Señor Presidente de la Nación, ingeniero Mauricio Macri.
Quiero desearle públicamente que tenga mucho éxito en la tarea que recién comienza. Soy un convencido que en la gestión de los gobiernos está el secreto de la mejor calidad de vida para todos los argentinos. Amo profundamente a mi país y por lo tanto sueño con que mi hijo pueda disfrutar de la patria que se merecen todos los hijos de esta tierra bendita regada por la sangre, el sudor y las lágrimas de nuestros padres y abuelos inmigrantes.
Ese país de los sueños y las utopías no tiene pobres ni desocupados, tiene igualdad de oportunidades y se ha logrado extirpar en narcotráfico como etapa superior de la inseguridad y se marcha hacia una convivencia pacífica de la inmensa mayoría de los ciudadanos.
No le estamos pidiendo demasiado, señor Presidente. Es casi una réplica de lo que usted prometió en su discurso en el Congreso colocar como objetivos prioritarios de su gobierno. Le estamos pidiendo, exigiendo que cumpla con su palabra. Nada más. Y nada menos.
Es cierto que hay miles y miles de problemas que resolver. Es verdad que la presidenta ausente dejó tierra arrasada y una economía tan quebrada como la sociedad atravesada por el odio y la venganza. No desconozco que la herencia que le deja Cristina es una mochila terriblemente pesada. Pero espero que eso haga que usted redoble el compromiso y refuerce su entrega y responsabilidad. Ya logró muchas cosas importantes en la vida. Dos veces fue un exitoso presidente del club de sus amores y del mío, dos veces fue un jefe de gobierno de esta ciudad que aprendió a valorar su eficiencia como hacedor más que sus discursos y ahora llegó a la cumbre de la Nación. Es el primer presidente que no se forjó en la matriz peronista ni radical y que fundó un partido que apenas tiene algo más de diez años. Es hijo de Franco, un tano albañil que edificó un imperio económico y que hoy le dio un abrazo que hizo llorar hasta las piedras. Usted Mauricio, llegó muy alto. Pero todavía tiene llegar a lo más trascendente de su vida. Ganarse el corazón y el abrazo de su pueblo. Lograr el reconocimiento de alguien que no los engañó, que siempre hizo hasta lo imposible por reparar tantas injusticias y por poner un país en serio en marcha. Ese reconocimiento popular no tiene precio. Esa emoción que despierta el otro y sobre todo el que menos tiene cuando agradece que le hayan dado una oportunidad, es el máximo logro al que puede aspirar un hombre de estado.
La presidencia de la Nación es una medalla extraordinaria para su vida. Pero la máxima distinción se la tiene que ganar ahora y es el agradecimiento eterno de su gente. Eso lo hará entrar en la historia. Eso le dejará la conciencia tranquila.
Hay un pueblo que lo está mirando y que puso a volar sus ilusiones. Usted alguna vez me comentó que un viejito jujeño que casi no tenía dientes en Humahuaca lo conmovió hasta las lágrimas. Sus ojos celestes que parecían fríos se volvieron a humedecer cuando me lo confesó. “A ese tipo me debo y a ese hermano argentino no lo voy a traicionar”. Eso me dijo usted un día y me sacudió el alma. Ojalá pueda concretarlo.
Ya sabe lo que “no” tiene que hacer.
Ya sabe que no debe dejarse emborrachar de soberbia por el poder. Que no debe aspirar a ser eterno. Que primero está la patria. Que debe terminar su mandato con las manos limpias, las uñas cortas y la frente alta y que debe inexorablemente cortarle la cabeza al primer funcionario de su gobierno al que se descubra robando los dineros de todos.
Ya dio señales en el buen sentido. Elegir a los mejores y a los más capacitados y no a los más chupamedias. Recuperar la palabra como instrumento de diálogo para buscar consensos y administrar disensos. No faltarle el respeto a nadie y mucho menos a los ciudadanos que están hartos del maltrato.
Todo eso ya lo sabe.
