Cristina lo hizo – 26 de octubre 2015

Fue ella la que eligió a Daniel Scioli porque no tuvo más remedio y lo rodeó de mochilas de piedras como Carlos Zannini, Aníbal Fernández y los camporitas. Y encima lo intoxicó de órdenes y cadenas nacionales.
Fue ella la responsable de su fracaso más rotundo que es el de no haber podido parir una herencia o una sucesión política a su imagen y semejanza. Concentró tanto el poder y condujo con tanta mano de hierro que pisoteó todos los brotes y no permitió que surgiera ningún recambio dentro del Frente para la Victoria.
Fue ella la que hizo gala de un autoritarismo lindante con la monarquía. La que armó todas las listas de candidatos según quien era más leal y obsecuente y no de acuerdo a sus méritos o nivel de representatividad.
Fue ella la que hizo uso y abuso de la paciencia de los argentinos mintiendo una y otra vez, atacando con ferocidad a todos los sectores de la sociedad buscando dividir para reinar.
Fue ella la que utilizó todos los mecanismos del estado como si fueran de su propiedad. La que se sintió dueña y no inquilina del sillón de Rivadavia. La que malversó las estadísticas públicas y se burló de todos y todas permitiendo que sus lenguaraces dijeran que la inseguridad era una sensación, que había más pobres en Alemania que en nuestro país y que no había cepo en la Argentina.
Fue ella la que taladró el prestigio del fiscal Alberto Nisman y fogoneó que los periodistas chupamedias lo quemaran en la hoguera pública hasta que apareció con un tiro en la cabeza y todo quedó en la impunidad más cruel porque la justicia no sabe no contesta.
Fue ella la que ordenó cortarle la cabeza al juez Claudio Bonadío porque avanzaba peligrosamente hacia la verdad de la causa Hotesur y la ruta del dinero K que involucra en un caso de mega corrupción de estado a cielo abierto tanto a Lázaro Báez como a toda la familia presidencial empezando por ella y su hijo Máximo.
Fue ella la que eligió como vice a un malandra de estado, a un ineficiente ladrón como Amado Boudou que es inexplicable como todavía sigue en libertad.
Fue ella la que designó y elevó a la categoría de semidiós del progresismo tilingo a Axel Kicillof que dinamitó todos los indicadores económicos que había dejado Néstor Kirchner y que encima puso al frente de la boleta de la Capital Federal donde protagonizó un verdadero papelón electoral. Su cierre de campaña, como si fuera un revolucionario del mayo francés, abrazado al taxista Omar Viviani fue directamente patético.
Fue ella la que intentó domesticar a la justicia y al periodismo con la idea de quebrar todos los controles de su gobierno para instalar una guerra de servicios de inteligencia muy inquietante que viola una y otra vez la ley espiando a las personas que piensan distinto que el kirchnerismo.
Fue ella la que llevó al hastío a una gran parte de la población con sus peroratas y autobombos por cadena nacional que consiguieron el efecto contrario al que buscaban. Violaron la ley electoral y la veda con una permanente actitud patotera que dice a mí no me importa nada, y facilitaron los chistes agresivos de twitter que decían que si a Cristina le gustan tanto las cadenas, porque no le daban cadena perpetua.
Fue ella la que vio en Milagro Sala, Luis D’Elía y el Cuervo Larroque a revolucionarios y vanguardias iluminadas de sus pueblos pese a que las urnas demostraron que los violentos organizados como escuadrones para militares chavistas fueron repudiados por la mayoría de los compatriotas.
Fue ella la que no comprendió el mensaje del Papa Francisco que con gran generosidad la recibió una y otra vez y de varias maneras le hizo saber que era una locura pretender que Aníbal Fernández se convirtiera en gobernador de la provincia de Buenos Aires. Al Santo Padre no le preocupaba solamente la altísima imagen negativa del patrón del mal de Quilmes ni su manejo turbio de las fuerzas de seguridad: está convencido de que nadie hizo más en esta docena de años que Aníbal para permitir que los carteles del narcotráfico se instalaran en la Argentina.
Fue ella la que humilló a todos los que intentaron hacer una crítica o mostrar un camino distinto.
Fue ella la que hizo del maltrato y del látigo un instrumento de mando. La que por exceso de soberbia y altanería no supo no quiso o no pudo escuchar las advertencias de nadie.
Fue ella la que generó esta crisis política donde unos le tiran la culpa a los otros por semejante catástrofe electoral y donde nadie se hace cargo como si fuera una tormenta caída del cielo. Pero no fue magia, como le dije el viernes.
Fue ella la que miró para otro lado y fomento los disparates infantiles e ignorantes de un ministro de economía que hace agua por todos lados y que como única respuesta agita el fantasma de la conspiración permanente.
