Cristina lo hizo – 24 de noviembre 2015

Hace menos de un mes, como balance de la primera vuelta electoral, yo escribí una columna donde señalé a Cristina como la principal responsable de las distintas derrotas de los peronismos a nivel nacional, provincial y municipal. Fue uno de los textos más viralizados y compartidos en las redes sociales.
Hoy después de la frustración del sueño presidencial de Daniel Scioli, tengo el orgullo profesional de poder repetir aquel texto sin tocar ni una coma. El resultado del domingo fue la confirmación de estas reflexiones:
Fue ella la que eligió a Daniel Scioli porque no tuvo más remedio y lo rodeó de mochilas de piedras como Carlos Zannini, Aníbal Fernández y los camporitas. Y encima lo intoxicó de órdenes y cadenas nacionales.
Fue ella la responsable de su fracaso más rotundo que es el de no haber podido parir una herencia o una sucesión política a su imagen y semejanza. Concentró tanto el poder y condujo con tanta mano de hierro que pisoteó todos los brotes y no permitió que surgiera ningún recambio dentro del Frente para la Victoria.
Fue ella la que hizo gala de un autoritarismo lindante con la monarquía. La que armó todas las listas de candidatos según quien era más leal y obsecuente y no de acuerdo a sus méritos o nivel de representatividad.
Fue ella la que hizo uso y abuso de la paciencia de los argentinos mintiendo una y otra vez, atacando con ferocidad a todos los sectores de la sociedad buscando dividir para reinar.
Fue ella la que utilizó todos los mecanismos del estado como si fueran de su propiedad. La que se sintió dueña y no inquilina del sillón de Rivadavia. La que malversó las estadísticas públicas y se burló de todos y todas permitiendo que sus lenguaraces dijeran que la inseguridad era una sensación, que había más pobres en Alemania que en nuestro país y que no había cepo en la Argentina.
Fue ella la que taladró el prestigio del fiscal Alberto Nisman y fogoneó que los periodistas chupamedias lo quemaran en la hoguera pública hasta que apareció con un tiro en la cabeza y todo quedó en la impunidad más cruel porque la justicia no sabe no contesta.
Fue ella la que ordenó cortarle la cabeza al juez Claudio Bonadío porque avanzaba peligrosamente hacia la verdad de la causa Hotesur y la ruta del dinero K que involucra en un caso de mega corrupción de estado a cielo abierto tanto a Lázaro Báez como a toda la familia presidencial empezando por ella y su hijo Máximo.
Fue ella la que eligió como vice a un malandra de estado, a un ineficiente ladrón como Amado Boudou que es inexplicable como todavía sigue en libertad.
Fue ella la que designó y elevó a la categoría de semidiós del progresismo tilingo a Axel Kicillof que dinamitó todos los indicadores económicos que había dejado Néstor Kirchner y que encima puso al frente de la boleta de la Capital Federal donde protagonizó un verdadero papelón electoral. Su cierre de campaña, como si fuera un revolucionario del mayo francés, abrazado al taxista Omar Viviani fue directamente patético.
Fue ella la que intentó domesticar a la justicia y al periodismo con la idea de quebrar todos los controles de su gobierno para instalar una guerra de servicios de inteligencia muy inquietante que viola una y otra vez la ley espiando a las personas que piensan distinto que el kirchnerismo.
Fue ella la que llevó al hastío a una gran parte de la población con sus peroratas y autobombos por cadena nacional que consiguieron el efecto contrario al que buscaban. Violaron la ley electoral y la veda con una permanente actitud patotera que dice a mí no me importa nada, y facilitaron los chistes agresivos de twitter que decían que si a Cristina le gustan tanto las cadenas, porque no le daban cadena perpetua.
Fue ella la que vio en Milagro Sala, Luis D’Elía y el Cuervo Larroque a revolucionarios y vanguardias iluminadas de sus pueblos pese a que las urnas demostraron que los violentos organizados como escuadrones para militares chavistas fueron repudiados por la mayoría de los compatriotas.
Fue ella la que no comprendió el mensaje del Papa Francisco que con gran generosidad la recibió una y otra vez y de varias maneras le hizo saber que era una locura pretender que Aníbal Fernández se convirtiera en gobernador de la provincia de Buenos Aires. Al Santo Padre no le preocupaba solamente la altísima imagen negativa del patrón del mal de Quilmes ni su manejo turbio de las fuerzas de seguridad: está convencido de que nadie hizo más en esta docena de años que Aníbal para permitir que los carteles del narcotráfico se instalaran en la Argentina.
Fue ella la que humilló a todos los que intentaron hacer una crítica o mostrar un camino distinto.
Fue ella la que hizo del maltrato y del látigo un instrumento de mando. La que por exceso de soberbia y altanería no supo no quiso o no pudo escuchar las advertencias de nadie.
Fue ella la que generó esta crisis política donde unos le tiran la culpa a los otros por semejante catástrofe electoral y donde nadie se hace cargo como si fuera una tormenta caída del cielo. Pero no fue magia, como le dije el viernes.
Fue ella la que miró para otro lado y fomento los disparates infantiles e ignorantes de un ministro de economía que hace agua por todos lados y que como única respuesta agita el fantasma de la conspiración permanente.
Fue ella la que instaló esa idea de que el gobierno ineficiente y sus propios errores no forzados en realidad son responsabilidad de los fondos Buitres, las corporaciones de todo tipo y el periodismo independiente a la cabeza.
Fue ella la que nos quiso hacer creer que ella es perfecta, que no comete errores y que el mundo ha vivido equivocado. Fue ella la reina de la arbitrariedad y la venganza que inoculó el virus del odio en las venas abiertas de la sociedad y producto esta fractura expuesta que tanto tiempo nos va a llevar cerrar.
Fue ella, en definitiva, la que entró a la historia por ser la primera mujer electa y reelecta presidenta pero que corre serios riesgos de salir de escena en el medio de caprichos de estado y la falta de racionalidad que la llevó al deseo totalitario de “ir por todo y ser eterna”.
Fue ella, Cristina lo hizo. Una larga serie de metidas de pata que en la vida del peronismo se definen como mariscal de la derrota.
Fue ella. Fue Cristina. Ella lo hizo. Ella fue la mariscal de la derrota. Fue ella. Ella Fue. Cristina fue.

