Bonafini y otras provocaciones – 27 de noviembre 2015

Las amenazas antidemocráticas de Hebe de Bonafini son las más peligrosas. Pero en estos días hemos visto, leído y escuchado provocaciones destituyentes de todo tipo. La madre de Plaza de Mayo utiliza un lenguaje beligerante e insurreccional típico de los sangrientos años setenta. Sus desafiantes palabras son pólvora en estado puro. Ella llama a una resistencia al gobierno de Macri con una ocupación de la Plaza de Mayo durante 24 horas. El lema lo dice todo: “ Ni un paso atrás. Resistir es combatir. Es terminología cuasi militar. Califica a Macri como el enemigo y repudia su presencia en la Casa Rosada. Hay que recordar que Macri llegará a ese lugar producto de la soberanía popular y de casi 13 millones de argentinos que lo votaron.La provocación no explica que tipo de gobierno propone Hebe.¿Apoyaría a Sergio Schocklender como ministro de Economía. Pondría a Horacio Verbitsky en la cartera de seguridad? ¿Le gustaría Fernando Esteche en Educación? ¿En justicia designaría a Milagro Sala?

¿Resulta que ahora Macri es un enemigo al que hay que combatir en las calles? ¿ Y Fidel Castro y Nicolas Maduro son dos nenes de pecho pluralistas y republicanos?

No se puede creer tanta ceguera y fanatismo. Sería bueno que alguna vez alguien del oficialismo tuviera el coraje suficiente, empezando por Cristina y le explicara a Bonafini que a sus discursos los carga el diablo de la grieta y el enfrentamiento de los argentinos.

Además, Bonafini fue la cara más visible de toda una franja del cristinismo que parece que están dispuestos a todo con tal de no irse del poder. Están violentos, agresivos, totalmente intolerables. Ya le conté ayer que Alejandro Vanoli, Alejandra Gils Carbó Tristan Bauer y Martín Sabbatela hablan en nombre de la ley para atornillarse a sus cargos y ellos llegaron allí al margen de todo respeto a las normas y los procedimientos. ¿Cómo expulsó Cristina a los antecesores en Vanoli en el Banco Central? ¿A Martin Redrado lo sacaron legalmente y en tiempo y forma? ¿Y al resto? Lo mismo se puede decir del ex produrador Esteban Righi al que tiraron por la ventana pese a que era un camporista de la primera hora. Bauer fue todo el tiempo un militante del adoctrinamiento y fogoneó barbaridades ilegales como fustigar a todos los opositores desde los entretiempos de fútbol para todos y Sabbatela es el comandante que designó Cristina para terminar con el pluralismo y la diversidad en los medios y proteger solo a los medios kirchneristas. ¿Hablan de respetar la ley los que nunca la respetaron?

Aunque se trate de un infantilismo, la más bizarra y ridícula es la campaña que iniciaron para que la gente no vaya de vacaciones a Córdoba. Uno no sabe si reír o llorar. Acusan a los cordobeses de gorilas por la paliza electoral que recibió el Frente para la Victoria. La diferencia allí a favor de Macri fue de 900 mil votos. Córdoba fue determinante. Pero votaron a Macri no por ser gorilas. De hecho ya van para tres gobiernos peronistas en la provincia entre José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti. Un gorila no votaría jamás un peronista. ¿No se dan cuenta o no quieren mirar? Ese solo dato les debe servir para reflexionar con la cabeza abierta y en forma autocrítica preguntarse: ¿que hicimos de malo para pasar por semejante papelón? ¿En dónde nos equivocamos? Es la única manera de corregir esos errores y horrores que lo empujaron al infierno electoral. Deberán comprender la bronca que tiene el cordobés por la marginación y maltrato que recibió la provincia de parte de Cristina solo por opinar distinto y tomar posición a favor del campo en la 125. Después le cerraron la canilla de fondos y le hicieron trampa con la coparticipación. Hace unas horas la Corte declaró inconstitucional los mecanismos que permitieron esa discriminación y actitud extorsiva inaceptable.

Hay otros camporistas que siguen a Eduardo Wado de Pedro y que en su Facebook convocan poco menos que a la resistencia armada. No aprenden más. Son monos con navaja que ponen en peligro la paz social y la convivencia democrática. Los comentarios son realmente golpistas. El nombre de ese sitio apareció en un cartel que Cristina utilizó para hacerle propaganda y fue tuiteado por Eduardo Wado de Pedro, la materia gris de la ocupación. Eso le da un carácter central y lo saca de un fenómeno marginal o minoritario.