Fue ella la que instaló esa idea de que el gobierno ineficiente y sus propios errores no forzados en realidad son responsabilidad de los fondos Buitres, las corporaciones de todo tipo y el periodismo independiente a la cabeza.
Fue ella la que nos quiso hacer creer que ella es perfecta, que no comete errores y que el mundo ha vivido equivocado. Fue ella la reina de la arbitrariedad y la venganza que inoculó el virus del odio en las venas abiertas de la sociedad y producto esta fractura expuesta que tanto tiempo nos va a llevar cerrar.
Fue ella, en definitiva, la que entró a la historia por ser la primera mujer electa y reelecta presidenta pero que corre serios riesgos de salir de escena en el medio de caprichos de estado y falta de racionalidad que la llevó al deseo totalitario de “ir por todo y ser eterna”.
Fue ella, Cristina lo hizo. Una larga serie de metidas de pata que en la vida del peronismo se definen como mariscal de la derrota.
Fue ella. Fue Cristina. Ella lo hizo. Ella fue la mariscal de la derrota. Fue ella. Ella Fue. Cristina fue.

Reparar la democracia – 23 de octubre 2015

Tiene razón Cristina: no fue magia. Fue choreo, autoritarismo y mala praxis. No fue magia. El deterioro que los Kirchner en general, pero Cristina en particular, le produjeron a la democracia fue con premeditación y alevosía. No es que Néstor haya sido santo de mi devoción. Pero Cristina, asistida magistralmente por el flamante peronista Axel Kicillof, destruyó todos los buenos indicadores económicos: generó más problemas que soluciones. Hay más desocupación, pobreza e indigencia desde que el chapulín colorado se hizo cargo del ministerio. Hay más droga y más narcos, más inseguridad y temores. Hay menos dólares, reservas e inversiones. Estamos más endeudados y con los niveles de confianza agotados en el exterior. Cristina deja la Economía llena de agujeros y con una serie de bombas de tiempo. Por eso hablo de mala praxis. Por eso el presidente que venga deberá reparar tanto desastre organizado. Por eso el nuevo jefe del estado que elijamos todos los argentinos este domingo o en la segunda vuelta, deberá ser un experto en solucionar los graves problemas que deja la herencia maldita del kircherismo, este proceso dañino que cumplirá 12 años en el poder.
Claro que no fue magia. Fue la destrucción sistemática y alegremente frívola de las ventajas comparativas que tuvimos durante años. Hay que reconstruir todo porque casi nada ha quedado en pié.
Pero esa mala praxis mezclada con soberbia es apenas un aspecto del agujero negro que va a recibir el Daniel Scioli, Mauricio Macri o Sergio Massa.
Y no es lo más grave. Lo peor, sin duda es lo que Jorge Lanata llama la grieta y a mí me gusta definir como fractura social expuesta. El odio que han inoculado durante 12 años en las venas abiertas de la sociedad es el mayor drama, la herencia más nefasta. Porque han partido todas las organizaciones de la comunidad. Han dividido para reinar. Metieron cizaña en el sindicalismo, los empresarios, los periodistas, los productores agropecuarios, en las universidades, los jueces y fiscales y hasta en los clubes de fútbol y los consorcios instalaron el bichito explosivo de las venganzas y el maltrato como actitud permanente. Esa idea soviética de espiar a todos los que piensan distinto para extorsionar y chantajear tuvo su máxima expresión con las denuncias de esta semana.
No fue magia, esto tampoco. Fue producto de la concepción feudal que desarrolló el matrimonio presidencial en Santa Cruz y de su propia personalidad camorrera y castigadora. La democracia argentina tenía infinidad de problemas antes del desembarco de los Kirchner, pero no tenía el drama del odio y el enfrentamiento fanático. Eso se lo debemos a Néstor y Cristina. Abrieron nuevamente las heridas que tanto mal nos hicieron como país con aquellas batallas eternas entre peronismo y antiperonismo. Mucha sangre, sudor y lágrimas nos costó superar semejante guerra fraticida. Algunos dicen que las lastimaduras profundas solo cicatrizaron con el abrazo Perón- Balbin y otros cuando Antonio Cafiero, presidente del justicialismo se trepó al balcón de Raúl Alfonsín para defender la democracia del levantamiento de los carapintadas. Pero lo cierto es que costó muchísimo armar ese rompecabezas y hoy lo hicieron nuevamente añicos. La de la pacificación nacional será una tarea titánica para el presidente que venga. Deberá trabajar mucho para construir puentes y dinamitar trincheras. Es la tarea de las tareas: extirpar el cáncer del resentimiento y el autoritarismo revanchista.
