Como ocurre muchas veces, ayer, Federico Andahasi, me dejó pensando. La falta de justicia o peor todavía, la injusticia brutal en varios planos, no es gratis social ni políticamente. Hay un sedimento peligroso que va quedando, una especie de polvorín que explota con cualquier chispa. Puede ser un linchamiento, un escrache violento, vecinos pacíficos que compran armas. Todos son síntomas de una enfermedad muy inquietante que merece un análisis y nuestra condena absoluta.
“Puerta giratoria” es un concepto nefasto.
Es que “puerta giratoria”, en la vida cotidiana significa lisa y llanamente que matar, robar, violar o secuestrar es gratis en la Argentina. Que el que las hace, no las paga. Que hay mil excusas para dejar libres a los criminales y mil problemas para las víctimas. Y esa impunidad, que potencia todos los delitos y que siembra pánico en la sociedad, es el peor de los mensajes. Es una incitación a la violencia. Un vale todo. Una forma de decirle a los malandras que sigan haciendo la suya, que es muy difícil, casi imposible que la justicia los castigue y los condene como corresponde.
Es humillante para la condición humana. “Puerta giratoria”, es que un delincuente entre por una puerta y al instante salga por la misma. Es como decir a los victimarios, todo y a las víctimas, nada. Es como invertir en forma perversa el orden de los derechos humanos. Solo se respetan para los que cometen delitos y no se cuida al familiar o al que padeció ese delito.
Parece mentira pero hay varios motivos que explican esta realidad que fomenta la venganza y la justicia por mano propia, es decir, que fomenta el lado más inhumano del ser humano.
Primero existe la doctrina Zaffaroni. En las universidades y en muchos juzgados se hizo carne ese concepto falsamente progresista de que el criminal es un pobre muchacho producto de las injusticias sociales del sistema capitalista y por lo tanto para lavar las culpas, hay que protegerlo. También instalaron entre varios magistrados que el que sufre las consecuencias de un delito tiene que comprender de donde viene esa persona que mató a su madre, a su padre o que le robó a moto a su hijo o que violó a su hija.
Dicen las autoridades actuales que muchas veces el denunciado sale antes que el denunciador termine con los trámites burocráticos. Eso fomenta el ojo por ojo que es lo peor que le puede ocurrir a la vida democrática. Apostar al ojo por ojo. A la ley de la selva. Ojo por ojo, al final nos quedamos todos ciegos y en la selva siempre gana el más fuerte. Nada más reaccionario y antipopular.
Eugenio Raúl Zaffaroni es el principal referente de este tipo de veneno judicial. Pero no es el único. Su escuela sembró el mismo tóxico entre los miembros de la agrupación “Justicia Legítima para el Kirchnerismo”.
Hay cientos de ejemplos todos los días.
Muchos jueces liberan con una facilidad asombrosa. Y la inmensa mayoría de los liberados, reincide en el delito y muchas veces, el delito que comete es más sanguinario. No cuidan a la sociedad y tampoco al delincuente. Porque muchos terminan muertos en las calles. Esos jueces que no viven la vida real piensan que si no encarcelan al delincuente lo ayudan a recuperarse. Y es todo lo contrario. El delincuente que no recibe el castigo que le corresponde de acuerdo a la ley, siente que tiene tiro libre, que tiene impunidad para hacer lo que quiera. Que no hay límites.
Por todo esto que le cuento, hoy, la inseguridad es por lejos la principal preocupación de los habitantes del área metropolitana. Mucho más que los temas económicos como desocupación, pobreza e inflación.
Es que la fuerte presencia de la droga entre consumidores y narcos le sumó una fuerte impronta de crueldad y ferocidad a los delitos. Es a matar o a morir. La vida del que roba no vale nada y por lo tanto, tampoco le da valor a la vida del que mata. Hay una violencia extrema que mata por matar. Ya no alcanza con entregarle todo el delincuente. Hay que rezar para que no te mate.
Gran parte de la policía está atravesada por la corrupción que ayuda a los delincuentes. Lo vemos todos los días. Pero es la justicia la que tiene más problemas. Muchos magistrados por temor a las represalias de los cómplices de los delincuentes, por la falsa ideología garantista o directamente por dinero, dejan salir a los presos con una velocidad inusitada. Eso hay que cortarlo de raíz si queremos vivir en paz con nuestras familias y en una sociedad civilizada. Dijo bien, Patricia Bullrich que para el gobierno anterior la víctima era el delincuente. Tiene que quedar bien claro que el estado protege la ley a los ciudadanos que respetan la ley y castiga a los que la violan. Esa es una grieta que consolida la democracia. Los decentes y honrados de un lado y los pistoleros y criminales del otro. Uno afuera trabajando para progresar y otros adentro, en la cárcel, pagando sus culpas y reeducándose para que no vuelvan a delinquir.