Me parece genial que esté leyendo sobre la vida de Nelson Mandela, es un prócer de la humanidad y hay mucho que aprender de su historia. Le sugiero también que se interne en la biografía de los grandes presidentes argentinos. Todos tuvieron errores pero todos tuvieron algo para aportar. La opción por los más humildes y la justicia social de don Hipólito Yrigoyen y Juan Domingo Perón, los sueños igualitarios de Alfredo Palacios, la honradez franciscana de Arturo Illia, la estrategia desarrollista de estadista de Arturo Frondizi y la dignidad y la sabiduría política de Raúl Alfonsín y, si se puede, el coraje del Papa Francisco.
De cada uno de ellos puede nutrirse. Si usted logra eliminar la pobreza, el autoritarismo, el narcotráfico y la grieta nacional vivirá eterno en la memoria de los argentinos.
Por favor, tome esta carta abierta como una contribución, como un rezo laico o una plegaria de esperanza. Pero también como la confirmación de que comienza un nuevo contrato con los ciudadanos y con los periodistas que amamos este oficio independiente. La mejor forma de contribuir que tenemos los cronistas es valorar todo lo bueno que se haga pero, fundamentalmente, criticar y observar todos los errores que se puedan cometer. Decirle la verdad. O por lo menos nuestra verdad, aun en el error. Sepa usted, señor presidente, que obsecuentes le van a sobrar. Pero le van a faltar gente que le diga de frente, en forma constructiva y con honestidad intelectual sus defectos o equivocaciones. Ojalá sepa tomarlo como lo que es, el ejercicio de un oficio que tiene como ADN la mirada crítica y no complaciente de las cosas. Usted mismo dijo que no era infalible y que necesitaba que le marcaran los errores. Además convocó a la verdad como punto de encuentro. Le tomamos la palabra y le damos la palabra.
Los argentinos necesitamos un presidente nuevo en todo el sentido de la palabra. Que no sea fanático, que no se pinte de amarillo y si de celeste y blanco, que no se deje atrapar por los dogmas ni los amiguismos. Y sobre todo que entienda que la política tiene como eje a las personas y que es un servicio hacia los demás para eliminar las injusticias y generar la mayor cantidad de felicidad para la mayor cantidad de gente posible. Eso es la democracia. Ese es nuestro deseo. Empieza una nueva Argentina. Ojalá sea muy parecida al territorio de nuestros sueños. Para que ni Dios ni la Patria se lo tengan que demandar.
El final de Cristina – 9 de diciembre 2015
Por fin. Llegamos. Ya no se aguantaba más. Era insoportable el clima beligerante que había instalado la presidenta que se va.
El final de Cristina es patético. Tragicómico. Insultante para la inteligencia de los argentinos y las instituciones republicanas que quedan mancilladas por los caprichos y el patoterismo de estado de la presidenta que se va. Pero se va. Le guste o no le guste a Cristina, se tiene que ir.
Por eso hoy es un día histórico. Esta noche termina el gobierno de Cristina. Faltan pocas horas para que se derrita la era del hielo y odio. Mañana amanecerá otro país con otro presidente, con otras ilusiones. Mañana se respirará otro aire, más libre, más fresco aunque Cristina se haya empecinado en contaminarlo de ira y revanchismo hasta último momento.
Cristina no se va en helicóptero como Fernando de la Rúa pero, claramente, se va por la puerta más chica de la historia, entre gallos y medianoche y con el bizarro y pírrico triunfo de no haber permitido que existiera una sola foto de su despedida al lado de la bienvenida a Mauricio Macri. Cristina tiene esa idea mágica, casi de brujería moderna de que lo que no se ve, no existe. Por eso velaron a Néstor Kirchner a cajón cerrado. No hay una foto de Néstor muerto porque para ellos sigue vivo, como cantan los camporitas.
