Cristina miente cuando pide que se haga una auditoría sobre la obra pública. Quiere patear la pelota para adelante, ganar tiempo y fingir que no hubo una corrupción feroz durante su gobierno y que ella no fue la responsable de ejecutar junto a su marido muerto el plan delictivo más grave de la historia democrática argentina. Son varias las auditorias que se hicieron y que ella quiso ignorar. Todas dicen que el sobreprecio para la coima fue de un 50% de promedio. Y a eso hay que agregarle las obras que se cobraron y no se hicieron. Casi la mitad de las obras que le dieron a Lázaro Báez no se terminaron. Y las cobraban como máximo a 30 días. El resto de las empresas, recién después de 120 días. Julio de Vido y José López fueron los autores materiales de semejante plan sistemático para saquear al país cuyos autores intelectuales fueron Néstor y Cristina. Si a la doctora le falla la memoria puede preguntarle al flamante miembro de la Corte Suprema, Horacio Rossati y al ex gobernador de Santa Cruz, Sergio Acevedo porque motivo renunciaron. Se negaron a ser cómplices de lo que Cristina finge ignorar.
Cristina miente cuando dice que ella solo es una propietaria que cobra alquileres. Ella sabe perfectamente que la estafa que hizo tiene varias etapas. Primero: los alquileres que cobra son altísimos y totalmente fuera de la lógica de mercado. Siempre el matrimonio tuvo la suerte de tener inquilinos muy generosos dispuestos a pagar muy por encima de lo que valen el alquiler de esos inmuebles, como una forma de disimular los retornos o las coimas. Claro, sus principales inquilinos que tienen propiedades para tirar al techo y no se explica para que las utilizaban, fueron nada menos que Lázaro Báez y Cristóbal López, dos de los empresarios que se enriquecieron ilícita y atómicamente durante el kirchnerismo y que fueron beneficiados con obras públicas en cataratas o con prolongación de las concesiones de casinos y tragamonedas, por ejemplo.
Cristina no es una propietaria común. No puede explicar ni los precios que cobraba ni el motivo por el que Lázaro le pagaba con cheques a Máximo por habitaciones en los hoteles que no utilizaba. Los Kirchner y Los Báez fueron demasiado tontos o demasiado vivos. Y nos tomaron por tontos al resto de los argentinos.
Cristina miente porque dijo en Harvard que era una abogada exitosa. No hay un solo expediente que certifique que ella haya ganado litigios con su capacidad profesional. Todo lo contrario: las propiedades que compraron antes de llegar al poder fueron producto de embargos que le hicieron a la pobre gente que no pudo pagar las cuotas de esas casas producto de la 1.050, una ley de la dictadura que hundió en el desalojo a muchas familias pobres o de clase media.
Cristina miente cuando dice que defendió los derechos humanos desde siempre. No hay un solo antecedente audiovisual, ni documento escrito que muestre al matrimonio K presentando un habeas corpus por alguno de sus compañeros desaparecidos durante la dictadura ni un gesto de apoyo a los organismos hasta bien entrada la democracia mientras Néstor fue intendente y gobernador. Jamás dijeron una palabra a favor del juicio y castigo ni por la aparición con vida de los desaparecidos hasta que llegaron a la presidencia y comenzaron a utilizar el tema como escudo protector de la megacorrupción de estado. De hecho el propio Sergio Schocklender aseguró que la plata negra que ensució el pañuelo blanco de Hebe de Bonafini la recibían de De Vido y José López con la supervisión de Cristina.
Cristina miente cuando dice que fue progresista toda su vida. Ella y su marido compartieron 7 veces las boletas electorales con Carlos Menem que de progresista no tenía nada y fueron los mejores amigos y alumnos de Domingo Cavallo durante la convertibilidad. A través de Bombón Mercado, el ex marido de Alicia fueron militantes de Diego Ibañez, un emblema de la burocracia sindical derechista.
Cristina miente cuando dice que es una perseguida política y que lo que Mauricio Macri quiere borrar son los derechos sociales que instaló durante su gobierno. No hay una sola prueba o indicio de que la administración de Cambiemos tenga injerencia o presione a la justicia. Son los magistrados los que sin las extorsiones y los aprietes que había antes, se sienten con las manos libres para avanzar contra los delitos que los funcionarios de Cristina y ella misma cometieron desde el estado.
