Bienvenida la polémica y el debate democrático. El viernes en esta columna hice una propuesta: la creación de nuevos organismos de derechos humanos para la nueva etapa a 40 años del golpe de estado genocida. El diario Clarín publicó en papel una versión muy bien resumida y en su portal, la editó completa. Se generó un revuelvo bárbaro y en varios momentos fue el tema del que más se discutía en twitter. Muchos kirchneristas me putearon y muchos de otros pensamientos, se sumaron al corazón de la idea.
Horacio Pietragalla, nieto número 75 restituido por las Abuelas de Plaza de Mayo fue diputado nacional y Cristina lo designó al frente del Archivo Nacional de la Memoria cuatro días antes de abandonar el poder. El tuiteó “Leuco basura, marioneta de Magnetto”. Estela Carlotto, la presidenta de Abuelas fue muy crítica durante una entrevista en la radio de los empresarios kirchneristas de Electroingeniería. Dijo textualmente:
“Leuco me da pena, el que perdió el rumbo es él. El sentido común del argentino de bien descree de lo que el dijo. Yo tengo memoria de lo que era Leuco hace unos años. Creo que está condicionado. Puede hablar porque lo dejan”.
Al ex diputado Pietragalla no le voy a contestar porque los agravios e insultos no se contestan. Hablan del que los pronuncia.
Pero me gustaría rebatir algunas definiciones de Estela. Ella dijo que perdí el rumbo porque esa fue la conclusión a la que yo llegué en mi columna. Que varios de los organismos de derechos humanos que habían sido tan corajudos y útiles en la lucha contra la dictadura y la impunidad, habían perdido el rumbo al haberse puesto la camiseta partidaria del kirchnerismo. En dos palabras, estoy convencido que ese tipo de entidades humanitarias deben ser plurales, diversas, multisectoriales. Mientras más colores y matices tengan, mas derechos humanos defienden. Mientras más se sectarizan y se verticalizan al poder político, menos útiles son para la sociedad. Puse la lupa sobre Madres, Abuelas y el Cels porque creo que esos tres organismos fueron los más importantes que malversaron su ADN original.
Con Abuelas no fui tan duro como con Hebe de Bonafini porque dije que en el caso de Estela Carlotto, no se había manchado con la mugre de la corrupción kirchenrista. Dolorosamente, Madres de Plaza de Mayo ensució sus pañuelos blancos con el dinero negro de los sueños compartidos de Sergio Schocklender y con el vaciamiento de la Universidad de las Madres que pagamos todos los argentinos.
El viernes Daniel Sabsay criticó a Estela por haber acomodado a sus hijos en distintos puestos pese a que él no les veía condiciones para eso.
Pero mi crítica principal a Estela fue que su verticalismo hacia Néstor y Cristina la convirtió en una dirigente política capaz de convertirse en ariete del kirchnerismo contra el grupo Clarín y su propietaria. Recordé que Estela no tuvo la delicadeza de pedir disculpas cuando la justicia confirmó que no se trataba de hijos de desaparecidos, algo que ellos habían instalado como una verdad absoluta. Es una lástima que los organismos se hayan dejado utilizar por aquellos que nada hicieron en defensa de los derechos humanos durante la dictadura y que se dedicaron a enriquecerse rematando casas de personas humildes que no podían pagar sus créditos como los exitosos abogados de Rio Gallegos. Es un retroceso que hayan sido cómplices de la profanación de la causa de los derechos humanos que los Kirchner hicieron al utilizarlos como escudos de impunidad contra la mega corrupción de estado.
Estela dice que me conoce de hace años. Por supuesto, yo defendí los derechos humanos desde siempre. Durante la dictadura y durante todos los gobiernos democráticos. Por eso cuando las Abuelas cumplieron 20 años, me entregaron una medalla en reconocimiento a esa actitud. Subí al escenario orgulloso, con Magdalena Ruiz Guiñazu, Néstor Ibarra y el Pelado Cordera de la Bersuit. Pero yo no cambié. Creo que los valores que son pilares de una democracia deben ser una bandera de todos los argentinos, menos de los corruptos y los golpistas. Y los organismos, algunos por convicciones o por errores políticos y otros por conveniencia o por dinero, levantaron solamente la bandera de La Campora. Y eso hace que ya no sean representativos de todos. Que solo sean una parte de una parte, de una parte de un partido político. Y no porque los partidos políticos sean una mala palabra. Al contrario: creo que no hay democracia mejor sin partidos mejores. Pero los partidos tienen una disciplina que muchas veces obliga a sus militantes a defender lo indefendible. A los ladrones como Lázaro Báez, por ejemplo. Al General César Milani, a Ricardo Jaime por no haber apoyado nunca la lucha valiente de los familiares del siniestro de la estación Once y tantas otras cuestiones donde se privilegia lo sectorial y no lo comunitario.