Todo el escándalo que hicieron en el Congreso para hacer una demostración de poder en realidad fue una exhibición de debilidad y resentimiento por haber perdido las elecciones. Se quedaron más de 5 horas en un cuarto intermedio. Lograron el quórum de 129 legisladores con lo justo y cuando lo perdieron tuvieron que hacer viajar de urgencia desde Tucumán a un pariente del ex gobernador José Alperovich. Y eso que tuvieron que sofocar una rebelión en el propio bloque cuando legisladores riojanos y santiagueños se retiraron. Muchos sectores que vienen del peronismo tradicional y que se tuvieron que tragar los sapos de darle espacios inmensos a La Cámpora pese a la nula representación que tenían, están con mucha bronca. Muchos dicen que se acabó el verticalismo con Cristina. Que quieren barajar y dar de nuevo. Veremos si se animan a ir a fondo. Una prueba será la elección de la jefa del bloque y la designación de los representantes ante la Auditoría General de la Nación. Cristina les quiere imponer a Juliana Di Tullio y los justicialistas de tierra adentro apuestan por Jose Luis Gioja, el ex gobernador. Veremos quién gana la pulseada. Cristina quiere imponer a Aníbal Fernández en la Auditoría porque eso le garantiza a un kamikaze a la hora de ocultar todas las corrupciones del kirchnerismo. El peronismo quiere al ex gobernador de Jujuy Eduardo Fellner. Otra vez veremos qué pasa. Porque hasta ahora todos o su inmensa mayoría hicieron lo que Cristina les ordenó. El verticalismo y la subordinación y valor funcionó a la perfección.

Por eso, en otro gesto de provocación, patearon la sesión preparatoria de la Asamblea Legislativa donde asumirá Macri como presidente electo para pocas horas antes del 10 de diciembre. Ya hablamos del levantamiento de una villa miseria en la puerta de la legislatura, de las amenazas de un inminente paro de docentes en la provincia de Buenos Aires. Todo vale para poner palos en la rueda. Todas las provocaciones sirven para complicarle la vida al gobierno que viene. En muchas áreas dejan tierra arrasada, nada de fondos y cientos de empleados nombrados a último momento. Macri deberá enfrentar este desafío con capacidad, firmeza y sin ocultar nada de la herencia maldita que le dejan ni de las bombas de tiempo que tendrá que desactivar.

Eso ocurrirá el 10 de diciembre. Por ahora, tiene que gambetear todas las provocaciones como si fueran patadas para tarjeta roja. Los Kirchner juegan fuerte, eso no es ninguna novedad. Siempre al borde de la expulsión por actitudes violentas. El gran secreto es conservar la calma y gobernar como se debe. Con puertas abiertas, transparencia y con la idea fija de resolver los problemas más graves que tiene la gente que menos tiene.

