Hay un océano de diferencias entre Amado Boudou y Gabriela Michetti. Ella ocupa ahora el mismo cargo institucional que él, pero no tiene una sola mancha en su foja de servicio y es una de las dirigentes con mayor prestigio del país. Amado es todo lo contrario. Parece que no es muy “amado” por los jueces y los fiscales que lo investigan y lo procesan por sus hechos de corrupción atroz que lo han convertido en uno de los funcionarios más desprestigiado de la Argentina. Amado y Gabriela son el día y la noche. Mas distintos no pueden ser. Ella es la imagen de la ética republicana y la transparencia y él es el símbolo de un atorrante de estado que tiene una vida dedicada a los negociados sucios y a mentir hasta en su domicilio de su documento nacional de identidad.
Gabriela Michetti pariente de don Arturo Illia, amiga histórica del Papa Francisco y socialcristiana por ideología, llegó a la vice presidencia de la Nación y a la jefatura de la Cámara Alta para recuperar la honradez como bandera y hacer que eso de “honorable Senado de la Nación” sea una realidad y no una expresión de deseo como hasta ahora.
Amado Boudou, se formó con los Alsogaray y el CEMA en el neoliberalismo más ortodoxo y en cada función que ocupó en el estado dejó sus dedos pegados con casos de estafas realmente escandalosas que presagian que su futuro está más cerca de la cárcel que de la música que suele perpetrar con sus amigos. Hay muchísimas causas. Pero hay algunas que deberán incorporarse al libro de los records de las truchadas argentinas. Nadie se atrevió a decir que vivía en un médano. Nadie enriqueció a la velocidad de la luz a todo su entorno familiar. Nadie intentó apropiarse de la fábrica de hacer billetes. Nadie le robó al pueblo pobre de Formosa junto con el gobernador feudal Gildo Insfran una coima gigantesca para refinanciar su deuda.
Ahora Gabriela Michetti vino a confirmar que Boudou no solamente era amante del dinero ajeno con el que llenaba sus bolsillos. También fue un caradura que se disfrazó de generoso con la plata de todos los contribuyentes, es decir con los impuestos que pagamos todos los argentinos. Es fácil ser solidario y mano suelta con el bolsillo de otro. Eso hizo Boudou. Con tres decretos que no fueron publicados y casi fueron clandestinos, pasó a planta permanente a 2.035 ñoquis. Lo hizo para ganarse el apoyo de su amigo Norberto Di Próspero, el próspero secretario general de la Asociación del Personal Legislativo. Gabriela Michetti se indignó y actuó, como corresponde, en consecuencia. Buscó el apoyo y la comprensión de los otros bloques de senadores y resolvió expulsar a esas personas que cobran sueldos astronómicos sin trabajar. Eso es delito. No se puede desviar alrededor de 1.000 millones de pesos para bancar vagos o militantes. Si quieren militar, bienvenidos sean y en buena hora, pero que lo hagan con su propio esfuerzo o el de su partido y no con la plata de todos los ciudadanos.
La mano suelta de Boudou generó una verdadera bomba de tiempo sin antecedentes. Aquí tampoco nadie se había atrevido a tanto. Pero Boudou es corajudo para el delito. No tiene escrúpulos ni moral ni estómago.
Boudou aumentó en un 140% la plantilla de personal. Logró algo impensado, incomprensible e insólito. El senado tiene 72 senadores y sin embargo tiene más empleados, más que la propia Cámara Baja que tiene 257 diputados. ¿Cómo se explica eso? ¿Cuál es la racionalidad de semejante locura y choreo? ¿Los senadores son más tontos y necesitan más asesores? ¿Los senadores tienen privilegios que los diputados no tienen?
Michetti cortó por lo sano y su decisión será muy valorada por aquellos que amamos la política y creemos que es la actividad para cambiar la vida de la gente y no la vida de los políticos. Recuperar la imagen del Congreso es un objetivo absolutamente democrático. Las instituciones republicanas deben relucir en su limpieza y transparencia para volver a firmar el contrato de credibilidad con el pueblo.
Di Prospero, próspero integrante de la CGT oficialista de Cristina dice que va a resistir y a tomar medidas de acción directa. Un gremialista de verdad debería defender a los trabajadores, a los que se capacitan para progresar, a los que prestan servicios con eficiencia y no a los ñoquis. Basta de amiguismo. Hay que apoyar la meritocracia y el aumento de la producción. Hay muchachos de las categorías más altas que ganan 40 mil pesos o más. Es vergonzoso. Si todas esas personas trabajaran de verdad, no entrarían físicamente en el Senado, dijo la vice presidenta de la Nación.
