El cáncer del odio – 3 de noviembre 2015

No es la primera vez que el cáncer es parte de la batalla política. Un sanguinario gorila escribió en una pared “Viva el cáncer”, mientras Eva Perón se estaba muriendo. Aquel suceso quedó incorporado a lo más nefasto de la historia argentina y como una demostración del poder destructivo que tiene el odio. El odio es peor que el cáncer. O mejor dicho el odio es el cáncer de la convivencia pacífica y republicana y del pluralismo democrático. El odio que han instalado los Kirchner para fracturar la sociedad y sojuzgarla es la herencia más maldita que van a dejar esta docena de años dañinos. Casi como una pirueta del destino, un ministro que presuntamente debería defender la salud pública utilizó la misma furia y la misma enfermedad para multiplicar el odio hacia Mauricio Macri e inseminar el terror en las venas abiertas de la sociedad. El doctor Daniel Gollán tardó más de seis horas en denunciar que su cuenta de Twitter había sido hackeada. O tuvo una feroz ineficiencia, o no le importó demasiado el tema o es una mentira grande como un ministerio. Lo cierto es que su intento repugnante de asustar a los enfermos de cáncer diciéndoles que piensen bien el voto porque los centros asistenciales oncológicos van a seguir funcionando solo si gana Daniel Scioli es de una bajeza y de una inmoralidad solo comparable a aquella frase contra Eva Perón. Gorila no es solamente aquel que odia al peronista en tanto peronista. Gorila es aquel que fomenta la utilización del odio y el terror en una campaña electoral.
El odio y el terror son dos venenos típicos de los terroristas de derecha y de izquierda. Los que matan en nombre de una fe o una idea necesitan fanatizarse para autojustificar semejante locura. Por eso apelan a odio y al terror. Son el cáncer de las sociedades democráticas y el caldo de cultivo de las dictaduras.
A esta altura importa poco si Gollán escribió o no esos 140 caracteres que hablan más de él que de Macri. Lo cierto es que los tuiters anteriores tienen el mismo concepto rector y anuncian cataclismos y tsumanis si llegara a ganar Macri. Es perverso y muy grosero que gente grande todavía tenga la impronta del infantilismo suicida de la guerrilla de los 70. Todos los kirchneristas, incluso los más moderados, conviven con Fernando Esteche, Luis D’Elía y Milagro Sala. El lenguaje que utilizan es jurásico y violento. Sus propuestas son chavistas en el sentido de Nicolás Maduro. Esto es, “vamos a las elecciones pero solo para ganar. Si perdemos llamamos a las fuerzas armadas y gobernamos en nombre del pueblo contra el imperialismo norteamericano”. A esta altura no los guía ni siquiera la ideología clasista. Son ladrones de cuarta que se niegan a dejar el poder. Utilizaron a los más humildes como escudos para robar fortunas. Las hijas de Hugo Chávez son megamillonarias y tienen todos sus dólares manchados en sangre en bancos de Europa. Sin embargo en Venezuela, los pobres se multiplicaron. ¿Le suena el caso Hotesur, Lázaro y Cristina un solo corazón? No fue un Milagro que en Jujuy ganara Gerardo Morales por paliza las elecciones. No fue magia. Fue la respuesta de la mayoría de la comunidad a la reducción a la servidumbre y a la estafa económica con que Milagro Sala trata a los más humildes y necesitados. Esa organización castrense maltrata a quienes dice defender.
Fernando Esteche ya estuvo preso por tirar bombas molotov e incendiar un local de la provincia de Neuquen. Ahora llama a resistir en la lucha callejera si Macri llega al poder. Lo dicho, igual que Maduro, se caga en la democracia. Es una democracia popular si ganamos y si perdemos es una democracia burguesa. No construyen ciudadanía. Abusan de la democracia para conspirar desde adentro.
Lo mismo pasa con Luis D’Elía y otros personajes menores. Dice ahora el piquetero antisemita que Macri es el candidato de los Estados Unidos y el águila imperial. Lo mismo que decía de Daniel Scioli hasta que Cristina lo designó candidato. Son propuestas guerreras que se esconden detrás de los pantalones de Scioli. Igual que Hebe de Bonafini. Ella trata de mierda y de mussoliniano al candidato que dice que hay que votar por orden de Cristina.
