El debate eterno – 16 de noviembre 2015

A esta hora todavía se sigue debatiendo sobre el debate. Y la discusión seguirá eternamente. Suele ocurrir que los que iban a votar a Scoli confirmaron que están en la senda correcta y los que apoyan a Macri, lo apoyan más que nunca. Fue el acto de campaña más multitudinario del que se tenga memoria. Se calcula que más de 5 millones de argentinos siguieron por televisión, radio y las redes sociales las alternativas de los cruces verbales entre los candidatos.
Nadie hizo un papelón. Nadie ganó por paliza. Mauricio Macri ganó por algunos puntos porque se mostró más suelto, tranquilo y pudo meter las chicanas más contundentes. Dejó sin respuesta y con la obligación de salir para otro lado a Scioli cuando lo asoció a Zannini, La Cámpora, Milagro Sala y Aníbal Fernández, que tienen altísima imagen negativa. O cuando lo desafió a que tomara partido entre el violento autoritarismo de Nicolás Maduro y la democracia republicana. Quedó más grabada la zancadilla de compararlo con un panelista de 678.
Scioli, prefirió asegurar el voto cautivo y no salir a buscar a los independientes. Intentó vincular todo el tiempo a Macri a los fondos Buitres, el Fondo Monetario, la megadevaluación y el desastre económico que eso causaría. Tal vez en algún sector haya impactado ese planteo ajeno a su discurso histórico. Scioli nunca fue un revolucionario antimperialista ni un enemigo del mercado o de las empresas extranjeras. Además, uno de sus principales colaboradores es Mario Blejer que trabajó durante 20 años en el FMI y Juan Manuel Urtubey anduvo por Estados Unidos prometiendo racionalidad y volver al mundo. En ese sentido, Scioli fue más Cristina que nunca. Solo que los argumentos del infantilismo dogmático tienen más enjundia en la presidenta que se va el 10 de diciembre. El gran acierto de Scioli fue desarmar a Macri al decirle “ si no pudiste resolver el problema de los trapitos, como vas a solucionar el drama de narcotráfico”.
Siempre es más difícil para el candidato del oficialismo. Sobre todo de este oficialismo dañino y maltratador. Pero Scioli criticaba a Macri por lo que puede llegar a hacer si logra ser presidente. En cambio, Macri criticaba a Scioli por lo que su gobierno ya hizo. Por eso Scioli muchas veces le pidió que dejara de criticar a un gobierno que ya termina.
No hubo nada nuevo bajo el sol. Más de los mismo porque cada uno profundizó el perfil que venía desarrollando en los últimos días. Macri le pedía a Scioli que dejara de ser su vocero de las cosas que no iba a hacer y Scioli que anunciaba calamidades de todo tipo si Macri llegara a la presidencia.
El candidato del Frente para la Victoria arrancó más nervioso pero luego se soltó y pudo equilibrar un poco más una batalla que en la primera parte fue muy favorable a Macri.
Ambos intentaron seducir al votante de Sergio Massa, sobre todo en el norte del país. Scioli incluso lo nombró y dijo explícitamente que había tomado una de sus propuestas. Macri prefirió marcar que tiene un ambicioso plan de obras de infraestructura y reparación histórica para las provincias de esa región de la Argentina y confirmó que cerrará su campaña en Humahuaca, donde al parecer, se quedó enamorado de la magia del lugar.
Como análisis político creo que Macri ganó dos veces. Por algún margen estrecho el debate pero también porque mantuvo las diferencias que todas las encuestas vienen anticipando. De todos modos nunca hay que decir que una elección está resuelta. A las segundas vueltas las carga el diablo y suelen ser más parejas de lo que uno puede anticipar. Todavía faltan algunos días y la única verdad será la realidad del conteo voto a voto del domingo a la noche.
Lo más extraño es la doble confusión en la que se viene desarrollando la campaña. Scioli eligió no explotar su activo más importante. Es hablado por el cristinismo más ortodoxo y se nota que ese es un territorio en el que se mueve con incomodidad. No le sienta bien el papel del combativo emancipador porque nunca lo fue y por lo tanto en su boca ese discurso pierde la potencia que si tiene en Cristina, por ejemplo. Pero por algún motivo, Scioli está atrapado en esos valores que le generan un techo en su crecimiento electoral.