No se quieren ir – 26 de noviembre 2015

Hay un grupo de soldados de Cristina que están atrincherados en sus puestos. Los muy caraduras no se quieren ir. No registraron todavía lo que pasó en el país. Se creen que el patoterismo de estado todavía sigue vigente. Estoy hablando de los banda de los cinco: Alejandra Gils Carbó, Tristan Bauer, Martin Sabbatella, Alejandro Vanoli y Norberto Berner. Se trata de la pandilla que más daño le hizo a las instituciones republicanas después de Cristina y la gran mayoría de su gabinete.
El antecedente tal vez hay que buscarlo en aquel único discurso ante el estadio lleno de Argentinos Juniors de Máximo Primero, el príncipe heredero de la dinastía de los Kirchner. Podemos irnos del gobierno pero no del poder. Eso dijo, ¿se acuerda? Y su madre, la reina Cristina en Rosario dijo con toda claridad y fanatismo: “Vamos por todo”. Ahora están tratándose de quedar con algo. Y por eso. Ayer Cristina les dio una consigna a la que aferrarse. “Yo no me voy a ir nunca, no se preocupen, voy a estar en el lugar donde me necesiten”, tranquilizó a la militancia que ve como el poder y el dinero se les escurre entre las manos. Por ahora Cristina tendrá que ayudar a los pibes para la liberación desde el llano a partir del 10 de diciembre. No tiene cargos ni fueros pero si una gigantesca fortuna ahorrada como gran parte de sus principales colaboradores. No todos fueron exitosos abogados pero a todos les fue muy bien y se enriquecieron a la velocidad de la luz. Hablo de Amado Boudou, Julio de Vido, Ricardo Jaime, Lázaro Báez y siguen las firmas. Ellos sí que ganaron con la década ganada.
Pero volvamos a los muchachos que están dispuestos a resistir. A los quintacolumnistas. Son lo peor de cada rubro. Porque ejecutaron las políticas más autoritarias y antidemocráticas ordenadas por la presidenta que se va. ¿O ella también se quiere quedar? Por momentos de la sensación que se le parte el alma cuando hace las valijas para la mudanza. Pero ya confirmó que se va y que, en este caso, está dispuesta a respetar la ley y la Constitución.
Alejandra Gils Carbó fue la encargada del operativo “Impunidad”. O protección. Toda su tarea de los últimos tiempos estuvo dedicada a potenciar a la agrupación cristinista “Justicia Legitima” para cuidarle la retirada a Cristina y sus cómplices. Ataques feroces contra jueces y fiscales para armar una red que evite que la presidenta que se va termine recorriendo los tribunales para dar explicaciones de los inexplicable. Por ejemplo la causa Hotesur y la ruta del dinero K. Ella fue responsable del patoterismo de estado que se descargó sobre el fiscal José María Campagnoli quien, casualmente, sorpresas te da la vida, es uno de los candidatos a reemplazarla. Por lo pronto fue el candidato que propuso la doctora Elisa Carrió y que muchos están impulsando a través del sitio change.org. Ella resiste. Dice que se va a quedar hasta que venza su mandato. Quiere seguir poniendo palos en la rueda a los que vengan. Igual que los otros cuatro, tienen todas las intenciones de boicotear al gobierno que viene en una clara actitud destituyente. Y a eso le llaman militancia revolucionaria. Yo le digo infantilismo autoritario.
Alejandro Vanoli no dejó macana por hacer en el Banco Central. Una mezcla de mala praxis, soberbia e inflamación de la ideología, es decir ideologitis. Deja al Banco fundido, casi sin reservas, y coloca al futuro económico en una situación muy comprometida. Encima hizo dibujos extraños con el dólar a futuro y por eso la justicia le está pidiendo aclaraciones. Lo denunciaron porque por su culpa el país perdió millones y millones de dólares. Ya tiene un reemplazante designado por Macri como Federico Sturzenegger que en el Banco Ciudad hizo una gestión eficiente y progresista. Pero Vanoli se encapricha en no dar un paso al costado. Le quiere atar las manos a la próxima gestión económica para que les exploten las bombas de tiempo que Axel y Cristina dejaron. ¿Tendrá la dignidad de darse cuenta que empieza un nuevo gobierno y es el nuevo presidente el que debe elegir?
El trío que nos falta son los que hicieron la avanzada más grave contra los medios de comunicación y la libertad de prensa desde la recuperación democrática en 1983. Cada uno cumplió su tarea, pero en conjuntos fueron los autores materiales del intento de censurar el pluralismo y hacer desaparecer las voces críticas de la faz de los medios. Martin Sabbatella, Tristan Bauer y Norberto Berner, con la burda excusa de democratizar o desmonopolizar, trabajaron para dinamitar a los periodistas que no se arrodillaron y para organizar a los “chupamedios” del para periodismo que cobraron fortunas con el dinero de todo el pueblo, pero básicamente de los más humildes a los que decían defender.
Estos muchachos que se pasaron la ley y las normas por donde usted ya sabe ahora dicen que sus designaciones son legales y que por eso se quedan. No pueden ignorar que son puestos donde además de legalidad se necesita legitimidad porque ocupan lugares estratégicos para que el nuevo gobierno diseñe los nuevos tiempos que votaron casi 13 millones de personas. Macri y su gente les han pedido por las buenas, que tengan un poco de sentido común y que dejen de hacer papelones. Que tomen la decisión de volver al llano como lo hará la jefa espiritual de su movimiento y la autora intelectual de todos estos atropellos agresivos contra la diversidad de voces.
El titular del Afsca, Martin Sabbatella y Norberto Berner, presidente de la Autoridad Federal de Tecnologías de la Información y las comunicaciones, ya tienen un único reemplazante como Miguel de Godoy ya que la idea es fusionar esos dos organismos.
Tristan Bauer convirtió los medios que deberían ser de todos en una trinchera camporista desde donde dispararon agresiones, insultos, agravios y mentiras de todo tipo contra jueces, políticos o periodistas independientes. El canal y la radio mal llamada pública fueron casamatas donde activaron los cañones contra todo pensamiento distinto. Es decir, hicieron la negación de su verdadera razón de ser. En lugar de abrir la programación hacia la tolerancia y la convivencia, la blindaron para que los mercenarios de turno apuntaran contra todos y todas. Yo no niego que el canal Encuentro fue un salto de calidad. Pero tampoco oculto que hasta Paka Paka fue un vergonzoso lugar de adoctrinamiento. Los medios públicos son de todos y no de un funcionario circunstancial.
Los soldados de Cristina que no se quieren ir se van a convertir en Okupas. Es increíble que no se den cuenta que sus políticas fueron rechazadas mayoritariamente en las urnas. Que no tienen licencia social para continuar. Sabbatella incluso perdió por paliza como candidato a vice gobernador y en Morón también cayó derrotado. No puedo entender como no se conforman con el daño que le hicieron al país hasta ahora. Quieren más. Van por todo. No se quieren ir. Los soldados de Cristina se han convertido en provocadores. En burdos burócratas colgados de un pincel.

