¿Macri presidente? – 29 de octubre 2015

“Se siente/ se siente/ Macri presidente”, cantaban los jóvenes de Cambiemos el domingo a la noche. Los globos ya no eran amarillos. Se habían transformado en celestes y blancos y en el escenario, además de Macri, estaban el Ernesto Sanz, el jefe del radicalismo y Elisa Carrió. ¿Se hará realidad esa expresión de deseo de los muchachos? Si se llegara a confirmar,¿Esa coalición política alcanza para gobernar? ¿Qué debería sumar Macri rumbo al 22 de noviembre cuando 40 millones de argentinos decidamos el destino del ingeniero, actual jefe de gobierno, y el rumbo de nuestro país?
El análisis de lo que puede venir siempre debe empezar por los datos más rigurosos que dispongamos. Macri sacó 8.382.000 votos. Primer dato duro. Scioli sacó 618 mil votos más que Macri y ganó la elección y, sin embargo, todos lo ven como el perdedor. Es que se suponía que Daniel Scioli iba a ganar por un porcentaje mayor y que incluso, se podía consagrar presidente ese mismo día en primera vuelta. Nada de eso sucedió. La soberanía popular produjo una hecatombe y modificó totalmente el escenario. Barajó y dio de nuevo.
Scioli sacó menos votos que en las primarias. Macri se acercó muchísimo y tanto Cristina como Aníbal fueron fuertemente castigados en las urnas al punto de haber sido los responsables de la peor actuación electoral del peronismo desde 1962.
Para decirlo en criollo: se cayó a pedazos el sueño de Cristina eterna y quedó seriamente cuestionado el liderazgo de Daniel Scioli. ¿Eso significa que Macri ya ganó y que el 10 de diciembre recibirá la banda presidencial? De ninguna manera. Si algo demostró el comicio del domingo es que nadie tiene los votos atados y que la sociedad tiene un grado de madurez que la lleva a votar con un criterio inteligente y estratégico del que carecen muchos presuntos dirigentes.
Es cierto que Macri quedó en mejor posición. Por el envión de entusiasmo de los ciudadanos que se sentían asfixiados por el autoritarismo y el ladriprogresismo cristinista y por la impresionante actuación de María Eugenia Vidal. Es verdad que puertas adentro de Cambiemos se cerraron todas las brechas posibles y hay una fuerte cohesión detrás de la fórmula Macri-Michetti. Y se nota con mucha claridad que el Frente para la Victoria se llenó de dudas, discusiones internas y se abrieron varias grietas.
Pero todo esto tampoco garantiza la victoria de Macri. Hay 7 millones 800 mil argentinos que no votaron ni a Scioli ni a Macri. Es correcto lo que dice Sergio Massa en el sentido que el 65% voto por el cambio o, dicho de otra manera: por que no siga el kirchnerismo en el poder. Pero eso no es un cheque en blanco para Macri. Los 5 millones de argentinos que votaron a Massa son el principal universo que tienen que seducir los dos que llegaron a la final. Y se supone que el votante de Massa, en general, tiene un alto componente anti cristinista pero también siente simpatías por el peronismo. De hecho Massa, Lavagna y José Manuel de la Sota son peronistas pero profundamente anti cristinistas. Este es el corazón del debate. Esta es la incógnita más grande. ¿Qué harán estos argentinos que se han convertido en el fiel de la balanza? Son los árbitros de la final.
Creo que depende de cómo se comporte de ahora en más Mauricio Macri. De su capacidad y humildad para representar sus reclamos. De la muñeca política que tenga para tejer acuerdos de agenda de estado y también, porque no, mostrar su generosidad para ofrecerle cargos a un sector de la sociedad que no lo eligió como primera opción pero que es absolutamente imprescindible para ganar, primero y para gobernar después. Está obligado a construir una mayoría electoral y legislativa que no tiene.
Aquí es donde tienen que aparecer las condiciones de estadista de Macri. Su capacidad de liderazgo amplio y sin sectarismos. Su vocación transformadora y su generosidad para sumar funcionarios de todos los colores. Hasta ahora, Macri tiene demostró que posee esas virtudes. No es dogmático ni cerrado. De hecho en su propio partido convive gente nacida y criada en el Pro pero también peronistas como Diego Santilli o Cristian Ritondo con radicales como Hernán Lombardi. Ya anunció además que el futuro ministro de justicia si gana será Ernesto Sanz. Y no hay dudas que Alfonso Prat Gay también tendrá un lugar destacado en el gabinete.
