que, por suerte, es diferente y por suerte es semejante. La migración es un derecho natural, esencial e inalienable de la persona. Una buena manera de festejar el día es acompañar a Pedrito y disfrutar de esa contaminación positiva. Contaminarnos pero no con el humo que asfixia el aire pero si con tus ojos y con tus bailes.
Contamíname, mézclate conmigo
Que bajo mi rama tendrás abrigo.
El domingo en el día del inmigrante. Y siempre en el día de los sueños…

¿Defensa propia o criminal? – 1 de septiembre 2016

Siempre digo que nuestro trabajo está lleno de dilemas éticos que nos interpelan todos los días. Yo utilizo una fórmula que me sirve para equivocarme lo menos posible. Trato de contar los hechos con la máxima rigurosidad posible, pero parado en el lugar de las víctimas, y nunca de los victimarios. ¿Se entiende? Cuento la mayor verdad posible desde el plano informativo pero con la mirada del que sufrió el hecho, desde el plano de la ética profesional y personal.
En este caso terrible pasa lo mismo. Me pongo en el lugar del doctor Lino Villar Cataldo.
Ya se había mudado por el nivel de inseguridad que existe en Loma Hermosa, partido de San Martín. Pero en ese lugar quedó el consultorio y arriba, en otro piso, vivían dos de sus 5 hijos. La noche macabra, el médico salía de trabajar con rumbo a la cena familiar. Dejó su pistola 9 milímetros en un cantero mientras sacaba su Toyota Corolla. Un delincuente de 24 años lo tiró al suelo de un culatazo en la cabeza, amenazó con matarlo con un pistolón y una vez en el auto hizo marcha atrás y con la rueda delantera izquierda pisó ambas piernas del doctor que estaba tirado en el asfalto. Pese al dolor, el doctor Villar se arrastró hasta el cantero y con su Bersa le metió cuatro balazos al ladrón que, arma en la mano, le dijo en cuatro ocasiones, “te voy a matar hijo de puta”. El pistolón del pistolero estaba descargado y sin gatillo. Pero eso el doctor no lo sabía. El muerto tenía 24 años, una hija de 5 y una historia delictiva en varias causas. Encima vivía a pocas cuadras del lugar. Eran vecinos.
Resulta que la víctima ahora es triplemente víctima. Primero porque nunca más será el mismo después de haber matado a una persona. No se vuelve fácil de ese lugar sin pasar por pesadillas, culpas terribles y hasta insomnios prolongados. Nunca es gratis matar a una persona y mucho menos para quien dedicó toda su vida a salvar vidas. La víctima de robo a mano armada y con violencia además, hoy siente vergüenza y mucho miedo. El mismo pánico que tuvo cuando le robaron el auto y amenazaron con matarlo. Pero esta vez tiene miedo que maten a sus hijos. El hermano del delincuente abatido ya lo amenazó fuertemente por las redes sociales: “Ese gil va a pagar lágrima por lágrima”. Es increíble como cambió la vida del doctor Villar. Su familia abandonó su domicilio. Temen una represalia feroz o directamente que le quemen la casa con ellos adentro. Lo único que hizo fue defenderse de un ataque brutal. Y sigue siendo víctima de una justicia que todavía duda si fue en defensa propia o no. Si se excedió o no en su intento de que no lo asesinen. ¿Quién es capaz de juzgar eso? ¿Cuáles son los parámetros para medir si su reacción fue desproporcionada o no? ¿Quién sabe el miedo, el terror y el odio que se le despierta a una persona cuando es golpeado y amenazado de muerte con arma? Una bala era suficiente. ¿Dos Balas? ¿Debería haberle tirado a los pies como dijo la madre del delincuente? Resulta que ahora la sospecha está sobre el médico atacado. Resulta que ahora él está en el banquillo de los acusados y tiene que dar explicaciones.
Es un tema muy delicado y complejo. Yo estoy absolutamente en contra de la justicia por mano propia y de que la gente se arme para garantizar la seguridad que le tiene que garantizar el estado. Pero tampoco creo que haya que enseñarse con la persona decente y honrada que se defendió de un ataque feroz e inesperado. ¿Quién sabe cómo va a reaccionar en una situación tan violenta?
