Hay una banda delictiva que podríamos bautizar “La mancha de Amado”. No es un grupo musical como el que lidera Manu Quieto, su amigo y uno de sus pocos defensores. Es una asociación ilícita que con la jefatura de Amado Boudou no dejó leyes por violar. En su codicia insaciable, el primer ex vicepresidente preso por corrupción de la historia se llevó puesto a la celda a su testaferro y socio, José María Núñez Carmona.
Van a tener que explicar lo inexplicable en todas las causas: enriquecimiento ilícito, lavado de dinero sucio, coimas y rendir cuentas de las 11 empresas y sociedades en paraísos fiscales que Amado no declaró, de las cuentas en el exterior y del blanqueo de casi 2 millones de dólares que hizo Núñez Carmona y fueron a parar al bolsillo de Amado Boudou.
Hoy Boudou está preso. Ese debe ser su lugar en el mundo. Es la cosecha que merece después de su siembra de asaltos a cara descubierta. Elisa Carrió dijo apenas tres palabras que lo definen todo: “Viva la República”. Cristina, la madrina de la carrera delictiva de Boudou y Eugenio Zaffaroni, coincidieron en decir que “No hay estado de derecho en la Argentina”. Rara doctrina aquella que considera democracia solo cuando gobiernan ellos y denuncia persecución ideológica cuando se castiga a los ladrones que le robaron montañas de millones a nuestro pueblo.
La mancha de Amado salpica a medio mundo y por eso nadie quiere estar cerca.
Mientras tanto, avanza una de las causas más emblemáticas de la cleptocracia K.
Hablamos del intento de apropiación de Ciccone, la fábrica de billetes.Hay suficientes pruebas para que malandra de estado y ex ministro de Economía, sea castigado con hasta 12 años en la cárcel. La caída de Amado demostró que ya es muy poca gente la que lo ama. Esta vez en la calle no había nadie. Aturdía el silencio de la soledad. Nadie lo quiso acompañar. No había banderas de La Cámpora ni pancartas de Cristina, la que lo eligió como compañero de fórmula y dijo aquella frase histórica: “Que lindo es tener vicepresidente”. Está claro que le soltaron la mano. Hay que ser muy fanático, muy perverso o haber mojado el pancito en la sopa de la corrupción de Boudou para defenderlo públicamente como lo hacen Luis D’Elía o Víctor Hugo Morales. ¿Lo defenderá el relator del relato? Experiencia tiene: se tragó cada sapo
Hasta los kirchneristas comprendieron que este galancito descuidista, aprovechó la muerte de Néstor Kirchner para robarle el negocio sucio. Fue el ex presidente el que le encargó a Boudou el operativo. Pero una vez que falleció, Amado ni tuvo tiempo para llorar a su jefe político y aceleró los tiempos para quedarse el con el tristemente célebre apodo del “Patrón de los billetes”. En el expediente de 42 cuerpos se ve con mucha claridad como Amado le da velocidad al operativo sin esperar ni siquiera el entierro de Néstor. Tal vez pensó que la justicia iba a comprender ese dicho popular de que el que roba a un ladrón tiene 100 años de perdón.
Nuñez Carmona está hasta las manos. Atendía en el ministerio como si fuera funcionario. Pero falta que hable Alejandro Vandenbroele, testaferro que tiene unas ganas tremendas de prender el ventilador y confesar todo.
Pablo Bertuzzi, Néstor Costabel y Gabriela Nuñez Iñiguez son los tres jueces integrantes del Tribunal Oral Federal número 4 que se pueden convertir en próceres. Todos los martes tienen el juicio a Boudou y todos los miércoles el de Julio de Vido. Dos de los personajes más manchados por el gobierno que más cantidad y variedad de delitos cometió con la jefatura de Néstor y Cristina. Algo muy fuerte está cambiando: los dos están presos.
El estado argentino pagó, es decir que pagamos todos, en abril del 2012, la friolera de 140 millones de pesos para comprarle billetes a Ciccone. En ese momento la empresa era de los tres atorrantes que se pasaron de vivos: Amado, Nuñez Carmona y Vandenbroele.
