La muerte de los angelitos – 19 de noviembre 2015

Ay, ay, ay, ayayaitay…
suelta el violin su llantito
quiere ayudarme a olvidar
la muerte del angelito

Velay si era chiquitito
sin un pecado solito
que Tata Dios se lo ha llevao
será de verlo solito.

Los diarios dicen que en lo que va del año, hubo 19 bebes abandonados solo en la Ciudad de Buenos Aires. El año pasado hubo 28 angelitos que pasaron el mismo drama. No entra en la cabeza de nadie que algunos padres sean capaces de dejar a su hijito en un canastita en una iglesia o en la basura de una estación de servicio. Es el aspecto más cruel y repudiable de cualquier ser humano.
Mañana es el Día Internacional de los Derechos del Niño. ¿No lo sabía? No se preocupe…la entiendo. Si prácticamente la información no salió en ningún lado. Los derechos se conocen muy poco y se respetan casi nada. Y eso que fueron incorporados a la Constitución de 1994. Son los derechos más elementales de un ser humano y se violan reiteradamente.
¿Sabe usted quien es Marita? Tiene apenas 12 años, como tenía Candela. Trabaja en bares de morondanga con lamparitas rojas donde vende su cuerpito de niña-mujer por 20 pesos la hora. Nació en las montañas, entre las cabras, pero ahora vive en Orán. Si es que a esa esclavitud se le puede llamar vida. Comparte la pensión con un delincuente de 25 años que la regentea y humilla cada vez que puede. Sin ir más lejos, la semana pasada, cuando cumplió 12 años. Un cliente con perdón de la palabra, se conmovió y le regaló un osito rosa de peluche y una amiga de la noche, una veterana de 14 años, le regaló un disco compacto del grupo Yerba Buena. Marita estaba feliz con el disco y el osito hasta que la vio el energúmeno doblado por el vino fácil y le hizo una escena de celos. ¿Quién te regaló esto?, le gritaba con su aliento a miseria de alcohol barato. Decime…¿Quién?, aullaba mientras tiraba el disco y el osito a la calle. Marita es una niña aunque tenga mirada de vieja. Marita tiene una pollera así de cortita, anda todo el día en ojotas y muestra su ombligo como si fuera una vedette. Marita es una hija de todos que bien podría preguntarse: ¿De que derechos de los niños me hablan?
¿Conoce usted a Javier? Tiene 9 añitos, como tenía Tomás. Muere por ver los dibujitos en el Cartoon Netword. Tiene rollers que usa en las veredas de Liniers, una computadora nuevita y una bandera de Velez colgada al lado de la ventana. Pobre Javier. Dice que le va a pedir una Wi a Papa Noel pero se hace pis en la cama. En la escuela está nervioso todo el día. Inquieto por momentos, taciturno. La seño no sabe que le pasa. A Javier le da vergüenza decir que su padre, un profesional exitoso que trabaja en la city le pega con un grado de violencia terrible. Hace 15 días la brutalidad de ese monstruo de saco y corbata le fracturó una piernita. Pobre Javier, el solito, dijo en el sanatorio que se había caído jugando al fútbol. Pobre Javier, el dolor de la pierna rota, el dolor de la vergüenza. No hay Power Ranger ni Paseo Alcorta que lo consuele. Javier nos mira con su mirada vencida y nos pregunta. ¿De que derechos de los niños me hablan?
Ni en Orán ni en Liniers se respetan los derechos de Marita y Javier. Y hay miles de chicos como ellos que son obligados a prostituirse, a participar de sesiones de pornografía infantil, que son abusados sexualmente en gran porcentaje por algún familiar o que no tienen un techo para dormir, ni comida para comer, ni risas para reir. No tienen escuela para aprender y el mundo es para ellos el territorio del maltrato y la discriminación.
Mañana es el Día Universal de los Derechos del Niño y casualmente, también el Día de la Soberanía Nacional. Pero creo que es mucho más que una coincidencia en el calendario. Porque soy un convencido de que la soberanía y la patria son los chicos. Como Marita o Javier. Como Candela o Tomás. La patria es el territorio de nuestros hijos. De los míos, de los suyos. Son hijos de esta tierra y esa es la soberanía que tenemos que cuidar y defender. Si no sembramos a nuestros hijos con el ejemplo de los valores estaremos condenados a ser un país de cuarta para siempre. A escandalizarnos cada vez que aparezca algún pibe muerto. O algún chico panzón, pidiendo una moneda en el semáforo, con la piel arrugadita, haciendo malabares frustrados con tres pelotas de tenis. Nos moriremos de vergüenza y el alma se nos marchitará cuando comprobemos que esos fantasmas que no acusan peso en la balanza y que están desnutridos de todos los nutrientes no nacen solamente en el Africa más injusta y desigual.
Seguramente en los actos se recitará punto por punto la Convención de los Derechos del Niño. Se dirá sabiamente que los derechos de los chicos no son más chicos, que los derechos de los grandes. O que los chicos tienen grandes derechos. Alguno se acordará de Marita de Orán o de Javier de Liniers, de Candela de Villa Tesei, de Tomás de Lincoln. O de los miles de chiquilines que por las noches, carasucias de angelitos con bluyin, salen a vender sus vergüenzas en flor. Vaya esta plegaria laica para esos chicos nuestros que están en la calle. Santificado sean sus nombres.

