Hasta siempre Débora – 7 de febrero 2018

Todavía siento el silencio atronador de una gigantesca redacción llorando frente a las computadoras. Todavía me rebota en la cabeza y en el corazón la noticia que jamás hubiéramos querido dar de nuestra querida compañera Débora Pérez Volpin. Primero aparece el crespón negro en la tele y después sus compañeros que la recuerdan como lo que fue: una gigantesca mujer que se destacó en casi todo lo que hizo. El periodismo argentino está de duelo. Su partida nos desgarra el alma a todos. Es que Débora era una persona luminosa. Gran madre presente y atenta de Agustín y Luna, dos jóvenes de 19 y 17 años que son los que más la van a extrañar. Su carisma traspasaba los televisores para llegar pleno a todos los hogares. Su sonrisa contagiosa. Su inteligencia infrecuente, su formación intelectual y su sensibilidad social para entender que este oficio maravilloso siempre tiene que estar al servicio de una sociedad más justa. Por eso era capaz de hacer cualquier tipo de cobertura. Desde la más profunda y triste en una catástrofe hasta la nota color jugando a las palabras graciosas con Carlitos Balá. No se le recuerda ningún error grave. Era perfeccionista, gran lectora, deportista, amante de la naturaleza y de una belleza fresca que fotografiaba de maravillas en la tele. Integró la línea fundadora de TN. Primero como astuta productora y luego bajando a tierra aún a los temas más complejos. Siempre preocupada por lo social. Por visibilizar las injusticias y tratar de encontrar las soluciones. Primero en su militancia universitaria en Franja Morada, subida a la primavera democrática de Raúl Alfonsín. Egresada del colegio Nacional Buenos Aires y de la carrera de Comunicación de la UBA. En ambos establecimientos educativos participó de las revistas que hacían los alumnos. Era el orgullo de sus hijos y de sus padres. El año pasado falleció Aurelio Pérez Volpin un médico solidario que fue director del Hospital Fernández. Ella siempre entendió el periodismo desde su ética más fundacional. Siempre del lado de las víctimas. Siempre en la defensa de la democracia y la libertad. Tratando de cumplir la misión de este oficio maravilloso que es acomodar a los incomodos e incomodar a los cómodos.
A los 50 años, en la cima de su carrera profesional, tomó la decisión corajuda de pegar un volantazo a su vida. O de comenzar la segunda parte de su vida. El periodismo no le alcanzaba para ayudar a los que más necesitan. Y resolvió dar el salto a la política. Como dijo Marcelo Bonelli, su compañero de 12 años en las mañanas de Arriba Argentinos en canal 13: todos los colegas perdemos una gran periodista pero la política gana una persona excelente y de una ética a prueba de balas. Aceptó la convocatoria de Martín Lousteu, se sumó a “Evolución”, nombre que fue casi como una metáfora de sus sueños y fue electa legisladora por la ciudad. Quiso el destino que solo pudiera participar de una sesión en la Legislatura porteña. Pudo votar el presupuesto y prepararse para recorrer los barrios detectando problemas y aportando soluciones. Estaba feliz, de muy buena onda como siempre, en esta nueva etapa de su vida.
Estaba casada con otro colega, el periodista deportivo Enrique “Quique” Sacco y el camarógrafo Marcelo Funes fue su primer marido y el padre de sus hijos. Hasta en los afectos más profundos estuvo ligada al gremio. Su voz cálida y su dicción perfecta levantaba a medio mundo con alegría con su saludo “Arriba remolones”.

Es cierto que trabajó en Clarín y La Nación y en esta querida radio Mitre hizo un gran programa que me contaba como oyente fiel. Pero ella fue nacida y criada en la tele. La luz roja que se prende, la cucaracha por la que recibe indicaciones, el maquillaje, la urgencia, el stress, las horas de guardia y los móviles más variados. En el clip de homenaje se la puede ver en la cumbre de las montañas, vestida de buzo para dar testimonio bajo el agua, denunciando como gente muy humilde revisaba la basura o compartiendo una receta de cocina rica y barata con una grande del mundo gourmet. Una cobertura en fuerte apache la muestra diciendo frente a cámara: “hay una lluvia de balas”. Nada de lo humano le era ajeno.
Débora es un nombre de origen hebreo que significa abeja trabajadora. No abeja reina. Nunca se la creyó ni tuvo aires soberbios de diva. Ganó el Martín Fierro en el 2014 y el afecto de todos los que conocieron su actitud de entrega. El dolor de un periodista que está “en vivo y en directo”, debe ser ocultado por el profesionalismo y el oficio. Pero anoche pude ver a muchachos que no pudieron frenar sus lágrimas y su congoja. En Los Leuco tuvimos a un Marcelo Bonelli quebrado por una noticia incomprensible que todos negamos hasta último momento. Su productor de tantas notas, Gustavo Tubio estaba desencajado. La sensibilidad del Bebe Contemponi repetía que era una mentira, que Débora estaba viva.