La otra cuestión insólita es que el kirchnerismo nunca pudo vencer a Mauricio Macri en la ciudad y al parecer la tiene complicada para este domingo en la Nación, porque lo critica por lo que Macri no es. Los cristinistas combaten contra un enemigo que está en su imaginación y en sus expresiones de deseos. Los más agresivos lo dicen con todas las letras. Hebe lo acusa de colaboracionista con la dictadura y de neoliberal menemista. Gerardo Romano lo compara con Hitler. Fernando Esteche llama a la resistencia callejera como si se tratara de un diablo ultraderechista. Los K cometen el error y la torpeza de pegarle a un fantasma que habita en sus cabezas. No le pegan a Macri por los errores que cometió y que además no son pocos. Cuando lo hicieron, ganaron puntos. Por ejemplo en el tema Niembro. Pero Macri, para el sufrimiento de los operadores de Scoli, no es lo que ellos creen que es. Si hay alguien vinculado a la figura de Menem es Scioli. Si hay alguien que apoyó en 7 boletas electorales a Menem fue el matrimonio Kirchner. Macri era un pibe que estaba en cualquiera durante la dictadura y los Kirchner eran abogados que no movieron un dedo para ayudar a los presos o a los desaparecidos pese a que ya eran militantes de la Juventud Peronista. La otra confusión es que Macri no se ha mostrado en 8 años de gobierno como un autoritario ni como un déspota. Gobernó bastante bien en su segundo período, según dicen todas las encuestas y pudo hacerlo sin mayorías legislativas, con la búsqueda de consensos y con una actitud dialoguista, abierta que no se condice con el ogro fachista que pintan los K.
La gestión de Macri no fue privatizadora como el menemismo ni se comportó en forma antisindical. Si me apuran les recuerdo que los Kirchner privatizaron el banco de Santa Cruz e impulsaron fuertemente la privatización de YPF.
En política siempre es fundamental elegir bien al enemigo. Para no gastar energías disparando contra cuestiones secundarias. En este caso, los Kirchner nunca pudieron descifrar a Macri que es más desarrollista que liberal y que por lo tanto le da al estado un rol más preponderante.
Finalmente una crítica a ambos. Ninguno puso sobre la mesa un tema que asquea a una gran parte de los argentinos que es la mega corrupción. Hay un hartazgo social frente a funcionarios que se hacen millonarios con los dineros del estado. Nadie habló de los chanchullos, los negociados y las coimas y nadie prometió ayudar a la justicia a que meta presos a los que cometieron esos delitos que son repugnantes porque, como ya fue probado infinidad de veces, la corrupción mata.
El final fue una buena postal de abrazos y saludos cordiales entre los candidatos y sus esposas. Una imagen de convivencia pacífica lejos de la agresividad y la división que impuso Cristina. Ojalá sea mucho más que una foto. Ojalá sea el comienzo del final de la división y el odio entre los argentinos.
La democracia se mejora con más democracia y con más transparencia. Y los debates de este tipo ayudan a que el pueblo tenga la mayor cantidad de información posible para tomar las mejores decisiones. El debate fue un hecho esperanzador que abrió un camino que, de ahora en más, será difícil de cerrar. Un pasito más en la consolidación de las instituciones republicanas. Necesitamos más debates aunque el debate sobre el debate sea eterno y ambos candidatos crean que ganaron. Esta vez los que ganamos fuimos nosotros, los ciudadanos. Ganamos un derecho más. Y los antidemocráticos perdieron por nocaut.

Scioli vs Macri, frente a frente – 13 de noviembre 2015

En este rincón, Daniel Osvaldo Scioli, gobernador durante 8 años de la provincia de Buenos Aires. Defiende los colores del Frente para la Victoria y acusó en la balanza 9.338.449 votos. 9- 338-449…
En este otro rincón, Mauricio Macri, jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires durante 8 años. Defiende los colores de Cambiemos y acusó en la balanza 8.601.063 votos. 8-601-063…
Este domingo a las 21 hs y con transmisión especial de radio Mitre, estos boxeadores subirán al ring del primer debate presidencial de balotaje de la historia argentina. Es algo absolutamente inédito que atrapa el interés de la opinión pública. La pelea es por el título de presidente de la Nación y el 10 de diciembre, el que gane recibirá el bastón y la banda de campeón y se sentará en el sillón de Rivadavia.
