Le pido que me escuche un segundo con atención señor oyente. Lo mismo para usted, amiga oyente. No importa si usted es de River o de Boca. No es necesario que le interese el fútbol en particular. Le quiero contar la historia de un ser humano que conmueve a una gran mayoría de los argentinos. Hablo de Carlos Tévez. De Carlitos. Del apache. O del jugador del pueblo, como usted prefiera. Su vida es un verdadero ejemplo de superación. Creo que pocos ciudadanos surgieron de tan abajo, con tantas dificultades y llegaron tan arriba, con tantos valores.
No conozco ninguna persona que haya sido tan castigada por la vida y que luego haya sido tan premiada. Su infancia fue un calvario producto del destino y la injusticia social y su actualidad es una gloria gracias a su esfuerzo y su coraje.
Carlos Tévez nació en la pobreza más extrema y en la marginalidad típica de las villas miserias. Pobrecito, apenas tenía 6 meses cuando su madre, Fabiana, lo abandonó. Tal vez Carlitos no tenga memoria de aquel drama. Pero cuatro meses después, la tragedia le dejó una marca para toda su vida. Una pava repleta de agua hirviendo para el mate se derramó sobre cuerpito. Es un accidente doméstico muy común que aterra hasta los médicos. Las ollas siempre deben estar en las hornallas de atrás de la cocina. Pero en este caso no había ni hornallas ni cocina. Había un humilde braserito para todo uso puesto sobre el piso de tierra. Y por eso pasó lo que pasó. Lo llevaron de urgencia a la salita de primeros auxilios de Fuerte Apache y de ahí al hospital. Pero en su desesperación sus seres queridos, los que no lo habían abandonado, lo envolvieron en una manta con fibra de nylon. Eso hizo todo más grave y terrible. El plástico se derritió con el calor y se adhirió a la piel del chiquito en llamas de llanto. Estuvo a punto de morir. Se pasó dos meses en terapia intensiva y la valentía que siempre tuvo le ayudó a salir a flote pero con una cicatriz gigantesca que va desde su oreja hasta el pecho pasando por el cuello. Sufrió las curaciones durante meses. Y el peligro de las infecciones en un ámbito desolador.
Por suerte, la humanidad siempre gana y fue criado y educado por sus tíos maternos. Por la hermana de su madre y por su esposo, don Segundo Tévez que le dio apellido y dignidad aunque en medio de las privaciones más atroces. Pero esto no fue todo. Su padre biológico, Juan Alberto fue asesinado en un enfrentamiento de 23 balazos.
Carlitos tenía solo 5 años y un amor incondicional por la pelota. La dominaba como nadie entre las piedras, el barro y los perros flacos. Era magia lo que surgía de sus pies alados. Destellos de luz en cada gambeta en la canchita del club Santa Clara, al lado de la parroquia y frente a la radio comunitaria. Alguien corrió la bola y un delegado de All Boys lo fue a buscar. Don Segundo Tévez, con todo el dolor del alma y un nudo de lágrimas en la garganta le dijo: “No te puedo mandar al pibe para que se vaya a probar porque no tiene zapatillas”. Jugaba descalzo o con un par de championes rotos que le prestaba un vecino.
El fútbol le dio la nutrición y la potencia muscular que no tenía. Se ordenó su vida y encontró un objetivo para seguir. Carlos siempre dice que si no hubiera sido jugador de fútbol hubiera terminado preso o muerto por entreverarse en el delito. Es que en esos lugares tan extremos de marginalidad y necesidades insatisfechas no hay muchas opciones. Hoy algunos de esos pibes eligen ser soldaditos de la droga. Y así se compran una moto, unas altas llantas y seducen a la mejor de las pibas. Es doloroso pero rigurosamente cierto. De hecho uno de los pocos hermanos biológicos con el que mantenía relación está condenado a 16 años de prisión por asaltar un camión como pirata del asfalto. Uno de sus amigos de infancia, apodados “Cabañas” fue jefe de una banda criminal temible llamada “Los Backstreet”.
Todo eso me maravilla. Me lleva a preguntar como hizo un ser humano tan castigado para superar todo eso y convertirse en lo que es hoy.
Se la hago corta. Jugó profesionalmente 688 partidos, metió 283 goles, y salió campeón en 23 ocasiones y casi siempre fue el goleador del equipo. Y el compañero más querido. Y el más venerado y ovacionado por los hinchas de todos los colores. En Boca fue y es uno de los ídolos más grandes de todos los tiempos y es comprensible. Pero fue muy querido y valorado en el Corinthians de Brasil, país en el que los futbolistas argentinos tienen que rendir un doble exámen. Hasta Lula lo invitó al palacio Planalto y le pidió una camiseta del equipo que ama desde que era tan pobre como Tévez pero en una favela en lugar de Fuerte Apache.