Pero la verdad dolorosa es que Débora está muerta. Los detalles no interesan demasiado aunque es inquietante saber que falleció durante una práctica médica de muy bajo riesgo y que se hace habitualmente. De hecho su familia hizo una denuncia y el juez Gabriel Ghirlanda abrió una causa caratulada como “homicidio culposo”. La anestesista que intervino se presentó en el juzgado Criminal y Correccional Nro 57 como auto imputada.
El Sanatorio de la Trinidad de Palermo mediante un comunicado informó que Débora, que tuvo un “cuadro abdominal complejo, murió por un paro cardio respiratorio que no respondió a las maniobras habituales de reanimación”.
Su familia merece nuestro respeto y nuestro abrazo y el sentido pésame. Muchos televidentes y oyentes sintieron que se murió alguien de su familia. Un ser querido. Porque eso era Débora Pérez Volpin: un ser querido y querible. Por eso semejante conmoción. Por eso tanta repercusión e interés. La vida de un periodista, obviamente, vale igual que la de cualquier persona. Pero su trabajo le permitió entrar a la casa de mucha gente y compartir el desayuno informativo o un momento especial. Eso no se olvida fácilmente. El televisor puede estar encendido todo el día. Pero no todos los periodistas son autorizados por el alma del ciudadano a que ingresen en su intimidad y se sienten a su mesa. Eso es solo para los elegidos: como Débora.
Siempre fue Débora, la compañera sin igual, la que nunca aflojó ni en las más difíciles, la luchadora temprana por los derechos de la mujer y en contra de la violencia de género.
Anoche entré a la moderna redacción de TN y Canal 13. Parece la Nasa y siempre hay bullicio y gritos urgentes. Sin embargo y vi a decenas de colegas llorar en silencio frente a las pantallas. Fue un cachetazo brutal, a traición, inesperado, lacerante. Ella era puro profesionalismo, buena onda personal y una profunda vocación de servicio. Desde el periodismo y desde la política. Quería una ciudad moderna y de iguales.
Débora Pérez Volpin tenía mucho para dar. Proyectos maravillosos y la otra mitad de su vida por delante. Todos los que amamos el periodismo y la libertad la vamos a extrañar. Como dice el video graph que preside su homenaje: “Hasta siempre Débora”.

Salta bajo el agua – 6 de febrero 2018

En Salta, la Cruz Roja lo dice con toda contundencia: la situación humanitaria es muy compleja. Es que el Pilcomayo está desbocado. Parece un tsunami de tierra adentro. El municipio de Santa Victoria Este apenas sigue en pié. Está incomunicado y aislado en su sufrimiento inconmensurable. Fue arrasado por una correntada nunca vista que se llevaba puesta a casas enteras, árboles y camiones como si fueran de juguete.
Las grandes tragedias como ésta, suelen conmover por los pequeños sufrimientos. La foto de dos changuitos de piel tan marrón como el agua del río sublevado, con su flequillo azabache y en calzoncillos como toda vestimenta, estaban acompañados de dos perros flacos y sufrientes. Pero era desgarrador ver al más chiquito de los chicos defendiendo un autito amarillo de plástico como si llevara oro en polvo. Era difícil no llorar frente a semejante panorama. Un nenito salteño se aferraba a ese juguete como si fuera su vida. Tal vez es lo único que le quedó después que un terremoto de agua le destruyera su humilde casa y se llevara sus pocas pertenencias. Es terrible cuando la naturaleza se ensaña con los que menos tienen y más necesitan. No están preparados para semejante huracán de agua.
El departamento Rivadavia y todo el nordeste de Salta está padeciendo está crecida que es un nefasto record histórico. Hay 10 mil hermanos argentinos humildes que la están pasando muy mal. Se ven extraños, como de otro planeta, los helicópteros de las fuerzas armadas sobrevolando, o los botes y alguna moto de agua que se usa para salvar a los más viejitos que quedaron aislados en el techo de su rancho.