El tercer tramo que deberá reconstruirse, además de la caída a pique de la economía y la implosión social, es la honestidad republicana. Es fundamental trazar una raya y empezar de nuevo con gente honrada que haga una religión de la ética. Y la justicia deberá jugar un papel fundamental para los ladrones que se llevaron el dinero del pueblo lo devuelvan y vayan presos como corresponde por sus mega niveles de corrupción. Los Boudou, los Jaime, Los Lázaro y los Kirchner si se probara que cometieron delitos desde el estado, deberán someterse a un juicio y castigo como cualquier hijo de vecino. Solo si van presos los malandras se podrá invitar a la gente a creer nuevamente y a que las personas de manos limpias y uñas cortas se sumen a la política con esperanza y mística para cambiar las cosas.
Es mucho lo que hay que hacer. El gobierno que venga no podrá descansar un segundo. Necesita un esfuerzo extraordinario para lograr que renazcan las instituciones republicanas y el respeto por la ley y la división de poderes. Sus señales deberán ser clarísimas para fomentar los consensos y los disensos y promover el debate en libertad y que nadie sea descalificado ni estigmatizado por sus opiniones. La diversidad y el pluralismo son los cimientos en donde puede afirmarse el nuevo país donde nadie tenga miedo a expresar lo que siente y piensa. Donde el que opina distinto sea valorado y ayude a enriquecer la mirada política sin ser considerado un enemigo a doblegar.
Es mucho y muy profundo el daño que los Kirchner le hicieron a la República Argentina en esta docena de años. Es proporcional el esfuerzo que deberá realizarse para construir el país que soñamos para nuestros hijos con igualdad de oportunidades, ética, libertad y trabajo para todos. Algo nuevo comienza este domingo. Falta poco para la hora de la verdad. Las urnas siempre tienen un mensaje de la mayoría de pueblo argentino. Ojalá tenga tres palabras: juicio, castigo y futuro con coexistencia pacífica. Ojalá sepamos votar como pueblo. Ojalá sepamos corregir los errores que tuvimos y fabricar entre todos un mañana luminoso. Ojalá. Es en defensa propia y de nuestros hijos. Ojalá.

Scioli está cerca – 22 de octubre 2015

Ya analizamos las posibilidades de Massa y de Macri. Hoy es el turno del candidato del oficialismo, Daniel Scioli.
El gobernador bonaerense es el que está más cerca de lograr su objetivo y convertirse en presidente de la Nación. Según la totalidad de las encuestas, está a un paso de ganar en primera vuelta pero también a un paso de tener que ir a un balotaje donde crecería con fuerza la incertidumbre sobre el ganador. La historia de Scioli es totalmente atípica. No se la puede medir con los mecanismos tradicionales de la política, no se ajusta a las categorías ideológicas. Por eso es tan difícil derrotarlo en una competencia. No es un buen orador que desde las tribunas enamore a las multitudes como lo fue, Raúl Alfonsín o lo es Cristina, para poner dos ejemplos de los partidos tradicionales. Por ahora, Scioli no construyó territorialmente una poderosa fuerza propia. No hay bloques de diputados sciolistas. Su gestión es muy criticada de la clase media para arriba y muy apoyada de la clase media para abajo. Por eso digo que el secreto de Scioli es otro. Es una figura que se la juzga desde la vida cotidiana y los valores más sencillos y menos sofisticados. En muchas consultas aparece que la gente que vota a Scioli lo hace porque lo ven como una buena persona o porque transmite optimismo y superó la tragedia de la pérdida de su brazo y no es una persona agresiva como Cristina. Por eso es muy difícil de erosionar su imagen positiva y alta intención de voto. Dicen los sociólogos que este tipo de candidatos están hechos de teflón: no se les pega nada. Hay un convencimiento casi milagroso de mucha gente de que es alguien positivo para el país y es muy difícil quebrar esa idea instalada durante años. Scioli entró a la militancia de la mano de Carlos Menem y luego fue sucesivamente leal hasta lo incomprensible con todos los liderazgos que luego tuvo el peronismo. Su gran territorio de trabajo fue el de las celebridades del deporte y el espectáculo. Muchos de sus amigos históricos como Mirtha Legrand, hoy votan a Macri y sin embargo, Scioli sigue arriba, en la pole position como cuando corría en lancha.
Así logró algo que pocos tienen: ciento por ciento de conocimiento. Es un caso insólito. La muerte de Nisman, las inundaciones que lo sorprendieron en Italia y la silla vacía del debate no lo afectaron demasiado en la intención de voto. De todos modos tampoco es Superman. Tiene un par de mochilas de piedra que le están haciendo muy cuesta arriba conseguir los últimos votos que le aseguren la consagración este domingo. La primera carga es Cristina, Zannini y La Cámpora. Ese sector tiene un voto duro pero no tan masivo como se cree. A Scioli lo ayuda a tener estructura y recursos, pero enseguida se transforma en un techo para su crecimiento. El autoritarismo K es, en algunos aspectos, la contracara de la imagen que Scioli prefiere exhibir.