Pepe, periodista de raza hasta la muerte – 18 de noviembre 2015

Extrañamos tanto a Pepe.
Hace un año que se nos murió el querido Pepe Eliaschev. Muchos oyentes lo recordaron y me pidieron que yo también lo recordara con aquellas palabras urgentes de hace un año.
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Esto que pasa es que el maldito cáncer de páncreas finalmente asesinó a Pepe Eliaschev. Esto que pasa es que me tiemblan las manos sobre las teclas y la voz cuando lo recuerdo. Esto que pasa es que esta querida radio Mitre, este periodismo independiente que amamos y este país han perdido a uno de sus mejores hombres. Conocí pocos periodistas con la formación intelectual y el rigor profesional de Pepe. Era exigente con los demás y con el mismo hasta la obsesión. No andaba con vueltas. Decía las cosas de frente y sin eufemismos. Eso le trajo algunos problemas de convivencia en los trabajos, pero se las bancaba como un señorito. Le gustaba que mi amigo el Zorro le regalara algún habano para fumar tranquilos después de la cena. Amaba profundamente a Victoria, su mujer y a sus hijos a los que les mando el más solidario de los abrazos. Me agasajó un día en su casa con un asado maravilloso que compartimos con Luis Brandoni y Sergio Renán. Era muy hincha de Racing. Se inclinaba en el altar democrático, republicano y de manos limpias de Raúl Alfonsín. Amaba la palabra «crocante» y yo lo cargaba con eso. El se reía en esos momentos y cuando le confesaba que mi vieja, Esther, lo admiraba más a él que a mi. Siempre me decía:” no te agrandes que yo te conocí en calzoncillos” y se refería al tiempo que compartimos el camarín en América TV. Tenía una variedad de lenguaje notable. Utilizaba las palabras, con alas, colores y toda la multiplicidad de contenidos. Varias veces me quedé con la boca abierta viendo como improvisaba sus profundos, picantes y coherentes editoriales radiales. Cuando descubrí que no los escribía previamente pasó a ser mi ídolo. Yo redacto todos los días los textos que leo. Pepe iba tejiendo conceptos y valores en el aire al correr de su voz. Eso se llama talento. No conocí a nadie que hiciera de la columna radial un arte como lo hizo él. Siempre se sintió orgullosamente judío y jamás le gustó que lo llamaran José Ricardo. Soy Pepe, le decía a todos. Supo escribir en el semanario de Montoneros y luego hacer una profunda y sincera autocrítica de la lucha armada. Fue redactor en la revista «Todo» de Bernardo Neustadt junto a Miguel Bonasso. Hacían sus primeras armas en el oficio y tal vez esto lo diga como un fallido, en todo el sentido de la palabra. La tenebrosa Triple A lo amenazó y tuvo que exiliarse en los Estados Unidos. Allí hizo un postgrado de periodismo y de amor por la libertad trabajando en una agencia de noticias internacional. Hizo coberturas memorables como la de la Nicaragua del sandinismo, por ejemplo. El ejército también lo prohibió como corresponsal en Nueva York de Neustadt y Videoshow.
Volvió a la Argentina y el primero que le dio su lugar de estrella fue Juan Alberto Badía en la tele. Fue censurado por los retrógrados reaccionarios que no aceptaron que en canal 7 hiciera una encuesta acerca del tamaño del miembro viril y su relación con el goce sexual. Era pornografía, decían los fachos de entonces. Era de la patota cultural alfonsinista, lo estigmatizaron. Hoy esas encuestas picarescas serían bebes de pecho para las groserías y el mal gusto que circula por los medios. Durante el kirchnerismo extremo que lo odiaba y lo acusaba de derechista o agente del Mossad fue atacado en forma permanente pero hubo dos momentos culminantes. Primero cuando no le renovaron su contrato en Radio Nacional y Mona Moncalvillo le dijo en nombre de Néstor Kirchner: «C´est fini, negrito». Se había terminado la voz crítica e insobornable de Pepe Eliaschev por orden de los Kirchner que jamás toleraron la pluralidad de voces. Después hizo un libro al que llamó «Lista Negra» y lo presentó en el colegio Nacional Buenos Aires donde orgullosamente había cursado su secundario.
Otra vez recibió la medicina amarga de una parte de su propia colectividad judía. Tuvo una primicia internacional y la publicó en la tapa del diario Perfil. Era el pacto secreto que Hector Timerman había firmado con los iraníes en Siria. El canciller argentino, emblema de la traición, desmintió esa verdad y lo atacó igual que importantes miembros de la DAIA y la AMIA. Pepe tenía buenas fuentes y una fina intuición. El ratificó todo lo publicado y al tiempo, todo se confirmó. Todo lo que él había escrito era absolutamente cierto. Los desmentidores tuvieron que tragarse sus palabras pero fueron incapaces de pedir disculpas. En el aniversario número 20 del atentado terrorista a la AMIA, por suerte, tanto Luis Czyzewski, como quien les habla pudimos hacer un humilde desagravio de su figura y reinvindicar su honestidad intelectual y su capacidad periodística.
Un día quise aumentar la calidad profesional de mi programa y convoque dos columnistas. A José Antonio Díaz en economía y a Pepe en internacionales. Fui a su oficina en la avenida Santa Fé y le confesé que me costaba ofrecerle que fuera mi columnista. «Por trayectoria y por capacidad, yo debería ser columnista tuyo, Pepe». Eso le dije. El me contestó emocionado: «Dejate de joder, es un orgullo que me convoques y de esa manera puedo volver a la tele». Lo habían marginado los autoritarios y el seguía peleando su oficio en radios humildes y valientes que le daban aire para que el kirchnerismo no lo asfixiara. Fue histórica su pelea en «Le doy mi palabra», en canal 26 con Diana Conti. Ella elogió a Stalin y el le saltó a la yugular como era su costumbre. «Es un carnicero que mató a 20 millones de personas», reaccionó. Terminó el reportaje a los gritos: Conti acusando de radical a Pepe al grito de » Ahora votá a Cobos» y el con la velocidad de la chicana le respondió: » Vos ya lo votaste», porque eran tiempos de Cristina, Cobos y vos.
Lo ví especialmente cansado el día que volvimos de la Feria del Libro a estos estudios de la calle Mansilla que el tanto amaba. Me dijo que era agotamiento por tener que hacer su trabajo sin intimidad ante la vista de todos. Pero al otro día vino todo amarillo. Pronto supimos que un criminal llamado cáncer de páncreas se había apoderado de su cuerpo. La peleó con coraje y quimioterapias. Era una fiesta para los oyentes y para él cuando podía venir a hacer el programa y presentar esa música celestial que tanto disfrutaba. Esa misma música que ponemos en su homenaje para decirle chau hermano de oficio, chau Pepe querido, periodista de raza y hasta la muerte.