Si no se hacían estas correcciones, el Senado hubiera caído en un déficit de 570 millones y, tal vez, no se hubiese pagar los sueldos. Y todo ese dinero es de todos los argentinos. Y todos tenemos la obligación de cuidarlo y gastarlo en forma responsable. ¿Cuántos hospitales, escuelas y hermanos desnutridos podrían asistirse con esa fortuna que se gasta en ñoquis amigos de Boudou?
Le doy un dato. En 4 años Boudou aumentó la nómina de empleados en un 140%. En el mismo lapso, Julián Domínguez, en diputados, solamente en el 11%. Y nadie puede decir que Domínguez no sea peronista. Hay que cortar por lo sano. Hacer justicia con los trabajadores reales que se ocupan y se preocupan por hacer cada día mejor su tarea. Si hay algún error o alguna injusticia, se ha creado una comisión revisora para estudiar los reclamos. Pero no se puede seguir quemando la plata cuando hace falta tanta para tanta gente sobre todo los que menos tienen.
No hay que confundir a los que se aprovechan de la democracia para enriquecerse ilícitamente con los que saben que es un servicio hacia los demás. Esa es la gigantesca diferencia que hay entre Boudou y Michetti.
Él se robó los dineros del pueblo y los dilapidó y ella buscar reparar tanta injusticia. Son como el día y la noche. Él es un demonio y ella es un ángel que intenta convertir el infierno en un paraíso. Ojalá pueda.
Aníbal esquina Cristina – 4 de enero 2016
Es verdad como dice Jorge Lanata que todos los caminos conducen a Aníbal Fernández. Es cierto que siguiendo ese camino de Quilmes se pueden destapar muchas ollas con olor a podrido, mezcla de narco y crimen. Pero me propongo demostrar que Cristina también es responsable de toda la mugre que está apareciendo en la superficie. Estoy convencido de que esa calle Aníbal, desemboca en la avenida Cristina y en esa esquina nefasta está el eje del mal de la Argentina.
Todo empieza con Néstor y Cristina y todo termina con Néstor y Cristina. Aníbal es un engranaje. Tal vez el más importante y el mayor delincuente. Pero nada legal o ilegal se movió durante la última docena de años sin las órdenes del matrimonio K.
Le aporto algunos datos objetivos y absolutamente comprobables. Todo este negociado criminal de la efedrina comenzó en el 2006, bajo la presidencia de Néstor y con amplia participación del cartel de los Zeta, los tres hermanitos Zacarías que eran íntimos amigos de Kirchner. Cada uno de ellos estaba inserto en un lugar clave del estado. Uno de ellos, estaba en el Sedronar, donde operaban con el silencio cómplice o la ingenuidad cobarde de José Ramón Granero, que está procesado por este tema. Granero, era un antiguo amigo de Néstor y su dentista personal. Así empezó esta trama mafiosa y corrupta de la narco política. Dice Jorge Lanata que el negocio era fácil y se ganaban fortunas en dos minutos. Compraban el kilo de efedrina a 100 dólares y lo vendían en México a 10.000 porque allá estaba prohibido ya que era utilizado para fabricar drogas sintéticas.
Le doy otro dato demoledor: fueron 44 mil kilos de efedrina los que pasaron de mano y eso dio ganancias por 480 millones de dólares. En esa época entró a tallar Aníbal con un par de espías de la SIDE y se adueñó del negocio sucio.
Por eso en el 2007, varias droguerías que actuaban como intermediarias aportaron descaradamente dinero a la campaña presidencial de Cristina Presidente. Sebastián Forza, uno de los fusilados en el triple crimen, puso 400 mil pesos de un saque, con perdón de la palabra.
Hasta ahí estamos claros en que el comienzo de todo tuvo a Néstor y a Cristina como protagonistas.
El cierre de ese círculo vicioso en el más amplio sentido de la palabra ocurre con la detención de Marcelo Mallo. El patotero apadrinado y subsidiado por el estado autoritario kirchnerista no fue solamente un aventurero amigo y militante de una agrupación de Aníbal en Quilmes. También fue un cómplice de Rudy Ulloa Igor, ex cadete, chofer y mano derecha de Néstor desde el origen, luego devenido en exitoso empresario enriquecido a la velocidad de la luz.
Y como si esto fuera poco, las últimas elecciones demostraron que Aníbal fue el candidato bendecido y bancado a muerte por Cristina. Todos se opusieron a Aníbal. No lo querían adentro ni afuera. Scioli y Fernando Espinoza preferían a Julián Domínguez igual que el Papa Francisco. Las encuestas mostraban a Aníbal como uno de los hombres más desprestigiados de la Argentina. Elisa Carrió lo acusó directamente de criminal. Pero Cristina lo bancó hasta el final y lo sigue bancando ahora desde la operación conspirativa que conduce por teléfono desde el Sur.
