Las marcas de la madre – 16 de octubre 2015

Este domingo es el día de la madre. Si dejamos de lado el tema comercial, de lavarropas y celulares, se trata de un acontecimiento de alto impacto emocional en la vida de todos. Porque todos tenemos el cuerpo, el corazón, el alma y la cabeza llena de marcas de nuestras madres. Es un día maravilloso para mirarla profundamente a los ojos. Los que tenemos la bendición de tenerla viva y los que la tienen viva en su recuerdo. Siempre es bueno mirar a nuestra vieja con detenimiento, en cámara lenta. Sorprenderla con flores y besos. Adivinar con el aroma lo que está cocinando. Pedirle los Latkes, esas torrejas de papa rallada frita que tanto nos pueden. Observar su piel, sus movimientos, los rasgos, sus tonos de voz, todo eso que nosotros hemos heredado de ella. Es un ejercicio apasionante preguntarle a nuestra madre sobre su propia madre. Que nos hable del leikej de miel que hacía la bobe Fermina y la ansiedad cargada de amor de su padre, el zeide Rubin y su mercería de la calle Pichincha, en pleno corazón del Once. Que nos cuente una vez más esa historia familiar conmovedora de sacrificio y esfuerzo para el progreso, de movilidad social ascendente, de su hermana querida, Margarita la contadora. O la horrorosa persecución que sufrieron nuestros familiares que huyeron de la Europa de los nazis. Aquellos momentos duros de las muertes y aquellos momentos hermosos de los nacimientos. Y sentarse a ver fotos amarillas. Las ropas de la época. Esos sombrerazos de casamiento y madrina. Aquella malla enteriza y los anteojos de carey tipo diva en la luna de miel en Mar del Plata o las vacaciones inolvidables en Mina Clavero.
En estos momentos de tantas angustias y de tantas inseguridades solo hay un puñado de cosas para refugiarnos. La identidad es la principal trinchera que tenemos. Igual que la familia y los afectos. Mirando fotos viejas, encontré la bicicleta. Recordé una noche de verano con olor a espiral contra los mosquitos. La parra se caía de uvas dulzonas cuando la farmacia era casi una botica. Era Reyes. Yo había pedido una bici y los reyes cumplieron. Pero la bici que trajeron mis viejos en sus camellos no era nueva. Era (muy) usada. Tanto que era la bicicleta que mi viejo había usado cuando era chico. Una bici con más de 30 años de antigüedad. ¿Se imaginan cuando la vi? Estaba más o menos repintada y con cubiertas nuevas para disimular sus arrugas. Un lifting que hizo por dos mangos don Trovato el dueño de la bicicletería de San Vicente un barrio de curtiembres con aromas similares a los de Mataderos. ¿Sabén lo que hice? Era un pibe y me hice el boludo. Sobreactué mi alegría para que mis viejos no se sintieran mal por no poderme comprar una bicicleta nueva como la del Yiyi , el hijo del doctor Oliva que vivía a media cuadra y que fue el primer chico del barrio que tuvo un televisor Ranser más grande que un toro y con olor a lamparitas calientes. Les hice creer a mis viejos que me había tragado la píldora. Que la trampita piadosa les había salido bien.
Pero a la noche lloré como loco por ser pobre. Y lloré contra la almohada para que ellos no me escucharan.
Era otra Argentina. Mis viejos se quebraban la espalda laburando como burros. Día y noche. Solitos. Baldeando el piso y arrodillados rasqueteando la mugre de la farmacia por la madrugada, en batón, ojotas y pijama. Pero progresaban. Mi hermana y yo íbamos a la escuela para el orgullo de ellos. Jamás olvidaré que mi Papá estudio en la universidad y se recibió de farmacéutico a escondidas de mis abuelos. Ellos pensaban que leer libros era perder el tiempo y que la vida era solo trabajo.