Diez meses sin Nisman – 18 de noviembre 2015

Lo único que le falta a Cristina Fernández de Kirchner y a sus empleados es profanar la tumba del ex fiscal Alberto Nisman. Esperemos que tengan un poco de piedad y que les quede algo de pudor y no lo hagan
Hoy se cumplen diez meses de la muerte del fiscal Alberto Nisman. Apareció con un maldito balazo en la cabeza y hoy prácticamente no sabemos nada de lo que pasó. No sabemos cómo murió. No sabemos si fue un suicidio, un suicidio inducido o un magnicidio, un asesinato político. La causa está tan paralizada y muerta como Nisman. Y la fiscal Viviana Fein recién llega de vacaciones.
Hoy se cumplen diez meses de aquella conmoción social, institucional y mundial.
Pero el fantasma de Alberto Nisman va a perseguir durante toda la vida a Cristina. No solamente porque ella fue responsable por acción u omisión de su muerte. También porque el gobierno se comportó en todo momento como culpable. Antes del balazo en la cabeza, los cuadros más disciplinados y feroces del gobierno fusilaron con sus descalificaciones al fiscal que estaba a punto de explicar ante el Congreso de la Nación la acusación más grave que se haya hecho jamás contra una presidenta elegida democráticamente: que ella había encubierto junto al canciller de la traición y otros cómplices a los terroristas de estado que protagonizaron el peor atentado al dinamitar la AMIA y la vida de 85 personas.
¿Se acuerda de Diana Conti diciendo vamos a ir con los tapones de punta? ¿Se acuerda de Ignacio Copani colocando a Nisman en las cloacas?
El gobierno fue exitoso en su ataque previo y posterior a la muerte. El “operativo demolición” sobre la figura de Alberto Nisman logró matarlo por segunda vez y borrarlo de la faz de los titulares de los diarios. A Nisman lo vaciaron de credibilidad utilizando una campaña de mentiras y apelando a algunas verdades sobre ciertos comportamientos de su vida personal que no tenían ni tienen nada que ver con el tema principal. ¿Qué es lo trascendente en todo esto? Se lo resumo en algunas preguntas: ¿Es cierto lo que Nisman denunció? ¿Qué objetivo tuvo esa alianza que tejieron entre la Venezuela de Chávez, el Irán de Admadinejad y la Argentina de los Kirchner? ¿Es creíble que el interés de los negadores del Holocausto era levantar las alertas rojas a los acusados por el atentado a la AMIA y recibir todo lo necesario del plan nuclear argentino y del uranio enriquecido para construir una maldita bomba atómica? ¿Es cierto que Irán puso una montaña de dólares manchados en sangre y los hizo llegar a la Argentina triangulados a través del chavismo como contó un general arrepentido muy cercano a Hugo Chávez?
Aníbal Fernández se preocupó por llenar los medios de fotos de Nisman con mujeres. Querían decir que era un tiro al aire y fue un tiro en la sien.
Marcelo Moreno, el brillante columnista, escribió que los muchachos K utilizaron todos los insultos y descalificaciones que tuvieron a su alcance. Le dijeron de todo a Nisman: «corrupto, turro, sinvergüenza, incompetente, homosexual, loco, títere de un espía, mujeriego, agente de la CIA y el MOSSAD, lavador de dinero, golpista e idiota».
Página 12 mintió diciendo que estaba borracho antes de morir. Mostraron papeles que demostraban que Nisman tenía una doble contabilidad y cuestiones económicas truchas. Aníbal llego a proponer que metieran presa a la madre del fiscal. Sería bueno que primero encuentren a Antonio Stiuso.