Entre todos tenemos que convertir la puerta giratoria en una puerta para que entren los delincuentes y para que salga la esperanza de vivir sin temor a morir.
Hay un dato que habla de la profundidad de la fractura social y de la ruptura de los lazos de solidaridad básicos: más de la mitad de los argentinos justifica total o parcialmente la justicia por mano propia. Es decir matar para que no nos maten. Esto es gravísimo. Dinamita la convivencia social. Es un retroceso a la no civilización democrática. Es la venganza como forma de relacionarnos con nuestros semejantes.
Es el estallido de la condición humana.
Así de simple y contundente. El miedo es el peor veneno de una sociedad y de un individuo. Siempre el pánico nos saca lo peor de nosotros. Y todos los números indican que lo que más creció en los últimos tiempos es el miedo. Porque es la reacción lógica a sentirse desprotegidos por policías, jueces y funcionarios. Hay muchos motivos nefastos que nos trajeron hasta acá. Yo soy un convencido que la exclusión y la marginalidad ignorada durante más de 12 años más el narcotráfico fomentado o tolerado produce la peor fórmula: cada vez menos condenados y cada vez más reincidentes. Tuvimos 12 años de un estado fabricante de delitos de corrupción y protector de malvivientes.
Así los delincuentes se envalentonan. Saben que en la relación costo-beneficio, les conviene robar o matar. Son conscientes de que es difícil que los encuentren. Y que si los encuentran es casi imposible que los juzguen y los condenen. Y que como si esto fuera poco, sabe que mucha legislación y el falso garantismo zafaroniano, está de su lado y protege a los que atacan a la sociedad y no a las víctimas. Es un cóctel explosivo.
Eso llenó nuestra vida cotidiana de viudas, de huérfanos, de familias destruidas y de murallas que encierran cada vez más barrios. La vida cotidiana nos cambió por completo. La mirada generosa hacia nuestro vecino se transformó en sospecha. Ya todos estamos alertas. Rejas en las puertas y ventanas, cámaras de televisión, seguridad privada, mas patrulleros, no salir de noche, dar vueltas a la manzana antes de entrar al garaje, temblar cuando nuestros hijos no llegan de la escuela o del boliche de la madrugada bailable. Vivimos con el corazón en la boca. Hemos naturalizado el miedo. Estamos con la guardia levantada todo el tiempo y eso nos hacemos menos seres humanos, menos solidarios, más solitarios, menos francos y más mezquinos.
Es que el miedo no es zonzo, dice el refrán. Y es cierto. El miedo nos obliga a no relajarnos un minuto, a la vigilancia permanente. La vida en comunidad pierde calidad y calidez. No estoy de acuerdo ni fomento la mano dura ni el gatillo fácil. Todo lo contrario: quiero leyes y que se cumplan las leyes. Jueces que trabajen con dignidad y excelencia como jueces. Que las víctimas sean respetadas y que los victimarios dejen de ser más cuidados y protegidos que los ciudadanos honrados que se rompen el lomo todos los días para ganarse la vida con las manos limpias y la frente alta.
Una justicia rápida y justa. Que se gane de nuevo la confianza de todos a fuerza de sentido común y de equilibrio.
No hay sociedad democrática sin premios ni castigos. Basta de este cambalache de siglo XXI donde es lo mismo el que labura o el que está fuera de la ley. Que los inmorales no nos igualen más. Hay que gritar que se apliquen todas las leyes. Todas, menos una: la ley de la selva.
Ulises hace patria – 20 de marzo 2018
Algunos oyentes ya me conocen mucho. Saben que cuando la sucesión de columnas sobre corrupción me producen náuseas y ganas de vomitar, trato de abrir una ventana a la esperanza.
Uno va tragando bronca. Va asimilando la indignación de la gente por tanto Cristóbal, Cristina y Lázaro que andan por ahí y que se robaron todo. Escribir, denunciar, tratar de conmover a la sociedad con estas columnas que hago, es una misión inherente a mi maravilloso oficio de periodista. Nadie que quiera ser periodista de verdad puede callar ningún tipo de injusticia. Y el tsunami del gobierno más corrupto y autoritario de la democracia deja mucha tela para cortar. Demasiada. Nunca tantos robaron tanto.
Pero uno es humano, aunque no lo parezca. El estómago tiene un límite. Se produce una saturación al trabajar con tanta porquería y tanta mugre. Mi mejor remedio, como le decía, es abrir una venta de esperanza. Para que entre el aire puro que demuestra que no todo está perdido y que por suerte no todos los argentinos somos iguales a Cristina, Cristóbal y Lázaro.