Cualquier líder político de verdad debería dejar bien en claro que opina del fantasma de la muerte por cáncer que enarboló Gollán o de las amenazas insurreccionales de Esteche o D’Elía. Si Daniel Scioli no se saca esas mochilas de encima seguirá perdiendo votos. No conozco gente sensata que tenga entusiasmo por votar a un candidato apoyado por estos personajes antidemocráticos. Se equivoca Scioli si cree que todo suma. Se equivoca en no tomar distancias de los talibanes. Abre las dudas razonables de muchos ciudadanos que se preguntan cómo va a gobernar si gana la elección si ahora en la campaña no puede no sabe o no quiere controlar el revanchismo de Cristina o los brulotes de los Gollán, Esteche y compañía. El dicho popular plantea con sabiduría que con amigos asi, Scioli no necesita enemigos. De hecho Macri no responde y deja que crucen esos rayos y centellas. El arquitecto Julio de Vido, un corrupto de magnitud, está a días de que se descubra la forma en la que manejó con coimas la obra pública. Se prometen arrepentidos y aporte informativo internacional. Sin embargo caracteriza de mosca a Florencio Randazzo que demostró que le quedaba dignidad, un bien tan escaso en estos días. Víctor Hugo Morales confiesa que tiene ganas de vomitar sobre Jorge Lanata y dice que Héctor Magnetto es un cáncer moral. Otra vez el cáncer. Horacio Verbtisky acusó a Mauricio Macri de pedófilo, sin una sola prueba. ¿No será mucho?
Aníbal Fernández sique dictando cátedra como si hubiera salido campeón del mundo y fue el collar de tractores que hundió al peronismo en la peor actuación de su historia moderna. Hasta un ex amigo suyo como el doctor José Pampuro salió a decir poco menos que Aníbal quiere que todos los peronistas pierdan para disimular su derrota. O que lo de Gollán es inmoral e imperdonable. Pampuro lo dijo con 42 años de peronista republicano, como sciolista, como médico y como paciente que está enfermo de cáncer. ¿De qué van a acusar a Pampuro? ¿De gorila pro imperialista al servicio de las corporaciones mediáticas? Son muchos los funcionarios como él que huyeron del lado de Cristina: Lavagna, Alberto Fernández, Sergio Massa, Rafael Bielsa, Randazzo y siguen las firmas. ¿Todos son traidores o en algún momento se dieron cuenta del liderazgo tóxico, maltratador y verticalista que genera Cristina y resolvieron hacer rancho aparte?
Intentar meterle miedo a una sociedad no es de patriotas. Es de perversos. Asustar con el fantasmas del cáncer es de gorilas anti populares. Por eso Gollán tiene que renunciar ya mismo. Ni Evita ni Macri se merecían lo que pasó. Una democracia desarrollada y republicana nos obliga a extirpar el cáncer del odio. Y hacerlo antes de que haga metástasis en todo el cuerpo social.
Seremos una patria de verdad cuando todos gritemos que viva la democracia y que mueran el odio y el cáncer. Todo tipo de cáncer y todo tipo de odio.

Leuco no pone la otra mejilla – 2 de noviembre 2015

El señor Edgardo Litvinoff publicó en el diario La Voz del Interior del 30 de octubre una columna titulada: “La década del periodismo perdido”. Allí en medio de algunas obvias reflexiones sobre nuestro maravilloso oficio, me sacude un inesperado cachetazo conceptual al compararme con Víctor Hugo Morales. Reconozco que me dolió. Y que no soy de poner la otra mejilla. Dice el señor Litvinoff que durante el kirchnerismo se instaló “la inutilidad de mirar los hechos desde el equilibrio” y se fomentó “exacerbar nuestras inclinaciones donde la prudencia era una tibieza de pusilánimes que debían ser expulsados del paraíso por no sobreactuar o gritar una postura” y agrega, “como si no hubiese matices, como si la opción fuera solo Víctor Hugo Morales o Alfredo Leuco”.
Me sorprendió que me atrapara en una nueva y falsa teoría de los Dos Demonios. Equipara un estado poderoso con un cronista de a pié. Me coloca a la misma altura moral y profesional con un “periodista de estado” que relató un relato que le redactaron en el gabinete de Cristina a cambio de verdaderas fortunas que, a modo de pauta publicitaria, pagamos todos los argentinos y sobre todo, los más pobres.