El Pilcomayo estalló como el más aguerrido de los océanos. El Bermejo va en ese camino de olas descontroladas y devastadoras. La ruta 54 fue destruida en dos tramos por lo menos. El agua maldita fue erosionando el asfalto hasta quebrarlo. En el kilómetro 110 la crecida alcanzó los 25 metros. ¿Escuchó bien? La crecida llegó a los 25 metros. Un horror colosal. Un enemigo imposible de derrotar. Y todo bajo un sol que raja la tierra. O las islas de tierra que quedan como mojones fuera del agua. Es el lugar en el mundo del Chaqueño Palavecino y Jorge Rojas, que están en la zona al pié del cañón, listos para ayudar en lo que haga falta. Allí nacieron y allí están. Junto a los suyos.
En las carpas precarias de toda precariedad pero llenas de actitudes solidarias circula el agua potable, las tortas fritas y algún sancocho típico de ese crisol de tribus, los Wichis, Chorotes, Qoms y Chulupíes.
Es increíble que tanto desastre sea adjudicado a un fenómeno climático que tiene un nombre tan hermoso como “La Niña”.
El gobernador Juan Manuel Urtubey y la ministra de Seguridad Patricia Bullrich se reunieron con el Comité de Emergencia que está coordinando toda la ayuda estatal. Pero por ahora, nada es suficiente.
La destrucción y la desolación, te estremece. El alma se estruja porque la catástrofe es brutal. El Pilcomayo se convirtió en un enemigo de la gente y llegó a su nivel histórico de 7,26 metros de altura. El agua baja en cataratas desde Bolivia donde hay 50 mil personas afectadas. Es un drama que parece que no termina nunca. Parece un castigo bíblico. Los que vivimos en la Capital nos quejamos de la lluvia pero hay una especie de diluvio universal que está castigando ferozmente a pueblitos maravillosos de la Argentina.
Miles de compatriotas del interior profundo están sufriendo esta calamidad.
En los parajes llamados “Gauchito Gil” y “La Miguelina” el paisaje es macabro. El agua tiene olas como si fuera el mar, hay peces que mueren de calor y al medio, estoica una tranquera de lo que alguna vez fue la entrada a un campo. Al costado, tres vacas, están muertas, con el vientre hinchado y las patas hacia el cielo. Son cadáveres de una Argentina que trabaja con esfuerzo y sacrificio de sol a sol pero que todo el tiempo tiene que estar en el combate.
Es una catástrofe productiva, medioambiental y social, por supuesto. Miles de personas viven o apenas sobreviven, de la agricultura familiar, la módica ganadería, la alfarería y algún nivel de trabajos manuales de artesanías muy simples colapsaron y se empacharon de agua.
Hay vacas con el agua hasta el cuello. Y no saben nadar. Con esa mirada tan mansa de los vacunos se resignan a morir al lado de los terneritos que te parten el alma.
Las imágenes satelitales muestran que este desastre envenena toda la región.
Es un océano criminal que apuñala por la espalda a la tierra mansa. Los tractores se hunden en los malos caminos que ahora parecen pantanos. La poca maquinaria agrícola parece un monumento al desamparo por la parálisis que les produce el agua.
No hay rutas, no hay caminos, no hay puentes, no hay obras para mitigar las inundaciones.
La potencia demoledora del agua solo trae desocupación, miseria y desesperación.
La única esperanza que arranca alguna sonrisa tibia es la solidaridad de la gente con la gente. Todos convertidos en uno para salvar a sus pueblos. Con el agua hasta las rodillas, pala en mano, llenando bolsas de arena, conteniendo las lágrimas, protegiendo a los chicos y a los viejos. Todos se convierten en héroes mientras esperan la ayuda del estado que tarda porque no da abasto.