La Patria es Ella – 25 de noviembre 2015

La presidenta que se va maltrató gratuitamente a la mayoría de los argentinos. No es la primera vez que ocurre, pero en esta ocasión, Cristina superó todos los límites.
La presidenta que se va manchó su propia investidura presidencial y le dio una cachetada al sentido común y a las instituciones republicanas que todos debemos cuidar como la savia que alimenta la democracia.
La presidenta que se va no pudo ni siquiera disimular su bronca, su ira y la manera en que sus caprichitos monárquicos desembocan en el peor patoterismo de estado.
La presidenta que se va no tuvo ni siquiera la dignidad de reconocer que su candidato perdió las elecciones y que como corresponde en todo país civilizado del mundo hay que establecer un mecanismo racional y profesional para efectuar la transición.
La presidenta que se va tuvo varios gestos que demuestran su mal humor y su condición mezquina. Pero el más grave fue haber ninguneado a Mauricio Macri al que casi no le permitió hablar ni plantear los mínimos diálogos necesarios que se producen cuando un gobierno debe entregar las llaves y los libros contables a un nuevo inquilino. Es que Cristina jamás se sintió inquilina de la Casa Rosada. Siempre actuó como propietaria, como la dueña del país, como la patrona del mal de Balcarce 50. Esa actitud autoritaria no lastima ni erosiona la figura de Mauricio Macri. Castiga a los casi 13 millones de argentinos que votaron al presidente electo y a la convivencia pacífica que debemos reconstruir urgente después de la docena de años K que inocularon tanto odio en la sociedad. Y finalmente, la presidenta que se va se ensució a sí misma. Se habló encima. Cristina conspiró incluso contra su propia imagen ante el mundo. Después de haber tenido casi la suma del poder público se va por la puerta chica de la historia. Cristina no se respetó a si misma. En el interior se dice: “Saber perder es la clave, que ganar cualquiera sabe”.
La presidenta que se va se llena la boca invocando al pueblo y a los humildes. Miente cuando dice: “La patria es el otro”. En realidad con sus gestos y actitudes como las de ayer demuestra que ella está convencida que “La Patria es Ella” y que una gran parte del pueblo argentino no se merece tener una estadista de sus pergaminos. Todo el tiempo su discurso pre y post electoral es ese. Dice sin decir: ¿Qué les pasa, argentinos? ¿Son tontos? ¿No se dan cuenta todo lo que hice por ustedes? Nunca voté en un país con el 5,9% de desocupación. Dan ganas de contestarle con respeto: esta vez tampoco votó en un país con esa desocupación tan baja. Esa cifra es una falsedad grande como su ego, doctora. Esa cifra es una mentira gigante en la que solo cree usted y su pandilla.
La presidenta que se va, como es su costumbre, humilló primero al oficio de periodista. No a los poderosos dueños de Clarín, La Nación o Perfil. Fue contra los trabajadores de prensa a los que no les permitió ni siquiera ir al baño ni organizar su tarea racionalmente en la sala de prensa que para eso existe una sala de prensa. Ayer dije que eso era una guachada. Cristina no gana nada con eso. Perdemos todo. Solo canaliza su revanchismo. Ella tal vez no se dio cuenta pero esos latigazos no son contra nuestros compañeros cronistas. Son contra los lectores, oyentes y televidentes que tienen el derecho a ser informados. Y ese es el derecho que Cristina les negó. Incluso hay que reconocer que ahí fue igualitaria. Su agresión fue pareja para todos. Hasta los muchachos que le chupan las medias y que cobran del bolsillo del estado que pagamos todos tuvieron que esperar afuera sin las mínimas condiciones de respeto que merece todo ser humano.