La jefa de la Oficina Anticorrupción pidió que Ricardo Echegaray, el ex capo de la AFIP, sea procesado en esta causa donde jugó un papel decisivo.
El cancherito de las motos Harley Davidson, es un icono del típico inmoral y chantapufi que se enriqueció en el estado.
Tiene tres procesamientos más en otras causas gravísimas como la coima de casi 8 millones de pesos que cobró del pueblo pobre de Formosa.
Finalmente todo llega. La justicia tarda pero llega. La de Ciccone es una de las causas más bizarras. Casi un record mundial. Hubo cientos de casos de corrupción de estado durante el reinado K. Pero afanarse la fábrica de los billetes, es como too much diría Cristina.
Di Lello en sus 200 páginas da por acreditado que el ex vicepresidente, siendo ministro de Economía le compró el 70% de la empresa a Nicolás y Héctor Ciccone a cambio de salvarla de la quiebra a la que la había empujado el propio gobierno de Néstor.
Fue una metodología bastante utilizada durante la era de los pingüinos buitres: hostigar a una empresa o un empresario, perseguirlo con ferocidad y obligarlo a vender a precio vil.
Y disfrazarse de revolucionario para ocultar tantas manos en la lata. Pero el de Amado Boudou sigue siendo el caso más extremo. En su sobreactuación por ocultar los delitos que cometió pasó de Alsogaray a Perón y de María Julia al Che Guevara. Un ortodoxo neoliberal se convirtió en un defensor de la patria socialista. Un amante de Estados Unidos en un tardío lector de Marx. En eso también aprendió de Néstor. Utilizar los símbolos de la izquierda y los derechos humanos como escudo para ocultar sus estafas y su enriquecimiento ilícito lleno de testaferros y truchadas.
Ahora recorre los tribunales con el pelo corto y bien afeitadito para cambiar su imagen. Pero hasta hace unas semanas, producía risa y vergüenza ajena ver a Aimé con las mechas largas y desprolijas, la barba y la estética progre, como si de verdad se creyera el heredero de Lenin y Evita. Anda con Fernando Esteche y Luis D’Elía y el cree que eso limpia todo su pasado y todo su prontuario. Su discurso clasista y combativo lo transformó en un patético personaje, una caricatura trucha de Fidel Castro.
En su momento habló por radio Rebelde, la del piquetero amigo del chavismo, el castrismo y el negacionismo del holocausto de los iraníes más fanáticos. Amado no bajó de la Sierra Maestra para liberar a Cuba del dictador Fulgencio Batista. Bajó del médano 678 que tiene como domicilio en una de las malversaciones de documento público que hizo. No se internó en la Bolivia profunda para organizar la guerrilla campesina. Se fue a vivir a Puerto Madero donde fue detenido, cerca de su comandante en jefe, Cristina Fernández de Kirchner. Sin embargo, Boudou, en la carpa de Luis D’Elía en el acampe de Plaza de Mayo exigió por la libertad de Milagro Sala, justo tres de los cristinistas que mayor imagen negativa tienen. El gobierno de Macri celebra que estos impresentables que son rechazados por las grandes mayorías sean las caras visibles de un cristinismo aislado y en franca decadencia. Como al solitario Boudou, se hace trampa a sí mismo. No dejó delito por cometer. Pero está claro que se creyó el más vivo de todos para robar. Dejó los dedos pegados en todas partes. Pero se sintió impune. ¿Se acuerda que Amado subió varias veces al escenario a tocar la guitarrita con su amigo Manu Quieto de La Mancha de Rolando? El cantante es tan obsecuente y tan agradecido por la cantidad de actuaciones que les pagó el estado, es decir nosotros y le debe tanto que dijo que Amado no es el mejor guitarrista que conoce, que le pone un 9 porque 10 son Pappo y Gustavo Ceratti? Hasta Juan Cabandié se sumó a la banda una noche de pura militancia musical. En otro recital, Amado subió con una remera que decía “Cristina Capitana”, mostrando que tiene la cara dura y la mano larga. Hoy Boudou está preso. Elisa Carrió dijo: “Viva la República”. Se vienen varios momentos complicados para el patrón de los billetes. Se viene la noche y por eso arde la ciudad.