Pero con eso no alcanza. Macri no llega haciendo la plancha sobre esta ola de euforia que tal vez en 15 días no sea tan potente. Tiene que generar hechos políticos de impacto. Anunciar todo su equipo de colaboradores, por ejemplo. Y decir con toda claridad cuáles serán sus primeras 20 medidas y como las va a llevar adelante con pelos y señales. Bien concreto. Se acabó el tiempo de la sanata y las generalidades. Algo de eso es lo que le reclama la fuerza que lidera Sergio Massa en su documento: definiciones. Le piden que perfile su probable gobierno desde ahora. Que ponga a Elisa Carrió en el lugar de máximo poder para ayudar a encarcelar a los corruptos que se robaron el dinero del pueblo en estos 12 años, que sea capaz de sumar técnicos experimentados a los de su propio equipo para hacer un gigantesco plan que combata a los narcos y la inseguridad que nos hiere todos los días, que dinamite todos los cepos y la inflación y fortalezca el aparato productivo agroindustrial y que lleve adelante una verdadera revolución educativa que nos coloque nuevamente entre los más prestigiosos del mundo y fomente la igualdad de oportunidades.
Y todo esto en el marco de la máxima libertad, pluralismo y convivencia pacífica.
No es fácil pero es necesario. No es magia y hay que ponerse a trabajar desde ahora. Muchas de estas demandas mayoritarias de los ciudadanos se pueden empezar a satisfacer con solo anunciar los hombres adecuados en cada cargo. Ya le puse un par de ejemplos. Si Sanz estará a cargo de la justicia sabemos que se comportará con equidad y actitud republicana. Que no va a intentar domesticar a jueces ni fiscales. Lo mismo con Carrió o Prat Gay. Ya se sabe que piensan y que son dirigentes capacitados. Si eso se repite en cada uno de los rubros, si Mauricio Macri saca a relucir su conducta de hacedor y los motivos que hicieron valiosa su gestión en la ciudad, se estará acercando a su objetivo. Si se duerme sobre los laureles y no comunica la energía del cambio que propone, la cuestión le será más difícil. En las próximas elecciones no contará con la boleta de María Eugenia que tanto le aportó ni con la de Aníbal Fernández que tanto hundió a Scioli. Esta vez es Macri y Gabriela Michetti contra Scioli y Carlos Zannini. Y el rol de los vice presidentes también es algo que debe ser aprovechado. Michetti y Zannini son los símbolos de dos Argentinas. Ella representa la ética republicana y el diálogo generoso con todos. El representa la matriz corrupta del kirchnerismo y el chavismo que no fue.
Todas las cartas están sobre la mesa. Nadie tiene el partido ganado hasta que termina de contarse el último voto. Macri está más cerca. Es verdad. Pero todavía no ganó nada. Debe evitar el triunfalismo y la soberbia. Tiene mucho por hacer si quiere que ese cantito y expresión de deseos de sus jóvenes militantes se convierta en realidad y finalmente Macri, sea presidente. Nada está dicho. Macri está más cerca. Pero todavía le falta mucho.

Nació una estrella – 28 de octubre 2015

María Eugenia hace menos de dos meses apagó las 42 velitas de una torta familiar y cumpleañera. Pidió tres deseos y como corresponde no se los contó a nadie. Pero es muy fácil adivinar que uno se le cumplió el domingo pasado: se consagró como la primera gobernadora mujer de la provincia de Buenos Aires. Entro en la historia. Eso más que deseo fue un milagro de la nueva política. Mariú, como le dicen, deberá gobernar el distrito más importante, el que explica casi el 40% del padrón y que por eso es el segundo lugar más importante y poderoso de la Argentina después del presidente de la Nación.