Estela Carlotto también dijo que yo hablo porque me dejan, porque para mí no hay ningún tipo de censura. Siempre opino y digo lo que pienso sin ningún tipo de censuras. No hablo por boca de otros. Solo lo que me dictan mis neuronas, mi conciencia y mi corazón. Y cuando me han censurado como en los gobiernos de Menem y Kirchner, me fui de esos medios y terminé reclamando mi derecho en los tribunales. No me creo un héroe por eso. Pero es la manera en la que siento mi oficio maravilloso: no me callo. Creo que los que se callan frente a las injusticias y los atropellos deben dejar el periodismo y dedicarse a otra cosa. Finalmente, lo que más me preocupa es una frase de Estela que suena un poco extraña. En su discurso, en la plaza del 24 dijo: “otra vez estamos convocados a defender la democracia” como si el actual gobierno no fuera democrático y ellos fueran la encarnación de la democracia. Ya se ubicaron en el lugar de la patria, así que no me extrañaría que también quieran ser los que definan que es y que no es democrático. Yo creo todo lo contrario. Que la democracia es un activo de todos y que los últimos 12 años fueron atravesados por un autoritarismo que atacó las libertades y la división de poderes, entre otras cosas.
Estela Carlotto es una víctima de esa operación que convirtió a las Abuelas en una agrupación más del kirchnerismo. Y ella, como líder que unificaba a muchos sectores se transformó en una dirigente partidaria obligada a defender lo indefendible y a ocultar lo inocultable. Llegó al extremo imperdonable de elogiar a un malandra de las dimensiones de Amado Boudou. Por eso Estela jamás dijo una palabra solidaria sobre las víctimas del siniestro de la estación Once. Como parte de la responsabilidad de la masacre es de los funcionarios kirchneristas se llamó a un silencio que produce vergüenza ajena. ¿O los 52 muertos del tren no tienen derechos humanos? Lo mismo pasó con el tema de Cromagnón. Con la obsesión de defender a Anibal Ibarra llegó a decir barbaridades. Calificó de “padres golpistas” a los familiares de los muertos en la mayor tragedia no natural de la historia argentina. Carlotto salió al cruce de Mirtha Legrand y dijo que no va a ir nunca más a su programa cuando siempre fue tratada con respeto y consideración en las innumerables ocasiones en las que aprovechó el espacio para difundir sus reclamos. Estela tiene todo el derecho del mundo a militar en La Cámpora si quiere. Pero ya no podrá hablar en nombre de los derechos humanos de toda la sociedad. Muchos familiares y luchadores no se sentirán representados. Y ese es el tamaño de la desilusión de tanta gente.
Nuevas organizaciones para los nuevos tiempos – 25 de marzo 2016
Tengo ganas de poner un aviso clasificado en los diarios que diga algo así: “Se necesita con urgencia líderes y referentes honrados y de prestigio social para conformar nuevas entidades de derechos humanos para los nuevos tiempos de la Argentina”. Una de las conclusiones que se pueden sacar después de 40 años del golpe y de la visita de Obama a Cuba y a la Argentina, es que hay varias organizaciones no gubernamentales antiguas que han perdido el rumbo y han dejado de ser útiles a la sociedad. Hablo de Madres de Plaza de Mayo, Abuelas y el CELS que en su momento, jugaron un extraordinario papel de denuncia y de lucha corajuda a favor de las libertades en el más amplio sentido de la palabra y en contra de todo tipo de autoritarismo. Pero el tiempo fue pasando y los 12 años de patoterismo de estado kirchnerista lograron ponerles camiseta partidaria, vaciarlas de contenido plural y ecuménico y, en algunos casos, meterlas en el nauseabundo pantano de la corrupción. El caso más patético y doloroso es el de Hebe de Bonafini. Después de haber sido un símbolo universal de combate pacífico por la aparición con vida de los desaparecidos y el castigo a los culpables, se fue degradando con el dinero de Néstor y Cristina y terminó tristemente, con el pañuelo blanco manchado por las estafas de Sergio Schoklender y por el desfalco que tuvimos que pagar todos de la Universidad de las Madres. Encima ayer se la vió rodeada, por dos representantes del peronismo derechoso y violento como Aníbal Fernández y Guillermo Moreno. Hebe se disciplinó en forma verticalista a Cristina y fue cómplice de la entronización del general Milani o del silencio tipo omertá frente a evidentes ladrones como Lázaro Báez. Hebe tuvo posturas agresivas y cadenas de insultos contra la Corte Suprema, por ejemplo, cuando llamó a tomar los tribunales y apoyo militante al chavismo extremo y criminal. Dicho sea de paso, todos estos grupos hoy piden la libertad de Milagro Sala, una jefa mafiosa que le robó a los pobres de Jujuy a la que califican como “presa política” y, sin embargo, apoyan que Venezuela tenga detenidos a disidentes como Leopoldo López y una larga lista de encarcelados en la gerontocracia dictatorial de Fidel y Raúl Castro.