Macri: en nombre del padre – 23 de noviembre 2015

“Ustedes hicieron posible lo imposible”. Esa frase le salió del fondo del alma a Mauricio Macri, el presidente electo de la Argentina. Es que ni él lo podía creer. Por primera vez en la historia llegó a la jefatura del estado el líder de un partido chico que tiene apenas diez años de vida y que no se forjó en la matriz del radicalismo ni del peronismo. Tal vez si Macri hubiera dejado hablar a su inconsciente sus palabras hubiesen sido: “Llegué Papá, soy presidente, pude superarte”. No quiero hacer sicologismo barato pero Mauricio le dedicó su vida a demostrarle a Franco que podía llegar muy alto sin su ayuda y por sus propios méritos. Franco Macri fue un padre asfixiante, ultra exigente y más competitivo que lo aconsejable con su hijo. Varias veces lo desafió públicamente. Varias veces fue a contramano de los deseos de su hijo. Varias veces apostó en su contra y boicoteó sus proyectos. Por eso durante tanto tiempo estuvieron peleados. Un día Mauricio decidió romper amarras y construir su propio destino. Sabía que en esa pelea iba a encontrar la felicidad y la alegría. Y ayer se aferró a esa utopía que persiguió durante tanto tiempo. El hijo del tano inmigrante que edificó un imperio económico llegó a la presidencia de la Nación sin que su padre le abriera ninguna puerta. Lo hizo por derecho propio. En nombre del padre. Pero con su propio esfuerzo.
Los kirchneristas lo chicaneaban acusándolo de vago: “Nunca trabajó, siempre vivió de Franco”, pintaron en las paredes. Y esas cachetadas en lugar de intimidarlo le dieron más fuerza para la batalla final contra Daniel Scioli.
Esa relación de amor-odio con su viejo lo marcó para siempre. Y su carácter y garra también se templó en la adversidad de un secuestro extorsivo que lo tuvo muy cerca de la muerte. Estuvo 14 días bajo tierra. Lo encerraron en un ataúd y lo encarcelaron en un sótano de Garay al 2.800. Nadie sigue siendo la misma persona después de semejante experiencia. Su mirada perdida a veces expresa el sufrimiento de ese corazón en aquel momento dramático al que lo sometieron una banda de criminales que eran comisarios de la Policía Federal.
El salto que pegó Mauricio es gigantesco. Desde aquel vicepresidente del holding SOCMA al que arribó por portación de apellido y por ser el hijo del dueño hasta la presidencia de la Nación. Como buen ingeniero se apoyó siempre en la gestión. En el hacer más que en el decir. En Boca Juniors hizo una verdadera revolución de campeonatos y 16 vueltas olímpicas, pero también marcó un camino de responsabilidad y eficiencia. Fue presidente del equipo más popular de la Argentina, superó problemas, abrió ventanas y logró la reelección.
Esos fueron los cimientos del Macri de hoy. No podría haber ganado ayer si no hubiese tenido el nivel de conocimiento y popularidad que le dio Boca. Con eso demostró y se demostró que estaba para más. Que el destino de niño cheto, de creído de Barrio Parque, no era para él.