La cárcel y Cristina – 3 de noviembre 2017
Es uno de los grandes temas. Es la primera pregunta que nos hace la gente en la calle: Leuco, ¿Cristina va a ir presa? ¿Va a devolver todo lo que se robó? Es un tema delicado. Muy delicado. Si uno hace una encuesta casera entre los oyentes de este programa, estoy seguro que la inmensa mayoría va a exigir que la ex presidenta vaya a la cárcel de Ezeiza o Marcos Paz para estar cerca de sus antiguos compañeros de ruta, ex funcionarios, amigos y testaferros que ya están en prisión.
Pero también es verdad que en la intimidad de la Casa Rosada, el presidente Mauricio Macri intenta calmar la sed de revancha que tienen algunos integrantes de Cambiemos. ¿El presidente va a tratar de frenar o acelerar la detención de Cristina? Ni una cosa ni la otra. Va a hacer honor a su respeto por la división de poderes y dejar que la justicie actúe con la mayor independencia posible. Solo que suele pedirle a sus interlocutores que no sobreactúen, que eviten victimizar a Cristina y convertirla en el mártir de la lucha por los pobres que ella quiere ser.
¿Qué significa esto en la práctica? Que el gobierno de Macri no va a impulsar que sus bloques legislativos intenten impedir que asuma Cristina. Tal vez haya alguien que haga la propuesta. Margarita Stolbizer, por ejemplo. Ella lo sugirió. O Graciela Ocaña que hizo un comentario en ese sentido. O Elisa Carrió que dijo que “si hay justicia, Cristina va a ir presa”
Pero formalmente, desde los institucional, Cambiemos va a dejar que actúe la justicia, sin presionar para acelerar ni demorar los tiempos.
Miguel Angel Pichetto, una pieza clave en la refundación del peronismo y como interlocutor del gobierno ya dijo que los ex presidentes tienen algún privilegio, por su investidura y por lo que representaron en la democracia. Por eso fue a visitar a Carlos Menem y por eso, está dispuesto a cuidar a Cristina pese a que ella lo insultó, lo trató de traidor hijo de mil puta y que va a estar en un bloque de Unidad Ciudadana y no del Partido Justicialista. ¿Qué dice Pichetto? Que para desaforar a Cristina tiene que haber un pedido de la justicia y una sentencia firme en algunas de las decenas de causas que tiene que enfrentar. El ejemplo de Carlos Menem es perfecto. Es senador y senador electo. Pero si la condena por el contrabando de armas a Ecuador queda confirmada, dejará de pertenecer al senado y, seguramente, irá a una detención domiciliaria producto de la edad.
Todos quieren ser muy prolijos y extremadamente reglamentaristas con una posible detención de Cristina. No la quieren convertir en una bandera que la habilite a hablar de ella misma como perseguida política. Y la verdad es que en el corto plazo, ninguna de las causas va a quedar firme. Falta todavía que corra mucha agua bajo los puentes. Juicios orales, testimonios, condenas, varias apelaciones.
Marcos Peña, el jefe de gabinete y cerebro del gobierno, dijo que cualquier persona a la que se le compruebe un delito puede ser encarcela y habló de la igualdad ante la ley. Es decir que nadie tiene o nadie debería tener coronita. Pero, al igual que Macri apostó a la racionalidad jurídica más rigurosa y no al revanchismo político.
Son conscientes que Cristina podría llegar al 10 de diciembre, cuando tenga que ocupar su banca en el Senado, con 5 procesamientos. Lo escribió Julio Blanck. Ya tiene tres: está procesada por la causa del dólar futuro, Los Sauces y la ruta del dinero K. Pero en las próximas semanas podría sumar esa condición en las causas por el encubrimiento de los terroristas de estado iraníes que volaron la AMIA, la conocida denuncia del fiscal muerto Alberto Nisman y por la causa Hotesur donde sobran las pruebas de coimas, lavado y enriquecimiento ilícito.