Desde el principio, y con esta misma lógica perversa, Cristina quiso evitar una foto con Macri. Y finalmente se salió con la suya. Capricho adolescente de novia despechada. Si no hay foto del traspaso del poder, en la historia no habrá un documento que muestre ese fracaso político de Cristina y por lo tanto no será realmente existente. Suena a una desmesura y a un desborde sicológico fenomenal. Por eso le dijo a Macri que fuera solo a Olivos y no permitió que ningún fotógrafo entrara. Por eso estuvo buscando todo el tiempo la excusa que le permitiera faltar al momento del cambio de mando. Al principio sus amanuenses confesaban que se iba a hacer la enferma para pegar el faltazo. Después se dieron cuenta que era demasiado obvio y se pusieron a buscar una excusa para echarle la culpa a Macri. Cristina lo intentó primero con esa carta de Facebook absolutamente extraviada que no le funcionó porque nadie le creyó que Macri la haya maltratado cuando la maltratadora siempre fue ella. Esa primera operación fracasó. Fue un paso en falso. Pero la patrona del mal de Balcarce 50 no se rinde. La araña mala, como la bautizó su amigo el Pepe Mujica, no afloja. Por eso después empiojaron todas las negociaciones hasta que el fiscal Jorge Di Lello y la jueza Servini de Cubría cumplieron su tarea con profesionalismo y confirmaron que Cristina terminaba su mandato esta noche, tal como dicen todas las leyes y las normas vigentes. Era lo que Cristina estaba esperando. Y aprovechó para culpar a Macri y al fiscal de su ausencia y encima, el mayordomo oficial, Oscar Parrilli dijo que el pronunciamiento legal era casi un golpe de estado. Hay que ser muy obsecuente para sumarse a esa locura institucional. No dudan en vaciar de contenidos palabras tan terribles y dolorosas y cargadas de terrorismo de estado como la palabra “golpe”. No contento con eso, Aníbal Fernández no quiso quedar afuera del papelón y dijo más o menos lo mismo. Carecen de vergüenza, estómago y escrúpulos. Un campeonato de chupamedias que resultó parejo ya que Parrilli y Fernández están muy bien entrenados en el repugnante arte de lamer calcetines de la exitosa abogada que nunca ganó un juicio.
Del ridículo no se vuelve decía Perón. El fiscal Di Lello es un hombre orgullosamente peronista que seguramente votó a Daniel Scioli y miró con simpatía estos años de gobierno. Es peronista pero no es suicida. Es peronista pero no quiso inmolarse como lo hizo Oscar Parrilli al lado de un malandra de estado que reapareció como Amado Boudou. ¿Se dán cuenta lo que todo esto representa institucionalmente? El jefe de los espías y un vicepresidente multiprocesado con destino de cárcel anunciaron que no estaban dadas las condiciones para que Cristina concurriera ni al Congreso ni a la Casa Rosada.
Pobre Parrilli siempre fue el que tuvo que poner la cara en los peores momentos. Fue el que tuvo que informar en el Congreso la privatización de YPY y fue el que habló de golpe de estado con una liviandad que aterra. Es el responsable de no haber encontrado al espía Antonio Stiusso y el que ni siquiera pudo darle play a un video de Los Leuco que tenía en el celular y que había sido previamente editado en forma tan sesgada que daba risa o mejor dicho, que daban ganas de llorar.
Por eso insisto con lo de patético. No hay ministro ni colaborador que pueda calmar ni controlar a Cristina. Le tienen pánico a esa mujer sola que está conspirando contra sí misma y nadie se atreve a decirle que pare un poco la mano. Que baje un cambio. Es la única perjudicada con todo este sainete provocador. No entregar una foto con Macri según el cerebro de Cristina es no entregar el poder, como anticipó el príncipe Máximo en la cancha de Argentinos Juniors. Máximo es otro que bien baila. Incitó a los legisladores del cristinismo para que falten a la Asamblea Llegislativa donde deberá jurar y hablar Mauricio Macri. Un gesto antidemocrático que los define y que no sirve de nada porque no se necesita ningún quórum. Los K son muy creativos para el mal. No hay antecedentes de que una presidente saliente no haya estado en la ceremonia del presidente entrante. No hay antecedentes de que los parlamentarios del oficialismo que se va falten a esa celebración de la democracia que es la asunción del nuevo jefe de estado. Cristina lo hizo. Siempre le gustó la innovación hostil.
