Macri juega fuerte – 21 de octubre 2015

Sigo con el análisis de las trascendentes elecciones del domingo. Ayer le tocó el turno a Sergio Massa y mañana a Daniel Scioli. Pero hoy le corresponde a Mauricio Macri, el candidato de Cambiemos. El nombre de su agrupación lo dice todo: cambiemos. Esa es su apuesta y su identidad. Macri se propone como el cambio. El dirigente que no tuvo absolutamente nada que ver con lo que pasó en la última docena de años en la Argentina. Su mensaje es yo soy lo nuevo. Con Ernesto Sanz y Elisa Carrió conforma una fuerza que efectivamente tiene el valor agregado de no haber colaborado con ninguna de las iniciativas más autoritarias de Cristina. Este es su principal activo y por eso Macri se propone representar una gran cantidad de argentinos que son hipercríticos del kirchnerismo pero que también están cansados del peronismo en el gobierno. Dicen con razón que el peronismo en sus distintas vertientes gobernó en 24 de los 32 años que llevamos de democracia recuperada. Y que es hora de probar con algo nuevo.
El gran problema del PRO es que no pudo, no supo o no quiso implantarse territorialmente a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Hay muchos pueblos y ciudades en los que Macri y Gabriela Michetti tienen una gran intención de voto y una imagen positiva muy alta pero no tienen fiscales ni representantes. De hecho en 1400 mesas no sacaron ni un solo voto. En términos históricos el PRO es un partido nuevo, carente de estructura nacional. Solo en algunas provincias con figuras conocidas pudo hacer pié. Hablo de Santa Fe con Miguel del Sel y ahora Carlos Reutemann, o de Córdoba con Héctor Baldassi y Felipe Lábaque, o Entre Ríos con Alfredo de Angeli y la gran revelación política de las primarias, María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. El PRO sigue siendo un partido muy porteño. Muy ligado al distrito que le sirvió de cuna. Por eso la alianza con el radicalismo fue tan complementaria. Uno tiene lo que le falta al otro. La más que centenaria UCR tiene una parroquia en cada pueblo y es una red sólida sobre la que puede apoyarse un candidato taquillero como Macri que el radicalismo esta vez no tuvo.
La presencia de Carrió le da la impronta ética y republicana. La defensa de la libertad, de la división de poderes, el combate al narcotráfico y a la matriz corrupta de los Kirchner son banderas eternas de Lilita.
En todas las encuesta aparece como un gran activo de Macri la gestión de ocho años en la ciudad. Allí completó el ciento por ciento de conocimiento público que, en gran parte, lo había logrado como presidente de Boca. También pudo aprender no solamente a administrar sino el pragmatismo necesario y la muñeca atenta para construir políticamente. Hay muchos aspectos muy valorados pero aparecen claramente dos. El fin de los barrios inundados y el transporte. Varios barrios de Buenos Aires se convertían en terribles lagunas cada vez que llovía copiosamente y eso, ahora, no ocurre más. Puede ser que las obras las haya empezado algún otro gobierno de la ciudad. Pero lo cierto que ese drama de las casas y los negocios tapados de agua se terminó y la gente le atribuye ese mérito a Macri, mucho más después de las últimas inundaciones que hicieron estragos en la provincia de Buenos Aires y demostraron la falta de soluciones definitivas a un tema que enloquece la vida de los afectados.
El otro gran acierto lo podríamos llamar Metrobus aunque la fuerte mejora del transporte va mucho más allá. Pero en la memoria ciudadana, Metrobus es sinónimo de mejor servicio de llegar más temprano a casa, de seguridad y eso no tiene precio. No es casual que María Eugenia Vidal haya anunciado que el Metrobus se va a continuar por más de 25 barrios del Conurbano. Fue una buena idea bien ejecutada.
De todos modos la pelea de Macri y su gente es ingresar en la segunda vuelta. Le está costando superar los 30 votos porque los críticos del kirchnerismo también apoyan a Sergio Massa. Es cierto que Daniel Scioli también tiene dificultades para superar los 40 puntos. Pero la pelea es muy pareja y los números muy finitos. Fue muy duro el golpe que recibió “Cambiemos” con el tema de Fernando Niembro. Más allá de que no haya delito en lo que se denunció, lo cierto es que fue decodificado por una parte de la población como una mancha de corrupción en un espacio que propone manos limpias y uñas cortas. Es cierto que el suceso es insignificante al lado de las fortunas que se robaron en el gobierno de los Kirchner pero la realidad es la única verdad y dice que Macri sintió el impacto y que por una semana incluso perdió algunos votos que ahora está recuperando de la mano de fotos y apoyos de celebridades de diversos ámbitos como Javier Mascherano, Mirtha Legrand, Susana Gimenez, Juan Jose Campanella, Adrián Suar, Santiago Kovadloff y Luis Brandoni, entre otros. En el embalaje final, Macri y sus tres mujeres, Juliana Awada, Gabriela Michetti y María Eugenia Vidal, han salido a pedir, casi a rogar el voto útil, estratégico o como quieran llamarlo. ¿En qué consiste? Macri se ofrece a representar con humildad a todos los espacios opositores que no tienen chances de llegar a una segunda vuelta contra Scioli. Les dice a los votantes de Massa, Margarita Stolbizer y Adolfo Rodríguez Saa que mantengan su corazoncito y sus convicciones eligiendo la boleta de legisladores que prefieran. Pero que a presidente no malgasten su voto al entregárselo a alguien que no llega porque eso le permite a Daniel Scioli tener más posibilidades de ser consagrado presidente de la Nación este domingo.