En la ciudad de Buenos Aires hizo lo mismo. Puso ladrillo sobre ladrillo y eligió el camino más sólido y no el más rápido que le había ofrecido Eduardo Duhalde: ser candidato por el peronismo. Edificó un partido y lo fue haciendo crecer. Con ensayo y error. Con metidas de pata y correcciones. Aprendió a ser gobernante en el gobierno de la Ciudad. Su primera administración estuvo apenas por arriba de la mediocridad general, pero, en su segunda jefatura, mejoró la calidad de vida de gran parte de los porteños. Esa buena tarea en el transporte, en la derrota que le propinó a las inundaciones, en la educación y en el respeto por las disidencias y el pluralismo lo fue perfilando. Es el primer jefe de gobierno de la Ciudad reelecto y que termina su mandato dejando un sucesor de su mismo partido: Horacio Rodríguez Larreta. Encima la provincia de Buenos Aires también estará bajo la conducción de una mujer resolutiva y carismática surgida de su agrupación: María Eugenia Vidal.
Está procesado por la justicia y acusó el golpe por lo de Fernando Niembro. El gobierno nacional le hizo la vida imposible. Le tiraron anchoas en el desierto y lo intentaron estigmatizar. Está acostumbrado a buscar consensos porque siempre gobernó sin mayorías parlamentarias y eso es bueno para los tiempos que se vienen. En su vida personal se lo ve enamorado de la seductora belleza integral de Juliana Awada y de su condición de padre de Antonia y otros tres hijos. Al frecuentar la meditación budista fue calmando sus ansiedades y aflojando sus durezas formales. Hasta se dio el lujo de emocionar y emocionarse en la quebrada de Humahuaca donde le pidió a la madre tierra ayuda para esta tierra.
En las PASO, Macri apenas sacó el 24 % de los votos. Ayer le sumó más de 27 puntos porcentuales. Más que duplicó su potencia. Logró cuatro millones de votos más que en la primera vuelta y encarnó los deseos de cambios de una gran parte de la sociedad. Eran cada vez más los argentinos que decían que este país podía ser gobernado correctamente por un no peronista. Las multitudes de los cacerolazos, las redes sociales, los actos en defensa de los fiscales atacados o el campo humillado fueron juntando masa crítica. Y Masa, Sergio, en el 2013 dinamitó los sueños eternos y monárquicos de Cristina cuando la empujó a la peor actuación electoral en 12 años.
Macri no es un conservador de la vieja derecha como cree la militancia K. Ejerció el divorcio en dos oportunidades y su cultura es más diversa que muchos K aunque menos intelectual. Macri tampoco es un neoliberal entreguista, amante fiel del mercado como quisieron instalar los medios adictos a Cristina.
Macri como político parido por la anarquía del 2001, es muy difícil de encasillar en las categorías tradicionales. Yo me atrevería a decir que no es un gerente de los grupos concentrados a los que conoce de adentro, que tiene sensibilidad social por los más pobres y que su modelo económico de sentido común y eficiencia está lejos del chavismo jurásico y cerca del desarrollismo de Arturo Frondizi.
Macri logró la presidencia de la Nación. No es parte de la herencia que le dejó su padre. Se ganó solito el honor de ser el jefe del estado argentino. Casi 13 millones de argentinos confiaron en su épica de superación. Nadie nunca había sacado tantos votos. Ahora empieza la etapa más importante de su vida. Ahora deberá demostrar si tiene condiciones de estadista para desactivar las bombas de tiempo que deja este gobierno. Yo no podría asegurarlo pero ojalá esa esperanza de tanta gente en las urnas se convierta en realidad. Ojalá. Es por el bien de todos.