Con Victor Hugo, somos el agua y el aceite no solo en la valoración de estos tiempos de megacorrupción de estado y autoritarismo. También en el lugar que cada uno eligió para desarrollar su tarea.
Para mi fueron años en la actividad privada, en los que jamás recibí un peso del estado en carácter publicitario, donde corrí todos los riesgos personalmente.
Es por lo menos injusto comparar a alguien que en su programa en canal 9 no logró ni los mínimos niveles de audiencia y solo se mantuvo por un arreglo entre el gobierno y la emisora. O que escribe en un diario cuya venta resultó insignificante pero que se mantuvo con el pulmotor de fortunas que recibieron mensualmente como si fueran subsidios directos a la crónica obsecuente. Ni hablar de los millones que también pagamos todos por sus participaciones en Telesur, el canal del chavismo.
Por suerte no tengo nada que ver con este gobierno extorsionador ni con Victor Hugo Morales a quien considero el ícono de la malversación de nuestro trabajo que es dar la información más rigurosa posible y opinar con absoluta libertad e independencia.
Tal vez no le guste mi trabajo, mis formas o mis pasiones a Litvinoff. Está en todo su derecho. A mí tampoco me gustan las de él. Pero no hay mentiras en lo que digo, respeto religiosamente los hechos, y pongo la cara porque creo que aquí se quiso pisotear la libertad que es el principal insumo de las sociedades democráticas y de los medios de comunicación.
El gigantesco aparato de propaganda del estado y su utilización para atacar y agraviar a periodistas que no se arrodillaron frente al altar de Cristina, no registra antecedentes desde 1983.
Los periodistas que por razones profesionales eran más conocidos, sufrieron (sufrimos) todo tipo de presiones y humillaciones que denunciamos en dos oportunidades en varios organismos internacionales.
Por eso no quiero hacer de esto una defensa personal aunque reconozco que me asombró la liviandad del análisis de Litvinoff. Creo que hablo en nombre de varios colegas que dignificaron esta profesión gritando más fuerte que nunca porque nunca tuvimos un intento tan planificado de control y sometimiento de los medios.
Hay que preguntarle qué opina a Magdalena Ruiz Guiñazú y Nelson Castro. Sus retratos fueron escupidos por la militancia K .Invitaban a los chicos a que hicieran los mismo. ¿O que sintió Joaquín Morales Sola, entre otros colegas, cuando Hebe de Bonafini ejecutó “un juicio en una plaza pública” y llamó a escrachar a esos “golpistas”. Sembraron vientos musolinianos y recogieron tempestades electorales.
Lamentablemente está fallecido, pero Pepe Eliaschev tragó mucho veneno cuando lo echaron como un perro de radio Nacional y lo condenaron a la Siberia del ninguneo.
Fernando Bravo y quien les habla, salimos de la radio y nos esperaban 300 personas con palos y algunos con el rostro tapado al grito de “Que suene el bombo/ que suene el tamboril/ que Fernando Bravo y Alfredo Leuco/ se tienen que morir. Fue hace 5 años, cuando murió Néstor Kirchner y tuvimos que salir custodiados por la policía como si fuéramos delincuentes.
Hay que preguntarle a Luis Majul al que internaron con inspecciones integrales de la AFIP utilizada como instrumento de castigo. O a los cronistas que fuimos espiados y vigilados por la nueva y la vieja SIDE, violando leyes y nuestra intimidad.
Podría nombrar cientos de agresiones y provocaciones callejeras y desde los medios del Oligopolio kirchnerista oficial y privado en los que Victor Hugo llenó sus bolsillos y alquiló su pensamiento.
Yo diría que estos 12 años no fueron los del “periodismo perdido”. Fue el período democrático donde la libertad de expresión estuvo en peligro. Es cierto que pude haber cometido errores o exageraciones típicas de la pasión con la que ejerzo este hermoso laburo. Pero padecí una paliza feroz en pleno centro de la ciudad por parte de 4 delincuentes que se movían en dos motos. Y el arquitecto De Vido por orden de Néstor Kirchner nos hizo echar a Marcelo Longobardi y a mí para censurar el programa que con éxito hacíamos los domingos a la noche por televisión.