Allí está la madre de todas las batallas. Todos los encuestadores coinciden en colocar a Scioli primero al borde del triunfo. Pero todavía ni Macri ni Massa han logrado instalarse como instrumentos indispensables para forzar el balotajel y poder derrotar al Frente para la Victoria y dar vuelta una página de la historia. Cada uno dice que es el único que puede vencer al gobernador de Buenos Aires. Cada uno pelea voto a voto. Pero hay lugar para uno solo de ellos. La soberanía del pueblo con su voto elegirá su camino. Y la democracia saldrá fortalecida. Los argentinos este domingo seremos artífices de nuestro destino. Y la historia nos juzgará.

Massa no afloja – 20 de octubre 2015

Hoy comienzo una serie de cuatro columnas para analizar las elecciones de este domingo. Llega la hora de las urnas, la hora de la verdad y arranco reflexionando sobre las posibilidades de Sergio Massa. Mañana será el turno de Mauricio Macri y pasado el de Daniel Scioli. Para el viernes, me reservo una suerte de balance del daño que los Kirchner le produjeron a la democracia en esta docena de años, es decir de la herencia que recibirá el presidente que reemplace a Cristina el 10 de diciembre.
Según todas las encuestas, Sergio Massa es el tercero en discordia. Incluso en sus propias mediciones, el más joven de los aspirantes con chance de llegar, aparece con un porcentaje consolidado de votos que hasta ahora no bajó del 20% pero que tampoco subió más de dos puntos porcentuales. Parece poco pero no lo es. Massa quebró las creencias de todos los analistas que pensaron que, como suele ocurrir, después de conocerse las posiciones en las primarias, muchos ciudadanos muy críticos del kirchnerismo iban a migrar hacia Mauricio Macri para evitar que Daniel Scioli ganara en primera vuelta. Esa especulación teórica no se verificó en la práctica. El voto de Massa no se desintegró ni voló hacia la polarización. Es cierto que mucha gente, aproximadamente un 20%, está revisando su voto y recalculando en estas últimas horas. El respaldo a Massa se mantuvo sólido. Se explica por la fortaleza de sus propuestas concretas y audaces y por el equipo de gobierno que armó donde hay varias estrellas del apagado firmamento político argentino. Roberto Lavagna, el padre de la recuperación económica y José Manuel de la Sota, un gobernador exitoso y muy respetado en el justicialismo, se convirtieron junto a Massa en una especie de triángulo de cimientos sobre los que se edificó la propuesta del Frente Renovador en UNA. Massa, es un buen comunicador que se convirtió en imán de cuadros técnicos muy destacados como José Ignacio de Mendiguren, Daniel Arroyo, Diego Gorgal, Gustavo Iaies, Aldo Pignanelli o Ricardo Delgado, solo por nombrar algunos.
Esa fortaleza que supo construir Massa junto a la fuerte presencia de su esposa militante, Malena Galmarini, aguantó los vientos huracanados de diversas operaciones del oficialismo pero sucumbió ante la abultada billetera del Frente para la Victoria que de esa manera le birló varios intendentes importantes y algunos dirigentes menores pero de alto impacto mediático.
Incluso el mismísimo Francisco de Narváez anunció esta mañana que votará a Daniel Scioli.
Pero quedará en la memoria colectiva y en la historia reciente que Sergio Massa, por su empuje y valentía, también por su ambición, porque no decirlo, fue el responsable de la mayor derrota política de Cristina. En las elecciones PASO del 2013, el intendente de Tigre de entonces, con otros 20 pares y en 20 días sacó cuatro millones de votos solamente en Buenos Aires. Las listas del Frente para la Victoria en todo el país lograron seis millones de votos y perdieron otros seis en solo dos años respecto del 2011cuando casi el 55% de los argentinos le dio a Cristina una respaldo histórico que ella tradujo en la altanería del “vamos por todo” o de la “Cristina eterna”.