Ojo que no estoy diciendo que Aníbal es inocente. Digo que es culpable y responsable. Pero no hay que olvidarse de Cristina. Ella también es culpable y responsable. La ruta del dinero manchado con sangre de la efedrina y del triple crimen, transformaron a Aníbal en un Morsa en peligro de extinción. Hay infinidad de testimonios ante las cámaras de televisión y ante la justicia que lo identifican como el, jefe, el autor material de todo. Martin Lanatta y el ex policía José Luis Salerno lo dijeron con toda claridad. Cada olla que se destapa despide el olor nauseabundo de la corrupción y los asesinatos y tiene nombre y apellido. Hasta los Meizner, padre e hijo, fueron socios de Anibal en los negocios sucios. José Luis, el padre en el Fútbol para Todos los ladrones internacionales de la FIFA y de La Cámpora y el hijo, Andrés en el Renar, donde le daban permiso para portar armas a quien se pusiera con la coima correspondiente. Allí también trabajó Martín Lanatta.
Son los mismos personajes de una novela negra en la que la víctima somos todos los argentinos decentes. Y los victimarios, los que levantaron la plata en pala y ejercieron la violencia, son todos, de la banda de Aníbal. El Faraón, es amigo de Aníbal. El Dedo Becerra, jefe de la barra brava de Quilmes, también. Al pibe de La Campora que manejaba el ANses en Quilmes lo puso Aníbal. Y eso que perdió las elecciones hasta en su distrito y ni siquiera su compañero peronista quilmeño, el Barba Gutiérrez lo quería.
Aníbal ya tendría que ser llamado a declarar por la justicia. Para que diga en un expediente lo que sabe de varias cosas y deje de chicanear desde sus declaraciones. Se burla de María Eugenia Vidal porque no puede recapturar a los sicarios prófugos pero fue el gobierno anterior el que generó las condiciones para el desembarco feroz de los narcos y el que hace 44 meses no puede encontrar a Ibar Perez Corradi, el financista de toda esta mugre.
Otra vez fue Lanata, el bueno el que dio en la tecla con su pregunta: ¿A quién le conviene que estos tres criminales condenados a perpetua aparezcan muertos? A Aníbal Fernández. Está tan nervioso que solo atina a atacar sin desmentir ninguna información al periodista de investigación más valiente de la actualidad: Nicolás Wiñazky. Por eso insisto con el tema y lo transformo en mi pregunta: ¿Hay un fiscal corajudo que se atreva a llamar a declaración indagatoria a Aníbal Fernández? Está claro que, por lo menos, tiene mucho que ver con todo esto. Aníbal esquina Cristina es el lugar de los dramas más graves de la Argentina. Alguien tiene que hacer algo antes de que sea demasiado tarde para lágrimas.
Democracia sin enemigos – 11 de diciembre 2015
La mejor noticia que amaneció con Mauricio Macri es que la democracia no tiene enemigos. Es la contracara del odio y la generación de conflictos que Cristina fabricó todo el tiempo. La palabra enemigo, según el diccionario de la Real Academia Española es el contrario en la guerra. Y la democracia y la república son la expresión institucional de la paz social. Otra definición de enemigo es “la persona que tiene mala voluntad y le desea o le hace el mal a otra”. Una frase famosa del peor peronismo decía: “al enemigo ni justicia”.
Macri ayer confirmó con sus palabras y actitudes que en la democracia no hay enemigos y ese es un paso gigantesco para cerrar esa grieta, esa tristemente célebre fractura social expuesta que nos metió en un pantano de temores y agresiones revanchistas.
La democracia tiene adversarios, rivales, competidores, colegas. Con todos se puede dialogar y el ejemplo es que hoy mismo, en su primer día de gobierno, el flamante presidente convocó a sus competidores en las elecciones. Ayer los mencionó en su discurso inaugural con nombre y apellido y todos se sorprendieron y se alegraron cuando Macri se refirió a Daniel Scioli, Sergio Massa, Margarita Stolbizer, “el” Adolfo Rodríguez Saa y hasta el más radicalizado Nicolás del Caño. Macri es el único que, en otro hecho histórico, debatió de cara a la sociedad con todos ellos. Al primer debate faltó Scioli. Pero en el de la segunda vuelta no tuvo más remedio que participar.
Los gestos de hoy son de una importancia simbólica y práctica tremenda. Como primer acto de gobierno, Macri fue a reunirse con un intendente kirchnerista a decirle que va a solucionar en poco tiempo un problema gravísimo que tienen en la zona de Exaltación de la Cruz y que generó muchas muertes de familias argentinas que no tenían camisetas partidarias. Reunirse con los Qom que solamente pedían ser escuchados fue suficiente para levantar el acampe en avenida de Mayo y Nueve de Julio. Recibir a los trabajadores de Cresta Roja que se la pasaron haciendo cortes sin que nadie del gobierno de Cristina les diera bolilla es otro gran paso adelante. Mi viejo me enseñó de chico una gran verdad: hablando se entiende la gente. Y llevado a la política se puede traducir como que gobernar es generar la mayor cantidad de consensos posibles y administrar los disensos.