Para salir del agujero negro hoy me propongo contarle la historia de un pequeño héroe que apenas tiene 7 años. Se llama Ulises y todos los días camina 12 kilómetros para ir y volver de la escuela. Sus humilde familia sabe que si Ulises puede leer y escribir y seguir estudiando, su futuro será mucho mejor que los que se quedan cuidando las cabras y la ovejas. Ulises vive en los Valles Calchaquíes, un lugar tan maravilloso como hostil. Sale de su casa de Punta del Agua para ir a la escuela rural Nro 4575 llamada en Las Cortaderas. Su madre le dice que tenga cuidado, como le dicen todas las madres a sus hijos. Leonor es madre soltera y desocupada pero muy ocupada de que su hijo termine el ciclo escolar completo. El va contento, silbando con su mochilita de jean que dice Ulises en el bordado. Lo rodea la inmensidad de la belleza y el desamparo. La hermosura de las montañas y los cardos y la ausencia de agua, luz y muchas veces, el alimento calórico necesario para aguantar las palizas que suele pegar el viento o el sol en ese lugar tan alto de la patria. Lo ví en una foto y me salió del alma la canción de Manuel J. Castilla llamada “Pastor de Nubes” que dice que cada cardón de la falda / se le parece por dentro/ un poco por las espinas/ pero más por el silencio”.
La epopeya de Ulises es la que muchos chicos hacen todos los días en búsqueda de la justicia, el progreso y la igualdad de oportunidades. Hay muchas organizaciones no gubernamentales que ayudan a estas escuelas rurales. Pero nuestro territorio es tan gigante que nunca se alcanza a llegar a todos los rincones. Por eso es clave el rol del estado. Aquí donde falta todo, donde todo se necesita, el estado tiene que estar más presente que nunca.
En Las Cortaderas hay 65 alumnos. Diez de ellos se quedan a dormir de lunes a viernes porque viven demasiado lejos. Desde chicos aprender la cultura del esfuerzo y la solidaridad. Hay una gran diferencia entre los Ulises y los corruptos de estado. Ulises hace patria, la construye todos los días y los otros roban a la patria y la destruyen todos los días.
Me enteré por el diario La Nación que tituló la excelente nota de Fernando Massa como “La odisea de Ulises”, que se generó una gran corriente de ayuda hacia esa escuela. Que mucha gente donó bicicletas, libros, ropa, camas, agua mineral. Es que les hace falta de todo. Porque no tienen nada. En realidad tienen mucho en valores. En la conciencia de buscar la movilidad social ascendente y en el convencimiento que el único camino es la educación. Ese es el sendero que todas las mañanas emprende Ulises, con una ramita de árbol en la mano. Como si fuera aquel general, jefe del ejército griego en la guerra de Troya. Pero este héroe de 7 años no es mitológico, es de carne y hueso y tiene un DNI argentino. Su guerra es contra el aislamiento, la marginalidad, la exclusión y la falta de futuro. A veces pienso que en el éxito de Ulises está el éxito de nuestra bendita Argentina. Y que en éxito de Cristóbal y compañía está el fracaso de nuestro país.
A veces Ulises tiene suerte y hay agua fresca en las acequias. Riegan las frutas y verduras, ablandan esa tierra áspera y el puede llenar un cuenco con esa necesidad cristalina. Es como una bendición que desconocen los rústicos burócratas ideologistas que hacen paro a cada rato y por cualquier cosa o algunos alumnos de las grandes ciudades que tienen todo pero se quejan de nada y toman los mejores colegios exigiendo privilegios.
Cuidemos a Ulises. Que no se desbarranque de su norte. Que su sonrisa tímida y su rostro cobrizo puedan forjarse un mañana. El disfruta pateando la pelota en los recreos con sus compañeros y tal vez un día juegue en un equipo de primera. Mientras tanto está en tercer grado y ayuda en la casa a recoger duraznos o arvejas y a preparar la cena. Punta del Agua está a la altura de Payogasta, cerca del Río Blanco, en Salta.
Ulises sale tempranito de su sencilla casa para ir a la escuela. Doce kilómetros todos los días lo acercan a los guardapolvos blancos que relucen, a los cuadernos y a los lápices. No hay internet, ni celulares ni play. Hay una vida agreste y la satisfacción del mate cocido con tortas fritas. Ulises Alcalá transita el desierto, esquiva arbustos, sube y baja montañas con la experiencia de un baqueano. Hay una campana que suena avisando que hay que entrar a clase. Como dice Felix Luna:
Con manos sucias de tiza,
siembras semillas de letras
y crecen abecedarios
y se llenan de esperanza las rondas de blancos delantales
frente al misterio del pizarrón.