Pero la política es el arte de lo posible. Y nadie quiere echar nafta al fuego o exponerse a una turbulencia institucional y callejera.
La ex presidente sacó 3 millones y medio de votos en la provincia y más o menos 5 millones si sumamos en todo el país las agrupaciones o candidatos que la tienen como referente. Perdió 7 millones de votos desde su reelección y también su invicto electoral. Llevó al justicialismo a la peor crisis de su historia pero lo cierto es que todavía tiene mucho poder en las urnas y gran capacidad de movilización y de daño en las calles. Muchos temen que Cristina ordene una suerte de levantamiento civil, una especie de insurrección piquetera y sindical si es que ella o su hijo van presos. Y ese posible caos social cotidiano con tomas de edificios o cortes de rutas o calles podría ser un obstáculo gigantesco para la tranquilidad interna que el país necesita y para la imagen en el exterior a la hora de pedir créditos, garantizar seguridad jurídica y explicar que Cristina no vuelve más.
Será cierto. ¿Cristina no vuelve más? En política nada cae del cielo. Hay que construirlo. Si Macri y su equipo consolidan una buena gestión económica, con crecimiento, consumo, inclusión, créditos hipotecarios, trabajo en blanco, mejores sueldos, con menos pobreza, endeudamiento e inflación es posible que Cristina siga contenida por una secta llena de perdedores seriales.
Pero si por el contrario, a Macri se le desborda la economía y las soluciones de fondo para lo que menos tienen, tardan demasiado en llegar, entonces sí, crecerán las chances de Cristina de regresar al poder en el 2019 más allá del monumental rechazo que hoy produce.
Y esa es la otra variable. Para muchos que diseñan la política de Cambiemos la presencia de Cristina en el escenario garantiza que la fractura del peronismo y hace muy lenta su refundación republicana. Julio Bárbaro la responsabilizó de haber dejado en terapia intensiva al peronismo, agonizando. Dice que el virus K quiso disfrazar la codicia de revolución y confundir la defensa de los derechos humanos con la reivindicación de la guerrilla.
Es tan profunda la caída de Cristina que casi no hubo recuerdo público de su marido a 7 años de su muerte. El faraónico mausoleo donde descansan sus restos es hoy una especie de monumento a la corrupción y tierra de nadie. Fue un regalo de Lázaro Báez que se encargó de su mantenimiento y su custodia durante las 24 horas hasta que fue detenido ante el silencio de Cristina. Ese mausoleo gigante que no tienen grandes presidentes ni líderes de Argentina ni del mundo, hoy es un emblema de la decadencia del kirchnerismo que como pensamiento está herido de muerte. Todas las grandes figuras de la línea fundadora están casi fuera de juego: Néstor está muerto, Lázaro está preso, Julio de Vido también está entre rejas, Carlos Zannini está peleado y no se habla con Cristina y tanto Cristóbal López como Cristina tienen sus fortunas embargadas y su libertad muy comprometida.
Y como si esto fuera poco, la tierra que los vió nacer a todos ellos, la provincia de Santa Cruz está en una crisis interminable, con vacío de poder y gran desprestigio de la gobernadora Alicia Kirchner. Hasta Máximo tiene graves problemas en la justicia y su liderazgo en La Cámpora está cuestionado por las pésimas actuaciones electorales que tuvieron. Está claro que Cristina está pasando por el peor momento de su vida. Está cerca de su ocaso como dirigente y aislada como nunca. Intendentes y gobernadores están armando una movida que la desconoce. Está en caída libre. No reconoció la derrota ni felicitó ni le atendió el teléfono al ganador. ¿Irá presa? Debería estar presa. Hay pruebas e indicios de sobra. Pero esa es una pregunta que responderá la historia que viene. Macri dice que no van a empujar a Cristina. Pero que tampoco la van a proteger.
La herida de Marcial – 2 de noviembre 2017
Asturias, si yo pudiera cantarte, si yo supiera cantarte./ Asturias verde de montes y negra de minerales.