A Nisman lo descalificaron en sus capacidades como fiscal. Lo rebajaron a la categoría de escriba del jefe de los servicios de inteligencia que hoy está de joda por el mundo. Con disciplina y mucho dinero el gobierno logró sepultar el tema junto al cadáver de Nisman. El problema es que nunca se pueden tapar las mentiras. Más temprano que tarde aparecen.
A Nisman le violaron reiteradamente la intimidad de sus computadoras y sus celulares y lo vigilaron y lo persiguieron todo el tiempo. ¿Qué archivos se borraron de sus notebooks? ¿Qué mentiras se incorporaron a sus discos rígidos? ¿Se cambiaron las fechas y los días? ¿Quién colocó tres pendrives en su computadora? ¿Quién dispone de la tecnología para meter un virus troyano en su teléfono y aprovechar para espiar hasta sus conversaciones más íntimas?
No hay dudas que semejante nivel de intervención solo puede ser llevado adelante por un grupo comando de expertos que tal vez sean los mismos que lo asesinaron y armaron toda la escenografía del suicidio para confundir y lograr impunidad.
Elisa Carrió viene insistiendo en que el general Cesar Milani y Aníbal Fernandez fueron parte de todo el operativo encubrimiento. Algunos creen que agentes de inteligencia iraníes estuvieron implicados en el crimen. No es casual que la ex esposa de Nisman, madre de sus hijas y actual jueza federal, Sandra Arroyo Salgado haya reforzado las medidas de seguridad colocando detectores de metales en su despacho. Los mail contra Nisman, desde hace más de tres años, venían amenazando a Nisman, a su ex mujer y a sus hijas, con un lenguaje típico de los terroristas antisemitas que contaban con mucha información sobre la vida de su familia. Todo el tiempo lo trataban de «rusito descerebrado» y le daban datos muy reservados sobre los movimientos de sus hijas. Eso me lo contó el propio Nisman. Estoy seguro que esos hijos de puta fueron los que lo mataron. Porque la píldora del suicidio no me la trago y no importa lo que diga una justicia atravesada por la grieta abierta por Néstor y Cristina. La prima de Nisman, Ana Garfunkel, en su libro titulado «In Memorian», también dice que es imposible que Alberto se haya suicidado y aporta datos de la vida cotidiana para fundamentar su conclusión. Dormía con pijama, actualizó su curricullum de 100 páginas una semana antes. Ella habla de magnicidio y pone la lupa de las responsabilidades en la presidenta Cristina. Y dice que eso confirma la veracidad de todo lo que Alberto Nisman denunció y todo lo que iba a denunciar más adelante respecto del tenebroso pacto nuclear con Irán.
El gobierno de Cristina pensó que ya había ganado y que el caso Nisman estaba irremediablemente muerto. Pero se equivocó. La mentira siempre despierta sospechas. Y no contaban con el periodismo que siempre va en búsqueda de la verdad por más profundo que la entierren. Es su trabajo, su razón de ser. Resucitar un caso para esclarecerlo. Todos nos merecemos saber la verdad. Pero, sobre todo, Alberto Nisman que como el Cid Campeador parece que, aún después de muerto, sigue ganando batallas. Tal vez un día Nisman vuelva y sea millones de verdades iluminando tanta oscuridad. Ese día vivirá en el corazón de los argentinos que quieren un país sin corrupción y sin impunidad.