Ulises y los versos sobre Rosarito Vera son la Argentina que viene.
Ojalá, lo digo de corazón y con toda mi alma, que Cristóbal, Lázaro y Cristina sean la Argentina que se va. Ojalá.
La impunidad de Cristóbal – 19 de marzo 2018
El escandaloso fallo que liberó a Cristóbal López produjo un terremoto de indignación ciudadana. Desde el presidente de la Nación hasta el último de los argentinos expresaron su bronca de distintas maneras.
Millones de compatriotas que se rompen el lomo trabajando de sol a sol y que pagan sus impuestos religiosamente con un esfuerzo titánico y privándose muchas veces de cosas imprescindibles, tuvieron la sensación de que se burlaron de nosotros, que nos tomaron de tontos y nos mojaron la oreja.
La señal de la justicia ha sido nefasta y el fallo directamente pornográfico. La mayoría de los comentarios en el supermercado, en la cola del cine o en las redes sociales era el siguiente: yo no pago más los impuestos y si me intiman les mando una foto de Cristóbal. Eso es terrible. Fomenta la rebelión fiscal que es un delito gravísimo. Le cuento que lo más repugnante no es que hayan salido en libertad. Una prisión preventiva siempre es polémica y por eso hay que acelerar las causas y condenar de una vez a estos delincuentes. Y esperar la sentencia firme. Pero tardan años y años y favorecen a los malandras. Pero lo más terrible es el cambio de carátula y el beneficio que eso puede tener para los que estaba presos y para Ricardo Echegaray y Cristina, dos cómplices de semejante desfalco al estado.
Se lo cuento en la forma más sencilla posible. La empresa de Cristóbal y su socio Fabián de Souza, recibía el impuesto al combustible cada vez que alguien cargaba nafta en sus estaciones de servicio. Ellos solo debían actuar como agentes de retención. No es dinero de ellos. Es de todos los argentinos. Por lo tanto una vez que lo cobran lo deben transferir al estado. Ellos se quedaron con 8 mil millones de pesos. No evadieron un impuesto a las ganancias o se demoraron en pagar el monotributo. Se robaron los millones que no eran de ellos. Ese monto ahora llegó a los 17 mil millones de pesos. ¿Escuchó bien? Esto es lo más terrible: Jorge Pati Ballesteros, que salió del sanatorio en forma urgente después de una intervención quirúrgica coronaria para ir a votar y Eduardo Farah resolvieron que esto no fue una apropiación de dinero sino apenas una mera infracción fiscal. Esa mentira les abre la posibilidad de que la pena sea mucho más leve y de ingresar en una moratoria y un plan de pagos para seguir operando y los desvincula de todo delito a Echegaray y también a Cristina.
Y esto también beneficia a Cristóbal en la causa “Los Sauces”, la inmobiliaria de Cristina que solo tenía dos clientes que le pagaban alquileres muy por encima del valor de mercado: Lázaro y Cristóbal. La inmobiliaria no tenía ni sede ni empleados.
El fallo de Ballesteros-Farah tiene un párrafo para la historia del disparate judicial: dice que no hubo apropiación de dinero porque ese dinero nunca llegó a las arcas del estado. Son jueces que han sido funcionales para garantizarles impunidad a varios funcionarios kirchneristas y que ahora hablan de jubilarse. El daño que le hicieron a la justicia y a la credibilidad de los tribunales es profundo. Muchos ciudadanos están que vuelan de bronca. Algunos bajan los brazos. Otros quieren llamar a una marcha. Hubo funcionarios públicos que se comportaron en forma impecable y valiente como el fiscal Gerardo Pollicita, el juez Julián Ercolini o el titular de la AFIP, Alberto Abad. Todos ellos quedaron sepultados en el barro que este fallo tiró sobre ellos.
Es cierto que todavía queda una esperanza. Tanto Ricardo Gil Laavedra, como abogado de la AFIP, como el fiscal ante la Cámara Federal, Germán Moldes van a apelar este fallo y las cosas pueden volver a cambiar. Moldes dijo que para él hay un “sobreseimiento encubierto” para cerrar la causa lo antes posible.