Este pragmatismo realista de ingeniero y de gerente de la actividad privada no debe sepultar la política ni la ideología. Pero los problemas hay que solucionarlos para que los argentinos vivan mejor sin que la discusión teórica aborte las respuestas concretas. Los ejemplos son claros. Tal vez el intendente kirchnerista no se haga macrista o de Cambiemos pero todos los bonaerenses que viven y mueren en la zona estarán agradecidos.
Lo llevo al plano internacional donde tal vez se entienda mejor. Colaborar y tener relaciones con todos los países del mundo es posible más allá del sesgo ideológico. Si Dilma Rouseff simpatiza o no critica tanto como Macri al gobierno autoritario, retrógrado y reaccionario de Nicolás Maduro es una diferencia que en algún momento se discutirá con posturas distintas en el Parlasur o donde corresponda. Pero es una tozudez contraproducente permitir que esa diferencia no nos permita enlazar a nuestras economías complementarias y avanzar en la colaboración mutua en todos los temas de exportación y crecimiento económico que van a beneficiar a ambos pueblos y sobre todo a los que menos tienen porque eso va a generar más trabajo y más producción. ¿Se entiende? Hay que dejar la retórica de la Patria Grande construida con consignas jurásicas que necesitan enemigos externos y fundar un bloque regional poderoso que nos haga más fuertes para negociar con el mundo mejores condiciones para nuestros ciudadanos. Después si Correa quiere adorar al Che Guevara y Macri a Arturo Frondizi, cada uno está en su derecho.
Si uno no considera al otro un enemigo, todo es más fácil. Hay comprensión mutua, tolerancia, aceptación del otro y en una de esas se encuentran más coincidencias que disidencias. Bajar los niveles de insultos y agravios siempre es bueno. Ayer Macri, en su discurso, ni mencionó a Cristina o a los cristinistas que lo atacan acusándolo de las peores cosas. Los ignoró, los dejó girando en falso, los mató con la indiferencia. Pensar distinto pero poder trabajar juntos. Esa es una buena definición.
Ofrecer la mano tendida y preguntar en que te puedo ayudar es fundamental para reconstruir los lazos solidarios y fraternales que se rompieron producto de tanta división. El pluralismo es un gran valor republicano. Que se hayan sumado al gobierno dirigentes de otros pensamientos como Martín Lousteau, Lino Barañao, Jorge Telerman, Adrián Perez, Jorge Todesca, Gustavo Marconato, y siguen las firmas en un dato clave. Macri quiere igual que Mao gatos que cacen ratones y no le importa el color del gato. Es una señal de convivencia pacífica de ausencia de dogmatismo sectario y presencia de un reconocimiento a la meritocracia y no de los más chupamedias. Está claro que los que más saben y los que mejor hacen tienen más chances de crecer en el gobierno que los que son más obsecuentes de Macri. Todo lo contrario de lo que ocurría con Cristina que se rodeó de inútiles, cómplices o chorros pero leales como Axel, Boudou, Timerman, Abal Medina, Lázaro, Sabbatella y siguen las firmas. La primera consecuencia de eso fue que los errores no eran reconocidos y por lo tanto no se podían corregir. Cristina era infalible y eso la hacía insistir en la equivocación aunque la mayor perjudicada fuera ella. ¿Quién decidió colocar a Aníbal Fernández como candidato en la provincia? ¿Quién decidió colocar a María Eugenia Vidal en ese mismo lugar?
A esta nueva instancia, Macri lo denomina “el arte del acuerdo” y requiere una fina capacidad política. Ayer propuso a la verdad como punto de encuentro. Y esa también es una gran noticia. Hubo tanta mentira y falsedad en la última docena de años que la verdad por más cruda que sea puede convertirse en el cimiento más fuerte para la reparación de una República que dejaron en ruinas.
Y finalmente, ese reconocimiento de que no es un superhombre y de que las democracias modernas confían más en los equipos de trabajo que en los líderes providenciales. Y ahí está nuestra tarea, la de los periodistas. Elogiar todo lo bueno y denunciar todo lo malo. Es la mejor manera de ayudar a un gobierno que quiere escuchar y que no pretende tener jueces macristas que lo protejan. Esto recién empieza y todavía faltan las grandes medidas económicas que van a marcar el rumbo del estado. Todavía hay mucho que ver para hacer un juicio más definitivo. Pero el arranque de un gobierno que dice que la democracia no tiene enemigos es el mejor que podíamos aspirar. La democracia es un poncho que nos abriga a todos menos a los corruptos y a los golpistas.
Los enemigos son para la guerra.
Los adversarios son para la paz.
Cada uno puede elegir en qué país quiere vivir.