¿Quién se iba a imaginar que esa típica hija de la clase media de la movilidad ascendente iba a llegar donde llegó? Jamás se le había cruzado por su cabeza en su casa del barrio de Flores cuando vivía con José Luis, su padre cardiólogo y Norma, su madre empleada bancaria. Siempre fue una alumna ejemplar. Siempre la acusan de ser demasiado perfecta y políticamente correcta. En el primario y el secundario del colegio de la Misericordia tuvo notas sobresalientes. En la Universidad Católica Argentina donde se recibió de licenciada en Ciencias Políticas empezó a soltarse un poco. Allí hasta se atrevió a contestarle a una profesora de Sociología que le preguntó de que se reía: “De sus zapatos galácticos”, contestó la niña de aspecto angelical y cabello llovido. En esas aulas formó su personalidad tan cercana al pensamiento de la iglesia y conoció a Ramiro Tagliaferro quien es su esposo, el padre de sus tres hijos y el intendente electo de Morón. Ella está en contra del aborto porque dice que ninguna mujer quiere hacerse uno y porque “existe la vida intrauterina”. Igual que los curas villeros por donde frecuentó mil veces con su incansable trabajo social, está en contra de la despenalización de la droga porque dice que este país no es Suiza y primero hay que instalar que eso es un veneno que mata sobre todo a los más humildes como piensa en Papa. Si estuvo de acuerdo con el matrimonio igualitario y lo defendió desde la no discriminación.
Cuando habla de sus hijos se le ilumina todavía más la cara. Llama “mis tres soles” a Pedro, Camila y María José.
Se permitía de adolescente disfrutar de los Redonditos de Ricota, banda de la que es fanático Aníbal Fernández a quien derrotó electoralmente y lo dejó casi casi a las puertas de la jubilación política. También disfruta de Charly y en una época de Fito Páez. No sabemos si ahora Fito también sentirá asco por los más de 3 millones y medio de bonaerenses que votaron por ella. La “facu” y la política le metieron el maravilloso bichito de la lectura. Nunca hay menos de 5 libros sobre su mesa de luz y cuando tiene un minuto libre prefiere alquilar una película y disfrutar en familia. Hizo campaña con su carisma y su mirada de mujer buena y con unos mates que compartió con la gente. Más de un año se la pasó recorriendo los pueblos más lejanos y rurales de la provincia y los más desiguales del Conurbano. Tocaba el timbre. Y si la invitaban se quedaba a charlar con la familia y los amigos explicando las virtudes de su padre político, del que más confió en ella: Mauricio Macri.
Así puso ladrillo sobre ladrillo en ese palacio gigantesco que es su gobernación electa. A su partido lo acusan de marketinero, de inflar globos de colores, de apelar a los laboratorios de los encuestadores y sin embargo ella hizo la práctica más sencilla, directa, efectiva y humana de la militancia: el cara a cara. El abrazo y la mano tendida. Poner la oreja todo el tiempo para escuchar los dramas y las desigualdades e imaginar soluciones al más corto plazo político. Claro que no era una improvisada en las acciones sociales y solidarias. Lo hizo siempre desde que era estudiante y en fundaciones como el grupo Sophia, fundado por Horacio Rodríguez Larreta que nucleó a muchos jóvenes que hoy son ministros.
María Eugenia parece sencilla y lo es. Pero es profunda y su presencia genera un impacto de buena onda apenas aparece. Es un caso raro de la política porque llena todos los casilleros. Es muy buena expositora en televisión y radio. Explica en forma simple los problemas más complejos. Como se dice en la jerga. Da bien por televisión y rinde en el rating. Despierta interés y empatía cuando habla. Pero además es conocida como una buena administradora y por el coraje que tuvo al enfrentar situaciones de alto riesgo como las tomas del Parque Indoamericano y el Avellaneda. Tiene personalidad y a su vez mano suave, cristiana y femenina para acercarse a los que más necesitan. Fue una buena concejala a los 32 años, una ministra de Desarrollo Social valorada y en la fórmula con Mauricio llegaron al 64, 2% de los votos en la segunda vuelta de la reelección del Pro en Capital. Tiene vocación y disciplina y por eso aunque siempre fue una jugadora mediocre de vóley, fue a transpirar al gimnasio para bajar varios kilos de más que tenía encima.