Las manos callosas de Antonio demuestran que es un hombre que trabajó toda su vida. Es mozo de un bar pero también hace changas como pintor de obra para llevar un pesito más a esa casa que ahora está bajo el agua. Es una postal horrorosa que se repite en demasiados lugares. El hombre está rodeado de fotos familiares que flotan antes de ahogarse para siempre. Una heladera inútil que naufraga, una chancleta y un canasto que se desliza en el agua sucia y maldita. Por lo que antes eran calles y ahora son ríos inmundos, transitan canoas como cáscaras de nuez. Rodrigo está desolado en medio de la desolación. Es una pesadilla que jamás olvidará. El agua iguala para abajo en la desgracia. No pregunta condición social ni ideología Pero está claro que el hilo se corta por lo más delgado y que los mas pobres sufren mas porque tienen muchos menos recursos para defenderse. Muchas veces el agua no tapa, destapa las miserias, las carencias y la injusticia. Es que nada es igual. La inundación hace colapsar el sentido común. Todo se da vuelta. Es incomprensible el bombardeo de la naturaleza. Ataca a traición y produce crímenes que desgarran el corazón. ¿Se dio cuenta que todo desaparece de la faz de la tierra? ¿Qué todo se hace agua? Que las esperanzas y los sueños se ahogan. Que con putear no alcanza. Que la inundación tapa todo y se lleva todo el esfuerzo de años. La pérdida más grande es la desilusión. El volver a empezar. Carajear la mala suerte, y después de bajar los brazos, levantarse para pelear de nuevo. Nadie puede creer lo que pasó. Muchos compatriotas perdieron el esfuerzo de toda su vida. Ese líquido que liquida se mete por todos lados y destruye lo que encuentra a su paso. Sobre todo la alegría del progreso. La esperanza del futuro. Hace estragos en los caminos. Los alimentos y los medicamentos muchas veces no llegan. Obliga a suspender las clases en las escuelas. Dinamita el trabajo. Es un golpe bajo a los mas pobres de los pobres. Es una obra maestra del terror. Es agua, pero parece una maldición. En todos lados necesitan obras de infraestructura hídrica. Son años de atraso y de robar o malgastar la plata. Los inundados piden contención, auxilio, eficiencia y presencia del estado ante semejante tsunami. Que nuestros representantes nos representen. Para que cada uno ponga su granito de arena y podamos construir un futuro distinto para nuestros hijos. Para que la democracia que es nuestra casa común, no se inunde más con incapaces, hipócritas o corruptos. En síntesis, para que las aguas no bajen turbias. Y finalmente, gobierne la transparencia.

Moyano va por todo – 5 de febrero 2018

Hace 10 días, en esta columna, le anticipé la guerra que había desatado Moyano y el choque de planetas que se venía con el presidente Mauricio Macri. Hoy quiero confirmar eso y sacar como inquietante conclusión que Hugo Moyano y Cristina Fernández conforman la columna vertebral del club del golpe. Moyano va por todo. Y Cristina en su momento también lo intentó.
Ambos tienen miedo de ir presos y presionan con ferocidad al gobierno para que intervenga en la justicia y frene las causas más graves. No entienden ni quieren entender que la inocencia se tiene que defender en tribunales. Estamos ante el desafío más potente y antidemocrático que va a tener que superar el presidente Mauricio Macri.
Cristina es la opositora que obtuvo más votos y Moyano, es el sindicalista que mayor capacidad de daño y movilización tiene. Juntos son dinamita. El camionero dijo que no le constaba que la ex presidenta fuera corrupta y que debía volver al peronismo. Recibió el apoyo explícito de La Cámpora y se abrazó con Amado Boudou. Esa insólita alianza tácita entre dos dirigentes que se odiaban se ha convertido en un imán para todos los que quieren que el gobierno se vaya antes: «Les queda poco, están fracasando y no tienen respuesta. Macri es un caradura cuyo objetivo es entregar el país». El ataque verbal de Moyano está a la altura de las vergonzosas declaraciones destituyentes de Eugenio Zaffaroni, Hebe Bonafini o las amenazas de Luis Barrionuevo de que no se atrevan a pisarle la cola al león porque si no les va a pasar lo que les pasó a Raúl Alfonsín y a Fernando de la Rúa.
Moyano fue feroz con sus palabras cargadas de pólvora y amenazas. Dice que el objetivo es sacarle derechos al trabajador y que simpatizan con las medidas que tomaron los militares. Algo que va en el mismo sentido de “Macri basura/ vos sos la dictadura”. Sorpresas te da la vida. Las coaliciones en este país tienen más que ver con las complicidades que con un programa en común. Mientras Cristina fue la principal enemiga de Moyano y viceversa, el líder de los camioneros construyó una relación de respeto y convivencia pacífica con Macri en la ciudad de Buenos Aires. Incluso, llegó a tratarlo de compañero. Pero ahora, la taba se dio vuelta. Es Cristina la destinataria de los elogios de Moyano y Macri el que recibe las bofetadas.
Moyano llegó a decir que el país no tiene destino con este gobierno. La marcha del 22 puso en marcha a todos los golpistas. Eso fracturó en los hechos la CGT que ya estaba fracturada en los papeles.
Héctor Daer que se maneja con prudencia, fue acusado de “carnero” por Carlos Acuña, su compañero de triunvirato que además lo amenazó diciendo que si no se iba solo de la CGT, lo iban a echar los trabajadores. Es el mismo Acuña que para garantizar un paro en una estación de servicio utilizó las amenazas violentas contra dos mujeres. ¿Se acuerda?