Mayor era hijo de Samuel y Rosa de Polonia. Eran panaderos que vendían sus sabrosas facturas pintadas con brocha gorda y huevo en las plazas. Un día cruzando la calle, mi zeide Samuel perdió estabilidad por el peso brutal de las gigantescas canastas con pan y medialunas que llevaba en cada brazo y con el empujón que le dio una motocicleta al chocarlo, se cayó y quedó muerto en un instante. Con su cabeza pelada como la mía y la de mi viejo reventada contra el cordón de la vereda. Nunca vi a nadie llorar con tanto dolor como cuando a mi viejo se le murió su viejo.
Creo que tengo la potencia de mi viejo pero desarrollé la vocación mi madre. Esther podría haber sido una gran periodista. ¿O ya lo es?
Mi vieja, la Esther, sabe todo. Está más informada que yo. Me llama por teléfono todos los miércoles para darme su opinión del programa de Los Leuco de la noche anterior. Elogia la elegancia y la inteligencia de Diego, su nieto, kenore, dice en idisch. Me da su palabra sobre los invitados. Qué bien que estuvo Jairo, por ejemplo. O que simpática es tal diputada. Después me pasa el informe del zapping. Como si fuera una productora extraordinaria me cuenta que invitados tuvieron todos mis competidores. Siempre me dice que nuestro programa fue el mejor. Me hace acordar a una anécdota que suele contar Fernando Bravo. Dice que cuando uno se equivoca en la tele o en la radio, cuando comete un furcio, mucha gente dice, mirá el boludo este, no sabe ni hablar. Y nuestras viejas dicen: “Pobre nene”, y sufren con nosotros.
Mi vieja es como Mirtha Legrand. Tiene su lucidez y le interesa todo lo que ocurre en la humanidad. Es curiosa, atenta, sensible, como buena periodista. El otro día, después de una campaña feroz e implacable del “pauta traficante” Diego Gvirtz, un verdugo al servicio de Cristina, mi vieja me llamó y me dijo con la voz quebrada, “cuidate changuito”.
Ahora anda media achacada. Un poco encorvada por el peso de los años de una columna vertebral que la hace sufrir. Pero se la banca como una reina entre médicos y fisioterapeutas. Es muy difícil que se queje. Siempre reparte alegría. Siempre agradece a la vida que pudo cumplir su sueño de construir una familia. De sus dos hijos le nacieron cuatro nietos, Edith, Ariela, Dani y Diego.
De sus nietos brotaron el milagro de los bisnietos: de Eliana, Ezequiel, Uriel, Yoav, Yael y Sofía por orden de aparición y un séptimo que viene para febrero. ¿Qué más puede pedir? Habla por teléfono como si fuera una agencia de noticias. Todos la quieren. Es famosa entre los vecinos porque tiene una actitud solidaria con todos.
Aprendí de ella que nuestro destino queda cerca. Como dice “la Sole”, “estaba donde nací lo que buscaba por ahí.
En la esquina de Alvear y Sarmiento, en esa Córdoba heróica, donde ella me crió con algún cintazo que no me dolía. O con su ojota revoleada para frenar mis travesuras. Pero con el amor de disfrazarme de duende para un acto de la escuela con una barba echa de algodón y un traje rojo cocido en la máquina Singer. Una vez se sentó a explicarme contabilidad. Yo ya estaba en el secundario y no entendía nada de sumas ni de saldos.
Son postales, fogonazos proyectados en mi cerebro. Marcas de las madres que nos marcan para siempre. Ella es madre y nosotros somos hijos para siempre. Llevamos la marca en el orillo.

Cristina contra Scioli – 15 de octubre 2015

No lo traga. Cristina no termina de digerir a Daniel Scioli. La presidencia no tuvo más remedio que tragarse ese sapo gigantesco. Eso se llama feroz pragmatismo K. El candidato más votado en las PASO y menos querido por la presidenta de la Nación, llegó a ese lugar porque Cristina fracasó en su intento de encontrar un heredero a su imagen y semejanza. Ella hubiera querido ver en el sillón de Rivadavia a Axel Kicillof a Aníbal Fernández o a Carlos Zannini. Ellos si la representan cabalmente aunque nunca la van a conformar del todo porque Cristina está convencida de que es perfecta y que su presidencia es inmejorable. Mareada de soberbia solo se gusta a sí misma y, de vez en cuando, como ayer, se emociona y quiebra la voz recordando a su marido fallecido.