Y la otra dificultad grande que tiene Scioli se llama Aníbal Fernández. Es una de las personas con mayor imagen negativa incluso entre los seguidores del Papa Francisco donde se quiere ubicar Scioli.
Hasta ahora el candidato del Frente para la Victoria hizo un peligroso equilibrio caminando con un pie en cada lado. Ese juego ambiguo entre el cristinismo mas dogmático y el justicialismo más tradicional le genera turbulencias internas pero que se ocultan hasta que terminen las elecciones. Scioli elogia el modelo, celebra tanto a Néstor como a Cristina, se entrevista con todos los líderes de la región pero no come vidrio. A la hora de armar su gabinete apela a gente con perfil más moderado, más técnico y menos agresivo, como él. Prácticamente ya anunció a casi todos sus colaboradores y no hay un solo fanático de La Cámpora. Los más cristinistas son el gobernador Sergio Urribarri, Sergio Berni, Daniel Filmus y Diego Bossio que, dicen, están en pleno proceso de reconversión al sciolismo. Se podría decir que ambos sectores están en veredas distintas pero se necesitan mutuamente. No los une el amor por Scioli sino el espanto de tener que volver al llano. Todos unidos triunfaremos, dicen y si llegan al poder, someterán a todos los argentinos a turbulencias institucionales fuertes en la batalla por la hegemonía y marcarla la cancha a Scioli. Todos los días Cristina le señala el rumbo que debe seguir. Ayer mismo le ordenó que profundizara la relación con la Rusia de un zar poco democrático como es Vladimir Putin. Scioli anunció como embajador en Estados Unidos a Guillermo Francos, formado en la forja de Domingo Cavallo y a en Inglaterra a Mario Blejer, ex economista del FMI.
Como se ve, por momentos hay caminos coincidentes entre Cristina y Scioli y por momentos caminos divergentes.
La gran pregunta es si el habitante de La Ñata se convertirá en un títere que Cristina manejará desde El Calafate o por el contrario será el sepulturero del cristinismo y el partero del sciolismo. Veremos. Hay argumentos políticos, históricos y sicológicos para sostener todas las posibilidades y por ahora los periodistas no podemos adivinar el futuro.
¿Logrará los votos que le faltan para consagrarse presidente este domingo? ¿Tendrá que enfrentar una segunda vuelta con Macri y de esa manera abrir una caja de pandora llena de sorpresas?
Nunca las elecciones argentinas tuvieron tantas incertezas y tantos indecisos tan cerca de la fecha clave. Es que son muchos los ciudadanos que no simpatizan con Macri pero tampoco le quieren dejar a Scioli el campo orégano. Hay un 20% de votantes muy informados que está recalculando su voto. Por eso es muy difícil asegurar que puede pasar. Desde el punto de vista republicano y sin camisetas partidarias como es mi caso, estoy convencido que a todos nos conviene que haya segunda vuelta. Eso le daría más paridad a la competencia y evitaría los hegemonismos dañinos como fue el de Cristina. Y eso le daría una gran representatividad y fortaleza al que gane para que afronte el menú de graves bombas de tiempo que dejan los que gobernaron durante 12 años casi con la suma del poder público.
Scioli como conductor es casi la contracara de Cristina. Es moderado, respetuoso, prudente y dialoguista. De todos modos en los últimos tiempos la agresividad K fue penetrando en distintos dirigentes que lo rodean y en muchos casos se lo vió enojado, mal humorado y al borde del desplante. ¿Será un anticipo de un cambio de carácter o es algo coyuntural producto de la doble presión a la que está sometido? Veremos. Scioli no es un estadista ni un caudillo tradicional. Pero a veces parece que está tocado por la varita mágica del destino y que aún no demostró su verdadero rostro. Fue vicepresidente de Néstor y dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires. Se siente amigo de todos y capaz de juntar y pacificar a gente que va desde Luis D’Elía hasta Francisco De Narvárez. ¿Será posible eso? Está ante el mayor desafío de su vida. Está ante la mayor apuesta. Este domingo sabrá si la mesa examinadora de la soberanía popular lo aprueba como jefe de estado electo o lo manda al 22 de noviembre a rendir de nuevo. Todas las puertas están abiertas para Scioli. Las de la Casa Rosada y las de su regreso al llano. A lo largo de su vida tuvo momentos de gloria y de tragedia. Veremos cual lo acompañará este domingo.