Pero hoy Cristobal está libre y envalentonado. Viajó a Misiones en vuelo privado para ver a su novia Ingrid Grudke. Recibió el apoyo de otro estafador como Amado Boudou que habló de inquisición. Caradura como pocos, Cristóbal dijo que estuvo secuestrado y no preso y que no se llevó un peso, que tuvo que poner plata. ¿Cuándo pedirá que le hagamos un monumento en la puerta de los casinos? Está clarísimo que esa metodología de quedarse con los impuestos fue la forma que utilizaron en varios casos para financiarse y comprar otras empresas. Lo mismo hicieron con Vialidad nacional y los impuestos a los peajes que no le transfirieron al estado. Se compraron compañías de todo tipo, entre ellas, el grupo de medios que se puso la camiseta de Cristina y que humilló a todos los periodistas independientes y políticos disidentes que expresaron alguna crítica durante los 12 años de kirchnerato.
Hay un dato que no podemos olvidar: la doctora Elisa Carrió dijo que fue un acuerdo de impunidad. ¿Con quién fue ese pacto? Hacen falta dos para bailar ese tango corrupto. De un lado Cristóbal y del otro, ¿Quién? El poder permanente de Comodoro Py? ¿los residuos de justicia K? ¿O algún sector de este gobierno hizo algo raro? Seguramente Carrió se encargará de aclararlo.
El ministro Germán Garavano se curó en salud y dijo: “el gobierno no tiene ninguna intención de salvar a Cristóbal”.
Beto Casella, que trabajó para Cristóbal, dijo en lo de Mirtha Legrand que Es “un psicópata”.
Los cierto es que lo que hicieron una de las mayores estafas al estado están en libertad. Parece mentira que nos quieran hacer creer que Cristóbal apenas cometió una infracción fiscal. Cristóbal come tarta de manzana en Puerto Madero y levanta el dedito como si fuera un monumento a la ética.
Carlos Beraldi, es abogado de Cristóbal y dijo que este es el fin de un ciclo de “detenciones ilegales”.
Cristóbal, en los 87 días que estuvo preso, se encontró en la prisión con viejos conocidos, muchos de ellos patagónicos. Lo más terrible para él es compartir el baño y el rancho con Lázaro Báez. Siempre se quiso diferenciar de Báez. A todo el mundo le decía: “El es un testaferro de Néstor y Cristina pero yo no. El hizo una fortuna de la nada. Era un simple cajero de banco. En cambio yo, antes de los K ya era un empresario exitoso”. Eso dice Cristóbal para argumentar que no es el mismo tipo de delincuente que Báez. Se olvida de decir que antes de Néstor tenía 9 empresas y que después de Cristina llegó a tener 170 empresas. Y 360 estaciones de servicio, entre otros negocios. Y casinos, y petróleo y constructoras y medios de comunicación al servicio de la mentira, y la lista es interminable. Además Cristina no hizo diferencias entre ellos: les adjudicó las mejores áreas petroleras. La mitad para cada uno. Cristina siempre fue ecuánime.
Cristóbal era y es un pescado gordo. Un hombre poderoso. Y estuvo a punto de perder todo. Su familia, su esposa y sus hijos.
Deberían estar presos porque intentaron ocultar bienes para que no se los inhibieran y obstaculizar la investigación vendiendo parte de su patrimonio que tenían prohibido vender.
Solo en el 2015, Cristóbal facturó 25 mil millones de pesos al gobierno cristinista. Son fortunas colosales que no están al alcance de los mortales.
Ojalá que haya juicio, castigo y condena para los culpables de semejante estafa y escándalo.
Son cifras estratosféricas. Con los 17 mil millones que Cristóbal y sus cómplices se quedaron se podrían haber construido 26 hospitales maternos infantiles de alta complejidad como el que Cristina anunció para Río Gallegos.
El hombre quintuplicó los tragamonedas. Pasó de tener 2.934 a 15.758 maquinitas y Néstor, le amplió la concesión en el hipódromo de Palermo hasta 2032.
¿Después los militontos dicen que Macri gobierna para los ricos. Cristina gobernó para tres familias acaudaladas, entre otras, los Kirchner, los López y los Báez. Se la llevaron en pala mecánica. No les alcanza la vida para contar el dinero que se robaron.
Es tanta la promiscuidad con los Kirchner que Romina Mercado la hija de Alicia trabaja con Cristóbal igual que el Bochi Sanfelice, el socio de Máximo en la inmobiliaria. El hotel Alto Calafate le facturó habitaciones a la empresa Casino de Cristóbal, el hotel de Cristóbal, nunca mejor llamado “El Retorno”, le transfirió dinero a Alto Calafate, uno de la cadena de 4 hoteles de los Kirchner.
Ladriprogresismo en estado puro. Escudo de la mega corrupción de estado de más de 12 años. Si no hay juicio, castigo y condena habrá impunidad y nunca podremos decir: Nunca Más.