Ni que hablar de los aprietes a los empresarios privados para que no colocaran publicidad en los espacios en los que trabajé. O los grupos de tarea de blogueros intentando demoler con un plan sistemático mi reputación y, ahora, la de mi hijo. Basura enviada desde el gobierno con forma de 140 caracteres.
No se puede analizar estos tiempos de cólera como si hubiéramos hecho periodismo en Suiza. La perfección del equilibrio justo es una utopía a la que debemos aspirar, pero hay momentos en la historia donde se debe colocar como prioridad la resistencia a que tu país se convierta en Venezuela. Y estuvimos muy cerca.
Me serví de un concepto del Talmud para pararme con ética en mi oficio. Allí dice que nuestra tarea debe ser incomodar a los cómodos y acomodar a los incómodos. O como decía Albert Camus, el buen periodista, además de respetar a rajatabla la rigurosidad de los hechos debe ser fiscal del poder y abogado del hombre común.
Debo haber cometido muchos errores. Ninguno a sabiendas como para caer en la teoría de la Real Malicia. Hay una ética de la frente alta y las manos limpias que llevo adelante con orgullo familiar. Hay muchas opiniones que reconozco polémicas y que producen debate y confrontación de ideas. Pero son pensamientos propios, nadie me los dicta. No alquilo ni vendo mis neuronas. Hay espacio para criticarme con toda la dureza del mundo porque yo juego fuerte y me banco que otros me juzguen con la misma firmeza. Bienvenida su crítica, señor Litvinoff. Pero no puedo admitir que me compare y me pongan a la misma altura de Víctor Hugo Morales. Jamás me habían ofendido tanto. Y ya le dije, no soy de los que ponen la otra mejilla.

Mas Cristina que nunca – 30 de octubre 2015

Cuatros discursos al hilo y tres horas hablando sin parar alcanzaron para confirmar que la Presidenta está fuera de su eje y no logra digerir que el 11 de diciembre volverá al llano. Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio. Cristina estableció un record mundial: hizo campaña para el oficialismo pero no nombró ni una sola vez al candidato Daniel Scioli. Puede parecer anecdótico, pero es una muestra más del tamaño del despropósito y los niveles de altanería en los que Cristina está encerrada. ¿Quiere ganar la elección sin nombrar al candidato? ¿Piensa igual que Hebe de Bonafini que dijo que Scioli es como el aceite de castor que le daban los padres cuando era chica? :” no nos gusta, no lo queremos pero hay que votarlo” ¿Quién eligió a ese candidato innombrable? ¿Quién es la responsable de haber fracasado en la construcción de un candidato que la represente? ¿O se siente tan perfecta que es imposible que alguien esté a su altura? La Constitución le prohíbe a Cristina presentarse de nuevo, pero ella no lo puede procesar. Por eso ahora dice que el candidato es el modelo o el proyecto que dicho sea de paso está haciendo agua por los cuatro costados. Tal vez Cristina estaría feliz con una boleta que dijera “Frente para la Victoria de Cristina: vote Daniel Proyecto Presidente y Carlos Modelo Vice”. Varias veces dijo que no importan los nombres, como si la democracia fuera una máquina de números fría y deshumanizada. Pero después le ponen Nestor Kirchner a todos. Menos mal que no importan los nombres.
Es tan grande la hipocresía de la presidenta que dijo que su espacio político es el único que no cambia. Que no dice una cosa un día y otra cosa otro día. Ese fue el momento más bizarro. Uno no sabía si reír o llorar. El peronismo en general y los Kirchner en particular han sido los campeones mundiales de decir una cosa y hacer otra. O de acomodarse a los nuevos vientos. O de inventarse un pasado. Criticó a los que callaron con la dictadura y el matrimonio presidencial solamente hizo papelones y agachadas durante esa época donde construyeron la primera parte de su fortuna embargando a deudores hipotecarios y con la lógica del usurero, mientras otros abogados se jugaban la vida presentando habeas corpus por los desaparecidos y defendiendo presos políticos. No hay un solo documento, una declaración, o un video donde Cristina haya expresado su repudio a los terroristas de estado. Y no solamente durante la dictadura. Bien entrada la democracia, con Néstor intendente y gobernador, pasó mucho tiempo hasta que abrieran la boca sobre el tema de los derechos humanos. Es increíble que Cristina se engañe tanto a sí misma. Fustiga con ferocidad a otros por lo mismo que hizo ella. Siempre la paja en el ojo ajeno.