Daniel Scioli la celebra y la cita en todos los discursos. La eleva a la categoría de reina y a Néstor lo coloca en el lugar de estadista. Scioli se ofrece para profundizar el modelo al que elogia sin medias tintas. Pero a Cristina no le alcanza. Nada la conforma. Le molesta que Daniel Scioli no sea agresivo y maltratador como ella. Se indigna cuando lo descubre conciliador y moderado en el coloquio de IDEA que ella desprecia profundamente y al que nunca fue. Por eso manda a sus amanuenses sin votos a armar un coloquio paralelo. En ese ámbito, Héctor Recalde, el abogado que hizo fortunas representando a gremialistas ricos y trabajadores pobres, castigó duramente a los que fueron a escuchar a Scioli. Dijo que son los empresarios que buscan impunidad por su complicidad con la dictadura militar y que presionan por la flexibilización laboral. Eso dijo el kirchnerista Recalde del coloquio que abrió el kirchnerista Scioli. Ahí hay un ruido y una división que se transformará en batalla por el poder si Scioli llega a la presidencia Por eso hizo bien el diario La Nación en interpretar que las últimas palabras del discurso de Cristina de ayer fueron un apriete púbico a Scioli. Ella dijo que ser presidente no es para cualquiera. Ergo ella no es cualquiera, es una mujer de talento sobrenatural que quedará grabada en la historia superando incluso a Eva Perón. Eso piensa Cristina cuando se mira al espejo. Después fue directamente contra estilo del gobernador que es una de las cosas que más la irrita. A ella la acusan de ser pendenciera, peleadora y vengativa. Y ella lo fustiga a Scioli porque reparte sonrisas y palmaditas en la espalda para todos y todas. Dijo Cristina, como palabra santa, que así no se gobierna. O por lo menos, que así no se puede gobernar para los intereses del pueblo. Que ese camino que toma Scioli lo conduce a ser gerente de las corporaciones económicas y mediáticas. Son las mismas acusaciones que le hicieron Florencio Randazzo, Sergio Urribarri y Julián Domínguez hasta que Cristina, muy a su pesar bendijo con su dedo la candidatura de Scioli. Las versiones más duras quedaron a cargo de Hebe de Bonafini que dijo que el gobernador tenía actitudes musolinianas, entre otras groserías. Estela de Carlotto fue más a fondo. Ahora se arrepintió pero dijo que Scioli, si llega, solo será un presidente de transición hasta que vuelva Cristina eterna.
Varios de los que hablaron, lo hicieron por boca de Cristina aunque ahora sean ministros de un probable pero no seguro gobierno de Scioli. La bronca más grande que Cristina tiene es que todos los candidatos prometen pacificar el país y recuperar el diálogo civilizado. Eso quiere decir que el país que ella deja está envenenado de odio, lleno de trincheras y vacío de puentes entre los argentinos.
Ella gobernó con el látigo y quiere que Scioli la imite o de lo contrario será un cobarde empleado de los Fondos Buitres. Es lo que sus soldados piensan ahora de Juan Manuel Urtubey o de Mario Blejer. Insisto con el tema. Es el comienzo de una pelea presuntamente ideológica que se viene si Scioli llegara a consagrarse presidente. Algo que es probable pero de ninguna manera seguro.
Scioli tiene dificultades para superar el 40% de los votos. Tal vez una de las principales trabas sea la presencia amenazante, respirando su nuca, de Zannini que es Cristina con pantalones, la de Aníbal que lo podría llegar a tener a tiro desde la provincia y la de los soldados de La Cámpora con Máximo a la cabeza.
La gran pregunta es si Scioli en caso de lograr su objetivo se convertirá en un títere de Cristina o en el sepulturero del cristinismo y el partero del sciolismo. Nadie está seguro de la respuesta. Hay argumentos históricos y políticos para sustentar las dos caras de esa moneda. Por ahora, Scioli como siempre se muestra ambiguo. No define y juega a dos puntas porque sabe que necesita los votantes más dogmáticos de Cristina y también sumar algunos sufragios de los independientes o de los peronistas que no simpatizan con la exitosa abogada duquesa de El Calafate.