La presidenta que se va mostró una vez más la hilacha. Confirmó lo que todos sabemos respecto del síndrome de Hubris que padece. Es una enfermedad que produce la borrachera de poder. Es la consagración de la altanería y la soberbia. Es la pérdida de contacto con la realidad la que le permite decir que su fortuna la hizo porque es una exitosa abogada o que se siente una arquitecta egipcia o alentar que sus ministros vomiten mentiras de lesa humanidad como decir que la inseguridad es una sensación o que en Alemania hay más pobres que en Argentina.
La presidenta que se va se perdió la oportunidad de tener aunque sea un último gesto de valor republicano. De abrir las puertas y las cuentas de todos los ministerios para facilitarle la tarea al gobierno nuevo que eligió la soberanía popular. Bastante ya con la maldita herencia de bombas de tiempo que el presidente que viene tiene que desactivar en la economía en crisis, en el narcotráfico como etapa superior de la inseguridad y en la división terrible que instaló en esta tierra.
El presidente que viene, Mauricio Macri, anoche en TN, en nuestro programa de Los Leuco, dijo que “la reunión no valió la pena”. Esa confesión es de por sí un título impactante para todos. Pero lo más terrible fue el tono que utilizó el ingeniero. Estaba dolido, desilusionado, con vergüenza ajena, no quería dar detalles del tema. Incluso nos informó que Cristina le confirmó que le va a poner la banda presidencia el 10 de diciembre. Es que corrían rumores de que Cristina, casualmente, se iba a engripar ese día y el acto protocolar lo iba a protagonizar el vice, el malandra de estado, Amado Boudou. Por suerte eso quedó en rumor. Cristina le confirmó a Macri que va a cumplir con la ley y las formas y le va a entregar los atributos de mando en la Asamblea Legislativa. Parece mentira, pero hasta estas cuestiones obvias deben ser chequeadas. Tan bajo hemos caído. Hasta Aníbal Fernández, uno de los personajes con mayor imagen negativa y el que llevó con su candidatura al peronismo bonaerense a la peor derrota de la historia, tiene la caradurez de criticar a Macri diciendo que tenía ansias de protagonismo y de aparecer ante la luz de las cámaras, como si se tratara de un figuretti. Justo este gobierno habla de discreción cuando han sido la desmesura y la obscenidad a la hora de gastar fortunas para los actos fastuosos y faraónicos hasta para inaugurar una canilla de agua.
Pero es lo que hay. Por eso el pueblo mayoritariamente decidió que se vayan. Que no haya continuidad. Que empiece algo nuevo. El domingo pasado en las urnas se expresó un hartazgo social hacia un gobierno que parece disfrutar con su actitud dañina y beligerante. Un lúcido dirigente peronista que no la quiere me dijo un día: “Los Kirchner logran por violación lo que podrían conseguir por seducción”. Está en su ADN la conducción mediante la intimidación.
Ya quedan pocos días para que la presidente que se va vuelva al llano y se quede si su chequera y sin su látigo.
El presidente que viene debería realizar una gigantesca y rigurosa auditoria de todos los ministerios y presentar en conferencia de prensa el estado lamentable en el que dejan el país y las cuentas públicas.
Está muy claro que yo no soy kirchnerista y que fui muy crítico con la presidenta que se va. Pero el tiempo mostrará que tampoco soy macrista, que como corresponde a mi oficio de periodista voy a ser lo más riguroso que pueda con la información que es sagrada y lo más libre con la opinión. Se elogiará lo bueno y se criticará lo malo como corresponde a nuestra tarea.
La presidenta que se va cree que la patria es Ella.
El presidente que viene tiene la oportunidad de demostrar que la patria somos todos.
La presidenta que se va acelera su propia decadencia.
El presidente que viene abre una ventana de esperanza.
Cristina se va y Mauricio viene.
Los presidentes pasan. Los argentinos nos quedamos. Esa es la democracia.