Yo sé que a las armas las carga el diablo y ya se sabe quién la descarga. Todos los estudios científicos de todos los países del mundo sin excepción demuestran que si una persona tiene armas en su casa hay más posibilidades de que los delincuentes lo asesinen.
Por eso es una verdadero despropósito que algunos irresponsables fomenten esa idea nefasta de que una familia debe armarse para garantizar su propia seguridad. Ojo con la chantada demagógica propia de dirigentes rústicos y derechistas.
Hoy me quiero detener en la intención de alentar con todas mis fuerzas el desarme civil. Las armas no pueden estar en manos de los ciudadanos pacíficos. Los estados civilizados le dan el monopolio de las armas a fuerzas profesionales para que los defiendan de los delincuentes y criminales. Soy consciente que el estado no hace todo lo que debería hacer. Que en muchos casos lo hace tarde y mal. Pero hay que luchar, reclamar, exigir y movilizar para que los estados nacionales, provinciales y municipales nos brinden una mejor protección a nosotros y a nuestras familias. Pero un padre o un hijo no pueden reemplazar al estado y tener una pistola debajo de la almohada.
Comprendo que el miedo y la desconfianza en las autoridades políticas y en la propia policía empujo a mucha gente honesta a tener un arma o varias en su casa.
Lo entiendo pero no lo justifico bajo ningún punto de vista. Tener un arma, siempre es mucho más peligroso para la víctima del hecho delictivo. Siempre hay más posibilidades de que salga herido o muerto alguien de la familia asaltada. Por varios motivos, pero uno fundamental: los profesionales en la utilización del arma son los delincuentes. Los ladrones y criminales andan todo el día con armas y las manejan mucho mejor que el mejor de los civiles aunque de vez en cuando vaya a practicar al tiro federal.
Además, cuando el delincuente descubre un arma se enloquece mucho más todavía y multiplica su odio y sinrazón. Es como un tiburón que huele sangre. Esa persona está dispuesta a todo. Su vida no vale nada. Está jugado, como dicen en su jerga. ¿Se entiende?
Las estadísticas son letales en esto. La cantidad de accidentes donde un padre mata a un hijo que se cruzó o al tío que vino a una hora inesperada o porque directamente se le escapó un tiro son increíbles.
Yo sé que es difícil en estos momentos explicar esto. Que mucha gente tiene una escopeta en el ropero y eso le permite dormir mucho más tranquilo. Pero es un autoengaño. Una película de Rambo que proyectamos en nuestra conciencia pero que pone en mayor peligro a toda la familia. Necesitamos mucha mayor seguridad. De eso no hay duda. Hay que exigirla a gritos a las autoridades. Pero la responsabilidad de cuidarnos es del Estado. Para eso pagamos los impuestos y por eso una sociedad democrática delega esa tarea. Hay que decirle adiós a las armas. Una sociedad con menos armas es una sociedad donde hay menos muertes. No tenga duda. La presencia de un arma en una casa triplica las posibilidades de que haya un homicidio. El 50% de los disparos accidentales que afectan a los chicos ocurren en la propia casa de la víctima. Y el 38% en la casa de amigos o familiares. Es de terror.
Un suicidio social en cuotas. La mitad de las armas que hay en Argentina están en manos de gente que no tiene la menor idea de cómo se manejan o que alguna vez tiró algún tiro en el campo. Por eso el tiro siempre sale por la culata. Aunque maten al delincuente ya no podrán vivir con esa carga. El doctor Villar está arrepentido y no para de llorar. Se quiere ir del país. Y le pidió perdón a la madre del delincuente. No les haga caso a los demagogos y oportunistas. No caiga en la locura de la justicia por mano propia. No se convierta en lo que combatimos. Hay que educar a nuestros hijos para la paz y no para la guerra. Si el diablo no carga las armas, nadie debe cargarlas. La vida no vale nada pero nada vale una vida.