Claro que el veredicto final lo tienen los jurados que, en este caso, son los millones de argentinos que votarán el 22 de noviembre.
Pero todavía hay un porcentaje importante de indecisos y los entrenadores de ambos luchadores consideran que el combate puede ayudar a convencer a muchos y llevar agua para su molino.
Al igual que una lucha de boxeo estelar, ambos candidatos se quedarán solitos, frente a frente, cara a cara para tratar de colocar los mejores golpes y esquivar la réplica del rival. El desafío es absolutamente uno contra uno. Por eso aplica la frase de Ringo Bonavena que dijo que cuando suena el gong, hasta al banquito te sacan. Nadie podrá reemplazarlos. Se mirarán a los ojos dos viejos amigos que hoy están muy enojados y la cuestión será a matar o morir en términos políticos. Uno solo de ellos llega. Y será sin asesores, sin fotoshop, sin ventajitas, sin leer, sin repetir y sin soplar. No podrán mostrar carteles ni apelar a sus teléfonos celulares. Apenas podrán tener en sus atriles una lapicera y un block de hojas en blanco para anotar.
El estado de ánimo y la confianza de cada uno, será fundamental. La convicción de cada uno se les notará en el rostro. Todos aconsejan ser elocuentes y tajantes en los planteos. Pero no perder la espontaneidad, Nadie vota a un robot. Todos votan a un ser humano sensible, decidido y con una mirada solidaria que reconozco los problemas más graves y ofrezca las mejores soluciones.
Nadie olvidará la noche del domingo. Se estima que se puede llegar a batir todos los record de rating radial y televisivo.
Tanto Scioli como Macri están concentrados y practicando con distintos sparrings el tipo de estrategia que van a intentar ejecutar. Ambos saben que no pueden cometer ningún error. Sobre todo Scioli que viene desde atrás con mochilas de piedra como Cristina, Aníbal y La Cámpora. Saben que todas las luces estarán sobre ellos. Deberán explicar sus ideas con mucha claridad, sencillez y cierta picardía. Y tendrán que contestar al otro con algún gancho al hígado, alguna estocada que trate de desacomodar al rival, de dejarlo tambaleante y, si se puede, contra las cuerdas. Es muy difícil que haya un nocáut. Debería ocurrir una hecatombe anímica en alguno. Un miedo escénico que los paralice o una metida de pata que los haga trastabillar sin poder recuperarse y los empuje hacia una laguna de la memoria.
El extraordinario acontecimiento tiene la organización y todas las garantías de ecuanimidad de Argentina Debate una Organización No Gubernamental multipartidaria y multisectorial con prestigio y probada honradez de sus integrantes. Las reglas del juego son claras. La pelea está pactada a cuatro rounds: Desarrollo económico y humano; Educación e infancia; Seguridad y derechos Humanos y Fortalecimiento democrático. Son ejes temáticos lo suficientemente troncales para que no se vayan por las ramas pero, también con la suficiente flexibilidad como para que cada uno despliegue todas sus capacidades y estilo.
Son contendientes muy expertos en el arte de la exposición pública. De hecho, ambos crecieron en el territorio de los medios y de las celebridades. Son políticos que lograron el ciento por ciento de conocimiento desde el deporte, Scioli como campeón mundial tripulando su lancha y Macri como presidente de Boca Juniors. Ambos tuvieron su vida muy ligada a los artistas y a las modelos y aparecieron más en las revistas del corazón que en los tratados de formación teórica política. No es casual que tanto Daniel como Mauricio sean amigos de Marcelo Tinelli, Mirtha Legrand y Susana Giménez y hayan estado muchas veces en sus programas. Están muy acostumbrados a las cámaras. Ahí están parejos, no se sacan ventajas. Macri tiene más experiencia en el cruce de ideas porque ya debatió en 7 oportunidades para llegar a ser jefe de gobierno y participó del debate presidencial de la primera vuelta en el que Scioli dejó su silla vacía. El kirchnerista debuta en este tipo de situaciones. Cada uno tiene su estilo. Macri, como buen ingeniero es riguroso, medido y frío. No se calienta y eso es un mérito. El que se enoja, pierde.