Allí Carlitos empezó a hacer sus primeros palotes con los idiomas. Se las rebuscaba en el portugués. Pero lo titánico para él fue triunfar en Inglaterra. En tres equipos. A uno lo salvó del descenso, el West Ham y a los otros dos los hizo salir campeón y fue amado por los hinchas de los otros dos que en Manchester son enemigos a muerte, como River y Boca. Carlitos jugó en los dos y dio la vuelta olímpica con los dos. Y amagó con el inglés para un lado y salió por el otro, pero se hizo entender. Si para un argentino es difícil triunfar en el fútbol brasilero, hay que imaginarse lo que debe ser en Inglaterra donde la guerra de Malvinas y viejos odios todavía pesan bastante. Pero Carlitos superó todo eso. Hasta se hizo amigo de otro Tévez pero colorado y percherón como el Búfalo Wayne Rooney. Y fue ganando fortunas en euros. Le doy un dato que resume la dimensión de su talento. Noel Gallagher, el cantante de Oasis, una mega estrella, un día en las elecciones de Gran Bretaña puso en la urna un papel que decía: “Voto a Tevez”.
En Italia, en la Juventus repitió la historia de campeonatos y goles y afecto de los tanos de Milan que daban la vida por él.
No digo que Carlos Tévez fue perfecto o un robot de lo políticamente correcto. Hizo algunas macanas, como hacemos todos. Se peleó con un grandote que lo discriminó y lo trepó, literalmente por sus rodillas hasta su cara y lo cagó a trompadas. Discutió con Mancini y se fugó a la Argentina hasta que lo suspendieron y tuvo que pagar una multa de un millón 400 mil euros. ¿Qué me cuenta? Pero en todos lados fue un ejemplo de esfuerzo, de huevos para poner en cualquier cancha y de compañerismo. Por eso se ganó el afecto de todo el mundo. Incluso de sus rivales. Tuvo un desliz y se fue de trampa con una actriz muy bonita pero siempre mantuvo su hogar como un altar de la familia. No se casó con un gato que le comiera la billetera. Se casó con una piba de barrio hermosa y bancadora como Vanesa Mansilla y tuvo tres hijos por los que dá la vida y jamás abandonará: Florencia, Katia y Lito Juniors. Varios de sus golazos los festejó con el pulgar en la boca como tomando de la mamadera o llevó a los pibes a las vueltas olímpicas como la que dio en la Bombonera este domingo y el miércoles en Córdoba.
A Tévez le ofrecieron un sueldo de 20 millones de dólares al año en el Shangai de China. Pero el eligió su gente y sus afectos. Y quiso venir a Boca en un gran momento profesional y no de vuelta, con el cuerpo roto como hicieron tantos otros. Eligió el corazón y sus afectos y su familia y los bosteros en lugar de los palacios y la fortuna que no se puede gastar en toda una vida. Se compró una casa maravillosa y llevó a sus amigos de toda la vida a vivir cerca y le dio una mano grande a esa familia adoptiva que tanto lo cuidó. Hoy es amigazo de dos cordobeses que le producen felicidad con lo que hacen porque él también lo hace. El cuarteto de la Mona Giménez y el golf del Pato Cabrera. Otra vez dos mundos presuntamente enfrentados como el golf y el cuarteto unidos por Carlitos. Tiene luz y alma de bueno. Pudo haber sido un delincuente y se transformó en un tipo solidario que visita chicos en hospitales y gente que sufre. Denunció la pobreza de Formosa y se bancó la que vino después. Se reconstruyó a sí mismo. Como se darán cuenta yo lo admiro profundamente por cientos de cosas, porque todo se lo ganó transpirando la camiseta. Nunca se quiso hacer una cirugía reparadora para borrar esa cicatriz que lleva en su cuerpo. Tal vez esa marca sea su manera de mantener la identidad, y sus raíces, de no olvidar a aquellos que se quedaron y de mantener los pies sobre la tierra ante tantas tentaciones de todo tipo.
Pero hay dos cuestiones que les quiero contar para despedirme. Creo haber visto la belleza en estado puro. Es cuando Tévez aparece en el borde del área, inclina su cuerpo a la izquierda, se hamaca y le mete un sablazo con la derecha al segundo palo y la comba se clava en el ángulo. Para mi esa es una de las formas de la belleza pura.