Son muchos y muy poderosos los gremios que no quieren tirar piedras todo el tiempo y que apuestan a conseguir mejoras mediante el diálogo con el oficialismo. Hay varios que son decisivos para garantizar cualquier paro. Hablo de los colectiveros de Roberto Fernández o de los ferroviarios. Ellos no quieren saber nada con que Moyano los utilice para amenazar a la justicia. Incluso muchos sindicalistas están tomando venganza de cuando el poderío de Moyano les sacó afiliados bloqueando empresas y apretando gente. Muchos de los gremios más numerosos van a mirar por televisión la marcha que puede ser muy masiva porque hasta los intendentes K del conurbano y algunos movimientos sociales van a sumar sus columnas. Todos unidos contra Macri.
Por eso le digo que Moyano y Cristina conforman los cimientos del muro que se está levantando en el camino de Macri hacia el 2019. Hay una Argentina nueva que rechaza la corrupción y las patotas que apuesta a vivir en paz. En las urnas fue mayoritaria y se impuso en tres elecciones consecutivas y puso al peronismo en la peor crisis de su historia. Cristina y Moyano tuvieron mucho que ver en esa decadencia y ahora se ofrecen como los constructores de los nuevos tiempos. No les va a resultar sencillo porque ambos tienen un alto nivel de rechazo entre los ciudadanos y los identifican como los responsables de los problemas más graves que dejaron de herencia.
Respecto de la reforma laboral, Moyano dijo que prefiere ir en cana antes que votar contra los trabajadores.
Después transitó el camino de la presunta ironía. Hizo como que se equivocó y llamó “Pavote” a “Bebote” Alvarez que acusó a Hugo y Pablo Moyano de manejar la barra brava de Independiente, de hacer negociados oscuros y millonarios con las entradas y de lavar dinero.
El colmo del cinismo fue cuando condenó a Macri por el tema de la reforma jubilatoria: “Le rebajó el sueldo a mi vieja que tiene 100 años, porque los del gobierno nunca pasaron necesidades”. Lo dice un Hugo Moyano que vive como un rey y que en dos años se compró 6 mansiones en el lujoso Parque Leloir.
Aquí hay un tema delicado porque una parte es una cuestión familiar. Todas las sospechas de la justicia y de la Unidad de Información Financiera están sobre las empresas que son casi las únicas proveedoras del gremio y que pertenecen a Liliana Zulet, la actual esposa de Moyano y sus dos hijos, Valeria y Juan Manuel, quienes blanquearon el año pasado más de un millón de dólares cada uno.
Me refiero a Aconra, la que construye todas las obras de camioneros, como el sanatorio Antártida.
Dixey es la que provee toda la ropa de trabajo. Y Iarai, es la prestadora médica de la obra social. Un holding muy rentable que maneja más de mil millones de pesos y que no tiene que competir ni en licitaciones ni en compulsa de precios con nadie. Otro de los frentes de batalla judicial tiene que ver con los manejos inexplicables de grandes sumas de dinero entre el club de Camioneros, el club Independiente y la empresa OCA que según Moyano le debe al gremio más de mil millones de pesos. En ese Triángulo de las Bermudas se han realizado depósitos y extracciones de sumas multimillonarias sin ninguna transparencia.
En los papeles, a primera vista, no aparecen ni Facundo ni Hugo Antonio, el abogado laboralista. Ambos son hijos de Moyano con Elvira Cortes, la segunda mujer del jefe de los camioneros. Pero cuando se habla del “Clan Moyano” seguramente estén pagando justos por pecadores. Veremos que dice la justicia.
Moyano está en el peor momento de su vida sindical. Es la síntesis de lo que la inmensa mayoría de los argentinos quiere extirpar de la vida política. Para que no haya coimas ni extorsiones. Para que los costos de flete y logística sean razonables y las empresas no se tengan que ir a otros países a instalarse. Todavía estamos esperando que el colectivo “Ni una menos”, cuya conducción fue copada por las kirchneristas diga algo sobre la actitud misógina de llamar “cucaracha” a Graciela Ocaña, la principal denunciante de Moyano. Patricia Bullrich, otra que lo enfrenta sin miedo dijo que lo único que aportan es extorsión y Elisa Carrió que lo tiene en la mira hace mucho está a punto de expedirse sobre esta y otras cuestiones graves como el tema Jorge Triaca.
Lo más grave lo dijo Moyano la semana pasada. Dijo que iban a hacer grandes esfuerzos para que esto termine de la forma menos violenta posible. Por lo tanto, no descarta la violencia. Casi no conoce otro idioma.
Moyano pateó el tablero y no dejó espacio para ninguna negociación. Le mojó la oreja al presidente Macri. Lo desafió a pelear. Por eso digo que se viene un choque de planetas. Una batalla por la libertad, la honradez y la democracia. Moyano y Cristina vienen por todo. ¿Macri los podrá frenar?