Scioli, es un hábil declarante. Una especie de Nicolino Locche que suele esquivar las definiciones directas y los sablazos del rival. Intenta atraparlo y enredarlo en sus propios eufemismos. Hasta ahora esa forma laxa de no generar enemigos le dio buen resultado. Pero en esta ocasión deberá ser más claro que nunca en sus definiciones porque por suerte hay preguntas y repreguntas de los rivales. Dicen que Scioli será más audaz que nunca y tratará de mostrarse como conductor del peronismo por encima de Cristina. Hasta ahora no lo logró.
El candidato tiene que exponer y lucirse por sus propuestas e inteligencia pero también debe estar preparado para salir indemne de las chicanas, brulotes y algún carpetazo con forma de denuncia que se pueda llegar a utilizar como mecanismo de últimas instancia.
Debemos celebrar la realización de este debate porque es un gran paso institucional. Consolida los mecanismos republicanos y nos permite lograr una madurez que no teníamos. Se podría resumir con el reclamo de aquellas jornadas de la patria naciente: “El pueblo quiere saber de qué se trata”. Es un derecho nuestro, de todos los ciudadanos y no de los candidatos. Es lo básico en cualquier estado de derecho. Conocer las personalidades, las capacidades y las ideas de quien se propone conducir los destinos del país por los próximos cuatro años.
Pasado mañana, en el estadio de la Facultad de Derecho, en el cuadrilátero y sobre la lona, cruzarán guantes verbales Daniel Scioli y Mauricio Macri. Del resultado de esa pelea depende el futuro de nuestros hijos. El tipo de país que podemos construir. Todos estaremos atentos y cada uno alentará a su preferido. El destino los espera. Se acerca la hora, palpitan los corazones, la tribuna se pone de pie: ¡¡Segundos afuera!!

Kicillof, el peor de todos – 12 de noviembre 2015

Axel Kicillof viaja mañana a Turquía donde va a representar a la presidenta de la Nación en la reunión del G-20. El peor ministro de economía de esta docena de años K se esconde detrás de las polleras de Cristina para negar la realidad. Es imposible encontrar los remedios adecuados si se niega la enfermedad. La propia Cristina dice que no hay cepo. Por lo tanto no es necesario buscar una salida racional para algo que no existe. Aníbal Fernández dice que en Alemania hay más pobres. Por lo tanto no hay que atender la emergencia de la marginalidad extrema si eso no existe. El INDEC dice que hay una inflación moderada y razonable. Por lo tanto no tenemos que preocuparnos por ocupar el podio de los tres países del mundo con más inflación junto a Venezuela y Sudán. El titular del Banco Central, Alejandro Vanoli acaba de ser imputado por defraudación contra la administración pública porque se está timbeando en forma absolutamente irresponsable el dinero de todos los argentinos con el jueguito del dólar futuro. Le está causando un grave daño al patrimonio de todos los argentinos.
Pero Kicillof dice que todo eso son inventos de la prensa y las corporaciones que lo han llenado de barro para facilitar que vuelva el pasado del ajuste, la maxidevaluación y el estado ausente.
Hace dos meses yo le dije que Kicillof estaba devaluando la palabra y el peso.
Es imposible encontrar algún éxito en la gestión de Axel Kicillof. El colorado, sin ponerse colorado, levanta el dedito y cargado de soberbia, dicta cátedra como si fuera el mejor ministro de economía de la historia. Sin embargo es uno de los peores funcionarios que se sentaron en esa silla eléctrica. Todos los indicadores, absolutamente todos, son peores que hace dos años, cuando el camporita admirado por Cristina fue designado ministro.
En estos tiempos, se ganó el mote de “el más grande devaluador de la historia”. Es insólito, Axel quiere asustar a la gente diciendo que Cambiemos y Macri van a devaluar y este gobierno hizo que un dólar que estaba a 6 pesos pasara a 14 si tenemos en cuenta el dólar bolsa porque el paralelo ya superó la barrera de los 15.
Rogelio Frigerio dijo que Kicillof está haciendo pelota el mercado de valores y que se comporta como un cirujano con mal de parkinson.
Los Kici boys, como les dicen en el propio gobierno son tan altaneros como Cristina y tan ineficientes como la mayoría de los ministros. Pero esa megadevaluación negada que castiga ferozmente a los más pobres no es su peor defecto. Lo más grave es la devaluación de la palabra. El deterioro de la credibilidad de todos los indicadores sociales. Nadie cree en esa humillación de no querer medir la pobreza para no estigmatizar a los pobres. Pocas veces se dijo algo tan antipopular desde una voz presuntamente progresista.