Nace una esperanza – 20 de noviembre 2015

Este domingo nace una esperanza. Siempre una elección presidencial es un parto de ilusiones populares. Un país entero que renueva sus expectativas. Pasado mañana las urnas alumbrarán algo nuevo para los ciudadanos sufrientes que en su mayoría se sienten agobiados por un régimen arbitrario, autoritario, corrupto, dañino y maltratador.
¿Será Daniel Scioli o Mauricio Macri? ¿Ambos vienen de gobernar durante 8 años los dos distritos más grandes: la provincia y la ciudad de Buenos Aires. Los conocemos, sabemos quiénes son y que pueden hacer si llegan al poder. La suerte ya está echada. Solo quedan algunos indecisos que resolverán su enigma en las próximas horas. Uno se presenta como la continuidad de Cristina pero con cambios y el otro directamente se asume como el cambio. Sigamos, dice Scioli. Cambiemos, dice Macri.
¿Quién romperá los hechizos? Scioli pelea contra el fantasma de que nunca un gobernador bonaerense ni alguien que fue vicepresidente llegó a ser la máxima autoridad. Macri sabe que no hay antecedentes en la historia de un presidente que no tenga matriz radical o peronista. Si gana, él quebraría ese embrujo.
A la nochecita ya sabremos el nombre del jefe de estado que reemplazará a Cristina en el sillón de Rivadavia. El desafío será titánico para ambos. Tienen por delante una montaña de problemas por resolver que es la complicada herencia que dejan una docena de años kirchneristas.
Ambos deberán legitimar políticamente lo que ganen legalmente con el respaldo de la mayoría. Scioli hacia adentro de su partido y Macri hacia afuera.
Scioli deberá demostrar que es el nuevo líder del peronismo y que es capaz de decidir todo sin depender de Cristina ni de nadie. Tendrá que dejar claro que el poder nace de la Casa Rosada y no en el Calafate. Sus propios compañeros le van a pedir una conducción firme y decidida que le costó mostrar en la campaña electoral.
Macri deberá demostrar que puede conducir una coalición de gobierno que incluya a los más amplios sectores y que le permitan formar mayorías parlamentarias y sacar leyes por consenso como hizo en la legislatura porteña donde tuvo que apelar a la negociación permanente.
Ambos tendrán grandes acechanzas. Scioli ante el cristinismo más dogmático que tratará de marcarle el paso y la cancha y que lo presionará con la militancia callejera de La Cámpora, Luis D’Elía y Milagro Sala. Su peor enemigo será el fuego amigo. Asi fue durante la campaña y así será en un posible futuro gobierno.
Para Macri la cuestión es distinta. Si consigue cohesionar en la gestión eficiente a un gobierno multipartidario y multisectorial va a tener que salir indemne de las zancadillas que le van a tender esos mismos sectores jurásicos y fanáticos que se niegan a dejar el poder o que tozudamente se creen dueños de la verdad y la patria.
Por eso creo que los primeros seis meses del nuevo gobierno serán de ciertas turbulencias y chisporroteos. No va a ser fácil para nadie desactivar las bombas de tiempo que Cristina deja prácticamente en todas las áreas.
Hay cuatro que son muy graves: la fractura social expuesta, la matriz corrupta del estado, el narcotráfico como la etapa superior de la inseguridad y la economía que hace agua por todos lados.
El odio que los Kirchner inocularon para dividir a este pueblo como pocas veces en la historia es la más maldita de las asignaturas pendientes. Es la herida más dolorosa y la que más tiempo va a llevar suturar. Es mucho el resentimiento acumulado como si la mirada del otro fuera la de un enemigo solo por pensar distinto. Gerardo Romano y Hebe de Bonafini fueron los voceros más brutales de esa actitud destructiva. Según dijo el mediocre actor, el que no vota a Scioli este domingo es un hijo de puta o un boludo. No hay medias tintas. Es decir que las únicas buenas personas e inteligentes son los que votan a Scioli. Ese fachismo de presunta izquierda da ganas de reír si no