Muchos la discriminan y con prejuicios machistas dicen que no va a poder gobernar semejante provincia. La policía bonaerense, el narcotráfico, el paco, el hambre, las inundaciones, la marginalidad, los hospitales y las escuelas. Buenos Aires es un país complejo más grande que muchos países. Es un mundo aparte. Pero ella se tiene fe. Dice que se va a rodear de los mejores colaboradores sean o no de su agrupación y asegura que va a superar ese desafío monumental.
María Eugenia es la gran aparición política de estas últimas elecciones. Derrotó a un sachet de peronismo bonaerense como Aníbal Fernández, sacó 450 mil votos más que Macri y ayudó a pasar a retiro a varios intendentes jurásicos que se creían reyes eternos y fueron incapaces de construir cloacas para los más necesitados. Nació una estrella. Es la contracara de tanto ladrón y patotero. Las redes sociales decían que en Buenos Aires se enfrentaron la bella y la bestia. Cuando puede y puede poco, sueña con descansar con su familia en Puerto Madryn, junto a ballenas y pingüinos y los padrinos de sus hijos que viven allá. Su hermano Nicolás fue siempre un gran apoyo. Este domingo, Franco Macri, el padre de Mauricio, le regaló un ramo de rosas con una tarjeta que decía: “siempre creí en la genialidad de las mujeres”. Tal vez sea una premonición.
María Eugenia Vidal promete renovar todo y hacer que amanezca otra manera de hacer política. No es poco. El tiempo dirá. Es una utopía que ojalá se cumpla. Es por el bien de todos. Y para mal de ninguno.

Aníbal fue Herminio – 27 de octubre 2015

Muchos han dicho que Aníbal Fernández fue el Herminio Iglesias de Daniel Scioli. Y tienen razón. Se refieren por lo menos a tres situaciones.
A la quema de un féretro con el escudo del radicalismo en el acto de cierre de Italo Luder en el 83. Eso indignó a la mayoría de la sociedad que venía del horror del terrorismo de estado. Dicen que fue la gota que terminó de consagrar el triunfo electoral de Raúl Alfonsín. También se lo puede asociar al resultado electoral porque el peronismo no perdía en la provincia de Buenos Aires desde aquella elección en que el huracán alfonsinista llevó a la gobernación a Alejandro Armendáriz. Herminio perdió pero lo de Aníbal Fernández fue peor porque el caudillo de Avellaneda sacó casi tres puntos porcentuales más que los modestos 37 del patrón del mal de Quilmes.
La otra forma de vincularlos era la mala imagen de ambos que fueron asociados a situaciones de violencia patotera y corrupción.
Más allá de las comparaciones históricas lo cierto es que Aníbal Domingo Fernández, (alias) “La Morsa” cargará por años sobre su espalda la cruz de haber hundido al peronismo en la peor actuación electoral de su historia. De eso es difícil volver. Aníbal perdió en su distrito cervecero y recibió una paliza como gobernador frente a una mujer joven de poca experiencia y funcionaria porteña como María Eugenia Vidal. Pero eso no es lo más grave. Lo peor es la factura que le están pasando varios intendentes y el candidato presidencial que creen, con razón, que la mochila de piedras de Aníbal bendecida por Cristina, los hundió en la hecatombe electoral. Y hay datos para probarlo. Ya las encuestas decían que Aníbal estaba entre los dirigentes de mayor imagen negativa de la Argentina. Pero la realidad de los números dice que su boleta cosechó 320 mil votos menos que Scioli. Y eso que en su soberbia había dicho que iba a ganar por 10 puntos y hasta se atrevió a apostar un chancho a algunos periodistas.
Alguien que se cree un peronista de libro es el responsable de la mayor derrota de ese partido en lo que se conoce como la provincia madre del peronismo. Hasta en Berisso, de donde salieron las columnas obreras el 17 de octubre para apoyar a Perón, perdió el candidato justicialista y ganó un radical la intendencia. ¿A qué se debe tanto desprestigio social y político? ¿Cuáles fueron los errores que Aníbal cometió? Según sus declaraciones, él no se equivocó en nada. Hizo cero autocrítica. Contra las cuerdas, solo atinó a poner las responsabilidades afuera. Le echó la culpa a Jorge Lanata y su periodismo de investigación, a canal 13 y al fuego amigo, a dirigentes peronistas que lo traicionaron. No se sabe bien a quien se refirió. Algunos dicen que habla de Daniel Scioli y Ricardo Casal que abrieron dos veces la puerta del penal de General Alvear para que las cámaras registraran al preso Martín Lanatta que vinculó a Fernández con la droga y el triple crimen de General Rodríguez. Después a aparecieron imágenes de otras dos personas allegadas al fracasado candidato a gobernador intentando comprar y dar vuelta el testimonio del detenido.