¿Cuál es el verdadero Scioli? ¿El que hace un acto en el Luna Park con Luis D’Elía o el que anuncia un futuro gabinete donde no hay vestigios del extremismo camporista? ¿El que jamás contradijo públicamente a Cristina y soportó muchas humillaciones de parte de ella o el que avanza con su proyecto superador acompañado por los gobernadores del Partido Justicialista? ¿Cuál es el verdadero Scioli? Eso es lo que se pregunta mucha gente. No hay otra forma de responder que verlo en acción. Conviene siempre analizar más sus movimientos que sus palabras. De todas maneras, si Perón estuviera vivo y le preguntaran cual es el verdadero Scioli, creo que respondería los dos son verdaderos. Hoy el peronismo es una ensalada ideológica cuya especialidad es llegar al poder. En los últimos 32 años de democracia, el peronismo gobernó durante 24 años y el radicalismo no llegó a 8. Tanto Menem como los Kirchner fueron peronistas aunque unos nieguen a otros y todos se elogien como “los verdaderos peronistas”. Scioli también lo es. Cada uno a su manera y armoniosamente. A 70 años del 17 de octubre, el movimiento justicialista todavía es un misterio a descifrar. Muchas veces se gritan entre ellos. Pero como decía el viejo general más que pelearse parece que se están reproduciendo, como los gatos. Faltan apenas diez días para la hora de la verdad. Recién cuando se abran las urnas sabremos si la mayoría del pueblo argentino quiere insistir con lo mismo o producir un cambio. Eso se llama democracia. Y por suerte Cristina fracasó en su intento reducirla al chavismo.

El campo gritó en el Obelisco – 14 de octubre 2015

Los productores agropecuarios tuvieron que venir a gritar al lado del Obelisco. Bien cerca de la Casa Rosada. Es que no los escuchan. Los ignoran. Cristina los desprecia y los quiere ver arrodillados. Por eso les moja la oreja a los que trabajan la tierra en el interior profundo de la Argentina. Culpa de su mala praxis y la de actitud vengativa de la presidenta esa fábrica de alimentos a cielo abierto está en una crisis profunda. Muchos rubros productivos están quebrados. Cero rentabilidad. Los que aguantan, trabajan a pérdida. Pero ya desaparecieron 95 mil productores desde que los Kirchner llegaron al gobierno. Hicieron un verdadero desastre. En lugar de llevar más gente al campo para sacarla de las espaldas de las ciudades, hicieron lo contrario, miles de campesinos se tuvieron que ir a vivir a los grandes centros urbanos a buscar alguna changa. La verdad es que los Kirchner han sido muy dañinos en varias áreas. Mutilaron la justicia. Intentaron quebrar los medios y la libertad. Fracturaron la sociedad y la cargaron de odio. Y al campo lo atacaron por todos lados. Casi no hay actividad que no tenga problemas. Hay casi dos millones de hectáreas sin cultivar. Es más que toda la superficie sembrada de Uruguay. Un despropósito. Se quebró la cadena de pagos en muchos lugares. Están desesperados y rezan todas las noches para que el 10 de diciembre llegue pronto. Son años de vacas flacas pero por culpa de las malas políticas del gobierno y de su revanchismo autoritario.
El complejo agroindustrial es muy competitivo. Da trabajo a un tercio de la mano de obra de todo el país, toda la comida que el mundo pueda comprar y el país pueda consumir e innovación tecnológica. Encima, es la industria más descentralizada y federal. En todos los pueblos del país hay trabajo por hacer. En cada campo hay posibilidades laborales. En todos lados hay esperanza y riqueza que producir. Eso es arraigo. Raíces. Identidad.
Pero los resultados son nefastos. El balance kirchnerista es de un rojo furioso. Desde 2003 desapareció un tambo por día. Cerraron 142 frigoríficos y Argentina pasó del 3er lugar al número 14 en la lista de exportadores mundiales. Paraguay y Uruguay exportan más carne que nosotros. Hay 27 mil productores ganaderos y 21 mil puestos de trabajo menos. ¿Eso es progresismo o masoquismo?