Y la otra es lo que le escribió el día que cumplió años su padre adoptivo, el que lo ayudó a zafar de las catacumbas. A don Segundo Tévez, al que alguna vez secuestraron, Carlitos le dijo textualmente: “Me enseñaste hacer (sic) un hombre. Mis tristezas son las tuyas y mis logros tu satisfacción. Te amo, viejo, feliz cumple”.
Hoy se lo puede ver con su hermosa familia en una publicidad de lácteos por televisión. Hoy se lo puede ver trepado a los travesaños celebrando con su pueblo o trepado a los escenarios cantando con “Piola Vago”, el grupo de cumbia villera de su hermano. Hoy se lo puede ver gambeteando su destino y llegando a la gloria de ser el jugador del pueblo, el más querido. Carlitos corazón.
No jueguen con fuego – 5 de noviembre 2015
Esta columna no es una denuncia. Pero es una advertencia. Pienso que todos los que creemos profundamente en la democracia debemos encender una luz roja de alerta en el tablero de las instituciones. Porque es de una gravedad inédita lo que el cristinismo más fanático y con menos votos, está produciendo en su retirada del poder. Cristina ordenó una avanzada cargada de patoterismo de estado en varios niveles. Con el delito de los jueces subrogantes que por suerte la Corte cortó de cuajo. Con la escandalosa e ilegal designación de dos amigos de Máximo en la Auditoría General de la Nación entre gallos y medianoche. Y con la agresiva campaña sucia sin límites éticos contra todo el que se oponga al autoritarismo K. Esas son las señales que emite la más alta autoridad de la Nación que debería bregar por el respeto de las normas y hace todo lo contrario.
Pero lo más peligroso e inquietante es que con esa cobertura que le da Cristina se están multiplicando personajes y hechos sumamente violentos que generan turbulencias en la transición hacia el nuevo presidente que todos elegiremos dentro de 17 días.
El clima se fue enrareciendo de una manera brutal. Sobre todo para este país que tuvo que atravesar períodos cargados de sangre, sudor y lágrimas. No es ningún secreto lo que estoy diciendo. Solo hay que vincular varias situaciones públicas que se están analizando en forma individual. Es un rompecabezas nefasto que propongo armar con las siguientes piezas.
Un piquete amenazante y agresivo bloqueó la llegada de Mauricio Macri al Chaco. Emerenciano Sena, cuyo padrino de casamiento es Jorge Capitanich, fue el comandante de una patota absolutamente antidemocrática que intentó impedir que uno de los dos candidatos a la presidencia de la Nación hiciera campaña electoral y difundiera sus propuestas. Estamos hablando de un delito grave fogoneado por Cristina y Capitanich. ¿Cuál era el argumento de los que portaban palos y capuchas contra las ideas? Que Macri era el verdugo del pueblo. Cuarenta y pico muchachos apañados por el justicialismo se arrogan el derecho de ordenarles al pueblo a quien tienen que votar y a quien no. Si Macri es el verdugo, ¿Se supone que Scioli es el salvador? Delirios de fin de ciclo que no conviene minimizar porque producen un clima de guerra que nadie debe aceptar.
En ese mismo sentido, Raúl Castells, otro veterano piquetero reconvertido al dialogo más razonable, denunció que le ofrecieron armas y dinero para conspirar contra Macri y generar situaciones de caos y anarquía. Esta situación, claramente destituyente y golpista no mereció el repudio ni el rechazo ni la desmentida del jefe de los espías, el doctor Oscar Parrilli a quien, según Castells, se le despertó un repentino y oportunista amor por la protesta social. Castells también nombró a Luis D’Elía y Milagro Sala como otros personajes despreciables dispuestos a participar de actos de vandalismo.
Lamentablemente ya conocemos la catadura moral y las actitudes provocadores de quienes no reparan en agredir personas a trompadas, tomar comisarías, bloquear legislaturas, dar palizas, amenazar con bombas a la policía y todavía se está investigando si la Tupac Amaru no asesinó a un militante del radicalismo que ganó la gobernación.
El comandante Fernando Esteche y su grupo Quebracho son expertos en bombas molotov, en formaciones castrenses para desfilar por las calles con palos, cadenas y capuchas y en arrojar baldosas a todos los que opinen en forma crítica de este gobierno. Esteche ya estuvo preso pero insiste en mostrarse como recién llegado de la Sierra Maestra dispuesto a enfrentar a Macri en la lucha callejera como propuso públicamente.