No tener un solo gesto de grandeza es la señal que ella da hacia los más fanáticos que pretende conducir como una fuerza de choque que la defienda del avance que en la justicia van a tener muchas causas de corrupción que la involucran directamente a ella.
Hoy se va Cristina. Hoy la presidenta cumple con la Constitución y terminan una docena de años kirchneristas. Hay más de medio país celebrando la fortaleza de la democracia que resistió todo tipo de ataques autoritarios.
Hoy se va Cristina.
Deja tierra arrasada y un país quebrado en lo económico y en la convivencia social.
Hoy se va Cristina. Es la presidenta que se va y mañana será la presidenta ausente.
Hoy se va Cristina y deja un terremoto destituyente y dañino.
Hoy se va Cristina. Y tal vez necesite un acompañante terapéutico para digerir su final.
Hoy se va Cristina.
Es la mejor noticia en muchos años.
Las pesadillas de Cristina – 8 de diciembre 2015
Cristina es una adicta al poder y al dinero. La presidenta que se va y su marido fallecido siempre evidenciaron esa actitud bulímica y obsesiva.Cristina, después de 28 años de usar y abusar de todos los privilegios del estado, ahora está sufriendo el síndrome de abstinencia. Vuelve al llano y eso la carga de angustia y pesadillas que potencian su actitud enfermiza de irracionalidad. Todos los días inventa alguna nueva venganza que la perjudica a ella misma y no al presidente que viene. Se autoagrede. Degrada su lugar en la historia y ensucia la investidura presidencial. Llega a tanto la cosa que el presidente que entra tuvo que presentar una cautelar para evitar alguna zancadilla de último momento. El fiscal Jorge Di Lello dictaminó que el mandato de Cristina finaliza mañana miércoles a las 24 horas. Más claro, imposible.
Estos comportamientos de Cristina que podemos ubicar en el plano sicológico, en su extravío de la realidad, hacen daño a las instituciones, pero tienen ese límite constitucional: terminan mañana.
Lo más grave e inquietante son las consecuencias políticas que eso puede generar. Hoy lo hablé con Longobardi a la mañana. Marcelo se preguntaba: ¿Cómo pueden decodificar esto los militantes más fanáticos y verticalistas? Y tiene razón en estar preocupado. Hay un grupo de activistas paridos al calor de los dineros de todos los argentinos que se autotitulan “los soldados de Cristina” cuyo canto de guerra es que si la tocan a ella, “que kilombo se va a armar”. Las palabras cargadas de resentimiento, pólvora y mentiras de la presidenta que se va pueden ser tomadas como una incitación a la batalla campal, de violencia o vandalismo. Solamente Cristina puede parar a esos muchachos alimentados por el odio. Se trata de verticalistas que escucharon que Cristina dijo que Macri la maltrató y le gritó en su condición de mujer sola.
Ayer lo dije y hoy lo repito. La presidenta que se va, será la responsable si se producen algunos desmanes y agresiones.
Pero la cuestión es más profunda todavía. Las pesadillas de Cristina están ubicadas en Comodoro Py. Ella teme que a partir de ahora, ciudadana rasa y sin ningún atributo de mando ni chequera para subordinar, los jueces y fiscales avancen en las causas de corrupción que la involucran a ella y a su familia.