Jamás pensamos que íbamos a caer tan bajo. Cristina lo hizo. Por eso los chacareros han dicho basta. Hay mucha bronca y la han expresado con sus protestas en cada ruta, en cada asamblea, en cada tranquera. Y esta mañana en la Plaza de la República que es lo que falta. Lo hicieron con un grito desesperado: No maten al campo. No nos maten.
Asi de simple y de cruel: No maten al campo dicen sus gargantas y sus pancartas. Son gente que trabaja la tierra de sol a sol.
Cristina nunca pudo superar aquella triple paliza que recibió su gobierno por la 125. ¿Se acuerda de las humillaciones e insultos como golpistas agrogarcas y grupos de tareas o piquetes de la abundancia que utilizaron tanto Néstor como Cristina. Y eso que el sector genera el 60% de las divisas que entran al país.
Y cuando hablo de la triple derrota que sufrió el gobierno por su infantilismo ignorante de la nueva revolución tecnológica del campo me refiero a las calles, con aquellas multitudinarias maniestaciones en el monumento a la Bandera en Rosario y a Los Españoles en Palermo. O el duro revés electoral que sufrieron en las elecciones cuando la lista encabezada por Néstor, Scioli y Massa perdió a manos de Francisco de Narváez. Y ni que hablar de aquella madrugada con el país en vilo cuando Julio Cobos pronunció ese voto no positivo que cambió todo.
¿Se acuerdan que Cristina se enojó tanto que quiso tirarle el gobierno por la cabeza a los argentinos? Tuvo que intervenir telefónicamente Lula para que ella no presentara su renuncia porque ” este pueblo no nos merece, Nestor”, como dijo en ese momento. Cristina no se olvida mas. Por eso su actitud revanchista. Porque hay medidas de gobierno que perjudican al campo y no benefician a nadie. Son solamente caprichos o la puesta en acto de aquella vieja consigna setentista y autoritaria de “Ni olvido ni perdón”.
Por eso el campesino está como está. En muchos lugares, la política oficial parece de tierra arrasada. Hacen todo al revés de lo que indica el sentido común. Eso es dilapidar los mejores vientos de progreso en un siglo.
Lo del maíz es directamente incomprensible. Un camión cargado que va de Salta al puerto es un agujero negro de irracionalidad. El flete cuesta mas caro que la carga. No le estoy mintiendo. Esas barbaridades se producen. Y no hay con quien hablar.
Un informe de Juan Jose Llach es riguroso para mostrar la cara oculta del campo. O la que el gobierno quiere ocultar. En trigo, cayó mas de la mitad nuestra participación en la producción mundial. Tenemos la menor superficie sembrada en 111 años. Y Brasil nos superó largamente. Hoy nos ganan países con menos ventajas naturales. ¿Qué me cuenta? Son números duros. Aca no hay lugar para sembrar verso y cosechar relato. Ni hablar de las economías regionales empezando por las peras y manzanas que están a la deriva. Al damasco no quisieron ni levantarlo .¿Quién puede aguantar sequías, inundaciones, maltrato, inflación, atraso del tipo de cambio y una asfixia impositiva que encima es regresiva, es decir que genera mayor desigualdad social? Y eso que tenemos la agricultura mas competitiva del mundo y que somos el país que mas granos producimos por habitantes en el planeta.
Una cosa es el campo afuera. Y otra es afuera el campo. Una cosa es tierra adentro y otra muy distinta es tierra arrasada. Asi se podría definir la política de Cristina con el mundo de la producción agropecuaria. Cristina vuelve al llano y deja nuestro país con menos carne, con menos leche, con menos trigo y menos maiz. Somos privilegiados. Solo el 10 % de la población mundial vive en países con excedentes en alimentos. Podríamos abastecer toda la demanda pero el gobierno mira para otro lado. Hay más de 5 millones de compatriotas que sufren algún grado de desnutrición. No se puede creer pero es cierto. Afuera el campo y tierra arrasada. Que dios y la patria se lo demanden.