Cristina miente cuando habla maravillas del Papa Francisco como si lo hubiera valorado de toda la vida. La verdad es que se envenenó de bronca cuando fue designado y solo una comunicación con Rafael Correa, un ferviente católico, le hizo corregir su postura inicial. Jorge Bergoglio fue espiado por orden de Néstor que lo satanizó diciendo que era el jefe de la oposición y nunca más le dieron la satisfacción de hacer el tedeum desde la Catedral Metropolitana. Creían igual que lo que publicó Horacio Verbitsky que era un cómplice de la dictadura que tenía las manos manchadas de sangre por haber entregado a dos curitas a las mazmorras de Videla y compañía.
Cristina miente al hablar de las cifras de la pobreza, la inflación y la inseguridad preocupaciones muy profundas que negaron sistemáticamente mientras ella fue presidenta. Malversaron tanto los índices de crecimiento que le causaron a todos los ciudadanos una pérdida de 1.500 millones de dólares que llenaron los bolsillos buitres de quienes tenían bonos con el cupón atado al aumento del PBI.
Cristina miente cuando dice que tiene que ir al médico y le pide al juez Claudio Bonadio que le pase la citación de las 10 a las 13 horas. Es increíble que un médico no le pueda cambiar el turno a la ex presidenta. En realidad, Cristina Elisabet no se quiere cruzar con su socio Lázaro Báez que fue citado por el juez Casanello a las 10 de la mañana. Cristina se tiene que notificar por la causa de dólar futuro donde fue procesada por ese escándalo que nos costó perder más de 53 mil millones de pesos a todos los argentinos.
Cristina no se quiere ensuciar con Báez. Su hijo sale lejos de los hijos de Lázaro del aeropuerto. Como si Lázaro no hubiera sido el cómplice de Néstor, con el que cenó la última noche que estuvo vivo y que homenajeó con ese mausoleo faraónico que es un monumento a la corrupción.
Pronto estará en la cárcel de Ezeiza gran parte del gabinete de Julio de Vido. Cristina está pasando por el peor momento de su vida. En su dramático ajedrez, la ex presidenta sabe que la justicia decretó el jaque a la reina Cristina. Cristina miente pero está preocupada porque sabe que se le acabó la mentira. Y esa es la única verdad. Por más mentiras que siga diciendo.
Gracias a los locutores – 4 de julio 2016
Le quiero pedir perdón a los locutores. Ayer fue su día y recién ahora podemos repetir este humilde homenaje. Ellos comprenderán mejor que nadie que ayer no estuvimos en el aire. Y que sin aire no hay comunicación. El viernes se lo prometí a Marcela Giorgi y muchos viejos compañeros de tantos años me lo recordaron. Primero el reconocimiento para ella, la mejor: Marcelita. Ella dice que es la Mascherano de Leuco pero mientras dure su reinado en el Martín Fierro es la mejor locutora argentina.
Está bancando este proyecto llamado “Le doy mi palabra” desde el primer día. Y gran parte del éxito es gracias a su talento. Por eso me toca a mí decirle, gracias Marcelita. Por la buena onda, la buena voz y la buena mina que sos. Hoy me siento el Mascherano de Giorgi.
La negra, la tana, Rita Mansur, la doctora Cristina, la diputada Diana No escuchen a Lanata, la que es capaz de llevar a radio Mitre en su garganta, igual que el glorioso y certero Héctor Norberto Tricinello al que ya le hicimos un homenaje o ese genio de los tonos y los matices que hace lo que quiere con sus cuerdas vocales y se llama Marcelo Elorza. Confieso que me alegra la vida cada vez que lo escucho decir: “Fuuuutbolll” o “Casanellllo”.
Y me gustaría que este abrazo radial le llegara a todos los locutores porque son nuestros hermanos del aire. Son los que alguna vez sintieron algo que les decía que su voz no iba a ser más su voz. O mejor dicho, que sus voces, iban a ser voces por donde otras multitudes de voces se iban a expresar. La voz iba a seguir siendo una voz propia, tal vez la más profunda, pero también la voz de otros. Hoy quiero ratificar esta declaración de amor corregida y aumentada a los locutores y las locutoras.
La voz de un locutor debe ser clara, precisa y segura. Con eso alcanza, según el manual, para ser lo que se dice, un buen locutor, un buen profesional. La garganta atenta y educada, la modulación correcta. Para leer noticias, mensajes, temperaturas, encuestas, correos electrónicos, tuits, pedidos de sangre, para presentar discos, chivos, reportajes, invitados, columnistas. Todo eso hace un locutor. Pero con eso no alcanza para ser locutor. Para ser duendes de la radio, la radio les pide más.
Por eso le dan a las palabras alas y colores.
Por eso le dan a las palabras aromas y sabores.
Por eso le dan a las palabras volumen y texturas.
Son voces amigas que se alegran y entristecen junto a todos nosotros. Nos hacen compañía, nos dan una mano. Nos soportan a los que integramos ese extraño e incomprensible mundo de los no locutores.