diera ganas de llorar. Y para la madre que manchó los pañuelos blancos con el dinero negro de la corrupción una Corte Suprema que defiende la división de poderes es producto de un hijo de remil putas como Lorenzetti o de una manga de fachos como el resto de sus compañeros. Por suerte no creo que todos los kirchneristas piensen asi. En los últimos días fueron aflorando otros dirigentes sensatos y republicanos como el gobernador Juan Manuel Urtubey, por ejemplo. Pero hasta ahora los más agresivos ocuparon la mayoría de los lugares estratégicos y mediáticos. El propio Scioli terminó diciendo que Macri había pactado con los diablos de los Buitres y el FMI.
El tema de la megacorrupción aleja a la sociedad de sus dirigentes. Les hace perder la confianza cuando ve funcionarios millonarios enriquecidos con los dineros del pueblo. Eso se soluciona fácil si hay voluntad política. Se envía claras señales a la sociedad que al primero que robe se lo expulsa del gobierno y se lo manda a la justicia. Y la orden hacia atrás debería ser que los jueces tengan toda la independencia y recursos necesarios para meter preso a los delincuentes probados sin que les importe si se llaman Cristina Kirchner, Amado Boudou, Ricardo Jaime o Lázaro Báez, o Julio de Vido.
Para combatir a los narcos y los asesinos hay que tener políticas sociales de contención y desarrollo para los más humildes y una contundencia técnica y una honestidad a prueba de balas. Los mejores especialistas, bien pagos, bien pertrechados y bien respaldados por la justicia pueden empezar un camino largo que devuelva paz y tranquilidad a las calles de nuestra bendita Argentina.
Y finalmente, la economía. Un equipo profesional y razonable sacará lenta pero inexorablemente a este país del pantano recesivo y de mala praxis donde nos metieron Cristina y Axel. Deberán empezar a pagar la terrible deuda social que dejan estos ladriprogresistas. Hay que poner toda la energía en crear más y mejores trabajos privados y en blanco apoyando al complejo productivo industrial y agropecuario. Arrancarle el disfraz a todas las mentiras del INDEC como las cifras de inflación y pobreza y recuperar la credibilidad de las estadísticas. Fomentar la inversión y dejar de discriminar al interior del país con un unitarismo extorsivo y reaccionario. Y sobre todo no permitir que ni un solo niño se muera de hambre más en el país de los alimentos. Convertir cada muerte en una tragedia nacional y en un cachetazo para todos. No podemos permitir que 4 de cada 10 chicos vivan en hogares pobres o que 1 de cada 100 sobreviva en la inseguridad alimentaria severa, es decir en el precipicio social, al borde de la muerte.
Este es el país que recibirá el nuevo presidente. Este es el país que tiene que transformar. Hay mucho hartazgo y rechazo a los que se van. Hay mucha esperanza por los que vienen. El pueblo tiene la palabra. Sabes que las ventanas se pueden abrir, que el cambio de aire depende de ti. Que hay que quitarse los miedos, sacarlos afuera. Sabemos que lo imposible se puede lograr.
Vox populi, vox Dei. La voz del pueblo es la voz de Dios.
Le pido que cantemos juntos. Hay una energía que nos une a todos los que están de aquel lado del micrófono y los que estamos de este. Vamos, cantemos:

Sé que hay en tus ojos con solo mirar
que estás cansado de andar y de andar
y caminar girando siempre en un lugar

Sé que las ventanas se pueden abrir
cambiar el aire depende de ti
te ayudara vale la pena una vez más

Saber que se puede querer que se pueda
quitarse los miedos sacarlos afuera
pintarse la cara color esperanza
tentar al futuro con el corazón

Es mejor perderse que nunca embarcar
mejor tentarse a dejar de intentar
aunque ya ves que no es tan fácil empezar

Sé que lo imposible se puede lograr
que la tristeza algún día se irá
y así será la vida cambia y cambiará

Sentirás que el alma vuela
por cantar una vez más

Vale más poder brillar
Que solo buscar ver el sol