Con las Abuelas pasó algo parecido pero no tan grave por la ausencia de sospechas de negociados tenebrosos. Pero Estela supo ser el ariete de Cristina contra el grupo Clarín y su propietaria y no fue capaz de pedir disculpas pese a que se probó con toda contundencia que sus hijos no eran de desaparecidos como habían acusado ellos. Había que trabajar en esta radio o en canal 13 o en el diario y bancarse en todo momento el escupitajo que te decía “devuelvan los nietos”. Estela hizo campaña electoral por Cristina y por Scioli. Ayer dijo que van a tener que volver a cuidar la democracia como si a Macri no lo hubiera elegido el pueblo. En esa convocatoria, además de alguien que fue por primera vez como Daniel Scioli, hubo personajes antidemocráticos como Fernando Esteche y Luis D’Elía. ¿Ellos son defensores de los derechos humanos?¿ Sus palos y cadenas, sus capuchas y actitud destructiva son un camino republicano?
En el Centro de Estudios Legales y Sociales la decadencia es más sofisticada. Ese organismo tan valioso y destacado fue copado casi totalmente por la militancia kirchnerista de Horacio Verbitsky y Gastón Chillier. Ellos infiltraron su pensamiento dogmático y sesgado en una entidad que justamente se había destacado por su excelencia técnica profesional, por no meter el partidismo adentro y por gente de la más variada procedencia ideológica, desde el humanista cristiano de centro Emilio Mignone hasta el trotskista Marcelo Parrilli. Hoy Verbitsky descaradamente y sin guardar ni las formas, es el fogonero de todo lo que haga Cristina y el que frena o ignora toda denuncia contra la actuación de la ex presidenta que hoy descansa en El Calafate. Verbitsky sigue llamando “organizaciones revolucionarias” a los grupos guerrilleros que el lideró y que produjeron brutales atentados dinamiteros y asesinaron gente y de paso advierte, como una profecía que “el gobierno de Macri va a violar fuertemente los derechos humanos” por su política económica de exclusión.
El Cels hoy casi no tiene lugar, por lo menos en su conducción, para abogados destacados que no crean que Cristina sea una mezcla de La Madre Teresa y La Pasionaria. En el Cels hay un discurso único que investiga o amonesta solo para un lado. Perdió pluralismo y amplitud. Se hizo angosto en su mirada dogmática y eso lo fue achicando. Es una lástima que hayan dilapidado su buena imagen de independencia. De todos modos, mantiene su llegada a algunos organismos internacionales con los que construyó buenos vínculos y los subsidios de algunas fundaciones norteamericanas que le envían los dólares necesarios como para funcionar.
El entrismo que los jóvenes de La Cámpora hicieron en muchos organismos los disecó y los alineó con los aplaudidores de estos últimos 12 años.
Hoy eso se terminó. No acusan peso en la balanza de la influencia y su voz es tan débil y parcial que pocos la escuchan.
Es que con Cristina, entre otras cosas se terminaron los 70. Ella fue la última representante de esa generación en la política de las grandes ligas. Lo digo con dolor porque yo también soy de esa generación que se enamoró y se forjó en las utopías igualitarias pero que cayó en muchos casos en una violencia foquista criminal lisa y llana a la que llamaron “ajusticiamientos”.
Pero todos los liderazgos partidarios que se instalaron en las últimas elecciones fueron paridos por la nueva democracia que nació en 1983 con Raúl Alfonsín. Todos por edad y formación, están lejos de los resentimientos y las antiguas fracturas de los 70. Hablo de todos. Desde Scioli y Randazzo, hasta Margarita Stolbizer y Sergio Masa o Ernesto Sanz y Elisa Carrió pasando por Mauricio Macri, Gabriela Michetti, María Eugenia Vidal o Marcos Peña.
Todos son más jóvenes que Cristina. En edad y en ideas. Y todos tienen un respeto por los valores democráticos y republicanos que en los 70 eran considerados burgueses o de la partidocracia liberal.