Eso le produce pánico. Tener que ir a declarar a tribunales, algún procesamiento y ni hablar si algún magistrado le aplica la prisión preventiva. ¿Se imaginan como podría reaccionar la psiquis de la presidenta si ahora está alterada? ¿Alguien puede adivinar cuál va a ser su reacción frente a una adversidad semejante? Es bueno recordar que la presidenta que se va humilló y maltrató a varios jueces y fiscales que se quedan. Cristina siempre tuvo esa actitud altanera de hacerle pasar un papelón en público a mucha gente. Y nunca comprendió que eso no se olvida nunca más en la vida. Uno puede ser todo lo democrático, racional y republicano que quiera, pero si alguien te mojó la oreja y te tocó la cola en público o te extorsionó con cuestiones de tu vida privada, la cosa cambia. Hay muchos hombres de la justicia que están esperando encontrarse cara a cara con Cristina para que dé explicaciones de su inexplicable fortuna.
Estamos hablando de acusaciones graves. De megacorrupción de estado. De un patrimonio que según acaba de denunciar Margarita Stolbizer solo se entiende con enriquecimiento ilícito. Toda la ruta del dinero K conducen a la familia Kirchner y a Lázaro Báez. El escándalo de la efedrina involucra a Aníbal Fernández y a José Ramón Granero, el ex dentista y amigo personal de Néstor. Y como si esto fuera poco, los restantes partícipes necesarios son los hermanos Zacarías integrantes del cartel de los Z y todos con puestos en el estado y de relación cotidiana con el ex presidente.
En la causa Ciccone, es Amado Bouodu el que está hasta las manos. Pero cuando se inicia el operativo de hostigamiento y apropiación el que da la órden es Néstor. El vicepresidente multiprocesado acelera la estafa una vez que Néstor muere porque se quiere quedar el con el botín.
En las fortunas ilegales que se generaron con la relación carnal con Venezuela y las coimas por la obra pública aparece como figura central el arquitecto Julio de Vido. Pero, ¿robaba para la corona o para él? ¿Néstor hubiera permitido que pasaran millones de dinero negro y sucio delante de sus narices sin que le llegara nada a él? Lo mismo corre para las tropelías de Ricardo Jaime que todas las noches llegaba a Olivos con una valija repleta de dinero. O con los dos millones de dólares que compró Néstor con información privilegiada en un típico caso de tráfico de influencias. ¿O los terrenos que compró en El Calafate a precio vil y luego vendió por millones de dólares? Solamente estoy haciendo un pequeño resumen de todos los expedientes que están en tribunales y que no dejan dormir en paz a Cristina. Está muy implicada. Han dejado muchas huellas producto de la impunidad en la que se movieron. Además actuaron como si no se fueran a ir nunca del poder. Confiaron en la sucesión familiar, en la dinastía K.
Esta amenaza grave para la libertad y la tranquilidad de Cristina casi la obliga a defenderse con lo único que tiene a mano. Y los únicos que le van a responder en el futuro van a ser los camporitas de Máximo y el Cuervo Larroque, o las fuerzas de choque de Milagro Sala y Luis D’Elía o los golpistas violentos de Quebracho. Todos son adoradores de Cristina, Chávez y Fidel. A ninguno le importa demasiado las libertades públicas y las instituciones republicanas. Todos quieren defender a Cristina que es defender a sus privilegios. No son muchos y cada día sin caja van a ser menos. Pero son una minoría intensa, decidida a todo con una alta capacidad de daño.
Tal vez Cristina tenga un solo camino: ponerse a la cabeza de esos grupos. Erigirse como jefa de los más autoritarios y desde ese lugar presionar a Macri y a los jueces para que no se atrevan a tocarla. Para que no se metan con ella. Una amenaza permanente. Un clima hostil y una vida insalubre. Una pesadilla que la perseguirá por las noches y que la obligará a pensar su lugar en el mundo y en la política.
Ya no hay más lugar para los adictos al poder y al dinero mal habido. Ya no hay lugar para los autoritarios hegemónicos que piensan quedarse toda la vida en el gobierno. Ya no hay más lugar para el maltrato y la humillación. Empieza una Argentina nueva que quiere vivir en paz y armonía. Ojalá Cristina lo entienda y ayude a desactivar el campo minado que deja. Ojala se ilumine y tenga un gesto de grandeza. El último desde la cima del poder o el primero desde el llano. Ojalá.