El gobierno de Cristina y su mano derecha en la economía se retirarán al llano con menos carne, menos maíz, menos trigo y con todas las economías regionales quebradas. Un estudio de FADA asegura que el gobierno nacional se queda con el 94% de la renta de la producción agropecuaria. Es un milagro de prudencia responsable que no se hayan desatado conflictos más graves.
Por eso Cristina y Scioli perdieron por paliza en casi todos los distritos con raíces agropecuarias. Es lo que cosecharon Cristina y Axel después de sembrar mala praxis, ignorancia y autoritarismo.
Axel tiene una explicación para todo lo inexplicable. La culpa es de Clarín y de los buitres. Así de fácil y mentiroso. Hace cuatro años que no crece ni la economía ni el empleo privado. Las reservas son casi inexistentes. El superávit comercial se convirtió en déficit. Aumentó el déficit fiscal primario. La actividad industrial se cayó un 7%. Los muy piolas pagan una tasa de interés del 26% y Bolivia del 4 como mucho y aumentó la deuda pública con los acreedores privados.
No tienen un solo dato del que vanagloriarse y sin embargo se mueven como si fueran genios. El cepo sigue envenenando toda la actividad. Es un corset tan dañino como la convertibilidad. Cada vez que toman una medida es por capricho o por venganza. Destruyen la cadena de valor y consolidan la recesión.
El relato mentiroso y encubridor de los fracasos de su gestión se cayó a pedazos y el ministro más marxista de Groucho que de Karl, la ayudó bastante a Cristina en esa tarea tan nefasta y reaccionaria. Porque de eso se trata, ministro Kicillof. Un gobierno que se autotitula popular y progresista debería combatir la pobreza y no ocultar a los pobres hasta convertirlos en los nuevos desaparecidos. Porque las cifras más prudentes dicen que cuando asumió Cristina había 8 millones de pobres y que ahora hay, por lo menos, 12 millones. Dice Margarita Stolbizer que Cristina generó 95 pobres por hora en estos últimos tres años. Tal vez Kicillof no entendió bien. Lo que hay que multiplicar son los panes y los peces, y de ninguna manera los pobres. Un gobierno sensato debería apuntar a la pobreza cero. Ese debe ser el objetivo de todo gobierno que se precie de ser popular: pobreza cero.
Estigmatizar a los pobres es ignorarlos, hacerlos desaparecer de las encuestas y del interés del gobierno.
Vamos a decirlo con toda claridad. El ministro estrella de La Cámpora y el preferido de Cristina metió la pata hasta el caracú, como dicen en el barrio. Ya dijo una sarta de pavadas atómicas pero ninguna como esta. Ya nos pidió que nos quedáramos tranquilos que estaba todo estudiado. Pero la realidad dice otra cosa.
Una caída a pique del producto bruto, de las exportaciones, de las importaciones, de la inversión extranjera, del salario real y de los puestos de trabajo. Su mala praxis, señor Ministro ocultador de pobres, y devaluador de la palabra, tiró abajo todos los indicadores económicos. En todos los planos el país está mucho peor de cuando usted asumió lleno de ideología y con cero de experiencia en la administración pública. Bueno, cero de experiencia es una forma de decir. Porque en su momento mientras estudiaba supo trabajar con Jorge Capitanich en un libro y en el área de Domingo Cavallo, dos conocidos revolucionarios.
Por algo su agrupación en la universidad se llamaba Tontos, pero no tanto. Podríamos definir a los argentinos de la misma manera. Somos tontos pero no tanto. ¿No le parece, señor Ministro?
Mientras tanto, se da un teorema extraño en su relación con el poder. Mientras más fracasa, Cristina le da más premios. Mañana se va a Turquía. El peronismo y casi toda la sociedad, lo ven como el mariscal de todas las derrotas económicas. Son muchas las facturas que una parte de la sociedad le está pasando a este gobierno en las elecciones. Su autoritarismo, sobre todo. Pero la vida cotidiana muestra otro drama que genera desilusión en los ciudadanos. Como le dijeron a Bill Clinton, en su momento “es la economía, estúpido”.