Massa y su gente abortaron esos delirios de reformar la constitución para permitir otra reelección de Cristina. Eso solo lo puso en el reconocimiento de una gran parte de la sociedad que estaba harta de Cristina y que comprendió la sabiduría de Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil y uno de los intelectuales más importantes del continente que dijo: “Mas de dos períodos de gobierno, es monarquía”.
Forjado en la matriz liberal primero y peronista después, Massa es uno de los dirigentes con más futuro, más allá del resultado del domingo. Con las urnas llenas del 2013, le puso límites al chavismo kirchnerista y ese atrevimiento tendrá siempre el reconocimiento en medio de una campaña con candidatos demasiado descafeinados que no se han atrevido a patear ningún tablero.
Claro que no todas son rosas. Tuvo y tiene que remontar algunas cuestas pronunciadas. Por ejemplo, la acusación real de que fue jefe de gabinete de Cristina y que el liderazgo de la fuerza que fundó por momentos fue altanera y con destellos autoritarios similares a los del primer Kirchner.
La potencia electoral que por ahora mantiene convirtió a Sergio Massa en una suerte de árbitro insólito que no le permite crecer a Scioli para asegurarse el triunfo en primera vuelta y que tampoco le permite aumentar el caudal a Mauricio Macri para que se asegure la competencia en al balotaje. Es un fenómeno extraño que puede intentar explicarse desde la composición de sus seguidores. Hay por lo menos dos afluentes que aportan votos a Massa. Primero, los peronistas no kirchneristas. Miran con más simpatía a Scioli que a Macri pero dudan de la verdadera vocación de independencia frente a Cristina del candidato del Frente para la Victoria. Si hubiera revancha el 22 de noviembre, muchos de ellos votarían por un peronista conocido más que un macrista por conocer.
La segunda corriente que tributa con Massa son los opositores a Cristina que no tienen camiseta partidaria. Son muy duros con la presidenta y con su proyecto autoritario. Es gente independiente que se siente atraída por la firmeza con la que Massa dice que va a meter en cana a los corruptos o que va a mandar a laburar a los vagos de La Cámpora escondidos en el estado.
Sergio Massa sigue siendo el tercero en cuestión. Pero ruega poder instalar la idea de que es el único que puede ganarle a Scioli en una segunda vuelta.
Sus encuestadores dicen que en ese caso, el sumaría todos los votos anti k de Macri y que el candidato de Cambiemos no lograría atraer a los peronistas anti k que hoy están con Massa. Es una teoría compleja muy difícil de comprobar. Es como intentar meterse en la cabeza de muchos argentinos y descubrir que pieza del ajedrez van a mover dentro de un mes. Pero esta es la clave que va a definir el resultado que Sergio Massa va a lograr este domingo. A último momento puede haber un salto de votos hacia su boleta y crecer de golpe varios puntos. Pero también es cierto que puede ocurrir todo lo contrario. Que muchos argentinos que prefieren a Massa finalmente se inclinen por Macri para evitar el triunfo de Daniel Scioli en primera instancia. Quieren ir a lo seguro. Una cosa es el análisis político o las encuestas y otra es adivinar el futuro y tener la bola de cristal. Es muy complicado predecir ese comportamiento. Y muy arriesgado e irresponsable. Lo único cierto es que por ahora, Massa no afloja. Nadie está seguro de nada y, además, ya se sabe: a seguro lo llevaron preso.

Las provocaciones de Cristina – 19 de octubre 2015

Nos moja la oreja, nos falta el respeto a los argentinos. O a una gran parte. Cristina se burla de nosotros y de la ley. Hace lo que quiere. Reina, en lugar de gobernar. Siempre fue así, igual que Néstor. Pero en estos días están violando todas las reglas y superando todos los límites. Nunca respetaron ni los fallos de la Corte Suprema de Justicia. Jamás acataron la reincorporación del procurador general Eduardo Sosa que en Santa Cruz tuvo la osadía de ser independiente y no dejarse comprar por el gobierno. Crearon un conflicto de poderes cuando el máximo tribunal argentino los obligó a incluir dentro del reparto de la pauta publicitaria oficial a la editorial Perfil y evitar utilizarla como castigo al periodismo independiente. Hay cientos de ejemplos. Más de 170 lugares y obras se llaman Kirchner. El Centro Cultural costó 2.300 millones y con esa fortuna se hubiera podido construir un espacio en cada provincia. En la Capital no faltan espacios culturales ni salas de concierto. Sobran. Pero el capricho y la arbitrariedad es una constante. Es que por momentos mienten descaradamente. En Alemania, hay más pobres que en Argentina. La inseguridad es una sensación. La inflación es baja. No hay cepo. En las últimas semanas la provocación fue atropellar el Código Nacional Electoral y hacer campaña y cadenas cuando está expresamente prohibido. Y el colmo de la vergüenza fue que el estado, es decir todos nosotros, pagamos de nuestros bolsillos actos para que Cristina haga propaganda de su familia. Ya ni siquiera hace campaña para un partido o para una agrupación como La Cámpora. El tachín tachín es directamente para sus seres queridos. Es que su cuñada Alicia Kirchner y su hijo Máximo no tienen asegurado el triunfo en Santa Cruz y sería un papelón perder en la cuna de Néstor y no poder asegurarse la impunidad que le da manejar el pago chico.