Hace una semana en Vicente López se detuvo al referente de La Cámpora del lugar por una serie de escándalos que generó y se descubrió que estaba armado. Lo más notable es que la información original que luego se perdió en el tumulto y no fue confirmada, decía que varios de sus compañeros que rodearon la comisaría para liberar a su compañero tenían pistolas pero que (aquí está lo más grave) estaban autorizados a portarlas por el RENAR, organismo manejado por funcionarios amigos de Aníbal Fernandez y de Máximo Kirchner.
Repito lo que le dije al principio. Esto no es una denuncia. Pero es una advertencia antes de que sea demasiado tarde para lágrimas o que algún hijo de puta, pescador a río revuelto, quiera fomentar inestabilidad democrática, autogolpes o golpes de estado.
Hay otro eslabón informativo que eleva mucho el nivel de preocupación. Son muchos los robos de armas y proyectiles que se produjeron en distintos cuarteles de las Fuerzas Armadas. Ninguno fue esclarecido. ¿Escuchó bien? Se roban armas y balas y nadie sabe que pasó. O saben que pasó y nadie lo quiere decir. La semana pasada fue el robo de 67 pistolas de la Policía de Córdoba. Hubo sanciones disciplinarias pero grandes signos de interrogantes.
Es cierto que el kirchnerismo está pegando sus últimos manotazos de ahogado. Pero también es verdad, como dice mi amigo Jorge Fernández Díaz, citando a San Martin que el que se ahoga, no repara de lo que se agarra. Pueden agarrarse del mantel y tirar toda la mesa servida al suelo.
Ojo que algunos salvajes sin votos propios se dan cuenta que el 10 de diciembre se les acaba una cuota de poder y una fortuna de dinero negro que reciben regularmente y eso los pone como locos. Ojo que la guerra de servicios que desató Cristina alrededor de Antonio Stiuso está al rojo vivo y allí no hay nenes de pecho. Todos tiran a matar y si no que le pregunten al Lauchon, un espía asesinado por la policía bonaerense sin decir agua va. Como si esto fuera poco, hay que computar en este análisis de las relaciones de la política con la violencia y las armas la fuerte inserción de los narcotraficantes. Como nunca en la historia argentina, en estos últimos doce años han logrado prostituir jueces, policías y políticos y convertirlos en cómplices a cambio de millones de dólares. Estamos hablando del crimen organizado. No son nenes de pecho, Son capaces de ametrallar la puerta de la casa de un gobernador como fue en su momento con Antonio Bonfatti y de asesinar a tres personas de un saque como en General Rodríguez. Usan armas sofisticadas, tienen alta capacidad logística y de comunicación y disponen de fondos infinitos en dólares. Hoy están en concubinato con algunos pantanos de los gobiernos y eso hace todo más peligroso.
No se puede jugar con fuego. Las razonables pasiones de la lucha política deben estar al margen de toda violencia. Ya se sabe que a las armas la carga el diablo y la descargan los corruptos y los golpistas. La democracia tiene reglas del juego. Que nadie patee el tablero. Hay que estar alertas y vigilantes. No tener miedo pero tener cuidado. Que nadie juegue con fuego.
Al enemigo, ni justicia – 4 de noviembre 2015
El último tiro para el lado de la injusticia mató políticamente al juez Juan Carlos Gemignani. Cristina le cortó la cabeza al único camarista de la sala nombrado con los mecanismos constitucionales y utilizó como verdugos a dos abogados kirchneristas designados de apuro como jueces subrogantes. Es una movida a todas luces delictiva. Y lo acaba de confirmar la mismísima Corte Suprema de Justicia. Una ilegalidad que demuestra la desesperación de la presidenta de la Nación en un tema que la preocupa en forma obsesiva: el tenebroso pacto firmado con Irán.
Fue una jugada ordenada por Cristina, cuyo autor intelectual fue Carlos Zannini, la materia gris de todos los proyectos más autoritarios del gobierno. Los autores materiales de semejante atropello fueron los doctores Norberto Frontini y Roberto Boico, quienes tienen puesta la camiseta del cristinismo hace tiempo.
Estamos hablando de un hecho de gravedad institucional. De un embate autoritario inédito en lo que va de la democracia. Pero ya se sabe que Cristina no tiene límites y su patoterismo de estado avanza hasta que la dejen.