Marcial, el padre de Jorge Fernández Díaz tenía muchas dudas y una certeza: era asturiano hasta los huesos. Tranquilamente, desde su puesto de mozo, en el ya desaparecido bar ABC de Scalabrini Ortiz y Córdoba, podría haber cantado con Víctor Manuel:
Yo soy un hombre del Sur, polvo, sol, fatiga y hambre, hambre de pan y horizontes… ¡hambre!
Marcial era marcial. Un toro capaz de nadar hasta la hazaña en el mar Cantábrico y como su nombre lo dice, caminar erguido y con gallardía. Nunca un franco, siempre puntual en la cultura del trabajo y el sacrifico de impronta inmigrante. El Centro Asturiano era su fiesta y su mundo. La sidra que cae de la bota a la boca, la fabada, las gaitas que llenan el alma y el Cangas de Narcea donde entre muñeiras conoció a Carmen, la madre de Jorge y la protagonista de “Mamá”, el libro que hizo explotar la pasión de multitudes que hoy produce su literatura.
Aquel mozo asturiano al que le decían:” Gallego, un gancia y dos cafés, uno cortado, para la mesa cuatro”, un día se reconcilió con su hijo que trabajaba en el diario La Razón que dirigía el legendario Jacobo Timerman. Jorge escribía folletines policiales que se publicaban diariamente y que estaban tan bien escritos que despertaban mucha ansiedad por saber cómo seguía la película.
Marcial era de hablar poco en general y de hablar poco con su hijo en particular. No entendía demasiado ese oficio de vagos del periodismo y la literatura. Creía que en la vida solo se puede crecer sufriendo. Y que la gloria estaba detrás de un título de médico o abogado que Jorge no tenía.
Un día, unos parroquianos habituales del café, con el diario vespertino chorreando tinta sobre la mesa, le rogaron a Marcial que le preguntara a su hijo que iba a pasar al día siguiente con el bolso de dinero para pagar un rescate que le habían robado a uno de los protagonistas.
Marcial tal vez sintió por primera vez orgullo por su hijo al que descubrió “importante”. Lo llamó al diario de urgencia y le preguntó. Marcial volvió la mesa y les dijo: “Si muchachos, mi hijo me dijo que mañana recupera el dinero”.
Jorge corrió el baño del diario a llorar en soledad la felicidad del reencuentro. Esa publicación por entregas se llamó “El asesinato del wing izquierdo”, y todavía guardo sus tapas amarillas en mi biblioteca esencial.
Aquella herida entre un padre que tuvo que procesar que su hijo se ganara la vida con la imaginación y las letras parece tener mucho que ver con esta herida, palabra que ocupa toda la tapa de su novela recién aparecida. Esa tensión del suspenso, esa narración cinematográfica que Jorge le impone a sus textos subieron a la cima con “El Puñal” y los más de 90 mil ejemplares que vendió. Ahora “La Herida” arranca con un tiraje infrecuente para los autores argentinos: 32 mil ejemplares.
Es que Jorge escribe como los dioses pero su literatura, tan fotográfica y sensual, está al alcance de todo el mundo. Tal vez por eso algunas sectas de intelectuales no lo terminan de aceptar. Son los escritores del chiquitaje, los que se masturban con sus metáforas, los que se enorgullecen de ser crípticos y que nadie los entienda ni los lea.
Jorge Fernández Díaz fue parido periodista por la necesidad de llenar la heladera de forma digna y por la curiosidad inagotable de su vieja por todo lo humano.
Pero fue parido escritor en las tardes del cine de aventuras y súper acción de la tele y en los libros de tapas duras donde los piratas eran gladiadores de batallas memorables.
Palermo fue su lugar en el mundo. Aquella escuela donde sufría lo que hoy se llama bullyng porque era gordo. Su madre encontró la solucion sin Piaget: lo mandó a estudiar judo para que devolviera golpe por golpe. Hasta que le dejaran de romper las bolas.