Ni que hablar del tema Menem. Acusan de noventista a Mauricio Macri y eso suena como un intento brutal de engañar a la gente. Hay 7 elecciones en las que los Kirchner compartieron boleta con Carlos Menem mientras Macri estaba afuera de la política. Es famoso el discurso de Néstor en el aeropuerto de El Calafate elogiando al riojano hasta el límite de compararlo con Perón, algo que aún hoy, produce vergüenza ajena. Son demoledores con economistas macristas a los que acusan de “Cavallistas” y ellos fueron los mejores alumnos de Domingo Cavallo y por eso recibieron los famosos fondos de Santa Cruz que se evaporaron en el aire en uno de los escándalos de corrupción más graves desde el retorno de la democracia. Además, Cristina dijo que era amiga de Cavallo cuando le pregunté en mi programa de televisión a quien iba a apoyar en la interna del justicialismo porteño. Tengo el video y lo voy a mostrar. Ella misma pidió anoche que se mostraran las filmaciones con las contradicciones de los dirigentes. Le voy a dar el gusto.
Ni que hablar del tema YPF. Mil veces se dijo que fue Oscar Parrilli el miembro informante en el Congreso para la privatización. No fue Macri, fue Parrilli. No fue Gabriela Michetti, fue Néstor.
Además de un diccionario de la hipocresía y la soberbia, el cuádruple discurso de Cristina mostró su falta de información y un mal manejo de la ironía. Quiso gastar a María Eugenia Vidal y a su esposo Ramiro Tagliaferro porque son un matrimonio y porque, según ella, los opositores denostaban la presencia de los jóvenes en la política. Y ambos son jóvenes. Dos aclaraciones. Primero, no conozco a nadie que haya criticado a La Cámpora por ser jóvenes. Eso es pura imaginación y expresión de deseos de Cristina. Los cuestionamientos son por su condición de ñoquis aplaudidores y autoritarios que se organizan alrededor de los privilegios del estado y no de la solidaridad hacia los que menos tienen.
Encima dijo dos veces que María Eugenia tenía 36 años. ¿Quién la informa a Cristina? ¿El Indec? Es muy joven pero tiene 42 años. Pero lo más grave fue lo que Cristina no dijo. Hacer desaparecer de su discurso a Scioli es humillante para su propio candidato, insisto, elegido por ella. Se burló de Tagliaferro porque ganó la elección en Morón y no dijo una palabra sobre las derrotas de Martín Sabbatella y Aníbal Fernández en sus distritos y en toda la provincia. Cristina no dijo nada del hecho político más importante. No sabemos lo que opina de una de las peores actuaciones del peronismo en toda la historia. Cualquier periodista le hubiera hecho primero esa pregunta:
¿Quién cree usted, que es el o la responsable de semejante debacle electoral? ¿Cómo dice, doctora? No la escucho. ¿Usted reconoce algún error en ese aspecto? ¿Fue Scioli o Aníbal? ¿O fueron los ciudadanos argentinos los que se equivocaron porque son unos tontos y se morfaron la televisión como dijo usted en otro momento?
Cristina adelantó el futuro. A muchos nos inquietaba la posibilidad de un doble comando en el caso de que Scioli se consagrara presidente. Nos preguntamos varias veces ¿Quién va a gobernar? ¿Cristina desde El Calafate o Daniel desde la Casa Rosada? Ese probable doble comando se adelantó y ayer quedó patente y patético un doble comando de campaña. Fuego amigo, como diría Aníbal. Esquizofrenia política. Scioli en Tucumán con su escudo de fieles gobernadores y Cristina en la Rosada con su tropa verticalista y obsecuente.
Ese doble comando es la confirmación de una personalidad bipolar de terremotos anímicos que no admite dejar el poder. Ese reto permanente que Cristina les da a los argentinos es uno de los motivos del hartazgo social que se tradujo en los votos castigo del domingo. Scioli para salir del laberinto por arriba dijo que iba a ser más Scioli que nunca. Y se apareció Cristina, más Cristina que nunca.