Por eso vuelvo al principio y al aviso clasificado. Como creo que claramente terminó una etapa de pelea y enfrentamiento encarnada por Cristina y empieza una nueva era que Macri representa con diálogo y fraternidad, creo que hay que generar nuevas organizaciones de derechos humanos que reflejen esta flamante realidad. Estas estructuras no se crean por decreto ni de arriba hacia abajo. Son construcciones naturales que van engarzando preocupaciones y liderazgos sectoriales para sumarlos en un grupo superador de todo lo conocido, multipartidario, multisectorial y nada sectario.
Pienso en una entidad que se llame algo así como “Mas Valores para más argentinos” que rescate, controle, defienda y multiplique la transparencia contra los políticos ladrones; la democracia contra los caudillos mandones y monárquicos; la República contra los que quieren tener la suma del poder público y la justicia social y la sociedad más igualitaria contra los buitres insaciables que solo ven la vida como una acumulación de codicia.
¿Se entiende lo que propongo? Esos son los pilares fundamentales pero no los únicos. Faltan las personas que encarnen esas banderas éticas. Si estuviese vivo René Favaloro lo propondría como el presidente. Pero como no lo tenemos, sugiero una primera lista abierta de personalidades destacadas en distintos ámbitos que no sean activistas partidarios y que reflejen todos los matices de la sociedad. Hablo de gente como Facundo Manes, Juan Carr, Santiago Kovadloff, el padre Pepe, Diana Cohen Agrest, Graciela Fernández Meijide, Agustín Salvia, Juan José Campanella, Paolo Menghini, Pablo Lanusse, Magdalena Ruiz Guiñazú, Roberto Gargarella, Daniel Sabsay y Vicente Palermo entre otros. En fin, gente que tiene una mirada estratégica y generosamente solidaria y que hoy no está en la vida para ganar un carguito de diputado o intendente. Estoy pensando en algo superador. En una suerte de grupo de argentinos que se conviertan en custodia de estos nuevos tiempos.
Eso se llama construir más y mejor ciudadanía. Esa debería ser la nueva utopía de los tiempos que vienen. Para mirar al futuro con esperanza y parir lo nuevo. Con pobreza cero e igualdad de oportunidades, paz social sin delincuentes ni narcos y con la libertad absoluta como bandera. ¿Me acompaña? Sugiera nombres. Participe. Que mejor que hacerlo un día como hoy. Un viernes santo. Es otra forma de decir:”Felices pascuas”.
A 40 años del infierno – 24 de marzo 2016
El 24 de marzo es el día más nefasto de nuestra historia. Mire que nos pasó de todo como país, pero no hay nada comparable con el 24 de marzo de 1976.
Hoy se cumplen 40 años y sin embargo aún hoy digo 24 de marzo y me estremezco, me corre frío por la espalda. Veo la noche de la noche.
Fue el comienzo del reinado de la muerte. El desembarco del nazismo criollo. La coronación de los sueños de los peores hombres de este país. Querían muertes, torturas, desapariciones, campos de concentración, robos, violaciones, humillaciones, mutilaciones, censuras, extorsiones, querían todo eso y mucho más y lo lograron. Seguramente todas las sociedades en algún momento de su historia tocan fondo, descienden a los infiernos. Bueno, a nosotros nos tocó el 24 de marzo de 1976.
Es nuestra responsabilidad recordar aquella hecatombe social que vivimos para que aquél veneno que inocularon en las venas abiertas de la sociedad no nos envenene más. Que nadie olvide que no dejaron delito por cometer. Que el terrorismo de estado no es una tormenta de la naturaleza y que por el contrario es un producto malparido por la sociedad en la que vivimos. Que un genocidio tiene mil explicaciones y no tiene ninguna.
Está claro que no adhiero a la teoría de los dos demonios. Nunca lo hice. No se puede ni comparar la responsabilidad de un estado que utiliza una maquinaria industrial para aniquilar a sus enemigos con la culpa de las organizaciones civiles que apelaron a la lucha armada para llegar al poder y establecer el socialismo. Si condeno por igual cada uno de los crímenes. Cada muerte es despreciable y repudiable no importa quién sea la víctima ni el victimario. Las atrocidades de lesa humanidad cometidas por las Fuerzas Armadas ya están condenadas como corresponde por la historia y por la justicia de la democracia. Pero falta un debate profundo y valiente sobre la utilización del fusil en la política ciudadana.