En su última dedicatoria Jorge me llama hermano. Y eso es lo que siento por él. Mucho más que una amistad. Fraternidad. Siento orgullo por haberlo rescatado de uno de sus exilios, allá en el sur, en Neuquén. Dirigía el diario de los Sapag y un día en la tapa apareció como título gigante la palabra “Chochón” en lugar de Chocón, el complejo hidroeléctrico sobre el río Limay, que era emblema de identidad en aquella época. Siempre nos reímos de semejante blooper que un editor no puede dejar pasar y que lo atormentó durante mucho tiempo.
Lo llevé a El Cronista a un equipo de lujo que armé en política: estaban Jorge Sigal, el Beto Casella. Allí pasábamos horas charlando después del cierre en mi Fiat 600 con el que todas las noches lo llevaba a su casa. Me quedó grabada su deseo: quiero morir en un diario. Y yo, mas moishe pero no tanto, le dije que a mí también me gustaría morir en un diario pero del que yo fuera el dueño. Anécdotas que repetimos cuando el vino o el whisky nos libera del pudor en las sombre mesas más maravillosas que recuerde. Jorge es por lejos el mejor periodista argentino y seguramente uno de los mejores escritores de habla hispana.
Tengo autoridad para decir lo primero y valoro la opinión de su amigo Arturo Pérez Reverte para asegurar lo segundo. A Jorge lo ví hacer de todo y todo bien en el difícil y bataclán oficio de periodista. Es un buscador y conseguidor de información cuando la necesita, un perro de presa de los datos duros, es un editor extraordinario que ordena el pensamiento y las crónicas de los redactores. Tiene ideas a borbotones y es un gran conductor de egos revueltos, como somos los periodistas. Y encima escribe con la emoción y la cirugía fina de un escritor. Hace todo bien y eso es difícil de encontrar. Y además se juega en sus opiniones con coraje y en defensa de la libertad.
Tengo fotos donde estamos los dos en malla, gordos y con nuestros hijos, con Lucía, Martín y Diego. Hoy Martín lo llena de felicidad como custodio y multiplicador de su talento pero además abriendo un surco propio en las nuevas tecnologías de las redes sociales.
Pocas veces vi a alguien tan enamorado. A Verónica Chiaravalli, otra periodista de lujo de La Nación, le dedicó esta novela que hoy estamos bautizando. Jorge escribió que es su “pasión. Porque colma mi vida, porque es crucial para mi literatura, y porque el amor con ella es una larga y fascinante conversación”.
Jorge llegó a la cima. Aquel hijo de gastronómico que soñaba un hijo médico o abogado, finalmente casi no le queda montaña por escalar. Por eso siempre le ruego que disfrute de sus logros, que saboree los sueños que concretó: arrancó muy abajo y llegó muy arriba.
Columnista de La Nación de los domingos. Novelista consagrado que todas las editoriales quieren tener en sus filas. Exitoso conductor de “Pensándolo bien”, su programa en esta gloriosa radio Mitre, miembro de la Academia de Letras, recibió los premios y las medallas más deseados.
Es uno de los orfebres que mejor maneja nuestro idioma. Nada le gusta más que quedarse en casa mirando películas con su amor. Camina fuerte casi todos los días para mantener los kilos y el colesterol lo más lejos posible.
A Jorge Fernández Díaz lo quiero por muchas cosas pero hay una que me mata y que me deja en deuda para toda la vida: fue una suerte de mentor, de padrino periodístico de Diego que lo admira desde que le contaba cuentos de terror en las noches de vacaciones que pasábamos juntos.
Hoy está empujando el barco de su nueva novela, “La Herida”, definido como un thriller político dentro de una gran novela policial. No es la continuación de “El Puñal”, pero seduce como protagonista Remil, esta suerte de 007 criollo, el espía más famoso de la ficción argentina.
Dice Pérez Reverte que su personaje “El Falcó” se va a retirar en Buenos Aires, tomando un café en La Biela con Remil.
Tal vez si cambian de bar y van al “Abc” que ya no existe, Jorge Fernández Díaz pueda cicatrizar una herida. La Herida de Marcial. De una Asturias de ojos ciegos de tanto mirarte sin verte. Asturias del alma, hija de mi misma madre.
Contra ese cielo, impasible, vertical, inquebrantable, firme roca firme, herida viva su carne.