Acá hay varios aspectos que analizar. ¿Qué cuestión tan sucia e impresentable oculta ese pacto firmado en forma clandestina en Etiopía por Héctor Timerman a quienes altos miembros de la colectividad judía consideran un traidor a su pueblo? Que nadie se olvide de los 85 muertos, del crimen de lesa humanidad del terrorismo en la AMIA y de la impunidad que hoy existe. ¿Qué cosa tan grave hicieron desde el gobierno que los obliga a gastar tanta energía en evitar que el tratado sea declarado inconstitucional como va a ocurrir más temprano que tarde? Todo indica que la denuncia del fiscal Alberto Nisman contra la presidenta y varios de sus colaboradores por encubrimiento tenía más verdades que las que se conocieron hasta ahora. La posibilidad de investigar como corresponde la liquidaron de un plumazo los jueces Rafecas, Ballesteros y Freiler.
Esa es una cara de esta moneda que mueve a Justicia Legítima. Es más ilegítima que nunca cuando busca garantizar la impunidad de la presidenta en el tema Irán y también en la causa Hotesur donde el lavado de dinero y la corrupción de la familia presidencial se mixturan con Lázaro Báez.
Por eso ahora tiraron por la ventana al doctor Gemignani y antes hicieron lo mismo con el juez Luis María Cabral, soldado heroico. Y actuaron de la misma manera expulsando de su investigación rigurosa al doctor Claudio Bonadío después que allanó varias oficinas de la familia Kirchner en el sur, donde se encontró de todo, menos transparencia.
Esto confirma que está muy activa la ofensiva del gobierno para domesticar a la justicia y hacerla arrodillar para ponerla al servicio de sus intereses. Aunque falten 35 días para que la patrona del mal regrese al llano y vuelva a ser una vecina más de Calafate y Puerto Madero.
Tanto el fiscal Raúl Plee como la AMIA y la DAIA anticiparon que apelarán la medida quen le sacó tarjeta roja a Gemignani y Cabral.
No podemos permitir semejante Cambalache. Los inmorales nos han igualado. Cualquiera es un señor. Cualquiera es un ladrón. Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que mata o el que cura o esta fuera de la ley. Hay que decir con todas las letras a estos jueces discriminados que lo que hacen con ellos es una falta de respeto, un atropello a la razón.
Quieren sembrar la justicia con amigos, cómplices y militantes para poder huir del poder el 11 de diciembre sin tener que rendir cuentas en los estrados judiciales y de paso, hacerle la vida imposible próximo gobierno. Es un juego perverso pero bastante sencillo. En este plan sistemático para apropiarse de los juzgados hay varios hitos. La atropellada más importante fue el intento de reforma judicial que fue frenado por la Corte por ser burdamente anticonstitucional. Pero ese fracaso no les hizo bajar los brazos. Los K tienen la virtud de no darse por vencidos ni aún vencidos. Siguen intentando fundar una justicia K por todos los caminos posibles. Crearon la agrupación Justicia Legítima para identificar a los amigos que hay que ayudar.
Hoy la Corte hundió esa avanzada pero los K habían designado una larga lista de conjueces amigos con mayoría simple en el Consejo de la Magistratura cuando para nombrar un juez se necesitan los dos tercios, es decir una mayoría calificada. La lista de conjueces que pronto volteará la Corte parecía la lista de invitados al casamiento de Florencia Kirchner. No está Lázaro Báez solo porque no es abogado.
A los que demuestren su vocación de investigar a fondo la verdad como José María Campagnoli les reservan un lugar en el infierno de la destitución. A los que garantizan zafar a los que integran la matriz corrupta del estado les prometen la gloria y algún anillo con diamantes como a Norberto Oyarbide.
Tienen todo fríamente calculado. Salvo la oposición de la oposición y la indignación activa de la mayoría de la sociedad que quiere vivir en una república equitativa y transparente, sin ladrones y con la máxima libertad posible. Que nadie diga que no sabía. Que todo el mundo este enterado del operativo que está en marcha. Buscan cubrir su retirada del poder y garantizar la impunidad de los funcionarios. En dos palabras quieren apropiarse de la justicia. Herir las instituciones y no dar explicaciones. Es casi la fórmula de todos los gobiernos intolerantes y corruptos. No hay nada nuevo bajo el sol. Salvo la bronca de una comunidad dispuesta a ponerle límites en las urnas a la prepotencia.
Por suerte, hace tres horas, la Corte Suprema de Justicia declaró la inconstitucionalidad de la ley de subrogancia que era la trampa que utilizaba Cristina para hacer este tipo de trapisondas. También en la justicia amanece que no es poco.
Muchos creen que el cristinismo es la etapa infantil del peronismo. Yo creo que intentó ser la versión chavista, y fue la más caprichosa, corrupta y autoritaria. La que quiso instalar un discurso único y apropiarse de los medios de comunicación y de los tribunales. En dos palabras: la que reflotó aquella vieja consigna nefasta que decía: “Al enemigo, ni justicia”.