Por eso le dan a las palabras angustias y carcajadas.
Por eso le dan a las palabras dolores y esperanzas.
Por eso le dan a las palabras magia y sorpresas.
Le quiero contar que yo conozco a los locutores. Los espío desde hace años, me siento cerca de ellos. Los he visto nerviosos por algo que no sale. Sanateando porque se colgó la máquina y las noticias que no llegan. Los he visto tentados de risa por un furcio o por un blooper. Los he escuchados decir pavadas. Los he escuchado decir genialidades. Hablo de la asamblea de ratones que convocan con sus cuerdas vocales de terciopelo Nora Perlé o Marcela Labarca, del estilo filoso y chispeante de María Isabel Sanchez, la Negra Verón y Natalia López, un lujo que juega en todos los puestos y que prácticamente parió a su hija Esperanza acá en la radio. Hay que ponerse de pie y sacarse el sombrero para nombrar a los que hacen escuela, como los Juan Carlos, me refiero a Pascual y Delmisier. La buena onda instantánea que provocaba la calidez humana de Graciela Mancuso que acaba de irse a una tanda eterna en el cielo de las voces o la personalidad y autoridad de Betty Elizalde, o la flexibilidad para transformar cualquier cosa en risa de Estelita Montes o la transparencia solidaria de Alicia Cuniverti que aparece en nuestro libro “Cuidáte changuito”, o esa risa bien arriba que contagia y despierta campanas de Andrea Estevez Mirson, algo así como la heredera de Rina Morán.
Hay tantas voces que han quedado grabadas en la memoria colectiva de la oreja nacional. Y tantos maestros como nuestro bendito Cacho Fontana, el de la perfección del acero, o la sabiduría enciclopédica de don Antonio Carrizo que sigue peleando como puede o ese socavón que me estremecía del negro Edgardo Suarez cuando decía: “Hola pariente”. Como envidio esos caños esos verdaderos ductos transformados en parlantes como los de “tero” Ricardo Martínez Puente, lo que daría por decir: “Alfajor leuquito… Ya probaste el chiquito, ahora proba el grandote”. O “Señor instalador”.
Son los militantes de la tanda, los que hablan desde las tripas con el tono sobrio cuando una noticia es una tragedia, son los maestros de ceremonia que conducen los programas y dicen lo que sienten y sienten lo que hacen. Nos aceleran el pulso cuando viene un último momento. Nos abren las ventanas con el tono luminoso cuando anuncian el ganador de un viaje, un campeonato, cualquier nacimiento.
Le hablan a nadie a través del micrófono y la hablan a todos. Multiplican las voces amigas. Andrea Montaldo que es locutora entre otras miles de cosas, del queridísmo Juan Alberto Badía que tanto extrañamos desde que nos clavaba sus flechas a toda la juventud.
Conviví y aprendí durante 15 años con el más grande. Un tal Fernando Bravo que siempre está llegando de San Pedro y que hace 40 años que juega en primera creando los climas más emotivos que conozco. Fernando es orgullosamente locutor.
Son nuestros hermanos de la radio. Hoy quiero darles un abrazo a todos ellos. Sin ellos no hay radio. Y si no que lo diga desde el cielo ese Negro inmenso que me arrancó de la gráfica. El decía que la radio es el teatro de la mente. Se llamaba Hugo Guerrero Martinheitz. Es como decir la radio que respira o el micrófono que late. Feliz día, compañeros. Gracias por todo. Y hasta la próxima tanda.
Jaque a la reina Cristina – 1 de julio 2016
Cristina está pasando por el peor momento de su vida. En su dramático ajedrez, la ex presidenta sabe que la justicia decretó el jaque a la reina Cristina. Está atrapada sin salida en Mascarello 441, el único domicilio a su nombre que ayer no fue allanado. Los espectaculares e impensables operativos ordenados por el juez Claudio Bonadio se realizaron en 11 propiedades y los resultados obtenidos prueban una vez más la complicidad comercial y societaria entre Lázaro Báez y la familia Kirchner. En los expedientes y en forma oficial ya se sabe que las 147 propiedades que tiene Lázaro fueron tasadas en 140 millones de dólares a los que hay que sumar los 5 millones de dólares de su flota de vehículos. Todo esto sin contar el valor de su grupo de empresas.
Este rastrillaje legal es inédito en la Argentina. Hay que recordar que la ex jefa del estado hace menos de un año tenía casi la suma del poder público y era temida por todos y todas. Era intocable. Hoy la sabiduría popular califica esta situación como que le tienen rodeada la manzana o le están cascoteando el rancho. Aunque en el caso de la arquitecta egipcia, sería más pertinente decir que le están cascoteando el palacio.