Es cierto que los vientos guevaristas de la época diseminaron la guerrilla entre los jóvenes del continente. Es verdad que en aquellos tiempos la democracia tenía apenas un valor formal. Era burguesa o escenario de la partidocracia. Eso decían los combatientes del ERP o Montoneros. Pero cada vez se hace más necesario reconocer desde los protagonistas que fue una verdadera locura suicida apelar al foquismo, a las bombas y a los tiros.
No solamente fue un error táctico como reconocen algunos. Fusilar a un policía en la calle o tomar un cuartel por la fuerza en democracia también fueron violaciones a los derechos humanos que finalmente aceleraron el golpe de estado para beneplácito de los sectores económicos más poderosos encarnados en la figura de José Alfredo Martínez de Hoz.
Y si seguimos profundizando el análisis y apelando a la autocrítica debemos decir que una parte importante de la sociedad civil respiró aliviada cuando los militares asaltaron el gobierno. Hubo cierto consenso de una sociedad hastiada de tanta ineficacia de Isabel y de tanta sangre por las calles. No había conciencia profunda del verdadero significado de la palabra democracia ni del concepto de derechos humanos.
También es justo decir que era muy difícil saber que los golpistas de Videla, Massera y su banda criminal iban a utilizar todas las formas de la muerte. Por shock eléctrico, por inmersión, por fusilamiento, por incineración, por sofocación, arrojando gente desde los aviones. No hay imaginación tan siniestra que pueda comprender los asesinatos y secuestros de niños, las torturas a embarazadas, a discapacitados, los tormentos a abuelos delante de sus hijos o nietos y las venganzas sobre familias enteras.
Eran tiempos en que según Eduardo Galeano los argentinos nos dividíamos en cuatro especies: los aterrados, los desterrados, los encerrados y los enterrados.
Durante su reinado, los Kirchner intentaron apropiarse de la bandera de los derechos humanos. En gran parte lo lograron pero con un alto costo: los vaciaron de contenido ecuménico y plural, y les pusieron camiseta partidaria. Con Hebe de Bonafini, mancharon los pañuelos blancos con la mugre de la corrupción en los casos de la Universidad de las Madres y en los sueños que merecerían llamarse pesadillas compartidas de la mano negra de Sergio Schocklender.
También hay que decir que presionaron para acelerar todos los juicios por los crímenes de lesa humanidad y eso fue y es bueno para establecer la verdad histórica y definitiva, castigar a todos los culpables y cerrar una etapa nefasta que necesita resignificarse para construir otro futuro. Pero fue tan grande su sobreactuación, ese alardeo de lo que se carece, ese fanatismo de los conversos, que se quisieron erigir como los fundadores del tema en nuestro país. Y eso es absolutamente falso. Se hicieron los guapos contra ancianos que, como dijo Pablo Sirven, alimentan los geriátricos y los cementerios. Había que impulsar el juicio y castigo cuando los militares tenían fuerza y las balas picaban cerca como lo hicieron los integrantes de la CONADEP, con Ernesto Sábato a la cabeza y el ex presidente Raúl Alfonsín con el juicio a las juntas. Esta es la verdad histórica.
La otra gran claudicación cristinista fue encaramar al frente del Ejército al general César Milani. Hace 40 años era apenas un engranaje más del genocidio que se iniciaba. Pero el fallecido fiscal Julio Strassera dijo que muchos militares están presos por mucho menos de lo que hizo Milani con la desaparición del soldado Agapito Ledo. Sin embargo tanto Hebe como Cristina lo blindaron de impunidad y lo designaron como el máximo jefe militar en su momento. Desilusionados, algunos activistas de los derechos humanos pintaron en las paredes: “Néstor bajó el cuadro de Videla y Cristina subió el de Milani.”
Toda esa movida confirmó además, como un círculo vicioso que se cierra, los comienzos del matrimonio Kirchner. Eran dos jóvenes abogados más preocupados por enriquecerse rematando casas de deudores morosos que por presentar algún habeas corpus por los desaparecidos, como lo hizo el ex diputado Rafael Flores, y otros abogados radicales, por ejemplo. Al César lo que es del Cesar.
Por eso esta es una fecha para no olvidar jamás. El ejercicio de la memoria es sinónimo de salud mental para una comunidad que necesita despegar y ser cada vez más igualitaria sin perder un gramo de libertad. Esa debería ser nuestra utopía nacional, como en los tiempos de la revolución democrática: libertad, igualdad, fraternidad. A 40 años del infierno. Para que el golpe no nos siga golpeando. Para que todos sepamos lo que nos pasó. Para que no nos vuelva a pasar. Nunca más.