Esta vez fue descarado. No respetaron ni el apotegma peronista de “Dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada”. Cayeron en la truchada del “hecha la ley, hecha la trampa”. Apelaron a todo tipo de chicanas. Dijeron que Cristina no era candidata. O que no fue un acto oficial. Que fue una empresa privada que los invitó a una inauguración. Están tirando toda la carne en el asador. Inauguran hospitales como el René Favaloro o dos piletas de natación en Río Gallegos que todavía no funcionan ni están habilitadas. A 50 días de volver al llano, Cristina demuestra que tiene cierto síndrome de abstinencia del uso y el abuso del poder. Es que se dio todos los gustos. Hizo lo que quiso. Hizo lo que se le cantó además de destruir todos los indicadores económicos positivos que le había dejado su marido muerto. Cayó varias veces en inexplicables caprichos de estado. Como la dilapidación de dinero que se hizo con el derrocamiento del monumento a Colón y su reemplazo por el de Juana Azurduy por orden del fallecido Hugo Chávez. O los años que venimos malgastando los fondos públicos haciendo más caro y menos eficiente el sistema de cajeros automáticos y el traslado de caudales mediante blindados por la tozudez de no imprimir billetes de más alta denominación. Nos trata como a tontos. Se cree que porque no hay billetes de 200 o 500 pesos, la gente no se da cuenta de la inflación tremenda que nos puso en el podio de los países del mundo con más alto porcentaje de ese veneno económico junto a un país africano y Venezuela.
Es muy grave institucional y culturalmente que Cristina haga lo que hace. La señal de que la presidenta viola la ley es nefasta cuando se decodifica hacia abajo en la sociedad. Por eso cualquiera ocupa el espacio público como se le da la gana. Por eso un grupito de vigiladores privados que ni siquiera trabajan en el subte dejan sin el servicio a miles y miles de trabajadores y nadie hace nada. El mensaje es que todo vale. Que cada uno haga lo que quiera y que el resto se joda. Agua y ajo. Aguantarse y a joderse o Alpiste, perdiste, como dicen los chicos. Es grave que en un país se instale que la ley no es pareja para todos. Y que no todos somos iguales ante la ley. Además, la intolerancia habla de quien la ejerce.
¿No hay otra forma de dialogar con Cristina que ceder a sus órdenes totalmente arbitrarias? Nadie es capaz de decirle a la presidenta que ella es una inquilina y no la dueña de la Casa Rosada. Nadie se atreve a decirle que con su misma actitud, dentro de pocos días si gana Scioli o Massa podrían resolver instalar a Juan Domingo Perón en lugar de Juana Azurduy o si triunfa Macri tal vez prefiera poner a Arturo Frondizi en ese lugar o Margarita colocar a Alfredo Palacios en ese espacio privilegiado? ¿O a Raúl Alfonsín? ¿Porque, no? Es el padre refundador de la democracia. Lo mismo con el Centro Cultural o con todo lo que bautizaron Néstor Kirchner.
Esos delirios de que la patria empieza cuando llega el kirchnerismo, esa arbitrariedad prepotente es parte del cansancio que produjo Cristina en la mayoría de los argentinos. Por actitudes como estas, llenas de altanería, entre otras cosas, es que aumentó tanto su imagen negativa y no pudo conseguir un heredero político de su riñón. Hablo de decisiones absolutamente arbitrarias que la llevan a cometer errores no forzados. Son actitudes inmaduras e infantiles de alguien que se niega a dar el brazo a torcer pese a las contundentes evidencias de la realidad. Hablo de esas actitudes en que Cristina es capaz de comerse un jabón pero decir que se trata de queso. Y para no reconocer su error, su orgullo sobreactuado la lleva hasta comerse el pan de jabón hasta la última burbuja. Se trata de no ceder. De tener razón siempre. De creer que reconocer una equivocación y dar marcha atrás es un síntoma de debilidad. Hay infinidad de ejemplos de estos caprichos de estado. Son las provocaciones de Cristina. Quien quiera oír que oiga.