Cristina va a ser procesada por segunda vez en cualquier momento y ella misma siente que también puede ir presa. En sus ráfagas de 140 caracteres se queja porque, según ella, el objetivo de Macri, los medios hegemónicos y el partido judicial es encarcelarla en Ezeiza junto a sus viejos cómplices como Lázaro, Jaime, López y otros que irán llegando.
Ayer fue un día histórico. Los libros del futuro van a decir que mientras los sabuesos recorrían sus casas y hoteles buscando pruebas, la Cámara Federal le ordenó al juez Sebastián Casanello investigar a la exitosa abogada. Con términos muy duros, con la firma de los jueces Martin Irurzun y Eduardo Farah se le dio luz verde a los magistrados para que avancen a paso redoblado en el juicio y castigo a quien, luego de la muerte de su marido, lo reemplazó en el liderazgo de la maquina estatal más corrupta de la historia argentina. Tiene razón Cristina cuando dice que no hay antecedentes de una movida judicial de semejante dimensión. Pero lo que no dice es que tampoco hay antecedentes de un matrimonio que haya funcionado como una asociación ilícita para delinquir con tanta desmesura e impunidad.
Vale la pena prestarle atención a los términos que utilizó la Cámara Federal para referirse a Cristina.
Primero porque define al enriquecimiento de Báez como “colosal” y dice que “es de lógica elemental sospechar acerca de la íntima relación existente entre Báez y su grupo económico con los ex presidentes Kirchner y las cuantiosas adjudicaciones de obra pública”, que recibió a través del ministerio der Julio de Vido.
La resolución de la Cámara también invita a acelerar los tiempos hacia el juicio oral y a buscar en forma urgente formas novedosas de coordinación con otras causas como Hotesur, la ruta del dinero y las acusaciones de asociación ilícita. En dos palabras: está sugiriendo la posibilidad de ir hacia una gran megacausa que exhiba y condene todo el sistema de saqueo al estado que se instaló en el 2003.
Cristina no da explicaciones porque no puede explicar nada. Está sumergida entre la desmesura de un dinero negro que no pudo ni controlar y la bulimia por un poder que está llegando a su ocaso. Tal vez por eso, fanfarronea diciendo en twitter que todo esto lo hacen para disciplinar a la oposición y que, tal vez, lo logren con todos. Pero que con ella no lo van a poder lograr. “Conmigo no podrán”, se plantó Cristina en las redes sociales. Aunque hagan mil allanamientos. Del vamos por todo al sálvese quien pueda.
Cristina está furiosa y a su vez preocupada. Y tiene motivos. Esta mañana el fiscal Guillermo Marijuan le confirmó a Marceo Longobardi que va a acatar la orden de la Cámara y va a concentrar su investigación en Cristina. También se manifestó a favor unificar todas las causas que involucran a los jefes de banda que gobernó más de 12 años.
El fiscal está en los Estados Unidos tratando de recolectar información sobre el alerta que le embajada en nuestro país le hizo en referencia a los movimientos para lavar el dinero sucio que estaba haciendo Lázaro.
La ex presidenta se cree sus propias mentiras porque la verdad se le hace intolerable. Está convencida y nos quiere convencer a nosotros de que la persiguen por sus ideas. Y en realidad la persiguen por sus delitos. Soñó con quedar en la historia como una gran revolucionaria del perfil de Eva Perón y va a quedar como una vulgar ladrona y la patronal del mal. Eso la desespera. Y eso es lo que hace que todos los días gobernadores, intendentes, o legisladores vayan huyendo de su lado o no respondan más a sus caprichos. Hasta su ex ministro Lino Barañao dice que está avergonzado por la manera en que el proyecto político que lo convocó está mancillado por la codicia y la corrupción.
El Frente para la Valija cada vez tiene menos militancia y la aparición de algunos personajes como Fernando Esteche, Amado Boudou o Fernando Vaca Narvaja proclamando el liderazgo de Cristina le hacen un inmenso favor a Maurico Macri.
La decadencia es definitiva. Hasta el abogado de los hijos de Lázaro dice que Casanello quiere cerrar pronto la investigación para no involucrar a Cristina ni a De Vido.
Incluso el fiscal Jose María Campagnoli se sumó a la idea de unificar las causas y eso sería demoledor para la figura de Cristina y la dejaría a las puertas de la cárcel.
No hay dudas: Cristina está pasando por el peor momento de su vida. Está rodeada de acusaciones y hay muchas pruebas que la comprometen. La reina Cristina está en jaque.