Otros creen que Aníbal se refirió a sus competidores en la interna. Tanto a Julián Domínguez como a Fernando Espinoza que menearon el tema de su vinculación con los narcotraficantes y la maldita policía y sugirieron siempre que eso lo hacían por encargo del Papa Francisco. Ahora dicen que el Santo Padre puso el grito en el cielo de la alegría cuando se enteró del triunfo de Cambiemos en Buenos Aires. Y eso que su corazoncito es peronista.
Hasta su compañero de fórmula, el neofrepasista Martin Sabbatella, incineró su viejo capital político en el altar de Cristina. Perdió por más de diez puntos en Morón, el distrito que gobernaba hace años. Y fue su hermano el candidato derrotado.
¿Qué dirá Fito Páez que apoyó en forma explícita a ambos? ¿Le producirán asco también los bonaerenses como en su momento los porteños? Hay que recordar que Hebe Bonafini también salió a bancarlo con entusiasmo y a contramano de la nula historia de Aníbal en defensa de los derechos humanos.
El voto en contra de Aníbal fue de una conciencia democrática y republicana que demuestra la madurez de un amplio sector del pueblo bonaerense. Se rechazó todo lo que ya se dijo: prepotencia, soberbia y relaciones fuertes con el flagelo de las sustancias prohibidas. También se castigó esa suerte de impunidad para decir cualquier cosa y agredir a todos y todas y pensar que es gratis. Todas las mañanas quien se creía el más vivo de los funcionarios, dictaba cátedra frente a un grupo de colegas. Con cierta gracia chicanera repartía sanciones verbales y descalificaciones como si fuera el vocero de una reina. Dijo barbaridades que en algún momento iban a ser sancionadas. Humilló incluso a los peronistas cuando dijo que la marchita se la pierdan en donde usted ya sabe. Groserías y mentiras de todo tipo. Las más tristemente célebres son que la inseguridad era una sensación, o que en Alemania hay más pobres que en Argentina. Lo de hoy fue insólito. Como si lo hubieran dejado afuera de todo. Anunció que el feriado del 23 no se iba a modificar y una hora y media después dijo todo lo contrario. ¿No será mucha desautorización?
A esta altura Aníbal Fernández entró en la historia como el culpable junto a Cristina de haber empujado al peronismo al peor de los mundos. Después de 12 años en el poder de la Nación y 28 en el gobierno de la provincia, su nombre y apellido serán sinónimo de un peronismo que tocó fondo y que vuelve al llano con más deudas al pueblo que cuando llegó. Hay que hacer muchas macanas juntas y no escuchar las advertencias de nadie como para dilapidar tanto capital político. Es que cruzó la raya y pasó de lo bizarro a lo patético. Se pasó de rosca. Ya tiene el estigma de piantavotos. El domingo los votos soberanos hirieron de muerte política al cristinismo. Le pegaron un balazo en el corazón de su ADN que es la provincia de Buenos Aires. Es el pronunciamiento de los ciudadanos. En esto el Papa no pudo hacer nada pero los votos son Vox Dei, Vox Populi, la voz de Dios, la voz del pueblo. Hoy Aníbal llegó al colmo. Dijo que Dios no quiere cosas puercas y por eso castigó en sus propios distritos a los que lo traicionaron. Elemental Watson. Si Dios castiga haciendo perder a los malos en las elecciones quiere decir que el entra dentro de ese grupo de castigados.
Muchos de sus compañeros del justicialismo quieren que Aníbal de un paso al costado y presente la renuncia. Pero nadie se atreve a decírselo de frente. Ya no los respetan. Pero muchos, todavía le tienen miedo. Aníbal, en eso también se parece a Herminio.